Comentario Bíblico Adventista
2 Reyes capítulo 3
1. El año dieciocho.
Ver com. cap. 1:17. Siendo que Ocozías sucedió a su padre Acab en el 17.º año de josafat (1 Rey. 2 2: 51), la muerte de Acab debe haber ocurrido en el mismo año. Acab murió luchando contra los sirios (1 Rey. 22: 34-37), batalla en la cual Josafat participó con Acab, poniendo en peligro su propia vida (1 Rey. 22: 29-33).
2. No como su padre.
Acab, el padre de Joram, fue uno de los más impíos reyes de Israel. Algunas de sus maldades se consignan en 1 Rey. 16: 30-33. Ocozías, hermano de Joram, también fue impío, y Dios permitió su muerte por su devoción al culto de Baal (2 Rey. 1: 16, 17). Sin embargo, en el tiempo de Joram la obra de reforma de Elías y Eliseo evidentemente estaba teniendo un notorio efecto. Por eso, cuando se presenta la evaluación de su oscuro reinado, se dice que él no fue "como su padre".
Porque quitó.
Acab había establecido en la ciudad de Samaria un templo para el culto a Baal y colocó en él un altar para ese dios (1 Rey. 16: 32). Posiblemente también había puesto allí una imagen o columna sagrada, "estela" (BJ), en honor de Baal, la cual quitó Joram en ese tiempo.
4. Propietario de ganados.
En aquella época Moab se hallaba directamente al este del Jordán inferior y del mar Muerto. La región era fructífera y bien regada y, en su mayor parte, era una excelente tierra de pastoreo. Aún hoy se destaca por sus rebaños y manadas. El rey de Moab de aquellos tiempos puede compararse con un moderno Jeque árabe, cuya riqueza es estimada por la magnitud de sus rebaños y el número de su ganado.
Pagaba al rey de Israel.
La Piedra Moabita (ver t. I, págs. 127, 128) corrobora este registro del AT sobre la sujeción de Moab a Israel en los días de Mesa; relata la opresión de varios años sufrida por Moab bajo Omri y Acab; y alude al éxito de la rebelión de Mesa. Ver la Nota Adicional al fin del capítulo donde hay una traducción de la inscripción que aparece en dicha piedra.
Entonces se acostumbraba en el Oriente el pago del tributo con productos de comercio. Los asirios a menudo recibían tributo en ganado, caballos, ovejas y otras mercancías. Josafat recibió como tributo de los árabes " "siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos" " (2 Crón. 17: 11).
5. Moab se rebeló.
La muerte de Acab y la enfermedad de Ocozías fueron la oportunidad para que Moab se rebelara. En la inscripción de la Piedra Moabita puede apreciarse el buen éxito que tuvo la revuelta. Moab no sólo recuperó su soberanía, sino que tomó algunas ciudades israelitas y mató a muchos hebreos. Así cuenta Mesa la toma de Nebo de Israel: "La tomé, y destruí a todos ellos: 7.000 hombres, muchachos (?), mujeres, niñas (?) y siervas, porque yo lo había prometido a Astar-Quemos" (ver págs. 861, 862).
6. Entonces.
Quizá al comienzo mismo de su reinado, y poco después de la rebelión de Moab.
Pasó revista.
Más bien "enroló". Joram estaba decidido a someter nuevamente a Moab.
7. Envió a decir a Josafat.
La estrecha alianza entre las dos naciones aún existía. Probablemente sólo había pasado un año desde que Josafat acompañara a Acab para atacar a Ramot de Galaad. En la guerra con Moab, Joram evidentemente esperaba la misma ayuda que Josafat había dado a su padre en la guerra contra Siria.
Iré.
Cuando Josafat aceptó ir con Acab contra los sirios, lo censuró el profeta Jehú por ayudar al "impío" " y amar "a los que aborrecen a Jehová" " (2 Crón. 19: 2). Pero ahora nuevamente accedió a un pedido similar; esta vez para ir con Joram contra los moabitas. No se menciona la razón de la complacencia de Josafat para acompañar a Joram, pero quizá se debió a que éste se había mostrado menos inclinado a seguir el mal camino que su padre Acab, y porque había eliminado la imagen de Baal. Probablemente las dos naciones estaban aún ligadas por los términos de su alianza previa, pues todavía después de la muerte de Acab, Josafat se unió con Ocozías en la empresa de construir naves en Ezión-geber para comerciar con el extranjero (2 Crón. 20: 35-37). Posteriormente Ocozías, nieto de Josafat, ayudó a joram en otra guerra contra Siria (2 Crón. 22: 5).
8. ¿Por qué camino?
Joram parece ser quien pregunta. Había dos formas en que los reyes podían atacar a Moab: una era cruzar el Jordán y atacar a Moab desde el norte. Este podía ser el ataque más directo; pero las defensas más fuertes de Moab estaban en su límite del norte, pues era el más expuesto al ataque enemigo. Además, si el ataque procedía del norte, los aliados podían quedar expuestos al ataque de los sirios por su retaguardia. La otra ruta podía ser desde el sur, rodeando el extremo meridional del mar Muerto. Esta era una ruta más larga y difícil, pero podían atacar a Moab en un punto más vulnerable y contar además con Edom, entonces aliado de Judá (vers. 9).
Por el camino del desierto.
Evidentemente Josafat respondió a la pregunta de Joram. El camino sugerido descendía de Judea hasta el extremo sur del mar Muerto, donde cruzarían por las áridas y desiertas regiones de Edom.
9. Y el rey de Edom.
Sólo poco tiempo antes de esto "no había . . . rey en Edom" " (1 Rey. 22: 47), y Josafat tuvo acceso a través de este país a Ezión-geber, en el golfo de Akaba (1 Rey. 22: 48), que fue entonces su puerto marítimo como lo había sido de Salomón (1 Rey. 9: 26). El rey de Edom mencionado en este versículo era quizás vasallo de Judá, designado por Josafat.
Anduvieron rodeando.
Las condiciones imperantes en la región inhóspito y desolada por la cual pasaron eran tales, que evidentemente no pudieron tomar un camino directo hacia su destino, sino que tuvieron que hacer un desvío en busca del camino más favorable que pudieran encontrar.
Siete días de camino.
No se da ninguna información, acerca de dónde comenzó esta jornada de siete días. Desde Jerusalén a Hebrón, rumbo al sur, y por la ruta que tenía mejor agua, quizá había una distancia de 161 km hasta los límites de Moab. Pero eran grandes las dificultades del viaje, las condiciones climáticas probablemente les eran adversas, y evidentemente la marcha fue lenta. En una empresa tal, podían fracasar aun los planes mejor trazados. La numerosa cantidad de personas era una desventaja a causa del terreno que debían atravesar, y la misma magnitud del ejército agravaba sus sufrimientos y aumentaba sus penalidades.
Faltó agua.
Aun en el mejor de los casos, el agua es escasa en esas regiones del desierto meridional. Sin duda habían elegido un camino donde esperaban encontrar la mayor cantidad posible de agua; pero aun los arroyos que normalmente se esperaba que corriesen, podían secarse en esa árida región.
Las bestias.
