Comentario Bíblico Adventista 2 Samuel capítulo 16
1. Siba.
Ver cap. 9. Cuando David comenzó su huida, Siba salió a su encuentro con un regalo muy oportuno. Siba sabía que en esa ocasión podría congraciarse con David sin que le costara mucho.
3. El reino de mi padre.
El relato narrado por Siba es verosímil, pero tan improbable que es difícil suponer que David pudiera haberlo aceptado. Mefi-boset era inválido y tenía poco que ganar con el alzamiento de Absalón. Aun cuando hubiera tenido éxito esa revolución, no habrían dado el trono a los descendientes de Saúl, pues Absalón quería el trono para sí. Posiblemente Siba inventó el relato para lograr algunas concesiones de David.
4. Todo lo que tiene.
Es evidente que el relato de Siba era una vil calumnia contra su amo, pero David lo creyó y dio a Siba la recompensa que buscaba. Fue completamente injusto que David le quitara la propiedad a Mefi-boset sin escuchar su versión del relato, pero con la ansiedad y preocupación de la huida sólo pensó en la ayuda que le ofrecía Siba.
5. Bahurim.
Una aldea en el camino de Jerusalén al Jordán (ver com. cap. 3: 16), la Rás eÛ-Úmîm de nuestros días, directamente al este del monte Scopus.
Simei.
Simei era benjamita. Muchos miembros de esta tribu, aunque vivieron sometidos cuando David gobernaba, siempre estuvieron listos para volverse contra él cuando se presentaba la oportunidad. Simei no había manifestado antes, en ninguna manera, que era desleal a David; pero tan pronto como a éste le hirió la adversidad, Simei se mostró tal como era. Antes había honrado a David, ahora lo denigraba y maldecía. Un espíritu tal es inspirado por Satanás, el cual se deleita en atormentar a los que ya sufren una desgracia.
6. Arrojando piedras.
El camino puede haber seguido a lo largo de un angosto precipicio, con Simei a un lado y David y sus hombres al otro (ver el vers. 9, cuando Abisai pidió permiso para "pasar"). De este modo Simei caminó paralelamente con los fugitivos, lo bastante cerca como para molestarles con piedras, y sin embargo fuera de su alcance.
7. ¡Fuera!
Simei se complacía con la desgracia de David, y en su odio maldijo al rey y le dijo que se fuera del país.
Hombre sanguinario.
Cuando David deseó construir el templo, el Señor le dijo que no se le permitiría hacerlo porque él había "derramado mucha sangre" y había "hecho grandes guerras" " (1 Crón. 22: 8). Es cierto que David había participado en guerras, pero fueron guerras contra los enemigos del pueblo de Dios, y para establecer a Israel como una nación oriental fuerte. Las guerras de David de ninguna manera demuestran que él fuera implacable o "sanguinario". Las palabras vehementes que empleó Simei eran una vil calumnia (PP 795, 796).
Perverso.
Simei tenía mal genio, y al vilipendiar a David tan sólo revelaba sus propios malos rasgos de carácter.
8. En lugar del cual.
Estas palabras explican la verdadera razón del odio y la virulencia de Simei. Estaba amargado porque la corona de Israel, quitada de la casa de Saúl, había pasado a la de David. Pero fue el Señor, no David, quien rechazó a Saúl. De ahí que las acusaciones de Simei fueran en realidad contra Dios.
Ha entregado el reino.
Es cierto que el Señor había permitido que sucediera una cadena de acontecimientos por los cuales era evidente que el reino de David había caído en manos de Absalón, pero la razón era muy diferente de la que presentaba Simei. La propia conciencia de David le decía exactamente 671 a qué se debía su súbito revés de fortuna. El Señor había advertido al rey que debido a su pecado contra Betsabé y Urías, le vendrían castigos (cap. 12: 10-12). David sabía que merecía este castigo, y tan sólo se maravillaba de que la bondad y misericordia de Dios lo hubieran demorado por tanto tiempo. Pero conociendo tanto la bondad y misericordia de Dios como su justicia, David no se desesperó sino miró hacia el porvenir cuando Dios intervendría otra vez y le restauraría el reino.
