CBA Libro de Mateo capítulo 17
1 Seis días después.
De
acuerdo con la cronología adoptada por este Comentario , es probable que la
transfiguración ocurriera hacia fines del verano (agosto-septiembre) del año 30
d. C. Por la época de la pascua de ese año, la opinión pública en Galilea se
había volcado en contra de Jesús (ver com. cap. 15: 21). Además, el sanedrín
había intensificado sus intentos de terminar con el ministerio de Cristo (ver
com. Mat. 16: 1; cf. Mar. 7: 1-5). Por primera vez, en Cesarea de Filipo, Cristo
había hablado claramente a sus discípulos acerca de sus padecimientos y de su
muerte (ver com. Mat. 16: 21). Pero ellos, como la gran mayoría de los judíos,
pensaban que el Mesías sería un rey vencedor. Por eso les resultaba difícil
comprender que el Mesías debería sufrir y morir. Como en ocasiones previas,
tenían la mente llena de sombríos pensamientos porque comprendían mal el
propósito y la naturaleza del ministerio de Jesús.
El período de seis
días que se menciona aquí se refiere al tiempo transcurrido desde la confesión
de la fe de Pedro en Jesús como Hijo de Dios (cap. 16: 16). Lucas (cap. 9: 28)
dice que transcurrieron "como ocho días", es decir, una semana, si se emplea el
cómputo inclusivo (ver pp. 239-242). Lucas suele hablar de un período aproximado
y no afirma exactamente el tiempo transcurrido (ver com. cap. 3: 23).
A
Pedro, a Jacobo y a Juan.
Estos tres habían mostrado que entendían mejor
que sus compañeros las verdades que Cristo procuraba impartir. Al menos en una
ocasión previa habían sido elegidos para ser testigos del poder divino en acción
(Mar. 5: 37). Por causa de su percepción espiritual más profunda, también
habrían de ser testigos de la hora de agonía del Maestro en el Getsemaní (Mar.
14: 33). Con el propósito especial de prepararlos para esa hora de temor y de
desaliento, Jesús los llevó con él al monte (DTG 389).
Un monte alto.
Se desconoce el lugar donde ocurrió la transfiguración. Por siglos la
tradición sostuvo que la transfiguración ocurrió en el monte Tabor (de unos 600
m), situado a unos 20 km al suroeste del mar de Galilea y a unos 10 km al este
de Nazaret. Pero al descubrirse que en tiempos de Jesús había en la cima del
monte una fortaleza y una aldehuela, pareció difícil que ése fuera el lugar
"aparte" del cual hablan Mateo y Marcos (cf. DTG 388).
Una vez
descartado el monte Tabor como ubicación de la transfiguración, se ha pensado en
la posibilidad de que el monte en cuestión fuera el Hermón (de unos 3.000 m), en
cuyas laderas inferiores estaba la ciudad de Cesarea de Filipo y en cuyas
proximidades se sabe que estuvieron Cristo y sus discípulos justamente antes de
la transfiguración (ver com. Mat. 16: 13). Pero también se hace difícil esta
identificación. En las cercanías de Cesarea de Filipo y del monte Hermón, Jesús
estaba "fuera del alcance de Herodes y Caifás" y "lejos de los fariseos" (DTG
387). Era una región poblada por gentiles, más allá de los límites de Galilea.
Por eso Jesús se había retirado allí por un tiempo (ver com. cap. 16: 13). Pero
al pie del monte de la transfiguración un grupo de escribas y rabinos se reunió
junto con la multitud, que probablemente era judía, y procuraron humillar a
Jesús y a sus discípulos. Esto parecería indicar que la transfiguración ocurrió
en Galilea, y no en el distrito de Cesarea de Filipo, poblado por gentiles.