"Bestias de carga" (BJ). Tenían animales para alimentarse y también de carga (vers. 17). Un ejército que iba a una zona donde se esperaba que abundara el ganado -como en Moab- quizá no se habría sobrecargado llevando muchos animales como alimento. Pero sí se necesitaban bestias de carga.
10. Ha llamado Jehová.
Cuando el ejército encontró dificultades, Joram estuvo dispuesto a echar la culpa al Señor. El mismo había hecho los planes de esa campaña, y el Señor muy poco tenía que ver con ella; pero emprendió la expedición, y al encontrarse en grandes aprietos Joram procuró culpar al Señor.
Para entregarlos.
Después de sufrir calor y cansancio en el desierto, el ejército llegó a un lugar donde acampar. Allí esperaban encontrar agua, pero descubrieron que no había. Estaban cansados, sedientos y exhaustos por la marcha. Ni ellos ni sus bestias de carga podían proseguir sin agua. Estaban desanimados y descorazonados. Delante de ellos estaban las huestes de Moab, ahora tal vez prevenidas, alerta, en plena posesión de sus recursos y listas para el ataque. A Joram le parecía desesperada la situación, y estuvo listo para acusar al Señor de haber reunido los ejércitos de tres naciones para entregarlos en manos de Moab. La verdadera fe en Dios nunca cede ante la desesperación, pero Joram no había aprendido las lecciones del significado de la fe, y no conocía bien a Dios. La incredulidad no tiene recursos para una hora de dificultad como ésa, ni consuelo para los dolientes, ni fortaleza para los desanimados.
11. Josafat dijo.
Joram estaba abatido, pero no Josafat. El rey de Israel dependía de sí mismo, pero el de Judá confiaba en Jehová y en la fortaleza que sabía que podía encontrar en él. Joram culpó a Dios por lo que pensó que era un desastre irremediable. Josafat vio más allá de las dificultades del momento, y halló consuelo y esperanza en el Señor.
Profeta.
Josafat reconoció que se trataba de una situación para la cual eran inadecuados los recursos humanos. Se necesitaba la voz de un profeta para un momento tal de peligro extremo. Sólo un mensaje divino podía dar el consejo y la conducción que señalaran la vía de salida de ese valle de muerte.
Para que consultemos.
Toda persona puede orar y consultar al Señor, pero él determina la manera en que dará su respuesta. En su sabiduría y providencia, Dios ha elegido dar mensajes de luz, vida y esperanza a los suyos mediante sus mensajeros los profetas. Para el que quiera escuchar esos mensajes se abre un camino de luz y alegría; para el que rehúsa prestarles atención, tan sólo hay oscuridad, derrota y desesperación.
Uno de los siervos del rey de Israel.
No sabemos cuán encumbrado o cuán humilde era el siervo que indicó dónde podía encontrarse al hombre que se necesitaba tan desesperadamente en esa hora crítica. El cargo significaba poco en un momento como ése. Se necesitaba un profeta, y fue un siervo el que sabía dónde se lo podía encontrar. Con mucha frecuencia, en la causa del Señor es un individuo humilde quien da la sugestión que finalmente conduce a la más grande de las victorias. Dios obra por medio de cualquier persona que se rinde para cumplir el mandato divino, no importa cuán baja sea la estima terrenal en que se la tenga.
Aquí está Eliseo.
Eliseo estaba allí, aunque es evidente que Joram lo ignoraba; pero el siervo y Dios lo sabían. Nunca hay crisis para el Señor. El previó este apremio, y por eso su siervo estaba disponible para dar la luz necesaria en el momento en que se la necesitaba con tanta desesperación.
Que servía a Elías.
"Que vertía el agua en manos de Elías" (BJ). Este interesante detalle revela uno de los menesteres que Eliseo solía efectuar mientras servía al anciano profeta. Eliseo había cumplido bien las tareas humildes que le habían sido confiadas, y ahora el señor le asignó responsabilidades de suma importancia.
La costumbre de "verter agua en las manos" de alguien como una señal de servicio prevalece aún hoy día en el Cercano Oriente. El agua escasea en la mayoría de las tierras bíblicas, y no se debe malgastar. Antes de servirse los alimentos en la tienda de un beduino o en las aldeas donde no hay un sistema de agua corriente, un sirviente coloca un recipiente delante de su amo y de los huéspedes. Toman un pedazo de jabón; colocan las manos bajo el recipiente de arcilla o de metal en forma de arra, y se derrama sobre las manos un chorrito de agua. En esta forma se lavan las manos antes de servirse el alimento, pues no usan cucharas ni tenedores. El que vierte el agua es siempre un sirviente; no una persona distinguida.
12. Palabra de Jehová.
La obra profético de Eliseo parece que estuvo más relacionada con el reino de Israel que con Judá; pero el rey de Judá sabía que Eliseo era profeta de Dios y que hablaba en su nombre. No tienen importancia las barreras nacionales en la obra de Dios. La palabra de Jehová estaba con Eliseo para beneficiar al pueblo de Israel, a Judá, Edom y a todos los demás que estuvieran dispuestos a prestarle oídos.
Descendieron a él.
Los tres reyes fueron a Eliseo, en vez de pedirle que él viniera a ellos. En tal ocasión, un profeta era mucho más importante que tres reyes. Fueron a él en procura del consejo que sabían que sólo un vidente verdadero podía dar.
13. Eliseo dijo.
La aparente humildad de Joram no lo libró de un reproche necesario. Es cierto que el rey había realizado ciertas reformas en Israel, pero aún hacía " "lo malo ante los Ojos de Jehová" (vers. 2). Acababa de expresar lo poco que estimaba a Jehová cuando procuró culparlo por una situación que se debía a errores de juicio humano y no a un propósito intencional de parte de Dios (ver vers. 10).
Ve a los profetas.
Es decir, a los profetas de Baal y de Asera. En los días de Elías hubo 450 profetas de Baal y 400 profetas de Asera, estos últimos sostenidos por Jezabel (1 Rey. I8: 19). Cuando Acab comenzó su guerra contra los sirios para recobrar a Ramot de Galaad, consultó a sus 400 profetas de la corte, un grupo de hombres que pretendían hablar en el nombre de Jehová (1 Rey. 22: 6, 11); sin embargo, estaban en una muy diferente categoría que los verdaderos profetas, reconocidos por el rey de Judá (1 Rey. 22: 7, 8). Aunque Joram había realizado ciertas reformas religiosas al eliminar la "estatua" o "estela" de Baal que su padre había hecho (2 Rey. 3: 2), aún estaba muy lejos de aceptar plenamente el culto de Jehová o de comprender su verdadera naturaleza y sus propósitos. Por eso Eliseo reprochó públicamente al rey de Israel por su falta de confianza en el verdadero Dios, y por acusarlo falsamente (vers.10).
14. Jehová de los ejércitos.
Término aplicado a Jehová desde los días de Samuel (1 Sam. 1: 3, 11; 4: 4;15: 2; etc.; ver t. I, pág. 182). Eliseo se manifiesta como siervo o embajador de Jehová que estaba ante él, y en cuyo nombre hablaba, como lo había hecho Elías (1 Rey. 17: 1; 18: 15).
