1. Bendijo Dios a Noé y a sus hijos.
Noé y su familia recibieron una bendición que fue similar a
la pronunciada sobre Adán y Eva después de su creación (cap. 1: 28). Así como
Adán había sido el progenitor de todos los miembros de la raza humana, Noé
llegó a ser el progenitor de todos los seres humanos después del diluvio. En
ambos casos la bendición consistió en una orden divina de fructificar y llenar
la tierra. Sin embargo, faltaba una parte de la bendición previa, a saber, el
encargo de sojuzgar la tierra. Fuera de duda esta omisión refleja el hecho de
que el dominio del mundo asignado al hombre durante la creación se había
perdido por el pecado. El pecado había alterado la relación que originalmente
existió entre el hombre y los animales, y éstos, por lo menos hasta cierto
límite, quedaban fuera del control del hombre.
2. El miedo de vosotros.
Puesto que el pecado, con sus consecuencias, había debilitado
el vínculo de sujeción de parte de los animales a la voluntad del hombre, de
allí en adelante tan sólo por la fuerza él podría regir sobre ellos, mediante
ese "miedo" que Dios ahora inculcó en la creación animal. La
naturaleza había quedado apartada del hombre.
El miedo que todos los animales terrestres, volátiles y acuáticos habían de
tener no excluiría su rebelión ocasional contra el dominio del hombre sobre
ellos. A veces se levantarían y destruirían al hombre. En realidad, Dios los
usó en algunos casos para administrar justicia divina (ver Exo. 8: 6, 17, 24; 2
Rey. 2: 24). Sin embargo, la condición normal de las criaturas inferiores sería
de instintivo temor hacia el hombre, lo que haría que más bien lo rehuyeran y
no que buscaran su compañía. Es un hecho que los animales se retiran siempre
que avanza la civilización humana. Aun las fieras, a menos que se las provoque,
generalmente rehúyen al hombre antes que atacarlo.
En vuestra mano son entregados.
Este pronunciamiento divino ha encontrado su cumplimiento en
la domesticación de ciertos animales cuya ayuda necesita el hombre, en la doma
de animales salvajes mediante el poder superior de la voluntad humana y en la
exitosa reducción de los seres dañinos a la impotencia mediante la inventiva y
el ingenio.
3. Os será para mantenimiento.
No significaba que el hombre por primera vez hubiera
comenzado a comer carne de animales, sino tan sólo que Dios por primera vez lo
autorizaba, o mejor le permitía hacer lo que el diluvio había convertido en una
necesidad. Los impíos antediluvianos eran carnívoros (CH 109). Pero no fue la
voluntad original del Creador que sus criaturas se comieran entre sí. El le
había dado al hombre plantas para comer (cap. 1: 29). Con la destrucción de
toda vida vegetal durante el diluvio y con el agotamiento de las reservas de
alimentos que fueron llevados al arca, surgió una emergencia a la que Dios hizo
frente dando permiso para comer la carne de animales. Además, el comer carne
acortaría las vidas pecaminosas de los hombres (CRA 445).
Este permiso no implicaba un consumo sin restricciones y sin
límites de toda clase de animales. La frase "todo lo que se mueva sobre la
tierra" excluye claramente el comer cadáveres de animales que habían
muerto o habían sido muertos por otras bestias, lo que más tarde prohibió
específicamente la ley mosaica (Exo. 22: 31; Lev. 22: 8). Aunque aquí no se
presenta la distinción entre animales limpios e inmundos respecto al alimento,
eso no significa que era desconocida para Noé. Que Noé conocía esa distinción resulta
claro por la orden previa de llevar más animales limpios que inmundos al arca
(Gén. 7: 2), y porque ofreció tan sólo animales limpios como holocausto (cap.
8: 20).
La distinción debe haber sido tan perfectamente conocida por
los primeros hombres, que fue innecesario que Dios llamara especialmente la
atención de Noé a ella. Tan sólo cuando esta distinción se había perdido a
través de los siglos de alejamiento del hombre de Dios, se promulgaron nuevas
directivas escritas acerca de animales limpios e inmundos (Lev. 11; Deut. 14).
