Comentario Bíblico Adventista 2 Samuel capítulo 15
1. Carros y caballos.
Absalón tramaba en secreto para lograr la corona. A fin de impresionar al pueblo, procedió en la forma que pensó que era más adecuada para el heredero del trono. Compárese con Adonías, que siguió el mismo camino cuando "se rebeló" con el fin de ocupar el trono (1 Rey. 1: 5; ver también 1 Sam. 8: 11).
Cincuenta hombres que corriesen delante de él.
Una guardia personal del príncipe. De esa manera Absalón parecía presentar su demanda a heredar el trono. Esto equivalía a proclamar públicamente que él se consideraba segundo después del rey.
2. La puerta.
La puerta de la ciudad era el lugar donde se realizaban los asuntos públicos y donde estaban los jueces para administrar justicia (ver com. Gén. 19: 1).
Venía al rey.
La gente acostumbraba ir al rey en procura de un fallo, pero la justicia era lenta. La preocupación de David con sus dificultades, su vacilación para ser firme en reprochar el mal, evidentemente se manifestaban en su administración de los asuntos públicos. Además, Absalón buscaba la simpatía del pueblo, por lo cual se exhibía ante él y le ofrecía su tiempo y sus buenos oficios.
¿De qué ciudad?
El príncipe era un hábil político. Haciendo preguntas demostraba que en realidad se interesaba en el pueblo y dejaba la impresión de que era un amigo personal.
De una de las tribus.
Nosotros diríamos: "De la tribu tal y tal". Por supuesto, en cada caso el individuo mencionaba la tribu correspondiente.
3. Buenas y justas.
Cada uno recibía un veredicto favorable, y así se sentía inducido a cantar las alabanzas de Absalón por todo el país.
No tienes quien te oiga.
Esta era una insinuación de que el rey era descuidado e indiferente en la administración de la justicia. Por supuesto que el propósito era suscitar en el pueblo un sentimiento de agravio e insatisfacción al censurar al rey por negligencia en el desempeño de sus responsabilidades públicas, y sugerir que el remedio para ese estado de cosas tan poco satisfactorio consistiría en poner como rey a Absalón.
4. Me pusiera por juez.
Absalón se recubría con una apariencia de benignidad y de justa indignación ante el triste estado de las cosas. Si tan sólo él fuera juez, el pueblo no se sentiría privado de sus derechos, pues él procuraría que se remediara rápidamente la situación. Cada motivo de queja lo aprovechaba a su favor y lo dirigía contra el rey. En cada oportunidad expresaba sus simpatías y su pesar ante la ineficacia de la administración, y suferviente deseo de arreglar las cosas.
5. Lo besaba.
Absalón empleaba cada artimaña posible para ganar el corazón del pueblo. Mediante su afabilidad y suma cortesía, y con un fingido afecto, hacía que la gente pensara que en realidad se interesaba en su bienestar, y que si llegaba a ser rey, su administración sería de tal naturaleza que aseguraría a cada individuo el goce pleno de sus derechos.
6. De esta manera.
Absalón logró crear un descontento general contra el gobierno de David. El voluble populacho no percibió su maniobra.
Robaba Absalón el corazón.
El medio empleado era fraudulento e injusto. Absalón engañaba al pueblo a sabiendas, creando suspicacias, descontento y animosidad contra el rey. Por doquiera la gente alababa a Absalón y censuraba al rey. El pueblo deseaba que David abdicara a fin de que Absalón pudiera ocupar el trono.
7. Cuatro años.
Si bien el hebreo dice en este pasaje "cuarenta años", la edición de Luciano de la LXX y la Siriaca traducen aquí "cuatro años" . Esta es también la cifra dada por Josefo ( Antigüedades vii. 9. 1). No es claro el punto donde comienzan estos cuatro años, pero posiblemente fue desde el regreso de Absalón a Jerusalén. De ser así, empleó dos años conspirando para tratar de lograr el trono mediante adulaciones (ver cap. 14: 28).
