1. Saulo consentía.
" Algunos sugieren que la
primera oración del versículo corresponde en realidad al final del cap. 7, para
unir el relato del martirio de Esteban con una nota acerca de la actitud que
Saulo adoptó frente a ese hecho. Saulo estaba de acuerdo con lo que se había
hecho, aunque él mismo no tomó parte personalmente en el apedreamiento. El
intrépido testimonio de Esteban sin duda conmovió a Saulo más profundamente de
lo que él se daba cuenta. Esto le produjo un conflicto íntimo entre su propio
fanatismo farisaico y su convicción de que Esteban representaba una causa justa.
La consecuencia de este conflicto fue que se acentuara el rencor de Saulo contra
los cristianos, que se intensificara su persecución (HAp 83-84, 92-93). Como
recompensa por la parte que había tenido en el martirio de Esteban, Saulo fue
recibido como miembro del sanedrín (HAp 84; ver com. 1 Cor. 7:7). Pero más
tarde, arrepentido, confesó la parte que había desempeñado en la muerte de
Esteban (cf. Hech. 22:20). "
En aquel día.
" El apedreamiento de
Esteban señaló el comienzo de una persecución organizada en contra de la
iglesia. Después de haber llegado hasta el punto de matar a Esteban, los
dirigentes judíos dieron rienda suelta a su ira contra todos los cristianos. "
Gran persecución.
" La iglesia fue perseguida una vez más por
las autoridades judías, como ya lo había sido en una escala menor después de la
curación del cojo (cap. 4:1-7) y de la muerte de Ananías y Safira (cap.
5:17-18). Esta persecución se distingue de las anteriores por ser "una gran
persecución", más grande en extensión y severidad. Ver mapa, p. 214. "
"
Según el vers. 3 y la descripción hecha más tarde por Pablo (cf. cap. 22:4; 26:
10-11), se deduce que esta persecución produjo muchos sufrimientos y
encarcelamientos. "
La iglesia.
" Es decir, la congregación que
se había formado en la ciudad capital desde Pentecostés (ver com. Mat. 18:17).
Esto sugiere que la iglesia tenía otras ramas fuera "213 " de Jerusalén, lo cual
indica un crecimiento animador. "
Esparcidos.
" Gr. diaspeirÇ,
"esparcir"; específicamente se refiere a la siembra al voleo. La ira de los
enemigos sólo logró de este modo que la iglesia cumpliera lo que Cristo había
predicho (cap. 1:8). No necesariamente debe entenderse que "todos" los miembros
de la naciente iglesia fueron esparcidos (ver com. cap. 1: 1), sino sólo los que
sintieron más temor, o quizá los más activos en predicar, o los que eran
conocidos personalmente por los perseguidores. Pero en la ciudad quedaron
creyentes de ambos sexos (cap. 8:3). "
De Judea y de Samaria.
"
Es posible que ciudades y aldeas como Hebrón, Gaza, Lida y Jope pudieran haber
servido de refugio para los cristianos. La existencia de comunidades cristianas
en algunos de estos lugares pudo deberse a esta dispersión de cristianos y a la
predicación de Felipe (vers. 40; cf. cap. 9:32, 36). Algunos huyeron a Samaria
sin duda por causa del odio de ese pueblo contra los judíos; el que huía de los
sacerdotes y dirigentes de Jerusalén probablemente era bien recibido allí. La
segunda región mencionada en el cap. 1:8 ya estaba siendo alcanzada. Esto pudo
haber servido como el primer paso para deshacer la antipatía contra los
samaritanos, y finalmente contra los gentiles. "
Salvo los apóstoles.
" Se han señalado tres posibles razones para que se quedaran los
apóstoles: (1) Los doce habían aprendido de su Maestro que "el asalariado huye,
porque es asalariado" (Juan 10:13), y se negaban a abandonar sus
responsabilidades. (2) Los doce deseaban permanecer en Jerusalén a pesar de toda
la persecución, porque esa ciudad era considerada como el centro de las
actividades de los cristianos, y los fugitivos debían buscar allí consejo y
ayuda. (3) Esta persecución parece haberse dirigido especialmente contra
aquellos que, como Esteban, enseñaban que las costumbres a las cuales los
fariseos daban tanta importancia eran transitorias (ver com. Hech. 6:14). Parece
que los apóstoles siguieron rindiendo culto en el templo manteniéndose
ceremonialmente limpios (cap. 10: 14), y permanecían alejados de los gentiles
(vers. 28). Es probable que la mayoría del pueblo los considerara con bastante
favor y respeto; por lo tanto, es posible que la persecución se hubiera dirigido
más bien contra los discípulos helenistas. Este grupo fue el que en forma más
activa inició el siguiente gran paso en la expansión de la iglesia. Sin embargo,
no puede adoptarse ninguna posición dogmática en cuanto a una u otra de las tres
razones presentadas por comentadores e historiadores eclesiásticos. "
2. Piadosos.
" Gr. eulab ' s, "el
que toma bien", "cuidadoso", "piadoso" (ver com. cap. 2:5). Ananías, quien
bautizó a Pablo es calificado de "piadoso" (cap. 22:12). Sólo Lucas emplea esta
palabra (Luc. 2:25; Hech. 2:5; 8:2; 22:12). Se ha sugerido que "piadosos" se
refiere a un grupo de personas que enterraron a Esteban, sin defender plenamente
la verdad que éste había presentado mientras vivía, así como lo habían hecho
Nicodemo y José de Arimatea después de la crucifixión de Cristo. Este versículo
es la conclusión del cap. 7. "
Gran llanto.
" Cf. Mat. 9:23;
com. Mar. 5:38-39. Los que participaron en el entierro tuvieron que tener mucho
valor para cumplir con los ritos funerarios, pues Esteban había caído ante la
ira del sanedrín. Lo habitual era que una persona que había sido acusada de
blasfemia y apedreada, no tuviera derecho a funerales (Mishnah, Sanhedrin 6.
5-6). La lamentación de los piadosos en público pudo haber tenido un tono de
protesta contra los que habían causado la muerte de Esteban. "
3. Saulo asolaba la iglesia.
" Se
continúa el relato comenzado en el vers. 1. El verbo "asolar", es traducción del
griego lumáinÇ , "destrozar", "destruir", "asolar". En Sal. 80:13 (LXX) este
verbo describe el destrozo que hace un jabalí. El tiempo aquí empleado sugiere
una persecución continuada. Pablo afirma: "perseguía yo este Camino hasta la
muerte" " (Hech. 22:4; cf. cap. 26:10). Según lo confesó más tarde (cap. 26:11),
en su violencia parecía haber una extrema ferocidad.