Rostro de Josafat.
"Delante . . . " [de] " Josafat" (BJ). El rey de Judá hacía "lo recto ante los ojos de Jehová" " (1 Rey. 22: 43). Josafat era fiel, y Jehová tenía consideración por él; y ahora tal deferencia fue reconocida públicamente por el profeta Eliseo.
No te mirara.
Fue un reproche áspero pero oportuno y necesario. Estaba en juego el honor de Dios. El impío rey de Israel, ante un desastre, fruto de su propia necedad, intentó culpar al Señor. Si Josafat no hubiese participado en esta empresa, Eliseo habría rehusado interceder en favor de Joram. Los impíos disfrutan de muchas bendiciones debido a la presencia de los rectos siervos del Señor entre ellos; pero rara vez lo reconocen.
15. Un tañedor.
A través de los siglos, y en todas partes del mundo se ha apreciado el poder de la música por sus efectos de aquietar el espíritu y elevar la mente. Hay pocos recursos más eficaces que la música apropiada para elevar el alma por encima de las cosas terrenales a la atmósfera del cielo. Tiene poder para dar vida al pensamiento, desterrar la melancolía, estimular el valor, calmar el espíritu irritado y crear una atmósfera de paz, gozo y esperanza.
Vino sobre Eliseo.
El pueblo de Dios no comprende como debiera el valor de la música para despejar el cansancio, apartar las influencias de los Ángeles malos o elevar el alma por encimá de los cuidados, las dudas, la ira, la amargura y el temor. Si se cantaran más himnos sagrados en el hogar, el taller o la escuela, los hijos de Dios se unirían más entre sí y se acercarían más a Dios.
Sin embargo, sería un error pensar que los profetas acostumbraban recurrir a la música antes que profetizar. El hecho de que en los días de Saúl un grupo de profetas tuviera diversos instrumentos musicales (1 Sam. 10: 5), sólo indica que se apreciaba la música en los días de los profetas, y que ellos la empleaban -como debieran hacerlo todos los hijos de Dios- para inspirar y elevar el alma y los pensamientos a temas más elevados y más nobles. Jesús reconoció el valor del canto (DTG 54).
16. Haced en este valle.
Con frecuencia Dios prefiere obrar por medio de instrumentos humanos, y permite que éstos hagan ciertas cosas por sí mismos. La orden de hacer esos estanques (o "zanjas" , BJ) era una prueba de fe, y la obediencia a ese mandato demostraba sumisión a la voluntad divina.
El poder de Dios es capaz de hacer brotar arroyos en el desierto y de hacer florecer la soledad como un rosal. Así también, cuando se permite que el Espíritu de Dios penetre en el corazón, la vida, que una vez fue estéril, fructifica en obras de amor. Sin embargo, uno tiene que realizar su parte en la preparación del camino para la recepción del Espíritu de Dios.
17. No veréis viento.
La razón por la cual Dios dispone los acontecimientos en determinada forma no siempre puede ser perceptible. Dios podía haber provocado fácilmente una tempestad y un aguacero y proporcionarles el agua necesaria; pero prefirió no traer agua de esa forma. Si lo hubiese hecho así, los moabitas podrían haber pensado que los estanques se habían llenado con agua y no con sangre, y no se habría ganado la victoria sobre Moab.
18. Cosa ligera.
Las cosas imposibles para el ser humano son nada para el Señor. El recibir agua sería considerado por Israel como un milagro bastante grande en sí mismo; pero Dios quería ir más lejos, y hacer que el agua cumpliera un doble propósito: salvar la vida de los israelitas y proporcionarles un medio para derrotar en forma notable al enemigo.
En vuestras manos.
A Joram le parecía que Dios entregaría a Israel en manos de Moab, y por eso había clamado (ver vers. 10). Ahora se vería que lo opuesto era la verdad: Dios entregaría a Moab en manos de Israel.
19. Toda ciudad fortificada.
Las ciudades fortificadas de Moab no serían una defensa contra las huestes de Israel, sino que caerían ante ellas.
Talaréis.
Se ha pensado a veces que al proceder así, Israel iba en contra de las instrucciones dadas en Deut. 20: 19, 20. Pero Moisés se refería a las ciudades sitiadas en el tiempo de la conquista, y la razón que se daba para no cortar los árboles era que Israel pudiera comer de su fruto. Esa medida significaba prudencia, más bien que misericordia, porque Israel debía ocupar el territorio, y si cortaban los árboles frutales, sólo se harían daño a sí mismos.
Cegaréis todas las fuentes.
Cegar las fuentes era una práctica común en las guerras del antiguo Oriente. En los días de Isaac, los filisteos cegaron los pozos que había cavado Abrahán (Gén. 26: 15-18).
Con piedras.
Debían arrojar tantas piedras sobre la tierra que la hicieran inútil para el cultivo.
20. Cuando se ofrece el sacrificio.
Quizá esto se refiera a la hora cuando se ofrecía el holocausto diario. Véase 1 Rey. 18: 29, 36, donde se señala la hora con una alusión similar al servicio del templo. El sacrificio matutino tal vez se ofrecía aproximadamente al salir el sol, al despuntar el día (ver t. I, pág. 710 y com. Lev. 16: 4).
Camino de Edom.
El relato no revela cómo vino el agua desde Edom, pero no deja duda de que no brotó de la tierra.
21. Los de Moab oyeron.
Aquí el autor retrocede cronológicamente para explicar cómo se habían reunido los moabitas para la batalla tan pronto como les llegó la noticia de la venida de los reyes.
Los que apenas podían.
Es decir, toda la población masculina capaz de luchar, desde los más jóvenes hasta los más viejos. Fue un reclutamiento general de todos los que podían llevar espada.
23. Ha dado muerte.
La amistad entre los pueblos de Palestina no era siempre firme, y las alianzas no duraban mucho tiempo. Los confederados de diferentes razas podían caer en diferencias mutuas y volverse el uno contra el otro. En vista de los recelos recíprocos que existían entre Judá, Israel y Edom, le pareció posible a Moab que hubieran luchado entre sí los tres reyes que se habían preparado para atacarlo.
¡Moab, al botín!
Creyendo que sus enemigos se habían destruido mutuamente, los moabitas avanzaron deseosos de recoger los despojos. Probablemente ya no eran más un ejército disciplinado, sino una turba alborotada y desordenada que sólo pensaba en despojar a los cadáveres.
24. Matando a los de Moab.
Como no estaban preparados para la batalla, los moabitas cayeron como una presa fácil frente a sus enemigos. Ante una resistencia pequeña o nula, avanzaron las fuerzas aliadas teniendo delante de sí toda la tierra de Moab a su disposición.
25. Asolaron las ciudades.
El relato describe una total y humillante derrota de Moab. Ni aun las ciudades amuralladas pudieron resistir a los victoriosos invasores.
Cada uno su piedra.
Al preparar la tierra para su cultivo, primero era necesario limpiarla de piedras. Las piedras que habían sido eliminadas, otra vez fueron arrojadas sobre el campo por los invasores, dejando con cada agricultor la difícil tarea de limpiar de nuevo su campo.
Kir-hareset.
