1. Estando Jeroboam.
La ocasión era importante. Jeroboam estaba oficiando como sacerdote en la dedicación del nuevo altar de Bet-el. Se esforzaba por conferirle una santidad que le mereciera el homenaje y el respeto del pueblo. Dios no podía permitir que el osado desafío del rey prosiguiera sin ser reprochado.
2. Llamado Josías.
El Señor no predice con frecuencia el futuro con detalles tan definidos como el de señalar personajes específicos. Un ejemplo paralelo es el de la referencia a Ciro, el rey persa, mencionado por nombre muchos años antes de que naciera (Isa. 44: 28; 45: 1). Esta profecía concerniente a Josías se cumplió literalmente (2 Rey. 23: 15, 16).
3. Una señal.
Para que Jeroboam y el puelo quedaran convencidos de que el varón de Dios era un verdadero profeta y que su mensaje de amonestación era serio, presentó una profecía notable que se cumpliría inmediatamente.
4. Extendiendo.
Es peligroso que cualquiera -no importa quién sea- extienda la mano contra un varón enviado con un mensaje solemne de Dios. El brazo extendido fue herido inmediatamente para aterrorizar tanto al rey como al pueblo y para que comprendieran nuevamente que tenían ante sí a un verdadero profeta de Dios.
5. El altar se rompió.
Esta manifestación de la presencia y del poder del Señor era algo que no se podía contradecir con éxito. En vez de creer en la solemnidad del altar y en la santidad de su rey-sacerdote, el pueblo comprendió entonces que Jeroboam desafiaba directamente al cielo y que se atraía el reproche divino.
6. Ores por mí.
El rey había sido humillado. También fue inducido a comprender que trataba con un varón de Dios el cual, en esas circunstancias, era el único que podía liberarlo de su aprieto. La curación del brazo al someterse el rey y debido a la oración del profeta, tenía el propósito de dar a Jeroboam otra oportunidad de arrepentimiento. Todavía no había ido demasiado lejos como para que el Señor no pudiera perdonarlo. Si el rey hubiese estado dispuesto a volver completamente sobre sus pasos y hubiera pedido tanto la curación del corazón como la de la mano, se le habría abierto el camino para que la nación se volviera a Dios y se habría producido una magnífica reforma en toda la tierra de Israel.
7. Un presente.
El ofrecimiento del rey no era movido por la gratitud sino era calculado. La aceptación de la hospitalidad y del presente habría implicado a los ojos del pueblo que el profeta paliaba la conducta del rey, y habría servido para destruir la solemne impresión que había hecho el profeta. También habría creado una impresión desfavorable en cuanto a su carácter y misión.
8. No iría.
La rotunda negativa a recibir el presente ofrecido por el rey colocó al profeta en terreno ventajoso e hizo una profunda impresión tanto sobre el rey como sobre el pueblo.
11. Un viejo profeta.
Profeta, pero falso; un hombre que fue un instrumento de Satanás y no de Dios. Habiendo fracasado en conseguir sus fines de una manera, Satanás procedió en otra forma, determinado a desviar los propósitos del Señor, haciendo que se desprestigiara su mensajero.
15. Ven conmigo a casa.
Era exactamente la invitación que le había extendido el rey y que el profeta había rechazado porque estaba en contra de la expresa voluntad de Dios (vers. 9). El enemigo es muy persistente y vuelve con sus tentaciones vez tras vez. Las modifica en una forma u otra resuelto a provocar la caída de una persona.
18. También soy profeta.
Lo era, pero no profeta de Dios. El Señor nunca envía mensajes contradictorios mediante sus profetas.
Un ángel me ha hablado.
Quizá, pero debe haber sido un ángel malo el que le habló. Cuando Dios prohibió a Adán y Eva que comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal, bajo pena de muerte, se presentó la serpiente con el mesaje contradictorio: "No moriréis" (Gén. 3: 4). Las palabras del falso profeta denotaban su origen. El profeta verdadero debiera haberse dado cuenta que si él mismo ciertamente había sido enviado por el Señor, entonces el ángel que habló por medio del profeta de Bet-el era un mensajero de Satanás.
Mintiéndole.
Satanás es mentiroso y engañador y, debido a sus ardides engañosos, debieran reconocerlo los hijos de Dios.
