1. Joacaz.
El relato de la muerte de Jehú y del ascenso de Joacaz al trono se encuentra en el cap. 10: 35; pero la historia del reinado de Joacaz tan sólo aparece aquí, porque en los libros de los Reyes, por lo general, los reinados se ubican según el orden en que subieron al trono los gobernantes.
Quizás transcurrieron sólo unos pocos días desde que Jehú comenzó a reinar en Israel hasta que Atalía tomó el trono de Judá. Después, en el 7.º año de Jehú, el niño Joás comenzó su largo reinado de 40 años en Judá. Por eso estos tres reinados aparecen en el libro de Reyes en este orden: Jehú, Atalía, Joás. Después siguen Joacaz de Israel y su sucesor Joás. Ambos subieron al trono durante la vida de Joás de Judá. Después de esto, el relato vuelve a Judá para registrar el reinado de Amasías, sucesor de Joás.
3. El furor de Jehová.
La ira humana es irrazonable, cruel y vengativa; la de Dios es muy diferente. Al describir su carácter ante los hombres, Dios está limitado por el lenguaje humano, y necesariamente debe permitir que los autores bíblicos usen expresiones que, cuando mucho, apenas se aproximan al pensamiento divino aun cuando sea imperfectamente. "Furor" se utiliza aquí para describir la reacción divina ante el pecado. Violentamos el lenguaje bíblico si interpretamos que esta palabra, aplicada a Dios, comprende las flaquezas propias del hombre cuando reacciona frente a la provocación. No podemos descubrir los secretos de Dios mediante nuestro escudriñamiento (Job 11: 7). Debido a la insuficiencia del lenguaje humano, en cierto modo y en el momento oportuno (Gál. 4: 4), Dios hizo que su pensamiento fuera audible y visible en la vida de Cristo. La humanidad sólo tenía un concepto borroso del carácter de Dios; pero en Cristo, se demostró ante el mundo como es. Jesús declaró: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14: 9). A fin de comprender mejor la naturaleza del "furor" de Dios, es preciso estudiar las reacciones de Jesús ante ciertas situaciones que provocaron justamente su indignación. Obsérvese su comportamiento cuando limpió el templo (Juan 2: 13-17), y veremos una manifestación de indignación, autoridad y poder. Véaselo reprendiendo a los fariseos (Mat. 23) con lágrimas en su voz (CC 12). Nótese su angustiado llanto por los judíos impenitentes (Luc. 19: 41; DTG 528, 538). Recuérdese también que él fue quien dirigió los destinos de Israel en los días de Joacaz. Con amor permitió que Siria afligiera a Israel, con la esperanza de que esa disciplina pudiera hacer que los israelitas apóstatas volvieran a la razón y a Dios.
Mano de Hazael.
El Señor retiró su mano protectora de Israel y permitió que Hazael derrotara a Joacaz. Esta situación se mantuvo no sólo durante los días de Hazael, sino también durante parte del reinado de su hijo Ben-adad III.
4. Lo oyó.
El Señor es Dios de misericordia y bondad, siempre dispuesto a perdonar cuando los pecadores se arrepienten y se vuelven a él. Cuando Joacaz se volvió a Dios, el Señor, en su bondad, dirigió los acontecimientos de tal forma como para conceder la liberación a Israel.
5. Salvador.
Es probable que se refiera a Adad-nirari III, que reinó en Asiria, según el canon epónimo asirio o lista limmu (ver págs. 57, 159), aproximadamente desde 810 hasta 782 AC. En el 5.º año de su reinado, o sea en 806, Adad-nirari III relata una gran campaña militar al Mediterráneo durante la cual el rey de Siria fue subyugado y se lo obligó a pagar un elevado tributo. Cuando los asirios aplastaron a los sirios, pusieron fin a las incursiones sirias contra Israel.
Sus tiendas.
Sus casas (ver 1 Rey. 8: 66).