A pagar mi voto.
Un pedido tal debe haber sido particularmente grato a David; pero era una capa de religiosidad para ocultar los arteros designios de Absalón.
A Hebrón.
El voto había sido hecho, no en Hebrón sino en Gesur (vers. 8), pero debía ser pagado en Hebrón. Este lugar fue bien elegido para la rebelión de Absalón. Allí había nacido (cap. 3: 2, 3) y esta ciudad fue la primera capital de David. Probablemente muchos de los habitantes no se conformaban con el traslado de la capital a Jerusalén, y como ésta era la cuna de Absalón, se prestaba para celebrar allí, como un pretexto muy loable, la gran fiesta ceremonial en cumplimiento del supuesto voto de Absalón.
8. Si Jehová.
Absalón pretendía dar la impresión de que providencialmente Dios le había permitido regresar a Jerusalén a cambio de un voto solemne hecho mientras todavía estaba desterrado en Gesur.
9. Ve en paz.
David, que aún no se había percatado de la estratagema de Absalón, le dio su consentimiento y bendición. Mientras tanto alcanzaban éxito las artimañas engañosas de Absalón. Había logrado que el pueblo creyera que era su amigo y benefactor, y también que David pensara que era un hijo respetuoso. Lo que todavía no preveía era su propio fracaso final y su muerte.
10. Envió Absalón mensajeros.
Fueron enviados agentes secretos a lugares estratégicos de todo el país, para que enviaran mensajes acerca de la conspiración a los que estuvieran a favor de la misma. No se presentan con detalles los minuciosos preparativos de la rebelión, pero es indudable que la conspiración había sido muy bien tramada. Ante determinada señal, los mensajeros que estaban por todo el país debían proclamar la noticia de que la coronación de Absalón era un hecho consumado.
11. Iban en su sencillez.
Los 200 hombres que inocentemente acompañaban a Absalón, quizá eran personajes importantes que ocupaban puestos de influencia. Una vez que llegaran a Hebrón Absalón esperaba ganarlos para su bando, y así podrían ejercer una poderosa influencia a su favor. O si no conseguía su ayuda, podría impedir que lucharan contra él.
12. Ahitofel.
Se había distanciado de David por el mal proceder de éste con Betsabé, nieta de Ahitofel (ver PP 794, 795). Su hijo Eliam (cap. 23: 34) era padre de Betsabé (cap. 11: 3). Sin duda Ahitofel participaba de la conspiración. Bien podría haber jugado un papel importante disturbando la región en torno de Hebrón y asegurándose también de que todo estuviera listo para la coronación de Absalón.
Gilo.
Pueblo a 10,4 km al noroeste de Hebrón (Jos. 15: 51), la moderna Khirbet Jâl~ .
Se hizo poderosa.
Con ocasión de la fiesta se habían hecho los preparativos necesarios. Con la ayuda de Ahitofel la conspiración conseguiría la cooperación de muchos personajes influyentes, y haría que pareciera seguro el éxito de la causa de Absalón. Algunos piensan que el pasaje del Sal. 41: 9 es una alusión a Ahitofel.
14. Huyamos.
La decisión era prudente, pues en ese momento David estaba completamente desprevenido para la crisis. En su gran peligro, David sacudió su letargo e indecisión y pareció recuperar algo de su valor primitivo y rapidez de acción. Los resultados demostraron que esto fue lo más acertado. Tanto Ahitofel (cap. 17: 1, 2) como Husai (cap. 17: 7-13) reconocieron que la demora podría haber sido fatal, y que la mayor esperanza de éxito de Absalón radicaba en proceder prestamente contra David. Al huir, David ganó tiempo para preparar su defensa y el pueblo tuvo oportunidad para meditar en lo que haría. Así se evitaron los horrores de una larga guerra civil y de un prolongado asedio de Jerusalén.
Hiera la ciudad.
