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CBA - Primer Libro de Los Reyes Capítulo 9

Comentario Bíblico Adventista 
1 Reyes capítulo 9

1. Cuando Salomón hubo acabado.

La obra del templo, comenzada en el 4.º año de Salomón (cap. 6: 1), se completó 7 años más tarde, en su 11.º año (cap. 6: 38). La edificación del palacio llevó otros 13 años (cap. 7: 1). De modo que el programa de Salomón que incluía la edificación del templo y del palacio le llevó 20 años (cap. 9: 10; 2 Crón. 8: 1), habiéndose completado en el 24.º año de su reinado. Surge una pregunta en cuanto al significado exacto de las palabras "cuando Salomón hubo acabado". ¿Significa esto que no fue hasta la terminación del período de edificación de 20 años cuando el Señor se le apareció con el mensaje de que había oído la oración que ofreció en la dedicación del templo? Si es así, entonces ¿cuándo fue consagrado el templo: poco después de que se terminara, o después de 13 años cuando se hubo completado todo el programa de edificación? Si el templo fue consagrado poco después de su terminación, ¿esperaría 13 años el Señor antes de decir a Salomón que había contestado su oración? ¿O pudo haber sido que se efectuó la consagración 13 años después de haberse terminado el templo? No podemos contestar estas preguntas con absoluta certeza debido a la brevedad del relato. Sin embargo, parece que la respuesta a la oración de Salomón le vino poco después de que elevara esa plegaria (ver PR 31).

2. La segunda vez.

La primera vez Dios se había aparecido a Salomón en un sueño nocturno, en Gabaón, en los comienzos de su reinado (cap. 3: 4-15). Otra vez le dio una visión nocturna (PR 31), pero este mensaje presenta un contraste con el mensaje de la visión anterior. En la primera, predominaron una promesa y un estímulo (caps. 3: 12-14; 6: 12, 13); ahora otra vez hubo promesas y aliento, pero también hubo solemnes amonestaciones en cuanto a los tristes resultados que traería la transgresión.

3. He oído.

Dios aseguró a Salomón que había oído sus palabras de ferviente súplica, con las cuales había hecho todo lo que pudo a fin de animar al pueblo para que fuera fiel a Dios y a sus mandamientos. El Señor recompensó su espíritu y su propósito, y ahora le aseguró de nuevo el favor divino. ¡Con cuánta frecuencia el Señor da a sus hijos expresiones renovadas de confianza, nuevas vislumbres desde lo alto, encomio por los servicios de días anteriores y promesas de buena voluntad y bendiciones para los días venideros!

Yo he santificado.

Sólo Dios puede santificar. Su presencia hace santas las cosas. El templo era santo porque Dios estaba allí. Por afuera tenía la apariencia de una construcción edificada por las manos de los hombres con madera y piedra, un lugar esplendoroso y bello. Pero ahora era una casa santificada y sagrada, adornada con la presencia invisible de un Dios santo. Las cosas santas sólo se perciben espiritualmente. Los hombres de corazón endurecido quizá no vean diferencia entre lo sagrado y lo profano. El santo sábado, la Palabra de Dios, la casa de culto, pueden parecerles que no son diferentes de las cosas terrenales de todos los días. El cielo puede estar muy cerca, pero no lo disciernen. En el énfasis que se pone en esta visión en "esta casa que tú has edificado" , "este lugar" " (2 Crón. 7: 12) se sugiere que la visión fue dada dentro del predio sagrado del templo, así como el sitio de la primera visión fue "el lugar alto principal" de Gabaón, donde Salomón había ido a sacrificar (cap. 3: 4).

Para siempre.

No era el propósito de Dios que alguna vez fuera destruido el templo de Jerusalén. Si el templo hubiera permanecido en santidad, se habría mantenido para siempre. Si Israel hubiera continuado siendo fiel al Señor, la presencia y el nombre divinos habrían estado allí para siempre como un testimonio ante todo el mundo de que Israel era el escogido del Señor, su "especial tesoro. . . sobre todos los pueblos" (Exo. 19: 5; ver PR 32). En cuanto al significado de "para siempre" , ver com. Exo. 12: 14.