La inmutabilidad del carácter de Dios (Sant. 1: 17) excluye la posibilidad de
interpretar este pasaje como un permiso para sacrificar y comer cualquier
animal. Los que eran inmundos para un propósito no podían ser limpios en otro.
Plantas verdes.
Esto implica la novedad del permiso de comer carne, además de
verduras y frutas que originalmente habían sido destinadas como alimento del
hombre. No sólo fue por la ausencia temporal de vida vegetal, como resultado
del diluvio, por lo que Dios permitió que el hombre complementara su régimen
vegetariano con carne, sino también posiblemente porque el diluvio había
cambiado tan completamente la forma externa de la tierra y había disminuido su
fertilidad hasta el punto de que, en algunas regiones, tales como las del
extremo norte, no producirían suficiente alimento vegetal para sostener la raza
humana.
4. Carne con su vida.
La prohibición se aplica a comer carne con sangre, ya fuera
de animales vivos como había sido la bárbara costumbre de algunas tribus
paganas del pasado, o de animales sacrificados que no hubieran sido bien
desangrados. Entre otras cosas, esta prohibición era una salvaguardia contra la
crueldad y un recordativo del sacrificio de animales, en los cuales la sangre,
como portadora de la vida, era considerada sagrada. Dios previó que el hombre,
al caer como fácil víctima de las creencias supersticiosas, pensaría que
participando del líquido vital, su propia vitalidad sería vigorizada o
prolongada. Por estas razones y probablemente por otras que ahora no resultan
claras, fue irrevocablemente prohibido comer carne con sangre. Los apóstoles
consideraron que esta prohibición todavía estaba en vigencia en la era
cristiana. Llamaron la atención respecto a esto especialmente a los creyentes
cristianos de origen gentil, porque esos nuevos creyentes, antes de su
conversión, habían estado acostumbrados a comer carne con sangre (Hech. 15: 20,
29).
"Vida", néfesh (ver com. de Gén. 2: 7). Traducir
esta palabra como "alma", como algunos han hecho, oscurece el
verdadero significado (ver Lev. 17: 11). La sangre es indispensable para la
vida. Si se corta la circulación de sangre a cualquier parte del cuerpo, esa
parte muere. Una pérdida completa de sangre inevitablemente produce la muerte.
Siendo esto verdad, la palabra hebrea néfesh, como paralela de
"sangre" en este texto. debe traducirse "vida" , tal como
está en la VVR.
5. La sangre de vuestras vidas.
Resalta el valor de la vida del hombre, néfesh, a la vista
del cielo. Dios se ocuparía personalmente en vengar el derramamiento de sangre
humana, tal como está implicado en la palabra "demandaré",
literalmente "iré en pos" con un propósito de castigo.
De mano de todo animal.
La vida del hombre quedó a salvo de los animales tanto como
de otros hombres mediante una solemne proclama de la santidad de la vida
humana. El decreto de que una bestia que matara a un hombre debía ser destruida
fue incorporado posteriormente al código mosaico (Exo. 21: 28-32). Esta orden
no fue dada para castigar a la bestia asesina, que no está bajo la ley moral y
que por lo tanto no puede pecar, sino para la seguridad de los hombres.
De mano del varón.
Esta advertencia va directamente contra el suicidio y el
homicidio. Dios requiere del hombre que se quita la vida tanto como del que
quita la vida de su prójimo, que rindan cuenta de sus actos. El mandamiento
"No matarás" es tan amplio en sus alcances que prohíbe toda forma de
acortar o quitar la vida. El hombre no puede dar la vida y por lo tanto no
tiene derecho a quitarla, a menos que se le pida que lo haga por orden divina.