David temía que en ese momento no pudiera resistir con éxito en Jerusalén. Podría haber deslealtad dentro de la ciudad, aun quizá dentro de su propia familia, lo que inclinaría la balanza en contra de él. No habría el espíritu de unidad que podría haberse esperado si Jerusalén hubiese sido atacada por un enemigo extranjero. Era su propio hijo el que había realizado el ataque, y sin duda tenía muchos colaboradores dentro de la ciudad.
16. Guardasen la casa.
Lo que indica que David esperaba volver.
17. Un lugar distante.
Literalmente, "la casa de la distancia". Quizá una de las últimas casas antes de cruzar el valle del Cedrón. Algunos piensan que esta expresión se refiere a un nombre propio, y la transliteran "Bet-Merhak". Sin duda era una distancia suficiente como para garantizar cierta seguridad al rey, y darle la oportunidad de descansar y de congregar las fuerzas disponibles.
18. Los cereteos.
Ellos y los peleteos se contaban entre lo más selecto del ejército de David y constituían su guardia personal (2 Sam. 8: 18; 20: 7, 23; 1 Rey. 1: 38, 44; 1 Crón. 18: 17). Quizá eran mercenarios cretenses y filisteos (ver pág. 36, ver también com. 1 Sam. 30: 14; cf. Eze. 25: 16; Sof. 2: 5). Otros, basándose en una tablilla de Ras Shamra, 668 consideran que los cereteos eran cananeos. Estos que estaban con David habían abrazado la religión de Israel y eran sus hombres más leales.
Los geteos.
Estos 600 hombres eran naturales de la ciudad filistea de Gat; se habían unido con David y habían aceptado la religión hebrea. Es evidente que los comandaba Itai (vers.19).
19. ¿Para qué vienes tú?
David tenía verdadero interés por esos extranjeros de Filistea. También ponía a prueba su lealtad. Era esencial que sólo tuviera consigo a aquellos de quienes pudiera depender plenamente. Hasta este momento estos hombres habían demostrado ser leales. Pero estando David empeñado en una guerra civil, pudo no haber estado seguro de que continuarían siendo leales.
20. Tú vuélvete.
Fue bien recompensada la forma en que David cuidó de esos extranjeros. Por haberlos tratado bondadosamente, estuvieron listos para ponerse plenamente de su lado.
21. Para muerte o para vida.
Itai, que era un recién llegado, prometió fidelidad absoluta. No podía pedir más David. Sabía que, si era necesario, esos hombres estaban dispuestos a morir con él. La fidelidad de ltai fue como la de Rut (Rut 1: 16, 17).
24. También iba Sadoc.
Sadoc y Abiatar eran los principales sacerdotes. Cuando huyó David, los sacerdotes hicieron planes para huir con él llevando consigo el arca de Dios. El pueblo se sintió contento por la presencia del arca, pues sabía que la compañía de ese sagrado símbolo aseguraría la presencia y bendición de Dios, y sería así una garantía de la victoria final. Recibió fe y valor, y en cambio los seguidores de Absalón, comprendiendo que el sagrado símbolo no estaba más con ellos, iban a ser sobrecogidos de temor y terror.
Abiatar.
Este es el sacerdote que más tarde, cuando David era viejo, se puso de parte de Adonías y lo ayudó en su empeño de tomar la corona (1 Rey. 1: 7).
25. Vuelve el arca.
David comprendió que el arca sola no aseguraría la victoria. En los días de Elí el arca fue llevada a la batalla contra los filisteos, pero éstos la capturaron y derrotaron a los israelitas (1 Sam. 4: 3-11). David sabía que a menos que él y los suyos fueran de corazón recto, el arca no proporcionaría victoria sino desastre. El lugar del arca estaba en Jerusalén y no con él en su condición de fugitivo.
Si yo hallare gracia.
El secreto del éxito y de la victoria no consistía en la presencia del arca, sino en la obediencia a Dios y en su favor.