Iglesia.
La
de Jerusalén. Ver com. vers. 1; cf. cap. 26: 10.
Casa por casa.
Por lo que se dice posteriormente (cap. 26:11), parece que Saulo iba en
primer lugar a las sinagogas en busca de víctimas, y después perseguía a los
cristianos de casa en casa. Es posible que esas casas fueran sus lugares de
reunión.
A hombres y a mujeres.
La mención de que había mujeres
entre los perseguidos, sugiere que ellas eran prominentes en la iglesia (cf.
com. Luc. 8:2-3; Hech. 1:14). Las mujeres han demostrado ser fieles en las
persecuciones
215 a través de la historia de la iglesia.
4. Iban por todas partes.
Gr.
diérjomai , "atravesar", palabra predilecta de Lucas para referirse a la obra
misionera (cf. Luc. 9:6; Hech. 8:40; 9:32; 11:19; 13:6). En este caso el intento
de raer la nueva le dio un campo de acción más amplio, así como el Señor lo
había deseado (Hech. 1:8), y obligó a la iglesia a ir más allá de los límites
que de otro modo la habrían detenido durante un período de espera mucho más
largo. Entonces -como ha sucedido después-, la sangre de los mártires fue la
semilla de la iglesia.
Anunciando el evangelio.
Gr.
euaggelízomai , "evangelizar", "anunciar buenas noticias". Esta era la tarea de
los cristianos perseguidos: anunciar el Evangelio, o sea las buenas nuevas (ver
com. Mar. 1:1) en los muchos lugares donde eran esparcidos.
El griego
dice "evangelizando la palabra", es decir, anunciando las buenas nuevas de la
Palabra. Esta palabra era todo lo que se refería a Cristo. Buena parte de esa
"palabra" provenía del AT. La mayoría de lo que se presentaba de la historia de
Jesús aún no había sido escrita, y se basaba en los mensajes orales de los
diligentes evangelistas.
5. Felipe.
No puede referirse a Felipe el apóstol, pues en el vers. 1 se dice
específicamente que los apóstoles permanecieron en Jerusalén; por lo tanto, debe
referirse al diácono que llevaba ese mismo nombre (ver com. cap. 6:5). Puesto
que tuvo una parte importante en estos primeros esfuerzos de evangelización, se
lo conoció después como Felipe el evangelista (cap. 21:8).
Ciudad de
Samaria.
Samaria era la región; "la ciudad de Samaria" se refería
lógicamente a la ciudad capital de la región; sin embargo, no se sabe si Lucas
se refería a Sebaste, conocida antes como Samaria, o a Neápolis, la Nablús
actual, o quizá a alguna otra ciudad (cf. com. vers. 9). Tampoco se sabe por qué
no dio el nombre preciso de la ciudad. No importa cuál fuera esa ciudad, la
semilla ya se había sembrado en Samaria (ver com. Juan 4:4-42). Como resultado
los campos estaban ya "blancos para la siega" (Juan 4:35).
Predicaba.
Gr. k ' rúss Ç, "proclamar", lo que implica una predicación más formal y
organizada que la de los creyentes. Se utiliza esta palabra para referirse tanto
a la predicación de Juan el Bautista como a la de Cristo (Mat. 3:1; 4:17). El
tiempo del verbo indica que Felipe predicaba constantemente.
Cristo.
Mejor "el Cristo", el Ungido, el Mesías. En Juan 4:25 se ve que entre
los samaritanos, como entre los judíos, había mucha expectativa en cuanto al
Mesías, y que por lo tanto la obra de Felipe fue la de proclamar que Aquel a
quien por tanto tiempo habían esperado ya había venido, y que Jesús de Nazaret
era el Cristo, el Hijo de Dios.
6. La
gente.
Mejor "las multitudes", refiriéndose a muchedumbres.
Unánime.
Ver com. cap. 1:14.
Escuchaba.
Gr.
proséjÇ , "aplicar la mente a", "atenerse a"; es decir, "oír atentamente" (Hech.
8:10-11; 16: 14; 1 Tim. 1:4; 3:8; 4:1, 13; 2 Ped. 1:19). El texto implica que
multitudes aceptaron la nueva enseñanza. La prontitud con que creyeron muestra
que a pesar de la influencia adversa de Simón el Mago (Hech. 8:9-11), la cual se
había hecho sentir después de que Cristo enseñó allí, la obra del Maestro no
había sido en vano.
Oyendo.
Los samaritanos habían creído al
principio simplemente como resultado de oír predicar a Cristo (Juan 4:39-42),
sin que entonces se produjeran "señales" " (cf. Mat. 12:38-42). Los milagros que
ahora se hacían no eran la base de su fe, sino que la fortalecían. Los milagros
quitaron toda duda acerca del poder que actuaba por medio de Felipe. Sin duda
también sirvieron para contrarrestar la influencia de Simón el Mago (Hech.
8:9-11).
7. Espíritus inmundos.
Nótese cómo Lucas, el médico, distingue entre los que estaban
endemoniados y los que sufrían de otras enfermedades. Con referencia a los
"espíritus inmundos", ver com. cap. 5:16; la Nota Adicional de Mar. 1.
8. Gran gozo.
El gozo de esta
ciudad samaritana muestra cuán favorablemente fue recibida la obra de los
mensajeros cristianos por la gente de Samaria.
9. Simón.
Ver com. Juan 1:42. Este Simón comúnmente es
llamado Simón el Mago. Según, Justino Mártir, nació en Gitto, aldea de Samaria (
Apología primera 26). Relatos posteriores de los tiempos de los padres de la
iglesia, lo describen como un constante enemigo de Pedro, a quien siguió a Roma
para oponerse a su enseñanza. Estas leyendas carecen de autoridad. Simón era un
ejemplo típico de cierto grupo de Judíos que dependían del prestigio de su raza
y de la credulidad de los paganos. Tales fueron Elimas de Chipre (Hech. 13:8),
los exorcistas "ambulantes" 216 judíos de Efeso (cap. 19:13), y Simón de Chipre,
a menos que éste fuera el mismo de este pasaje (Josefo, Antigüedades xx. 7. 2).