Según DTG 387, Jesús y sus discípulos se trasladaron desde Cesarea de
Filipo hacia el sur, y antes de la transfiguración se encontraban cerca del mar
de Galilea, por lo menos a 50 km del monte Hermón. Esto parecería indicar que
durante los seis días que transcurrieron entre la gran confesión de Pedro y la
transfiguración, Jesús había vuelto a Galilea. Por esto, también el monte Hermón
quedaría descartado como posible escenario de la transfiguración.
Aparte.
Lucas añade que Jesús fue allí para orar (cap. 9: 28).
Esta fue una de esas ocasiones especiales cuando Jesús buscó anhelosamente la
comunión con su Padre celestial (ver com. Mar. 1: 35) a fin de que pudiera saber
cómo realizar su misión (ver com. Mar. 3: 13). En este caso, el problema era el
de saber cómo ayudar a los discípulos para que comprendieran la verdadera
naturaleza de la misión de su Maestro y cómo prepararlos para su muerte (ver
com. Mat. 16: 13). Pasó toda la noche allí en el monte (DTG 393).
Según
evidencias, Jesús y sus compañeros habían continuado subiendo hasta que se hizo
demasiado oscuro para proseguir. Pareciera que Jesús oró durante largo tiempo,
pidiendo fuerza para enfrentar la gran prueba que se avecinaba. También oró por
sus discípulos, para que su fe en él como Hijo de Dios aumentara, y que pudieran
comprender la necesidad de su muerte como parte del plan de salvación y
estuvieran preparados para la hora de prueba (DTG 389). Por eso pidió en oración
que ellos pudieran contemplar su gloria divina, la cual hasta este momento,
salvo fugazmente, les había estado oculta (ver com. Luc. 2: 48).
2. Se transfiguró.
Gr. metamorfóo,
"cambiar de una forma a otra", "transformarse". Esta fue una de las ocasiones
cuando la divinidad refulgió a través de la humanidad de Jesús, para encontrarse
con la gloria celestial (ver DTG 389; com. Luc. 2: 48). La misteriosa
transformación sucedió mientras Jesús oraba y los discípulos dormían.
La
descripción de este episodio que presentan los tres escritores de los sinópticos
parecería indicar que no se trató de una experiencia subjetiva experimentada por
los discípulos, o quizá sólo por Pedro. Fue más que un sueño o una alucinación
debida al cansancio del viaje del día y a la preocupación por la predicción
hecha por Jesús acerca de su muerte. Fue una experiencia real. Muchos años más
tarde, Pedro afirmó que él y sus compañeros de discipulado habían sido testigos
oculares de la "majestad", la "honra" y la "gloria" de Jesús, y aseveró haber
oído la voz que proclamó que Jesús era Hijo de Dios (2 Ped. 1: 16-18). Pedro
presenta este notable episodio como una de las grandes confirmaciones de la fe
cristiana. Ver com. Juan 1: 14.
Su rostro.
La descripción que de
Jesús se presenta aquí se asemeja mucho a la que fue dada por Daniel (Dan. 10:
5-6) y por Juan (Apoc. 1: 13-15). La apariencia del rostro de Jesús se modificó
(Luc. 9: 29) bajo la influencia de esa radiante luz blanca. Era una gloria
luminosa que parecía venir desde adentro. Esa era la gloria que Jesús había
tenido en el cielo antes de que asumiera la forma de la humanidad (Juan 17: 5),
y es la gloria con la cual volverá otra vez a esta tierra (Mat. 25: 31; DTG
390). Se vio en el rostro de Moisés una gloria similar cuando descendió del
monte de la ley (Exo. 34: 29; 2 Cor. 3: 7). Cuando Jesús vuelva y conceda a sus
fieles el don de la inmortalidad, sin duda ellos también reflejarán esta gloria
(Dan. 12: 3). Con referencia a otros momentos de la vida de Cristo cuando se
vieron destellos de su divinidad, ver com. Luc. 2: 48.
Blancos como la
luz.