6. Imagen de Asera.
Heb. 'asherah . Es evidente que Jehú había permitido que este símbolo pagano permaneciera en Samaria. 'Asherah era un árbol sagrado, símbolo del principio reproductivo de la naturaleza, característica muy prominente en los cultos a la fertilidad en el Oriente (ver com. Juec. 3: 7; Exo. 34: 13).
7. Cincuenta hombres de a caballo.
Según el relato asirio, Acab dispuso de 2.000 carros y 10.000 infantes en ocasión de la batalla de Qarqar. Como resultado de una serie de desastres frente a Siria, Israel perdió casi todos sus carros y su caballería. Prácticamente esto equivalía a un desarme total, y dejaba a Israel casi sin defensas.
Como el polvo.
Figura de dicción que denota la extrema crueldad de Siria. Por esta crueldad, por haber trillado a "Galaad con trillos de acero" (Amós 1: 3), el profeta Amós, poco tiempo más tarde pronunció el juicio del Señor sobre Damasco (Amós 1: 4, 5).
9. Joás.
El hecho de que naciera durante el reinado de Joás de Judá, sugiere que podrían haberle puesto ese nombre en honor de aquel rey; si así fuera, indicaría un período de estrecha amistad entre las dos naciones.
10. El año treinta y siete.
Ver en la pág. 152 el cómputo del reinado de Joás.
Joás ... Joás.
Siendo que el nombre es el mismo, debe evitarse confundir a los dos: uno es rey de Judá; el otro, de Israel.
12. Los demás hechos.
La fórmula habitual para terminar el relato del reinado de un rey aparece en los vers. 12 y 13. Del reinado de este Joás se da un registro en los vers. 10 al 13. Se vuelve a hablar de él en el vers. 25, pero en una sección que trata principalmente de la opresión de Siria durante los reinados tanto de Joacaz como deJoás de Israel (vers. 22-25), y también en el cap. 14: 8-14 donde se describe el reinado de Amasías de Judá. Sin embargo, después de esta última sección, hay otra fórmula estereotipado habitual para terminar el reinado de este mismo Joás (cap. 14: 15, 16) con casi las mismas palabras del cap. 13: 12, 13.
13. Sobre su trono.
Esta afirmación difiere de la fórmula habitual: "Y reinó en su lugar Jeroboam su hijo" (cap. 14: 16). El Talmud ( Séder Olam ) y el erudito judío Kimchi sugieren que estos pasajes insinúan que Jeroboam fue corregente con su padre.
14. Llorando.
Este capítulo relata la muerte de Eliseo mientras joás aún era rey de Israel. Sin duda Joás reconoció que el anciano profeta era un valioso consejero y ayudante, y se dio cuenta de que la muerte del varón de Dios constituía para Israel una trágica pérdida.
Padre mío.
Este era un título respetuoso, pero el anciano profeta era en verdad un padre bondadoso, sabio y compasivo. Cuando el rey se encontraba en dificultades, podía ir al profeta en procura de dirección y fuerza. Joás estaba lejos de ser justo, pero a pesar de ello se sentía atraído por Eliseo y lo reconocía como un verdadero siervo de Dios.
Carro de Israel.
Esta afirmación insinúa que Joás, por causa de sus reveses, había llegado a reconocer que el profeta y su Dios significaban más para Israel que cualquier cantidad de carros y caballos. En ese momento Israel había quedado casi sin caballos y carros (vers. 7). Para Israel, la presencia de Eliseo simbolizaba la presencia del Señor. Mediante su ministerio, el profeta había tratado de que el rey y el pueblo se dieran cuenta de que sólo en Jehová la nación podría encontrar su verdadera defensa y fortaleza.
15. Toma un arco y unas saetas.
Las acciones simbólicas graban la verdad más vívidamente que las declaraciones abstractas. Por mucho tiempo se ha reconocido el valor de las ilustraciones visuales para la enseñanza. En este caso se añadía un elemento de valor instructivo. El rey mismo tomó parte. Su participación grabó al punto la predicción en su mente y le hizo aprender que su futuro éxito dependía del grado de armonía que mantuviera con las indicaciones divinas.