Ver t. V,p.890; t. VI, p. 36.
Antes ejercía la magia.
La "magia"
la practicaban los "magos". Ambas palabras derivan de mágos , nombre que daban
los griegos a los miembros de una tribu de medos que ejercían funciones
sacerdotales entre los iranios; sin embargo, debe admitirse que no sabemos
exactamente cuáles eran las artes mágicas que practicaba Simón. Los magos que
vinieron del Oriente a ver al niño Jesús (ver com. Mat. 2:2) eran hombres
piadosos y eruditos; pero se sabe que los "magos" también se dedicaban a la
astrología, a la interpretación de sueños y a la adivinación. En relación con
los "magos" de Babilonia, ver com. Dan. 1:20. Indudablemente, Simón era un
hombre astuto y sabía engañar a los crédulos del pueblo, pero su éxito no se
debió exclusivamente a inteligencia humana, sino que trabajaba con la ayuda de
los demonios (CS 570; cf. com. Exo. 7:11).
Aquella ciudad.
Ver
com. vers. 5. Muchos comentadores creen que debería leerse "una ciudad" y no "la
ciudad". Aquí Samaria parece referirse de nuevo a la región y no a una ciudad.
Había engañado a la gente.
Mejor "tenía atónito al pueblo de
Samaria" (BJ). Los habitantes de Samaria eran supersticiosos, y por eso quedaron
impresionados por los supuestos milagros del gran Simón el Mago.
Algún
grande.
El vers. 10 explica con más claridad la naturaleza de lo que
pretendía ser. Cuando el pueblo exclamaba que Simón era "el gran poder de Dios",
sin duda no hacía más que repetir lo que él mismo afirmaba, pues de una u otra
manera pretendía ser la encarnación del poder divino. Es posible que se
identificara como el Mesías. Las esperanzas mesiánicas judías favorecían a los
impostores y les ayudaban a conseguir adeptos. Nótese el contraste con Felipe
(vers. 5) que predicaba a Cristo, y no llamaba la atención hacia sí mismo.
10. Oían atentamente todos.
Ver
com. vers. 6. Sus engaños habían logrado mucho éxito, porque todo tipo de gente
creía en él. Jesús advirtió que se levantarían personas que harían "grandes
señales y prodigios" para engañar, (cf. Mat. 24:24; 2 Tes. 2:9).
Este es
el gran poder de Dios.
Según el griego, el pronombre "éste" sólo puede
representar a Simón. Refiriéndose a Simón el Mago, Ireneo, obispo de Lyon, dice
que "era glorificado por muchos como si fuera un dios... En una palabra, se
hacía pasar como el más elevado de todos los poderes" ( Contra herejías i. 23).
11. Estaban atentos.
Gr. proséj Ç
(ver com. vers. 6).
Les había engañado.
Ver com. vers 9. Algunos
han sugerido que Simón había actuado en Samaria durante varios años, quizá desde
poco tiempo después que Jesús visitó esa región, unos seis o siete años antes.
Sin embargo, no se sabe cuánto abarcó el "mucho tiempo" de este versículo.
12. Anunciaba el evangelio.
"Anunciaba la Buena Nueva del Reino" (BJ). Así como entonces, también
ahora los hombres son salvados por la predicación del Evangelio (ver com. 1 Cor.
1:21). El poder del mensaje de Felipe fue mucho más poderoso que la fascinación
de la magia de Simón.
Reino de Dios.
Ver com. Mat. 4:17; Luc.
17:20-21; Hech. 1:6. A medida que se extendía el campo de la labor evangélica,
el mensaje de los discípulos se hacía más claro. Era abarcante y específico;
llevaba al bautismo a quienes lo escuchaban.
Nombre de Jesucristo.
Ver com. cap. 2:21; 3:16.
Se bautizaban.
Ver com. Mat.
3:6. El tiempo del verbo griego denota un continuo crecimiento debido a los que
se iban bautizando y se añadían a la iglesia.
13. También creyó Simón mismo.
Sin duda quedó impresionado
por los milagros que hacía Felipe (vers. 6). Se sentía como si estuviera ante la
presencia de un poder infinitamente mayor que el suyo, y aceptó lo que Felipe
decía acerca de la muerte y de la resurrección de Cristo sin que madurara en él
una fe personal. Su fe era de la clase que habla Santiago (Sant. 2:14, 19). En
Juan 8:31 se describe una fe similarmente imperfecta; algunos judíos creyeron en
Jesús, pero como se explica en los versículos siguientes, su creencia no era
aquella que salva. Sin embargo, Simón comprendió lo suficiente como para ser
bautizado aunque, según lo mostró su actitud posterior, su bautismo no significó
un nuevo nacimiento que lo condujera a una vida superior. Todavía permanecía en
"prisión de maldad" " (Hech. 8:23). Lucas destaca la diferencia entre la
creencia de los samaritanos y la de Simón: la gente fue ganada por la
predicación de Felipe, pero Simón fue simplemente atraído por las maravillas que
vio. Sin embargo, Dios no rechazó esta fe imperfecta; la aceptó como una base
para construir una fe más aceptable. Cuando Simón erró, Pedro lo animó (vers.
22) a arrepentirse y a pedir perdón en oración.
Viendo... estaba
atónito.
Ver com. vers. 9. Los papeles se habían invertido. El mago, que
había mantenido atónita a la gente, cedió ante maravillas superiores a las
suyas, y también quedó atónito al contemplar el poder que acompañaba a la
proclamación del Evangelio.
14. Los
apóstoles.
Habían quedado en Jerusalén (vers. 1) dirigiendo las
actividades de la iglesia. El Señor había fijado un límite geográfico para la
predicación del mensaje del reino (Mat. 10: 5); pero había eliminado esos
límites por medio de la comisión evangélica (Mat. 28:19-20) y mediante la
instrucción dada en Hech. 1:8. La noticia del éxito de Felipe en Samaria fue
para los doce una prueba de que en verdad se habían eliminado esos límites.
Había llegado el momento de testificar de Cristo en Samaria.
Oyeron.
A pesar de la persecución, parece que se mantuvieron las comunicaciones
entre los obreros esparcidos y el cuartel general.
Samaria.
El
mensaje de Felipe fue llevado a través de toda la región por sus entusiastas
conversos.