Según Marcos, sus vestidos se vieron tan blancos que "ningún
lavador en la tierra los puede hacer tan blancos" (cap. 9: 3). Las "vestiduras
blancas" de los santos (Apoc. 3: 4- 5, 18; etc.) reflejarán la gloria de las
vestimentas de justicia de Cristo en la tierra renovada.
3. Moisés y Elías.
Evidentemente los discípulos
reconocieron a los visitantes celestiales por lo que decían o porque Dios se lo
reveló. Moisés había sido el gran libertador, legislador y fundador de la nación
hebrea. Elías fue el que salvó a esa nación en un momento de gran apostasía y
crisis. Aquí había personas vivas que podían dar testimonio acerca de la
divinidad de Jesús, así como Moisés y todos los profetas, en sus escritos,
habían dado testimonio de él (ver com. Luc. 24: 44).
Es importante notar
que las Escrituras registran que Elías fue trasladado al cielo sin ver la muerte
(ver com. 2 Rey 2: 11-12) y que Moisés fue resucitado y luego llevado al cielo
(ver com. Jud. 9). El hecho de que Moisés y Elías aparecieran con Cristo en esta
ocasión no debe ser considerado como una prueba de que todos los muertos justos
están en el cielo. Estos dos, el uno resucitado de entre los muertos, y el otro
trasladado sin ver la muerte, aparecieron con Jesús, como una representación del
glorioso reino en el cual los redimidos de todas las edades estarán con él en
gloria (Mat. 25: 31; Col. 3: 4; 1 Tes. 4: 16-17).
Hablando con él.
Lucas añade que estaban hablando con él acerca de "su partida, que iba
Jesús a cumplir en Jerusalén" (Luc. 9: 31; cf. Mat. 16: 21).
4. Entonces Pedro dijo.
Como de
costumbre, Pedro fue el primero en hablar (ver com. Mat. 16: 16). Lucas dice que
Pedro habló sin saber lo que decía (Luc. 9: 33). Marcos dice que Pedro, al igual
que los otros, estaba espantado (Mar. 9: 6).
Señor.
Gr. kúrios .
Según Mar. 9: 5, Pedro se dirigió a Jesús empleando el título hebreo "rabino"
(Gr. rabbí), y según Luc. 9: 33 empleó el título griego epistátes, "maestro",
"amo", "Señor". Con referencia a la importancia de estas variaciones en los
relatos evangélicos, ver la segunda Nota Adicional de Mateo 3.
Hagamos.
Aquí la evidencia textual establece (cf. p. 147) el texto "yo haré",
pero en Marcos y Lucas dice claramente "hagamos".
Tres enramadas.
O "tres tiendas" " (BJ). Casi no llovía en la última parte del verano
(ver t. II, p. 113; com. cap. 17: 1), y la única protección necesaria sería para
resguardarse del abundante rocío de la noche y del sol del día. No hay modo de
saber si Pedro pensó en las enramadas como protección contra los elementos
naturales o si pensó en relación con la fiesta de los tabernáculos, la cual se
avecinaba. La expectativa de que Elías vendría como heraldo del reino mesiánico
(ver com. vers. 10) posiblemente hizo recordar a Pedro de la celebración de esa
fiesta en relación con el reinado del Mesías (cf. Zac. 14: 16-19). Quizá llegó a
la conclusión de que la aparición de Moisés y de Elías en este momento, a tan
poco tiempo de la fiesta de los tabernáculos, implicaba que habían venido a
participar en esa celebración.
5. Una nube
de luz.
Quizá como recordativo de la columna de nube del desierto (ver
com. Exo. 13: 21-22; Núm. 9: 15-16), la cual estaba iluminada con la gloria de
Dios (ver com. Exo. 40: 34). Comparar con el caso de Moisés en el monte con Dios
(ver com. Exo. 24: 15-18) cuando entró en la nube que ocultaba la gloria de
Dios. Esta escena puede haber acudido a la imaginación de los discípulos, como
también el caso de Elías en el monte Carmelo (ver com. 1 Rey. 18: 38; Juan 1:
14).
