Comentario Bíblico Adventista 2 Samuel capítulo 12
1. Envió a Natán.
" Con el correr del tiempo se descubrió el pecado de David. Se supo que era el padre del niño que tuvo Betsabé, y surgieron sospechas de que él era quien había provocado la muerte de Urías (ver PP 779). David no sólo era el gobernante civil de su pueblo sino también el "ungido de Jehová", el que presidía la teocracia, caudillo del pueblo escogido de Dios y el que debía sostener y poner en vigencia la ley de Jehová. Con su pecado, David había provocado un baldón y una deshonra para el nombre del Señor; por lo tanto, Dios envió a Natán con su mensaje de reproche para que el descarriado rey se diera cuenta de la magnitud de su crimen y se arrepintiera. "
Había dos hombres.
" La alegoría fue hábilmente preparada para despertar la indignación de David, y para que así pronunciara una sentencia sobre el delito que había cometido. "
" La presentación del mensaje requirió habilidad y valor. A menos que el reproche conmoviera profundamente al rey, podría provocar la muerte del reprensor. "
3. Una sola corderita.
" Los detalles fueron hábilmente presentados como para despertar simpatía hacia el dueño de la corderita e indignación contra la acción del hombre empedernido que se rebajó hasta el punto de aprovecharse de su prójimo. A fin de ser más eficaz, el relato fue sumamente realista. Todavía hoy se encuentran en Siria hogares donde se tratan las ovejas con mucho afecto. "
5. Se encendió.
" A pesar de su pecado, David conservaba un sentido innato de justicia, y prestamente dio su veredicto. Con un solemne juramento pronunció la condenación del hombre; pero lo que en realidad había hecho era condenarse a sí mismo. "
6. Con cuatro tantos.
" Correspondía con la ley de Moisés (Exo. 22: l; cf. Luc. 19: 8). Algunos manuscritos de la LXX dicen aquí "séptuplo" " lo que concuerda con Prov. 6: 31.
7. Tú eres aquel hombre.
David, el juez, había condenado a muerte a David el transgresor. No podía contradecir su propio fallo porque él mismo había pronunciado la sentencia. Hubiera sido inútil alegar que los hechos, tal como fueron presentados, no correspondían con el crimen cometido. En realidad, el acto cometido por David era mucho más grave que aquel por el cual había pronunciado la sentencia de muerte.
No tenía excusa David. Sabía que había pecado y que la sentencia era justa. A pesar de la magnitud de su crimen aún no tenía muerta la conciencia. Durante un tiempo había logrado encubrir su crimen ante los ojos de los hombres, pero no pudo ocultarlo de Dios. Mediante una cadena de circunstancias el Señor le permitió que captara una vislumbre de la terrible naturaleza del crimen que había cometido, y que pronunciara una sentencia justa contra sí mismo. La resuelta aplicación de la parábola al rey muestra la santa osadía y fidelidad del profeta de Dios. Ese reproche directo podría haberle costado la vida, pero no vaciló en cumplir su deber.
La osadía y prontitud de las palabras de Natán conmovieron a David, y lo hicieron despertar del hechizo maligno que sus crímenes le habían provocado. En el fondo, David era un hombre bueno que se esforzaba por obedecer al Señor. Pero se había rendido a la 651 tentación, y al tratar de encubrir su falta se había entrampado cada vez más en la red del mal. Por un tiempo su entendimiento estuvo como ofuscado por un delirio de poder, prosperidad y perfidia. Ahora volvió en sí súbitamente.
8. Las mujeres de tu señor.
Aquí Natán se refiere a la costumbre oriental de dar a un nuevo rey el harén de su predecesor. La Biblia menciona una sola esposa de Saúl (1 Sam. 14: 50) y una concubina (2 Sam. 3: 7) que fue tomada por Abner. El registro no indica que David en realidad hubiera tomado para sí ninguna mujer que hubiese pertenecido a Saúl, pero por lo menos se lo permitía la costumbre, y -por el momento- Dios no se interpuso a tal proceder (ver Mat. 19: 4- 9; ver com. Deut. 14: 26).
