1. Hijo de Hanani.
Hanani fue profeta para Asa en el reino de Judá (2 Crón. 16: 7-10). Ahora el Señor envía a un hijo de Hanani, Jehú, con un mensaje para Baasa de Israel. Jehú debe haber sido joven en este tiempo porque aparece reprochando a Josafat después de la muerte de Acab (2 Crón. 19: 2) y escribiendo los anales del reinado de Josafat (2 Crón. 20: 34).
2. Pecar a Israel.
Este mensaje de reproche para Baasa es similar al mensaje de Ahías para Jeroboam (cap. 14: 7-11). Aquí la expresión "del polvo", que no está en el cap. 14: 17, parece indicar que Baasa no tenía ninguno de los antecedentes de categoría, riqueza, etc., que en alguna medida encuadraban con Jeroboam por su elevado cargo. En cambio, Baasa fue tomado de los estratos más humildes del pueblo.
3. Pondré su casa.
Baasa había sido el instrumento para raer la casa de Jeroboam. Por eso debe haberle resultado muy clara la terrible suerte que le estaba reservada si seguía en los pasos de Jeroboam. El arrepentimiento podría haber evitado en cierta medida la terrible condenación. Los mensajes de castigo de Dios son con frecuencia advertencias del irrevocable destino del transgresor si persiste en su conducta. Dios desea salvar, no destruir.
5. Los demás hechos.
Baasa gobernó durante 24 años, y sin duda hubo muchos asuntos de interés en los anales oficiales que podrían haber sido escogidos para presentar un amplio relato de su reinado. Pero el autor de Reyes pasa todo eso por alto y dice que está escrito en "el libro de las crónicas de los reyes de Israel". Lo que más le preocupa es la forma en que procedió cada gobernante en cuanto a Jehová y sus propósitos para Israel, y la influencia que eso tendría sobre la historia nacional del pueblo escogido de Dios. ¿Prosperaría la nación o declinaría, duraría para siempre o descendería a la ruina? La respuesta a estas preguntas dependía del proceder del rey y del pueblo para con Dios.
7. Por el profeta.
A primera vista, este versículo parece estar fuera de lugar. El relato oficial del reinado de Baasa se ha terminado con el anuncio de su muerte y sepultura, del versículo precedente, y la entronización de su hijo. Pero ahora el relato nuevamente se remonta al reinado de Baasa y se refiere una vez más al mensaje de Jehú contra Baasa y su casa. Esta declaración adicional quizá fue hecha para hacer resaltar la perversidad especial de los pecados de Baasa.
Como la casa de Jeroboam.
Baasa había raído la casa de Jeroboam, sin embargo, él mismo no fue mejor. Cayó en las mismas impiedades que habían causado el castigo sufrido por la casa que él destruyó.
8. Dos años.
Dos años según el cómputo inclusivo. Ela comenzó a reinar en el 26.º año de Asa y terminó su reinado en el 27.º año (vers. 10; ver com. cap. 15: 28).
9. Conspiró.
Esto muestra el bajo nivel moral en que se había hundido Israel. Zimri ocupaba un alto cargo de confianza en el ejército de Ela, pero demostró ser desleal y se volvió contra el rey cuyo trono debía sostener. Prevaleció el interés egoísta, y aparece en el registro otro asesinato de un rey. No puede haber paz, seguridad ni tranquilidad cuando el rey y el pueblo menosprecian la ley de Dios y no permiten que su vida se amolde a la imagen divina.
Bebiendo y embriagado.
La ebriedad es un mal que arruina a las naciones. Cuando los gobernantes se entregan a la bebida, descuidan los asuntos del Estado y sufre la nación. " "No es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la sidra; no sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los afligidos" " (Prov. 31: 4, 5).
11. Amigos.
Estas palabras indican un procedimiento de una severidad desusada. No sólo fueron extirpados todos los miembros de la casa real, sino también todos los amigos, incluso quizá los consejeros y signatarios del gobierno. No es extraño que la nación no fuera bondadosa con un rey tal, especialmente Omri que, como oficial del ejército que sirvió al rey anterior, tenía razón para temer por su seguridad personal. Los que ponen en peligro a otros, se ponen en peligro a sí mismos.
