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CBA - Segundo Libro de Los Reyes Capítulo 2

Comentario Bíblico Adventista 
2 Reyes capítulo 2
1. Alzar a Elías.

El Señor había revelado a Elías que lo trasladaría al cielo; pero, sin que él lo supiera, se lo había revelado también a Eliseo y a los hijos de los profetas (ver PR 169). La ascensión de Elías se realizó después de que Joram comenzó su reinado en Judá (2 Crón. 21: 5, 12).

Elías venía con Eliseo.

Literalmente, "Elías y Eliseo iban". Eliseo era el que acompañaba a Elías. Desde que fue llamado, parece que Eliseo servía constantemente a Elías, pues "fue tras Elías, y le servía" (1 Rey. 19: 21). El profeta de menor edad estaba acostumbrado a realizar menesteres diarios para su amo, tales como derramarle agua en las manos (2 Rey. 3: 11) y ayudarle con bondad en toda clase de menesteres personales, como un hijo con su padre anciano.

Gilgal.

Quizá no la Gilgal del valle del Jordán, cerca de Jericó, donde acampó Israel después de cruzar el Jordán y Josué erigió las 12 piedras (Jos. 4: 19, 20). Los comentadores han hecho resaltar dos dificultades en esta designación: (1) el orden en que se mencionan los centros de las tres escuelas: Gilgal, Bet-el, Jericó (2 Rey. 2: 1-4; cf. PR 169); (2) el verbo "descendieron" , usado para describir el recorrido de Gilgal a Bet-el (2 Rey. 2: 2). La palabra hebrea yarad , que se ha traducido "descendieron", significa descender, y ésta no es la palabra que normalmente se usaría para describir un recorrido desde Gilgal, en el valle del Jordán, a 213 m bajo el nivel del mar, hasta Bet-el, a 914,4 m sobre el nivel del mar. Había una Gilgal "junto al encinar de More" , cerca de Siquem (Gén. 12: 6: Deut. 11: 30). Esta Gilgal ha sido identificada con la moderna aldea de Jiljilia , en la Samaria meridional, a 11,8 km al noroeste de Bet-el, y se ha sugerido que esa es la posible ubicación de la Gilgal de este relato. En realidad, Jiljilia se halla prácticamente al mismo nivel de Bet- el en las sierras centrales de Palestina; pero, puesto que, a diferencia de Bet-el, está en un cerro alto, cualquiera podría pensar en "descender" al ir a Bet-el.

2. Quédate ahora aquí.

Elías sabía que había llegado al fin de su carrera terrenal. Para Eliseo cada invitación a detenerse y dejar que su maestro prosiguiera solo, era una prueba de su propósito y fidelidad. ¿Abandonaría ahora la obra a la que había sido llamado como sucesor de Elías y volvería al arado, o sería fiel a su vocación como profeta y continuaría la obra de reforma tan noble y eficazmente comenzada por Elías?

Me ha enviado.

Elías debía visitar una vez más las escuelas de los profetas antes de su ascensión, para amonestar y fortalecer a los que debían llevar responsabilidades en la causa del Señor. Es significativo que dos de esos importantes centros de preparación espiritual estuvieran en lugares donde se habían establecido santuarios para el culto falso que se había arraigado tan firmemente en el país. Esas dos escuelas estaban en Gilgal y Bet-el (ver com. vers. 1), y una tercera estaba en Jericó. Los jóvenes preparados en ellas debían instruir al pueblo de todas partes del país en los caminos de Dios, además de combatir las influencias de la idolatría que Acab y Jezabel habían apoyado tanto. Como resultado de esos esfuerzos fervientes y unidos, se pusieron en acción poderosas influencias para el bien, que refrenaron firmemente la idolatría. Israel, debido a sus faltas, parecía ya maduro para la destrucción, pero fue librado por un tiempo de los peligros que lo amenazaban con la ruina.

Vive Jehová.

Estas fervientes palabras, pronunciadas tres veces: en Gilgal, en Bet-el (vers. 4) y en Jericó (vers. 6), revelan el firme propósito de Eliseo de no renunciar a su cometido, sino de continuar hasta el mismo fin con su maestro Elías. Dios lo había llamado para que siguiera al profeta de más edad, y para que recibiera de él la instrucción que lo prepararía para las pesadas responsabilidades que pronto habría de llevar solo. Mientras hubo la oportunidad de servir, Eliseo rehusó abandonar a su maestro. Sería un siervo digno de plena confianza.