9. Este perro muerto.
Ver 2 Sam. 9: 8; 1 Sam.24: 14. Para Abisai el hombre que maldecía a David era un ser sumamente despreciable. Cruelmente se aprovechaba de la desgracia de David, y no debiera permitírsela que viviera. David era rey todavía, y no necesitaba haber tolerado que se lo insultara así.
10. Si él así maldice.
David creía que todos sus sufrimientos provenían de la mano de Dios, y que aun esos insultos de Simei eran permitidos por el Señor. No hizo nada para librarse de las acusaciones de Simei, pero sólo se preocupaba por sus propias faltas. Puesto que creía que lo que le pasaba era permitido por Dios, pensaba que tratar de oponerse a las maldiciones de Simei sería oponerse a la voluntad del Señor.
¿Quién, pues, le dirá?
David razonaba que si Simei lo maldecía porque el Señor le había dicho que lo hiciera, ¿quién debía censurarlo y demandarle la razón de sus maldiciones?
11. Acecha mi vida.
Aquí abiertamente David acusa a Absalón de que buscaba no sólo el trono sino también la vida del rey. Que Absalón -su propia carne y sangre- se volviera así contra su padre y procurara quitarle la vida, ciertamente era un asunto difícil de comprender; pero no sucedía así en el caso de Simei, pues pertenecía a la familia de Saúl y podía esperarse que albergara un resentimiento contra el hombre que había tomado la corona de la casa de Saúl.
Dejadle.
Pocos habrían tenido la virtud de manifestar una disposición tal como la de David en esa hora de prueba. Habría sido mucho más fácil decir a Simei que ya se había excedido, y ordenarle que terminara. Pero en lo que atañía a David estaba dispuesto a aceptar lo que creía que Dios había decretado. Había pecado gravemente, y con su pecado había dado la oportunidad a muchos para que justificaran sus faltas. Pero después de su arrepentimiento y profunda contrición no hizo ningún esfuerzo para excusarse o justificar su conducta. Cuando el Señor lo reprochó, humildemente aceptó su reproche; cuando le sobrevinieron castigos, no hizo ningún esfuerzo para eludirlos. Se mostró humilde, generoso con otros y sumiso a la voluntad del Señor. Su disposición para aceptar plenamente esa prueba revelaba su rectitud de carácter y su nobleza de alma.
12. Mirará Jehová mi aflicción.
David sabía que el Señor era un Dios de gran compasión y misericordia. Aunque sufría por el vejamen que le infligía uno de sus súbditos, se consolaba con el pensamiento de que Dios veía y entendía todo. Quizá debido a esta misma prueba, el Señor le enviaría alguna recompensa y bendición especiales en lugar de ella.
13. Delante de él.
Mientras David y sus hombres proseguían por el camino, Simei iba por la ladera opuesta. Esto sugiere que Simei estaba a un lado de un precipicio y David en el otro.
14. Descansaron allí.
Esta expresión parece requerir la mención de un lugar en el que se detuvieron David y los suyos. Algunos manuscritos de la edición de Luciano de la LXX añaden: "al lado del Jordán" . Josefo concuerda con esa añadidura ( Antigüedades vii. 9. 4). Quizás era el lugar convenido previamente con Husai, donde se iba a detener David hasta que recibiera noticias de él (cap. 15: 28).
15. Entraron en Jerusalén.
Al huir David de Jerusalén, Absalón tuvo expedito el acceso a la ciudad. Las cosas se presentaban para él mejores de lo que había esperado. Tal vez sus primeros planes eran establecer su cuartel general en Hebrón hasta que se aclarara la situación. Pero cuando David salió de Jerusalén, nada le impedía la ocupación inmediata de la ciudad.
Ahitofel.
Ver com. caps. 15: 31; 16: 22.
