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CBA - SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPÍTULO 10

Comentario Bíblico Adventista 
2 Samuel capítulo 10

1. El rey.

El pasaje paralelo da su nombre: Nahas (1 Crón. 19: 1). Unos 50 años antes, un gobernante amonita llamado Nahas había luchado con Saúl por la posesión de jabes de Galaad (1 Sam. 11: 1-11). Es posible que el Nahas de los días de Saúl fuera el mismo que el del tiempo de David. No sería común un reinado de 50 años, pero sí posible. Los incidentes aquí registrados difícilmente podrían haber sucedido después de la mitad del reinado de David, ya que Salomón -que tal vez nació dentro de los dos años que siguieron al adulterio de David y a la guerra "con los hijos de Amón" (2 Sam. 12: 9, 24)- tenía un hijo de un año de edad cuando llegó al trono (1 Rey. 11: 42; 14: 21).

2. Haré misericordia.

Si el Nahas que había sido bondadoso con David era el mismo que había sido derrotado por Saúl (1 Sam. 11: 1-11), como parece probable (2 Sam. 10: 1, 2), se puede entender fácilmente la amistad de Nahas para con David mientras éste huía de Saúl (ver PP 771).

3. Te ha enviado consoladores.

David había enviado sus emisarios a Amón con intenciones amistosas, pero fueron mal juzgados sus motivos. Nahas nunca fue un verdadero amigo de David; tan sólo fue bondadoso con él porque también era enemigo de Saúl. Los amonitas odiaban a los hebreos y despreciaban el culto del Dios verdadero. No podían entender ahora el verdadero espíritu de bondad que movía a David a enviar a sus emisarios. Se interpretaron mal sus mejores intenciones y fueron desfigurados sus motivos. Las palabras de los príncipes amonitas eran falsas y tenían el propósito de crear dificultades.

4. Les rapó.

Un insulto tal no podía ser tomado con liviandad por los israelitas. Es un principio universal internacional que se debe respetar a la persona de un embajador. Al someter a semejantes oprobios a los emisarios de David, los amonitas descaradamente provocaban una guerra. Por un tiempo se habían alarmado por el poder creciente de David, y quizá habían llegado a la decisión de que era el momento de ajustarle las cuentas; pero en vez de que iniciaran ellos las hostilidades, mediante este incidente pueden haber tratado de aparentar que eran ellos los atacados y agraviados, de modo que pudieran granjearse la simpatía de sus vecinos.

Les cortó los vestidos.

Era común en el Oriente el uso de mantos largos. Cortar la mitad de esas vestimentas exteriores, exponiendo así a la vergüenza y al ridículo al que las llevaba, era un insulto tan grande como el raparles la barba. El ultraje de los embajadores era un insulto para la nación que representaban.

5. Quedaos en Jericó.

La barba era considerada como un signo de dignidad. Otra forma de resolver el problema era afeitarse totalmente. Los hombres llegarían a Jericó inmediatamente después de cruzar el Jordán desde el este. Aunque Josué había destruido Jericó, es probable que hubiera surgido otra vez una pequeña localidad cerca de su famosa fuente (ver com. Jos. 6: 26). Aproximadamente un siglo más tarde, durante el reinado de Acab, Hiel de Betel reconstruyó Jericó (1 Rey. 16: 34).

6. Tomaron a sueldo.

Según 1 Crón. 19: 6, Hanún pagó 1.000 talentos de plata para contratar "carros y gente de a caballo" . El gasto de una suma de dinero tan grande para conseguir tropas indica la gravedad de la crisis. Para Amón significó una guerra total contra Israel, en un esfuerzo por aplastar a las fuerzas de David y hacer desaparecer de una vez y para siempre toda amenaza de dominio hebreo del Asia occidental.

Bet-rehob.

Literalmente, "casa de la calle". Llamada "Rehob" en el vers. 8. En el pasaje paralelo se lee "Mesopotamia" " (1 Crón. 19: 6). No se conoce su ubicación exacta.

Soba.

Ver com. cap. 8: 3.

Rey de Maaca.

Para su ubicación, ver Deut. 3: 14; Jos. 12: 5. Debe haber sido uno de los más pequeños Estados sirios porque proporcionó sólo 1.000 hombres.

Is-tob.