3. Hijos de los profetas.

Pocos años antes Elías había creído que él era el único que aún seguía siendo fiel a Dios, pero se le había dado la seguridad de que el Señor tenía no menos de 7.000 en Israel que no se habían inclinado ante Baal (1 Rey. 19: 18). Muchos de esos fieles hijos de Dios habían acudido a las escuelas de los profetas a fin de prepararse para tener una parte en la misma obra de reforma a la que habían sido llamados Elías y Eliseo. Esas escuelas habían decaído durante la apostasía de Israel, pero Elías las había restablecido (PR 168). Por toda la nación Elías había encontrado pruebas de fe y valor en el Señor, y se reanimó al ver la firme obra que realizaban estas escuelas.

¿Sabes?

La traslación de Elías ese día, no sólo había sido revelada al profeta sino también a Eliseo y a los hijos de los profetas (ver com. vers. 1). Cuando Dios da una revelación a un individuo, no significa que no la haya dado también a algún otro.

De sobre ti.

Se reconocía que Elías presidía la obra de reforma del Señor que se estaba realizando en Israel. Los alumnos de las escuelas de los profetas reconocían ese hecho, y también Eliseo. Dios lleva a cabo su obra en la tierra mediante dirigentes elegidos por él, a quienes su verdadero pueblo reconoce como a hombres divinamente nombrados, y los sigue sin envidia ni críticas.

4. A Jericó.

Si esta Gilgal estaba en la Samaria meridional (ver com. vers. 1), Elías y Eliseo habían viajado hacia el este y el sur, a Bet-el, y ahora continuaron su viaje a Jericó siguiendo la misma dirección general. Jericó estaba a unos 20 km más allá de Bet-el.

5. Hijos de los profetas.

Los centros de la obra del Señor están situados en lugares estratégicos. La escuela de los profetas de Jericó no se estableció allí por accidente. Jericó estaba en un importante camino por el cual iban muchos viajeros de las regiones del otro lado del Jordán. Se detenían en el oasis de Jericó para descansar y alimentarse, y allí podían relacionarse con los alumnos de las escuelas de los profetas para recibir de ellos el mensaje de esperanza y confianza en el Señor que debía llevarse por doquiera.

7. Cincuenta varones.

Esto da un indicio de la magnitud de la escuela de los profetas. El lenguaje del versículo implica que ellos no eran todos, sino sólo una parte de los que asistían a la escuela de jericó.

Se pararon.

Esos hijos de los profetas sabían que Elías sería arrebatado al cielo, y que ésa sería la última vez que verían a su amado jefe. De modo que se detuvieron en un lugar ventajoso, quizá en una escarpada altura detrás del pueblo, desde donde pudieran ver todo el curso del río y muchos kilómetros más allá de la orilla opuesta.

Junto al Jordán.

Elías y Eliseo llegaron al Jordán siendo observados por los "cincuenta varones" que se habían ubicado en el lugar elegido. Este lugar estaba a unos 8 km de Jericó, en el recodo más próximo.

8. Tomando . . . su manto.

El manto de Elías se había convertido en la insignia de su cargo profético. Doblando su manto, golpeó las aguas del Jordán como Moisés había hecho con su vara en las aguas del río Nilo (Exo. 7: 20). Como resultado, se dividió milagrosamente el Jordán, dejando un camino por el cual pasaron los siervos de Dios sin mojarse los pies. Hay una comparación obvia entre la división de las aguas del mar Rojo durante el éxodo (Exo. 14: 21), y el detenimiento del Jordán en el tiempo de Josué (Jos. 3: 13-17). El mismo Dios -que mediante su poder había sacado a Israel de Egipto y lo había hecho entrar en la tierra prometida- todavía estaba con él, listo para revelarse y para revelar su poder y su permanente cuidado amoroso para con su pueblo en la hora de necesidad.

9. Pide.

Cuando Elías estaba a punto de dejar a su fiel siervo y discípulo Eliseo, le dio el privilegio de pedir cualquier cosa que deseara. Eliseo podría haber pedido riquezas, fama, sabiduría, gloria y honores mundanales, un lugar entre los grandes dirigentes de la tierra, o una vida de comodidades y placeres que contrastara con la vida de penalidades y privaciones de Elías. Pero no, no pidió nada de eso. Lo que más deseaba era proseguir con la misma obra que había realizado Elías, y con el mismo espíritu y poder. Para hacer eso, necesitaría la misma gracia y ayuda del Espíritu de Dios.