Palabra de Dios.
Lucas emplea esta expresión, tanto
aquí como en su Evangelio, para resumir todo el Evangelio de Cristo (cf. Luc.
5:1; 8:11, 21).
Pedro y.. Juan.
Evidentemente en esos primeros
tiempos no se le asignaba ninguna preeminencia especial a ninguno de los doce.
Por decisión de todos los apóstoles, Pedro y Juan fueron enviados en misión a
Samaria. Era lógico que eligieran a estos dos, pues habían sido los más activos
en comenzar la obra de la iglesia (cf. cap. 1:15; 2:14; 3:1; 4:8; etc.). Aquí no
hay evidencia alguna de la supremacía de Pedro; estaba bajo la dirección del
cuerpo apostólico. El y Juan fueron enviados por ese grupo para cumplir esta
misión. Juan, que una vez había deseado que descendiera fuego del cielo sobre
los samaritanos (Luc. 9:54), ahora debía llevarlos con amor al bautismo del
Espíritu Santo y de fuego (Mat. 3:11). Es difícil afirmar que este Juan sea en
verdad Juan Marcos (ver com. Hech. 13:5, 13). Si Juan Marcos hubiera pasado por
las vicisitudes descritas en los versículos siguientes, difícilmente más tarde
habría dejado de acompañar a Pablo y Bernabé (cap. 13:13).
15. Oraron.
Este fue el primer acto
de los dos apóstoles. No concedieron el Espíritu Santo a los creyentes
samaritanos recientemente bautizados, sino que imploraron al Señor que les
concediera el Espíritu como resultado de su bautismo (cf. cap. 2:38), y como
evidencia de que habían sido aceptados por Dios.
16. Aún no había descendido.
En este versículo se hace una
clara distinción entre el bautismo de agua administrado por Felipe, y la
recepción del Espíritu Santo por medio del ministerio de Pedro y de Juan. El
verbo que se traduce "había descendido" ", " es el mismo que se traduce como
"cayó", " en Hech. 10: 44 y 11:15.
Solamente habían sido bautizados.
Felipe los había bautizado con agua, pero no recibieron los dones del
Espíritu hasta que llegaron Juan y Pedro.
En el nombre.
Esto
indica el estrecho vínculo con el cual los nuevos conversos a la fe estaban
ligados a Cristo por medio del bautismo.
17. Les imponían las manos.
Ver com. cap. 6:6.
Recibían.
Nótese los tres pasos que capacitaron a los
samaritanos para recibir el Espíritu Santo: (1) Su propia confesión de fe por
medio del bautismo (vers. 12), (2) la oración de los apóstoles (vers. 15), y (3)
la imposición de las manos de los apóstoles (vers. 17).
18. Vio Simón.
Simón había sido bautizado por Felipe así
como lo habían sido los otros samaritanos; pero las manos de los apóstoles no
habían sido puestas sobre él, y no había recibido el Espíritu que generosamente
había sido dado a los otros creyentes. Sin duda hubo alguna razón para esto; la
verdadera naturaleza de Simón quizá había sido claramente percibida. Sin
embargo, la diferencia que se hizo entre él y sus compatriotas, despertó su
deseo. Vio la evidencia de que habían recibido el Espíritu. Eran personas
transformadas que posiblemente habían comenzado a hablar en lenguas y a
profetizar. Era evidente que el Espíritu Santo había penetrado en la vida de
ellos.
Les ofreció dinero.
Simón vio que sus compañeros estaban
siendo dotados de facultades mucho más grandes que las que él tenía. Aunque no
poseía el Espíritu Santo deseaba el poder que recibiría con él; por lo tanto,
ofreció dinero a Pedro y a Juan, esperando poder comprar lo que no había
recibido gratuitamente. Esta conducta reveló las fallas de su fe y descubrió los
motivos que lo dominaban. Su ofrecimiento de dinero ha dado su nombre a toda una
serie de errores eclesiásticos. Cualquier intento de comprar un poder de orden
espiritual o eclesiástico se llama "simonía",
19. Dadme.
Ahora se reveló plenamente el carácter de Simón.
No deseaba tener el Espíritu Santo como un don espiritual para sellar su
bautismo, sino para poder usar el poder para dominar a otros. Quería el poder
externo sin haber experimentado el cambio interno que justificara la posesión de
tal don. Es posible que tuviera la intención de ganar dinero con la facultad de
impartir a su antojo el Espíritu Santo a otros.
20. Tu dinero perezca contigo.
O "vaya tu dinero a la
perdición y tú con él" " (BJ). Pedro expresa su disgusto por la oferta de Simón.
Comprendió que si Simón no cambiaba, sería destruido. Pero no consideró que no
había más esperanza para Simón, porque en el vers. 22 se registra que lo instó a
arrepentirse para que fuera perdonado.
Don de Dios.
La actitud
de Simón mostraba una incomprensión fundamental del carácter de Dios y de los
dones del Espíritu. Todavía tenía que aprender que las cosas más preciosas de la
vida no pueden comprarse con dinero.
21. No
tienes tú parte.
Esta no es una declaración arbitraria, sino una
sentencia basada en el estado evidente del corazón de Simón. No pertenecía en
verdad a la familia de Dios, y por lo tanto no estaba en condiciones de
compartir sus privilegios y responsabilidades. Con referencia a "suerte" , ver
com. cap. 1:26.
Este asunto.
"Este asunto" es evidentemente el
tema que se estaba discutiendo: el poder de impartir el Espíritu Santo por medio
de la imposición de manos (vers. 19).
Recto.
Gr. euthús ,
"recto", tanto en el sentido literal como en el moral. Aparece 8 veces en el NT:
4 veces en los Evangelios (Mat. 3:3; Mar. 1:3; Luc. 3:4-5), 3 en Hechos (cap.
8:21; 9:11; 13: 10), y una en 2 Ped. 2:15.
22. Arrepiéntete.
Ver com. Mat. 3:2. El arrepentimiento es
la primera condición para alcanzar el perdón y evitar el castigo merecido.
Nótese que aunque la actitud de Simón es denominada "maldad", la exhortación de
Pedro muestra que todavía había salvación para él.
Ruega a Dios.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "Ruega al Señor".
Si bien los judíos comúnmente llamaban "Señor" a Dios, es posible que aquí Pedro
le dijera a Simón que debía orar al Señor Jesús.