12. Conforme a.
Con frecuencia las predicciones de los profetas tienen el carácter de simples preanuncios y no de decretos divinos. Dios no decreta todos los acontecimientos que predice. En otras ocasiones, las palabras de los profetas son pronunciamientos de castigos. Dios disponía el castigo que caería sobre un gobernante impío. El castigo era la muerte cuando la merecía la impiedad. Al efectuar el castigo, los ejecutores del decreto divino procedían como instrumentos del cielo (ver 2 Rey. 9: 7), sin embargo, con frecuencia perseguían fines egoístas impulsados por motivos de venganza. En la medida en que actuaban con tales motivos, incurrían en una falta. Por eso los asirios, que ejecutaron los juicios de Dios, fueron después castigados por los motivos crueles y egoístas que impulsaron su conducta (Isa. 10: 5-13). Probablemente Zimri fue más allá del propósito original del castigo pregonado contra la "casa de Baasa", y mató a muchos que no merecían ser destruidos.
13. Sus vanidades.
Es decir, su culto a los ídolos (ver Deut. 32: 16, 21; 1 Sam. 12: 10, 21; Jer. 8: 19). Pocas cosas son tan necias como hacerse uno dioses con sus propias manos y luego prosternarse delante de ellos para adorarlos. La necedad de tal proceder se hace resaltar varias veces en la Palabra de Dios (Sal. 115: 4-8; Isa. 41: 21-29; 44: 9-20; Jer. 10: 3-8).
15. Siete días.
Los reinados de menos de un año de duración con frecuencia son dados en términos de días o meses (2 Rey. 15: 8, 13; 23: 31; 24: 8; 2 Crón. 36: 2, 9).
Contra Gibetón.
Veinticuatro años antes, Baasa había herido a Nadab mientras éste luchaba contra Gibetón (cap. 15: 27).
16. Omri.
Mientras Ela se embriagaba en casa de su mayordomo en Tirsa, lo asesinó Zimri (vers. 9), y tan pronto como llegó la noticia al ejército que estaba en Gibetón, proclamaron rey a Omri. Este suceso recuerda la práctica favorita de los ejércitos romanos, que cuando recibían la noticia del asesinato de un emperador en Roma, tenían la costumbre de investir con la púrpura a su propio comandante.
18. Tomada la ciudad.
El asedio de Tirsa debe haber sido corto pues todo el reinado de Zimri sólo duró siete días (vers. 15). Sin duda Omri recibió ayuda desde dentro de la ciudad puesto que pudo capturarla casi inmediatamente.
En el palacio.
Quizá en el punto más fortificado del palacio, la ciudadela. Esta acción de incendiar el palacio y morir en las llamas tiene muchos paralelos en la historia del Oriente.
19. Por los pecados.
Zimri sólo reinó siete días sobre Israel, sin embargo, recibe la misma condenación de los reyes de los reinados más largos. Su muerte ilustra la lección que el autor de Reyes extrae de toda la historia de los monarcas de Israel, que una maldición estaba sobre ellos y la nación por persistir en el pecado de Jeroboam, que finalmente llevó a cada casa real a un fin ignominioso y sangriento.
21 Dividido.
La muerte de Zimri dejó a Israel con dos reyes, cada uno de los cuales gobernaba la mitad de la nación. Puesto que Zimri comenzó su corto reinado de siete días en el 27.º año de Asa (vers. 10, 15) y que Tibni y Omri comenzaron sus reinados en ese tiempo, ambos comenzaron a reinar en el 27.º año de Asa.
22. Tibni murió.
No se nos dice cómo gobernó Tibni ni cómo murió, pero hay un ominoso significado en la breve declaración de que murió y que reinó Omri. Es evidente que hubo una lucha permanente entre los dos, que no terminó hasta que Omri hubo eliminado a su rival.
23. El año treinta y uno.
Esto indica el tiempo cuando Omri comenzó a reinar solo. Primero fue constituido rey en el año 27.º de Asa (vers. 15, 16). Comenzó su reinado cinco años más tarde, según el cómputo inclusivo (el 31.º año de Asa).
Doce años.
Este período ha provocado muchas dificultades a los cronólogos de la Biblia. Con todo, es comparativamente simple. Estos 12 años abarcan todo el reinado de Omri, no sólo el período cuando no tuvo rivales, sino también el lapso cuando Tibni gobernó parte del país. De modo que los años de Omri comenzaron en el año 27.º de Asa, cuando el pueblo instituyó a Omri como rey (vers. 15, 16), y terminaron en el 38.º año de Asa, cuando Acab sucedió a Omri (vers. 29), un período de 12 años, según el cómputo inclusivo (ver- pág. 139).
Seis años.