4. Si tú anduvieras.

Todas las promesas de las bendiciones de Dios están condicionadas por la obediencia. No puede ser de otra manera. Tanto las leyes de la naturaleza como las que gobiernan la conducta moral son leyes de Dios, y cualquiera que viola esas leyes peca contra sí mismo. Todas las leyes de Dios son para beneficio del hombre y del mundo en que vive. Cuando se violan esas leyes, el inevitable resultado es pesar, enfermedades, dolores, desgracias y muerte. Esto es cierto tanto para los individuos como para la nación, para la comunidad, para el mundo. El sendero de la obediencia es el único de paz y prosperidad, de vida y salud. El bienestar de la sociedad, la paz de la nación, la esperanza del mundo: todo requiere que los seres humanos aprendan la sabiduría y el valor práctico de la obediencia a cada orden de Dios. Cuando Israel todavía era próspero y Salomón era joven aún, Dios hizo bien claro que la transgresión no traería gozo sino dolor, no traería bendiciones sino desastres y muerte.

5. Israel para siempre.

Dios no eligió a los hijos de Israel con el propósito de rechazarlos más tarde, ni escogió a David con el fin de abandonar después a su casa. Cada elección de Dios es sabia y detrás de ella hay razones básicas que prueban que es buena. Fue su plan que el trono de David y la nación de Israel se establecieran para siempre. A pesar del fracaso de los descendientes de David y de Israel según la carne, todavía se cumplirá el propósito de Dios mediante el Israel espiritual (Rom. 2: 28, 29; 4: 16; Gál. 3: 29) y por medio de Jesús el Hijo de David (Miq. 5: 2; Hech. 2: 34-36; Rom. 1: 3).

6. No guardareis.

El que no guarda los mandamientos de Dios, le da la espalda al Señor. "Si me amáis, guardad mis mandamientos" " (Juan 14: 15). " "Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos" " (1 Juan 5: 3). Los verdaderos hijos de Dios guardan los mandamientos de Dios no porque estén forzados a hacerlo, sino porque lo desean; no por temor a Dios, sino por amor a Dios.

7. Cortaré a Israel.

Dios es santo, y el pecado no puede permanecer en su presencia. Cuando los hombres pecan, se separan de Dios y de la vida y las bendiciones. Mediante sus profetas, repetidas veces el Señor advirtió a Israel de las trágicas consecuencias de la transgresión, y sus solemnes amonestaciones parecen haberse multiplicado en los días finales de la historia de Israel y de Judá cuando la transgresión acarreó la condenación del pueblo (Isa. 1: 19-24, 28; Jer. 7: 9-15; Eze. 20: 7-24; Dan. 9: 9-17; Ose. 4: 1-9; Amós 2: 4-6; 4:1-12; Miq. 1: 3-5; Sof. 3: 1-8).

Por proverbio.

Ver Deut. 28: 37. Las desgracias y el vituperio que han caído sobre Israel durante siglos son un trágico cumplimiento de esta amonestación.

8. En estima.

Heb. 'elyon , "lo más alto", "lo más encumbrado". Probablemente en el sentido de ser un ejemplo conspicuo. En siriaco y en árabe dice le 'iyin : "ruinas".

9. Que había sacado.

La forma bondadosa en que Dios liberó a Israel de Egipto debería haber sido un poderosísimo motivo para que los israelitas se mantuvieran fieles a él. La ingratitud de Israel y su necedad al abandonar a un Dios tal y volverse a la adoración de ídolos, habían de ser reconocidas por el mundo como una causa justa para el castigo que cayó sobre este pueblo.

10. Veinte años.

Estos 20 años comienzan con el 4.º año de Salomón (cap. 6: 1), cuando él principió a construir el templo. Incluyen los 7 años empleados en la obra del templo (cap. 6: 38) y los 13 años durante los cuales fue edificada su propia casa (cap. 7: 11).

11. Oro.

El oro que Hiram dio a Salomón quizá no fue entregado en el tiempo cuando se construyó el templo, sino probablemente fueron los 120 talentos mencionados en el vers. 14. Después de 20 años de edificación, sin duda estaba muy agotada la tesorería de Salomón, y éste recurrió a Hiram, quien puede haber convenido en entregarle oro a cambio de algunas ciudades.

Salomón dio a Hiram.

Esas ciudades no se mencionan en el pacto hecho entre Salomón e Hiram, por el cual éste debía proporcionar madera y mano de obra para las tareas propias de la edificación del templo, y en cambio debía recibir ciertas cantidades de alimentos (1 Rey. 5: 5-11). Tampoco se dice nada en el convenio original de que Hiram daría oro a Salomón. Ciñéndose estrictamente al código mosaico, Salomón no tenía derecho a ceder esas ciudades (Lev. 25: 23). Pero así son las necesidades creadas por una política mundana: determinan que las disposiciones de la ley fácilmente sean puestas a un lado.

