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Sábado: Un día de libertad - LIBRO COMPLEMENTARIO - 3

Espacio para la justicia

Hace unos pocos años, me invitaron a hablar en una Semana de Oración en la escuela secundaria adventista con internado en Finlandia. Era a fines de noviembre, los días se acortaban y las noches eran largas y frías. Además del privilegio de compartir mi comprensión y experiencia de fe, era una oportunidad para explorar un clima y una cultura que eran muy diferentes de las de mi parte del mundo.

Una de las experiencias culturales que captaron mi atención fue la afinidad finlandesa por el sauna, y las prácticas sociales que lo acompañan. El joven pastor que me guio por los alrededores una tarde, me llevó a un sauna público y me explicó su importancia en la cultura finlandesa. Mientras yo luchaba con el intenso calor y vapor, él me dijo que casi todos los hogares en Finlandia tienen sus propios saunas. Pero más que eso, muchos grupos sociales, familias y aún colegas de trabajo comparten tiempo en las saunas. Cuando una unidad del ejército finlandés está estacionada allende el mar, el primer paso al armar el campamento es erigir una carpa para el sauna.

Cuando están juntos en el sauna, explicó, este debería ser un lugar de santuario. Se considera inapropiado levantar temas con-troversiales o discutir en el sauna. Y por extraño que sea para mi cultura la desnudez en el sauna, tiene una importante función social. Cuando la gente se saca sus "uniformes", todos son iguales. En un ambiente militar, la autoridad de un oficial superior se queda en la entrada. Es el mismo sentimiento en la población general. Durante ese tiempo en la sauna, las relaciones humanas actúan de manera diferente. Por unos momentos, todos son iguales. La desnudez común de la humanidad repone el desequilibrio de poder entre la gente y ofrece una vislumbre para relacionarnos mutuamente de una manera diferente.

Del mismo modo que funciona socialmente un sauna finlandés, una de las tareas de la justicia bíblica es ofrecer caminos para reequilibrar y renovar las relaciones humanas. El sábado es una de las herramientas espirituales más importantes para lograr eso sobre una base regular, semanal. "Es un recordatorio semanal, para todos, de que la injusticia y la desigualdad ha de ser vencida por la delicia y el gozo. Hasta el punto en que el rico y el pobre, el poderoso y el impotente, comen, beben y celebran el sábado, será imposible conducirse durante los siguientes seis días como si la injusticia es más verdadera que el sábado".1 Al celebrar la creación y la salvación, recordar el sábado es la práctica ordenada por Dios para que nuestra relación con él crezca, y entonces, por medio de este ritual, también mejorar la relación entre nosotros y los que están a nuestro alrededor.

Un día de igualdad

Una de las cosas obvias en una lectura rápida de los Diez Mandamientos (ver Éxo. 20) es que el cuarto mandamiento es por mucho el más detallado. Mientras algunos mandamientos están registrados en tan solo tres palabras en algunas traducciones, el cuarto mandamiento da espacio para explicar el porqué, el cómo y el quién debe "acordarle] del sábado".

Es significativo entre estos detalles del sábado el foco sobre otros y nuestras relaciones con ellos. En El significado perdido del séptimo día, Sigve Tonstad describe cómo esta clase de mandato es singular entre todas las culturas del mundo. El mandamiento del sábado, explica, "da prioridad desde abajo hacia arriba, y no de arriba mirando hacia abajo, dando primera consideración a los miembros más débiles y vulnerables de la sociedad. Los que necesitan más el descanso -los esclavos, los extranjeros residentes y las bestias de carga- son escogidos para una mención especial. En el descanso del séptimo día los menos privilegiados, aun los animales mudos, encuentran un aliado".2

Frente a la luz del sábado, somos todos iguales. Como en el sauna finlandés, es un espacio de tiempo en el que nuestras relaciones son mejores.

