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CBA - Segundo Libro de Los Reyes Capítulo 17

Comentario Bíblico Adventista 
2 Reyes capítulo 17

1. Comenzó a reinar Oseas.

Ver en la pág. 154 la cronología del reinado de Oseas. Tiglat-pileser III dijo haber puesto a Oseasen el trono después de que Peka fue derrocado por el pueblo de Israel, Dijo también que había recibido de él 10 talentos de oro y 1.000 talentos de plata como tributo. Esto indica que Oseas, después de haber derrocado a Peka, hizo la paz con el rey asirio y reconoció su autoridad. En esa época Tiglatpileser estaba empeñado en una serie de guerras en el oeste: en 734 AC, contra Filistea; en 733 y 732, contra Damasco. Acaz de judá acababa de enviar una delegación a Tiglatpileser para negociar su ayuda en contra de Peka y Rezín (cap. 16: 7-9), y Oseas también había sido obligado a reconocer la soberanía de Asiria antes de que pudiera subir al trono de Israel. Es posible que su rebelión contra Peka hubiera tenido el visto bueno y el apoyo del rey de Asiria.

2. Aunque no como los reyes.

Oseas no se destacó por su impiedad como lo habían hecho algunos de los reyes que lo precedieron. Si hubiera tomado medidas activas de reforma, la nación podría haberse salvado aun a esa hora tardía. Dios es misericordioso y lento para la ira, pero cuando la iniquidad llega a cierto límite, y se rechazan repetidas veces sus amonestaciones, sobrevienen los castigos. Sin duda Oseas no hizo nada para detener el castigo.

3. Salmanasar.

Salmanasar V comenzó a reinar en el año 727 AC. Se sabe poco de su reinado porque los registros están mutilados.

Fue hecho su siervo.

Oseas había reconocido a Tiglat-pileser como soberano y le había pagado tributo. Continuó como vasallo cuando Salmanasar subió al trono.

4. Descubrió que Oseas conspiraba.

Oseas, profeta contemporáneo, ridiculizó la inconstancia de la política exterior de Israel en esta época: a veces se apoyaba en Asiria, y a veces buscaba la ayuda de Egipto (Ose. 5: 13; 7: 8, 11, 16; 8: 9; 11: 5; 12: 1; 14: 3).

So, rey de Egipto.

Esto ocurrió durante el tiempo de la XXIII dinastía de Egipto, período en que la nación fue débil y cuando varios monarcas gobernaban simultáneamente en diversas partes del país. El rey egipcio So podría ser un cierto Sib'u , a quien Sargón llama el "tartán de Egipto". Un objeto egipcio ( ushebti ) que se encuentra en el Museo de Berlín, tiene un sello que lleva el nombre sb'u , lo cual muestra que debe haber habido en Egipto un rey de ese nombre, cuyo reinado fue efímero (ver pág. 54).

No pagaba tributo.

Parece que Oseas se equivocó mucho en la interpretación de las tendencias de la política internacional. En ese momento Asiria era el gran poder de la tierra y se fortalecería aún más. Egipto era poco más que un nombre, y se hallaba en el período de su decadencia final. Oseas, al dejar de pagar tributo a Asiria, provocó el terrible castigo que sobrevendría.

5. Sitió a Samaria.

Salmanasar inició un sitio que duró tres años (ver com. cap. 18: 9, 10).

6. Tomó Samaria.

La Biblia dice que Salmanasar inició el sitio, pero no nombra al rey que tomó la ciudad. La Crónica Babilónica dice que la ciudad de Shamarain (probablemente Samaria) cayó durante el reinado de Salmanasar; pero su sucesor, Sargón II, afirma en documentos escritos hacia el fin de su reinado, que él mismo tomó la ciudad de Samaria al comienzo de su reinado. Si esta afirmación fuera cierta, podría haber tomado la ciudad cuando era comandante en jefe de los ejércitos de Asiria, y no después de ser rey.