Se cree que sea Kir-hareset (Isa. 16:11) y Kir-hares (Jer. 48: 31, 36), y también probablemente Kir de Moab (Isa. 15:1). Su nombre moderno es el-Kerak. Esta ciudad era la importante fortaleza de Moab, ubicada en una posición estratégica en la altiplanicie inmediatamente al este de la parte meridional del mar Muerto, que controlaba la ruta comercial al mar Rojo. Estaba construida en la cima de un empinado monte rodeado por todos lados por un profundo y angosto valle, el que a su vez estaba completamente circundado por un anillo de montañas más elevadas que la ciudad. Se creía que la fortaleza era virtualmente inexpugnable. En el tiempo de las cruzadas fue un lugar muy importante. Los cruzados debieron desplegar heroicos esfuerzos para capturarla. Esta fortaleza es la construcción más grande de su especie que existe aún, y todavía se usa.
Honderos la rodearon.
Es evidente que los honderos encontraron posiciones en las montañas que rodeaban la ciudad, desde donde podían arrojarle piedras.
26. Era vencido.
Aun estando en esta gran fortaleza, Mesa comprendió que había sido derrotado.
Para atacar.
"Para abrir brecha" (BJ). Se hizo una tentativa para romper el cerco haciendo una salida por el lugar donde estaba el rey de Edom; pero sin éxito.
27. Lo ofreció.
El rey de Moab ofreció al heredero al trono como sacrificio, indudablemente en un esfuerzo para apaciguar a Quemos, el dios nacional (ver com. vers. 5). Esperaba que con este sacrificio lograría el favor de Quemos y su ayuda contra los atacantes. Los sacrificios humanos eran una de las abominaciones de las religiones de Palestina.
Sobre el muro.
Probablemente ante la vista de los sitiadores, con la esperanza de infundirles terror. Con este sacrificio -que los moabitas pensaban que Quemos tenía que aceptar- evidentemente esperaban suscitar los temores supersticiosos de los atacantes.
Enojo.
"Cólera" (BJ). Heb. qétsef . Esta palabra generalmente se usa aunque no siempre, para describir el desagrado de Dios (ver Núm. 1: 53; 18: 5; Jos. 9: 20; 22: 20; 1 Crón. 27: 24; 2 Crón. 19: 10; 24: 18; etc.); pero difícilmente se puede entender ahora así, pues no se menciona ninguna falta específica de Israel. Pero qétsef y su verbo de la misma raíz, qatsaf , también se emplean para indicar la ira humana. La naturaleza exacta de este enojo o indignación contra Israel no se describe, y no se revelan los detalles de la forma en que influyó contra los israelitas. No podemos saber con seguridad si el asedio terminó debido a que aumentó la resistencia de los defensores - inspirada por el sacrificio extremo de parte de su rey-, o si el gran enojo se hizo sentir en alguna otra forma. En la LXX se lee metámelos , "arrepentimiento", "pesar".
Se apartaron.
Los sitiadores renunciaron a sus esfuerzos para tomar la ciudad; la dejaron con el rey y sus defensores, mientras regresaban a sus países sin haber logrado su propósito pleno, pero con la recompensa de una victoria considerable.
NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 3
Uno de los documentos más importantes relacionados con la historia de Israel es la inscripción del rey Mesa, en la famosa Piedra Moabita que data del siglo IX AC. En el t. I, págs. 127, 128, hay una fotografía y una breve descripción de la piedra. La división en párrafos de la traducción que sigue no está en la inscripción original, pero se la añade por ser conveniente. Las palabras entre corchetes se insertan para hacer más claro el significado de la inscripción. Los puntos suspensivos indican vacíos en la inscripción, cuyo contexto no permite deducir lo que podría haberse escrito. Las palabras seguidas por signos de interrogación entre paréntesis, se han añadido para completar el texto tal como lo sugiere el contexto.
La Piedra Moabita
"Yo soy Mesha [Mesa], hijo de Kemosh [Quemos o Camos], ... rey de Moab, el debonita. Mi padre reinó en Moab 30 años, y yo reiné después de mi padre. Y erigí este lugar alto para Kemosh en Qorjah [Qarhoh] ... porque me salvó de todos los reyes y me hizo triunfar sobre todos mis enemigos. Omri, rey de Israel, había oprimido a Moab por muchos días porque Kemosh estaba enojado con su país. Y le sucedió su hijo, y dijo él también: 'Oprimiré a Moab'. En mis días él habló así (?), pero he triunfado sobre él y sobre su casa, e Israel ha perecido para siempre. Y Omri había ocupado la región de Medeba [Madaba] e [Israel] habitó allí durante sus días y durante la mitad de los días de su hijo [Acab], 40 años, pero Kemosh moró en ella en mi tiempo.
"Y yo edifiqué a Baal-meón y construí allí un estanque, y edifiqué a Qiryatán [Quiriataim]. Ahora los hombres de Gad habían habitado en la región de Atarot desde antaño, y el rey de Israel había construido a Atarot para ellos; pero yo guerreé contra la ciudad, la tomé y maté a toda la gente de la ciudad para satisfacer a Kemosh y a Moab. Y traje de allí a Orel [Arel], su caudillo, a quien arrastré ante Kemosh en Queriot, y establecí allí a los hombres de Sarón y de Mabarat.
"Y Kemosh me dijo: 'Ve, arrebátale Nebo a Israel'. Y fui por la noche y combatí contra ella desde que despuntó el alba hasta el mediodía; la tomé, y los maté a todos: 7.000 [70.000] hombres, muchachos (?), mujeres, niñas (?) y esclavas, porque los había dedicado a todos a Ashtar [Astarot]-Kemosh [Quemos]. Y tomé de allí los vasos (?) de YHWH [Yahvé o Jehová], y los arrastré delante de Kemosh. Y el rey de Israel había edificado a Yahas [Jahaza], y allí habitaba mientras combatía contra mí. Pero Kemosh lo expulsó ante mí, y (?) tomé de Moab 200 hombres, todos principales, y los puse contra Yahas, y la tomé para anexarla a Dibón.
"Edifiqué a Qorjah, el muro de los bosques y el muro de la ciudadela; también construí sus puertas y construí sus torres, y edifiqué el palacio, e hice ambos estanques para el agua dentro de la ciudad. Y no había cisterna dentro de la ciudad de Qorjah. Y dije a todo el pueblo: 'Cada uno de vosotros haga para sí una cisterna en su casa'. Y corté madera para Qorjah con prisioneros israelitas.
"Yo edifiqué a Aroer, e hice un camino público en el Arnón. Edifiqué a Bet-bamot porque había sido destruida. Edifiqué a Bet-ser [Bezer] porque yacía en ruinas, con (?) 50 hombres de Dibón, pues todo Dibón era obediente. Y reiné sobre (?) 100 pueblos que yo había anexado al país. Y construí a Medeba y a Bet-diblatén [Bet-diblataim] y a Bet-baalmeón y puse allí los apriscos (?) para (?) las (?) ovejas de la región. Y en cuanto a Hauronen, ellos moraban en ella... Pero Kemosh me dijo: 'Desciende, lucha contra Hauronen'. Y descendí y (?) la (?) tomé (?) y Kemosh moró (?) en ella en mis días..."
