1.
Apóstol.
Gr. apóstolos (ver com. Mar. 3: 14; Hech. 1: 2). Pablo había sido comisionado directamente por Jesucristo (Hech. 26: 16-17; cf. Gál. 1: 11-12); era, pues, un embajador que representaba a Cristo (2 Cor. 5: 20). En la mayoría de sus epístolas Pablo se identifica como apóstol; por lo tanto, su autoridad era igual a la de los doce, todos los cuales habían visto al Señor y habían sido instruidos personalmente por él (ver com. 1 Cor. 9: 1).
De Jesucristo.
Es decir, enviado por Jesucristo y por consiguiente, su portavoz.
Voluntad de Dios.
Los falsos apóstoles que perturbaban a la iglesia corintia actuaban por su propia iniciativa. Pablo había llegado a ser apóstol por un acto de la voluntad divina (cf. Rom. 1: 1; 1 Cor. 1: 1). Era imperativo que los corintios reconocieran esta diferencia y lo aceptaran por lo que él era: un representante de Dios.
Durante varias décadas hubo un sector influyente de cristianos de origen judío que exigían que los gentiles que se convertían al cristianismo también se hicieran prosélitos del judaísmo y observaran las prescripciones de la ley ritual. Esos judíos evidentemente negaban validez a la decisión del concilio de Jerusalén que eximía a los gentiles de esos ritos (Hech. 15: 19-20, 28-29). En una ocasión este sector, judaizante consiguió que las iglesias de Galacia se opusieran a Pablo (Gál. 3: 1; 5: 1-7), y también las iglesias de la provincia de Asia (2 Tim. 1: 15). Esos judaizantes menospreciaban continuamente a Pablo, y como él no se había relacionado personalmente con Cristo como los doce, en el mejor de los casos lo presentaban como un apóstol de segunda categoría. En la iglesia primitiva existía la tendencia de dividir a los apóstoles en dos grupos: los que habían estado con Cristo y los que no habían estado con él. Los que habían visto a Jesús personalmente, por lo general eran tenidos en más alta estima que los que no lo habían visto. Los del segundo grupo habían sido nombrados al apostolado por la iglesia, y eran considerados inferiores a los del primer grupo. Esta clasificación era humana, y no tenía ni la aprobación de Dios ni la de los apóstoles originales. Por eso Pablo con frecuencia se sentía obligado a destacar que había sido llamado personalmente por Cristo. Se había encontrado con Jesús cara a cara en el camino a Damasco. Había sido instruido por el Señor en persona (Gál. 1: 11-12), y había sido enviado personalmente por él mientras estaba en el templo, durante su primera visita a Jerusalén después de su conversión (Hech. 22: 21). Debido a que el bando que se le oponía en Corinto había puesto en tela de juicio sus credenciales como apóstol, en su segunda epístola a esa iglesia Pablo presentó abiertamente el hecho de haber sido llamado divinamente para ser apóstol (2 Cor. 3: 1-6; 10: 1-12; 11: 1 a 12: 18). Si era "la voluntad de Dios" que Pablo fuera apóstol, ¿qué derecho tenían los judaizantes de disputarle su autoridad? Ver com. 2 Cor. 3: 1; 11 :5; Gál. 1: 1; 2: 6.
El hermano Timoteo.
En ninguna parte se llama apóstol a Timoteo. Aún era joven, aunque había estado relacionado con Pablo unos 15 años (ver com. Hech. 16: 1-3; cf. HAP 149). Pablo también se refiere a Timoteo como a su "colaborador" (Rom. 16: 21). Quizá todavía era considerado como principiante; sin embargo ya era bien conocido por la iglesia de Corinto (1 Cor. 16: 10; 2 Cor. 1: 19).
Los nombres de Pablo y Timoteo están unidos en los saludos de otras cinco epístolas (Fil. 1: 1; Col. 1: 1; 1 Tes. 1: 1; 2 Tes. 1: 1; File. 1). Pablo lo llama su " "verdadero hijo en la fe" (1 Tim. 1: 2, cf. 2 Tim. 1: 2). Ver com. 1 Cor. 4: 17; 16: 10.
Iglesia.
Gr. ekklesía (ver com. Mat. 18: 17). Pablo llama a la iglesia de Corinto "la iglesia de Dios" , con lo que quiere decir que había sido establecida por la voluntad de Dios, así como él había sido ordenado como apóstol " por la voluntad de Dios" . La ciudad de Corinto era notable por su cultura, su riqueza y su impiedad (ver p. 652). A pesar de todo Dios había establecido su iglesia en este lugar, uno de los más perversos del mundo romano.
Todos los santos.
Es indudable que en ese tiempo había un considerable núcleo de creyentes en Acaya (ver mapa frente a la p. 33). Se menciona específicamente a la iglesia de Cencrea (Rom. 16: 1), y sin duda había otras. El término hágios, "santo" " (ver com. Rom. 1: 7) fue usado desde el comienzo para referirse a los creyentes cristianos (Hech. 9: 13), significando que estaban separados del mundo para servir a Dios. Los que pertenecen al pueblo de Dios son llamados "creyentes" (1 Tim. 4: 12), debido a su fe en Cristo; "discípulos" " (Hech. 11: 26), debido a que aprenden del Señor; "siervos" " (Efe. 6: 6), porque cumplen la voluntad divina; hijos (1 Juan 3: 10; cf. vers. 1), por pertenecer a la familia de Dios por adopción; "santos" , a causa de que sus vidas están dedicadas exclusivamente al Señor (1 Cor. 1: 2).
Acaya.
Los Romanos dividían a Grecia en dos provincias senatoriales: Acaya y Macedonia (cf. Hech. 19: 21). Corinto era la capital de Acaya, que incluía el Ática y el Peloponeso, y era la residencia del procónsul o gobernador romano (ver mapa frente a la p. 33). La inclusión en el saludo "a todos los santos que están en toda Acaya", además de los de Corinto, implica que hasta cierto punto aquéllos también necesitaban el consejo enviado a la iglesia de Corinto. Los corintios debían llevar los saludos del apóstol y su mensaje a las otras iglesias.
2. Gracia y paz.
Ver com. Rom. 1: 7. Este es el saludo de Pablo en todas sus epístolas excepto en las pastorales, en donde añade la palabra "misericordia". Gracia ( járis ; ver com. Juan 1: 14) era un saludo común entre los griegos. Expresaba el deseo de que la persona a quien así se saludaba pudiera experimentar gozo y prosperidad. "Gracia", como saludo cristiano, expresaba el deseo de que el saludado pudiera conocer la plenitud del poder divino y la bendición celestial. Las palabras comunes griegas con frecuencia adquirían nuevos matices de significado por la forma en que las usaban los cristianos (ver t. V, p. 107). "Paz", " el saludo favorito de los judíos, expresaba el deseo de que el saludado tuviera bendiciones materiales y espirituales (ver com. Isa. 26: 3; Mat. 5: 9; Luc. 1: 79; 2: 14; Juan 14: 27). Por medio del saludo "gracia y paz", Pablo quizá deseaba expresar su deseo de comunión con los cristianos tanto de origen judío como gentil. La iglesia cristiana unía a judíos y a griegos.
La "gracia" " de Dios justifica a los pecadores arrepentidos (Rom. 3: 24; cf. Tito 2: 11); su "paz" " mantiene sus corazones y mentes firmes en Cristo (Fil 4: 16).
Nuestro Padre.
Ver com. Mat. 6: 9.
Señor Jesucristo.
Ver com. Mat. 1: 1; Juan 1: 38.
3. Bendito.
Gr. eulog'tós (ver com. Mat. 5: 3). Pablo comienza atribuyendo acertadamente la alabanza a Dios. En cuanto al sentido en que los hombres bendicen a Dios, ver com. Sal. 63: 4.
Padre.
El significado que Cristo atribuyó al nombre Padre, aplicado a Dios, se ve en todas las enseñanzas y el ministerio de Jesús. Refleja el espíritu del Sermón del Monte, es la palabra clave del Padre nuestro, el fundamento de la hermandad cristiana, el móvil para perdonar a los que nos ofenden y la convicción omnipresente de que Dios, como Padre de Cristo, lo acompañó a través de su vida (ver com. Luc. 2: 49); y después de su resurrección habló de "mi Padre y vuestro Padre" " (Juan 20: 17). A los hombres a veces les es difícil comprender la omnipresencia, la omnipotencia y la omnisapiencia del Dios infinito. Pero todos los hombres pueden entenderlo y apreciarlo como al Padre amante que dio a su único Hijo para que viviera y muriera por una raza de pecadores (Juan 3: 16). Ver a Jesús es ver y conocer al Padre (Juan 14: 9; cf. cap. 17: 3).
Padre de misericordias.
Esta frase no se repite exactamente en el NT. Dios es el Padre misericordioso, la fuente de donde fluyen todas las misericordias, el originador de todas ellas. Misericordia implica más que benevolencia, más que bondad. Dios es bueno para con todos, pero es misericordioso con aquellos que están afligidos por el pecado y necesitan perdón. Las misericordias son una revelación de la esencia del carácter del Dios; brotan de su corazón. Ver com. Rom. 12: 1.
Consolación.
Gr. parákl'sis (ver com. Mat. 5: 4). Mediante el Espíritu Santo, el Consolador (ver com. Juan 14: 16), Dios se acerca al hombre para atender sus necesidades espirituales y materiales. Parákl'sis es una palabra característica de esta epístola. Aparece 11 veces como sustantivo y 18 veces como verbo.
4. Consuela.
Mejor consuela sin cesar. Gr. parakaléÇ (ver com. Mat. 5: 4). Es decir, mediante el ministerio del Espíritu Santo (ver com. 2 Cor. 1: 3).
Tribulaciones.
Gr. thlípsis , "opresión", "apremio", "aflicción", "angustia", "apretura". El consuelo que viene de Dios hacía que el apóstol pudiera aceptar con calma los momentos angustiosos que se reflejan en otros pasajes (cap. 4: 8-11; 11: 30).
Consolar.
Los que han experimentado tribulaciones y dolores y han hallado el consuelo que viene de lo alto, pueden simpatizar con otros que están en circunstancias similares y guiarlos a su Padre celestial.
La consolación.