Los cubrió.
Gr. episkiázo , "cubrir con una sombra" (cf.
Luc. 1: 35; Sal. 91:1). Mateo y Marcos no dicen claramente si la nube cubrió a
Cristo y a sus dos visitantes celestiales o a los discípulos o a los dos grupos.
Lucas parecería indicar que más bien cubrió a los discípulos (Luc. 9: 34).
Una voz.
En ocasión del bautismo de Jesús se oyó una voz (cap.
3: 17), y más tarde, al final de su ministerio (Juan 12: 28), se volvió a oír.
En estas tres ocasiones el Padre dio testimonio de que Jesús era su divino Hijo.
Mi Hijo amado.
Con referencia a Cristo como Hijo de Dios, ver
com. Luc. 1: 35; Juan 13; Nota Adicional de Juan 1.
Tengo complacencia.
El Padre podía complacerse porque en su vida terrenal Jesús había
cumplido a la perfección con su misión asignada (Juan 17: 4) y había presentado
a los hombres un ejemplo perfecto de obediencia a la voluntad del Padre (Juan
15: 10). Si confiamos en nuestro Salvador, tendremos también el privilegio de
hacer "las cosas que son agradables delante de él" (1 Juan 3: 22).
A él
oíd. Es probable que esta indicación se refiera especialmente a la instrucción
que Cristo estaba dándoles acerca de sus inminentes padecimientos y de su muerte
(ver com. cap. 16: 21).
6.
Se postraron
sobre sus rostros.
Cf. Eze. 1: 28; Dan. 10: 9. A hombres tales como
Ezequiel 430 y Daniel se les concedió ver visiones. Pedro, Jacobo y Juan vieron
con sus propios ojos.
9. A nadie.
Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan porque sólo ellos, entre
los doce, estaban preparados para recibir lo que él tenía para impartirles (ver
com. vers. 1). Si ellos hubiesen informado lo que habían visto y oído, eso tan
sólo hubiera provocado una inútil admiración y curiosidad, y en ese tiempo
podría no haber tenido ningún buen efecto. El hecho de que debían callarse
respecto a lo sucedido hasta después de la resurrección, implica que entonces
los otros discípulos estarían listos para entender, y que su fe sería
fortalecida por el relato de los tres testigos presenciales de ese
acontecimiento. Además, habiendo contemplado con sus propios ojos a dos hombres
sobre los cuales la muerte no tuvo poder, esos tres discípulos deberían haber
estado preparados para creer las palabras de Cristo acerca de su propias
resurrección (cf. Luc. 9: 31) y para impartir fe y valor a sus compañeros en el
discipulado. También el hecho de que Jesús sólo llevara consigo a esos mismos
tres discípulos al huerto de Getsemaní para que lo acompañaran en oración,
debiera haber servido para que esta lección acudiera otra vez vívidamente al
recuerdo de ellos.
Visión.
Gr. hórama , "lo que se ve",
"espectáculo". Con referencia a las palabras hebreas jazon y mar'ah , que se
traducen como "visión", ver com. 1 Sam. 3: 1.
10. Dicen los escribas.
Como expositores oficiales de las
Escrituras, se esperaría que serían ellos quienes decidieran en cuanto a
problemas teológicos como el que aquí se presenta. Con referencia a los
escribas, ver p. 57.