Los historiadores no concuerdan en esto, pero parece que hay evidencias razonables para que se considere que Samaria cayó durante la última parte del reinado de Salmanasar (ver págs. 64, 87, 164).

Habor.

La zona del río Jabur, el gran anuente del Eufrates que está a unos 210 km al oeste de Nínive. En 1 Crón. 5: 26 se dice que Tiglat-pileser estableció en Habor y Halah a los cautivos que había tomado. Gozán se identifica con Guzanu, lugar situado a orillas del Jabur, en su parte norte. Los alemanes han efectuado excavaciones en este sitio que ahora se llama Tell Halaf ; y se han encontrado muchos objetos de gran importancia. Se desconoce la ubicación de Halah.

Medos.

Media estaba al noreste de Asiria. Los asirios habían estado en guerra con los medos por algún tiempo, antes de esta deportación. En el año 737 AC hicieron una campaña contra Media.

7. Porque.

Mejor, "esto sucedió porque los israelitas habían pecado" (BJ). El autor enumera las diversas razones por las cuales Dios permitió que Israel fuera castigado por sus enemigos y llevado al cautiverio.

Pecaron.

Esta fue la razón principal de la caída de Israel. El pecado fue la causa por la cual Dios expulsó a nuestros primeros padres del Edén, y es la razón de toda la angustia que desde entonces ha sobrevenido a la raza humana. La humanidad no tiene mayor enemigo que el pecado. Destruye cuanto toca: individuo, nación o planeta.

Los sacó.

Una cortesía elemental exigía que los israelitas mostrasen respeto por Aquel que había sido tan generoso con ellos. Difícilmente podrían haber manifestado una ingratitud mayor que olvidarse de las mercedes y bondades divinas. La idolatría de los hebreos significaba una culpa extremadamente mayor que la de otros pueblos, porque los paganos tenían sólo un grado limitado de luz y no habían experimentado las maravillosas bendiciones que Dios había derramado sobre su pueblo escogido. Los israelitas sabían por experiencia personal que Dios era bondadoso y benéfico; pero a pesar de todo esto se apartaron de él para adorar a falsos dioses.

8. Jehová había lanzado.

Los pueblos oriundos de Canaán fueron expulsados ante Israel debido a sus costumbres abominables y gran inmoralidad. Los israelitas no podrían haber exhibido mayor necedad que la que

manifestaron al seguir las mismas prácticas paganas. Así como los habitantes de Palestina habían sido sentenciados por su mal proceder, también lo fueron los israelitas.

Los reyes de Israel.

Los reyes de Israel eran responsables de haber inducido al pueblo a pecar. Introdujeron y fomentaron el culto a los dioses falsos, tales como Baal, y apartaron al pueblo del culto a Jehová para dedicarse a las formas más corruptas de adoración. Sin embargo, el pueblo no por eso quedó sin culpa, pues los hombres son responsables en forma individual por los actos que cometen. El mal proceder del dirigente no es una excusa para que sus seguidores lo imiten.

Los israelitas dependían mayormente de la instrucción oral. Había poquísimas copias de la ley, y muy pocos eran los privilegiados que tenían un ejemplar de las Escrituras en su casa. El pueblo conocía la voluntad de Dios por medio de los sacerdotes y de otros dirigentes religiosos. Si estos maestros espirituales enseñaban y practicaban el mal, naturalmente sus seguidores irían por el mismo camino. La mayoría de los israelitas no tenía una experiencia religiosa personal. La religión de las masas consistía mayormente en seguir un sistema de culto impuesto por una autoridad superior.