16. Amigo de David.
Husai era conocido como un gran amigo de David, y su presentación en la corte de Absalón fue totalmente inesperada. Ciertamente parecía extraño que él también hubiera abandonado a su amigo y amo. Absalón daba por sentado que David retendría su autoridad sobre muchas personas, y ciertamente sobre un seguidor suyo tan fiel como era Husai. Que Husai también abandonara a David le parecía algo demasiado bueno como para que fuera cierto. Absalón quedó tan sorprendido como halagado, y sin duda se sintió más seguro que nunca del éxito de su causa.
18. De aquél seré yo.
Las palabras de Husai implican que era leal a algo más elevado que un mero individuo; en primer lugar era fiel a Dios, y después al pueblo de Israel. Si Dios hubiera elegido a Absalón para que fuera rey, entonces desearía estar a su servicio. Absalón, que estaba segurísimo de que él era el elegido, no captó el doble significado de las palabras de Husai y el "si" condicional implícito en "de aquel que eligiere Jehová y este pueblo".
19. Delante de tu padre.
Husai no quería ser considerado como voluble o desleal. Había sido amigo íntimo de David, pero dio la apariencia de que al servir a Absalón, hijo de David, todavía prestaba sus servicios a la casa de David. Otra vez las palabras agradaron a Absalón, y aceptó a Husai aparentemente sin hacer más preguntas y sin sospechar nada.
21. Las concubinas de tu padre.
Ver com. 1 Rey. 2: 17. Ahitofel comprendía que el éxito de la rebelión de Absalón de ninguna manera estaba asegurado. Sabía que después del primer estallido de entusiasmo vendría una reacción. La condición de David distaba mucho de ser desesperada. Tenía consigo a generales capaces y un ejército experimentado. Muchos del pueblo todavía no lo habían olvidado. Si la situación se tornaba adversa para Absalón y David lograba recuperar su reino, el rey podría estar dispuesto a perdonar a Absalón. Pero no habría un espíritu conciliatorio para con los principales seguidores de Absalón. En un caso tal, David consideraría a Ahitofel como el más culpable y, por lo tanto, el más digno de un severo castigo. El astuto consejero estaba dispuesto a impedir a toda costa una situación tal. Por lo tanto, su primera preocupación fue colocar a Absalón de tal forma como para que hubiera una brecha absoluta e irreconciliable entre él y su padre. Su consejo fue dado con habilidad satánica.
Se fortalecerán.
Ahitofel sostuvo que puesto que su consejo demostraría al pueblo que Absalón persistiría en su rebelión, los que estaban con él se entregarían plenamente a su causa.
22. El terrado.
La tienda fue levantada sobre el techo del palacio donde David había cometido su pecado secreto con Betsabé. Natán había predicho la naturaleza pública del castigo del crimen secreto de David (cap.12: 11, 12), y el cumplimiento concordó con sus palabras. Un profeta de Dios había hecho esta predicción, pero no debe pensarse por esto que Dios era responsable de este terrible crimen. Las predicciones de Dios no son necesariamente sus decretos. Debido al pecado de David, Dios no empleó su poder para impedir las malas consecuencias. Con todo, en las expresiones bíblicas con frecuencia se describe a Dios como si hiciera lo que no impide (ver cap. 12: 11, 12; PP 799). Así como David había mancillado a la esposa de otro, también su lecho sería mancillado. Tal como había hecho con otros, se permitiría que otros hicieran con él. Puede ser que Ahitofel, por ser abuelo de Betsabé, albergaba el deseo de obligar al rey proscrito a que bebiera la misma amarga copa que había obligado a otros a beber.
23. Con David.
Ahitofel había sido el consejero de David antes de convertirse en el consejero de Absalón (cap. 15: 12). Había disfrutado de alta estima por su sabiduría; pero al poner a un lado la conciencia, comenzó a recurrir a cualquier medio para lograr sus fines. Como consejero de Absalón fue sutil y astuto. Tan sólo pensaba en los resultados que buscaba, y estaba dispuesto a emplear cualquier recurso que estimara necesario usar.