16. Sobre las manos del rey.
Probablemente para impresionar al rey con el hecho de que si él hacía como el Señor mandaba, Dios lo acompañaría para guiarlo, fortalecerlo y darle el éxito.
17. Al oriente.
Hacia el oriente estaba Galaad, ocupada en ese momento por Siria. El rey debía dirigir sus esfuerzos hacia el oiiente para libertar las ciudades del otro lado del Jordán que se encontraban bajo el dominio sirio.
Saeta de salvación de Jehová.
Cuando el rey disparó su saeta hacia el oriente en respuesta a la orden del mensajero de Dios, Eliseo, bajo la inspiración divina predijo la futura victoria de Israel sobre las fuerzas de Damasco.
Afec.
Varias aldeas muy dispersas tenían este nombre (ver com. 1 Sam. 4: 1). Es probable que la aldea en cuestión sea la que está a unos 6 km al este del mar de Galilea, en un camino que une el valle del Jordán con Damasco. Quizá fue en esta misma Afec donde los sirios sufrieron una desastrosa derrota a manos de Acab (1 Rey. 20: 26-34), en la cual éste fue exageradamente indulgente. El lugar ahora se llama Fiq .
18. Golpea la tierra.
Otro acto simbólico para indicar que la victoria sobre Siria no sería fácil. La liberación completa no se efectuaría sino como resultado de un esfuerzo largo y sostenido. El rey estaba siendo puesto a prueba.
Se detuvo.
Joás se detuvo demasiado pronto. Se le había dicho que golpeara la tierra, pero era él quien debía decidir cuántas veces había de golpear. De eso dependerían los resultados que se lograran. Si era agresivo y decidido, perseverante en su tarea hasta que se lograran todos los objetivos, podría ganar una victoria tan completa sobre su enemigo que Siria nunca más constituiría una amenaza para Israel.
19. Cinco o seis golpes.
La victoria total exigiría mucho más esfuerzo que la recuperación del territorio del otro lado del Jordán. Significaba un ataque contra Siria misma para destruirla, a fin de que no pudiera levantarse más como una amenaza para Israel y sus vecinos. La lección que Joás debía aprender es para todos: en la obra del Señor, quien pide esfuerzos fervientes, perseverantes y continuos, los resultados están en proporción directa con el esfuerzo realizado. La obra se atrasa porque los obreros en la viña del Señor se cansan demasiado pronto. Si cada obrero se diera por entero a la tarea de salvar almas, los resultados serían diez veces mayores de lo que hoy son. Dios obtiene victorias de gracia mediante sus siervos cuando éstos se entregan a él en completa consagración y trabajan con energía y celo incansables.
20. Murió Eliseo.
Eliseo no tuvo el privilegio de ir al cielo en un carro de fuego. Le tocó sufrir una larga enfermedad y morir finalmente. Muchos consagrados hijos de Dios han tenido que pasar por largas horas de enfermedad y sufrimiento. No siempre es evidente el motivo, pero en esos momentos penosos puede hallarse consuelo cuando se sabe que Dios está haciendo que todo sea para bien, incluso las aflicciones provocadas por el enemigo (Rom. 8: 28). Para que Satanás no pueda alegar que no se le dejó actuar con cada alma, Dios le permite que la acose. Este principio se ilustra claramente en las vicisitudes de Job (caps. 1, 2), y también se comprueba en la vida de hombres piadosos que, a pesar de su piedad, han sufrido mucho. En esos momentos difíciles, el que sufre debe meditar en la experiencia de esos dignos hijos de Dios: (1) en el piadoso Eliseo que murió lentamente de una enfermedad mortal, a pesar de haber sido un instrumento divino para curar y aun resucitar a otros; (2) en Juan el Bautista que languideció en una prisión y fue decapitado públicamente debido a la precipitación de un rey disoluto; (3) escuchar la oración de Pablo para que le fuera quitado el "aguijón en la carne, un mensajero de Satanás" , y la respuesta negativa de parte del Señor (2 Cor. 12: 7-10); (4) recordar que, salvo Juan, aunque también torturado y desterrado, todos los discípulos sufrieron una muerte violenta; (5) contemplar a Jesús, el ejemplo supremo, que a pesar de ser el Hijo de Dios sufrió como ningún ser humano, y declaró: "El siervo no es mayor que su señor" (Juan 15: 20).