Doble porción.

El pedido de Eliseo nos recuerda lo que pidió Salomón. No pidió ventajas, puestos ni ganancias mundanales, sino el poder espiritual necesario para cumplir correctamente con las solemnes responsabilidades a que había sido llamado. Al pedir una "doble porción" del espíritu de Elías, Eliseo no aspiraba a recibir doble poder que el que tenía Elías. No solicitaba más de lo que Dios había dado al anciano profeta, ni un puesto más alto, ni más capacidad que la que Elías había recibido. La frase hebrea empleada es la misma que hay en Deut. 21: 17, la cual indica la proporción de la propiedad paterna que debía ser dada al primogénito. De modo que Eliseo sólo pidió ser tratado como el primogénito del profeta que estaba por irse, recibiendo una doble porción del espíritu de Elías en comparación con la que pudiera darse a cualquiera de los otros hijos de los profetas. Lo que pidió fue el reconocimiento de una primogenitura espiritual: esto es, ser considerado el primogénito espiritual del anciano profeta, y ser así capacitado para continuar la obra que había comenzado Elías.

10. Cosa difícil.

No era difícil para el Señor conceder esto, pero sí lo era para Elías. No correspondía a un profeta nombrar a su sucesor. Sólo Dios puede elegir a quienes desempeñarán el cargo profético. Bien sabía Elías que no le correspondía nombrar al que había de continuar la obra a la que él mismo había sido llamado por el Señor. por eso era imposible que él -sin contar con la inspiración divina- dijera si el pedido iba a ser concedido o no.

Cuando fuere quitado.

Las palabras "cuando fuere" no están en el hebreo, y sería mejor omitirlas. El significado es: "Si me ves siendo llevado". Si Eliseo era testigo de la traslación de Elías, entonces sabría que el Señor le concedería su pedido.

11. Yendo ellos.

"Iban caminando" " (BJ). Literalmente, "iban caminando una caminata". Es decir, proseguían caminando, conversando mientras iban. No se nos dice a donde iban, quizá a alguna altura de las montañas en las proximidades donde Moisés había sido resucitado y llevado al cielo (ver com. vers. 6).

Un carro de fuego.

Los "carros de Dios" evidentemente son los ángeles (ver Sal. 68: 17). Los ángeles son los mensajeros de Dios, " "enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación" " (Heb. 1: 14). Los mensajeros celestiales y los instrumentos divinos son representados én formas diferentes ante la vista humana y en visión profética. Zacarías vio caballos de diversos colores (Zac.1:8), de los cuales se dice que eran mensajeros "Jehová ha enviado a recorrer la tierra" (Zac. 1: 10). El profeta vio caballos y carros (Zac. 6: 1-3) que se comparaban con " "vientos de los cielos, que salen después de presentarse delante de Señor de toda la tierra" " (Zac. 6: 5). Ezequiel vio "seres vivientes" " que se describen con la semejanza de "carbones de fuego encendido" , y cuyos movimientos se comparan con el refulgir de relámpagos (Eze. 1: 13, 14).

Los caballos y los carros se usan con frecuencia en la Biblia como símbolos del poder, la majestad y la gloria con los cuales el Señor aniquila a sus oponentes, y protege y salva a los suyos. Habacuc representa así el poder de Dios: " "Montaste en tus caballos y en tus carros de victoria" " (Hab. 3: 8). Al describir la venida del Señor, Isaías dice que él vendrá "con sus carros como torbellino" " (Isa. 66: 15). Cuando el siervo de Eliseo quedó aterrorizado debido a la gran hueste de los sirios con sus caballos y carros (2 Rey. 6: 14, 15), Eliseo oró para que se le abrieran los ojos, y entonces el joven vio el monte " "lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo" " (2 Rey. 6: 17).

Elías fue un símbolo de los santos que vivan en los últimos días, y que serán trasladados sin ver la muerte. En la transfiguración, cuando Pedro, Juan y Santiago pudieron ver anticipadamente la segunda venida de Cristo con poder y gloria (Luc. 9: 28-32; cf. DTG 390, 391), Elías apareció como un representante de los santos que serán trasladados cuando venga Jesús, y Moisés como un representante de losjustos que murieron y serán resucitados para acompañar a su Salvador al cielo.