La situación actual es totalmente distinta. En todas partes se consiguen ejemplares de la Biblia y no dependemos necesariamente de la instrucción de otros para conocer la voluntad de Dios. Se insta a los individuos a estudiar por sí msmos la verdad, y a no aceptar ninguna enseñanza que no hayan comprobado por investigación propia y que no se base en la inspiración divina. A pesar de esto todavía muchos actúan según Ias creencias y prácticas de otros, a quienes consideran como sus caudillos religiosos. Hay grandes peligros en este proceder. Los que se guían por criterios humanos lo hacen por su propio riesgo. Si se pierden, no tendrán excusa.

Además, los que descarrían a sus prójimos también son culpables delante de Dios. Como la gente tiene la tendencia a imitar, pesa sobre los dirigentes la gran responsabilidad de vivir vidas ejemplares e instar a todos a que conozcan las cosas por sí mismos, y sigan al único ejemplo perfecto: a Jesucristo.

9. Hicieron secretamente.

Los israelitas fueron pérfidos y engañosos para realizar sus iniquidades. Muchas veces hubo una manifestación exterior de religión y decencia, con la cual cubrían sus prácticas viles e inmorales con un manto de disimulación. Pretendían servir a Jehová, pero practicaban costumbres directamente opuestas a los principios del reino de Dios.

Lugares altos.

El culto idolátrico en estos lugares iba acompañado, a menudo, de grandes inmoralidades (ver Deut. 12: 2, 3; Isa. 57: 5-7; Jer. 2: 20; 3: 2). En los cultos nativos de la fertilidad, los adoradores participaban en las prácticas más vergonzosas.

Desde las torres.

Esta expresión indica que abarcaban el país de extremo a extremo (ver cap. 18: 8). Como protección, habían levantado torres para centinelas en los lugares más apartados del campo, y también había grandes ciudades amuralladas, lo cual significa que se establecieron lugares altos en todas partes, tanto en las zonas rurales remotas como en los grandes centros urbanos.

10. Estatuas.

Heb. matstseboth (ver com. Deut. 16: 22).

Imágenes de Asera.

Heb. 'asherim (ver com. Deut. 16: 21; Exo. 34: 13; Juec. 3: 7; 2 Rey. 13: 6; 21: 3).

11. Provocar a ira.

No se provoca a Dios como se provocaría a un ser humano (ver com. cap. 13: 3). "El [Dios] aborrece el pecado, pero ama al pecador" (CC 54). Los castigos, a pesar de lo terribles que fueron, tenían "un propósito sabio y misericordioso" (PR 217).

12. Idolos.

Heb. gillulim , "troncos", "bloques", "cosas amorfas". En el AT hay unas diez palabras hebreas que la RVR traduce "ídolo" . Cada una define al dios falso desde un punto de vista diferente: una, como cosa vana o nada; otra, como una causa de temblor o angustia, etc. Gillulim describe al ídolo en cuanto a su forma (ver Deut. 29: 17; 1 Rey. 15: 12; 21: 26; 2 Rey. 23: 24; Eze. 6: 9; 16: 36).

13. Amonestó.

Heb. 'ud . Podría también traducirse, "exhortó solemnemente" , "reiteró" . "Advertía" " (BJ y NC). Muchas veces las amonestaciones fueron severas, pero se daban para ayudar a la gente a que se diera cuenta del peligro de sus malos caminos y se apartara de sus iniquidades. Si no se arrepentían, al menos no podrían con justicia culpar a Dios por su ruina. Ninguno de los cautivos podría decir que si sólo hubiera sabido cuál iba a ser el resultado de su conducta pecaminosa, se habría reformado. En esta manera la justicia de Dios era totalmente vindicada, justificada, lo que constituye un elemento importante en el trato de Dios con los hombres. Las amonestaciones divinas hoy cumplen una función igual. Dios nunca ha instruido con mayor fervor a su pueblo ni le ha dado advertencias más solemnes (ver Apoc. 3: 14-22). Los que fracasan no tendrán excusa.

Volveos.