Evidentemente, la relación entre la transfiguración
y la discusión acerca de la venida de Elías era que éste había sido uno de los
dos que había aparecido con Cristo. Sin embargo, Malaquías había predicho la
venida de Elías como precursor del Mesías (ver com. Mal. 4: 5), y los discípulos
pensaban que Elías había venido ahora para anunciar al Mesías, para proteger a
Jesús, y para confirmar su autoridad como Rey y Mesías (ver DTG 391; com. Juan
1: 21). Sin embargo, los discípulos se preguntaban por qué, si Jesús era el
Mesías de la profecía, como ellos lo esperaban y lo creían (ver com. Mat. 16:
16), Elías no había aparecido antes de esta ocasión. Todavía tenían una
comprensión errónea de la misión de Juan el Bautista, a pesar de que Jesús ya
les había dicho claramente que en la vida y la obra de Juan el Bautista se había
cumplido la profecía de la venida de Elías (ver com. cap. 11: 14).
11. Restaurará todas las cosas.
En
el dramático episodio del monte Carmelo, Elías había logrado hacer volver el
corazón de todos los israelitas al Dios de sus padres (ver com. 2 Rey. 18:
37-40), y al hacerlo había detenido los terribles avances de la apostasía. Del
mismo modo, Juan el Bautista proclamó el bautismo del arrepentimiento del pecado
y el retorno al verdadero espíritu de la adoración (ver com. Mal. 3: 1, 7; 4: 6;
Luc. 1: 17). Evidentemente, Juan no era Elías en persona (ver com. Juan 1: 2l),
pero precedió al Mesías "con el espíritu y el poder de Elías" (Luc. 1: 17).
12. No le conocieron.
Es decir, no
reconocieron que era el Elías que había de venir (ver com. Juan 1: 10-11).
Todo lo que quisieron.
En vez de aceptar a Juan y creer en su
mensaje, los dirigentes judíos lo habían despreciado a él y su exhortación al
arrepentimiento (ver Luc. 7: 30-33; com. Mat. 21: 25, 32). Herodes lo había
encarcelado (ver com. Luc. 3: 20), y aproximadamente un año más tarde lo había
ejecutado (ver com. Mar. 6: 14-29). Tan solo transcurrirían unos pocos meses
después de la transfiguración hasta que los dirigentes de Israel harían también
con Jesús todo lo que quisieran.
14.
Cuando
llegaron.
[ Jesús sana a un muchacho lunático, Mat. 17: 14-21 = Mar. 9:
14-29 = Luc. 9:37-43ª . Comentario principal: Marcos.]
20.
Poca fe.
Los discípulos tenían
demasiada fe en sí mismos y muy poca fe en Dios (ver com. cap. 8: 26). Algunos
manuscritos griegos dicen "incredulidad" en vez de "poca fe".
Grano de
mostaza.
Ver com. cap. 13: 31-32. Otras ilustraciones similares aparecen
en Mat. 21: 21; Mar. 11: 23; Luc. 17: 6. La semilla de mostaza puede ser pequeña
en un comienzo, pero, escondido dentro de sí, lleva el germen de la vida, y en
circunstancias favorables crecerá.
Diréis a este monte.
Aquí
Cristo habla en forma figurada de los grandes obstáculos con los cuales deben
enfrentarse sus discípulos cuando cumplen con la misión evangélica. Es indudable
que Jesús no tenía el propósito de que sus discípulos anduvieran de aquí para
allá moviendo montes literales. Sin embargo, prometió que ninguna dificultad, no
importa cuan grande pudiera parecer, sería capaz de impedir el cumplimiento de
su divino propósito de salvar a los pecadores (Isa. 55: 8-11).
Nada os
será imposible.
"Para Dios todo es posible" " (Mat. 19: 26).
21. Pero este género.
La evidencia
textual favorece (cf. p. 147) la omisión de este versículo (ver com. Mar. 9: 29
22.
Estando ellos.
[ Jesús anuncia
otra vez su muerte, Mat. 17: 22-23 = Mar. 9: 30-32 = Luc. 9: 43b - 45.
Comentario principal: Marcos.] La evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por
el texto "juntándose ellos en Galilea".
23.
Se entristecieron en gran manera.