26. Lo que bien le pareciera.
David reconocía que había sido culpable de una grave falta contra Dios, y que las dificultades que le sobrevenían eran en parte resultado de sus pecados. Estaba dispuesto a aceptar cualquier castigo que el Señor tuviera para él, pues acataba perfectamente la voluntad de Dios.
27. El vidente.
Un vidente era establecido por Dios para instruir al pueblo (ver com. Gén. 20: 7; cf. 1 Sam. 9: 9).
Vuelve.
Como amigo de David, Sadoc podía servirle mejor allí.
Ahimaas.
Los dos hijos de los sacerdotes podían ser de suma utilidad a David informándolo de lo que sucediera en la ciudad (ver vers. 35, 36).
28. En los vados.
Había vados del Jordán al sureste de Jericó. David esperaría listo para cruzar el río. Sólo había recibido un breve informe de la conspiración, y debía esperar más información para realizar sus planes posteriores.
30. La cabeza cubierta.
Señal de profundo duelo (ver 2 Sam. 19: 4; Est. 6: 12; Jer. 14: 3, 4).
Llorando mientras subían.
Fue un momento oscuro para David y los que lo acompañaban. Habían abandonado sus hogares y huían para salvar la vida. Nadie podía predecir el futuro. Adelante sólo podían ver sombras más densas y mayores dolores.
31. Entorpece.
Ahitofel era un consejero capaz y astuto, pero el Señor es más poderoso que los hombres y puede reducir a la nada el consejo del más sabio.
32. Husai arquita.
La presencia de Husai parece haber sido la respuesta inmediata a la oración de David.
34. Si volvieres.
Husai venía para ponerse de parte de David, pero podría ser más útil si volvía a Jerusalén para ofrecer sus servicios a Absalón, haciendo todo lo posible para contrarrestar el astuto consejo de Ahitofel.
35. En la casa del rey.
Teniendo a Husai, el amigo de David, como consejero al servicio de Absalón, iba a ser posible transmitir a aquél información secreta de una importancia excepcional.
CBA T2
Absalón tramaba en secreto para lograr la corona. A fin de impresionar al pueblo, procedió en la forma que pensó que era más adecuada para el heredero del trono. Compárese con Adonías, que siguió el mismo camino cuando "se rebeló" con el fin de ocupar el trono (1 Rey. 1: 5; ver también 1 Sam. 8: 11).
Cincuenta hombres que corriesen delante de él.
Una guardia personal del príncipe. De esa manera Absalón parecía presentar su demanda a heredar el trono. Esto equivalía a proclamar públicamente que él se consideraba segundo después del rey.
2. La puerta.
La puerta de la ciudad era el lugar donde se realizaban los asuntos públicos y donde estaban los jueces para administrar justicia (ver com. Gén. 19: 1).
Venía al rey.
La gente acostumbraba ir al rey en procura de un fallo, pero la justicia era lenta. La preocupación de David con sus dificultades, su vacilación para ser firme en reprochar el mal, evidentemente se manifestaban en su administración de los asuntos públicos. Además, Absalón buscaba la simpatía del pueblo, por lo cual se exhibía ante él y le ofrecía su tiempo y sus buenos oficios.
¿De qué ciudad?
El príncipe era un hábil político. Haciendo preguntas demostraba que en realidad se interesaba en el pueblo y dejaba la impresión de que era un amigo personal.
De una de las tribus.
Nosotros diríamos: "De la tribu tal y tal". Por supuesto, en cada caso el individuo mencionaba la tribu correspondiente.
3. Buenas y justas.
Cada uno recibía un veredicto favorable, y así se sentía inducido a cantar las alabanzas de Absalón por todo el país.
No tienes quien te oiga.
Esta era una insinuación de que el rey era descuidado e indiferente en la administración de la justicia. Por supuesto que el propósito era suscitar en el pueblo un sentimiento de agravio e insatisfacción al censurar al rey por negligencia en el desempeño de sus responsabilidades públicas, y sugerir que el remedio para ese estado de cosas tan poco satisfactorio consistiría en poner como rey a Absalón.