Literalmente, "hombre [u hombres] de Tob". No se menciona este lugar en el relato paralelo de Crónicas. Jefté huyó a Tob cuando se lo obligó a salir de Galaad (Juec. 11: 3). Es dudosa su ubicación; posiblemente estaba al noreste de Ramot de Galaad.

Doce mil hombres.

Los 12.000 mercenarios de Tob, los 20.000 de Bet-rehob y Soba, hacen un total de 32.000 hombres. El pasaje de Crónicas da esta cifra como el número total de carros, con lo que quizá quiere decir jinetes (1 Crón. 19: 7). Además de esto, en Crónicas se menciona al "ejército" de Maaca, pero no se da el número. Evidentemente los 32.000 mercenarios se dividían entre los de los carros, la caballería y la infantería.

7. Cuando David oyó.

Los amonitas habían reunido un ejército formidable con el propósito de aplastar a David. Desde el este y el norte llegaban noticias de inmensas fuerzas que se aproximaban a las fronteras israelitas y amenazaban terminar con el reino de Israel. David no esperó hasta que se invadiera su país, sino que envió a Joab para que hiciera frente a las huestes que se aproximaban.

8. De la puerta.

No se da el nombre de la ciudad donde se riñó esta batalla. Probablemente fue Rabá (o Rabá de los hijos de Amón), la capital amonita (ver com. cap. 12: 26-29). Rabá estaba cerca de las fuentes del Jaboc, 36,8 km al este del Jordán. El sitio se llama ahora Ammán y se ha convertido en la capital del reino de Jordania. Los mercenarios habían avanzado hasta Medeba (1 Crón.19: 7), a 28,8 km al suroeste de Rabá y a 36,8 km al sureste de Jericó. Los amonitas se ubicaron muy cerca de la ciudad, mientras que sus aliados, divididos en ejércitos separados, quedaron a alguna distancia de la ciudad, donde el terreno era más favorable para las maniobras militares de los carros y de la caballería.

9. La batalla de frente.

Cuando Joab examinó la situación, se encontró entre los amonitas desplegados en frente de su capital, y sus aliados al suroeste. No importa a cuál fuerza atacara, la otra iba a quedar a su retaguardia. Había tanto ventajas como peligros en esta disposición de las fuerzas del enemigo, y el ojo avizor del experimentado Joab tuvo en cuenta toda la situación. Comenzó la batalla contra las fuerzas del enemigo que ya estaban divididas en dos; y para evitar que se lo atacara por la retaguardia, repartió sus fuerzas en dos divisiones, una para atacar a los amonitas, y la otra, a sus aliados.

Todos los escogidos.

Eligió lo mejor de las tropas israelitas para atacar a los sirios, ya que éstos, con sus carros y caballería, constituían la parte más poderosa de las fuerzas enemigas. Joab mismo encabezó esas tropas.

11. Tú me ayudarás.

Luchando a corta distancia, las fuerzas de Joab y Abisai estaban en una posición conveniente para ayudarse mutuamente, lo que no sucedía con los enemigos. Los dos hermanos sabían que podían depender el uno del otro, y si su situación se tornaba demasiado difícil, cada uno sabía que podía recibir ayuda inmediatamente.

12. Esfuérzate.

La situación demandaba valor. Estaba en juego la existencia del reino de Israel. Un decidido y poderoso enemigo estaba en orden de batalla contra ellos. Joab demostró gran osadía al colocar a sus hombres entre los dos ejércitos de sus enemigos, donde podía ser rodeado fácilmente, y entonces emprendió dos ataques simultáneos.

De nuestro Dios.

Se trataba de la causa del Señor. Israel era el pueblo de Dios, y Palestina era la tierra de Dios. Esta era la tierra que Dios había prometido darle. Israel reñía la batalla del Señor.

14. Huyeron también ellos.

El valor de los amonitas no fue mayor que la fuerza de sus aliados. Si los sirios hubiesen vencido, entonces los amonitas habrían avanzado contra Abisai; pero cuando huyeron los sirios, su valor también los abandonó, y con él sus esperanzas de victoria.

En la ciudad.

La razón para ubicarse delante de la puerta de la ciudad, probablemente fue que tuvieran donde retirarse en caso de un revés. En tales condiciones y con un espíritu tal, no podían esperar hacer lo máximo posible.