CBA T2
Ver com. cap. 1:17. Siendo que Ocozías sucedió a su padre Acab en el 17.º año de josafat (1 Rey. 2 2: 51), la muerte de Acab debe haber ocurrido en el mismo año. Acab murió luchando contra los sirios (1 Rey. 22: 34-37), batalla en la cual Josafat participó con Acab, poniendo en peligro su propia vida (1 Rey. 22: 29-33).
2. No como su padre.
Acab, el padre de Joram, fue uno de los más impíos reyes de Israel. Algunas de sus maldades se consignan en 1 Rey. 16: 30-33. Ocozías, hermano de Joram, también fue impío, y Dios permitió su muerte por su devoción al culto de Baal (2 Rey. 1: 16, 17). Sin embargo, en el tiempo de Joram la obra de reforma de Elías y Eliseo evidentemente estaba teniendo un notorio efecto. Por eso, cuando se presenta la evaluación de su oscuro reinado, se dice que él no fue "como su padre".
Porque quitó.
Acab había establecido en la ciudad de Samaria un templo para el culto a Baal y colocó en él un altar para ese dios (1 Rey. 16: 32). Posiblemente también había puesto allí una imagen o columna sagrada, "estela" (BJ), en honor de Baal, la cual quitó Joram en ese tiempo.
4. Propietario de ganados.
En aquella época Moab se hallaba directamente al este del Jordán inferior y del mar Muerto. La región era fructífera y bien regada y, en su mayor parte, era una excelente tierra de pastoreo. Aún hoy se destaca por sus rebaños y manadas. El rey de Moab de aquellos tiempos puede compararse con un moderno Jeque árabe, cuya riqueza es estimada por la magnitud de sus rebaños y el número de su ganado.
Pagaba al rey de Israel.
La Piedra Moabita (ver t. I, págs. 127, 128) corrobora este registro del AT sobre la sujeción de Moab a Israel en los días de Mesa; relata la opresión de varios años sufrida por Moab bajo Omri y Acab; y alude al éxito de la rebelión de Mesa. Ver la Nota Adicional al fin del capítulo donde hay una traducción de la inscripción que aparece en dicha piedra.
Entonces se acostumbraba en el Oriente el pago del tributo con productos de comercio. Los asirios a menudo recibían tributo en ganado, caballos, ovejas y otras mercancías. Josafat recibió como tributo de los árabes " "siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos" " (2 Crón. 17: 11).
5. Moab se rebeló.
La muerte de Acab y la enfermedad de Ocozías fueron la oportunidad para que Moab se rebelara. En la inscripción de la Piedra Moabita puede apreciarse el buen éxito que tuvo la revuelta. Moab no sólo recuperó su soberanía, sino que tomó algunas ciudades israelitas y mató a muchos hebreos. Así cuenta Mesa la toma de Nebo de Israel: "La tomé, y destruí a todos ellos: 7.000 hombres, muchachos (?), mujeres, niñas (?) y siervas, porque yo lo había prometido a Astar-Quemos" (ver págs. 861, 862).
6. Entonces.
Quizá al comienzo mismo de su reinado, y poco después de la rebelión de Moab.
Pasó revista.
Más bien "enroló". Joram estaba decidido a someter nuevamente a Moab.
7. Envió a decir a Josafat.
La estrecha alianza entre las dos naciones aún existía. Probablemente sólo había pasado un año desde que Josafat acompañara a Acab para atacar a Ramot de Galaad. En la guerra con Moab, Joram evidentemente esperaba la misma ayuda que Josafat había dado a su padre en la guerra contra Siria.
Iré.
Cuando Josafat aceptó ir con Acab contra los sirios, lo censuró el profeta Jehú por ayudar al "impío" " y amar "a los que aborrecen a Jehová" " (2 Crón. 19: 2). Pero ahora nuevamente accedió a un pedido similar; esta vez para ir con Joram contra los moabitas. No se menciona la razón de la complacencia de Josafat para acompañar a Joram, pero quizá se debió a que éste se había mostrado menos inclinado a seguir el mal camino que su padre Acab, y porque había eliminado la imagen de Baal. Probablemente las dos naciones estaban aún ligadas por los términos de su alianza previa, pues todavía después de la muerte de Acab, Josafat se unió con Ocozías en la empresa de construir naves en Ezión-geber para comerciar con el extranjero (2 Crón. 20: 35-37). Posteriormente Ocozías, nieto de Josafat, ayudó a joram en otra guerra contra Siria (2 Crón. 22: 5).
8. ¿Por qué camino?
Joram parece ser quien pregunta. Había dos formas en que los reyes podían atacar a Moab: una era cruzar el Jordán y atacar a Moab desde el norte. Este podía ser el ataque más directo; pero las defensas más fuertes de Moab estaban en su límite del norte, pues era el más expuesto al ataque enemigo. Además, si el ataque procedía del norte, los aliados podían quedar expuestos al ataque de los sirios por su retaguardia. La otra ruta podía ser desde el sur, rodeando el extremo meridional del mar Muerto. Esta era una ruta más larga y difícil, pero podían atacar a Moab en un punto más vulnerable y contar además con Edom, entonces aliado de Judá (vers. 9).
Por el camino del desierto.
Evidentemente Josafat respondió a la pregunta de Joram. El camino sugerido descendía de Judea hasta el extremo sur del mar Muerto, donde cruzarían por las áridas y desiertas regiones de Edom.
9. Y el rey de Edom.
Sólo poco tiempo antes de esto "no había . . . rey en Edom" " (1 Rey. 22: 47), y Josafat tuvo acceso a través de este país a Ezión-geber, en el golfo de Akaba (1 Rey. 22: 48), que fue entonces su puerto marítimo como lo había sido de Salomón (1 Rey. 9: 26). El rey de Edom mencionado en este versículo era quizás vasallo de Judá, designado por Josafat.
Anduvieron rodeando.
Las condiciones imperantes en la región inhóspito y desolada por la cual pasaron eran tales, que evidentemente no pudieron tomar un camino directo hacia su destino, sino que tuvieron que hacer un desvío en busca del camino más favorable que pudieran encontrar.
Siete días de camino.
No se da ninguna información, acerca de dónde comenzó esta jornada de siete días. Desde Jerusalén a Hebrón, rumbo al sur, y por la ruta que tenía mejor agua, quizá había una distancia de 161 km hasta los límites de Moab. Pero eran grandes las dificultades del viaje, las condiciones climáticas probablemente les eran adversas, y evidentemente la marcha fue lenta. En una empresa tal, podían fracasar aun los planes mejor trazados. La numerosa cantidad de personas era una desventaja a causa del terreno que debían atravesar, y la misma magnitud del ejército agravaba sus sufrimientos y aumentaba sus penalidades.
Faltó agua.
Aun en el mejor de los casos, el agua es escasa en esas regiones del desierto meridional. Sin duda habían elegido un camino donde esperaban encontrar la mayor cantidad posible de agua; pero aun los arroyos que normalmente se esperaba que corriesen, podían secarse en esa árida región.
Las bestias.