En un torbellino.

El terrible poder de una tormenta permite que la mente humana capte algo de la pavorosa majestad y el poder de Dios. "Respondió Jehová a Job desde un torbellino" " (Job 38: 1) para darle un cuadro de su insondable sabiduría y poder (ver también Isa. 66: 15; Nah. 1: 3). Elías había realizado una gran obra, y recibió una gloriosa recompensa. En la soledad y el desánimo, sufriendo dolor y aflicciones, en el desierto o en las cumbres de las montañas, Elías había proseguido con sus difíciles tareas de dar un testimonio para Dios en un tiempo cuando el rey y el pueblo habían dado la espalda a Jehová. Pero Dios no permitió que su siervo muriera a manos de los que querían quitarle la vida, ni permitió que terminara sus labores desanimado o vituperado. Como Elías había honrado a Dios, así también lo honró el Señor no permitiendo que entrara en la tumba, sino que fuera llevado directamente a la gloria y la paz del cielo.

12. Viéndolo Eliseo.

Así se cumplió la señal dada por Elías (vers. 10). Eliseo ahora sabía que iba a recibir la doble porción del espíritu de Elías que había pedido, y que frente a él tenía una obra importante que hacer.

¡Padre mío!

Eliseo consideraba al anciano profeta como a su padre espiritual. Como hijo y heredero, el profeta menor debía asumir las responsabilidades del mayor. De allí en adelante Eliseo proseguiría la obra que Elías había comenzado tan noblemente.

Carro de Israel.

Estas palabras fueron inspiradas por la asombrosa forma en que Elías fue llevado al cielo, pero expresaban que el profeta se daba cuenta de que la verdadera defensa de Israel no radicaba en el poder terrenal, ni en ejércitos, ni en jinetes, ni en carros, sino en la fuerza y el poder de Dios. Un ángel enviado por el Señor para proteger a sus hijos significa más que los más poderosos ejércitos de la tierra.

Nunca más.

Eliseo vio a su maestro cuando fue llevado al cielo, pero una vez que se hubo ido, no lo vería más. Sólo en la resurrección, cuando todos losjustos muertos sean sacados de sus tumbas, se permitirá que Eliseo vea a Elías otra vez. Tal es también el caso de los discípulos que vieron cuando Jesús ascendía al cielo y "una nube ... le ocultó de sus ojos" (Hech. 1: 9). En su segunda venida, otra vez podrán verlo (Hech. 1: 11). Aunque hayamos sido separados de nuestros amados durante un tiempo y no los veamos más en este mundo, viene la hora cuando los veremos otra vez: la hora feliz cuando nunca más nos separaremos.

Los rompió.

Rasgar los vestidos era, por lo común, señal de dolor y aflicción (Núm. 14: 6; 2 Sam. 13: 19; 2 Crón. 34: 27; Esd. g: 3; Job 1: 20; 2: 12). Pero en este caso, el hecho de que Eliseo rasgara sus vestidos quizá no indicaba tanto su pesar, sino que desde allí en adelante no vestiría más su viejo vestido, pues usaría el manto de Elías (2 Rey. 2: 13).

13. Manto de Elías.

El manto era la insignia del cargo profético de Elías. Cuando designó a Eliseo como su sucesor, arrojó su manto sobre él (1 Rey. 19: 19). Finalmente el manto quedó con Eliseo como un legado del anciano profeta, y como una indicación de que debía asumir las responsabilidades del liderazgo llevadas hasta ese momento por Elías. Al volver al Pueblo con ese símbolo de autoridad, se lo reconocería como el sucesor de Elías.

Orilla del Jordán.

El Jordán era tanto una barrera como una oportunidad. Para una persona común, era una barrera; pero para un siervo de Dios resultó una oportunidad para mostrar el poder de su Señor. Eliseo se detuvo frente al Jordán, pero no vaciló durante mucho tiempo.

14. ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?

La pregunta no indica duda o fe imperfecta. Al golpear las aguas con el manto de Elías, Eliseo demostró ser un hombre de fe y acción. Eliseo confiaba que el poder de Dios que había descansado sobre su predecesor, descansaría también sobre él. Eliseo esperaba que Dios hiciera por él lo mismo que había hecho por Elías. La pregunta tal vez expresaba una oración y una súplica para que Dios se manifestara, pero no duda alguna de que Dios lo hiciera o no.