4. Me pusiera por juez.
Absalón se recubría con una apariencia de benignidad y de justa indignación ante el triste estado de las cosas. Si tan sólo él fuera juez, el pueblo no se sentiría privado de sus derechos, pues él procuraría que se remediara rápidamente la situación. Cada motivo de queja lo aprovechaba a su favor y lo dirigía contra el rey. En cada oportunidad expresaba sus simpatías y su pesar ante la ineficacia de la administración, y suferviente deseo de arreglar las cosas.
5. Lo besaba.
Absalón empleaba cada artimaña posible para ganar el corazón del pueblo. Mediante su afabilidad y suma cortesía, y con un fingido afecto, hacía que la gente pensara que en realidad se interesaba en su bienestar, y que si llegaba a ser rey, su administración sería de tal naturaleza que aseguraría a cada individuo el goce pleno de sus derechos.
6. De esta manera.
Absalón logró crear un descontento general contra el gobierno de David. El voluble populacho no percibió su maniobra.
Robaba Absalón el corazón.
El medio empleado era fraudulento e injusto. Absalón engañaba al pueblo a sabiendas, creando suspicacias, descontento y animosidad contra el rey. Por doquiera la gente alababa a Absalón y censuraba al rey. El pueblo deseaba que David abdicara a fin de que Absalón pudiera ocupar el trono.
7. Cuatro años.
Si bien el hebreo dice en este pasaje "cuarenta años", la edición de Luciano de la LXX y la Siriaca traducen aquí "cuatro años" . Esta es también la cifra dada por Josefo ( Antigüedades vii. 9. 1). No es claro el punto donde comienzan estos cuatro años, pero posiblemente fue desde el regreso de Absalón a Jerusalén. De ser así, empleó dos años conspirando para tratar de lograr el trono mediante adulaciones (ver cap. 14: 28).
A pagar mi voto.
Un pedido tal debe haber sido particularmente grato a David; pero era una capa de religiosidad para ocultar los arteros designios de Absalón.
A Hebrón.
El voto había sido hecho, no en Hebrón sino en Gesur (vers. 8), pero debía ser pagado en Hebrón. Este lugar fue bien elegido para la rebelión de Absalón. Allí había nacido (cap. 3: 2, 3) y esta ciudad fue la primera capital de David. Probablemente muchos de los habitantes no se conformaban con el traslado de la capital a Jerusalén, y como ésta era la cuna de Absalón, se prestaba para celebrar allí, como un pretexto muy loable, la gran fiesta ceremonial en cumplimiento del supuesto voto de Absalón.
8. Si Jehová.
Absalón pretendía dar la impresión de que providencialmente Dios le había permitido regresar a Jerusalén a cambio de un voto solemne hecho mientras todavía estaba desterrado en Gesur.
9. Ve en paz.
David, que aún no se había percatado de la estratagema de Absalón, le dio su consentimiento y bendición. Mientras tanto alcanzaban éxito las artimañas engañosas de Absalón. Había logrado que el pueblo creyera que era su amigo y benefactor, y también que David pensara que era un hijo respetuoso. Lo que todavía no preveía era su propio fracaso final y su muerte.
10. Envió Absalón mensajeros.
Fueron enviados agentes secretos a lugares estratégicos de todo el país, para que enviaran mensajes acerca de la conspiración a los que estuvieran a favor de la misma. No se presentan con detalles los minuciosos preparativos de la rebelión, pero es indudable que la conspiración había sido muy bien tramada. Ante determinada señal, los mensajeros que estaban por todo el país debían proclamar la noticia de que la coronación de Absalón era un hecho consumado.
11. Iban en su sencillez.
Los 200 hombres que inocentemente acompañaban a Absalón, quizá eran personajes importantes que ocupaban puestos de influencia. Una vez que llegaran a Hebrón Absalón esperaba ganarlos para su bando, y así podrían ejercer una poderosa influencia a su favor. O si no conseguía su ayuda, podría impedir que lucharan contra él.