"Bestias de carga" (BJ). Tenían animales para alimentarse y también de carga (vers. 17). Un ejército que iba a una zona donde se esperaba que abundara el ganado -como en Moab- quizá no se habría sobrecargado llevando muchos animales como alimento. Pero sí se necesitaban bestias de carga.
10. Ha llamado Jehová.
Cuando el ejército encontró dificultades, Joram estuvo dispuesto a echar la culpa al Señor. El mismo había hecho los planes de esa campaña, y el Señor muy poco tenía que ver con ella; pero emprendió la expedición, y al encontrarse en grandes aprietos Joram procuró culpar al Señor.
Para entregarlos.
Después de sufrir calor y cansancio en el desierto, el ejército llegó a un lugar donde acampar. Allí esperaban encontrar agua, pero descubrieron que no había. Estaban cansados, sedientos y exhaustos por la marcha. Ni ellos ni sus bestias de carga podían proseguir sin agua. Estaban desanimados y descorazonados. Delante de ellos estaban las huestes de Moab, ahora tal vez prevenidas, alerta, en plena posesión de sus recursos y listas para el ataque. A Joram le parecía desesperada la situación, y estuvo listo para acusar al Señor de haber reunido los ejércitos de tres naciones para entregarlos en manos de Moab. La verdadera fe en Dios nunca cede ante la desesperación, pero Joram no había aprendido las lecciones del significado de la fe, y no conocía bien a Dios. La incredulidad no tiene recursos para una hora de dificultad como ésa, ni consuelo para los dolientes, ni fortaleza para los desanimados.
11. Josafat dijo.
Joram estaba abatido, pero no Josafat. El rey de Israel dependía de sí mismo, pero el de Judá confiaba en Jehová y en la fortaleza que sabía que podía encontrar en él. Joram culpó a Dios por lo que pensó que era un desastre irremediable. Josafat vio más allá de las dificultades del momento, y halló consuelo y esperanza en el Señor.
Profeta.
Josafat reconoció que se trataba de una situación para la cual eran inadecuados los recursos humanos. Se necesitaba la voz de un profeta para un momento tal de peligro extremo. Sólo un mensaje divino podía dar el consejo y la conducción que señalaran la vía de salida de ese valle de muerte.
Para que consultemos.
Toda persona puede orar y consultar al Señor, pero él determina la manera en que dará su respuesta. En su sabiduría y providencia, Dios ha elegido dar mensajes de luz, vida y esperanza a los suyos mediante sus mensajeros los profetas. Para el que quiera escuchar esos mensajes se abre un camino de luz y alegría; para el que rehúsa prestarles atención, tan sólo hay oscuridad, derrota y desesperación.
Uno de los siervos del rey de Israel.
No sabemos cuán encumbrado o cuán humilde era el siervo que indicó dónde podía encontrarse al hombre que se necesitaba tan desesperadamente en esa hora crítica. El cargo significaba poco en un momento como ése. Se necesitaba un profeta, y fue un siervo el que sabía dónde se lo podía encontrar. Con mucha frecuencia, en la causa del Señor es un individuo humilde quien da la sugestión que finalmente conduce a la más grande de las victorias. Dios obra por medio de cualquier persona que se rinde para cumplir el mandato divino, no importa cuán baja sea la estima terrenal en que se la tenga.
Aquí está Eliseo.
Eliseo estaba allí, aunque es evidente que Joram lo ignoraba; pero el siervo y Dios lo sabían. Nunca hay crisis para el Señor. El previó este apremio, y por eso su siervo estaba disponible para dar la luz necesaria en el momento en que se la necesitaba con tanta desesperación.
Que servía a Elías.
"Que vertía el agua en manos de Elías" (BJ). Este interesante detalle revela uno de los menesteres que Eliseo solía efectuar mientras servía al anciano profeta. Eliseo había cumplido bien las tareas humildes que le habían sido confiadas, y ahora el señor le asignó responsabilidades de suma importancia.
La costumbre de "verter agua en las manos" de alguien como una señal de servicio prevalece aún hoy día en el Cercano Oriente. El agua escasea en la mayoría de las tierras bíblicas, y no se debe malgastar. Antes de servirse los alimentos en la tienda de un beduino o en las aldeas donde no hay un sistema de agua corriente, un sirviente coloca un recipiente delante de su amo y de los huéspedes. Toman un pedazo de jabón; colocan las manos bajo el recipiente de arcilla o de metal en forma de arra, y se derrama sobre las manos un chorrito de agua. En esta forma se lavan las manos antes de servirse el alimento, pues no usan cucharas ni tenedores. El que vierte el agua es siempre un sirviente; no una persona distinguida.
12. Palabra de Jehová.
La obra profético de Eliseo parece que estuvo más relacionada con el reino de Israel que con Judá; pero el rey de Judá sabía que Eliseo era profeta de Dios y que hablaba en su nombre. No tienen importancia las barreras nacionales en la obra de Dios. La palabra de Jehová estaba con Eliseo para beneficiar al pueblo de Israel, a Judá, Edom y a todos los demás que estuvieran dispuestos a prestarle oídos.
Descendieron a él.
Los tres reyes fueron a Eliseo, en vez de pedirle que él viniera a ellos. En tal ocasión, un profeta era mucho más importante que tres reyes. Fueron a él en procura del consejo que sabían que sólo un vidente verdadero podía dar.
13. Eliseo dijo.
La aparente humildad de Joram no lo libró de un reproche necesario. Es cierto que el rey había realizado ciertas reformas en Israel, pero aún hacía " "lo malo ante los Ojos de Jehová" (vers. 2). Acababa de expresar lo poco que estimaba a Jehová cuando procuró culparlo por una situación que se debía a errores de juicio humano y no a un propósito intencional de parte de Dios (ver vers. 10).
Ve a los profetas.
Es decir, a los profetas de Baal y de Asera. En los días de Elías hubo 450 profetas de Baal y 400 profetas de Asera, estos últimos sostenidos por Jezabel (1 Rey. I8: 19). Cuando Acab comenzó su guerra contra los sirios para recobrar a Ramot de Galaad, consultó a sus 400 profetas de la corte, un grupo de hombres que pretendían hablar en el nombre de Jehová (1 Rey. 22: 6, 11); sin embargo, estaban en una muy diferente categoría que los verdaderos profetas, reconocidos por el rey de Judá (1 Rey. 22: 7, 8). Aunque Joram había realizado ciertas reformas religiosas al eliminar la "estatua" o "estela" de Baal que su padre había hecho (2 Rey. 3: 2), aún estaba muy lejos de aceptar plenamente el culto de Jehová o de comprender su verdadera naturaleza y sus propósitos. Por eso Eliseo reprochó públicamente al rey de Israel por su falta de confianza en el verdadero Dios, y por acusarlo falsamente (vers.10).
14. Jehová de los ejércitos.
Término aplicado a Jehová desde los días de Samuel (1 Sam. 1: 3, 11; 4: 4;15: 2; etc.; ver t. I, pág. 182). Eliseo se manifiesta como siervo o embajador de Jehová que estaba ante él, y en cuyo nombre hablaba, como lo había hecho Elías (1 Rey. 17: 1; 18: 15).
Rostro de Josafat.