Esto era algo que Dios no podía hacer en lugar de su pueblo. Dios invita, suplica, presenta alicientes e insta, pero nunca obliga. Si los hombres no le entregan la voluntad, Dios nada puede hacer para salvarlos. Dios había hecho todo lo posible en favor de Israel: " "¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?" " (Isa. 5: 4). El siguiente paso debía darlo el pueblo de Israel.

14. Endurecieron su cerviz.

Esta era una expresión hebrea común que denota obstinación firme y terco egoísmo (Deut. 10: 16; 2 Crón. 30: 8; 36: 13; Neh. 9: 16, 17, 29; Prov. 29: 1; Jer. 7: 26; 17: 23; 19: 15). Muchas veces se dijo de los israelitas que eran un "pueblo de dura cerviz" " (Exo. 32: 9; 33: 3, 5; 34: 9; Deut. 9: 6, 13). Tal perversidad y obstinación determinaron su ruina.

No creyeron.

Esta es una declaración interesante en medio de una exposición que parece poner tanto énfasis en la conducta. Muchos afirman que la religión del AT no demandaba fe. Es verdad que esta gracia estaba casi totalmente ausente en la experiencia de la mayoría, pero no porque Dios así lo deseara. La fe era tan esencial para la verdadera experiencia religiosa en los tiempos antes de Cristo como lo es ahora. Muchos no comprenden la verdadera relación entre la fe y las obras; es imposible separarlas.

El propósito del plan de Dios es restaurar plenamente el carácter del hombre a la perfección original de Adán. Esto sólo puede lograrse mediante la combinación de la fe con las obras. Cualquier religión que haga resaltar la fe, dejando de lado las obras, niega así el propósito de la fe y ofrece a los creyentes un sustituto erróneo. Las obras no pueden salvar, pero quien ha sido salvado realiza buenas obras.

El desarrollo de una fe madura lleva tiempo. Si Israel hubiera estado dispuesto a ello, Dios lo habría conducido hasta las cumbres de la fe que se encuentran en los tiempos del NT. Los israelitas fracasaron porque no creyeron: " "Pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron" " (Heb. 4: 2).

15. Siguieron la vanidad.

Cuando una persona rechaza la ley y los testimonios del Señor, no demuestra sabiduría sino necedad, porque cambia los mayores tesoros del cielo por las cosas vanas, por nada. Los israelitas no se dieron cuenta de su gran necedad al rechazar a Dios y sus estatutos e ir por los caminos del mal. Estaban renunciando a su reino y a todas las perspectivas de felicidad y paz por las cosas vanas. Por buscar cosas sin valor, se autoaniquilaron.

16. Todos los mandamientos.

El pecado crece como un cáncer. Cuando una persona comienza a desobedecer una de las órdenes del Señor, pronto encuentra que se ha aventurado más y más lejos en los caminos de la desobediencia. Cuando Ios israelitas comenzaron a servir a ídolos y se apartaron de Dios, pronto se encontraron quebrantando todos los mandamientos del Señor. Un profeta de esa época expresa así la defección de Israel: " "No hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden" " (Ose. 4: 1, 2).

Imágenes fundidas.

En este versículo se enumeran los diversos tipos de idolatría en los cuales había caído Israel. Hubo pocos dioses adorados entonces en Palestina que no tuvieran también algunos adoradores entre el pueblo de Israel. En cuanto a los becerros de oro de Jeroboam en Dan y Bet-el, ver 1 Rey. 12: 28-30; con referencia a las "imágenes de Asera" levantadas por Acab, ver 1 Rey. 16: 33.

17. Pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego.

En estos sacrificios los niños eran consumidos por las llamas (ver com. Deut. 18: 10; 32: 17; 2 Rey. 16: 3). Judá fue acusado de la misma falta (Jer. 19: 5).

Adivinaciones.

Se refiere a los diversos métodos mediante los cuales los antiguos intentaban conocer la voluntad de los dioses o conseguir de ellos alguna información secreta.

Agüeros.

Diversos tipos de necromancia y brujería.

Se entregaron.