En su postrera enfermedad, Eliseo no se quejó ni perdió la fe en Dios, en cuya presencia sabía que estaba siempre. También era consciente de que los ángeles siempre estaban a su lado. Murió conforme vivió: confiando, esperando, fiel hasta el fin.
Entrado el año.
Es decir, después del comienzo del año que empezaba en la primavera [del hemisferio norte] (ver pág. 111), en el mes de Nisán, más o menos en lo que para nosotros es abril. Esa era la época propicia para las campañas militares, porque había terminado la estación lluviosa, y las cosechas estaban madurando en Palestina. En esta forma los ejércitos invasores podían subsistir y llevarse la nueva cosecha de cereales.
Moabitas.
Moab estaba al este del curso inferior del Jordán y del mar Muerto (ver com. cap. 3: 4). Joram y Josafat habían logrado una victoria relativa sobre los moabitas (cap. 3: 24), pero el enemigo se había restablecido y efectuaba incursiones en el territorio de Israel.
21. Revivió.
Probablemente este milagro tuvo un profundo efecto tanto sobre quienes lo vieron como sobre los que después supieron de él. Era un momento de angustia y zozobra. Los moabitas estaban invadiendo la tierra y llevándose la nueva cosecha. Bien podía preguntarse ahora qué había pasado con el Dios de Eliseo y dónde estaban los milagros del pasado. Esta resurrección demostró que el Dios de Israel estaba vivo y todavía dispuesto a obrar milagros. Si se hiciera caso a los mensajes del extinto profeta, Dios daría otra vez a su pueblo la victoria sobre el invasor y restablecería la paz en la tierra.
23. Tuvo misericordia.
Dios tiene un registro exacto de todas las naciones para ver si cumplen la tarea que él les ha señalado. Se les concede un período de gracia al fin del cual, si no han vivido a la altura de sus privilegios, son eliminadas. Israel no había llegado aún al fin de su tiempo de gracia. Por tanto, no era demasiado tarde para enmendar sus errores del pasado y cumplir los propósitos originales que Dios había tenido al llamar a Abrahán, Isaac y Jacob.
También se prueba a los individuos para ver si han de cumplir el propósito divino para el cual han sido creados. En su gran plan, Dios tiene un propósito para cada persona, que sólo puede tener verdadero éxito si cumple fielmente con ese propósito. Muchos se han alejado del dechado original y, como el Israel de la antigüedad, van camino al desastre. Dios aún ofrece su misericordia, pero los días son cruciales. Un día, muy pronto, el fuego pondrá a prueba la obra de cada ser humano, para ver "cuál sea" (1 Cor. 3: 13). Entonces todos recibirán la recompensa según haya sido su obra (2 Cor. 5: 10; Apoc. 22: 12).
Hasta hoy.
El hebreo dice "hasta ahora" o "hasta entonces". Aunque hasta ese momento Israel había resistido todos sus esfuerzos para llevarlo al arrepentimiento, Dios siguió 924 siendo misericordioso y le dio todas las oportunidades posibles para que dejara su iniquidad y no pereciera como nación.
24. Ben-adad.
Ben-adad III. El primer rey que llevó ese nombre fue contemporáneo de Asa (1 Rey. 15: 18); y el segundo, contemporáneo de Acab y Josafat (1 Rey. 20: 1, 34). En las inscripciones del rey asirio Adad-nirari III, Ben-adad aparece bajo el nombre Mari' , título arameo que significa "mi señor".
25. Restituyó las ciudades.
Eliseo había predicho esta victoria de Joás (vers. 17). Si el rey de Israel hubiera confiado en Dios y extendido sus victorias, habría herido a Siria con un golpe devastador y quizá mortal (vers. 19).