Galilea.

El nombre "Galilea" significa "círculo", y se refiere al distrito mencionado dos veces en el libro de Josué, en el cual estaba situada la ciudad de Cedes (Jos. 20: 7; 21: 32). La región estaba al noroeste del mar de Galilea. La porción oeste de este territorio estaba cerca de las fronteras de Tiro, por lo que se ajustaba bien a los propósitos tanto de Hiram como de Salomón. Parece que en el tiempo en que se hizo el pacto, esas ciudades estaban pobladas por habitantes oriundos del país y no por israelitas, pues sólo 20 años después de la devolución de esas ciudades a Salomón los israelitas volvieron a morar allí (2 Crón. 8: 2).

12. No le gustaron.

Quizá Hiram había puesto sus ojos en la bahía de Aco o algunas otras tierras ricas en cereales, y quedó chasqueado cuando recibió un grupo de ciudades inferiores, tierra adentro. Parece que Hiram rehusó la dádiva de Salomón, y jamás tomó posesión de las ciudades.

13. Tierra de Cabul.

Una ciudad llamada Cabul, a unos 14 km al sureste de Acre, se menciona en Jos. 19: 27, en el territorio de Aser. Pero el territorio de Cabul estaba en Galilea, en el territorio de Neftalí. Hiram, mediante un juego de palabras, manifestó su descontento con la dádiva de Salomón. No se conoce la etimología exacta ni el significado de la palabra "Cabul". Josefo afirma que la interpretación de la palabra, de acuerdo con el idioma fenicio, es "lo que no agrada" ( Antigüedades viii . 5. 3). La palabra puede derivarse de la raíz aramea kbl : "ser árido". Una tradición rabínica pretende explicar el nombre como proveniente de una raíz que significa llengrillado" o "encadenado".

14. Ciento veinte talentos de oro.

El ingreso anual de Salomón era de 666 talentos de oro (cap. 10: 14). De modo que la suma que recibió de Hiram sería aproximadamente un sexto de su renta anual. Es imposible fijar con exactittid el valor monetario del talento. Una estimación basada en las últimas informaciones (t. 1, págs. 176, 177) determinaría que el peso del talento es de 34,2 kg.

15. Leva.

El resto de este capítulo consiste en breves notas históricas y explicativas, pero contiene algunos asuntos de gran valor. La leva a que aquí se hace referencia fue mencionada en el cap. 5: 13, 14. Este trabajo obligatorio se usó primero para la edificación del templo y después para el palacio y otras empresas.

Milo.

Se piensa que era una ciudadela o baluarte de Jerusalén. Puesto que David moraba en la "fortaleza" de la antigua ciudad jebusea capturada por él, y más tarde conocida como la "Ciudad de David" (2 Sam. 5: 7, 9; 1 Crón. 11: 5, 7), quizá Milo era un baluarte de la ciudad cuando fue tomada por David. Probablemente estaba en el extremo norte de la ciudad. David (2 Sam. 5: 9; 1 Crón. 11: 8) y Salomón (1 Rey. 9: 24; 11: 27) incrementaron las fortificaciones primitivas y más tarde Ezequías también hizo añadiduras (2 Crón. 32: 5). Otros han explicado que Milo era el terraplén de tierra entre los montes de Sion y Moriah.

El muro de Jerusalén.

David fortaleció y extendió mucho las murallas de la antigua ciudad jebusea, edificando "alrededor desde Milo hacia adentro" " (2 Sam. 5: 9). Salomón efectuó más reparaciones y añadiduras con las que cerró ciertos puntos débiles de la defensa de la Ciudad de David (1 Rey. 11: 27).

Reyes posteriores continuaron con las reparaciones y añadiduras hasta que finalmente el muro corría cerca del valle de Hinom en el sur (Jer. 19: 2), incluyendo una doble muralla en el sureste cerca de los huertos del rey (2 Rey. 25: 4), una muralla fuera de la Ciudad de David por el este "al occidente de Gihón, en el valle" y el muro de "Ofel" , que llegó a ser "muy alto" (2 Crón. 33: 14). La puerta en el ángulo noroeste era una puerta importante llamada "la puerta del Ángulo" (Jer. 31: 38). Una sección de esta muralla del lado norte, que tenía " "desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos" " (2 Rey. 14: 13), fue derribada por Joás de Israel durante el reinado de Amasías. Uzías reparó y fortificó el muro edificando torres " "junto a la puerta del ángulo, y junto a la puerta del valle, y junto a las esquinas; y las fortificó" " (2 Crón. 26: 9).