Nadie que esté en posesión de sus facultades mentales y morales, y que por lo
tanto sea responsable de sus actos, puede escapar del castigo de Dios, ni aun
el hombre que vuelve su mano contra sí mismo. En la resurrección cada individuo
aparecerá delante del tribunal de Dios para recibir lo que merece (Rom. 14: 10;
2 Cor. 5: 10).
6. El que derramare sangre de hombre.
Dios vengaría o castigaría cada asesinato; sin embargo, no
directamente, como fue en el caso de Caín, sino indirectamente al colocar en
manos del hombre el poder judicial. La palabra "derramare" implica un
asesinato voluntario y no el quitar accidentalmente la vida; implica homicidio,
para el cual la ley tenía otras disposiciones diferentes de las que aquí se
mencionan (Núm. 35: 11). La orden divina proporciona al gobierno temporal poder
judicial y coloca la espada en su mano. Dios cuidó de erigir una barrera contra
la supremacía del mal y así estableció el fundamento para un desarrollo civil
ordenado de la humanidad.
7. Ver com. de vers. 1.
9. Establezco mi pacto.
Para dar a Noé y a sus hijos una seguridad firme de la
prolongación próspera de la raza humana, Dios estableció un pacto con ellos y
sus descendientes y lo confirmó con una señal visible. En sus estipulaciones,
el pacto abarcaba a toda la posteridad subsiguiente y, junto con la familia
humana, a toda la creación animal.
10. Todos los que salieron del arca.
Este pasaje no implica, como lo han explicado algunos
expositores, que ciertos animales habían sobrevivido al diluvio sin haber
estado en el arca, y que por lo tanto la inundación de la tierra fue sólo
parcial. Puesto que este punto de vista está en abierta contradicción con
declaraciones bíblicas según las cuales todos los animales terrestres y
volátiles que no habían encontrado refugio en el arca habían sido destruidos
(caps. 6: 17; 7: 4, 21-23), debe encontrarse otra explicación.
11. No exterminaré ya más toda carne.
Este "pacto" no contenía sino una estipulación y
asumía la forma de una promesa divina. Algunas regiones podrían ser devastadas
y hombres y animales barridos por centenares de miles, pero nunca habría otra
vez una destrucción universal de la tierra por un diluvio. Sin embargo, esta
promesa no implica que Dios esté obligado a no destruir otra vez el mundo
mediante otro medio que no sea el agua. Su plan anunciado de poner fin a toda
la impiedad cuando termine la historia del mundo mediante un gran fuego destructor
(2 Ped. 3: 7, 10, 11; Apoc. 20: 9; etc.) en ninguna manera contradice la
promesa.
12. Esta es la señal.
Dios estimó que esta señal era necesaria para que sus
criaturas tuvieran fe en sus promesas, y al mismo tiempo constituía una muestra
de su condescendencia con las debilidades del hombre. El hombre busca señales
(Mat. 24: 3; 1 Cor. 1: 22) y Dios se las ha proporcionado en su misericordia y
bondad, dentro de ciertos límites, aunque desea que sus seguidores retengan su
fe y crean en él aun cuando no haya señales que los guíen (Juan 20: 29).
13. Mi arco he puesto.
El establecimiento del arco iris como una señal de la promesa
de que no habría nunca más otro diluvio, presupone que el arco iris apareció
entonces por primera vez en las nubes. Esta es una indicación más de que no
había llovido antes del diluvio. El arco iris es producido por la refracción y
la reflexión de la luz del sol a través de las gotas de agua en suspensión.
15. Me acordaré del pacto mío.
El arco iris, un fenómeno físico natural, es un símbolo
adecuado de la promesa de Dios de no volver a destruir la tierra mediante un
diluvio. Puesto que las condiciones climáticas serían diferentes después del
diluvio, y en la mayoría de las partes del mundo las lluvias tomarían el lugar
del anterior y benéfico rocío para humedecer la tierra, convenía que Dios
utilizara algún medio para aquietar los temores de los hombres cada vez que
comenzara a llover. Toda persona que así lo desee puede ver en los fenómenos
naturales la revelación de Dios mismo (ver Rom. 1: 20). De esa manera el arco
iris es para el creyente la evidencia de que la lluvia traerá bendición y no
destrucción universal.