Este término incluye más que el consuelo en el dolor o en la angustia. Incluye todo lo que un amoroso Padre celestial puede hacer por sus Hijos terrenales. Ver com. Mat. 5: 4. La tribulación desempeña un papel importante en la perfección del carácter del cristiano (cf. Heb. 2: 10). Los sufrimientos y las tribulaciones no tienen poder por sí mismos, para hacer que los hombres sean semejantes a Cristo; al contrario, más bien hacen que muchos se endurezcan y amarguen. Pero Dios santifica la tribulación, y los que encuentran en él gracia y fortaleza para soportar, han resuelto uno de los grandes problemas de la vida (cf. Heb. 2: 10). Comparar con el caso y el ejemplo del mismo Pablo (ver com. 2 Cor. 4: 8-11; el. cap. 12: 7-10). Es difícil creer en Dios en medio del lujo, las comodidades terrenales y la holgura. Las tribulaciones y los dolores pueden, en la providencia de Dios, acercarnos a él. Por lo tanto, ¿no deberían los hombres alabar al Señor por la tribulación y permitir que ella se convierta en un peldaño hacia el reino de Dios? (Hech. 14: 22; Rom, 5: 3; cf. Sant. 1: 2-3).
5. Las aflicciones de Cristo.
La expresión podría significar los sufrimientos soportados por los creyentes por causa de Cristo, y también los que Cristo soportó, que son compartidos por sus seguidores. La sintaxis griega -"de Cristo"- permite ambos sentidos, lo que hace que surja la pregunta: ¿En qué sentido abundarán en nosotros los sufrimientos de Cristo? Cristo preguntó a sus discípulos: "¿Podéis beber del vaso que yo he de beber?" " (Mat. 20: 22). Pedro habla de ser "participantes de los padecimientos de Cristo" (1 Ped, 4: 13). El cristiano tiene el privilegio de conocer "la participación de sus padecimientos" " (Fil. 3: 10), " "llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús" " (2 Cor. 4: 10). De acuerdo con la primera interpretación, "las aflicciones de Cristo" son las que se sufren por causa de él. Así como las aflicciones de Cristo fueron ocasionadas por la oposición, el desprecio, la persecución, las pruebas y necesidades, así también lo son las de sus discípulos.
Sin embargo, el valor del sufrimiento no depende tanto de las circunstancias que lo ocasionan como de la actitud del que sufre (cf. 1 Cor. 13: 3). La buena disposición para sufrir no es de por sí una evidencia de cristianismo. Incontables millares han soportado sin quejarse pruebas y sufrimientos, sin embargo no son bajos de Dios. La comunión con Dios es la que ennoblece y santifica el sufrimiento (cf. 1 Ped. 2: 20-21).
Abunda.
Ver com. Efe. 3: 20. Pablo estuvo plenamente satisfecho en todas sus angustias terrenales, con la consolación que le proporcionaba el ciclo.
Consolación.
Gr. parákl'sis (ver com. vers. 3).
6. Si somos atribulados.
Las tribulaciones de Pablo junto con el consuelo divino que recibía en su aflicción, redundaron en favor de los que fueron ganados por él para Cristo, Más aún: esas tribulaciones proveían una oportunidad para un paciente sufrimiento que los nuevos conversos podían imitar. Las tribulaciones de sabio también lo hacían idóneo para que diera consuelo y consejo a otros que podían pasar por iguales vicisitudes.
Consolados.
Gr. parakaléÇ (ver com. Mat. 5: 4; cf. 2 Cor. 1: 3-4).
La cual se opera.
Las tribulaciones y los consuelos que experimentan los dirigentes de la iglesia, con frecuencia llegan a ser de gran valor para las personas a quienes sirven. El ejemplo valiente y lleno de paciencia de los primeros, anima a los segundos (cf. Fil. 1: 13-14). Soportar con paciencia las tribulaciones es siempre un factor positivo para la salvación y la santificación (Rom. 5: 3-5;8: 28).
7. Nuestra esperanza respecto de vosotros.
La confianza que Pablo les tenía se basaba en su propia experiencia. Así como había recibido consuelo de Dios en momentos de prueba, sabía que también otros podían recibirlo en circunstancias similares. Este es el privilegio de todos los que tienen comunión con los sufrimientos de Cristo.
Así como sois compañeros.
En los vers. 4-6 Pablo se ha referido a su propio caso. El consuelo del cual habla sólo se puede comprender experimentando aflicciones. Es evidente que los corintios habían estado sometidos a pruebas similares, en algunos respectos, a las que Pablo había soportado. Esas pruebas eran constantes en la iglesia primitiva, y servían para unir a todos los verdaderos creyentes en un compañerismo de sufrimiento y consolación. Los cristianos esperaban sufrir persecuciones por causa de Cristo (cf. Juan 16: 3).
La constancia cristiana no es únicamente un estado emotivo que alcanzan los seres humanos por sí solos: es el producto del amor divino y de la gracia divina que actúan en la vida de las mujeres y los hombres consagrados. Es una esperanza que se basa en las evidencias pasadas del poder salvador de Dios y de la "consolación" en tiempos de prueba. La experiencia de depender de Dios en tales momentos proporciona un fundamento estable para estar firmes en situaciones posteriores (cf. 1 Ped. 5: 10).
8. Nuestra tribulación.
Después de una declaración general de principios acerca de la tribulación (vers. 3-7), Pablo se refiere a las pruebas específicas por las que acababa de pasar en Asia. Los eruditos han sugerido varios episodios que Pablo podría haber tenido en cuenta.
a . El tumulto levantado por Demetrio en Efeso (Hech. 19: 22-41). Sin embargo, se ha objetado que difícilmente Pablo podría haber estado en peligro de perder la vida durante ese motín, pues sus amigos, por temor de que fuera despedazado, lo persuadieron para que no se presentara en el teatro. Además, Pablo había estado con frecuencia en peligro de muerte, como en Listra, donde fue apedreado y dejado por muerto (Hech. 14: 19-20); por lo tanto, el episodio de Efeso difícilmente podría haber sido el motivo para la extrema angustia que aquí se expresa. Algunos creen que Pablo se refiere al caso de Listra.
b . Una enfermedad mortal. Esta suposición difícilmente podría concordar con el contexto.
c . El complot de los judíos para matarlo cuando salió de Corinto, como resultado del cual creyó necesario cambiar sus planes (Hech. 20: 3; cf. 1 Cor. 16: 9).
d . La agonía mental y espiritual que sufrió debido a la condición de la iglesia de Corinto, especialmente a partir de su segunda visita, que tanto lo había angustiado (ver p. 818), y su ansiedad a causa de la forma como se recibió su carta anterior. Se hace notar que Pablo usa sus expresiones más vigorosas para la angustia mental y no para el peligro o sufrimiento de carácter físico. Se llama la atención al alivio que Pablo sintió al recibir las noticias de un cambio en las condiciones espirituales de Corinto (2 Cor. 7: 6-7, 13). Aunque la frase perdimos la esperanza de conservar la vida podría parecer demasiado fuerte para referirse a su angustia mental, los que la han sentido aseguran que las circunstancias pueden dar lugar a una tensión tal en el alma, que parece imposible continuar viviendo a menos que se halle un remedio. Teniendo en cuenta todas las circunstancias, esta opinión parece ser más probable que las anteriores (cf. HAp 260-262).
Abrumados sobremanera.
Lo que Pablo destaca no es el sufrimiento en sí, sino su intensidad. Su propósito es doble: (1) Expresar su interés personal y su preocupación por los creyentes de Corinto; (2) animarlos para que permanezcan firmes.
Perdimos la esperanza de conservar la vida.
Ver com. "nuestra tribulación".
9. Sentencia.
Literalmente "respuesta". Pablo pensaba que Dios quería que él muriera pronto. Ellos -Pablo y sus compañeros- tenían la "respuesta" de muerte en sí mismos; es decir, la respuesta interior a la pregunta en cuanto a su destino era que morirían. El tiempo del verbo en griego implica que el vívido recuerdo de la experiencia de muerte hacía que a Pablo le pareciera real mientras escribía.
No confiásemos en nosotros mismos.
La experiencia por la cual Pablo había pasado recientemente lo había impresionado con esta lección. La misma verdad le era evidente cuando oraba para que le fuera quitado el 826 " aguijón" de su "carne" (cap. 12: 7-10). Pablo aprendió a confiar en la "consolación" que había hallado en Dios (ver com. cap 1: 4).
Todos tenemos una fuerte tendencia a confiar en nosotros mismos, la cual es muy difícil de vencer. Fueron necesarios la "sentencia de muerte" y el "aguijón" en la "carne" para que Pablo la venciera. Las vicisitudes de Israel mientras iba de Egipto a Canaán tenia el propósito de enseñar a los Israelitas esta lección fundamental. Dios permite con frecuencia que los suyos pasen por intensos aprietos para que puedan comprender su propia insuficiencia y sean inducidos a confiar y a esperar en la suficiencia divina.
Las pruebas son requisitos de la vida cristiana (Hech. 14: 22). Para la salvación del ser humano es fundamental que éste aprenda a confiar plenamente en Cristo; esta confianza en Dios es un factor esencial en el diario vivir del cristiano. En el horno de fuego es donde con frecuencia los seres humanos aprenden a caminar al lado del Hijo de Dios (ver Dan. 3: 25). Sólo los que " "tienen hambre y sed" " de las cosas de Dios pueden esperar ser "saciados" " (ver com. Mat. 5: 6). Sentir siempre la propia necesidad es un requisito indispensable para recibir las dádivas del cielo (ver t. V, p.199; com. Mar. 1: 44; Luc. 7: 41).
Resucita a los muertos.
En cuanto a la certeza que tenía Pablo de la resurrección, ver 1 Cor. 15: 12-23, 51-55; 1 Tes. 4: 16- 17.
10. Nos librará.
Es posible que el peligro al cual Pablo alude en el vers. 8 no había desaparecido del todo. Quizá comprendía que en el ministerio evangélico con seguridad un peligro seguiría a otro. La liberación pasada le daba seguridad y confianza para esperar una liberación futura. El sentimiento de seguridad del cristiano proviene de la confianza en las promesas de Dios y de las experiencias personales que prueban que esas promesas se han cumplido.
Tan gran muerte.
O "tan terrible muerte". El verbo "librar", que aquí se usa tres veces, es la clave de este versículo. La liberación había llegado a tener verdadero significado para Pablo (cap. 11: 23-28), y esto explica el énfasis que pone en ella.
11. Cooperando.
Los creyentes corintios podían por medio de sus oraciones ser colaboradores con Pablo en su ministerio. El creía firmemente en el valor de la oración intercesora, la suya propia (Rom. 1: 9, Efe. 1: 16; Fil. 1: 4; etc.), y la de otros (Rom. 15: 30; 1 Tes. 5: 25; 2 Tes. 3: 1). Pablo estimaba mucho las oraciones unidas del pueblo de Dios.