Si quizás.
Esto
implica duda, no de que Dios no estuviera dispuesto a perdonar, sino de que
Simón estuviera listo para arrepentirse. Pedro también pudo haber pensado que el
pecado de Simón se acercaba al pecado imperdonable contra el Espíritu Santo (ver
com. Mat. 12:31). Cristo había dado a los apóstoles tanta autoridad para
disciplinar (Juan 20:23), que estas palabras en labios de Pedro indicarían la
gravedad de la situación.
Pensamiento.
Gr. epínoia ,
"intención", pensamiento"; sugiere la idea de algo premeditado. Esto hace que el
pecado fuera aún más grave. El apóstol vio que la mente de Simón se había
entregado plenamente a su plan, y si bien no quería afirmar que no había
esperanza para él, su codicia, que rayaba en idolatría, hacía que el
arrepentimiento fuera casi imposible. Dios está siempre dispuesto a perdonar,
pero muchas veces el hombre no está listo para ser perdonado (ver com. Sal.
32:1; 130:4).
23. Hiel de amargura.
Pedro comprendió que Simón estaba sumergido en amargura y encadenado en
iniquidad. Había permitido que la envidia y la codicia amargaran su alma, y que
la iniquidad se convirtiera en un hábito, de modo que estaba preso en estos
males.
Veo.
Pedro pudo entender nítidamente lo que había en el
corazón de Simón.
24. Rogad vosotros por
mí.
Por la forma en que Simón hizo su petición se ve que no había sido
impulsado por un arrepentimiento genuino. No manifestaba tristeza. No parecía
preocuparse por el debido desarrollo de su carácter. Sólo pedía que se lo
liberara de la amenaza del castigo. Su ruego puede compararse con el pedido de
Faraón, que repitió en varias ocasiones a Moisés: "Orad a Jehová" " (Exo. 8:8,
28; 9:28; 10:17), que sólo reflejaba su temor, pero que no produjo ningún cambio
en su conducta. No se registra posteriormente ningún arrepentimiento de 219
Simón, y por lo tanto puede suponerse que siguió sin convertirse.
Aquí
termina el relato de Simón en el libro de Hechos, pero la iglesia primitiva
conservó muchas leyendas acerca de él. En éstas aparece como un usurpador que
presidía una corrupta secta pseudocristiana que constantemente luchó contra la
recta doctrina. Las informaciones acerca de Simón el Mago aparecen en las
Homilías pseudoclementinas ii. 1839; Reconocimientos clementinos ii. 5-16;
Justino Mártir, Apología primera 26, 56; Ireneo, Contra herejías i. 23; Eusebio,
Historia eclesiástica ii. 13. 3-18; 14. 1-6; 15. 1. En estos escritos se
describe a Simón como precursor de los herejes gnósticos, un maestro cuyo
sistema se basaba mayormente en la astrología y la angelología, y una obstinada
creencia en sus propios poderes divinos. Ver p. 36; t. V, p. 890.
25. Y ellos.
Sin duda se refiere a
los apóstoles Pedro y Juan.
Habiendo testificado.
Gr.
diamartúromai , "presentaron un testimonio solemne".
Se volvieron.
En su viaje de regreso a Jerusalén predicaron el Evangelio en muchas
aldeas samaritanos. Aquí termina el relato inspirado del progreso del
cristianismo en Samaria. Después no hay más que una mención pasajera (cap.
15:3).
26. Un ángel.
Lucas señala
repetidas veces el ministerio de los ángeles (cf. Luc. 1:38 y Hech. 10:7; Luc.
2:9 y Hech. 12:7; Luc. 24:4 y Hech. 1:10; 10:30). Es posible que este
llamamiento sobrenatural fuera mediante una visión (compárese con el caso de
Cornelio, Hech. 10:3).
Gaza.
Esta es la transliteración griega
del hebreo 'azzah , de una raíz que significa "ser fuerte". Gaza era una ciudad
de la frontera sur de los antiguos cananeos (Gén. 10:19). Fue ocupada
primeramente por los aveos y después por los caftoreos (Deut. 2:23). Josué no
pudo subyugarla (Jos. 10:41; 11:22). Judá la ocupó por un corto tiempo (Juec.
1:18), pero pronto la perdió y quedó en poder de los Filisteos (Jos. 13:3; Juec.
3:3), y éstos la convirtieron en la más austral de sus cinco grandes ciudades.
Fue el escenario de la humillación y muerte de Sansón (Juec. 16), y continuó en
poder de los filisteos en tiempos de Samuel y aun después (1 Sam. 6:17). La
atacaron Salomón (1 Rey. 4:21, 24) y más tarde Ezequías (2 Rey.18: 8). Resistió
a Alejandro Magno durante cinco meses, pero finalmente fue conquistada y se
convirtió en un importante centro militar durante las luchas entre los Tolomeos
y los Seléucidas, y en las guerras de los Macabeos (1 Mac. 11:61).
Gaza
fue destruida alrededor del año 96 a. C., y sus habitantes fueron masacrados por
Alejandro Janeo (Josefo, Antigüedades xiii. 13. 3); pero fue reconstruida por
Gabinio, general y gobernador de Siria ( Id. xiv. 5. 3), aunque se dice que la
ciudad restaurada estaba más cerca del mar que la antigua. Había más de un
camino desde Jerusalén a Gaza, a unos 80 km al suroeste. La ruta del norte
pasaba cerca de Lida, después corría paralelamente a la costa hacia el sur,
pasando por Azoto, hasta Gaza. La otra ruta corría hacia el sur hasta cerca de
Hebrón, y después hacia el oeste por el desierto hasta la ciudad de Gaza. Esta
segunda es la ruta más probable para este relato.
Desierto.
El
griego dice "éste es desierto". No queda claro si el ángel incluyó en sus
instrucciones este detalle acerca del desierto, o si se trata de una explicación
añadida por Lucas. En el griego, el "desierto" podría ser tanto el camino como
la ciudad; pero lo más probable es que se refiera al camino, pues Gaza era una
ciudad, y el ángel le había dicho que fuera "por el camino... a Gaza", y no a la
ciudad. Felipe debía ir con fe sencilla por el camino menos frecuentado, menos
promisorio, de Jerusalén a Gaza, y sin saber que en el camino se encontraría con
un viajero cuya conversión llegaría a ser tan memorable.