Quienes participaban en esas prácticas inicuas se transformaban en siervos de los poderes demoníacos que respaldaban esos ritos ocultos y misteriosos. En lugar de ser siervos de Dios, se convirtieron en esclavos de Satanás. Descubrieron que el maligno era todo menos un amo bondadoso (ver 1 Rey. 21: 20).

18. Se airó en gran manera.

Ver com. cap.13: 3.

19. Ni aun Judá.

El fin de Israel debería haber servido como una amonestación para Judá. Aunque en esta ocasión Judá se salvó, a menos que se reprimiera la transgresión nacional del reino del sur, sufriría la misma ruina nacional que había sobrevenido a Israel.

Los cuales habían ellos hecho. Las costumbres introducidas por los israelitas y seguidas por Judá (ver cap. 16: 3).

20. Toda la descendencia.

Finalmente se incluyó también a Judá junto con Israel.

Los entregó.

Este fue un castigo nacional, y no debe confundirse con la sentencia que sella el destino individual de los que componían la nación de Israel cuando ésta fue llevada al cautiverio. La relación personal de cada ciudadano con Dios siguió como había sido antes del castigo. Dios trata con las personas y con las naciones en dos planos diferentes que son en gran medida independientes el uno del otro. El castigo de Israel fue la pérdida de su condición como nación. Es verdad que muchos sufrieron personalmente por causa de la catástrofe nacional, pero muchas veces las condiciones adversas estimulan la piedad, de modo que resaltan en realidad para el bien de la persona. Con referencia al control que Dios ejerce sobre el destino de las naciones, ver Ed 169-175; Isa. 10: 5-12; Hab. 1: 6-11.

21. Jeroboam apartó.

Los gobernantes tienen gran influencia sobre el pueblo. Los males de Israel comenzaron con los males de su primer rey impío. En 2 Crón. 11: 13-16 se insinúa una franca persecución religiosa.

22. Los pecados de Jeroboam.

Jeroboam abrió las compuertas de la iniquidad. La inundación por fin sumió a la nación en la ruina total. Si el pueblo hubiera tenido firmes convicciones religiosas podría haber resistido la influencia perniciosa de su rey (ver com. vers. 8).

23. Quitó a Israel.

El Señor usó a Asiria como instrumento suyo para lograr su propósito (ver Isa. 10: 5-12).

Los profetas sus siervos.

Ver Ose. 1: 6; 9:16; Amós 3: 11, 12; 5: 27; Isa. 28: 1-4).

Fue llevado cautivo.

Quedaron unos pocos (ver 2 Crón. 34: 9). Estos se casaron con los paganos, adoptaron sus costumbres y olvidaron de tal manera las costumbres de sus padres, que el pueblo de Judá rehuso reconocerlos como hermanos. Después de algunos años, establecieron un templo propio en el monte Gerizim donde adoraban y realizaban sus ritos como un culto rival al de Jerusalén. Los que fueron llevados cautivos nunca volvieron. Algunos de sus descendientes se unieron al remanente de Judá que volvió por el decreto de Ciro (Esd. 1: 1-4). Otros se casaron con la gente de los lugares donde vivían, aceptaron su religión y sus costumbres, y perdieron su identidad. Sin duda unos pocos siguieron fieles a sus convicciones religiosas, permitiendo así que su luz brillara en los países donde fueron llevados, e influyeron allí sobre otras personas para que aceptaran el culto del Dios verdadero.

24. De Babilonia.

El sistema asirio de deportación no se aplicó sólo en el caso de Israel, sino también en el de todos los pueblos sometidos. En este momento Babilonia estaba bajo el dominio asirio, pero se hallaba en estado de efervescencia. Para impedir rebeliones, los asirios llevaron a muchos babilonios al país de Israel. Sargón se refiere a la supresión de un levantamiento en Babilonia al comienzo de su reinado y al traslado de muchos de sus habitantes a la tierra de Hatti (Siria y Palestina). El "rey de Asiria" al cual se hace referencia aquí, probablemente fue Sargón, quien comenzó a reinar en Asiria en el año 722 AC.