Se volvió, pues, Joab.

Joab no pudo sacar más partido de su victoria. Los sirios, con sus jinetes y carros fácilmente podían escapar, en tanto que los amonitas podían encontrar refugio dentro de su ciudad. Tan sólo un largo y costoso asedio podría hacer que se sometieran. Parece que David no estaba preparado para esto.

15. Se volvieron a reunir.

La victoria de Joab no terminó con el conflicto. La retirada de las fuerzas de Israel a Jerusalén dio al enemigo ocasión de reanudar la guerra.

16. Hadad-ezer.

Rey de Soba (ver com. cap. 8: 3).

Eufrates.

El rey sirio estaba molesto por la derrota que habían sufrido sus tropas, y entonces prosiguió la lucha por su propia cuenta. Antes los sirios habían entrado en el conflicto tan sólo como mercenarios, pero ahora resolvieron luchar para recuperar su prestigio perdido. La influencia de Hadad-ezer se extendía más allá del Eufrates, dentro del territorio que posteriormente fue asirio sin ninguna duda, y de allí consiguió fuerzas adicionales para reforzarse contra Israel.

Helam.

Una ciudad un poco al este del Jordán (vers. 17), pero cuya ubicación exacta no se conoce. Es posible que se la identifique con Alemá (1 Mac. 5: 26, BJ), ahora 'Alma , en el distrito de Haurán, al este de Galilea, o con Elamun sobre el Jaboc.

17. Reunió a todo Israel.

Esta fue la crisis más grave del reinado de David. Israel corría el peligro de ser destruido. Satanás estaba influyendo en las naciones circunvecinas para que atacaran a fin de destruir a Israel. Para hacer frente a la situación, David en persona comandó sus tropas y reunió toda la fuerza de la nación.

18. Cuarenta mil hombres de a caballo.

En 1 Crón. 19: 18 dice: "cuarenta mil hombres de a pie" . En esencia, no hay una contradicción, pues tanto los jinetes cómo los infantes estuvieron incluidos entre los muertos. El escritor de Samuel pone el énfasis en la caballería, pero los cronistas lo hacen en la infantería. Las dos fuerzas estuvieron presentes, y ambas eran esenciales. Fue una derrota aplastante de la cual no se recobraron los enemigos de David durante el resto de su reinado, ni durante el de Salomón.

Hirió también a Sobac.

En aquellos días los comandantes luchaban con sus hombres, exponiéndose a los mismos peligros, y con frecuencia sufrían la misma suerte. De esa manera Acab fue muerto en batalla con los sirios (1 Rey. 22: 34-37) y Josías por Necao de Egipto en Meguido (2 Rey. 23: 29).

19. Los reyes que ayudaban a Hadad-ezer.

Por esta declaración se puede tener una idea del gran poder de Hadad-ezer. Los reyes vasallos que habían estado subordinados a Hadad-ezer transfirieron su obediencia a David y le pagaron tributo. Dios había predicho mediante Abrahán (Gén. 15: 18) y Moisés (Deut. 11: 24) que el dominio de Israel se extendería hasta el Eufrates, y entonces se cumplieron esas profecías. Israel se había convertido en una nación poderosa que iba a ser tenida en cuenta por las naciones vecinas. Los países que se habían alineado contra Israel habían sido derribados, y los esfuerzos para aplastar a David tan sólo sirvieron para aumentar su poder y prestigio. No puede prosperar ninguna arma dirigida contra Dios o contra su pueblo. Puede haber períodos de pruebas y dificultades, pero la causa de Dios surgirá victoriosa de cada uno.

Los sirios temieron.

David tuvo éxito porque confió en un poder superior al humano. Amón había buscado la ayuda de Siria, pero David la había buscado de Dios. A veces el pueblo de Dios quizá piense que debe depender de poderes e influencias mundanales a fin de cumplir con éxito sus tareas; pero con frecuencia desbarata sus mismos propósitos mediante impías alianzas con el mundo. Cuando Israel al principio hizo frente a la gran coalición de poderes alineados contra él, muchos se llenaron de temor, pero cuando terminó el conflicto, los enemigos de Israel eran los que tenían razón para temer. Los sirios descubrieron que al esforzarse para ayudar a Amón contra Israel, estaban empeñados en una lucha sin esperanza, pues batallaban contra Dios.

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