Desde el período cuando comenzó su reinado hasta poco después de la muerte de Tibni. Durante un año, después de la muerte de su rival, Tirsa continuó siendo la capital de Omri.
24. El monte de Samaria.
Con Omri comenzó un nuevo período de gobierno estable y de prosperidad para el reino del norte. Mientras la capital estuvo en Tirsa, la nación pasó por un largo período de disensiones e intranquilidad. Posiblemente persistían las semillas de descontento en Tirsa, por lo que Omri decidió trasladar su capital, y eligió para ello el monte de Samaria, a 11,6 km al noroeste de Siquem. Habría sido difícil encontrar un sitio más perfecto para la capital de la nación, pues era un lugar de gran belleza. Desde la cumbre del monte se dominaba un amplio panorama. El sitio se encontraba en el corazón mismo del país. El monte, con sus escarpadas laderas, militarmente se adaptaba muy bien para su defensa, como quedó demostrado en los largos asedios que soportó (1 Rey. 20: 1; 2 Rey. 6: 24; 17: 5; 18: 9, 10). La zona que lo circundaba era muy productiva. La población parece haberse abastecido de agua mediante el uso de cisternas. Su historia confirmó la sabiduría de su fundador, pues Samaria consintió como capital de Israel hasta el fin de la historia de la nación. Las excavaciones del antiguo lugar de Samaria remontan los niveles más antiguos de la ciudad a los días de Omri.
25. Hizo peor.
Desde un punto de vista secular, Omri tuvo éxito como gobernante. Hizo mucho para proporcionar paz y prosperidad a su atribulado país. Su nombre aparece en la famosa Piedra Moabita, que registra cuando Omri ocupó a Moab (ver nota adicional de 2 Rey. 3). Para los asirios, Israel llegó a ser conocido como "la tierra de Omri", y aun Jehú -que extirpó la casa de Omri- es llamado "hijo de Omri" (ver la ilustración frente a la pág. 33). Pero a la vista del Señor, Omri fue peor que todos los malos reyes anteriores. Además de aceptar la antigua idolatría, quizá fue más allá e introdujo y fomentó el culto del Baal sidonio. Miqueas menciona "los mandamientos de Omri" (Miq. 6: 16) en relación con " "toda obra de la casa de Acab" , como símbolos de apostasía empedernida y sin esperanza.
31. Jezabel.
El nombre de Jezabel llegaría a convertirse en sinónimo de impiedad. Su padre Et-baal, era sumo sacerdote de Baal (PR 84). Josefo lo llama el sacerdote de Astarté, quien mató a Feles, rey de Tiro, y fundó tina nueva dinastía que reinó en Tiro durante 32 años (Contra Apión 1. 18). El origen sacerdotal de Jezabel podría explicar la dedicación fanática de la reina al difundir la falsa religión en Israel.
Rey de los sidonios.
En este tiempo, Tiro era la principal ciudad de Fenicia (ver com. Gén. 10: 15), pero la fama histórica de Sidón indujo a los reyes de Tiro a adoptar el título de "rey de los sidonios". Un recipiente de consagración hallado en la isla de Chipre lleva esa misma inscripción.
Baal.
Literalmente, "señor". El nombre se refiere al gran dios de la tormenta y a los muchos dioses locales de la fertilidad que eran adorados como el principio productor de la naturaleza. Acab ahora promovía una religión corrupta.
32. El templo de Baal.
No se han hallado restos de este templo, pero podría haber sido parte del espléndido palacio de Acab que ha sido desenterrado.
33. Una imagen de Asera.
Ver com. Juec.3: 7; 1 Rey. 14: 15. Con frecuencia se relacionaba a Baal con la diosa Astarté o Astarot (Juec. 2: 13), y a menudo había una imagen de Asera en las proximidades de su altar (ver Juec. 6: 25, 30).
34. Reedificó a Jericó.
Ver com. Juec. 6: 26. Jericó fue reedificada y otra vez se convirtió en un lugar muy importante. Tenía grandes ventajas naturales, disponía de agua en abundancia y dominaba el camino real del valle del Jordán a la meseta de Bet-el. La reedificó uno de Bet-el, tal vez patrocinado por Acab.
A precio de la vida de Abiram.
Ver PR 172. Algunos entienden que este texto se refiere a los sacrificios humanos que eran parte de la religión corrupta de ese tiempo. Si así fuera, el primogénito habría sido ofrecido al echar el cimiento, y el menor cuando fue inaugurada la ciudad (cuando le puso "sus puertas").