9. Tuviste en poco la palabra.
"Has menospreciado a Yahveh" (BJ). David era el gobernante de Israel divinamente nombrado. Sobre él descansaba la responsabilidad de defender la ley de Dios y enseñar a la nación a que obedeciera sus preceptos. Mediante su ejemplo había despreciado la ley de Dios y fomentado en su pueblo el desdén por sus preceptos. El rey, que debería haber provocado terror en los obradores de maldad, los había alentado en su mal proceder. Había resultado infiel en las solemnes responsabilidades que Dios le había confiado.
A Urías heteo heriste.
"Matando a espada Urías" (BJ). Al ordenar la muerte de éste mediante los amonitas, David era culpable de la sangre de su digno oficial como si lo hubiera muerto con su propia espada. Dios mismo acusó a David de asesinato, y no podía escaparse de ese veredicto.
Tomaste por mujer a su mujer.
David no tenía derecho a Betsabé. Ella era la legítima esposa de Urías. Al matar a éste y luego tomar a su esposa, David cometió una falta que, a través de los siglos, ha dado a los enemigos del Señor un motivo para blasfemar y reprochar el santo nombre de Dios.
10. No se apartará jamás.
Así como David había tratado a otros, sería tratado también él. Las compuertas del mal que había abierto David sumergirían a su posteridad en desgracias y calamidades.
Me menospreciaste.
El crimen de David consistía no sólo en el mal que había hecho a Urías, sino también en la falta que había cometido contra Dios. El Señor había colocado a David en su trono y le había prometido el reino a él y a su descendencia para siempre. Sin embargo, y a pesar de todo esto, David había cometido la falta de menospreciar a Aquel que había sido tan bueno con él.
11. Haré levantar el mal.
Estas palabras no deben interpretarse como que Dios sería el instigador u originador del mal aquí predicho (ver PP 787, 799). En el crimen de Amnón contra su hermana Tamar (cap. 13) y en la rebelión de Absalón (caps. 15 a 19), David probaría algo de los amargos frutos de su pecado y los resultados de su incapacidad para regir o inspirar a sus hijos.
A tu prójimo.
Ver cap. 16: 22. Esta fue otra predicción de los resultados del pecado de David. Aquí se presenta a Dios -como frecuentemente se lo describe- como si hiciera lo que no impide.
12. Delante de todo Israel.
Ver cap. 16: 22. El castigo había de ser tan manifiesto como secreto había sido el pecado.
13. Pequé.
El contexto muestra que estas palabras fueron pronunciadas con sinceridad. El reproche de Natán había hecho un impacto directo en David, y éste humildemente confesó que era pecador. En el Sal. 51, escrito en este tiempo, David no sólo reconoció su pecado y pidió perdón, sino que imploró a Dios que creara en él un corazón limpio y renovara un espíritu recto dentro de él (Sal. 51: 2, 3, 10). El Sal. 32 pudo también haberse originado durante esta crisis (ver PP 784-786).
Ha remitido tu pecado.
"Perdona tu pecado" (BJ). Estas palabras pueden reanimar a todo pecador, pues muestran que el Señor está dispuesto a perdonar por grande que sea la transgresión. Pocos han sido culpables de un acto más vil, una ingratitud mayor, un egoísmo más intenso y brutal como lo fue David cuando mandó asesinar a Urías. Sin embargo, cuando reconoció sinceramente su pecado, el Señor prontamente le concedió el perdón y lo restauró a la gracia divina. Al mismo tiempo, una conducta como la de David está llena de un grave peligro. El arrepentimiento implica un cambio en la disposición básica del pecador para con el pecado. Generalmente, los hombres pecan porque desean hacerlo. Esto hace difícil que sientan pesar por un pecado que han planeado deliberadamente y han llevado a cabo de propósito. Sólo podrán hallar el arrepentimiento 652 cuando estén dispuestos a cambiar por completo sus conceptos y su conducta y, con la ayuda de Dios, a desarraigar de su naturaleza el mal que ocasionó su transgresión. Cualquiera que sólo tenga interés en recibir perdón por la transgresión pasada mientras que hace planes para repetir su pecado, es insincero y busca en vano el perdón.
14. Blasfemar.
Aunque el Señor perdonó el pecado de David, eso no puso fin a su influencia para el mal. Más de un escéptico, haciendo resaltar este caso, ha blasfemado el nombre de Dios y ha arrojado un baldón sobre la iglesia.
Ciertamente morirá.