Muchas personas.
Literalmente "muchos rostros", modismo pintoresco que significa "personas". Tal vez Pablo pensaba en las muchas personas cuyos rostros se habían elevado a Dios en favor del apóstol. En el rostro se refleja el espíritu de oración y agradecimiento. Al recordar las aflicciones y las pruebas por las que había pasado, se daba cuenta de que la mano divina lo había salvado de la muerte; pero además veía un mar de rostros elevados hacia el cielo para interceder por él ante el trono de la gracia.
Pablo invita a los miembros de la familia de la fe a unirse en oración por aquellos a quienes Dios ha escogido para que atiendan las necesidades espirituales de la grey. La condición de esos dirigentes con frecuencia es sumamente peligrosa. Sus responsabilidades son grandes y sus problemas muchos. Su bienestar físico y espiritual debe ser un asunto de gran cuidado en la iglesia. Es igualmente importante que los ministros sientan el amante compañerismo de su grey. Esto es lo que indujo a Pablo a expresar que anhelaba las oraciones de aquellos entre quienes trabajaba. La simpatía y el apoyo acompañado de oración proporcionan gran fortaleza. Pablo no había estado solo al orar por la ayuda divina; ahora tampoco podía regocijarse solo. Anhelaba que otros compartieran las bendiciones que había recibido.
El don concedido.
Es decir, la bendición que había sido concedida en respuesta a las oraciones de muchos. Pablo se refiere sin duda a su liberación del peligro mortal (vers. 8).
12. Nuestra conciencia.
Ahora comienza a tratar las relaciones recientes entre él y la iglesia de Corinto. Había reclamado el derecho a las oraciones intercesoras de ellos (vers. 11), y ahora declara que no ha renunciado a ese reclamo mediante su conducta pasada o presente: su conciencia lo apoyaba plenamente. Pablo repetidas veces se refiere al testimonio de su conciencia (Hech. 23: 1; 24: 16; Rom. 9: 1). Algunos de los corintios lo habían acusado de albergar intenciones dudosas y no sinceras respecto a su cambio de planes en cuanto a su anunciada visita a Corinto (ver: 2 Cor. 1: 15); pero su conciencia estaba libre de culpa ante Dios, ante los gentiles, y especialmente ante los corintios.
Con sencillez.
Si bien algunos MSS dicen 827 "con santidad", la evidencia textual (cf. p. 10) sugiere el texto que se refleja en la RVR. La actitud de Pablo era el resultado de una entrega sin reservas a la voluntad de Dios.
Sabiduría humana.
Ver com. Rom. 7: 24; 2 Cor. 10: 2; cf. com. 1 Cor. 9: 27. Pablo vivía y trabajaba en una atmósfera completamente espiritual, ajena a la influencia de las consideraciones que motivan a los hombres del mundo. " "Sabiduría humana" " ( "sabiduría carnal" " BJ, BC, NC) es el conocimiento de quienes no han sido regenerados, que no están bajo la influencia del Espíritu de Dios. La sabiduría humana puede parecer profunda, pero engaña con frecuencia.
Nos hemos conducido.
Nada puede sostener a una persona firme frente a múltiples sufrimientos, como una limpia conciencia. El sufrimiento se aumenta en gran escala cuando la conciencia le dice repetidas veces al ser humano que él mismo se ha causado la dificultad. Cosecha lo que ha sembrado. Ver 1 Ped. 2: 12, 19-20. Una "buena conciencia" " sostuvo a Pablo a través de sus pruebas, primero en Jerusalén (Hech. 23: 1) y más tarde en Cesarea (Hech. 24: 16). La altura de la dimensión moral sólo se alcanza cuando " "el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios" " (Rom. 8: 6). La certidumbre de que uno realmente ha sido aceptado por Dios y de que disfruta de la aprobación celestial, es la única base permanente para un gozo duradero.
Con vosotros.
Pablo había dado a los corintios amplia oportunidad de que observaran cómo obraba en él la gracia de Dios.
13. Os escribimos.
Pablo acaba de hablar de su pureza de intenciones. Dice que esto se puede encontrar en sus cartas: la que está escribiendo y las dos anteriores que ya conocemos (ver p. 818).
Leéis . . . entendéis.
Gr. anaginÇskÇ y epiginÇskÇ , un juego de palabras. AnaginÇskÇ denota lectura, silenciosa o en alta voz, y epiginÇskÇ , la comprensión de lo que se ha leído. No hay ningún significado oculto en sus palabras, ninguna ambigüedad que permita suponer que Pablo pensara una cosa mientras escribía otra. Los corintios sin duda lo habían acusado de duplicidad, de equívocos: decir una cosa para significar otra u otras. Pablo declara que todo lo que les ha escrito no tiene otro, significado fuera del que claramente expresan sus palabras. El informe traído por Tito indicaba que muchos de los creyentes corintios habían entendido correctamente a Pablo, que no interpretaban mal sus motivos. Y él esperaba que ellos nunca tuvieran ocasión de pensar de otra manera.
14. En parte.
Esta frase podría aplicarse tanto a Pablo como a los corintios. Quiso decir: o que todos lo comprendían parcialmente, o que sólo algunos lo comprendían.
Entendido.
Ver com. vers. 13. Algunos de los corintios lo habían entendido; otros, no.
Somos vuestra gloria.
Algunos corintios sentían un santo orgullo por Pablo y sus colaboradores. Es un buen síntoma en la iglesia cuando el ministerio y los laicos tienen confianza y motivos mutuos para regocijarse.
También vosotros.
Los conversos de Pablo serán en el día final la corona en que él se regocije (ver 1 Tes. 2: 19-20; Fil. 2: 16; cf. Heb. 12: 2). El gozo de los ministros y de los laicos será completo en el día cuando Cristo aparezca para congregar a sus redimidos en su reino. Si todos tuvieran en cuenta ese día, nunca habría resentimientos, hostilidades ni incomprensiones. ¡Cuánto más amor cristiano y buena voluntad se manifestarían si todos anticiparan ese día de gozo mutuo en la presencia de Dios!
15. Con esta confianza.
Es decir, la confianza de ellos en la integridad y la sinceridad de Pablo (vers. 12-14).
Quise.
Pablo había tenido al principio la intención de ir directamente de Efeso a Corinto por mar; después viajar a Macedonia, regresar a Corinto y seguir a Jerusalén. De modo que tenía el propósito de honrarlos con dos visitas (ver com. "segunda" y "gracia") en el mismo viaje, mientras que sólo visitaría una vez a los macedonios. Esto significaba apartarse de su camino para pasar un tiempo adicional con la iglesia de Corinto. Había abandonado el plan de la doble visita a Corinto por la razón que luego dará en el vers. 23.
Primero.
Pablo tenía el propósito de visitar primero a los corintios antes de proseguir a Macedonia.
Segunda.
No es del todo claro si Pablo pensaba en su visita previa a Corinto como la primera "gracia" y de esta doble visita que se proponía hacerles, como la segunda, o si estaba pensando en el itinerario que ahora había cancelado con su primera y segunda visitas.
Gracia.
Gr. járis , "gracia" o "favor". Si bien algunos MSS dicen jará , "alegría", en vez de jaris , 828 "gracia", la evidencia textual (cf. p. 10) se inclina por el texto que se refleja en la RVR. Pablo había informado a los corintios de su cambio de planes (1 Cor. 16: 5-6), y sus adversarios de Corinto aprovecharon su cambio para acusarlo de ser vacilante e inconstante (2 Cor. 1: 17). Se aferraron a ese pretexto insignificante debido a la mala voluntad que le tenían y a su deseo de desacreditarlo.
16. Ser encaminado.
Gr. propémpÇ , enviar delante, acompañar, preparar el viaje , aprovisionar. PropémpÇ se ha traducido de diversas maneras en Hech. 15: 3; 20: 38; 21: 5; Rom. 15: 24; 1 Cor. 16: 6, 11. Pablo esperaba que algunos representantes de la iglesia de Corinto le facilitaran el viaje y lo acompañaran, por lo menos parte del camino, cuando saliera de Corinto hacia Jerusalén. Esto sería una nueva manifestación de su amor y respeto por un apóstol de Cristo, su padre espiritual. Por lo menos algunos miembros de la delegación de Corinto lo acompañarían todo el camino hasta Jerusalén, para llevar la colecta recibida (ver Hech. 24: 17; 1 Cor. 16: 1-4).
17. Ligereza.
Gr. elafría , "inconstancia", "veleidad", "volubilidad". Cuando Pablo hizo originalmente la promesa (vers. 15), tenía toda la intención de cumplirla. Pero cambió sus planes no porque fuera voluble, sino para el bien de ellos (cap. 1: 23; 2: 1-4). Pablo ahora procede a explicar y a defender su cambio de planes contra las acusaciones esgrimidas por sus adversarios. Es evidente que se había dicho en Corinto que él ya no tenía el propósito de llegar directamente desde Efeso. Hasta ese momento tampoco les había explicado personalmente las cosas. Sus adversarios habían aprovechado esa situación para acusarlo de que no cumplía su palabra y que no era digno de confianza.
Según la carne.
Sería posible que Pablo tomara sus decisiones dependiendo de intereses egoístas? ¿Hacía sus planes como los hacen los hombres del mundo? ¿Alteraba sus planes por cualquier circunstancia y caprichosamente cuando era evidente que de ese modo recibiría un beneficio personal?
Sí y No.
Mientras hablaba de su visita a Corinto, ¿tenía acaso el plan de no ir a esa ciudad? ¿Quería decir "No" cuando decía "Sí"? ¿O era tan voluble que podía decir "Sí" y "No" casi al mismo instante? ¿Era cierto que nadie podía depender de él ni saber qué podía esperar de él? Pablo lo niega. Su proyectada doble visita había sido impedida no por su inconstancia, sino por la deslealtad de ellos y por el deseo del apóstol de no tener que tratarlos ásperamente. (Ver com. Mat, 5: 37; cf. Sant. 5: 12.)
18. Como Dios es fiel.
Pablo llama a Dios por testigo en cuanto a la verdad de su declaración. Lo que se debate es el cumplimiento de sus afirmaciones. Como representante de Dios, ¿cómo podía presentar Pablo la inmutabilidad de Dios y de sus promesas, y al mismo tiempo hablar y proceder de manera contradictoria? Así como Dios es fiel también lo había sido Pablo en su trato con ellos. El que destaca en su predicación el completo cumplimiento de las promesas de Dios, no usará un lenguaje doble, ambiguo.