Si eres un empleador durante la semana, no tienes autoridad para hacer trabajar a tus empleados en el sábado: Dios les dio un día de descanso. Si eres un estudiante, un empleado, o aún un esclavo el resto de los días, el sábado te recuerda que fuiste creado y redimido igualmente por Dios, y Dios te invita a celebrar esto de otra manera que cumpliendo tus tareas o deberes usuales. Aun los que están fuera del pueblo que guarda el sábado -"los extranjeros que vivan en tus ciudades" (Éxo. 20:10)- debieran beneficiarse con el sábado si está dentro de nuestras posibilidades como guardadores del sábado.

Este era un notable cambio de perspectiva para los israelitas, recién salidos de sus propias experiencias de esclavitud y marginación. Como habían de establecerse en una tierra nueva, Dios no quería que adoptaran los hábitos de sus anteriores opresores, de modo que les dio un día semanal para practicar la igualdad. Al reenfocar su atención sobre Dios de una manera especial cada sábado, sus relaciones mutuas también serían recalibradas cada séptimo día.

Más tarde en la historia del pueblo de Israel, ellos se deslizaron de vuelta a la manera de pensar egipcia. El profeta Amos describió al pueblo de sus días como los que "pisotean a los necesitados y exterminan a los pobres de la tierra" (Amos 8:4, NVI). Él imaginaba su ansiedad de acabar con la adoración en la forma de sábados y festivales de luna nueva para que pudieran reabrir el mercado y volver a su comercio deshonesto, "comprar al desvalido por dinero, y al necesitado, por un par de sandalias" (Amos 8:6, NVI). ¿Por qué molestarse con esta forma de religión, dijo Amos de estos mercaderes, si solo les estorba para explotar y sacar ganancias que es el verdadero foco de su vida?3

El teólogo Walter Brueggemann resume esta protesta profética de una manera que debe captar la atención de la gente preocupada con los peligros de la falsa adoración y los sábados falsos: "La adoración que no conduzca a una compasión y justicia por los prójimos no puede ser una adoración fiel a YHWH [Yahvé]. La ofrenda es un sábado falso".4 En la estimación del profeta, los verdaderos observadores del sábado son personas de justicia.

Un día de sanación

Cuando apreciamos más plenamente el don del sábado, también nos enfocamos más en compartir el sábado y sus beneficios de maneras prácticas. Mientras los profetas hebreos protestaban esta negligencia práctica de la visión inclusiva original para la observancia del sábado, el sábado había llegado a ser algo muy diferente para muchos judíos del tiempo en que Jesús vino a la tierra. Como se ha notado muchas veces, en lugar de un día de libertad e igualdad, el sábado había llegado a ser un día de reglas y restricciones. En sus días, Jesús se levantó contra tales actitudes, especialmente al ser impuestas a otros.

Él lo hizo en todo su ministerio y en sus enseñanzas más amplias, pero más específicamente al realizar una cantidad de milagros de sanación en sábado (ver p. ej., Mat. 12:9-13; Juan 5:1-15; 7:21-24; 9:1-16). Como señalaban sus críticos, Jesús podría haber sanado a esa gente en cualquier otro día de la semana. En cambio, parece que intencionalmente Jesús realizó estos milagros para demostrar algo importante acerca del sábado. A menudo en estas historias, Jesús hizo comentarios acerca de lo apropiado que es sanar en sábado, y los fariseos usaron esto como una excusa para seguir adelante con su conspiración para matar a Jesús. El Salvador se expuso por sanar en sábado, declarando en forma inequívoca: "Sí, la ley permite a una persona hacer bien en sábado" (ver Mat. 12:12).