CBA T2
El relato de la muerte de Jehú y del ascenso de Joacaz al trono se encuentra en el cap. 10: 35; pero la historia del reinado de Joacaz tan sólo aparece aquí, porque en los libros de los Reyes, por lo general, los reinados se ubican según el orden en que subieron al trono los gobernantes.
Quizás transcurrieron sólo unos pocos días desde que Jehú comenzó a reinar en Israel hasta que Atalía tomó el trono de Judá. Después, en el 7.º año de Jehú, el niño Joás comenzó su largo reinado de 40 años en Judá. Por eso estos tres reinados aparecen en el libro de Reyes en este orden: Jehú, Atalía, Joás. Después siguen Joacaz de Israel y su sucesor Joás. Ambos subieron al trono durante la vida de Joás de Judá. Después de esto, el relato vuelve a Judá para registrar el reinado de Amasías, sucesor de Joás.
3. El furor de Jehová.
La ira humana es irrazonable, cruel y vengativa; la de Dios es muy diferente. Al describir su carácter ante los hombres, Dios está limitado por el lenguaje humano, y necesariamente debe permitir que los autores bíblicos usen expresiones que, cuando mucho, apenas se aproximan al pensamiento divino aun cuando sea imperfectamente. "Furor" se utiliza aquí para describir la reacción divina ante el pecado. Violentamos el lenguaje bíblico si interpretamos que esta palabra, aplicada a Dios, comprende las flaquezas propias del hombre cuando reacciona frente a la provocación. No podemos descubrir los secretos de Dios mediante nuestro escudriñamiento (Job 11: 7). Debido a la insuficiencia del lenguaje humano, en cierto modo y en el momento oportuno (Gál. 4: 4), Dios hizo que su pensamiento fuera audible y visible en la vida de Cristo. La humanidad sólo tenía un concepto borroso del carácter de Dios; pero en Cristo, se demostró ante el mundo como es. Jesús declaró: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14: 9). A fin de comprender mejor la naturaleza del "furor" de Dios, es preciso estudiar las reacciones de Jesús ante ciertas situaciones que provocaron justamente su indignación. Obsérvese su comportamiento cuando limpió el templo (Juan 2: 13-17), y veremos una manifestación de indignación, autoridad y poder. Véaselo reprendiendo a los fariseos (Mat. 23) con lágrimas en su voz (CC 12). Nótese su angustiado llanto por los judíos impenitentes (Luc. 19: 41; DTG 528, 538). Recuérdese también que él fue quien dirigió los destinos de Israel en los días de Joacaz. Con amor permitió que Siria afligiera a Israel, con la esperanza de que esa disciplina pudiera hacer que los israelitas apóstatas volvieran a la razón y a Dios.
Mano de Hazael.
El Señor retiró su mano protectora de Israel y permitió que Hazael derrotara a Joacaz. Esta situación se mantuvo no sólo durante los días de Hazael, sino también durante parte del reinado de su hijo Ben-adad III.
4. Lo oyó.
El Señor es Dios de misericordia y bondad, siempre dispuesto a perdonar cuando los pecadores se arrepienten y se vuelven a él. Cuando Joacaz se volvió a Dios, el Señor, en su bondad, dirigió los acontecimientos de tal forma como para conceder la liberación a Israel.
5. Salvador.
Es probable que se refiera a Adad-nirari III, que reinó en Asiria, según el canon epónimo asirio o lista limmu (ver págs. 57, 159), aproximadamente desde 810 hasta 782 AC. En el 5.º año de su reinado, o sea en 806, Adad-nirari III relata una gran campaña militar al Mediterráneo durante la cual el rey de Siria fue subyugado y se lo obligó a pagar un elevado tributo. Cuando los asirios aplastaron a los sirios, pusieron fin a las incursiones sirias contra Israel.
Sus tiendas.
Sus casas (ver 1 Rey. 8: 66).