CBA T2
Ver cap. 9. Cuando David comenzó su huida, Siba salió a su encuentro con un regalo muy oportuno. Siba sabía que en esa ocasión podría congraciarse con David sin que le costara mucho.
3. El reino de mi padre.
El relato narrado por Siba es verosímil, pero tan improbable que es difícil suponer que David pudiera haberlo aceptado. Mefi-boset era inválido y tenía poco que ganar con el alzamiento de Absalón. Aun cuando hubiera tenido éxito esa revolución, no habrían dado el trono a los descendientes de Saúl, pues Absalón quería el trono para sí. Posiblemente Siba inventó el relato para lograr algunas concesiones de David.
4. Todo lo que tiene.
Es evidente que el relato de Siba era una vil calumnia contra su amo, pero David lo creyó y dio a Siba la recompensa que buscaba. Fue completamente injusto que David le quitara la propiedad a Mefi-boset sin escuchar su versión del relato, pero con la ansiedad y preocupación de la huida sólo pensó en la ayuda que le ofrecía Siba.
5. Bahurim.
Una aldea en el camino de Jerusalén al Jordán (ver com. cap. 3: 16), la Rás eÛ-Úmîm de nuestros días, directamente al este del monte Scopus.
Simei.
Simei era benjamita. Muchos miembros de esta tribu, aunque vivieron sometidos cuando David gobernaba, siempre estuvieron listos para volverse contra él cuando se presentaba la oportunidad. Simei no había manifestado antes, en ninguna manera, que era desleal a David; pero tan pronto como a éste le hirió la adversidad, Simei se mostró tal como era. Antes había honrado a David, ahora lo denigraba y maldecía. Un espíritu tal es inspirado por Satanás, el cual se deleita en atormentar a los que ya sufren una desgracia.
6. Arrojando piedras.
El camino puede haber seguido a lo largo de un angosto precipicio, con Simei a un lado y David y sus hombres al otro (ver el vers. 9, cuando Abisai pidió permiso para "pasar"). De este modo Simei caminó paralelamente con los fugitivos, lo bastante cerca como para molestarles con piedras, y sin embargo fuera de su alcance.
7. ¡Fuera!
Simei se complacía con la desgracia de David, y en su odio maldijo al rey y le dijo que se fuera del país.
Hombre sanguinario.
Cuando David deseó construir el templo, el Señor le dijo que no se le permitiría hacerlo porque él había "derramado mucha sangre" y había "hecho grandes guerras" " (1 Crón. 22: 8). Es cierto que David había participado en guerras, pero fueron guerras contra los enemigos del pueblo de Dios, y para establecer a Israel como una nación oriental fuerte. Las guerras de David de ninguna manera demuestran que él fuera implacable o "sanguinario". Las palabras vehementes que empleó Simei eran una vil calumnia (PP 795, 796).
Perverso.
Simei tenía mal genio, y al vilipendiar a David tan sólo revelaba sus propios malos rasgos de carácter.
8. En lugar del cual.
Estas palabras explican la verdadera razón del odio y la virulencia de Simei. Estaba amargado porque la corona de Israel, quitada de la casa de Saúl, había pasado a la de David. Pero fue el Señor, no David, quien rechazó a Saúl. De ahí que las acusaciones de Simei fueran en realidad contra Dios.
Ha entregado el reino.
Es cierto que el Señor había permitido que sucediera una cadena de acontecimientos por los cuales era evidente que el reino de David había caído en manos de Absalón, pero la razón era muy diferente de la que presentaba Simei. La propia conciencia de David le decía exactamente 671 a qué se debía su súbito revés de fortuna. El Señor había advertido al rey que debido a su pecado contra Betsabé y Urías, le vendrían castigos (cap. 12: 10-12). David sabía que merecía este castigo, y tan sólo se maravillaba de que la bondad y misericordia de Dios lo hubieran demorado por tanto tiempo. Pero conociendo tanto la bondad y misericordia de Dios como su justicia, David no se desesperó sino miró hacia el porvenir cuando Dios intervendría otra vez y le restauraría el reino.