Entre los Mandamientos, Elena de White identifica este aspecto del sábado como particularmente relevante para los pobres, los sufrientes y los oprimidos: "De acuerdo con el cuarto mandamiento, el sábado fue dedicado al descanso y el culto religioso. Todo asunto secular debía ser suspendido, pero las obras de misericordia y benevolencia estaban en armonía con el propósito del Señor... Aliviar a los afligidos y consolar a los tristes es un trabajo de amor que realmente honra el santo día de Dios".5 Comentando sobre esta declaración, Dwight Nelson insta a que "los sábados por la tarde son un don de Dios por intermedio de ustedes a los pobres, los que sufren, los solitarios y los necesitados".6

En medio de nuestras complicadas vidas, el sábado nos llama a servir, a sanar, a trabajar, a restaurar relaciones y a hacer justicia. Las relaciones saludables requieren tiempo. Nunca ocurren por sí solas. El sábado nos da tiempo para invertir en nuestras relaciones más importantes y ofrecer a otros la sanación de sus relaciones quebradas.


Una celebración de jubileo

Pero el sábado también tiene implicaciones sociales y económicas más amplias. Cuando estaba estableciendo la nación de Israel, Dios ubicó el sábado como una parte integral de su ciclo de vida social, económico y político. Como tal, el sábado era no solo acerca de un día cada semana: también incluía un "sábado" cada séptimo año, culminando en el año del jubileo después de siete conjuntos de siete años, lo que quiere decir el quincuagésimo año.

El año sabático permitía que la tierra de labradío quedara sin cultivar por ese año (Lev. 25:1-7). Este era un notable acto de mayordomía de la tierra; la sabiduría de este ha sido ampliamente reconocida en la práctica agrícola. El séptimo año también era significativo para los esclavos (Exo. 21:1-11). En el caso de que algún israelita quedara tan endeudado que necesitara venderse a sí mismo como esclavo, debía ser liberado en el año séptimo. En forma similar, deudas pendientes debían ser canceladas (eliminadas) al final del séptimo año (Deut. 15:1-11).

Dios sabía que con el tiempo la riqueza, la oportunidad y los recursos que estaban conectados con la posesión de tierras tenderían a concentrarse en las manos de unos pocos. Parece inevitable en los sistemas económicos humanos que el rico ganara más y el pobre fuera forzado a sobrevivir con menos. Dificultades familiares, mala salud, elecciones pobres y otras desgracias podrían causar que algunos propietarios de tierras las vendieran para obtener una ganancia a corto plazo, o sencillamente para sobrevivir, pero esto significaría que la familia podría quedar desposeída durante generaciones sucesivas.

La solución de Dios fue decretar que la tierra nunca pudiera ser vendida definitivamente. En su lugar, la tierra solo se podía vender hasta el siguiente "Año de Jubileo", tiempo en el cual la tierra revertiría a la familia a la cual había sido designada, y cualquier propiedad podía ser redimida por el vendedor u otro miembro de su familia en cualquier momento. Otra vez, Dios recuerda al pueblo su relación con él y cómo eso afecta sus relaciones con otros: "La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra es mía y ustedes no son aquí más que forasteros y huéspedes" (Lev. 25:23)7

El año del jubileo debía actuar como una provisión para rese-tear los sistemas sociales y económicos de la nación:

"Las regulaciones que Dios estableció tenían por objeto promover la igualdad social. Las provisiones del año sabático y del jubileo, habrían de corregir, en gran medida, lo que en el intervalo se hubiese desquiciado en la economía social y política de la nación.

"Estas regulaciones tenían por objeto bendecir a los ricos tanto como a los pobres. Habrían de refrenar la avaricia y la inclinación a la autoexaltación, y habrían de cultivar un espíritu noble de benevolencia; y al fomentar la buena voluntad y la confianza entre todas las clases, habrían de favorecer el orden social, y la estabilidad del gobierno".8

Algunas veces descrita como "economía del sábado", tal justicia económica redistributiva era parte del plan de Dios para mitigar las injusticias en la sociedad. Dios reconocía que la indefinida y desigual acumulación de riqueza y recursos no sería saludable, sustentable ni justa. Es un tema que reaparece en la Biblia: "Una vez que restauramos la economía del sábado a su lugar central en la Torah, escuchamos sus ecos en todas partes en el resto de la escritura [...]. Debemos redescubrir el evangelio como las buenas nuevas para los pobres, y las disciplinas económicas [del sábado] como el sendero de la humanización".9 Cuando recordamos el sábado semana tras semana, también deberíamos recordar este llamado a la justicia e imaginar cómo podríamos ser capaces de vivir estos principios sabáticos en nuestras propias vidas y comunidades.