12. Ahitofel.
Se había distanciado de David por el mal proceder de éste con Betsabé, nieta de Ahitofel (ver PP 794, 795). Su hijo Eliam (cap. 23: 34) era padre de Betsabé (cap. 11: 3). Sin duda Ahitofel participaba de la conspiración. Bien podría haber jugado un papel importante disturbando la región en torno de Hebrón y asegurándose también de que todo estuviera listo para la coronación de Absalón.
Gilo.
Pueblo a 10,4 km al noroeste de Hebrón (Jos. 15: 51), la moderna Khirbet Jâl~ .
Se hizo poderosa.
Con ocasión de la fiesta se habían hecho los preparativos necesarios. Con la ayuda de Ahitofel la conspiración conseguiría la cooperación de muchos personajes influyentes, y haría que pareciera seguro el éxito de la causa de Absalón. Algunos piensan que el pasaje del Sal. 41: 9 es una alusión a Ahitofel.
14. Huyamos.
La decisión era prudente, pues en ese momento David estaba completamente desprevenido para la crisis. En su gran peligro, David sacudió su letargo e indecisión y pareció recuperar algo de su valor primitivo y rapidez de acción. Los resultados demostraron que esto fue lo más acertado. Tanto Ahitofel (cap. 17: 1, 2) como Husai (cap. 17: 7-13) reconocieron que la demora podría haber sido fatal, y que la mayor esperanza de éxito de Absalón radicaba en proceder prestamente contra David. Al huir, David ganó tiempo para preparar su defensa y el pueblo tuvo oportunidad para meditar en lo que haría. Así se evitaron los horrores de una larga guerra civil y de un prolongado asedio de Jerusalén.
Hiera la ciudad.
David temía que en ese momento no pudiera resistir con éxito en Jerusalén. Podría haber deslealtad dentro de la ciudad, aun quizá dentro de su propia familia, lo que inclinaría la balanza en contra de él. No habría el espíritu de unidad que podría haberse esperado si Jerusalén hubiese sido atacada por un enemigo extranjero. Era su propio hijo el que había realizado el ataque, y sin duda tenía muchos colaboradores dentro de la ciudad.
16. Guardasen la casa.
Lo que indica que David esperaba volver.
17. Un lugar distante.
Literalmente, "la casa de la distancia". Quizá una de las últimas casas antes de cruzar el valle del Cedrón. Algunos piensan que esta expresión se refiere a un nombre propio, y la transliteran "Bet-Merhak". Sin duda era una distancia suficiente como para garantizar cierta seguridad al rey, y darle la oportunidad de descansar y de congregar las fuerzas disponibles.
18. Los cereteos.
Ellos y los peleteos se contaban entre lo más selecto del ejército de David y constituían su guardia personal (2 Sam. 8: 18; 20: 7, 23; 1 Rey. 1: 38, 44; 1 Crón. 18: 17). Quizá eran mercenarios cretenses y filisteos (ver pág. 36, ver también com. 1 Sam. 30: 14; cf. Eze. 25: 16; Sof. 2: 5). Otros, basándose en una tablilla de Ras Shamra, 668 consideran que los cereteos eran cananeos. Estos que estaban con David habían abrazado la religión de Israel y eran sus hombres más leales.
Los geteos.
Estos 600 hombres eran naturales de la ciudad filistea de Gat; se habían unido con David y habían aceptado la religión hebrea. Es evidente que los comandaba Itai (vers.19).
19. ¿Para qué vienes tú?
David tenía verdadero interés por esos extranjeros de Filistea. También ponía a prueba su lealtad. Era esencial que sólo tuviera consigo a aquellos de quienes pudiera depender plenamente. Hasta este momento estos hombres habían demostrado ser leales. Pero estando David empeñado en una guerra civil, pudo no haber estado seguro de que continuarían siendo leales.