"Delante . . . " [de] " Josafat" (BJ). El rey de Judá hacía "lo recto ante los ojos de Jehová" " (1 Rey. 22: 43). Josafat era fiel, y Jehová tenía consideración por él; y ahora tal deferencia fue reconocida públicamente por el profeta Eliseo.
No te mirara.
Fue un reproche áspero pero oportuno y necesario. Estaba en juego el honor de Dios. El impío rey de Israel, ante un desastre, fruto de su propia necedad, intentó culpar al Señor. Si Josafat no hubiese participado en esta empresa, Eliseo habría rehusado interceder en favor de Joram. Los impíos disfrutan de muchas bendiciones debido a la presencia de los rectos siervos del Señor entre ellos; pero rara vez lo reconocen.
15. Un tañedor.
A través de los siglos, y en todas partes del mundo se ha apreciado el poder de la música por sus efectos de aquietar el espíritu y elevar la mente. Hay pocos recursos más eficaces que la música apropiada para elevar el alma por encima de las cosas terrenales a la atmósfera del cielo. Tiene poder para dar vida al pensamiento, desterrar la melancolía, estimular el valor, calmar el espíritu irritado y crear una atmósfera de paz, gozo y esperanza.
Vino sobre Eliseo.
El pueblo de Dios no comprende como debiera el valor de la música para despejar el cansancio, apartar las influencias de los Ángeles malos o elevar el alma por encimá de los cuidados, las dudas, la ira, la amargura y el temor. Si se cantaran más himnos sagrados en el hogar, el taller o la escuela, los hijos de Dios se unirían más entre sí y se acercarían más a Dios.
Sin embargo, sería un error pensar que los profetas acostumbraban recurrir a la música antes que profetizar. El hecho de que en los días de Saúl un grupo de profetas tuviera diversos instrumentos musicales (1 Sam. 10: 5), sólo indica que se apreciaba la música en los días de los profetas, y que ellos la empleaban -como debieran hacerlo todos los hijos de Dios- para inspirar y elevar el alma y los pensamientos a temas más elevados y más nobles. Jesús reconoció el valor del canto (DTG 54).
16. Haced en este valle.
Con frecuencia Dios prefiere obrar por medio de instrumentos humanos, y permite que éstos hagan ciertas cosas por sí mismos. La orden de hacer esos estanques (o "zanjas" , BJ) era una prueba de fe, y la obediencia a ese mandato demostraba sumisión a la voluntad divina.
El poder de Dios es capaz de hacer brotar arroyos en el desierto y de hacer florecer la soledad como un rosal. Así también, cuando se permite que el Espíritu de Dios penetre en el corazón, la vida, que una vez fue estéril, fructifica en obras de amor. Sin embargo, uno tiene que realizar su parte en la preparación del camino para la recepción del Espíritu de Dios.
17. No veréis viento.
La razón por la cual Dios dispone los acontecimientos en determinada forma no siempre puede ser perceptible. Dios podía haber provocado fácilmente una tempestad y un aguacero y proporcionarles el agua necesaria; pero prefirió no traer agua de esa forma. Si lo hubiese hecho así, los moabitas podrían haber pensado que los estanques se habían llenado con agua y no con sangre, y no se habría ganado la victoria sobre Moab.
18. Cosa ligera.
Las cosas imposibles para el ser humano son nada para el Señor. El recibir agua sería considerado por Israel como un milagro bastante grande en sí mismo; pero Dios quería ir más lejos, y hacer que el agua cumpliera un doble propósito: salvar la vida de los israelitas y proporcionarles un medio para derrotar en forma notable al enemigo.
En vuestras manos.
A Joram le parecía que Dios entregaría a Israel en manos de Moab, y por eso había clamado (ver vers. 10). Ahora se vería que lo opuesto era la verdad: Dios entregaría a Moab en manos de Israel.
19. Toda ciudad fortificada.
Las ciudades fortificadas de Moab no serían una defensa contra las huestes de Israel, sino que caerían ante ellas.
Talaréis.
Se ha pensado a veces que al proceder así, Israel iba en contra de las instrucciones dadas en Deut. 20: 19, 20. Pero Moisés se refería a las ciudades sitiadas en el tiempo de la conquista, y la razón que se daba para no cortar los árboles era que Israel pudiera comer de su fruto. Esa medida significaba prudencia, más bien que misericordia, porque Israel debía ocupar el territorio, y si cortaban los árboles frutales, sólo se harían daño a sí mismos.
Cegaréis todas las fuentes.
Cegar las fuentes era una práctica común en las guerras del antiguo Oriente. En los días de Isaac, los filisteos cegaron los pozos que había cavado Abrahán (Gén. 26: 15-18).
Con piedras.
Debían arrojar tantas piedras sobre la tierra que la hicieran inútil para el cultivo.
20. Cuando se ofrece el sacrificio.
Quizá esto se refiera a la hora cuando se ofrecía el holocausto diario. Véase 1 Rey. 18: 29, 36, donde se señala la hora con una alusión similar al servicio del templo. El sacrificio matutino tal vez se ofrecía aproximadamente al salir el sol, al despuntar el día (ver t. I, pág. 710 y com. Lev. 16: 4).
Camino de Edom.
El relato no revela cómo vino el agua desde Edom, pero no deja duda de que no brotó de la tierra.
21. Los de Moab oyeron.
Aquí el autor retrocede cronológicamente para explicar cómo se habían reunido los moabitas para la batalla tan pronto como les llegó la noticia de la venida de los reyes.
Los que apenas podían.
Es decir, toda la población masculina capaz de luchar, desde los más jóvenes hasta los más viejos. Fue un reclutamiento general de todos los que podían llevar espada.
23. Ha dado muerte.
La amistad entre los pueblos de Palestina no era siempre firme, y las alianzas no duraban mucho tiempo. Los confederados de diferentes razas podían caer en diferencias mutuas y volverse el uno contra el otro. En vista de los recelos recíprocos que existían entre Judá, Israel y Edom, le pareció posible a Moab que hubieran luchado entre sí los tres reyes que se habían preparado para atacarlo.
¡Moab, al botín!
Creyendo que sus enemigos se habían destruido mutuamente, los moabitas avanzaron deseosos de recoger los despojos. Probablemente ya no eran más un ejército disciplinado, sino una turba alborotada y desordenada que sólo pensaba en despojar a los cadáveres.
24. Matando a los de Moab.
Como no estaban preparados para la batalla, los moabitas cayeron como una presa fácil frente a sus enemigos. Ante una resistencia pequeña o nula, avanzaron las fuerzas aliadas teniendo delante de sí toda la tierra de Moab a su disposición.
25. Asolaron las ciudades.
El relato describe una total y humillante derrota de Moab. Ni aun las ciudades amuralladas pudieron resistir a los victoriosos invasores.
Cada uno su piedra.
Al preparar la tierra para su cultivo, primero era necesario limpiarla de piedras. Las piedras que habían sido eliminadas, otra vez fueron arrojadas sobre el campo por los invasores, dejando con cada agricultor la difícil tarea de limpiar de nuevo su campo.
Kir-hareset.