6. Imagen de Asera.
Heb. 'asherah . Es evidente que Jehú había permitido que este símbolo pagano permaneciera en Samaria. 'Asherah era un árbol sagrado, símbolo del principio reproductivo de la naturaleza, característica muy prominente en los cultos a la fertilidad en el Oriente (ver com. Juec. 3: 7; Exo. 34: 13).
7. Cincuenta hombres de a caballo.
Según el relato asirio, Acab dispuso de 2.000 carros y 10.000 infantes en ocasión de la batalla de Qarqar. Como resultado de una serie de desastres frente a Siria, Israel perdió casi todos sus carros y su caballería. Prácticamente esto equivalía a un desarme total, y dejaba a Israel casi sin defensas.
Como el polvo.
Figura de dicción que denota la extrema crueldad de Siria. Por esta crueldad, por haber trillado a "Galaad con trillos de acero" (Amós 1: 3), el profeta Amós, poco tiempo más tarde pronunció el juicio del Señor sobre Damasco (Amós 1: 4, 5).
9. Joás.
El hecho de que naciera durante el reinado de Joás de Judá, sugiere que podrían haberle puesto ese nombre en honor de aquel rey; si así fuera, indicaría un período de estrecha amistad entre las dos naciones.
10. El año treinta y siete.
Ver en la pág. 152 el cómputo del reinado de Joás.
Joás ... Joás.
Siendo que el nombre es el mismo, debe evitarse confundir a los dos: uno es rey de Judá; el otro, de Israel.
12. Los demás hechos.
La fórmula habitual para terminar el relato del reinado de un rey aparece en los vers. 12 y 13. Del reinado de este Joás se da un registro en los vers. 10 al 13. Se vuelve a hablar de él en el vers. 25, pero en una sección que trata principalmente de la opresión de Siria durante los reinados tanto de Joacaz como deJoás de Israel (vers. 22-25), y también en el cap. 14: 8-14 donde se describe el reinado de Amasías de Judá. Sin embargo, después de esta última sección, hay otra fórmula estereotipado habitual para terminar el reinado de este mismo Joás (cap. 14: 15, 16) con casi las mismas palabras del cap. 13: 12, 13.
13. Sobre su trono.
Esta afirmación difiere de la fórmula habitual: "Y reinó en su lugar Jeroboam su hijo" (cap. 14: 16). El Talmud ( Séder Olam ) y el erudito judío Kimchi sugieren que estos pasajes insinúan que Jeroboam fue corregente con su padre.
14. Llorando.
Este capítulo relata la muerte de Eliseo mientras joás aún era rey de Israel. Sin duda Joás reconoció que el anciano profeta era un valioso consejero y ayudante, y se dio cuenta de que la muerte del varón de Dios constituía para Israel una trágica pérdida.
Padre mío.
Este era un título respetuoso, pero el anciano profeta era en verdad un padre bondadoso, sabio y compasivo. Cuando el rey se encontraba en dificultades, podía ir al profeta en procura de dirección y fuerza. Joás estaba lejos de ser justo, pero a pesar de ello se sentía atraído por Eliseo y lo reconocía como un verdadero siervo de Dios.
Carro de Israel.
Esta afirmación insinúa que Joás, por causa de sus reveses, había llegado a reconocer que el profeta y su Dios significaban más para Israel que cualquier cantidad de carros y caballos. En ese momento Israel había quedado casi sin caballos y carros (vers. 7). Para Israel, la presencia de Eliseo simbolizaba la presencia del Señor. Mediante su ministerio, el profeta había tratado de que el rey y el pueblo se dieran cuenta de que sólo en Jehová la nación podría encontrar su verdadera defensa y fortaleza.
15. Toma un arco y unas saetas.
Las acciones simbólicas graban la verdad más vívidamente que las declaraciones abstractas. Por mucho tiempo se ha reconocido el valor de las ilustraciones visuales para la enseñanza. En este caso se añadía un elemento de valor instructivo. El rey mismo tomó parte. Su participación grabó al punto la predicción en su mente y le hizo aprender que su futuro éxito dependía del grado de armonía que mantuviera con las indicaciones divinas.