27. Se levantó y fue.
Su inmediata obediencia revela que no
tenía duda alguna en cuanto a la autenticidad del mensaje que había recibido.
Etíope.
Etiopía, llamada Cus (Heb. kush ) en el AT (Gén. 2:13;
Est. 1:1; etc.), se refiere a la región al sur de la primera catarata del Nilo.
También se denominó Nubia a este país que hoy se conoce como Sudán. No equivale
a la Etiopía de hoy. En su parte norte estaba el gran reino de Meroé, en el
valle del alto Nilo, que fue gobernado por reinas durante un largo período. Es
muy probable que el eunuco procediera de este reino. La relación de esta nación
con el pueblo judío presenta muchos puntos interesantes. Según la Carta de
Aristeas 13, durante el reinado del faraón llamado Samético (quizá Samético II,
594-588 a. C.), un ejército de judíos fue enviado a Egipto para ayudar en una
campaña militar contra Etiopía. Indudablemente las 220 influencias judías se
habían dejado sentir en esa región durante siglos. Esto puede reflejarse en el
valiente proceder del eunuco etíope Ebed-melec en tiempos de Jeremías (cap. 38:
7-13; 39: 15-18). Aún antes se dice en el Salmo 68: 31, que Etiopía ( kush )
extendería sus manos hacia Dios.
Eunuco.
Ver com. Est. 1: 10, 2:
3; Mat. 19: 12.
Funcionario.
Gr. dunást ' s , "hombre poderoso",
"príncipe"; "alto funcionario" " (BJ). La ley excluía específicamente a los
eunucos del santuario de Dios (ver com. Deut. 23: 1), pero es indudable que en
la práctica se los aceptaba. En Isaías se registra la promesa de que se
admitiría en el pueblo de Dios a los eunucos que guardaran el sábado (cap. 56:
4). Ni jerarquía, ni raza, ni defectos físicos impiden la aceptación en la
familia de nuestro Padre celestial (Gál. 3: 28-29; Col. 3: 10-11).
Candace.
Parece que este era un título dinástico, como Faraón, o
Tolomeo en Egipto, o César entre los romanos, y no el nombre de una determinada
reina. Este nombre aparece en Estrabón, Geografia xvii. 1. 54, y Dión Casio,
Historia liv. 5. 4-6. Según Eusebio (c. 325 d. C.), en sus días Etiopía aún
estaba bajo el gobierno de una reina ( Historia eclesiástica ii. 1. 13).
Tesoros.
Gr. gáza , "tesoro real", "tesorería", palabra de
origen persa usada por los autores clásicos a partir de unos 300 años a. C. Los
traductores de la LXX la emplearon en Esd. 5: 17; 6: 1; 7: 21; Isa. 39: 2. En el
NT sólo aparece aquí en su forma simple, y en una forma compuesta en relación
con la tesorería del templo (Luc. 21: 1). Felipe encontró a un hombre que
administraba el tesoro real; pero el evangelista ayudó a este tesorero a
encontrar un tesoro aun mayor, así como el hombre de la parábola de Mat. 13: 44
halló un gran tesoro cuando lo buscó con toda diligencia.
Para adorar.
Parece que este eunuco era un prosélito judío (ver t. V, p. 64) que
había ido a Jerusalén para adorar en el templo. Prosélitos y judíos viajaban a
Jerusalén con este propósito, como puede verse por la enumeración de los que
estaban presentes en la celebración de Pentecostés (Hech. 2: 10). De acuerdo con
Juan 12:20, unos griegos también fueron a las fiestas celebradas en Jerusalén.
El eunuco había ido a Jerusalén buscando una bendición, pero antes de regresar a
su casa recibiría una bendición que sobrepasaría todas sus expectativas. Ver t.
IV, pp. 29-32.
28. Volvía.
Regresaba de Jerusalén a Etiopía, después de haber visitado a Jerusalén
para adorar en el templo.
Leyendo.
Parece que leía en voz alta
(vers. 30), como era la práctica habitual en el antiguo Cercano Oriente. El
etíope posiblemente acababa de comprar el rollo de Isaías en Jerusalén. Si así
fue, las maravillosas expresiones del profeta evangélico deben haberle parecido
nuevas y deleitosas. Según los vers. 32 y 33 es evidente que leía en el capítulo
53 de Isaías, versión de los LXX.
29. El
Espíritu dijo.
Cf. com. vers. 26. El Espíritu habla y le da al
evangelista instrucciones explícitas, ya sea por medio de una impresión interior
o de una voz audible.
Júntate.
Este funcionario real sin duda
era acompañado por una gran comitiva, y era natural que uno que viajaba solo por
un camino desierto se uniera a su caravana.
30. Acudiendo Felipe.
Mejor "Felipe corrió hasta él" (BJ).
Reaccionó inmediatamente en respuesta a la orden del Espíritu. Los cristianos
deberían imitar esta rápida respuesta. Quienes lo hagan, encontrarán más gente
preparada para escuchar una conversación sincera, centrada en Cristo, de lo que
comúnmente esperarían hallar.
¿Entiendes?
Felipe inicia la
conversación muy hábilmente; comenzó en donde encontró al hombre, y adaptó su
presentación a los intereses del etíope. Esto proporciona un ejemplo para cada
obrero cristiano. La pregunta de Felipe se refería al significado, no a las
palabras. En el griego la forma interrogativa sugiere que esperaba una respuesta
negativa. Es posible que el eunuco hubiera oído algunas exposiciones judaicas de
este pasaje; pero probablemente no tenía ninguna noción de que estas palabras se
referían a Jesucristo. Pero Felipe conocía su significado, y fue impulsado por
el Espíritu para que explicara al eunuco el sentido que tenían.
31. ¿Cómo podré?
La pregunta
insinúa que no podía comprender porque no era versado en la interpretación de
las Escrituras.
Enseñare.
Gr. hod ' gé Ç, "guiar por el camino",
"conducir". Jesús empleó la misma palabra para referirse a la conducción del
Espíritu Santo (Juan 16: 13). El eunuco regresaba a Etiopía, en donde estaría
separado de quienes hasta aquí lo habían guiado en Jerusalén; 221 sentía que
necesitaba recibir instrucciones adecuadas acerca de este pasaje difícil. Su
pregunta sugiere que leía este pasaje por primera vez, o que al leerlo de nuevo
el Espíritu lo estaba grabando en él con renovado énfasis.