Pasó Eliseo.

Eliseo invocó a Dios con fe, y el Señor respondió a su fe. Dios ha realizado muchos milagros de gracia para siervos suyos que han avanzado por fe y han respondido a su llamamiento. Las dificultades no son barreras sino oportunidades para las personas de fe y valor.

15. Viéndole.

Eliseo estaba siendo observado. Si hubiese fracasado, los hijos de los profetas que estaban en Jericó habrían sido testigos de su fracaso. Pero como triunfó, presenciaron su éxito. La fe de Eliseo inspiraba fe, y su victoria provocó muchas victorias a todo lo largo y ancho del país.

El espíritu de Elías.

Eliseo repitió el milagro de Elías, lo cual se aceptó como una prueba de que lo que Dios había hecho mediante el anciano profeta también lo haría por medio de su sucesor. Cuando un dirigente que ha llevado pesadas responsabilidades espirituales debe descansar de sus obras, Dios ayuda y da fortaleza a otro que es elegido como su sucesor. La obra de Dios es mayor que cualquier persona. No cesa cuando alguien termina sus labores, sino que continúa de victoria en victoria a medida que sucesivas manos toman la tarea de sus predecesores. El mismo Espíritu que había guiado y fortalecido a Elías debía dar sabiduría y fortaleza a su sucesor. Muchas hazañas habían de ser realizadas por el joven que tenía la fe y el valor para seguir en las pisadas de su maestro.

16. Vayan ahora.

Los hijos de los profetas vieron cómo Elías se separaba de Eliseo, y habían presenciado cuando Eliseo regresaba solo, vestido con el manto de Elías. Antes de eso el Señor les había revelado que Elías les sería quitado. Quizá Dios no les había revelado la forma exacta en que Elías sería trasladado, y probablemente no se les había permitido presenciar todos los detalles de la ascensión, por lo menos con tanta claridad como a Eliseo; pero tal vez éste les dijo lo que había ocurrido, y eso debería haber sido suficiente. Posiblemente no entendieron, y pensaron que el cuerpo de Elías podría haber quedado en alguna cima montañosa desolada o en algún valle remoto de la región al otro lado del Jordán.

17. Le importunaron.

Los hijos de los profetas insistieron en que se les hiciera caso. Continuaron con su petición hasta el punto de que finalmente Eliseo se cansó de resistir a sus demandas. Algunas veces la persistencia es una virtud, pero en otras es debilidad y necedad. Nunca es sabio ni correcto persistir en lo malo. Cuando Eliseo reveló los hechos, los jóvenes deberían haberlos aceptado y quedar contentos.

Dijo: Enviad.

Cuando uno insiste en lo que quiere, hay veces cuando aun un profeta del Señor, o Dios mismo, cesa de decir "No". De no muy buena gana y contra lo que pensaba que era lo mejor, finalmente Eliseo dio su consentimiento. Por su propia búsqueda -que Eliseo sabía sería inútil- los hijos de los profetas tendrían la oportunidad de conocer los hechos por sí mismos. Mucho mejor hubiera sido que aceptaran las cosas tal como Eliseo se las revelaba.

No lo hallaron.

Buscaron durante tres días, sólo para descubrir cuán equivocados estaban y cuán veraces eran las palabras de Eliseo. Hay formas fáciles que conducen al conocimiento y a la sabiduría, y hay otras que son dificiles. Con frecuencia los jóvenes aprenden sus lecciones sólo en la forma difícil. La sabiduría o la prudencia nunca rehúsan el testimonio de los hechos ni van en contra del consejo de un profeta de Dios.

18. ¿No os dije?

El grupo de jóvenes que volvió a Eliseo con la noticia de su fracaso, debe haber estado avergonzado. De acuerdo con el relato, Eliseo no los reprendió. Únicamente

les recordó su consejo despreciado.

19. De la ciudad.

Es decir, de Jericó. Después de la ascensión de Elías, Eliseo residió durante un tiempo en Jericó, donde se había establecido una escuela de los profetas en un fructífero y agradable oasis.

Bueno.

Comparada con la región desolada que la rodeaba, sin duda que la ubicación de Jericó era buena. Aquí estaba el desierto de Judá, seco y estéril, donde el sol castigaba la tierra árida y desnuda. En el tiempo de la entrada en Canaán, algunas fuentes vivificadoras habían preservado un lugar fértil en una parte de este desolado valle. Había allí bosquecillos de palmeras e higueras, arbustos aromáticos y campos de cereales. Jericó había sido una morada deliciosa.