Nuestra palabra a vosotros.
Quizá la promesa de Pablo de visitarlos.
19. Hijo de Dios.
Ver com. Luc. 1: 35.
Entre vosotros ha sido predicado.
Hech. 18: 1-18.
Silvano y Timoteo.
Ver com. Hech. 18: 5.
Ha sido Sí en él.
El mensaje evangélico es positivo e inequívoco. No contiene ambigüedades.
20. Todas las promesas.
Las promesas de Dios son fidedignas.
Son en él Sí.
Es decir, mediante Cristo. Todas las promesas de Dios se encarnaron en Cristo, hallaron su cumplimiento en él. El es, pues, la evidencia de que todas las promesas divinas hechas a los padres son fidedignas. Cf. Hech. 3: 20-2 1; Rom. 15: 8. La fe cristiana es de una certeza absoluta.
Amén.
Es decir, verdaderas, fieles, ciertas (ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51). La palabra aquí repite la idea ya expresada en "Sí" (ver com. 2 Cor. 1: 17-18). No es un título como en Apoc. 3: 14. Debido a que en griego dice literalmente "el amén", se ha sugerido que Pablo aquí se refiere a la palabra "amén" pronunciada por los cristianos para afirmar las verdades eternas de la fe cristiana.
Por medio de nosotros.
Por medio de Cristo se comprueba que las promesas son seguras, y por medio de los hijos de Dios, que son eficaces. Por medio de la vida y el ministerio de Pablo el nombre de Dios estaba siendo glorificado en particular, y era difícil que pudiera hacer promesas caprichosas mientras se ocupaba en la proclamación de promesas tan seguras como lo son las de Dios y confirmadas mediante Cristo.
Los cristianos siguen a su Maestro en la medida en que actúan firme y constantemente en su obediencia a Dios y en su dedicación a la causa del Señor en la tierra. La vida cristiana nunca hace de los hombres seres volubles. Pablo a veces alteraba sus planes, pero cuando lo hacía era con una lealtad absoluta a los principios y al deber tal como le habían sido revelados.
Gloria de Dios.
Pablo sólo procuraba en todas sus labores, honrar a Dios y difundir su reino. Ver com. Rom. 3:24.
21. El que nos confirma.
Dios era el que había confirmado en el cristianismo a Pablo y a los corintios. Pablo había sido el mensajero de Dios para llamarlos. ¿Podía uno que era voluble e indeciso -como tildaban a Pablo- confirmar a otros? Pero Pablo no merecía la alabanza, pues Dios era quien lo había confirmado a él y también a ellos.
Nos ungió.
Gr. jríÇ , el verbo raíz del sustantivo que se traduce como "Cristo" (ver com. Mat. 1: 1). Todos los cristianos fueron en cierto sentido ungidos o consagrados a Dios por el derramamiento del Espíritu Santo en el tiempo de su conversión y bautismo. Quizá Pablo se refiere a su propia consagración especial al ministerio evangélico, pero el contexto de 2 Cor. 1: 21-22 parece indicar que la referencia es al ungimiento general de todos los verdaderos creyentes. La unción del Espíritu Santo capacitaba y daba poder a los que, como Pablo, habían sido ungidos para el cumplimiento eficaz de su obra.
22. Sellado.
Gr. sfragízÇ , "marcar", "sellar", "autenticar", "confirmar". Un sello se estampa sobre un documento para garantizar que es genuino. El "sello" que Dios coloca sobre hombres y mujeres los reconoce como hijos e hijas del Altísimo, como confirmados en Cristo y dedicados a su servicio (vers. 21). Ver com. Eze. 9: 4; Juan 6: 27; Efe. 1: 13; 4:30; Apoc. 7: 2-3; 14: 1.
Arras.
Gr. arrabÇn , "arras", "pago inicial", término relacionado con el Heb. erabon , prenda, como en Gén. 38: 17-20. Esta palabra era de uso común entre los comerciantes cananeos y fenicios. ArrabÇn se encuentra con frecuencia en los papiros para indicar dinero pagado como arras o garantía por una vaca, un terreno, una esposa, etc.; también se usaba para un anillo de compromiso. Además, constituía no pago inicial, una garantía de que se pagaría toda la suma prometida, lo cual ratificaba el convenio, Las arras debían pagarse en la misma especie del pago estipulado para la suma total, y se debían considerar como una parte del pago. En caso de que el comprador no completara la transacción, el dinero de las arras quedaba en poder del vendedor.
Pablo usa la figura del dinero de las arras para ilustrar a los creyentes el don del Espíritu Santo como un primer pago, una garantía de la herencia plena de ellos en el más allá (ver Efe. 1: 13-14; cf. Rom. 8: 16). El cristiano tiene el privilegio de experimentar la completa convicción de haber sido aceptado por Dios como su hijo adoptivo cuando se convirtió, y de retener esa adopción a través de toda la vida (ver com. 1 Juan 3: 1), de aceptar la dádiva de la vida eterna (ver com. Juan 3: 16) y de experimentar la transformación del carácter que se hace posible cuando el Espíritu Santo mora en lo íntimo del ser (ver com. Rom. 8: 1-4; 12: 2; cf. Juan 16: 7-11). Pero el gozo que se siente cuando la voluntad armoniza con la voluntad de Dios (ver com. Sal. 40: 8), cuando el corazón aspira llegar a la estatura de la perfección en Cristo Jesús (ver com. Mat. 5: 48; Efe. 4: 13, 15; 2 Ped. 3: 18), y cuando se camina cada día interrumpidamente con el Salvador, representa las "arras" de un gozo mayor y eterno en la tierra renovada.
Pablo disfrutaba de una experiencia tal, como también los creyentes corintios que estaban verdaderamente convertidos (2 Cor. 1: 21). Por lo tanto, la acusación de que Pablo era guiado por motivos egoístas cuando cambió sus planes (vers. 23; cf. vers. 15-17), no tenía ningún valor. Las arras son mucho más que una prenda. Lo que se da como prenda difiere en calidad de lo que garantiza. Además, la prenda se devuelve cuando se cancela la obligación que se contrajo. Por el contrario, las "arras" son parte inseparable de la obligación. Las "arras del Espíritu" podrían considerarse como equivalentes de "las primicias del Espíritu" (Rom. 8: 23). que son una muestra de lo que será la cosecha al fin del mundo.
El dinero dado en arras se entrega cuando se presenta alguna demora en completar la transacción. Los hijos y las hijas de Dios se convierten en herederos de todas las bendiciones del cielo tan pronto como se relacionan con Dios mediante el pacto (Rom. 8: 17; Efe. 1: 3-12; 1 Juan 3: 1-2), y las arras del Espíritu les son dadas como garantía de ese 830 derecho. En cierto sentido ya viven en el cielo (Efe. 2: 5-6; Fil. 3: 20). Los verdaderos hijos de Dios, los que tienen estas "arras del Espíritu", no sienten ninguna incertidumbre en cuanto a si Dios los ha aceptado en Cristo y tiene lista para ellos una herencia inmortal (ver com. Juan 3: 16; 1 Juan 3: 2; 5: 11). Pero el pago pleno y completo -la verdadera entrada en el cielo- se posterga a fin de dar tiempo para el desarrollo del carácter, de modo que los hijos de Dios puedan estar plenamente preparados para el cielo. El título del cristiano o su derecho al reino de los cielos, es automáticamente suyo en el momento en que experimenta la justificación por la fe en la justicia que Cristo les imputa. La idoneidad para el cielo se alcanza a través de toda una vida de estarse apropiando de la justicia impartida de Cristo y de aplicarla a los problemas diarios de la vida cristiana (DTG 267; MJ 32).
Cuando el Espíritu Santo imparte gracia y poder para vencer el pecado, el cristiano experimenta las "arras" del triunfo completo y de la victoria final que serán suyos cuando sea admitido en el cielo. La comunión con Cristo y la comunión mutua aquí en la tierra son asimismo un anticipo de la comunión con los seres celestiales. Sólo los que han recibido "las arras del Espíritu" pueden saber lo que es y el gozo que proporciona (1 Cor. 2: 11, 15). El conocimiento de las cosas espirituales se adquiere únicamente por la experiencia. Para los que no tienen ese conocimiento espiritual, el cielo es más o menos irreal.
23. Dios por testigo.
Después de haber defendido su proceder reciente (vers. 16-22), Pablo (cap. 1: 23 a 2: 4) presenta la razón por la cual cambió sus planes de visitar a Corinto, y hace depender su esperanza de vida eterna de la veracidad de la afirmación que está por presentar en cuanto a la causa para su reciente cambio de planes (ver com. cap. 1: 17).
Por ser indulgente.
El cambio de planes del apóstol se debió a que tuvo en cuenta los sentimientos de los corintios y quería lo mejor para ellos. Era algo que merecía el agradecimiento de ellos. Si Pablo hubiera seguido su plan original, habría llegado a ellos con una "vara" " (1 Cor. 4: 21). Esa dilación significó que cuando llegó posteriormente a Corinto pudiera pasar allí tres meses en paz y armonía y sin necesidad de tomar las severas medidas disciplinarias que de otro modo habrían sido necesarias.
24. Nos enseñoreemos de vuestra fe.
La expresión "por ser indulgente" (vers. 23) podría haber sido mal entendida por los corintios como un esfuerzo de Pablo para enseñorearse de ellos. Pero deseaba que no tuvieran ninguna excusa para pensar que él aspiraba a ocupar el lugar de Dios frente a ellos. Ningún hombre -ni aún el apóstol Pablo- tiene el derecho de ejercer autoridad sobre las conciencias de los hombres. Hacerlo sería usurpar la autoridad divina. Cuán impresionante es la humildad de Pablo en contraste con la arrogancia de dirigentes posteriores de la iglesia, quienes, en el nombre de los apóstoles, pretendieron tener una jurisdicción semejante a la de Dios sobre las conciencias y las almas de los hombres (ver Nota Adicional de Dan. 7). Al administrar los asuntos de la iglesia hoy, o al aconsejar a los miembros de la iglesia, los dirigentes siempre deben tener cuidado de no interponerse entre la conciencia y Dios. Cada persona es responsable directamente ante Dios por su conciencia y también por sus acciones.
Colaboramos para vuestro gozo.
Lo que Pablo había hecho lo hizo como amigo de los corintios, y no como su amo.
Por la fe estáis firmes.
La mayoría de los corintios habían permanecido firmes en la fe, a pesar de los vientos de doctrina y descontento que habían soplado sobre la iglesia como una tormenta y la habían sacudido hasta sus fundamentos.