Aunque los discípulos
ahora comprendieron que el Maestro les estaba hablando de su propia muerte,
esperaban y creían que pasaría algo que hiciera que ese padecimiento fuera
innecesario.
24. Cuando llegaron a
Capernaúm.
Evidentemente, Jesús y sus discípulos acababan de volver (DTG 399) de una breve
gira por Galilea (ver Mat. 17: 22; com. Mar. 9: 30-32). Es posible que en esta
ocasión, como en otras anteriores, Jesús se hubiera alojado en casa de Pedro
(ver com. Mar. 1: 29; 2: 1), donde tal vez posó durante el resto de su estada en
Galilea.
Los que cobraban las dos dracmas.
Literalmente, "los
que recibían la dracma doble [Gr. dídrajmon ]". No eran los publicanos o
cobradores de impuestos (ver com. Luc. 3: 12), quienes recaudaban los derechos
aduaneros y los impuestos en nombre de las autoridades civiles, sino personas
designadas en cada distrito para recoger el impuesto del templo que era de medio
siclo por cada judío varón, libre, mayor de 20 años. El pago de este impuesto
para el sostén del templo no era obligatorio como lo era el pago del diezmo,
pero se consideraba que entregarlo era un deber religioso. Con referencia al
origen de este impuesto y las disposiciones que lo regulaban, ver com. Exo. 30:
12-16. Según la Mishnah se debía avisar públicamente del pago de este impuesto
el primer día del mes de Adar, fecha que correspondía con febrero o marzo de
nuestro calendario (ver t. II, p. 112). El día 15 del mes de Adar, "se colocaban
mesas [de cambistas de dinero] en las provincias", y diez días más tarde se
hacía lo mismo en el templo ( Shekalim 1. 1. 3). Por lo tanto, si se sigue la
cronología adoptada por este Comentario, la fecha del pago del impuesto del
templo para ese año ya había pasado varios meses antes.
El antiguo siclo
hebreo (ver t. I, pp. 173, 177-178) ya no se usaba, pero la costumbre rabínica
exigía que el impuesto del templo fuera pagado con la unidad del medio siclo.
Los que cobraban tributo cambiaban la moneda legal del país por la moneda del
templo y con cada transacción sacaban provecho. La palabra griega dídrajmon ,
traducida en la RVR como "dos dracmas" , se refería a la doble dracma, casi
equivalente al medio siclo, y que valía aproximadamente el doble de lo que valía
un denario romano, considerado como jornal de un día (ver com. cap. 20: 2).
¿Vuestro Maestro no paga?
No se sabe si se conservaba un
registro de quienes habían pagado el impuesto, o si los que vinieron a Pedro ya
sabían que Jesús no había pagado el impuesto. Además, ésta no era la época del
año cuando se acostumbraba a cobrar este impuesto. Parecería que si se hubiera
sabido que Jesús no había pagado el impuesto, los escribas -quienes en el tiempo
de pagar el impuesto del templo habían molestado a Jesús en público en repetidas
ocasiones (ver com. Mat. 16: 1; Mar. 7: 1-23)- lo habrían acusado de no haber
pagado el impuesto mucho antes. Es evidente que la idea de desafiar a Jesús con
referencia a este asunto se les había ocurrido hacía poco. Era parte de un plan
bien tramado. Al emplear el adjetivo plural "vuestro", los recolectores de
impuestos estaban implicando a todos los discípulos. no sólo a Pedro.
25.
El dijo: Sí.
Algunos consideran
que la pronta respuesta de Pedro sugiere que Jesús acostumbraba pagar el
impuesto y que Pedro sabía de esa costumbre. En verdad, Pedro podría no haber
sabido si Jesús había pagado o no. Según DTG 363, Pedro comprendió que ese
pedido desacostumbrado e inoportuno (ver com. vers. 24) insinuaba que Jesús no
era leal al templo, lo que sin duda indicaría el no pagarlo. Es evidente de que
Pedro deseaba evitar en este momento todo motivo para empeorar las relaciones
entre Jesús y los dirigentes Judíos. Pero, como en ocasiones posteriores (cap.