Las aguas son malas.

Las aguas de Jericó, una vez tan saludables y refrescantes, se habían contaminado, y el valle, que una vez había sido muy bueno, se estaba tornando estéril. Parecía que la maldición que había caído sobre los reedificadores de Jericó (Jos. 6: 26; 1 Rey. 16: 34) hubiera descendido también sobre la región.

20. Poned en ella sal.

Eliseo pidió una vasija no usada antes, y sal, por medio de la cual el agua debía volverse pura y saludable. Tal vez pidió sal porque comúnmente se la usaba para conservar e impedir la putrefacción y descomposición. No había virtud alguna en la sal misma como un medio para curar la fuente contaminada; era sólo un símbolo del poder purificador y restaurador que procede de Dios, quien había de restaurar en las aguas su antigua propiedad vivificadora.

21. Echó dentro.

Actuando en el nombre del Señor, Eliseo echó la sal en el manantial. Con ese acto simbólico el profeta representó ante el pueblo la obra que el Señor haría en la purificación del manantial. Para ser eficaz, la sal debe estar mezclada e íntimamente unida con lo que va a preservar. Por eso echó la sal en el manantial para que se diluyera en cada parte contaminada, y la saturara. Esto ilustra la razón por la cual el creyente -comparado con la sal (Mat. 5:13)- debe tener una relación íntima con los que desea alcanzar con el Evangelio.

Yo sané.

No debía quedar duda alguna en la gente en cuanto a la forma en que se habían curado las aguas: no por un acto de magia, sino por el poder de Dios.

22. Hasta hoy.

La restauración que se efectuó fue permanente. Un manantial llamado 'Ain es-Sultn , conocido también como la Fuente de Eliseo, todavía proporciona agua abundante a esa zona. Desde el milagro de Eliseo, la fuente de Jericó ha continuado fluyendo, brindando su agua curadora y vivificadora a través de los siglos, y convirtiendo esa parte del valle en un oasis de delicia y belleza. Así como en su compasión el Señor estuvo dispuesto a curar el manantial de Jericó, también se complace ahora en conservar la vida y curar el corazón de sus dolencias espirituales. Así como Dios curó este manantial, podría también haber restaurado a Israel si la nación hubiera aceptado las labores de su siervo escogido. Así como las aguas de Jericó han continuado fluyendo, prodigando vida y bendiciones a las regiones circunvecinas, también de Israel podría haber fluido sin cesar un raudal de vida espiritual y curación, para proporcionar la paz y las bendiciones del cielo a todos los pueblos de la tierra.

El veneno del pecado todavía obra en el corazón humano. Manantiales de odio y amargura inundan un mundo donde podría haber amor y felicidad. Por doquiera se necesitan los poderes curativos del Evangelio de Cristo, para que puedan infundir nueva vida y nuevo poder en el corazón y la vida de los seres humanos. La vida del cielo debe entrar en el alma humana para que se detenga la marea de corrupción. Cristo vino al mundo para endulzar la vida de los hombres, y para hacer fluir una corriente vivificadora de pureza, gracia y poder espiritual. El corazón que ha sido transformado por el amor de Dios se convierte en una corriente de vida y alegría, de paz y belleza para el mundo. Doquiera fluya esa corriente, el mundo se convierte en un lugar mejor y más feliz, en un oasis de delicias en medio de un desierto de desesperación y angustia. Cristo es la luz y la vida del mundo, y sus bendiciones fluyen a todos los pueblos de la tierra desde el corazón de todo el que ha sido transformado por el toque de su amor y su gracia. La iglesia de Dios ha de ser para el mundo una fuente que limpie, que revitalice el corazón, que restaure la esperanza, la rectitud y el gozo en las regiones que han perdido su unión con el cielo.

23. A Bet-el.

Eliseo regresó por el camino por donde había ido con Elías poco tiempo antes. Se había ido el profeta de más edad, pero la obra que había comenzado tan noblemente, aún proseguía. Las escuelas de los profetas fundadas por Samuel y restablecidas por Elías después de que decayeron continuaron con la misión de preparar jóvenes para la obra del Señor. Tanto Elías como Eliseo veían la importancia de esas escuelas para un decidido movimiento que hiciera adelantar la obra de Dios. Sin hombres debidamente preparados, la obra de reforma estaría constantemente impedida, y poco progreso podía esperarse. Por eso Eliseo dedicó sus mejores esfuerzos a fortalecer y reanimar esas escuelas, a fin de que fueran eficaces en la gran obra de procurar establecer el reino de Injusticia de Dios en el corazón de los hijos de los hombres.