CBA T6
Apóstol.
Gr. apóstolos (ver com. Mar. 3: 14; Hech. 1: 2). Pablo había sido comisionado directamente por Jesucristo (Hech. 26: 16-17; cf. Gál. 1: 11-12); era, pues, un embajador que representaba a Cristo (2 Cor. 5: 20). En la mayoría de sus epístolas Pablo se identifica como apóstol; por lo tanto, su autoridad era igual a la de los doce, todos los cuales habían visto al Señor y habían sido instruidos personalmente por él (ver com. 1 Cor. 9: 1).
De Jesucristo.
Es decir, enviado por Jesucristo y por consiguiente, su portavoz.
Voluntad de Dios.
Los falsos apóstoles que perturbaban a la iglesia corintia actuaban por su propia iniciativa. Pablo había llegado a ser apóstol por un acto de la voluntad divina (cf. Rom. 1: 1; 1 Cor. 1: 1). Era imperativo que los corintios reconocieran esta diferencia y lo aceptaran por lo que él era: un representante de Dios.
Durante varias décadas hubo un sector influyente de cristianos de origen judío que exigían que los gentiles que se convertían al cristianismo también se hicieran prosélitos del judaísmo y observaran las prescripciones de la ley ritual. Esos judíos evidentemente negaban validez a la decisión del concilio de Jerusalén que eximía a los gentiles de esos ritos (Hech. 15: 19-20, 28-29). En una ocasión este sector, judaizante consiguió que las iglesias de Galacia se opusieran a Pablo (Gál. 3: 1; 5: 1-7), y también las iglesias de la provincia de Asia (2 Tim. 1: 15). Esos judaizantes menospreciaban continuamente a Pablo, y como él no se había relacionado personalmente con Cristo como los doce, en el mejor de los casos lo presentaban como un apóstol de segunda categoría. En la iglesia primitiva existía la tendencia de dividir a los apóstoles en dos grupos: los que habían estado con Cristo y los que no habían estado con él. Los que habían visto a Jesús personalmente, por lo general eran tenidos en más alta estima que los que no lo habían visto. Los del segundo grupo habían sido nombrados al apostolado por la iglesia, y eran considerados inferiores a los del primer grupo. Esta clasificación era humana, y no tenía ni la aprobación de Dios ni la de los apóstoles originales. Por eso Pablo con frecuencia se sentía obligado a destacar que había sido llamado personalmente por Cristo. Se había encontrado con Jesús cara a cara en el camino a Damasco. Había sido instruido por el Señor en persona (Gál. 1: 11-12), y había sido enviado personalmente por él mientras estaba en el templo, durante su primera visita a Jerusalén después de su conversión (Hech. 22: 21). Debido a que el bando que se le oponía en Corinto había puesto en tela de juicio sus credenciales como apóstol, en su segunda epístola a esa iglesia Pablo presentó abiertamente el hecho de haber sido llamado divinamente para ser apóstol (2 Cor. 3: 1-6; 10: 1-12; 11: 1 a 12: 18). Si era "la voluntad de Dios" que Pablo fuera apóstol, ¿qué derecho tenían los judaizantes de disputarle su autoridad? Ver com. 2 Cor. 3: 1; 11 :5; Gál. 1: 1; 2: 6.
El hermano Timoteo.
En ninguna parte se llama apóstol a Timoteo. Aún era joven, aunque había estado relacionado con Pablo unos 15 años (ver com. Hech. 16: 1-3; cf. HAP 149). Pablo también se refiere a Timoteo como a su "colaborador" (Rom. 16: 21). Quizá todavía era considerado como principiante; sin embargo ya era bien conocido por la iglesia de Corinto (1 Cor. 16: 10; 2 Cor. 1: 19).
Los nombres de Pablo y Timoteo están unidos en los saludos de otras cinco epístolas (Fil. 1: 1; Col. 1: 1; 1 Tes. 1: 1; 2 Tes. 1: 1; File. 1). Pablo lo llama su " "verdadero hijo en la fe" (1 Tim. 1: 2, cf. 2 Tim. 1: 2). Ver com. 1 Cor. 4: 17; 16: 10.
Iglesia.
Gr. ekklesía (ver com. Mat. 18: 17). Pablo llama a la iglesia de Corinto "la iglesia de Dios" , con lo que quiere decir que había sido establecida por la voluntad de Dios, así como él había sido ordenado como apóstol " por la voluntad de Dios" . La ciudad de Corinto era notable por su cultura, su riqueza y su impiedad (ver p. 652). A pesar de todo Dios había establecido su iglesia en este lugar, uno de los más perversos del mundo romano.
Todos los santos.
Es indudable que en ese tiempo había un considerable núcleo de creyentes en Acaya (ver mapa frente a la p. 33). Se menciona específicamente a la iglesia de Cencrea (Rom. 16: 1), y sin duda había otras. El término hágios, "santo" " (ver com. Rom. 1: 7) fue usado desde el comienzo para referirse a los creyentes cristianos (Hech. 9: 13), significando que estaban separados del mundo para servir a Dios. Los que pertenecen al pueblo de Dios son llamados "creyentes" (1 Tim. 4: 12), debido a su fe en Cristo; "discípulos" " (Hech. 11: 26), debido a que aprenden del Señor; "siervos" " (Efe. 6: 6), porque cumplen la voluntad divina; hijos (1 Juan 3: 10; cf. vers. 1), por pertenecer a la familia de Dios por adopción; "santos" , a causa de que sus vidas están dedicadas exclusivamente al Señor (1 Cor. 1: 2).
Acaya.
Los Romanos dividían a Grecia en dos provincias senatoriales: Acaya y Macedonia (cf. Hech. 19: 21). Corinto era la capital de Acaya, que incluía el Ática y el Peloponeso, y era la residencia del procónsul o gobernador romano (ver mapa frente a la p. 33). La inclusión en el saludo "a todos los santos que están en toda Acaya", además de los de Corinto, implica que hasta cierto punto aquéllos también necesitaban el consejo enviado a la iglesia de Corinto. Los corintios debían llevar los saludos del apóstol y su mensaje a las otras iglesias.
2. Gracia y paz.
Ver com. Rom. 1: 7. Este es el saludo de Pablo en todas sus epístolas excepto en las pastorales, en donde añade la palabra "misericordia". Gracia ( járis ; ver com. Juan 1: 14) era un saludo común entre los griegos. Expresaba el deseo de que la persona a quien así se saludaba pudiera experimentar gozo y prosperidad. "Gracia", como saludo cristiano, expresaba el deseo de que el saludado pudiera conocer la plenitud del poder divino y la bendición celestial. Las palabras comunes griegas con frecuencia adquirían nuevos matices de significado por la forma en que las usaban los cristianos (ver t. V, p. 107). "Paz", " el saludo favorito de los judíos, expresaba el deseo de que el saludado tuviera bendiciones materiales y espirituales (ver com. Isa. 26: 3; Mat. 5: 9; Luc. 1: 79; 2: 14; Juan 14: 27). Por medio del saludo "gracia y paz", Pablo quizá deseaba expresar su deseo de comunión con los cristianos tanto de origen judío como gentil. La iglesia cristiana unía a judíos y a griegos.
La "gracia" " de Dios justifica a los pecadores arrepentidos (Rom. 3: 24; cf. Tito 2: 11); su "paz" " mantiene sus corazones y mentes firmes en Cristo (Fil 4: 16).
Nuestro Padre.
Ver com. Mat. 6: 9.
Señor Jesucristo.
Ver com. Mat. 1: 1; Juan 1: 38.
3. Bendito.
Gr. eulog'tós (ver com. Mat. 5: 3). Pablo comienza atribuyendo acertadamente la alabanza a Dios. En cuanto al sentido en que los hombres bendicen a Dios, ver com. Sal. 63: 4.
Padre.
El significado que Cristo atribuyó al nombre Padre, aplicado a Dios, se ve en todas las enseñanzas y el ministerio de Jesús. Refleja el espíritu del Sermón del Monte, es la palabra clave del Padre nuestro, el fundamento de la hermandad cristiana, el móvil para perdonar a los que nos ofenden y la convicción omnipresente de que Dios, como Padre de Cristo, lo acompañó a través de su vida (ver com. Luc. 2: 49); y después de su resurrección habló de "mi Padre y vuestro Padre" " (Juan 20: 17). A los hombres a veces les es difícil comprender la omnipresencia, la omnipotencia y la omnisapiencia del Dios infinito. Pero todos los hombres pueden entenderlo y apreciarlo como al Padre amante que dio a su único Hijo para que viviera y muriera por una raza de pecadores (Juan 3: 16). Ver a Jesús es ver y conocer al Padre (Juan 14: 9; cf. cap. 17: 3).
Padre de misericordias.
Esta frase no se repite exactamente en el NT. Dios es el Padre misericordioso, la fuente de donde fluyen todas las misericordias, el originador de todas ellas. Misericordia implica más que benevolencia, más que bondad. Dios es bueno para con todos, pero es misericordioso con aquellos que están afligidos por el pecado y necesitan perdón. Las misericordias son una revelación de la esencia del carácter del Dios; brotan de su corazón. Ver com. Rom. 12: 1.
Consolación.
Gr. parákl'sis (ver com. Mat. 5: 4). Mediante el Espíritu Santo, el Consolador (ver com. Juan 14: 16), Dios se acerca al hombre para atender sus necesidades espirituales y materiales. Parákl'sis es una palabra característica de esta epístola. Aparece 11 veces como sustantivo y 18 veces como verbo.
4. Consuela.
Mejor consuela sin cesar. Gr. parakaléÇ (ver com. Mat. 5: 4). Es decir, mediante el ministerio del Espíritu Santo (ver com. 2 Cor. 1: 3).
Tribulaciones.
Gr. thlípsis , "opresión", "apremio", "aflicción", "angustia", "apretura". El consuelo que viene de Dios hacía que el apóstol pudiera aceptar con calma los momentos angustiosos que se reflejan en otros pasajes (cap. 4: 8-11; 11: 30).
Consolar.
Los que han experimentado tribulaciones y dolores y han hallado el consuelo que viene de lo alto, pueden simpatizar con otros que están en circunstancias similares y guiarlos a su Padre celestial.
La consolación.