20. Tú vuélvete.
Fue bien recompensada la forma en que David cuidó de esos extranjeros. Por haberlos tratado bondadosamente, estuvieron listos para ponerse plenamente de su lado.
21. Para muerte o para vida.
Itai, que era un recién llegado, prometió fidelidad absoluta. No podía pedir más David. Sabía que, si era necesario, esos hombres estaban dispuestos a morir con él. La fidelidad de ltai fue como la de Rut (Rut 1: 16, 17).
24. También iba Sadoc.
Sadoc y Abiatar eran los principales sacerdotes. Cuando huyó David, los sacerdotes hicieron planes para huir con él llevando consigo el arca de Dios. El pueblo se sintió contento por la presencia del arca, pues sabía que la compañía de ese sagrado símbolo aseguraría la presencia y bendición de Dios, y sería así una garantía de la victoria final. Recibió fe y valor, y en cambio los seguidores de Absalón, comprendiendo que el sagrado símbolo no estaba más con ellos, iban a ser sobrecogidos de temor y terror.
Abiatar.
Este es el sacerdote que más tarde, cuando David era viejo, se puso de parte de Adonías y lo ayudó en su empeño de tomar la corona (1 Rey. 1: 7).
25. Vuelve el arca.
David comprendió que el arca sola no aseguraría la victoria. En los días de Elí el arca fue llevada a la batalla contra los filisteos, pero éstos la capturaron y derrotaron a los israelitas (1 Sam. 4: 3-11). David sabía que a menos que él y los suyos fueran de corazón recto, el arca no proporcionaría victoria sino desastre. El lugar del arca estaba en Jerusalén y no con él en su condición de fugitivo.
Si yo hallare gracia.
El secreto del éxito y de la victoria no consistía en la presencia del arca, sino en la obediencia a Dios y en su favor.
26. Lo que bien le pareciera.
David reconocía que había sido culpable de una grave falta contra Dios, y que las dificultades que le sobrevenían eran en parte resultado de sus pecados. Estaba dispuesto a aceptar cualquier castigo que el Señor tuviera para él, pues acataba perfectamente la voluntad de Dios.
27. El vidente.
Un vidente era establecido por Dios para instruir al pueblo (ver com. Gén. 20: 7; cf. 1 Sam. 9: 9).
Vuelve.
Como amigo de David, Sadoc podía servirle mejor allí.
Ahimaas.
Los dos hijos de los sacerdotes podían ser de suma utilidad a David informándolo de lo que sucediera en la ciudad (ver vers. 35, 36).
28. En los vados.
Había vados del Jordán al sureste de Jericó. David esperaría listo para cruzar el río. Sólo había recibido un breve informe de la conspiración, y debía esperar más información para realizar sus planes posteriores.
30. La cabeza cubierta.
Señal de profundo duelo (ver 2 Sam. 19: 4; Est. 6: 12; Jer. 14: 3, 4).
Llorando mientras subían.
Fue un momento oscuro para David y los que lo acompañaban. Habían abandonado sus hogares y huían para salvar la vida. Nadie podía predecir el futuro. Adelante sólo podían ver sombras más densas y mayores dolores.
31. Entorpece.
Ahitofel era un consejero capaz y astuto, pero el Señor es más poderoso que los hombres y puede reducir a la nada el consejo del más sabio.
32. Husai arquita.
La presencia de Husai parece haber sido la respuesta inmediata a la oración de David.
34. Si volvieres.
Husai venía para ponerse de parte de David, pero podría ser más útil si volvía a Jerusalén para ofrecer sus servicios a Absalón, haciendo todo lo posible para contrarrestar el astuto consejo de Ahitofel.
35. En la casa del rey.
Teniendo a Husai, el amigo de David, como consejero al servicio de Absalón, iba a ser posible transmitir a aquél información secreta de una importancia excepcional.
CBA T2

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