David había pronunciado la sentencia: "el que tal hizo es digno de muerte" (vers. 5). Debido a su propia sentencia, David era quien debía morir; pero en lugar de esto, Dios decretó que muriera el hijo de su pecado (ver PP 781). Para David la muerte del niño sería un castigo mucho mayor que su propia muerte. Como resultado de la amarga experiencia por la cual pasaría, David iba a ser inducido a una medida plena de arrepentimiento y conversión.
16. Rogó a Dios.
Aun después de pronunciar la sentencia, a veces Dios ha creído conveniente poner de lado el castigo en respuesta a un sincero arrepentimiento y a las peticiones fervientes elevadas a él (Exo. 32: 9-14; cf. Jon. 3: 4-10). David sabía que Dios era " "misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad" " (Exo. 34: 6). Por lo tanto, imploró fervientemente perdón y que se salvara la vida del niño, lo cual no implica que rehusara someterse a la voluntad divina. Tan sólo esperaba que la misericordia de Dios salvara al niño.
20. Entonces David se levantó.
La muerte del niño fue la solemne respuesta de Dios a la ferviente súplica del padre; no fue una respuesta favorable, pero David se sometió humildemente a la voluntad divina. Cuando la respuesta del cielo es contraria a nuestra súplica, debemos recordar que Dios sabe lo que es mejor y que por alguna razón, con frecuencia desconocida para nosotros, él ve que no es lo mejor prolongar la vida del que está enfermo.
21. ¿Qué es esto?
La conducta de David fue rara para sus siervos. Esperaban que expresara su más profundo dolor ante la muerte del niño, pero dejó de ayunar y pidió que le sirviesen pan.
23. ¿Para qué he de ayunar?
Estas palabras describen la resignación de David ante la voluntad de Dios y su comprensión del estado de los muertos. Después de que el niño había muerto, no había nada más que pudiera hacer en ese asunto, y humildemente aceptó lo inevitable.
Yo voy a él.
Los hebreos decían, en forma figurada, que los muertos dormían en una región llamada she'ol . Esta palabra ha sido traducida como "sepulcro" o transliterada como "seol" en la RVR. En la RVA, se tradujo "infierno" en lugar de "seol" . La traducción de "infierno" es desafortunada, pues she'ol no tiene ninguna relación con torturas o con un estado consciente. El que moría a veces era representado como que iba a dormir con sus padres (2 Sam. 7: 12; 1 Rey. 1: 21; 2: 10), o que se había reunido con sus padres (2 Rey. 22: 20). Con esa expresión David quiso decir que él se uniría con su hijo en la muerte, pero que su hijo no volvería a la tierra de los vivos.
24. Salomón.
El nombre quizá signifique "pacífico". Salomón debía heredar el reino, lo cual lo haría un antecesor del Mesías. La vida de David había sido belicosa. La de Salomón debía ser pacífica.
25. Jedidías.
Literalmente, "amado de Jehová". David había pecado, pero Dios lo había perdonado. Dios todavía lo amaba como también al hijo nacido de Betsabé. ¡Cuán misericordioso es nuestro Dios!
26. Contra Rabá.
El relato de la forma en que Joab cercó a Rabá (cap. 11: 1) había sido interrumpido por la narración de lo que sucedió a David con Betsabé. Ahora se prosigue el relato del cerco de la ciudad capital de Amón. La narración del adulterio de David con Betsabé y del asesinato de Urías (2 Sam. 11: 2 a 12: 25) no está registrado en Crónicas.
27. La ciudad de las aguas.
Rabá estaba situada en el angosto valle del río Jaboc superior. La ciudadela estaba sobre un farallón; era evidentemente una ciudad amurallada, separada de la ciudad más baja. Esta ciudad más baja era llamada "la ciudad de las aguas", quizá por una vertiente que de allí fluía al río. Cuando Joab tomó la ciudad inferior, la pérdida del abastecimiento de agua hizo que no fuera posible que los defensores retuvieran por mucho tiempo la ciudad más alta.
En los tiempos del NT esta ciudad se llamaba Filadelfia (no debe confundirse con la ciudad del Asia Menor del mismo nombre, Apoc. 1: 11). El nombre moderno es Ammán, la capital de Transjordania -como se llamó después de la Primera Guerra Mundial-, y más tarde la capital del nuevo reino de Jordania.
28. Acampa contra la ciudad.
Prácticamente había terminado el asedio de Rabá. Ya había caído la parte más importante de la ciudad y era evidente que el resto pronto estaría en poder de los israelitas. Amablemente Joab invitó a David que se presentara con el resto de las fuerzas de Israel, para que el rey tomara la ciudad en persona y recibiera la gloria de su captura.