Cuta.

Se ha identificado esta ciudad con Tell Ibrahím , al norte de Babilonia.

Ava.

Algunos la han identificado con Tell Kfr' Ayá , sobre el río Orontes, al soroeste de Homs; pero se han sugerido también otros lugares.

Hamat.

Ciudad ubicada sobre el Orontes a 189 km al norte de Damasco, y 45 km al norte de la moderna Homs. Sargón se refiere a su conquista de Hamat (ver caps. 18: 34; 19: 13). Hoy se conoce como Hama .

Sefarvaim.

Antes se la identificaba con Sippar, sobre el Eufrates, pero ahora se cree que puede ser la ciudad siria de Sibraim " "que está entre el límite de Damasco y el límite de Hamat" " (Eze. 47: 16). Sin embargo, es dudosa esta identificación.

25. Leones.

En la antigüedad estos animales abundaban en Palestina (Juec. 14: 5; 1 Sam. 17: 34; 2 Sam. 23: 20; Prov. 22: 13; 26: 13). Es probable que durante la época de los reyes su número hubiera disminuido mucho, aunque se los menciona a veces (1 Rey. 13: 24; 20: 36). Durante los tiempos turbulentos que siguieron a la caída de Samaria, sin duda se volvieron más numerosos y más osados. En la Edad Media aún había leones en Palestina y Siria.

26. No conocen la ley de Dios.

En su mayoría los dioses del Cercano Oriente eran dioses locales, cada uno con sus peculiaridades (ver 1 Rey. 20: 23). La gente deportada a Israel pensó que de alguna manera había ofendido a los dioses del lugar y que por esto les habían enviado leones como un azote.

27. Alguno de los sacerdotes.

Quizá el sacerdote que volvió pertenecía al santuario de Dan o Bet-el.

28. Habitó en Bet-el.

Allí había estado uno de los santuarios nacionales, y quizá el que volvió fue uno de los sacerdotes que antes había oficiado allí. Enseñó a la gente en cuanto a Jehová; sin embargo, la idolatría persistió.

29. Los de Samaria.

O "samaritanos" (VM, BJ y BC). Esta es la única vez en el AT que así se llama a los habitantes de Samaria.

30. Sucot-benot.

Algunos piensan que se trata de Tsarpanitu , consorte del dios babilónico Marduk. Es probable que fuera algún título de Marduk mismo.

Nergal.

Famoso dios babilónico de la guerra y patrono de Cuta.

Asima.

Diosa siria, bien conocida en esta mitología. Los judíos que vivían en Elefantina en el siglo V AC parecen haber adorado, entre otros dioses, a Asim.

31. Nibhaz.

Probablemente un ídolo adorado por los aveos, pero es dudosa su identidad. Algunos lo han identificado con IbnaHaza , deidad elamita, y otros con el Nebaz mandeo, señor de las tinieblas.

Tartac.

Dios sirio.

Quemaban sus hijos.

Similar al culto local de Moloc.

Adramelec.

Dios que se adoraba en el noroeste de Mesopotamia bajo el nombre de Adad-milki : "Hadad es rey", una forma del dios sirio Hadad.

Anamelec.

Literalmente, "Anu es rey". Anu era el famoso dios del cielo en la antigua Mesopotamia.

32. Temían a Jehová.

Antes no habían temido a Jehová (vers. 25). La influencia del sacerdote de Bet-el no transformó a esta gente en verdaderos adoradores del Dios del cielo. Se cree que la gente, además de adorar a otros dioses, reconocía en cierta medida al Dios nacional de Israel.

Del bajo pueblo.

Se hicieron sacerdotes de entre todas las clases del pueblo, sin tomar en cuenta las cualidades que debían caracterizar a las personas consagradas al servicio de la religión.