22:15-22), los escribas y los fariseos procuraban enfrentar a Jesús con un
dilema del cual no pudiera escapar. Los levitas, los sacerdotes y los profetas
estaban exentos de este impuesto (DTG 400). El negarse a pagar el impuesto
implicaría deslealtad al templo, pero el pagarlo indicaría que Jesús no se
consideraba profeta exento de pagar el medio siclo anual.
Tributos.
Gr. télos , "derecho
de aduana", o "impuesto", generalmente el que se cobraba sobre las posesiones o
los bienes (ver com. Luc. 3: 12).
26.
Los hijos están exentos.
Jesús
podría haber insistido en la exención pues era maestro o rabino. Sin embargo,
Jesús puso a un lado su derecho (ver com. vers. 27).
27.
Sin embargo.
El recaudador de los impuestos del templo
no tenía ningún derecho legal de exigir que Jesús pagara el medio siclo. Jesús
lo pagó para terminar con el asunto, no por obligación. A fin de evitar la
controversia, no insistió en sus derechos. Para estar en paz con quienes eran
sus enemigos, hizo lo que no podía con justicia exigírsela. Seguramente, no
quería que se pusiera en duda su lealtad al templo, no importa cuán injusta
pudiera ser la acusación. El proceder de Cristo es una lección para todo
cristiano. Deberíamos procurar vivir en paz con todos los hombres, y hacer más
de lo que se nos exige, si eso es necesario, a fin de evitar un conflicto
innecesario con los que se oponen a la verdad (Rom. 12: 18; Heb. 12: 14; 1 Ped.
2: 12-15, 19-20). Sin embargo, en ninguna circunstancia el cristiano deberá
entrar en componendas ni desviarse de los principios a fin de agradar a otros
(DTG 322).
Ofenderles.
Gr. skandalízo , literalmente, "hacer
caer en una trampa", empleado generalmente con el sentido de "ser motivo de
tropiezo" (ver com. cap. 5: 29). Con referencia al deber que tiene el cristiano
de considerar bien lo que ha de hacer a fin de no ser motivo de tropiezo para
otros, ver 1 Cor. 8: 8-13.
Un estatero.
Gr. stat ' 'r , moneda de plata de valor de cuatro
dracmas, y aproximadamente de un siclo (ver t. I, pp. 177-178; t. V, p. 51). A
pesar de los esfuerzos de parte de algunos por explicar cómo podría haber
sucedido esto sin ningún factor sobrenatural, no puede haber duda de que fue un
milagro que Pedro pudiera pescar en ese preciso momento el pez que tenía en su
boca justamente la cantidad de dinero que se necesitaba.
Por mí y por
ti.
La cantidad era exactamente la que se necesitaba para pagar el
impuesto de medio siclo de dos personas. El relato termina aquí sin confirmar
que Pedro sacó el pez y pagó el dinero del impuesto a los que habían venido a
cobrarlo.
Este milagro, sin duda, impresionó a Pedro, pescador de
oficio, quien sabía cuán difícil era que un pez tuviera dinero en la boca, sobre
todo la cantidad exacta que en un momento dado pudiera requerirse, y sabía
además cuán pequeña era la probabilidad de sacar ese pez en el preciso momento
en que se le decía que debía hacerlo (ver com. Luc. 5: 89). Cristo no realizó
este milagro para beneficiarse a sí mismo (ver com. Mat. 4: 3), aunque la mitad
del dinero era para pagar su impuesto. El milagro tenía el propósito de
enseñarle a Pedro una lección y de acallar a los recaudadores de impuestos,
quienes habían procurado colocar a Cristo en la categoría del común del pueblo,
y de esa manera impugnaban su derecho de enseñar a la gente.
CBA T5

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