Rogó.
Esta palabra indica un pedido ferviente e indica que el eunuco estaba
deseoso de recibir más instrucciones. Nótese con cuánta naturalidad se cumple la
orden del Espíritu (vers. 29). Felipe se acerca, y el eunuco invita al
evangelista a subir a su carro e ir con él.
32. El pasaje.
Gr. perioj ', "contenido", que le, equivale
al hebreo parashah o haftarah , o sea el "pasaje" escogido para la lectura
pública en la sinagoga (ver t. V, p. 59). Esta palabra la usaban comúnmente los
griegos, y Cicerón la incorporó en su forma griega en una carta escrita en
latín, dándole el sentido que le daban los judíos ( Cartas a Ático xiii. 25). El
pasaje citado es Isaías 53: 7-8; es idéntico al griego de la LXX, no al hebreo.
Como oveja.
En cuanto a este pasaje, ver coro. Isa. 53: 7-8;
debe recordarse que esta cita no es una traducción del texto hebreo sino del
texto griego de la LXX.
33. En su
humillación.
En el griego dice literalmente: "en su humillación su
juicio fue quitado", " lo cual puede interpretarse de diversas formas: o que su
condenación fue quitada, es decir, que por cuanto se humilló, después fue
exaltado, o que en su humillación se le negó la justicia, lo que indudablemente
ocurrió durante su juicio. El hebreo de Isa. 53: 8 dice: "Por opresión y por
juicio fue quitado", " esto es: fue víctima de un asesinato, judicial.
Su generación.
A esta frase se le han dado diversas
interpretaciones. (1) ¿Quién declarará el número de los que compartieron la vida
de él y en cierto modo surgieron de él? Es decir, ¿quién puede contar sus
discípulos fieles? (2) ¿Quién de su generación fue suficientemente sabio para
tomarlo en cuenta? (3) ¿Quién declarará la maldad de la generación torcida y
perversa en la cual vivió? Cf. com. Isa. 53: 8.
Fue quitada... su vida.
El texto hebreo de Isa. 53: 8 sugiere que el Salvador fue llevado en
forma apresurada a una muerte violenta. La LXX expresa la misma idea, y no hace
referencia alguna a que Jesús hubiera partido de la tierra en la ascensión.
34. Te ruego.
El breve encuentro
del eunuco con Felipe, siervo de Dios, debe haberle impresionado muy
favorablemente, porque inmediatamente mostró confianza en la capacidad de Felipe
para responder sus preguntas. En esta forma se le presentó a Felipe la
oportunidad que buscaba. El cristiano con frecuencia se sorprenderá de la manera
como surgen oportunidades cuando está preparado y dispuesto a utilizarlas.
¿De quién?
El eunuco era suficientemente perspicaz para hacer la
pregunta más importante acerca de lo que leía. ¿A quién se referían las palabras
de Isaías? La pregunta no había sido respondida claramente en sus días, y aún se
sigue discutiendo (ver com. Isa. 41: 8; 42: 1; 52: 13; 53: 1). Felipe no tenía
ninguna duda en cuanto al tema, y nosotros tampoco debiéramos tenerla. La
pregunta proporcionó a Felipe el texto básico para presentar al etíope un sermón
acerca de Jesús.
35. Abriendo su boca.
Siempre que aparece esta frase en el NT, significa que está a punto de
pronunciarse un discurso y no unas pocas palabras (cf. Mat. 5: 2; 13: 35; Hech.
10: 34).
Esta escritura.
Felipe comenzó su discurso por el
pasaje que el eunuco estaba leyendo. En ese momento no había un mejor punto para
comenzar. Debe empezarse con aquellos pasajes que interesan a los oyentes.
Le anunció el evangelio de Jesús.
Es posible que el eunuco
hubiera oído en Jerusalén de la enseñanza de Jesús. La obra de los discípulos
había captado la atención de toda la ciudad (cap. 2: 41; 4: 33; 5: 12-14; 6:
7-8); pero en muchas de las discusiones que había oído sin duda se había
clasificado a Jesús como impostor, y es poco probable que hubiera entendido Isa.
53 a la luz de la predicación de los apóstoles. Sin embargo, esta profecía es
una de las presentaciones más claras del AT en cuanto a la muerte de Jesucristo
como sacrificio y sustituto del pecador, como la única manera de salvarse de los
efectos del pecado: la condenación que trae consigo y el poder destructivo que
lo acompaña. Lo que sucede a continuación muestra que la enseñanza de Felipe
abarcaba no sólo la aplicación de la profecía a Jesucristo, sino también
instrucciones en cuanto a lo que significaba unirse al compañerismo con los
discípulos de Cristo. El NT establece claramente que tales instrucciones eran
impartidas antes de que el candidato fuera sumergido en las aguas bautismales.
Predicar a Jesús es la obra de todo predicador evangélico y también de
todo cristiano, ya sea mediante la palabra o por fiel testimonio de la vida
diaria. No importa cuál sea el tema del sermón que se presente, su centro
siempre debe ser Jesucristo.
36. Yendo por
el camino.
Felipe y el eunuco tuvieron que haber viajado juntos cierto
tiempo, porque el instructor no sólo presentó los puntos básicos de la salvación
en Cristo Jesús de acuerdo a la luz de Isa. 53, sino que prolongó la instrucción
hasta tal punto que el eunuco comprendió el significado del bautismo, y deseó
recibirlo.
Cierta agua.
La región del camino a Gaza es árida, y
no es fácil encontrar agua. Según el mapa de Medeba (probablemente del siglo
VI), el eunuco etíope fue bautizado cerca de Bet-sur, al noroeste de Hebrón.
Otros piensan que lo fue en algún manantial del Wadi el-Hesi, entre
Eleuterópolis y Gaza.
¿Qué impide?
Es ejemplar el anhelo del
eunuco por completar su preparación para ser miembro en la iglesia del Señor que
acababa de hallar. La iniciativa fue suya. Felipe no necesitó animarlo a que lo
hiciera. Había aprendido del Salvador y recibido el perdón de sus pecados. Había
sido instruido en cuanto al Nombre y al Camino (cf. Hech. 4: 12; Juan 14: 6).
¿Qué razones podían darse para negarle el rito del bautismo?