16. Sobre las manos del rey.
Probablemente para impresionar al rey con el hecho de que si él hacía como el Señor mandaba, Dios lo acompañaría para guiarlo, fortalecerlo y darle el éxito.
17. Al oriente.
Hacia el oriente estaba Galaad, ocupada en ese momento por Siria. El rey debía dirigir sus esfuerzos hacia el oiiente para libertar las ciudades del otro lado del Jordán que se encontraban bajo el dominio sirio.
Saeta de salvación de Jehová.
Cuando el rey disparó su saeta hacia el oriente en respuesta a la orden del mensajero de Dios, Eliseo, bajo la inspiración divina predijo la futura victoria de Israel sobre las fuerzas de Damasco.
Afec.
Varias aldeas muy dispersas tenían este nombre (ver com. 1 Sam. 4: 1). Es probable que la aldea en cuestión sea la que está a unos 6 km al este del mar de Galilea, en un camino que une el valle del Jordán con Damasco. Quizá fue en esta misma Afec donde los sirios sufrieron una desastrosa derrota a manos de Acab (1 Rey. 20: 26-34), en la cual éste fue exageradamente indulgente. El lugar ahora se llama Fiq .
18. Golpea la tierra.
Otro acto simbólico para indicar que la victoria sobre Siria no sería fácil. La liberación completa no se efectuaría sino como resultado de un esfuerzo largo y sostenido. El rey estaba siendo puesto a prueba.
Se detuvo.
Joás se detuvo demasiado pronto. Se le había dicho que golpeara la tierra, pero era él quien debía decidir cuántas veces había de golpear. De eso dependerían los resultados que se lograran. Si era agresivo y decidido, perseverante en su tarea hasta que se lograran todos los objetivos, podría ganar una victoria tan completa sobre su enemigo que Siria nunca más constituiría una amenaza para Israel.
19. Cinco o seis golpes.
La victoria total exigiría mucho más esfuerzo que la recuperación del territorio del otro lado del Jordán. Significaba un ataque contra Siria misma para destruirla, a fin de que no pudiera levantarse más como una amenaza para Israel y sus vecinos. La lección que Joás debía aprender es para todos: en la obra del Señor, quien pide esfuerzos fervientes, perseverantes y continuos, los resultados están en proporción directa con el esfuerzo realizado. La obra se atrasa porque los obreros en la viña del Señor se cansan demasiado pronto. Si cada obrero se diera por entero a la tarea de salvar almas, los resultados serían diez veces mayores de lo que hoy son. Dios obtiene victorias de gracia mediante sus siervos cuando éstos se entregan a él en completa consagración y trabajan con energía y celo incansables.
20. Murió Eliseo.
Eliseo no tuvo el privilegio de ir al cielo en un carro de fuego. Le tocó sufrir una larga enfermedad y morir finalmente. Muchos consagrados hijos de Dios han tenido que pasar por largas horas de enfermedad y sufrimiento. No siempre es evidente el motivo, pero en esos momentos penosos puede hallarse consuelo cuando se sabe que Dios está haciendo que todo sea para bien, incluso las aflicciones provocadas por el enemigo (Rom. 8: 28). Para que Satanás no pueda alegar que no se le dejó actuar con cada alma, Dios le permite que la acose. Este principio se ilustra claramente en las vicisitudes de Job (caps. 1, 2), y también se comprueba en la vida de hombres piadosos que, a pesar de su piedad, han sufrido mucho. En esos momentos difíciles, el que sufre debe meditar en la experiencia de esos dignos hijos de Dios: (1) en el piadoso Eliseo que murió lentamente de una enfermedad mortal, a pesar de haber sido un instrumento divino para curar y aun resucitar a otros; (2) en Juan el Bautista que languideció en una prisión y fue decapitado públicamente debido a la precipitación de un rey disoluto; (3) escuchar la oración de Pablo para que le fuera quitado el "aguijón en la carne, un mensajero de Satanás" , y la respuesta negativa de parte del Señor (2 Cor. 12: 7-10); (4) recordar que, salvo Juan, aunque también torturado y desterrado, todos los discípulos sufrieron una muerte violenta; (5) contemplar a Jesús, el ejemplo supremo, que a pesar de ser el Hijo de Dios sufrió como ningún ser humano, y declaró: "El siervo no es mayor que su señor" (Juan 15: 20).