CBA T2
Hanani fue profeta para Asa en el reino de Judá (2 Crón. 16: 7-10). Ahora el Señor envía a un hijo de Hanani, Jehú, con un mensaje para Baasa de Israel. Jehú debe haber sido joven en este tiempo porque aparece reprochando a Josafat después de la muerte de Acab (2 Crón. 19: 2) y escribiendo los anales del reinado de Josafat (2 Crón. 20: 34).
2. Pecar a Israel.
Este mensaje de reproche para Baasa es similar al mensaje de Ahías para Jeroboam (cap. 14: 7-11). Aquí la expresión "del polvo", que no está en el cap. 14: 17, parece indicar que Baasa no tenía ninguno de los antecedentes de categoría, riqueza, etc., que en alguna medida encuadraban con Jeroboam por su elevado cargo. En cambio, Baasa fue tomado de los estratos más humildes del pueblo.
3. Pondré su casa.
Baasa había sido el instrumento para raer la casa de Jeroboam. Por eso debe haberle resultado muy clara la terrible suerte que le estaba reservada si seguía en los pasos de Jeroboam. El arrepentimiento podría haber evitado en cierta medida la terrible condenación. Los mensajes de castigo de Dios son con frecuencia advertencias del irrevocable destino del transgresor si persiste en su conducta. Dios desea salvar, no destruir.
5. Los demás hechos.
Baasa gobernó durante 24 años, y sin duda hubo muchos asuntos de interés en los anales oficiales que podrían haber sido escogidos para presentar un amplio relato de su reinado. Pero el autor de Reyes pasa todo eso por alto y dice que está escrito en "el libro de las crónicas de los reyes de Israel". Lo que más le preocupa es la forma en que procedió cada gobernante en cuanto a Jehová y sus propósitos para Israel, y la influencia que eso tendría sobre la historia nacional del pueblo escogido de Dios. ¿Prosperaría la nación o declinaría, duraría para siempre o descendería a la ruina? La respuesta a estas preguntas dependía del proceder del rey y del pueblo para con Dios.
7. Por el profeta.
A primera vista, este versículo parece estar fuera de lugar. El relato oficial del reinado de Baasa se ha terminado con el anuncio de su muerte y sepultura, del versículo precedente, y la entronización de su hijo. Pero ahora el relato nuevamente se remonta al reinado de Baasa y se refiere una vez más al mensaje de Jehú contra Baasa y su casa. Esta declaración adicional quizá fue hecha para hacer resaltar la perversidad especial de los pecados de Baasa.
Como la casa de Jeroboam.
Baasa había raído la casa de Jeroboam, sin embargo, él mismo no fue mejor. Cayó en las mismas impiedades que habían causado el castigo sufrido por la casa que él destruyó.
8. Dos años.
Dos años según el cómputo inclusivo. Ela comenzó a reinar en el 26.º año de Asa y terminó su reinado en el 27.º año (vers. 10; ver com. cap. 15: 28).
9. Conspiró.
Esto muestra el bajo nivel moral en que se había hundido Israel. Zimri ocupaba un alto cargo de confianza en el ejército de Ela, pero demostró ser desleal y se volvió contra el rey cuyo trono debía sostener. Prevaleció el interés egoísta, y aparece en el registro otro asesinato de un rey. No puede haber paz, seguridad ni tranquilidad cuando el rey y el pueblo menosprecian la ley de Dios y no permiten que su vida se amolde a la imagen divina.
Bebiendo y embriagado.
La ebriedad es un mal que arruina a las naciones. Cuando los gobernantes se entregan a la bebida, descuidan los asuntos del Estado y sufre la nación. " "No es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la sidra; no sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los afligidos" " (Prov. 31: 4, 5).
11. Amigos.
Estas palabras indican un procedimiento de una severidad desusada. No sólo fueron extirpados todos los miembros de la casa real, sino también todos los amigos, incluso quizá los consejeros y signatarios del gobierno. No es extraño que la nación no fuera bondadosa con un rey tal, especialmente Omri que, como oficial del ejército que sirvió al rey anterior, tenía razón para temer por su seguridad personal. Los que ponen en peligro a otros, se ponen en peligro a sí mismos.