Un día de descanso

Comprendido de este modo, el sábado es una práctica espiritual que comienza a cambiar al mundo. Pero primero tiene que cambiarnos a nosotros.

Este cambio comienza poniendo el desafío de hacer justicia con el Dios a quien pertenece la obra en última instancia: "El Señor hace justicia a los oprimidos, da de comer a los hambrientos" (Sal. 146:7, NVI). Cuando descansamos de nuestro trabajo y preocupaciones por un día cada semana, por urgente e importante que eso sea, nos sometemos a Dios y a su reino. Esta práctica asegura que no nos destruyamos a nosotros mismos y dañemos a otros al confrontar la injusticia que es tanto más grande que nosotros si estamos solos.

El autor cristiano y activista Tyler Wigg-Stevenson hizo campañas contra las armas nucleares antes de llegar a ser cristiano, y describe un momento clave de "conversión" al darse cuenta de que él solo sencillamente no podía salvar al mundo: los problemas eran demasiado grandes; los riesgos, demasiado altos; el quebranto subyacente, demasiado profundo; y sus esfuerzos, demasiado pequeños. Él lo describe como el momento cuando más claramente oyó la voz de Dios: "El mundo no es tuyo, ni para salvarlo ni condenarlo. Solo sirve a su dueño".10 El reconocimiento "el mundo no es tuyo para que lo salves" no es una renuncia a la pacificación y a hacer justicia. Más bien, nos libera para trabajar por el bien, dándonos cuenta de que la responsabilidad no es nuestra, y que trabajamos en armonía con el Dios, el dueño del mundo y la tarea.11 Este es el espíritu del sábado. Reconocemos que el mundo seguirá sin nosotros ese día, y reposamos en la gracia, la provisión y las promesas de Dios.

El sábado nos da un espacio semanal -una experiencia de santuario en el sauna- en el que la igualdad y la justicia pueden practicarse. Comenzamos a llegar a ser más reales en nuestra vida, en nuestras relaciones y en nuestro mundo. Por cuanto guardamos el sábado, vivimos por los principios del sábado y la intención de Dios en favor de la justicia en los otros seis días. Confiamos en Dios para la provisión de nuestras necesidades; mostramos misericordia a otros; y procuramos los beneficios del sábado para todos aquellos con quienes podamos compartirlos. El sábado es un día para el bien de la humanidad, para todos nosotros, mientras vivimos el amor de Dios en el mundo.

Referencias
1 Dan B. Allender, Sabbath [Sábado] (Nashville, TN: "Ihomas Nelson, 2009), p. 179. 2SigveTonstad, The LostMeaningof the Seventb Day [El significado perdido del séptimo
día] (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2009), pp. 126, 127. 3 Porciones de esta sección fueron adaptadas de Nathan Brown, "Day 1: Revival That Counts" [Día 1: Reavivamiento que cuenta] en "Justice and Mercy: 2013 Sénior You-th Week of Prayer" [Justicia y misericordia: Semana de oración para jóvenes adultos 2013], ed. Joanna Darby, número especial, Youth Ministry Accent [Énfasis en el Ministerio Joven], 2013.
1 Waltei Brueggeman, Sabbath as Resístame: Saying "No" to the Culture ofNow [El sábado como resistencia: Decir "No" a la cultura del ahora] (Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 2014), p. 64. s Elena de White, El ministerio déla bondad (Florida, Bs.As.: ACES, 2010), p. 81. 'Dwight Nelson, Pursuing the Passion of Jesús [Practicar la pasión de Jesús] (Nampa, ID: Pacific Press', 2005), p. 65.

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