En su postrera enfermedad, Eliseo no se quejó ni perdió la fe en Dios, en cuya presencia sabía que estaba siempre. También era consciente de que los ángeles siempre estaban a su lado. Murió conforme vivió: confiando, esperando, fiel hasta el fin.
Entrado el año.
Es decir, después del comienzo del año que empezaba en la primavera [del hemisferio norte] (ver pág. 111), en el mes de Nisán, más o menos en lo que para nosotros es abril. Esa era la época propicia para las campañas militares, porque había terminado la estación lluviosa, y las cosechas estaban madurando en Palestina. En esta forma los ejércitos invasores podían subsistir y llevarse la nueva cosecha de cereales.
Moabitas.
Moab estaba al este del curso inferior del Jordán y del mar Muerto (ver com. cap. 3: 4). Joram y Josafat habían logrado una victoria relativa sobre los moabitas (cap. 3: 24), pero el enemigo se había restablecido y efectuaba incursiones en el territorio de Israel.
21. Revivió.
Probablemente este milagro tuvo un profundo efecto tanto sobre quienes lo vieron como sobre los que después supieron de él. Era un momento de angustia y zozobra. Los moabitas estaban invadiendo la tierra y llevándose la nueva cosecha. Bien podía preguntarse ahora qué había pasado con el Dios de Eliseo y dónde estaban los milagros del pasado. Esta resurrección demostró que el Dios de Israel estaba vivo y todavía dispuesto a obrar milagros. Si se hiciera caso a los mensajes del extinto profeta, Dios daría otra vez a su pueblo la victoria sobre el invasor y restablecería la paz en la tierra.
23. Tuvo misericordia.
Dios tiene un registro exacto de todas las naciones para ver si cumplen la tarea que él les ha señalado. Se les concede un período de gracia al fin del cual, si no han vivido a la altura de sus privilegios, son eliminadas. Israel no había llegado aún al fin de su tiempo de gracia. Por tanto, no era demasiado tarde para enmendar sus errores del pasado y cumplir los propósitos originales que Dios había tenido al llamar a Abrahán, Isaac y Jacob.
También se prueba a los individuos para ver si han de cumplir el propósito divino para el cual han sido creados. En su gran plan, Dios tiene un propósito para cada persona, que sólo puede tener verdadero éxito si cumple fielmente con ese propósito. Muchos se han alejado del dechado original y, como el Israel de la antigüedad, van camino al desastre. Dios aún ofrece su misericordia, pero los días son cruciales. Un día, muy pronto, el fuego pondrá a prueba la obra de cada ser humano, para ver "cuál sea" (1 Cor. 3: 13). Entonces todos recibirán la recompensa según haya sido su obra (2 Cor. 5: 10; Apoc. 22: 12).
Hasta hoy.
El hebreo dice "hasta ahora" o "hasta entonces". Aunque hasta ese momento Israel había resistido todos sus esfuerzos para llevarlo al arrepentimiento, Dios siguió 924 siendo misericordioso y le dio todas las oportunidades posibles para que dejara su iniquidad y no pereciera como nación.
24. Ben-adad.
Ben-adad III. El primer rey que llevó ese nombre fue contemporáneo de Asa (1 Rey. 15: 18); y el segundo, contemporáneo de Acab y Josafat (1 Rey. 20: 1, 34). En las inscripciones del rey asirio Adad-nirari III, Ben-adad aparece bajo el nombre Mari' , título arameo que significa "mi señor".
25. Restituyó las ciudades.
Eliseo había predicho esta victoria de Joás (vers. 17). Si el rey de Israel hubiera confiado en Dios y extendido sus victorias, habría herido a Siria con un golpe devastador y quizá mortal (vers. 19).
CBA T2

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