Juan vio en visión un arco iris que rodea el trono de Dios
(Apoc. 4: 3). El hombre contempla el arco iris para recordar la promesa de
Dios, pero Dios mismo lo contempla para recordar y cumplir su promesa. En el
arco iris convergen la fe y la confianza del hombre con la fidelidad y la
inmutabilidad de Dios.
Los rayos de luz santa que emanan del Sol de justicia (Mal.
4: 2), tal como son vistos por el ojo de la fe a través del prisma de las
experiencias de la vida, revelan la belleza del carácter justo de Jesucristo.
El pacto eterno entre el Padre y el Hijo (Zac. 6: 13) asegura a cada humilde y
fiel hijo e hija de Dios el privilegio de contemplar en Jesús a Aquel que es
todo él codiciable, y al contemplarlo, ser transformado a su misma semejanza.
17. Esta es la señal.
Este pacto entre Dios y Noé puso punto final a los
acontecimientos relacionados con la catástrofe mayor que esta tierra jamás haya
experimentado. La tierra, que una vez fue bella y perfecta, presentaba un
cuadro de completa desolación. El hombre había recibido una lección acerca de
los terribles resultados del pecado. Los mundos no caídos habían visto el fin
espantoso que aguarda al hombre cuando éste obedece a Satanás.
Debía realizarse un nuevo comienzo. Puesto que habían
sobrevivido al diluvio sólo miembros fieles y obedientes de la familia humana
antediluviana, había razón para esperar que el futuro presentaría un cuadro más
feliz que el pasado. Después de haber sido salvados por la gracia de Dios del
máximo cataclismo imaginable, podría esperarse que los descendientes de Noé se
beneficiaran en todos los siglos futuros con las lecciones aprendidas del
diluvio.
18. Los hijos de Noé.
Sus tres hijos, a quienes se alude repetidas veces en pasajes
anteriores (caps. 5: 32; 6: 10; 7: 13), son mencionados otra vez como cabezas
de las naciones que habría en la familia humana. Sus nombres son explicados en
relación con la tabla genealógica del cap. 10.
Cam es el padre de Canaán.
Se menciona aquí a Canaán, hijo de Cam, como alusión
anticipada a lo que sigue. Además debe haber sido el propósito de Moisés llamar
la atención de los hebreos de su tiempo al desagradable acontecimiento descrito
en los versículos siguientes, a fin de que pudieran comprender mejor por qué
los cananeos, a quienes ellos pronto encontrarían, eran tan profundamente
degradados y moralmente corruptos. La raíz de su depravación se encontraba en
su primer antecesor, Cam, "el padre de Canaán".
19. De ellos fue llena toda la tierra.
Este pasaje declara con palabras directas e inconfundibles
que todos los habitantes posteriores de este mundo son descendientes de los
tres hijos de Noé. Aunque no podamos remontar el linaje de cada nación y tribu
hasta uno de los jefes de las familias enumeradas en el capítulo siguiente,
este texto declara enfáticamente que toda la tierra fue poblada por los
descendientes de Noé. La opinión según la cual ciertas razas se libraron del
diluvio en regiones remotas de este mundo y no tuvieron relación directa con
los hijos de Noé, no tiene ningún respaldo bíblico.
20. Comenzó Noé a labrar la tierra.
Esto no excluye necesariamente la posibilidad de que Noé no
haya sido labrador antes del diluvio, pero además significa que comenzó la
nueva era, literalmente como "un hombre de la tierra". Aunque Noé
había recibido permiso para matar animales y comer su carne, comprendió que era
necesario cultivar inmediatamente la tierra y obtener alimento de ella.
Plantó una viña.
Esta declaración no significa que Noé plantó únicamente una
viña. Se menciona la viña para explicar los acontecimientos siguientes, pero
con eso no se excluye la posibilidad de que cultivara el terreno con otros
propósitos. Armenia, la región donde se detuvo el arca, era conocida en la
antigüedad como una zona de viñas, tal como lo testifica el soldado e
historiador griego Jenofonte. El cultivo de la vid era común en todo el antiguo
Cercano Oriente y esto puede rastrearse hasta los tiempos más remotos.