Se burlaban.

Eliseo era un profeta de paz que predicaba un mensaje de paz. Su misión era proporcionar vida y alegría al pueblo de Israel. Cuando estaba comenzando esa importante misión, unos muchachos salieron de la ciudad de Bet-el para mofarse de él y ridiculizar su obra como mensajero de Dios.

¡Calvo, sube!

La ascensión de Elías había sido un acontecimiento solemnísimo. Dios había llevado consigo a su fiel siervo sin permitir que gustara la muerte. Los jóvenes de Bet-el habían oído de la traslación de Elías, pero convirtieron esa ocasión sagrada en un motivo de burlas y mofas. Elías había desaparecido, y ahora ellos ridiculizaban a Eliseo, insistiendo en que también ascendiera y los dejara. Los jóvenes estaban inspirados por Satanás, quien procuraba hacer todo lo posible para contrarrestar el efecto del solemne acontecimiento que había ocurrido, y que no podía menos que dejar una profunda impresión en la gente del país. Al comenzar Eliseo su obra, Satanás procuraba derrotar los planes y propósitos de Dios. Si se hubiese pasado por alto la burla de esos muchachos, la obra que Dios quería hacer por medio de Eliseo se habría atrasado mucho y la causa del mal habría logrado una victoria. Las circunstancias demandaban una acción rápida y decidida.

24. Los maldijo.

Por naturaleza Eliseo era un hombre bondadoso. Pero aun para la bondad hay límites en la obra del Señor. Debe ser ensalzado el honor del nombre de Dios, y sus actos solemnes no deben ser motivo de diversión y burla para el populacho impío. Se debe respetar a un profeta de Dios y apoyar su autoridad. Firmeza, decisión y acción resuelta son distintivos de liderazgo en aquellos que Dios llama para que lleven responsabilidades para él. Esta no era una ocasión para mostrar debilidad o indecisión. Volviéndose hacia la turba de jóvenes rudos y disolutos, Eliseo -por inspiración divina- pronunció la maldición de Dios sobre ellos.

Despedazaron de ellos a cuarenta y dos.

El castigo que sobrevino procedió de Dios. La severidad del castigo concordaba con la seriedad de lo que estaba en juego. Se necesitaba imperiosamente un nítido ejemplo para refrenar la impiedad y para mostrar al pueblo cuán terrible es mofarse de las obras de Dios o menospreciar a sus ministros. A los santos de Dios, llamados a trabajar y hablar en su nombre, hay que tratarlos con respeto. Están aquí como representantes de Dios, y al deshonrarlos, se deshonra a Dios. El Señor nos responsabiliza por el trato que damos a sus ministros. El terrible castigo que cayó sobre los jóvenes burlones de Bet-el muestra cuán tremendo es mofarse de la santidad o faltar al respeto a un mensajero de Dios.

25. Al monte Carmelo.

Al comenzar su obra, parece que Eliseo primero recorrió el país para buscar los lugares estratégicos donde Elías había trabajado y en donde pudiera hacerse obra más amplia. El monte Carmelo despertaba recuerdos sagrados. Era allí donde se había ganado la notable victoria de la carrera profético de Elías. Con frecuencia su voz se había levantado en intrépido reproche para condenar la impiedad del rey y del pueblo, y para exhortarles a fin de que se apartaran del mal y caminaran por las sendas del Señor. Esa obra no había perdido su efecto. Sin duda Eliseo pensaba en esos emocionantes días cuando visitó el escenario de esa victoria anterior, y nuevamente fue inspirado a poner todo su corazón y espíritu en el ministerio de la reconciliación que le había sido confiado. En su obra posterior Eliseo parece haber establecido su residencia en el monte Carmelo (cap. 4: 23-25).

A Samaria.

Samaria era la capital del reino del norte, y Eliseo se dirigió a ese centro importante. Posteriormente había de dar testimonio para el cielo ante los gobernantes del país. La luz que le había sido dada era tanto para el rey como para el pueblo, y osadamente desempeñó sus responsabilidades en los centros más importantes de la nación israelita.

CBA T2

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