Este término incluye más que el consuelo en el dolor o en la angustia. Incluye todo lo que un amoroso Padre celestial puede hacer por sus Hijos terrenales. Ver com. Mat. 5: 4. La tribulación desempeña un papel importante en la perfección del carácter del cristiano (cf. Heb. 2: 10). Los sufrimientos y las tribulaciones no tienen poder por sí mismos, para hacer que los hombres sean semejantes a Cristo; al contrario, más bien hacen que muchos se endurezcan y amarguen. Pero Dios santifica la tribulación, y los que encuentran en él gracia y fortaleza para soportar, han resuelto uno de los grandes problemas de la vida (cf. Heb. 2: 10). Comparar con el caso y el ejemplo del mismo Pablo (ver com. 2 Cor. 4: 8-11; el. cap. 12: 7-10). Es difícil creer en Dios en medio del lujo, las comodidades terrenales y la holgura. Las tribulaciones y los dolores pueden, en la providencia de Dios, acercarnos a él. Por lo tanto, ¿no deberían los hombres alabar al Señor por la tribulación y permitir que ella se convierta en un peldaño hacia el reino de Dios? (Hech. 14: 22; Rom, 5: 3; cf. Sant. 1: 2-3).
5. Las aflicciones de Cristo.
La expresión podría significar los sufrimientos soportados por los creyentes por causa de Cristo, y también los que Cristo soportó, que son compartidos por sus seguidores. La sintaxis griega -"de Cristo"- permite ambos sentidos, lo que hace que surja la pregunta: ¿En qué sentido abundarán en nosotros los sufrimientos de Cristo? Cristo preguntó a sus discípulos: "¿Podéis beber del vaso que yo he de beber?" " (Mat. 20: 22). Pedro habla de ser "participantes de los padecimientos de Cristo" (1 Ped, 4: 13). El cristiano tiene el privilegio de conocer "la participación de sus padecimientos" " (Fil. 3: 10), " "llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús" " (2 Cor. 4: 10). De acuerdo con la primera interpretación, "las aflicciones de Cristo" son las que se sufren por causa de él. Así como las aflicciones de Cristo fueron ocasionadas por la oposición, el desprecio, la persecución, las pruebas y necesidades, así también lo son las de sus discípulos.
Sin embargo, el valor del sufrimiento no depende tanto de las circunstancias que lo ocasionan como de la actitud del que sufre (cf. 1 Cor. 13: 3). La buena disposición para sufrir no es de por sí una evidencia de cristianismo. Incontables millares han soportado sin quejarse pruebas y sufrimientos, sin embargo no son bajos de Dios. La comunión con Dios es la que ennoblece y santifica el sufrimiento (cf. 1 Ped. 2: 20-21).
Abunda.
Ver com. Efe. 3: 20. Pablo estuvo plenamente satisfecho en todas sus angustias terrenales, con la consolación que le proporcionaba el ciclo.
Consolación.
Gr. parákl'sis (ver com. vers. 3).
6. Si somos atribulados.
Las tribulaciones de Pablo junto con el consuelo divino que recibía en su aflicción, redundaron en favor de los que fueron ganados por él para Cristo, Más aún: esas tribulaciones proveían una oportunidad para un paciente sufrimiento que los nuevos conversos podían imitar. Las tribulaciones de sabio también lo hacían idóneo para que diera consuelo y consejo a otros que podían pasar por iguales vicisitudes.
Consolados.
Gr. parakaléÇ (ver com. Mat. 5: 4; cf. 2 Cor. 1: 3-4).
La cual se opera.
Las tribulaciones y los consuelos que experimentan los dirigentes de la iglesia, con frecuencia llegan a ser de gran valor para las personas a quienes sirven. El ejemplo valiente y lleno de paciencia de los primeros, anima a los segundos (cf. Fil. 1: 13-14). Soportar con paciencia las tribulaciones es siempre un factor positivo para la salvación y la santificación (Rom. 5: 3-5;8: 28).
7. Nuestra esperanza respecto de vosotros.
La confianza que Pablo les tenía se basaba en su propia experiencia. Así como había recibido consuelo de Dios en momentos de prueba, sabía que también otros podían recibirlo en circunstancias similares. Este es el privilegio de todos los que tienen comunión con los sufrimientos de Cristo.
Así como sois compañeros.
En los vers. 4-6 Pablo se ha referido a su propio caso. El consuelo del cual habla sólo se puede comprender experimentando aflicciones. Es evidente que los corintios habían estado sometidos a pruebas similares, en algunos respectos, a las que Pablo había soportado. Esas pruebas eran constantes en la iglesia primitiva, y servían para unir a todos los verdaderos creyentes en un compañerismo de sufrimiento y consolación. Los cristianos esperaban sufrir persecuciones por causa de Cristo (cf. Juan 16: 3).
La constancia cristiana no es únicamente un estado emotivo que alcanzan los seres humanos por sí solos: es el producto del amor divino y de la gracia divina que actúan en la vida de las mujeres y los hombres consagrados. Es una esperanza que se basa en las evidencias pasadas del poder salvador de Dios y de la "consolación" en tiempos de prueba. La experiencia de depender de Dios en tales momentos proporciona un fundamento estable para estar firmes en situaciones posteriores (cf. 1 Ped. 5: 10).
8. Nuestra tribulación.
Después de una declaración general de principios acerca de la tribulación (vers. 3-7), Pablo se refiere a las pruebas específicas por las que acababa de pasar en Asia. Los eruditos han sugerido varios episodios que Pablo podría haber tenido en cuenta.
a . El tumulto levantado por Demetrio en Efeso (Hech. 19: 22-41). Sin embargo, se ha objetado que difícilmente Pablo podría haber estado en peligro de perder la vida durante ese motín, pues sus amigos, por temor de que fuera despedazado, lo persuadieron para que no se presentara en el teatro. Además, Pablo había estado con frecuencia en peligro de muerte, como en Listra, donde fue apedreado y dejado por muerto (Hech. 14: 19-20); por lo tanto, el episodio de Efeso difícilmente podría haber sido el motivo para la extrema angustia que aquí se expresa. Algunos creen que Pablo se refiere al caso de Listra.
b . Una enfermedad mortal. Esta suposición difícilmente podría concordar con el contexto.
c . El complot de los judíos para matarlo cuando salió de Corinto, como resultado del cual creyó necesario cambiar sus planes (Hech. 20: 3; cf. 1 Cor. 16: 9).
d . La agonía mental y espiritual que sufrió debido a la condición de la iglesia de Corinto, especialmente a partir de su segunda visita, que tanto lo había angustiado (ver p. 818), y su ansiedad a causa de la forma como se recibió su carta anterior. Se hace notar que Pablo usa sus expresiones más vigorosas para la angustia mental y no para el peligro o sufrimiento de carácter físico. Se llama la atención al alivio que Pablo sintió al recibir las noticias de un cambio en las condiciones espirituales de Corinto (2 Cor. 7: 6-7, 13). Aunque la frase perdimos la esperanza de conservar la vida podría parecer demasiado fuerte para referirse a su angustia mental, los que la han sentido aseguran que las circunstancias pueden dar lugar a una tensión tal en el alma, que parece imposible continuar viviendo a menos que se halle un remedio. Teniendo en cuenta todas las circunstancias, esta opinión parece ser más probable que las anteriores (cf. HAp 260-262).
Abrumados sobremanera.
Lo que Pablo destaca no es el sufrimiento en sí, sino su intensidad. Su propósito es doble: (1) Expresar su interés personal y su preocupación por los creyentes de Corinto; (2) animarlos para que permanezcan firmes.
Perdimos la esperanza de conservar la vida.
Ver com. "nuestra tribulación".
9. Sentencia.
Literalmente "respuesta". Pablo pensaba que Dios quería que él muriera pronto. Ellos -Pablo y sus compañeros- tenían la "respuesta" de muerte en sí mismos; es decir, la respuesta interior a la pregunta en cuanto a su destino era que morirían. El tiempo del verbo en griego implica que el vívido recuerdo de la experiencia de muerte hacía que a Pablo le pareciera real mientras escribía.
No confiásemos en nosotros mismos.
La experiencia por la cual Pablo había pasado recientemente lo había impresionado con esta lección. La misma verdad le era evidente cuando oraba para que le fuera quitado el 826 " aguijón" de su "carne" (cap. 12: 7-10). Pablo aprendió a confiar en la "consolación" que había hallado en Dios (ver com. cap 1: 4).
Todos tenemos una fuerte tendencia a confiar en nosotros mismos, la cual es muy difícil de vencer. Fueron necesarios la "sentencia de muerte" y el "aguijón" en la "carne" para que Pablo la venciera. Las vicisitudes de Israel mientras iba de Egipto a Canaán tenia el propósito de enseñar a los Israelitas esta lección fundamental. Dios permite con frecuencia que los suyos pasen por intensos aprietos para que puedan comprender su propia insuficiencia y sean inducidos a confiar y a esperar en la suficiencia divina.
Las pruebas son requisitos de la vida cristiana (Hech. 14: 22). Para la salvación del ser humano es fundamental que éste aprenda a confiar plenamente en Cristo; esta confianza en Dios es un factor esencial en el diario vivir del cristiano. En el horno de fuego es donde con frecuencia los seres humanos aprenden a caminar al lado del Hijo de Dios (ver Dan. 3: 25). Sólo los que " "tienen hambre y sed" " de las cosas de Dios pueden esperar ser "saciados" " (ver com. Mat. 5: 6). Sentir siempre la propia necesidad es un requisito indispensable para recibir las dádivas del cielo (ver t. V, p.199; com. Mar. 1: 44; Luc. 7: 41).
Resucita a los muertos.
En cuanto a la certeza que tenía Pablo de la resurrección, ver 1 Cor. 15: 12-23, 51-55; 1 Tes. 4: 16- 17.
10. Nos librará.
Es posible que el peligro al cual Pablo alude en el vers. 8 no había desaparecido del todo. Quizá comprendía que en el ministerio evangélico con seguridad un peligro seguiría a otro. La liberación pasada le daba seguridad y confianza para esperar una liberación futura. El sentimiento de seguridad del cristiano proviene de la confianza en las promesas de Dios y de las experiencias personales que prueban que esas promesas se han cumplido.
Tan gran muerte.
O "tan terrible muerte". El verbo "librar", que aquí se usa tres veces, es la clave de este versículo. La liberación había llegado a tener verdadero significado para Pablo (cap. 11: 23-28), y esto explica el énfasis que pone en ella.
11. Cooperando.
Los creyentes corintios podían por medio de sus oraciones ser colaboradores con Pablo en su ministerio. El creía firmemente en el valor de la oración intercesora, la suya propia (Rom. 1: 9, Efe. 1: 16; Fil. 1: 4; etc.), y la de otros (Rom. 15: 30; 1 Tes. 5: 25; 2 Tes. 3: 1). Pablo estimaba mucho las oraciones unidas del pueblo de Dios.