Noé no hizo nada malo al plantar una viña.
La vid es una de las plantas nobles de la creación de Dios.
Cristo la usó para ilustrar su relación con la iglesia (Juan 15) y honró su
fruto bebiéndolo en la última noche de su ministerio terrenal (Mat. 26: 27-29).
El jugo de uva es muy benéfico para el cuerpo humano mientras no se lo ingiera
fermentado.
21. Vino.
Heb. yáyin , el jugo de la uva. En la mayoría, si no en todos los casos, el
contexto de las Escrituras indica una bebida fermentada y por lo tanto
embriagante. Al tomar Noé esta bebida, "se embriagó". Puesto que la
embriaguez había sido uno de los pecados de la era antediluviana, debemos
suponer que Noé estaba familiarizado con los efectos perjudiciales de la
ingestión de bebidas alcohólicas. El registro del pecado de Noé da testimonio
de la imparcialidad de las Escrituras, que consignan las faltas de los grandes
hombres tanto como sus virtudes.
La edad o las victorias espirituales previas no son una
garantía contra la derrota en la hora de la tentación. ¿Quién hubiera pensado
que un hombre que había caminado con Dios durante siglos y que había resistido
las tentaciones de multitudes, caería solo? Una hora de descuido puede manchar
la vida más pura y deshacer mucho del bien que ha sido hecho en el curso de los
años.
Estaba descubierto.
"El vino es escarnecedor" (Prov. 20: 1) y puede
engañar a los hombres más sabios si no son vigilantes. La embriaguez deforma y
degrada el templo del Espíritu Santo que somos nosotros, debilita los
principios morales y así expone al hombre a incontables males. Pierde el
dominio tanto de las facultades físicas como mentales. La intemperancia de Noé
trajo vergüenza a un anciano respetable, y sometió al ludibrio y a la burla a
uno que era sabio y bueno.
22. La desnudez de su padre.
El hecho de que Cam es llamado otra vez el padre de Canaán
parece implicar que tanto el padre como el hijo tenían inclinaciones profanas
similares que se manifestaron no sólo en el incidente que aquí se describe,
sino posteriormente en las prácticas religiosas de toda una nación. Además
muestra que esto sucedió algún tiempo después del diluvio, cuando Canaán, el
cuarto hijo de Cam (cap. 10: 6), ya había nacido. El pecado de Cam fue una
transgresión intencional. Puede ser que hubiera visto accidentalmente la
vergonzosa condición de su padre, pero en vez de llenarse de dolor por la
necedad de su padre, se regocijó en lo que veía y se deleitó en propalarlo.
23. Sem y Jafet tomaron la ropa.
Los dos hermanos mayores de Cam no participaron de sus
sentimientos pervertidos. Adán también había tenido dos hijos bien
disciplinados, Abel y Set, y un hijo perverso, Caín. Aunque todos habían
recibido el mismo amor paternal y la misma educación, el pecado se manifestó
mucho más marcadamente en uno que en los otros. Ahora irrumpió el mismo
espíritu de depravación en uno de los hijos de Noé, mientras los hijos mayores,
criados en el mismo hogar y bajo las mismas condiciones que Cam, mostraron un
admirable espíritu de decencia y dominio propio. Así como las malas tendencias
del criminal Caín se perpetuaron en sus descendientes, la naturaleza degradada
de Cam se reveló después en su descendencia.
24. Despertó Noé.
Cuando Noé recuperó el conocimiento y la razón, supo lo que
había sucedido durante su sueño, probablemente al preguntar en cuanto a la
razón de la vestimenta que lo cubría. "Su hijo más joven" ,
literalmente: "su hijo, el pequeño" , con el significado de
"hijo menor" , se refiere a Cam (ver com. de cap. 5: 32).