De mi nombre.
Cuando David tomó a Jerusalén, recibió el nombre de "ciudad de David" (cap. 5: 7, 9). Parece que Joab tenía el plan de que Rabá, después de su captura, no recibiera su nombre sino el de David.
29. Todo el pueblo.
Joab había propuesto una convocación general de todo el pueblo para cuando se tomara Rabá (vers. 28). David accedió a esa propuesta, y se presentó en persona para la toma final de la ciudad. Puesto que su caída era segura, el que se reuniera toda la fuerza de la nación parece haber sido para satisfacer un deseo y no para llenar una necesidad.
30. La corona ... de su rey.
Las mismas consonantes hebreas que aquí forman las palabras "su rey", también forman el nombre Milcom, el dios nacional de los amonitas (Sof. 1: 5). Por eso algunos creen que la corona tomada por David fue la del ídolo y no la del rey, puesto que la corona parece haber sido demasiado pesada para que la llevara un hombre. Un talento representa más o menos 34 kg.
Piedras preciosas.
Literalmente, "una piedra de preciosidad".
Puesta sobre la cabeza de David.
La gramática de este pasaje nos permite deducir que la corona o la piedra preciosa fue puesta sobre la cabeza de David. Una corona de tanto peso no podría haber sido llevada durante ningún lapso ni tampoco haber sido ostentada en ocasiones comunes. La corona quizá fue colocada por un momento sobre la cabeza de David como un símbolo de triunfo, o se sacó la piedra de la corona para ponerla en la corona de David. De todos modos, el acto significaba la soberanía de David sobre los amonitas.
31. Los puso a trabajar con sierras.
Si bien el texto de la RVA, tanto en este pasaje como en 1 Crón. 20: 3, da la impresión de que David hizo torturar a los prisioneros amonitas (ver com. 1 Crón. 20: 3), lo que habría estado en armonía con las crueles costumbres de ese tiempo, tanto la RVR como la BJ indican que los obligó a trabajar usando sierras y otras herramientas; esto también correspondería con el carácter noble de David.
CBA T2
" Con el correr del tiempo se descubrió el pecado de David. Se supo que era el padre del niño que tuvo Betsabé, y surgieron sospechas de que él era quien había provocado la muerte de Urías (ver PP 779). David no sólo era el gobernante civil de su pueblo sino también el "ungido de Jehová", el que presidía la teocracia, caudillo del pueblo escogido de Dios y el que debía sostener y poner en vigencia la ley de Jehová. Con su pecado, David había provocado un baldón y una deshonra para el nombre del Señor; por lo tanto, Dios envió a Natán con su mensaje de reproche para que el descarriado rey se diera cuenta de la magnitud de su crimen y se arrepintiera. "
Había dos hombres.
" La alegoría fue hábilmente preparada para despertar la indignación de David, y para que así pronunciara una sentencia sobre el delito que había cometido. "
" La presentación del mensaje requirió habilidad y valor. A menos que el reproche conmoviera profundamente al rey, podría provocar la muerte del reprensor. "
3. Una sola corderita.
" Los detalles fueron hábilmente presentados como para despertar simpatía hacia el dueño de la corderita e indignación contra la acción del hombre empedernido que se rebajó hasta el punto de aprovecharse de su prójimo. A fin de ser más eficaz, el relato fue sumamente realista. Todavía hoy se encuentran en Siria hogares donde se tratan las ovejas con mucho afecto. "
5. Se encendió.
" A pesar de su pecado, David conservaba un sentido innato de justicia, y prestamente dio su veredicto. Con un solemne juramento pronunció la condenación del hombre; pero lo que en realidad había hecho era condenarse a sí mismo. "
6. Con cuatro tantos.
" Correspondía con la ley de Moisés (Exo. 22: l; cf. Luc. 19: 8). Algunos manuscritos de la LXX dicen aquí "séptuplo" " lo que concuerda con Prov. 6: 31.
7. Tú eres aquel hombre.
David, el juez, había condenado a muerte a David el transgresor. No podía contradecir su propio fallo porque él mismo había pronunciado la sentencia. Hubiera sido inútil alegar que los hechos, tal como fueron presentados, no correspondían con el crimen cometido. En realidad, el acto cometido por David era mucho más grave que aquel por el cual había pronunciado la sentencia de muerte.