Hazor.

Esta era una importante ciudad del norte, en las tierras altas, cerca de las aguas de Merom. Había sido la ciudad de Jabín, jefe de la confederación del norte (Jos. 11: 1). Después de su gran victoria sobre esa confederación, Josué quemó la ciudad (Jos. 11: 13) y más tarde la asignó a Neftalí (Jos. 19: 36). En vista de la importancia de la ciudad, que dominaba una ruta vital para una invasión desde el norte, Hazor fue fortificada por Salomón. En los días de Peka fue capturada por Tiglat-pileser III (2 Rey. 15: 29).

Meguido.

Este era un baluarte importante de la parte meridional de la llanura de Esdraelón. Dominaba un paso entre las llanuras de Sarón y de Esdraelón. La ciudad se asignó a Manasés, pero esta tribu no pudo subyugar a los pobladores autóctonos (Jos. 17: 11-13). Se menciona en el relato de la batalla entre los reyes de Canaán y Débora y Barac (Juec. 5: 19). Fue a Meguido a donde huyó Ocozías cuando lo hirió Jehú, y allí murió (2 Rey. 9: 27). En Meguido murió también Josías cuando trataba de contener a las fuerzas de Necao de Egipto que iba rumbo al norte, hacia el Eufrates (2 Rey. 23: 29). Meguido ha sido completamente desenterrada. Entre las ruinas que se han excavado hay establos de piedra, con piso de cemento, para cerca de 500 caballos. Primero se supuso que eran del tiempo de Salomón, pero ahora se cree que eran los establos de Acab.

Gezer.

Era un importante pueblo cananeo, en un bastión que se extendía dentro de la planicie marítima, a 10 km al oeste de Ajalón, sobre el límite de Efraín (Jos. 16: 3). La ciudad fue asignada a los levitas (Jos. 21: 12), pero no fue tomada en el tiempo de la conquista (Juec. 1: 29) aunque fue tributario durante un tiempo (Jos. 16: 10). Ocupaba una posición estratégica en la llanura de Ajalón; un paso importante usado con frecuencia por los filisteos cuando entraban en las planicies centrales. Se menciona en varias ocasiones en relación con las batallas de David (2 Sam. 5: 25; 1 Crón. 14: 16; 20: 4).

16. En dote.

Gezer fue tomada por Faraón y entregada como dote en ocasión del casamiento de su hija con Salomón. Se consignan obsequios de importantes territorios entregados como dote de bodas reales en el antiguo Oriente.

17. Gezer.

Esta ciudad ha sido cuidadosamente desenterrada, y se ha confirmado plenamente el relato bíblico de su destrucción y reedificación por el año 1000 AC. Un interesante descubrimiento fue el de un túnel cavado en la roca que descendía por ella hasta una fuente en una cueva a 28,7 m por debajo de la superficie de la roca y a 36,6 m por debajo del actual nivel del terreno. También son notables las fortificaciones macizas de la ciudad, incluso torres, que más tarde fueron añadidas a los muros, posiblemente por Salomón.

La baja Bet-horón.

Había dos pueblos que se llamaban Bet-horón, ambos situados en un paso montañoso entre el valle de Ajalón y Gabaón, en la altiplanicie central. La ciudad baja está a 19,2 km al noroeste de Jerusalén. Ascendiendo por el paso 2,8 km, a 225 m por encima de la ciudad baja, está la alta Bethorón. Ambas ciudades fueron fortificadas por Salomón (2 Crón. 8: 5). Después de vencer a los amorreos en Gabaón, Josué los persiguió por este lugar (Jos. 10: 10, 11). Los filisteos subieron por este paso para combatir con Saúl (1 Sam. 13: 18), y también por este paso subió el general británico Allenby para combatir a los turcos en la Primera Guerra Mundial.

18. Baalat.

Todavía no se ha identificado este pueblo. Está incluido con los pueblos de Ajalón y Ecrón en el límite de la planicie marítima, en el territorio originalmente asignado a Dan (Jos. 19: 42-44). Josefo lo ubica cerca de Gezer ( Antigüedades viii. 6. 1).

Tadmor.