37. Si crees.
La crítica textual
tiende a confirmar (cf. p. 10) la omisión de este versículo. Es posible que
fuera una explicación marginal, tomada de una antigua confesión bautismal que se
incorporó al texto. Sin embargo, debe notarse que la verdad expresada en el
vers. 37 aparece en diversas formas en otros pasajes bíblicos (cf. Juan 3: 16;
Hech. 2: 38; 16: 30-31).
38. Mandó.
La comitiva se detuvo. Sus miembros tuvieron que haber contemplado con
interés el bautismo; es posible que algunos de ellos formaran el núcleo de la
primera congregación cristiana de Etiopía. La tradición afirma que el eunuco
proclamó el Evangelio entre sus compatriotas.
Descendieron ambos al
agua.
Si sólo apareciera esta frase, no se podría saber si Felipe y el
etíope "descendieron" hasta la orilla, o si entraron en el agua. Pero la duda se
despeja en el vers. 39.
39. Subieron del
agua.
El texto griego dice que subieron de dentro del agua. Si no
hubieran descendido [entrado] ambos en el agua, no podrían haber salido de
dentro de ella. Aquí sin duda se presenta un bautismo por inmersión. Ver com.
Mat. 3:6; Mar. 16: 16; Rom. 6: 3-6. Esta es una clara ilustración del método de
bautismo que utilizaba la iglesia primitiva, aunque fuera en una situación
inesperada, y desprovista de toda ceremonia.
El Espíritu.
El
Espíritu había iniciado el encuentro de Felipe con el eunuco, y después de que
hubo alcanzado un resultado positivo, el Espíritu presentó otra vez a Felipe
nuevas posibilidades de servicio.
Arrebató.
Gr. harpáz Ç,
"arrebatar" "llevarse por la fuerza". El mismo verbo se emplea en forma similar
en 1 Tes. 4: 17; Apoc. 12: 5. Los sentimientos podrían haber llevado
naturalmente al evangelista a quedarse para completar su tarea con el eunuco e
instruirlo completamente; pero Felipe fue apartado de su compañero de viaje por
medio de un poder sobrenatural (cf. 1Rey. 18: 12; 2 Rey. 2: 16; Eze. 3: 12, 14).
Y siguió.
Mejor "porque siguió". Así se explica por qué el
eunuco no vio más a Felipe; y también sugiere que el eunuco aceptó la
desaparición de Felipe como un acto sobrenatural, y por lo tanto no dedicó
tiempo buscando inútilmente a quien le había enseñado y bautizado, sino que
siguió su camino, continuando el viaje que se había interrumpido.
Gozoso.
Esta expresión parece ser típica de Lucas (cf. Luc.
15:5; 19:6). El eunuco creyó que Felipe estaba en las manos de Dios, y no se
preocupó por él sino prosiguió su viaje regocijándose en la nueva luz que había
recibido. Eusebio dice que el eunuco regresó a su tierra natal y allí predicó
"el conocimiento del Dios del universo y la vida de nuestro Salvador que da vida
a los hombres", y de este modo cumplió las palabras de Sal. 68:31: "Etiopía se
apresurará a extender sus manos hacia Dios" ( Historia eclesiástica ii.1. 13).
Si bien muchas veces se dice que el eunuco fue el primer misionero al país que
conocemos como Etiopía, debe recordarse que este funcionario de Candace era de
lo que hoy se llama Sudán (ver com. Hech. 8: 27). Parece que el Evangelio entró
en Etiopía alrededor del siglo IV.
40. Se
encontró en Azoto.
El texto griego no sugiere que lo hayan buscado, sino
que de pronto "apareció" en Azoto, la cual correspondía con la Asdod del AT (1
Sam. 5:1-7). Era una de las cinco principales ciudades de 223 los filisteos, a
unos 5 km del mar, a mitad de camino entre Gaza y Jope. Azoto, como Gaza, sufrió
asedios sucesivos: por los asirios (Isa. 20: 1); por los egipcios (Herodoto, Los
nueve libros de la historia ii. 159; ver com. Jer. 47: 1), y por los Macabeos (1
Mac. 5: 68; 10: 84). Fue reconstruida en el año 55 a. C. por el general romano
Gabinio. Felipe no permaneció allí, sino que " "pasando, anunciaba el evangelio
en todas las ciudades" " (ver com. Hech. 8: 4).
Anunciaba.
El
notable episodio de Felipe con el eunuco no interrumpió las otras actividades
del diácono como predicador del Evangelio.
En todas las ciudades.
Es probable que su ruta pasara por Lida y Jope, y los efectos de sus
labores sin duda pudieron verse en las florecientes comunidades cristianas que
más tarde se establecieron en ambas ciudades (cap. 9: 32, 36).
Cesarea.
Cesarea estaba junto al camino de Tiro a Egipto, y alcanzó en tiempos de
los romanos gran importancia histórica. Originalmente la ciudad se llamó Torre
de Estrato, y era sólo un lugar donde se sacaban las barcas a tierra. Herodes el
Grande la construyó en 12 años, dotándola de un puerto tan grande como el de El
Pireo, cerca de Atenas, y la llamó Cesarea en honor de Augusto César. Después
que Arquelao fue depuesto, se convirtió en residencia oficial del gobernador
romano (6-41 y 44-66 d. C.) y capital de Palestina (Hech. 23:23-24). Tácito
llama a Cesarea "metrópoli de Judea" ( Historias ii. 78). Su población era
mayormente pagana, pero también vivían allí muchos judíos, lo que la hacía un
centro promisorio para la obra misionera. Cesarea fue una ciudad importante en
la historia de la iglesia, pues en los capítulos siguientes de Hechos se la
menciona 15 veces. Se puede deducir (cap. 21: 8) que Felipe hizo de esta ciudad
el centro de su obra evangelística. Más tarde vivió allí Orígenes de Alejandría
(c. 184-254 d. C.), y Eusebio (c. 260-340 d. C.), historiador de la iglesia
primitiva, fue su obispo. Hoy quedan sólo ruinas de lo que fue una gran ciudad.
Desde 1959 se han realizado en Cesarea importantes excavaciones arqueológicas
que han dejado ver la magnitud y la magnificencia de la antigua ciudad (ver
National Geographic , febrero, 1987, pp. 261-279).
CBA T6

Comentarios
Publicar un comentario