Se cree que sea Kir-hareset (Isa. 16:11) y Kir-hares (Jer. 48: 31, 36), y también probablemente Kir de Moab (Isa. 15:1). Su nombre moderno es el-Kerak. Esta ciudad era la importante fortaleza de Moab, ubicada en una posición estratégica en la altiplanicie inmediatamente al este de la parte meridional del mar Muerto, que controlaba la ruta comercial al mar Rojo. Estaba construida en la cima de un empinado monte rodeado por todos lados por un profundo y angosto valle, el que a su vez estaba completamente circundado por un anillo de montañas más elevadas que la ciudad. Se creía que la fortaleza era virtualmente inexpugnable. En el tiempo de las cruzadas fue un lugar muy importante. Los cruzados debieron desplegar heroicos esfuerzos para capturarla. Esta fortaleza es la construcción más grande de su especie que existe aún, y todavía se usa.
Honderos la rodearon.
Es evidente que los honderos encontraron posiciones en las montañas que rodeaban la ciudad, desde donde podían arrojarle piedras.
26. Era vencido.
Aun estando en esta gran fortaleza, Mesa comprendió que había sido derrotado.
Para atacar.
"Para abrir brecha" (BJ). Se hizo una tentativa para romper el cerco haciendo una salida por el lugar donde estaba el rey de Edom; pero sin éxito.
27. Lo ofreció.
El rey de Moab ofreció al heredero al trono como sacrificio, indudablemente en un esfuerzo para apaciguar a Quemos, el dios nacional (ver com. vers. 5). Esperaba que con este sacrificio lograría el favor de Quemos y su ayuda contra los atacantes. Los sacrificios humanos eran una de las abominaciones de las religiones de Palestina.
Sobre el muro.
Probablemente ante la vista de los sitiadores, con la esperanza de infundirles terror. Con este sacrificio -que los moabitas pensaban que Quemos tenía que aceptar- evidentemente esperaban suscitar los temores supersticiosos de los atacantes.
Enojo.
"Cólera" (BJ). Heb. qétsef . Esta palabra generalmente se usa aunque no siempre, para describir el desagrado de Dios (ver Núm. 1: 53; 18: 5; Jos. 9: 20; 22: 20; 1 Crón. 27: 24; 2 Crón. 19: 10; 24: 18; etc.); pero difícilmente se puede entender ahora así, pues no se menciona ninguna falta específica de Israel. Pero qétsef y su verbo de la misma raíz, qatsaf , también se emplean para indicar la ira humana. La naturaleza exacta de este enojo o indignación contra Israel no se describe, y no se revelan los detalles de la forma en que influyó contra los israelitas. No podemos saber con seguridad si el asedio terminó debido a que aumentó la resistencia de los defensores - inspirada por el sacrificio extremo de parte de su rey-, o si el gran enojo se hizo sentir en alguna otra forma. En la LXX se lee metámelos , "arrepentimiento", "pesar".
Se apartaron.
Los sitiadores renunciaron a sus esfuerzos para tomar la ciudad; la dejaron con el rey y sus defensores, mientras regresaban a sus países sin haber logrado su propósito pleno, pero con la recompensa de una victoria considerable.
NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 3
Uno de los documentos más importantes relacionados con la historia de Israel es la inscripción del rey Mesa, en la famosa Piedra Moabita que data del siglo IX AC. En el t. I, págs. 127, 128, hay una fotografía y una breve descripción de la piedra. La división en párrafos de la traducción que sigue no está en la inscripción original, pero se la añade por ser conveniente. Las palabras entre corchetes se insertan para hacer más claro el significado de la inscripción. Los puntos suspensivos indican vacíos en la inscripción, cuyo contexto no permite deducir lo que podría haberse escrito. Las palabras seguidas por signos de interrogación entre paréntesis, se han añadido para completar el texto tal como lo sugiere el contexto.
La Piedra Moabita
"Yo soy Mesha [Mesa], hijo de Kemosh [Quemos o Camos], ... rey de Moab, el debonita. Mi padre reinó en Moab 30 años, y yo reiné después de mi padre. Y erigí este lugar alto para Kemosh en Qorjah [Qarhoh] ... porque me salvó de todos los reyes y me hizo triunfar sobre todos mis enemigos. Omri, rey de Israel, había oprimido a Moab por muchos días porque Kemosh estaba enojado con su país. Y le sucedió su hijo, y dijo él también: 'Oprimiré a Moab'. En mis días él habló así (?), pero he triunfado sobre él y sobre su casa, e Israel ha perecido para siempre. Y Omri había ocupado la región de Medeba [Madaba] e [Israel] habitó allí durante sus días y durante la mitad de los días de su hijo [Acab], 40 años, pero Kemosh moró en ella en mi tiempo.
"Y yo edifiqué a Baal-meón y construí allí un estanque, y edifiqué a Qiryatán [Quiriataim]. Ahora los hombres de Gad habían habitado en la región de Atarot desde antaño, y el rey de Israel había construido a Atarot para ellos; pero yo guerreé contra la ciudad, la tomé y maté a toda la gente de la ciudad para satisfacer a Kemosh y a Moab. Y traje de allí a Orel [Arel], su caudillo, a quien arrastré ante Kemosh en Queriot, y establecí allí a los hombres de Sarón y de Mabarat.
"Y Kemosh me dijo: 'Ve, arrebátale Nebo a Israel'. Y fui por la noche y combatí contra ella desde que despuntó el alba hasta el mediodía; la tomé, y los maté a todos: 7.000 [70.000] hombres, muchachos (?), mujeres, niñas (?) y esclavas, porque los había dedicado a todos a Ashtar [Astarot]-Kemosh [Quemos]. Y tomé de allí los vasos (?) de YHWH [Yahvé o Jehová], y los arrastré delante de Kemosh. Y el rey de Israel había edificado a Yahas [Jahaza], y allí habitaba mientras combatía contra mí. Pero Kemosh lo expulsó ante mí, y (?) tomé de Moab 200 hombres, todos principales, y los puse contra Yahas, y la tomé para anexarla a Dibón.
"Edifiqué a Qorjah, el muro de los bosques y el muro de la ciudadela; también construí sus puertas y construí sus torres, y edifiqué el palacio, e hice ambos estanques para el agua dentro de la ciudad. Y no había cisterna dentro de la ciudad de Qorjah. Y dije a todo el pueblo: 'Cada uno de vosotros haga para sí una cisterna en su casa'. Y corté madera para Qorjah con prisioneros israelitas.
"Yo edifiqué a Aroer, e hice un camino público en el Arnón. Edifiqué a Bet-bamot porque había sido destruida. Edifiqué a Bet-ser [Bezer] porque yacía en ruinas, con (?) 50 hombres de Dibón, pues todo Dibón era obediente. Y reiné sobre (?) 100 pueblos que yo había anexado al país. Y construí a Medeba y a Bet-diblatén [Bet-diblataim] y a Bet-baalmeón y puse allí los apriscos (?) para (?) las (?) ovejas de la región. Y en cuanto a Hauronen, ellos moraban en ella... Pero Kemosh me dijo: 'Desciende, lucha contra Hauronen'. Y descendí y (?) la (?) tomé (?) y Kemosh moró (?) en ella en mis días..."
CBA T2

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