12. Conforme a.
Con frecuencia las predicciones de los profetas tienen el carácter de simples preanuncios y no de decretos divinos. Dios no decreta todos los acontecimientos que predice. En otras ocasiones, las palabras de los profetas son pronunciamientos de castigos. Dios disponía el castigo que caería sobre un gobernante impío. El castigo era la muerte cuando la merecía la impiedad. Al efectuar el castigo, los ejecutores del decreto divino procedían como instrumentos del cielo (ver 2 Rey. 9: 7), sin embargo, con frecuencia perseguían fines egoístas impulsados por motivos de venganza. En la medida en que actuaban con tales motivos, incurrían en una falta. Por eso los asirios, que ejecutaron los juicios de Dios, fueron después castigados por los motivos crueles y egoístas que impulsaron su conducta (Isa. 10: 5-13). Probablemente Zimri fue más allá del propósito original del castigo pregonado contra la "casa de Baasa", y mató a muchos que no merecían ser destruidos.
13. Sus vanidades.
Es decir, su culto a los ídolos (ver Deut. 32: 16, 21; 1 Sam. 12: 10, 21; Jer. 8: 19). Pocas cosas son tan necias como hacerse uno dioses con sus propias manos y luego prosternarse delante de ellos para adorarlos. La necedad de tal proceder se hace resaltar varias veces en la Palabra de Dios (Sal. 115: 4-8; Isa. 41: 21-29; 44: 9-20; Jer. 10: 3-8).
15. Siete días.
Los reinados de menos de un año de duración con frecuencia son dados en términos de días o meses (2 Rey. 15: 8, 13; 23: 31; 24: 8; 2 Crón. 36: 2, 9).
Contra Gibetón.
Veinticuatro años antes, Baasa había herido a Nadab mientras éste luchaba contra Gibetón (cap. 15: 27).
16. Omri.
Mientras Ela se embriagaba en casa de su mayordomo en Tirsa, lo asesinó Zimri (vers. 9), y tan pronto como llegó la noticia al ejército que estaba en Gibetón, proclamaron rey a Omri. Este suceso recuerda la práctica favorita de los ejércitos romanos, que cuando recibían la noticia del asesinato de un emperador en Roma, tenían la costumbre de investir con la púrpura a su propio comandante.
18. Tomada la ciudad.
El asedio de Tirsa debe haber sido corto pues todo el reinado de Zimri sólo duró siete días (vers. 15). Sin duda Omri recibió ayuda desde dentro de la ciudad puesto que pudo capturarla casi inmediatamente.
En el palacio.
Quizá en el punto más fortificado del palacio, la ciudadela. Esta acción de incendiar el palacio y morir en las llamas tiene muchos paralelos en la historia del Oriente.
19. Por los pecados.
Zimri sólo reinó siete días sobre Israel, sin embargo, recibe la misma condenación de los reyes de los reinados más largos. Su muerte ilustra la lección que el autor de Reyes extrae de toda la historia de los monarcas de Israel, que una maldición estaba sobre ellos y la nación por persistir en el pecado de Jeroboam, que finalmente llevó a cada casa real a un fin ignominioso y sangriento.
21 Dividido.
La muerte de Zimri dejó a Israel con dos reyes, cada uno de los cuales gobernaba la mitad de la nación. Puesto que Zimri comenzó su corto reinado de siete días en el 27.º año de Asa (vers. 10, 15) y que Tibni y Omri comenzaron sus reinados en ese tiempo, ambos comenzaron a reinar en el 27.º año de Asa.
22. Tibni murió.
No se nos dice cómo gobernó Tibni ni cómo murió, pero hay un ominoso significado en la breve declaración de que murió y que reinó Omri. Es evidente que hubo una lucha permanente entre los dos, que no terminó hasta que Omri hubo eliminado a su rival.
23. El año treinta y uno.
Esto indica el tiempo cuando Omri comenzó a reinar solo. Primero fue constituido rey en el año 27.º de Asa (vers. 15, 16). Comenzó su reinado cinco años más tarde, según el cómputo inclusivo (el 31.º año de Asa).
Doce años.
Este período ha provocado muchas dificultades a los cronólogos de la Biblia. Con todo, es comparativamente simple. Estos 12 años abarcan todo el reinado de Omri, no sólo el período cuando no tuvo rivales, sino también el lapso cuando Tibni gobernó parte del país. De modo que los años de Omri comenzaron en el año 27.º de Asa, cuando el pueblo instituyó a Omri como rey (vers. 15, 16), y terminaron en el 38.º año de Asa, cuando Acab sucedió a Omri (vers. 29), un período de 12 años, según el cómputo inclusivo (ver- pág. 139).
Seis años.