9. Este perro muerto.
Ver 2 Sam. 9: 8; 1 Sam.24: 14. Para Abisai el hombre que maldecía a David era un ser sumamente despreciable. Cruelmente se aprovechaba de la desgracia de David, y no debiera permitírsela que viviera. David era rey todavía, y no necesitaba haber tolerado que se lo insultara así.
10. Si él así maldice.
David creía que todos sus sufrimientos provenían de la mano de Dios, y que aun esos insultos de Simei eran permitidos por el Señor. No hizo nada para librarse de las acusaciones de Simei, pero sólo se preocupaba por sus propias faltas. Puesto que creía que lo que le pasaba era permitido por Dios, pensaba que tratar de oponerse a las maldiciones de Simei sería oponerse a la voluntad del Señor.
¿Quién, pues, le dirá?
David razonaba que si Simei lo maldecía porque el Señor le había dicho que lo hiciera, ¿quién debía censurarlo y demandarle la razón de sus maldiciones?
11. Acecha mi vida.
Aquí abiertamente David acusa a Absalón de que buscaba no sólo el trono sino también la vida del rey. Que Absalón -su propia carne y sangre- se volviera así contra su padre y procurara quitarle la vida, ciertamente era un asunto difícil de comprender; pero no sucedía así en el caso de Simei, pues pertenecía a la familia de Saúl y podía esperarse que albergara un resentimiento contra el hombre que había tomado la corona de la casa de Saúl.
Dejadle.
Pocos habrían tenido la virtud de manifestar una disposición tal como la de David en esa hora de prueba. Habría sido mucho más fácil decir a Simei que ya se había excedido, y ordenarle que terminara. Pero en lo que atañía a David estaba dispuesto a aceptar lo que creía que Dios había decretado. Había pecado gravemente, y con su pecado había dado la oportunidad a muchos para que justificaran sus faltas. Pero después de su arrepentimiento y profunda contrición no hizo ningún esfuerzo para excusarse o justificar su conducta. Cuando el Señor lo reprochó, humildemente aceptó su reproche; cuando le sobrevinieron castigos, no hizo ningún esfuerzo para eludirlos. Se mostró humilde, generoso con otros y sumiso a la voluntad del Señor. Su disposición para aceptar plenamente esa prueba revelaba su rectitud de carácter y su nobleza de alma.
12. Mirará Jehová mi aflicción.
David sabía que el Señor era un Dios de gran compasión y misericordia. Aunque sufría por el vejamen que le infligía uno de sus súbditos, se consolaba con el pensamiento de que Dios veía y entendía todo. Quizá debido a esta misma prueba, el Señor le enviaría alguna recompensa y bendición especiales en lugar de ella.
13. Delante de él.
Mientras David y sus hombres proseguían por el camino, Simei iba por la ladera opuesta. Esto sugiere que Simei estaba a un lado de un precipicio y David en el otro.
14. Descansaron allí.
Esta expresión parece requerir la mención de un lugar en el que se detuvieron David y los suyos. Algunos manuscritos de la edición de Luciano de la LXX añaden: "al lado del Jordán" . Josefo concuerda con esa añadidura ( Antigüedades vii. 9. 4). Quizás era el lugar convenido previamente con Husai, donde se iba a detener David hasta que recibiera noticias de él (cap. 15: 28).
15. Entraron en Jerusalén.
Al huir David de Jerusalén, Absalón tuvo expedito el acceso a la ciudad. Las cosas se presentaban para él mejores de lo que había esperado. Tal vez sus primeros planes eran establecer su cuartel general en Hebrón hasta que se aclarara la situación. Pero cuando David salió de Jerusalén, nada le impedía la ocupación inmediata de la ciudad.
Ahitofel.
Ver com. caps. 15: 31; 16: 22.