No tenía excusa David. Sabía que había pecado y que la sentencia era justa. A pesar de la magnitud de su crimen aún no tenía muerta la conciencia. Durante un tiempo había logrado encubrir su crimen ante los ojos de los hombres, pero no pudo ocultarlo de Dios. Mediante una cadena de circunstancias el Señor le permitió que captara una vislumbre de la terrible naturaleza del crimen que había cometido, y que pronunciara una sentencia justa contra sí mismo. La resuelta aplicación de la parábola al rey muestra la santa osadía y fidelidad del profeta de Dios. Ese reproche directo podría haberle costado la vida, pero no vaciló en cumplir su deber.
La osadía y prontitud de las palabras de Natán conmovieron a David, y lo hicieron despertar del hechizo maligno que sus crímenes le habían provocado. En el fondo, David era un hombre bueno que se esforzaba por obedecer al Señor. Pero se había rendido a la 651 tentación, y al tratar de encubrir su falta se había entrampado cada vez más en la red del mal. Por un tiempo su entendimiento estuvo como ofuscado por un delirio de poder, prosperidad y perfidia. Ahora volvió en sí súbitamente.
8. Las mujeres de tu señor.
Aquí Natán se refiere a la costumbre oriental de dar a un nuevo rey el harén de su predecesor. La Biblia menciona una sola esposa de Saúl (1 Sam. 14: 50) y una concubina (2 Sam. 3: 7) que fue tomada por Abner. El registro no indica que David en realidad hubiera tomado para sí ninguna mujer que hubiese pertenecido a Saúl, pero por lo menos se lo permitía la costumbre, y -por el momento- Dios no se interpuso a tal proceder (ver Mat. 19: 4- 9; ver com. Deut. 14: 26).
9. Tuviste en poco la palabra.
"Has menospreciado a Yahveh" (BJ). David era el gobernante de Israel divinamente nombrado. Sobre él descansaba la responsabilidad de defender la ley de Dios y enseñar a la nación a que obedeciera sus preceptos. Mediante su ejemplo había despreciado la ley de Dios y fomentado en su pueblo el desdén por sus preceptos. El rey, que debería haber provocado terror en los obradores de maldad, los había alentado en su mal proceder. Había resultado infiel en las solemnes responsabilidades que Dios le había confiado.
A Urías heteo heriste.
"Matando a espada Urías" (BJ). Al ordenar la muerte de éste mediante los amonitas, David era culpable de la sangre de su digno oficial como si lo hubiera muerto con su propia espada. Dios mismo acusó a David de asesinato, y no podía escaparse de ese veredicto.
Tomaste por mujer a su mujer.
David no tenía derecho a Betsabé. Ella era la legítima esposa de Urías. Al matar a éste y luego tomar a su esposa, David cometió una falta que, a través de los siglos, ha dado a los enemigos del Señor un motivo para blasfemar y reprochar el santo nombre de Dios.
10. No se apartará jamás.
Así como David había tratado a otros, sería tratado también él. Las compuertas del mal que había abierto David sumergirían a su posteridad en desgracias y calamidades.
Me menospreciaste.
El crimen de David consistía no sólo en el mal que había hecho a Urías, sino también en la falta que había cometido contra Dios. El Señor había colocado a David en su trono y le había prometido el reino a él y a su descendencia para siempre. Sin embargo, y a pesar de todo esto, David había cometido la falta de menospreciar a Aquel que había sido tan bueno con él.
11. Haré levantar el mal.
Estas palabras no deben interpretarse como que Dios sería el instigador u originador del mal aquí predicho (ver PP 787, 799). En el crimen de Amnón contra su hermana Tamar (cap. 13) y en la rebelión de Absalón (caps. 15 a 19), David probaría algo de los amargos frutos de su pecado y los resultados de su incapacidad para regir o inspirar a sus hijos.
A tu prójimo.
Ver cap. 16: 22. Esta fue otra predicción de los resultados del pecado de David. Aquí se presenta a Dios -como frecuentemente se lo describe- como si hiciera lo que no impide.
12. Delante de todo Israel.
Ver cap. 16: 22. El castigo había de ser tan manifiesto como secreto había sido el pecado.