Desde el período cuando comenzó su reinado hasta poco después de la muerte de Tibni. Durante un año, después de la muerte de su rival, Tirsa continuó siendo la capital de Omri.
24. El monte de Samaria.
Con Omri comenzó un nuevo período de gobierno estable y de prosperidad para el reino del norte. Mientras la capital estuvo en Tirsa, la nación pasó por un largo período de disensiones e intranquilidad. Posiblemente persistían las semillas de descontento en Tirsa, por lo que Omri decidió trasladar su capital, y eligió para ello el monte de Samaria, a 11,6 km al noroeste de Siquem. Habría sido difícil encontrar un sitio más perfecto para la capital de la nación, pues era un lugar de gran belleza. Desde la cumbre del monte se dominaba un amplio panorama. El sitio se encontraba en el corazón mismo del país. El monte, con sus escarpadas laderas, militarmente se adaptaba muy bien para su defensa, como quedó demostrado en los largos asedios que soportó (1 Rey. 20: 1; 2 Rey. 6: 24; 17: 5; 18: 9, 10). La zona que lo circundaba era muy productiva. La población parece haberse abastecido de agua mediante el uso de cisternas. Su historia confirmó la sabiduría de su fundador, pues Samaria consintió como capital de Israel hasta el fin de la historia de la nación. Las excavaciones del antiguo lugar de Samaria remontan los niveles más antiguos de la ciudad a los días de Omri.
25. Hizo peor.
Desde un punto de vista secular, Omri tuvo éxito como gobernante. Hizo mucho para proporcionar paz y prosperidad a su atribulado país. Su nombre aparece en la famosa Piedra Moabita, que registra cuando Omri ocupó a Moab (ver nota adicional de 2 Rey. 3). Para los asirios, Israel llegó a ser conocido como "la tierra de Omri", y aun Jehú -que extirpó la casa de Omri- es llamado "hijo de Omri" (ver la ilustración frente a la pág. 33). Pero a la vista del Señor, Omri fue peor que todos los malos reyes anteriores. Además de aceptar la antigua idolatría, quizá fue más allá e introdujo y fomentó el culto del Baal sidonio. Miqueas menciona "los mandamientos de Omri" (Miq. 6: 16) en relación con " "toda obra de la casa de Acab" , como símbolos de apostasía empedernida y sin esperanza.
31. Jezabel.
El nombre de Jezabel llegaría a convertirse en sinónimo de impiedad. Su padre Et-baal, era sumo sacerdote de Baal (PR 84). Josefo lo llama el sacerdote de Astarté, quien mató a Feles, rey de Tiro, y fundó tina nueva dinastía que reinó en Tiro durante 32 años (Contra Apión 1. 18). El origen sacerdotal de Jezabel podría explicar la dedicación fanática de la reina al difundir la falsa religión en Israel.
Rey de los sidonios.
En este tiempo, Tiro era la principal ciudad de Fenicia (ver com. Gén. 10: 15), pero la fama histórica de Sidón indujo a los reyes de Tiro a adoptar el título de "rey de los sidonios". Un recipiente de consagración hallado en la isla de Chipre lleva esa misma inscripción.
Baal.
Literalmente, "señor". El nombre se refiere al gran dios de la tormenta y a los muchos dioses locales de la fertilidad que eran adorados como el principio productor de la naturaleza. Acab ahora promovía una religión corrupta.
32. El templo de Baal.
No se han hallado restos de este templo, pero podría haber sido parte del espléndido palacio de Acab que ha sido desenterrado.
33. Una imagen de Asera.
Ver com. Juec.3: 7; 1 Rey. 14: 15. Con frecuencia se relacionaba a Baal con la diosa Astarté o Astarot (Juec. 2: 13), y a menudo había una imagen de Asera en las proximidades de su altar (ver Juec. 6: 25, 30).
34. Reedificó a Jericó.
Ver com. Juec. 6: 26. Jericó fue reedificada y otra vez se convirtió en un lugar muy importante. Tenía grandes ventajas naturales, disponía de agua en abundancia y dominaba el camino real del valle del Jordán a la meseta de Bet-el. La reedificó uno de Bet-el, tal vez patrocinado por Acab.
A precio de la vida de Abiram.
Ver PR 172. Algunos entienden que este texto se refiere a los sacrificios humanos que eran parte de la religión corrupta de ese tiempo. Si así fuera, el primogénito habría sido ofrecido al echar el cimiento, y el menor cuando fue inaugurada la ciudad (cuando le puso "sus puertas").
CBA T2

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