34. Ni temen a Jehová.

Esta declaración no contradice la afirmación del vers. 33. En ese versículo se afirma que combinaban el culto a Jehová con la adoración de muchos otros dioses y diosas. Este versículo hace resaltar que de ninguna manera era un verdadero reconocimiento del Señor. Si hubiesen reconocido al Señor, habrían estudiado sus leyes, se hubieran esforzado por cumplirlas. Nadie puede servir a Dios y a los ídolos. Hay un solo Dios verdadero, y los que en una forma u otra reconocen otros dioses, no temen en verdad al Señor.

Ni guardan sus estatutos.

El nuevo culto híbrido de Samaria no reconocía los estatutos divinos dados a Israel, ni era capaz de hacerlo. En buena medida se dejaron de lado la ley del Señor y las ordenanzas de la ley mosaica. Los israelitas que habían quedado en el país se mezclaron con los nuevos pobladores y se unieron a ellos en su culto (ver 2 Rey. 23: 19; 2 Crón. 34: 3-7, 33; Juan 4: 22).

35. Pacto.

Ver Exo. 19: 5, 6.

No temeréis a otros dioses.

Los Diez Mandamientos eran la base del pacto que Dios había hecho con su pueblo (Exo. 20: 1-17; 34: 27, 28). Los primeros dos mandamientos prohibían el reconocimiento de otros dioses y la adoración de ídolos (Exo. 20: 3-5).

36. Os sacó.

Compárese con el preámbulo de los Diez Mandamientos proclamados en el Sinaí (Exo. 20: 2).

37. Os dio por escrito.

Los mandamientos fueron escritos en tal forma que no hubiese confusiones en cuanto a los requisitos divinos (ver Exo. 24: 3, 4).

40. Según su costumbre antigua.

Casi inmediatamente después de que Dios hizo su pacto con Israel y el pueblo prometió ser obediente (Exo. 24: 3, 7), los israelitas mostraron su tendencia al error al adorar al becerro de oro (Exo. 32: 8).

41. Hasta hoy.

De estas palabras se desprende que el autor no vivió cuando ocurrieron los hechos que acaba de relatar. Parece haber vivido más tarde, quizá hasta después de la destrucción del reino de Judá (ver pág.716). Los papiros elefantinos (ver t. 1, pág.115) atestiguan que en tiempos de Esdras y Nehemías, los "judíos", como se autodenominaban los autores de estos papiros, tenían una religión en la cual adoraban a varias deidades paganas, además de adorar a Jehová. Estos judíos se habían establecido en Egipto pero mantenían relaciones tanto con el sumo sacerdote de Jerusalén como con los hijos de Sanbalat, gobernador de Samaria.

Así termina la historia de Israel, ese pueblo que debería haber sido "especial tesoro sobre todos los pueblos" " (Exo. 19: 5). Nunca se había iniciado un pueblo con mejores auspicios, ni tampoco terminó nación alguna con mayor ignominia y desgracia. Israel aprendió por triste experiencia que " "la justicia engrandece la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones" " (Prov. 14: 34).

Poco se sabe de lo que pasó con las tribus del norte tras su cautiverio. Quizá, muchos se mezclaron con las gentes entre las cuales vivían y perdieron su identidad. Otros siguieron adorando a Jehová y se unieron con los judíos del cautiverio babilónico (ver Jer. 50: 4, 20, 33). Algunos volvieron con los exiliados de Judá al mando de Zorobabel y Esdras (Esd. 8: 35; 1 Crón. 9: 3). En tiempos del NT se encontraban los judíos y sus prosélitos en Media, Partia, Elam, Capadocia, Frigia, Egipto, Libia, Cirene, Creta, Arabia, y por todo el Oriente (Hech. 2: 9-11). No podría decirse cuántos de ellos eran descendientes de los israelitas que fueron llevados cautivos por los asirios.

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