13. Pequé.
El contexto muestra que estas palabras fueron pronunciadas con sinceridad. El reproche de Natán había hecho un impacto directo en David, y éste humildemente confesó que era pecador. En el Sal. 51, escrito en este tiempo, David no sólo reconoció su pecado y pidió perdón, sino que imploró a Dios que creara en él un corazón limpio y renovara un espíritu recto dentro de él (Sal. 51: 2, 3, 10). El Sal. 32 pudo también haberse originado durante esta crisis (ver PP 784-786).
Ha remitido tu pecado.
"Perdona tu pecado" (BJ). Estas palabras pueden reanimar a todo pecador, pues muestran que el Señor está dispuesto a perdonar por grande que sea la transgresión. Pocos han sido culpables de un acto más vil, una ingratitud mayor, un egoísmo más intenso y brutal como lo fue David cuando mandó asesinar a Urías. Sin embargo, cuando reconoció sinceramente su pecado, el Señor prontamente le concedió el perdón y lo restauró a la gracia divina. Al mismo tiempo, una conducta como la de David está llena de un grave peligro. El arrepentimiento implica un cambio en la disposición básica del pecador para con el pecado. Generalmente, los hombres pecan porque desean hacerlo. Esto hace difícil que sientan pesar por un pecado que han planeado deliberadamente y han llevado a cabo de propósito. Sólo podrán hallar el arrepentimiento 652 cuando estén dispuestos a cambiar por completo sus conceptos y su conducta y, con la ayuda de Dios, a desarraigar de su naturaleza el mal que ocasionó su transgresión. Cualquiera que sólo tenga interés en recibir perdón por la transgresión pasada mientras que hace planes para repetir su pecado, es insincero y busca en vano el perdón.
14. Blasfemar.
Aunque el Señor perdonó el pecado de David, eso no puso fin a su influencia para el mal. Más de un escéptico, haciendo resaltar este caso, ha blasfemado el nombre de Dios y ha arrojado un baldón sobre la iglesia.
Ciertamente morirá.
David había pronunciado la sentencia: "el que tal hizo es digno de muerte" (vers. 5). Debido a su propia sentencia, David era quien debía morir; pero en lugar de esto, Dios decretó que muriera el hijo de su pecado (ver PP 781). Para David la muerte del niño sería un castigo mucho mayor que su propia muerte. Como resultado de la amarga experiencia por la cual pasaría, David iba a ser inducido a una medida plena de arrepentimiento y conversión.
16. Rogó a Dios.
Aun después de pronunciar la sentencia, a veces Dios ha creído conveniente poner de lado el castigo en respuesta a un sincero arrepentimiento y a las peticiones fervientes elevadas a él (Exo. 32: 9-14; cf. Jon. 3: 4-10). David sabía que Dios era " "misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad" " (Exo. 34: 6). Por lo tanto, imploró fervientemente perdón y que se salvara la vida del niño, lo cual no implica que rehusara someterse a la voluntad divina. Tan sólo esperaba que la misericordia de Dios salvara al niño.
20. Entonces David se levantó.
La muerte del niño fue la solemne respuesta de Dios a la ferviente súplica del padre; no fue una respuesta favorable, pero David se sometió humildemente a la voluntad divina. Cuando la respuesta del cielo es contraria a nuestra súplica, debemos recordar que Dios sabe lo que es mejor y que por alguna razón, con frecuencia desconocida para nosotros, él ve que no es lo mejor prolongar la vida del que está enfermo.
21. ¿Qué es esto?
La conducta de David fue rara para sus siervos. Esperaban que expresara su más profundo dolor ante la muerte del niño, pero dejó de ayunar y pidió que le sirviesen pan.
23. ¿Para qué he de ayunar?
Estas palabras describen la resignación de David ante la voluntad de Dios y su comprensión del estado de los muertos. Después de que el niño había muerto, no había nada más que pudiera hacer en ese asunto, y humildemente aceptó lo inevitable.
Yo voy a él.
Los hebreos decían, en forma figurada, que los muertos dormían en una región llamada she'ol . Esta palabra ha sido traducida como "sepulcro" o transliterada como "seol" en la RVR. En la RVA, se tradujo "infierno" en lugar de "seol" . La traducción de "infierno" es desafortunada, pues she'ol no tiene ninguna relación con torturas o con un estado consciente. El que moría a veces era representado como que iba a dormir con sus padres (2 Sam. 7: 12; 1 Rey. 1: 21; 2: 10), o que se había reunido con sus padres (2 Rey. 22: 20). Con esa expresión David quiso decir que él se uniría con su hijo en la muerte, pero que su hijo no volvería a la tierra de los vivos.