19. Volvió.
Un mensajero de Dios nunca puede volver atrás en lo que Dios le ordena, y sin embargo ser leal al Señor. El profeta había recibido las instrucciones de Dios y dos veces las había presentado como una razón para no hacer caso a una invitación contraria (vers. 8, 9, 16, 17). Al ir en contra de las indicaciones expresas del Señor, se colocaba en el terreno del enemigo, donde el Señor no podía estar con él.
20. Palabra de Jehová.
En esta ocasión Dios habló al verdadero profeta mediante el falso profeta. El varón de Dios fue inducido a ver su equivocación por medio de las palabras de un emisario de Satanás. Después de que el varón de Dios hubo desobedecido la orden expresa de Jehová, Dios permitió que viera con claridad su falta mediante un hombre que había consentido en ser usado como mensajero del maligno (ver PR 77).
22. Tu cuerpo.
El deseo de ser sepultado en el sepulcro familiar era muy notable entre los hebreos. Debía negarse ese privilegio al profeta desobediente. El árbol del mal produjo una temprana y segura cosecha. Con su desobediencia, el profeta de Dios se había colocado en el terreno del enemigo, donde no contaría ni con la presencia ni con la protección divinas.
24. Le topó un león.
Con frecuencia los profetas se encuentran con leones, pero mientras estén ocupados en su misión divina, no necesitan temer. Nadie puede ser más arriesgado ni puede tener mayores motivos para ser valiente, que el mensajero que sale para obedecer las órdenes del Señor. Para él se aplica la promesa: " "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" " (Mat. 28: 20); "no temas porque yo estoy contigo" " (Isa. 43: 5). Daniel fue arrojado al foso de los leones, pero los leones no tuvieron poder sobre él porque el Señor lo acompañaba. El explicó eso diciendo que era inocente (Dan. 6: 22). No podía dar ese testimonio el profeta de esta ocasión.
26. Que fue rebelde.
En una cierta hora el varónde Dios cumplía una misión; a la siguiente, era un cadáver a la vera del camino. Por desobedecer a Dios murió súbitamente y sin gloria. El rápido castigo que le sobrevino fue un nuevo testimonio para el rey y para el pueblo de Israel de que la obediencia a las órdenes de Dios es el único sendero seguro. En el altar destruido, en el brazo seco del rey y en la rápida muerte del profeta que había desobedecido al Señor, la nación pudo haber comprobado el desagrado divino y el propósito de Dios de que Israel entendiera con toda claridad que la senda de la desobediencia es una senda de dolor y de muerte.
30. En su sepulcro.
Probablemente como una señal de remordimiento y de compasión personal por la víctima de su engaño. En Palestina, las tumbas eran talladas en la roca, donde se podía sepultar juntas a las familias.
¡Ay, hermano mío!
El profeta falso se identificó con el verdadero, así como la verdadera religión de Jehová estaba siendo identificada con la nueva religión idolátrica de Jeroboam. Quizá sólo era otro esfuerzo para confundir al pueblo de modo que no percibiera la seriedad de los principios que estaban en juego. La desobediencia del profeta fomentaba la impiedad.
31. Mis huesos junto a los suyos.
Es decir, poned mi cuerpo en el nicho al lado del de él. En vida, fuimos hermanos; en la muerte seremos hermanos. El rey Josías encontró en la cripta los huesos de ambos profetas cuando contaminó el altar de Bet-el quemando sobre él huesos humanos de los sepulcros, pero ordenó que no tocaran los huesos de los dos profetas (2 Rey. 23: 17, 18).
32. Sin duda vendrá.
La profecía no era condicional. El mensaje de advertencia fue dado con misericordia y amor para salvar al reino de Israel de la condenación que inevitablemente le acarrearía su mal proceder.
33. No se apartó.
Se había dado una amonestación; pero se la rechazó. El rey persistió en su mal proceder a pesar de la profecía de condenación. En lo futuro no podría culpar a nadie sino a sí mismo por los resultados que habrían de originarse en sus malos caminos.
34. Fue cortada.
Pronto iba a perecer la casa de Jeroboam que podría haber sido estable. Cuando Jeroboam rechazó la amonestación divina y persistió en su mal proceder, sentenció a ruina a su propia casa. El pecado no puede ni debe perdurar para siempre, y no perdurará (ver Isa. 1: 28; ver también Sal. 34: 16; 37: 9).
CBA T2

Comentarios
Publicar un comentario