Heb. Tamor , Tadmor en un pasaje paralelo (2 Crón. 8: 4). Hay mucha incertidumbre en cuanto a la ciudad a que se refiere. Algunos la han identificado con Tamar, ciudad mencionada por Ezequiel, como si estuviera en el límite meridional de la nueva tierra de Israel (Eze. 47: 19; 48: 28). No se conoce la ubicación exacta de esta ciudad, pero se piensa que estaba al sur del mar Muerto. Por otro lado, hay una ciudad que se llama Tadmor, a 210,7 km al noreste de Damasco y a 179,2 km al oeste del Eufrates, en un oasis del desierto de Arabia. Las inscripciones de Tiglat-pileser I mencionan esta ciudad una cantidad de veces, como que hubiera estado en la tierra de Amurru (Siria). Muchos años más tarde Tadmor quedó bajo el dominio de los romanos, quienes la llamaron con su nombre griego, Palmira, y a esta ciudad se refiere josefo como a la "Tadmor del desierto" que construyó Salomón ( Antigüedades viii. 6. 1 l). La palabra hebrea tamar quiere decir "palmera", significado que se preserva en el nombre posterior: Palmira.

Por regla general, los eruditos no creen que el reino de Salomón hubiera alcanzado fronteras tan dilatadas. Pero en relación con la edificación de "Tadmor en el desierto", Crónicas informa que Salomón fue contra "Hamat de Soba, y la tomó" " (2 Crón. 8: 3, 4). Se ha pensado que este lugar es una zona que está a unos 100 km al norte de Damasco y a unos 160 km al oeste de Tadmor-Palmira, y su mención indicaría una campaña en la cual los israelitas dominaron toda esta zona septentrional. En 1 Rey. 4: 24 se dice que el límite norte del reino de Salomón era Tifsa, una ciudad que se cree que estuvo en el Eufrates, a unos 160 km al norte de Tadmor. Todo esto parecería indicar que el reino de Salomón fue mucho más grande de lo que generalmente se ha admitido y que la "Tadmor en tierra del desierto" " (1 Rey. 9: 18) bien podría haber sido la Tadmor-Palmira del desierto del norte de Arabia.

En tierra.

Una frase que quizá se ha añadido para indicar con orgullo que esta ciudad fronteriza estaba dentro de los límites del extenso dominio de Salomón.

19. Quiso edificar.

En el orgullo de su ambición y prosperidad, Salomón emprendió varios extensos proyectos de construcciones. Una descripción de algunos de ellos se da en Ecl. 2: 4-10, lo que incluía casas, huertos, jardines, estanques de agua - "no negué a mis ojos ninguna cosa que desearan" -. Ansioso de sobrepasar las gloriosas realizaciones de todas las naciones que lo rodeaban, la ambición de Salomón lo llevó a ocuparse de empresas que estaban contra los propósitos del cielo y de los mejores intereses del Estado. Las pesadas cargas colocadas sobre el pueblo pronto se volvieron intolerables y lo indujeron al descontento, la amargura y finalmente a la revolución.

21. Tributo.

"Leva" (BJ). Trabajo forzado, impuesto para realizar las vastas empresas de construcciones de Salomón. Poco después de la conquista, algunos de los habitantes de la tierra debían pagar tributo, lo que continuó mientras Israel fue fuerte (Juec. 1: 28). David había sometido a trabajos forzados a muchos de los habitantes oriundos del país (1 Crón. 22: 2).

22. A ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio.

Esta exención no los liberó de ciertas clases de trabajo forzado. Salomón reclutó a 30.000 hombres "en todo Israel" (cap. 5: 13, 14). Aunque se hicieron esfuerzos para que este servicio fuera lo más llevadero, se produjo un vivo resentimiento que fue una de las principales acusaciones contra el trono en el tiempo de la muerte de Salomón (cap. 12: 4), y dio como resultado el apedreamiento de Adoram, que estaba a cargo de la leva (cap. 12: 18).

Hombres de guerra.

Sin embargo, en líneas generales se hizo el esfuerzo para tratar a los hijos de Israel como a una raza superior y dominante. Fueron elegidos para ser los guerreros del rey y cortesanos, directores de las diversas empresas y comandantes de sus carros y jinetes. Pero a medida que crecía el poder absoluto del rey, se convertía cada vez más en un déspota opresor y endurecido. Sus favoritos se volvieron arrogantes y vanidosos, y la condición de los menos favorecidos se convirtió tal vez en una servidumbre real, aunque no lo fuera de nombre. Como resultado, el descontento se ahondó y difundió.