16. Amigo de David.
Husai era conocido como un gran amigo de David, y su presentación en la corte de Absalón fue totalmente inesperada. Ciertamente parecía extraño que él también hubiera abandonado a su amigo y amo. Absalón daba por sentado que David retendría su autoridad sobre muchas personas, y ciertamente sobre un seguidor suyo tan fiel como era Husai. Que Husai también abandonara a David le parecía algo demasiado bueno como para que fuera cierto. Absalón quedó tan sorprendido como halagado, y sin duda se sintió más seguro que nunca del éxito de su causa.
18. De aquél seré yo.
Las palabras de Husai implican que era leal a algo más elevado que un mero individuo; en primer lugar era fiel a Dios, y después al pueblo de Israel. Si Dios hubiera elegido a Absalón para que fuera rey, entonces desearía estar a su servicio. Absalón, que estaba segurísimo de que él era el elegido, no captó el doble significado de las palabras de Husai y el "si" condicional implícito en "de aquel que eligiere Jehová y este pueblo".
19. Delante de tu padre.
Husai no quería ser considerado como voluble o desleal. Había sido amigo íntimo de David, pero dio la apariencia de que al servir a Absalón, hijo de David, todavía prestaba sus servicios a la casa de David. Otra vez las palabras agradaron a Absalón, y aceptó a Husai aparentemente sin hacer más preguntas y sin sospechar nada.
21. Las concubinas de tu padre.
Ver com. 1 Rey. 2: 17. Ahitofel comprendía que el éxito de la rebelión de Absalón de ninguna manera estaba asegurado. Sabía que después del primer estallido de entusiasmo vendría una reacción. La condición de David distaba mucho de ser desesperada. Tenía consigo a generales capaces y un ejército experimentado. Muchos del pueblo todavía no lo habían olvidado. Si la situación se tornaba adversa para Absalón y David lograba recuperar su reino, el rey podría estar dispuesto a perdonar a Absalón. Pero no habría un espíritu conciliatorio para con los principales seguidores de Absalón. En un caso tal, David consideraría a Ahitofel como el más culpable y, por lo tanto, el más digno de un severo castigo. El astuto consejero estaba dispuesto a impedir a toda costa una situación tal. Por lo tanto, su primera preocupación fue colocar a Absalón de tal forma como para que hubiera una brecha absoluta e irreconciliable entre él y su padre. Su consejo fue dado con habilidad satánica.
Se fortalecerán.
Ahitofel sostuvo que puesto que su consejo demostraría al pueblo que Absalón persistiría en su rebelión, los que estaban con él se entregarían plenamente a su causa.
22. El terrado.
La tienda fue levantada sobre el techo del palacio donde David había cometido su pecado secreto con Betsabé. Natán había predicho la naturaleza pública del castigo del crimen secreto de David (cap.12: 11, 12), y el cumplimiento concordó con sus palabras. Un profeta de Dios había hecho esta predicción, pero no debe pensarse por esto que Dios era responsable de este terrible crimen. Las predicciones de Dios no son necesariamente sus decretos. Debido al pecado de David, Dios no empleó su poder para impedir las malas consecuencias. Con todo, en las expresiones bíblicas con frecuencia se describe a Dios como si hiciera lo que no impide (ver cap. 12: 11, 12; PP 799). Así como David había mancillado a la esposa de otro, también su lecho sería mancillado. Tal como había hecho con otros, se permitiría que otros hicieran con él. Puede ser que Ahitofel, por ser abuelo de Betsabé, albergaba el deseo de obligar al rey proscrito a que bebiera la misma amarga copa que había obligado a otros a beber.
23. Con David.
Ahitofel había sido el consejero de David antes de convertirse en el consejero de Absalón (cap. 15: 12). Había disfrutado de alta estima por su sabiduría; pero al poner a un lado la conciencia, comenzó a recurrir a cualquier medio para lograr sus fines. Como consejero de Absalón fue sutil y astuto. Tan sólo pensaba en los resultados que buscaba, y estaba dispuesto a emplear cualquier recurso que estimara necesario usar.
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