24. Salomón.
El nombre quizá signifique "pacífico". Salomón debía heredar el reino, lo cual lo haría un antecesor del Mesías. La vida de David había sido belicosa. La de Salomón debía ser pacífica.
25. Jedidías.
Literalmente, "amado de Jehová". David había pecado, pero Dios lo había perdonado. Dios todavía lo amaba como también al hijo nacido de Betsabé. ¡Cuán misericordioso es nuestro Dios!
26. Contra Rabá.
El relato de la forma en que Joab cercó a Rabá (cap. 11: 1) había sido interrumpido por la narración de lo que sucedió a David con Betsabé. Ahora se prosigue el relato del cerco de la ciudad capital de Amón. La narración del adulterio de David con Betsabé y del asesinato de Urías (2 Sam. 11: 2 a 12: 25) no está registrado en Crónicas.
27. La ciudad de las aguas.
Rabá estaba situada en el angosto valle del río Jaboc superior. La ciudadela estaba sobre un farallón; era evidentemente una ciudad amurallada, separada de la ciudad más baja. Esta ciudad más baja era llamada "la ciudad de las aguas", quizá por una vertiente que de allí fluía al río. Cuando Joab tomó la ciudad inferior, la pérdida del abastecimiento de agua hizo que no fuera posible que los defensores retuvieran por mucho tiempo la ciudad más alta.
En los tiempos del NT esta ciudad se llamaba Filadelfia (no debe confundirse con la ciudad del Asia Menor del mismo nombre, Apoc. 1: 11). El nombre moderno es Ammán, la capital de Transjordania -como se llamó después de la Primera Guerra Mundial-, y más tarde la capital del nuevo reino de Jordania.
28. Acampa contra la ciudad.
Prácticamente había terminado el asedio de Rabá. Ya había caído la parte más importante de la ciudad y era evidente que el resto pronto estaría en poder de los israelitas. Amablemente Joab invitó a David que se presentara con el resto de las fuerzas de Israel, para que el rey tomara la ciudad en persona y recibiera la gloria de su captura.
De mi nombre.
Cuando David tomó a Jerusalén, recibió el nombre de "ciudad de David" (cap. 5: 7, 9). Parece que Joab tenía el plan de que Rabá, después de su captura, no recibiera su nombre sino el de David.
29. Todo el pueblo.
Joab había propuesto una convocación general de todo el pueblo para cuando se tomara Rabá (vers. 28). David accedió a esa propuesta, y se presentó en persona para la toma final de la ciudad. Puesto que su caída era segura, el que se reuniera toda la fuerza de la nación parece haber sido para satisfacer un deseo y no para llenar una necesidad.
30. La corona ... de su rey.
Las mismas consonantes hebreas que aquí forman las palabras "su rey", también forman el nombre Milcom, el dios nacional de los amonitas (Sof. 1: 5). Por eso algunos creen que la corona tomada por David fue la del ídolo y no la del rey, puesto que la corona parece haber sido demasiado pesada para que la llevara un hombre. Un talento representa más o menos 34 kg.
Piedras preciosas.
Literalmente, "una piedra de preciosidad".
Puesta sobre la cabeza de David.
La gramática de este pasaje nos permite deducir que la corona o la piedra preciosa fue puesta sobre la cabeza de David. Una corona de tanto peso no podría haber sido llevada durante ningún lapso ni tampoco haber sido ostentada en ocasiones comunes. La corona quizá fue colocada por un momento sobre la cabeza de David como un símbolo de triunfo, o se sacó la piedra de la corona para ponerla en la corona de David. De todos modos, el acto significaba la soberanía de David sobre los amonitas.
31. Los puso a trabajar con sierras.
Si bien el texto de la RVA, tanto en este pasaje como en 1 Crón. 20: 3, da la impresión de que David hizo torturar a los prisioneros amonitas (ver com. 1 Crón. 20: 3), lo que habría estado en armonía con las crueles costumbres de ese tiempo, tanto la RVR como la BJ indican que los obligó a trabajar usando sierras y otras herramientas; esto también correspondería con el carácter noble de David.
CBA T2

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