25. Maldito sea Canaán.
La maldición pronunciada sobre Canaán, cuarto hijo de Cam,
más bien que sobre el mismo culpable del crimen, ha sido tomada por muchos
comentadores como la evidencia de que Canaán fue en realidad el delincuente y
que se refiere a él en el vers. 24 como el miembro más joven de la familia de
Noé. Orígenes, uno de los padres de la iglesia, menciona la tradición según la
cual Canaán vio primero la vergüenza de su abuelo y le contó eso a su padre. No
es imposible que Canaán hubiera participado en la mala acción de su padre.
La maldición de Noé no parece haber sido pronunciada con
resentimiento sino más bien como una profecía. La profecía no coloca a Canaán
en particular o a los hijos de Cam en general en las cadenas de un destino
férreo. Meramente es una predicción de lo que previó Dios y anunció por medio
de Noé. Probablemente Canaán ya seguía en los pecados de su padre y esos
pecados llegaron a ser un rasgo tan marcado en el carácter nacional de los
descendientes de Canaán, que posteriormente Dios ordenó su destrucción.
Siervo de siervos.
Sem ha sometido a Jafet, y Jafet ha sometido a Sem, pero Cam
jamás ha sometido a ninguno de ellos.
26. Bendito por Jehová mi Dios sea Sem.
Después de la declaración de cada bendición, viene el anuncio
de la servidumbre de Canaán como un estribillo menor.
"¡Bendito sea Yahveh, el Dios de Sem!" (BJ).
Siguiendo el texto de esta versión, se deduce que en vez de desear el bien a
Sem, Noé alaba al Dios de Sem, a saber, Yahveh (Jehová), tal como lo hizo
Moisés en el caso de Gad (Deut. 33: 20). Por tener a Jehová como a su Dios, Sem
sería el receptáculo y heredero de todas las bendiciones de la salvación que
Jehová prodiga sobre sus fieles.
27. Engrandezca Dios a Jafet.
Mediante un juego de palabras con el nombre de Jafet, Noé
resume su bendición para este hijo en la palabra "engrandezca", patáj
. Así indicó Noé la notable expansión y prosperidad de las naciones jaféticas.
Habite en las tiendas de Sem.
La inflexión verbal "habite" se refiere a Jafet y
no a Dios, aunque algunos comentadores antiguos y modernos de la Biblia han
entendido esto así. El significado de la frase puede haber sido doble, puesto
que los descendientes de Jafet con el correr del tiempo se posesionaron de
muchas tierras de los semitas, y moraron en ellas, y porque los jafetitas
habían de participar de las bendiciones salvadores de los semitas. Cuando el
Evangelio fue predicado en griego -idioma jafetita-, Israel que era descendiente
de Sem, aunque fue sometido por Roma, habitada por jafetitas, llegó a ser el
conquistador espiritual de los jafetitas y así, figuradamente, los recibió
dentro de sus tiendas. Todos los que son salvados son una parte del Israel
espiritual y entran en la santa ciudad a través de puertas que llevan los
nombres de las doce tribus de Israel (Gál. 3: 29; Apoc. 21: 12).
Las profecías semejantes a ésta no determinan la suerte de
los individuos que están dentro del grupo de que se trata, ya sea para
salvación o para condenación. Rahab la cananea y Arauna jebuseo fueron
recibidos en la comunión del pueblo elegido de Dios, y la mujer cananea fue
ayudada por el Señor debido a su fe (Mat. 1: 5; 2 Sam. 24: 18; Mat. 15: 22-28).
Pero se pronunciaron ayes sobre los endurecidos fariseos y escribas, e Israel
fue rechazado debido a su incredulidad (Mat. 23: 13; Rom. 11: 17-20).
29. Fueron todos los días de Noé.
La historia de Noé termina con una fórmula bien conocida
desde el cap. 5, lo que sugiere que los relatos contenidos en los caps. 6-9
pertenecen a la historia de Noé. Aunque Noé era un hombre recto y caminaba con
Dios, no llegó a alcanzar la estatura espiritual de su bisabuelo Enoc. Murió
habiendo sido testigo del crecimiento y expansión de una nueva generación, y
habiendo visto cómo ésta seguía rápidamente las perversas inclinaciones de su
malvado corazón.
CBA T7
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