Muchas personas.
Literalmente "muchos rostros", modismo pintoresco que significa "personas". Tal vez Pablo pensaba en las muchas personas cuyos rostros se habían elevado a Dios en favor del apóstol. En el rostro se refleja el espíritu de oración y agradecimiento. Al recordar las aflicciones y las pruebas por las que había pasado, se daba cuenta de que la mano divina lo había salvado de la muerte; pero además veía un mar de rostros elevados hacia el cielo para interceder por él ante el trono de la gracia.
Pablo invita a los miembros de la familia de la fe a unirse en oración por aquellos a quienes Dios ha escogido para que atiendan las necesidades espirituales de la grey. La condición de esos dirigentes con frecuencia es sumamente peligrosa. Sus responsabilidades son grandes y sus problemas muchos. Su bienestar físico y espiritual debe ser un asunto de gran cuidado en la iglesia. Es igualmente importante que los ministros sientan el amante compañerismo de su grey. Esto es lo que indujo a Pablo a expresar que anhelaba las oraciones de aquellos entre quienes trabajaba. La simpatía y el apoyo acompañado de oración proporcionan gran fortaleza. Pablo no había estado solo al orar por la ayuda divina; ahora tampoco podía regocijarse solo. Anhelaba que otros compartieran las bendiciones que había recibido.
El don concedido.
Es decir, la bendición que había sido concedida en respuesta a las oraciones de muchos. Pablo se refiere sin duda a su liberación del peligro mortal (vers. 8).
12. Nuestra conciencia.
Ahora comienza a tratar las relaciones recientes entre él y la iglesia de Corinto. Había reclamado el derecho a las oraciones intercesoras de ellos (vers. 11), y ahora declara que no ha renunciado a ese reclamo mediante su conducta pasada o presente: su conciencia lo apoyaba plenamente. Pablo repetidas veces se refiere al testimonio de su conciencia (Hech. 23: 1; 24: 16; Rom. 9: 1). Algunos de los corintios lo habían acusado de albergar intenciones dudosas y no sinceras respecto a su cambio de planes en cuanto a su anunciada visita a Corinto (ver: 2 Cor. 1: 15); pero su conciencia estaba libre de culpa ante Dios, ante los gentiles, y especialmente ante los corintios.
Con sencillez.
Si bien algunos MSS dicen 827 "con santidad", la evidencia textual (cf. p. 10) sugiere el texto que se refleja en la RVR. La actitud de Pablo era el resultado de una entrega sin reservas a la voluntad de Dios.
Sabiduría humana.
Ver com. Rom. 7: 24; 2 Cor. 10: 2; cf. com. 1 Cor. 9: 27. Pablo vivía y trabajaba en una atmósfera completamente espiritual, ajena a la influencia de las consideraciones que motivan a los hombres del mundo. " "Sabiduría humana" " ( "sabiduría carnal" " BJ, BC, NC) es el conocimiento de quienes no han sido regenerados, que no están bajo la influencia del Espíritu de Dios. La sabiduría humana puede parecer profunda, pero engaña con frecuencia.
Nos hemos conducido.
Nada puede sostener a una persona firme frente a múltiples sufrimientos, como una limpia conciencia. El sufrimiento se aumenta en gran escala cuando la conciencia le dice repetidas veces al ser humano que él mismo se ha causado la dificultad. Cosecha lo que ha sembrado. Ver 1 Ped. 2: 12, 19-20. Una "buena conciencia" " sostuvo a Pablo a través de sus pruebas, primero en Jerusalén (Hech. 23: 1) y más tarde en Cesarea (Hech. 24: 16). La altura de la dimensión moral sólo se alcanza cuando " "el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios" " (Rom. 8: 6). La certidumbre de que uno realmente ha sido aceptado por Dios y de que disfruta de la aprobación celestial, es la única base permanente para un gozo duradero.
Con vosotros.
Pablo había dado a los corintios amplia oportunidad de que observaran cómo obraba en él la gracia de Dios.
13. Os escribimos.
Pablo acaba de hablar de su pureza de intenciones. Dice que esto se puede encontrar en sus cartas: la que está escribiendo y las dos anteriores que ya conocemos (ver p. 818).
Leéis . . . entendéis.
Gr. anaginÇskÇ y epiginÇskÇ , un juego de palabras. AnaginÇskÇ denota lectura, silenciosa o en alta voz, y epiginÇskÇ , la comprensión de lo que se ha leído. No hay ningún significado oculto en sus palabras, ninguna ambigüedad que permita suponer que Pablo pensara una cosa mientras escribía otra. Los corintios sin duda lo habían acusado de duplicidad, de equívocos: decir una cosa para significar otra u otras. Pablo declara que todo lo que les ha escrito no tiene otro, significado fuera del que claramente expresan sus palabras. El informe traído por Tito indicaba que muchos de los creyentes corintios habían entendido correctamente a Pablo, que no interpretaban mal sus motivos. Y él esperaba que ellos nunca tuvieran ocasión de pensar de otra manera.
14. En parte.
Esta frase podría aplicarse tanto a Pablo como a los corintios. Quiso decir: o que todos lo comprendían parcialmente, o que sólo algunos lo comprendían.
Entendido.
Ver com. vers. 13. Algunos de los corintios lo habían entendido; otros, no.
Somos vuestra gloria.
Algunos corintios sentían un santo orgullo por Pablo y sus colaboradores. Es un buen síntoma en la iglesia cuando el ministerio y los laicos tienen confianza y motivos mutuos para regocijarse.
También vosotros.
Los conversos de Pablo serán en el día final la corona en que él se regocije (ver 1 Tes. 2: 19-20; Fil. 2: 16; cf. Heb. 12: 2). El gozo de los ministros y de los laicos será completo en el día cuando Cristo aparezca para congregar a sus redimidos en su reino. Si todos tuvieran en cuenta ese día, nunca habría resentimientos, hostilidades ni incomprensiones. ¡Cuánto más amor cristiano y buena voluntad se manifestarían si todos anticiparan ese día de gozo mutuo en la presencia de Dios!
15. Con esta confianza.
Es decir, la confianza de ellos en la integridad y la sinceridad de Pablo (vers. 12-14).
Quise.
Pablo había tenido al principio la intención de ir directamente de Efeso a Corinto por mar; después viajar a Macedonia, regresar a Corinto y seguir a Jerusalén. De modo que tenía el propósito de honrarlos con dos visitas (ver com. "segunda" y "gracia") en el mismo viaje, mientras que sólo visitaría una vez a los macedonios. Esto significaba apartarse de su camino para pasar un tiempo adicional con la iglesia de Corinto. Había abandonado el plan de la doble visita a Corinto por la razón que luego dará en el vers. 23.
Primero.
Pablo tenía el propósito de visitar primero a los corintios antes de proseguir a Macedonia.
Segunda.
No es del todo claro si Pablo pensaba en su visita previa a Corinto como la primera "gracia" y de esta doble visita que se proponía hacerles, como la segunda, o si estaba pensando en el itinerario que ahora había cancelado con su primera y segunda visitas.
Gracia.
Gr. járis , "gracia" o "favor". Si bien algunos MSS dicen jará , "alegría", en vez de jaris , 828 "gracia", la evidencia textual (cf. p. 10) se inclina por el texto que se refleja en la RVR. Pablo había informado a los corintios de su cambio de planes (1 Cor. 16: 5-6), y sus adversarios de Corinto aprovecharon su cambio para acusarlo de ser vacilante e inconstante (2 Cor. 1: 17). Se aferraron a ese pretexto insignificante debido a la mala voluntad que le tenían y a su deseo de desacreditarlo.
16. Ser encaminado.
Gr. propémpÇ , enviar delante, acompañar, preparar el viaje , aprovisionar. PropémpÇ se ha traducido de diversas maneras en Hech. 15: 3; 20: 38; 21: 5; Rom. 15: 24; 1 Cor. 16: 6, 11. Pablo esperaba que algunos representantes de la iglesia de Corinto le facilitaran el viaje y lo acompañaran, por lo menos parte del camino, cuando saliera de Corinto hacia Jerusalén. Esto sería una nueva manifestación de su amor y respeto por un apóstol de Cristo, su padre espiritual. Por lo menos algunos miembros de la delegación de Corinto lo acompañarían todo el camino hasta Jerusalén, para llevar la colecta recibida (ver Hech. 24: 17; 1 Cor. 16: 1-4).
17. Ligereza.
Gr. elafría , "inconstancia", "veleidad", "volubilidad". Cuando Pablo hizo originalmente la promesa (vers. 15), tenía toda la intención de cumplirla. Pero cambió sus planes no porque fuera voluble, sino para el bien de ellos (cap. 1: 23; 2: 1-4). Pablo ahora procede a explicar y a defender su cambio de planes contra las acusaciones esgrimidas por sus adversarios. Es evidente que se había dicho en Corinto que él ya no tenía el propósito de llegar directamente desde Efeso. Hasta ese momento tampoco les había explicado personalmente las cosas. Sus adversarios habían aprovechado esa situación para acusarlo de que no cumplía su palabra y que no era digno de confianza.
Según la carne.
Sería posible que Pablo tomara sus decisiones dependiendo de intereses egoístas? ¿Hacía sus planes como los hacen los hombres del mundo? ¿Alteraba sus planes por cualquier circunstancia y caprichosamente cuando era evidente que de ese modo recibiría un beneficio personal?
Sí y No.
Mientras hablaba de su visita a Corinto, ¿tenía acaso el plan de no ir a esa ciudad? ¿Quería decir "No" cuando decía "Sí"? ¿O era tan voluble que podía decir "Sí" y "No" casi al mismo instante? ¿Era cierto que nadie podía depender de él ni saber qué podía esperar de él? Pablo lo niega. Su proyectada doble visita había sido impedida no por su inconstancia, sino por la deslealtad de ellos y por el deseo del apóstol de no tener que tratarlos ásperamente. (Ver com. Mat, 5: 37; cf. Sant. 5: 12.)
18. Como Dios es fiel.
Pablo llama a Dios por testigo en cuanto a la verdad de su declaración. Lo que se debate es el cumplimiento de sus afirmaciones. Como representante de Dios, ¿cómo podía presentar Pablo la inmutabilidad de Dios y de sus promesas, y al mismo tiempo hablar y proceder de manera contradictoria? Así como Dios es fiel también lo había sido Pablo en su trato con ellos. El que destaca en su predicación el completo cumplimiento de las promesas de Dios, no usará un lenguaje doble, ambiguo.