23. Jefes.

Puesto que Salomón tenía 3.300 "principales oficiales" (ver com. cap. 5: 16), los 550 jefes mencionados aquí tienen que haber sido de una categoría superior. En 2 Crón. 8: 10 se dice que los "gobernadores principales" " de Salomón eran 250 y que sus "capataces" en total eran 3.600 (2 Crón. 2: 18). De modo que Reyes y Crónicas concuerdan en el número total de esos funcionarios, pero varían en cuanto al número que había en cada una de las dos categorías.

24. A su casa.

En 2 Crón. 8: 11 se da la razón de este traslado: " "Porque aquellas habitaciones donde ha estado el arca de Jehová son sagradas". " Puesto que se había llevado el arca a la Ciudad de David (2 Sam. 6: 12), es evidente que Salomón consideraba como sagrada toda la zona y que no era adecuada para que fuera la morada de su esposa extranjera. Se ha sugerido que esta nueva residencia real quizá estuvo en el monte al oeste de la zona del templo y que entre ellas estaba el valle Tiropeón.

25. Tres veces cada año.

La fiesta de los panes sin levadura, la fiesta de las semanas y la fiesta de los tabernáculos (2 Crón. 8: 13), las tres importantes fiestas anuales a las que debían asistir en Jerusalén todos los hebreos varones del país (Exo. 23: 14-17; Deut. 16: 16).

Ofrecía Salomón.

Algunos han supuesto que este versículo indica que Salomón oficiaba como sacerdote tres veces al año cuando ofrecía sacrificios y quemaba incienso; pero no hay nada en la Biblia que justifique esta opinión. Del hombre que traía un sacrificio se dice que lo ofrecía (Lev. 2: 1; 3: 1, 3, 7, 9, 14). En relación con los sacrificios ofrecidos después de la dedicación del templo, se añade que "los sacerdotes desempeñaban su ministerio" " (2 Crón. 7: 5, 6). En tales ceremonias quizá Salomón no fue más allá que cualquiera del pueblo común al ofrecer incienso o sacrificio, permitiendo que los sacerdotes realizaran las funciones que les eran privativas (Lev. 1:7, 8, 11; 2: 2, 9, 16; 3: 11, 16; 10: 1, 2; Núm.16:1-7, 17-40; etc.).

26. Ezión-geber.

Este lugar, situado en el extremo norte del golfo de Akaba, era un puerto marítimo de Edom en uno de los brazos del golfo Arábigo. Los israelitas acamparon cerca de allí en sus andanzas por el desierto (Núm. 33: 35; Deut. 2: 8). El sitio que ahora se halla a unos 450 m del mar era Ezión- geber o un suburbio y centro comercial relacionado con él. Se desenterró un edificio que primero se identificó como una fundición pero después como un depósito fortificado. En ese sitio también se encontraron varios artefactos de cobre (ver com. Deut. 8: 9). Es indudable que Salomón dominaba la ruta comercial terrestre de Palestina a Arabia y la ruta marítima a Ofir. El anhelo de dominar esas rutas quizá fue una de las causas principales de contiendas entre Israel y Edom. Saúl luchó contra Edom (1 Sam. 14: 47) y David ubicó allí guarniciones (2 Sam. 8: 14; 1 Crón. 18: 13). " "Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber" " (1 Rey. 22: 48). En los días de Joram, Edom se sublevó contra Judá y tuvo su propio rey (2 Rey. 8: 20). Amasías luchó con éxito contra Edom (2 Rey. 14: 7), y su hijo Azarías reedificó "a Elat, y la restituyó a Judá" (2 Rey. 14: 22).

Elot.

A veces se escribe Elat. Un lugar del golfo de Akaba cerca de Ezión-geber. El nombre sobrevive en Eilat, ciudad moderna cercana a este lugar.

27. Envió Hiram.

Los hebreos no eran un pueblo de navegantes marítimos. Por eso Salomón empleó marineros fenicios, así como los egipcios empleaban marineros de Biblos en sus diversas empresas comerciales en la zona del mar Rojo.

28. Ofír.

Hoy se tiene por segura la identificación de Ofir con Punt. Se ubica aproximadamente a Punt en lo que ahora se conoce como Somalia, en la costa noreste del Africa. Además de oro, también se traían de allí madera de sándalo y piedras preciosas (cap. 10: 11), y también probablemente plata, marfil, monos y pavos reales (cap. 10: 22). Hay un registro de que la reina egipcia Hatshepsut envió una expedición a Punt para traer árboles de mirra para su templo. Los navíos de la reina egipcia también trajeron de allí ébano, marfil, oro, canela, pieles de panteras, monos y mandriles.

CBA T2

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