Nuestra palabra a vosotros.
Quizá la promesa de Pablo de visitarlos.
19. Hijo de Dios.
Ver com. Luc. 1: 35.
Entre vosotros ha sido predicado.
Hech. 18: 1-18.
Silvano y Timoteo.
Ver com. Hech. 18: 5.
Ha sido Sí en él.
El mensaje evangélico es positivo e inequívoco. No contiene ambigüedades.
20. Todas las promesas.
Las promesas de Dios son fidedignas.
Son en él Sí.
Es decir, mediante Cristo. Todas las promesas de Dios se encarnaron en Cristo, hallaron su cumplimiento en él. El es, pues, la evidencia de que todas las promesas divinas hechas a los padres son fidedignas. Cf. Hech. 3: 20-2 1; Rom. 15: 8. La fe cristiana es de una certeza absoluta.
Amén.
Es decir, verdaderas, fieles, ciertas (ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51). La palabra aquí repite la idea ya expresada en "Sí" (ver com. 2 Cor. 1: 17-18). No es un título como en Apoc. 3: 14. Debido a que en griego dice literalmente "el amén", se ha sugerido que Pablo aquí se refiere a la palabra "amén" pronunciada por los cristianos para afirmar las verdades eternas de la fe cristiana.
Por medio de nosotros.
Por medio de Cristo se comprueba que las promesas son seguras, y por medio de los hijos de Dios, que son eficaces. Por medio de la vida y el ministerio de Pablo el nombre de Dios estaba siendo glorificado en particular, y era difícil que pudiera hacer promesas caprichosas mientras se ocupaba en la proclamación de promesas tan seguras como lo son las de Dios y confirmadas mediante Cristo.
Los cristianos siguen a su Maestro en la medida en que actúan firme y constantemente en su obediencia a Dios y en su dedicación a la causa del Señor en la tierra. La vida cristiana nunca hace de los hombres seres volubles. Pablo a veces alteraba sus planes, pero cuando lo hacía era con una lealtad absoluta a los principios y al deber tal como le habían sido revelados.
Gloria de Dios.
Pablo sólo procuraba en todas sus labores, honrar a Dios y difundir su reino. Ver com. Rom. 3:24.
21. El que nos confirma.
Dios era el que había confirmado en el cristianismo a Pablo y a los corintios. Pablo había sido el mensajero de Dios para llamarlos. ¿Podía uno que era voluble e indeciso -como tildaban a Pablo- confirmar a otros? Pero Pablo no merecía la alabanza, pues Dios era quien lo había confirmado a él y también a ellos.
Nos ungió.
Gr. jríÇ , el verbo raíz del sustantivo que se traduce como "Cristo" (ver com. Mat. 1: 1). Todos los cristianos fueron en cierto sentido ungidos o consagrados a Dios por el derramamiento del Espíritu Santo en el tiempo de su conversión y bautismo. Quizá Pablo se refiere a su propia consagración especial al ministerio evangélico, pero el contexto de 2 Cor. 1: 21-22 parece indicar que la referencia es al ungimiento general de todos los verdaderos creyentes. La unción del Espíritu Santo capacitaba y daba poder a los que, como Pablo, habían sido ungidos para el cumplimiento eficaz de su obra.
22. Sellado.
Gr. sfragízÇ , "marcar", "sellar", "autenticar", "confirmar". Un sello se estampa sobre un documento para garantizar que es genuino. El "sello" que Dios coloca sobre hombres y mujeres los reconoce como hijos e hijas del Altísimo, como confirmados en Cristo y dedicados a su servicio (vers. 21). Ver com. Eze. 9: 4; Juan 6: 27; Efe. 1: 13; 4:30; Apoc. 7: 2-3; 14: 1.
Arras.
Gr. arrabÇn , "arras", "pago inicial", término relacionado con el Heb. erabon , prenda, como en Gén. 38: 17-20. Esta palabra era de uso común entre los comerciantes cananeos y fenicios. ArrabÇn se encuentra con frecuencia en los papiros para indicar dinero pagado como arras o garantía por una vaca, un terreno, una esposa, etc.; también se usaba para un anillo de compromiso. Además, constituía no pago inicial, una garantía de que se pagaría toda la suma prometida, lo cual ratificaba el convenio, Las arras debían pagarse en la misma especie del pago estipulado para la suma total, y se debían considerar como una parte del pago. En caso de que el comprador no completara la transacción, el dinero de las arras quedaba en poder del vendedor.
Pablo usa la figura del dinero de las arras para ilustrar a los creyentes el don del Espíritu Santo como un primer pago, una garantía de la herencia plena de ellos en el más allá (ver Efe. 1: 13-14; cf. Rom. 8: 16). El cristiano tiene el privilegio de experimentar la completa convicción de haber sido aceptado por Dios como su hijo adoptivo cuando se convirtió, y de retener esa adopción a través de toda la vida (ver com. 1 Juan 3: 1), de aceptar la dádiva de la vida eterna (ver com. Juan 3: 16) y de experimentar la transformación del carácter que se hace posible cuando el Espíritu Santo mora en lo íntimo del ser (ver com. Rom. 8: 1-4; 12: 2; cf. Juan 16: 7-11). Pero el gozo que se siente cuando la voluntad armoniza con la voluntad de Dios (ver com. Sal. 40: 8), cuando el corazón aspira llegar a la estatura de la perfección en Cristo Jesús (ver com. Mat. 5: 48; Efe. 4: 13, 15; 2 Ped. 3: 18), y cuando se camina cada día interrumpidamente con el Salvador, representa las "arras" de un gozo mayor y eterno en la tierra renovada.
Pablo disfrutaba de una experiencia tal, como también los creyentes corintios que estaban verdaderamente convertidos (2 Cor. 1: 21). Por lo tanto, la acusación de que Pablo era guiado por motivos egoístas cuando cambió sus planes (vers. 23; cf. vers. 15-17), no tenía ningún valor. Las arras son mucho más que una prenda. Lo que se da como prenda difiere en calidad de lo que garantiza. Además, la prenda se devuelve cuando se cancela la obligación que se contrajo. Por el contrario, las "arras" son parte inseparable de la obligación. Las "arras del Espíritu" podrían considerarse como equivalentes de "las primicias del Espíritu" (Rom. 8: 23). que son una muestra de lo que será la cosecha al fin del mundo.
El dinero dado en arras se entrega cuando se presenta alguna demora en completar la transacción. Los hijos y las hijas de Dios se convierten en herederos de todas las bendiciones del cielo tan pronto como se relacionan con Dios mediante el pacto (Rom. 8: 17; Efe. 1: 3-12; 1 Juan 3: 1-2), y las arras del Espíritu les son dadas como garantía de ese 830 derecho. En cierto sentido ya viven en el cielo (Efe. 2: 5-6; Fil. 3: 20). Los verdaderos hijos de Dios, los que tienen estas "arras del Espíritu", no sienten ninguna incertidumbre en cuanto a si Dios los ha aceptado en Cristo y tiene lista para ellos una herencia inmortal (ver com. Juan 3: 16; 1 Juan 3: 2; 5: 11). Pero el pago pleno y completo -la verdadera entrada en el cielo- se posterga a fin de dar tiempo para el desarrollo del carácter, de modo que los hijos de Dios puedan estar plenamente preparados para el cielo. El título del cristiano o su derecho al reino de los cielos, es automáticamente suyo en el momento en que experimenta la justificación por la fe en la justicia que Cristo les imputa. La idoneidad para el cielo se alcanza a través de toda una vida de estarse apropiando de la justicia impartida de Cristo y de aplicarla a los problemas diarios de la vida cristiana (DTG 267; MJ 32).
Cuando el Espíritu Santo imparte gracia y poder para vencer el pecado, el cristiano experimenta las "arras" del triunfo completo y de la victoria final que serán suyos cuando sea admitido en el cielo. La comunión con Cristo y la comunión mutua aquí en la tierra son asimismo un anticipo de la comunión con los seres celestiales. Sólo los que han recibido "las arras del Espíritu" pueden saber lo que es y el gozo que proporciona (1 Cor. 2: 11, 15). El conocimiento de las cosas espirituales se adquiere únicamente por la experiencia. Para los que no tienen ese conocimiento espiritual, el cielo es más o menos irreal.
23. Dios por testigo.
Después de haber defendido su proceder reciente (vers. 16-22), Pablo (cap. 1: 23 a 2: 4) presenta la razón por la cual cambió sus planes de visitar a Corinto, y hace depender su esperanza de vida eterna de la veracidad de la afirmación que está por presentar en cuanto a la causa para su reciente cambio de planes (ver com. cap. 1: 17).
Por ser indulgente.
El cambio de planes del apóstol se debió a que tuvo en cuenta los sentimientos de los corintios y quería lo mejor para ellos. Era algo que merecía el agradecimiento de ellos. Si Pablo hubiera seguido su plan original, habría llegado a ellos con una "vara" " (1 Cor. 4: 21). Esa dilación significó que cuando llegó posteriormente a Corinto pudiera pasar allí tres meses en paz y armonía y sin necesidad de tomar las severas medidas disciplinarias que de otro modo habrían sido necesarias.
24. Nos enseñoreemos de vuestra fe.
La expresión "por ser indulgente" (vers. 23) podría haber sido mal entendida por los corintios como un esfuerzo de Pablo para enseñorearse de ellos. Pero deseaba que no tuvieran ninguna excusa para pensar que él aspiraba a ocupar el lugar de Dios frente a ellos. Ningún hombre -ni aún el apóstol Pablo- tiene el derecho de ejercer autoridad sobre las conciencias de los hombres. Hacerlo sería usurpar la autoridad divina. Cuán impresionante es la humildad de Pablo en contraste con la arrogancia de dirigentes posteriores de la iglesia, quienes, en el nombre de los apóstoles, pretendieron tener una jurisdicción semejante a la de Dios sobre las conciencias y las almas de los hombres (ver Nota Adicional de Dan. 7). Al administrar los asuntos de la iglesia hoy, o al aconsejar a los miembros de la iglesia, los dirigentes siempre deben tener cuidado de no interponerse entre la conciencia y Dios. Cada persona es responsable directamente ante Dios por su conciencia y también por sus acciones.
Colaboramos para vuestro gozo.
Lo que Pablo había hecho lo hizo como amigo de los corintios, y no como su amo.
Por la fe estáis firmes.
La mayoría de los corintios habían permanecido firmes en la fe, a pesar de los vientos de doctrina y descontento que habían soplado sobre la iglesia como una tormenta y la habían sacudido hasta sus fundamentos.
CBA T6

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