1. Hijos de los profetas.
Se trataba de alumnos de una de las escuelas de los profetas, probablemente la que estaba en Jericó pues fueron al Jordán para cortar árboles (vers. 2).
Lúgar en que moramos.
Literalmente, "el lugar donde nos sentamos delante de ti". Tal vez los hijos de los profetas se referían al lugar donde se reunían para escuchar las enseñanzas del profeta. Eliseo no residía habitualmente en esta escuela, sino que la visítaba de vez en cuando durante sus viajes por las diversas escuelas. Parece tratarse del edificio donde los alumnos se reunían para sentarse a los pies del maestro.
Nos es estrecho.
Los alumnos de esta escuela habían llegado a ser tantos, que ya no había lugar para ellos. Esto indica el gran interés que habían fomentado, tanto Elías como Eliseo, en la debida educación de los jóvenes.
2. Vamos.
La invitación no fue hecha por Eliseo, sino por los alumnos. Estos jóvenes no tenían miedo al trabajo. Uno de los propósitos de las escuelas de los profetas era dar a los alumnos una preparación práctica para la vida. Se les enseñaba a trabajar como la gente que los rodeaba, pues no habían de subestimar a quienes tenían la responsabilidad de servir. La preparación manual estaba en perfecta armonía con la educación de la mente y del corazón.
Andad.
El hecho de que se pidiera permiso a Eliseo, y que él fuera quien diera la orden de seguir adelante con el proyecto, muestra que el profeta era un hombre de autoridad que dirigía las diversas escuelas.
3. Te rogamos.
"Dígnate venir con tus siervos" (BJ). En primer lugar pidieron permiso para ir y hacer ellos mismos el trabajo, y después extendieron la invitación a Eliseo para que los acompañara.
Yo iré.
Eliseo era un hombre del pueblo. Se sentía en casa tanto con los reyes y los generales como con los trabajadores comunes. Nunca se mantuvo aparte. Dondequiera se presentara la oportunidad de servir o su presencia fuera oportuna, allí deseaba estar. Mientras más grande es el dirigente, tanto mayor es su disposición para servir.
5. El hacha.
Los judíos usaban hachas de hierro desde tiempos muy antiguos. En aquellos tiempos la cabeza de un hacha no podía asegurarse mejor que hoy día; y en la legislación mosaica se trata el caso del hierro cuando salta del cabo mientras un hombre está cortando leña (Deut. 19: 5).
Era prestada.
Este fue el grito espontáneo del joven que cortaba el árbol. Es probable que no hubiera tenido la intención de solicitar al profeta que pidiera la intervención divina para recuperar el hacha. Fue el grito instintivo de un joven concienzudo que había tenido la mala suerte de perder algo prestado y que, con toda probabilidad, era demasiado pobre para reponer lo perdido.
6. ¿Dónde cayó?
Eliseo era un profeta de Dios, y por el poder de Dios había levantado a los muertos y había conocido los secretos más íntimos de otras personas; pero cuando la cabeza del hacha cayó al agua, no supo dónde había caído. Los profetas, a menos que reciban un mensaje divino, no podrán conocer lo que saben sus prójimos. Es Dios quien determina la necesidad y el momento oportuno para darles iluminación adicional. Dios no realizó ningún milagro para informar a Eliseo de la caída del hacha o el lugar donde había caído. Para eso no se necesitaba ningún milagro, y en tal caso no se realizan milagros.
Un palo.
No se revela el significado de este procedimiento. Dios no siempre nos dice por qué razón o cómo hace ciertas cosas. Tampoco es necesario entender siempre los caminos del Señor.
Hizo flotar.
El hierro estaba en el fondo, más allá del alcance de los hijos de los profetas. Pero, por intervención divina, subió a la superficie, y permaneció allí.
Hay quienes piensan que un milagro tal es algo trivial, y que no necesitaría haberse realizado. Por la estrechez de su visión, el ser humano puede razonar que sólo debería pedirse la intervención divina en las cosas importantes; pero no hay dolor ni pena que sufra cualquiera de los hijos de Dios que están en la tierra sin que el grande y tierno corazón del Padre sienta compasión por el que está en necesidad. Dios aún responde a las necesidades de sus hijos y obra en favor de ellos. No pasa un solo día sin que el Señor intervenga en los asuntos de los que claman a él para suplir sus necesidades. El tiempo de los milagros no ha terminado. Puede no haber un Eliseo presente, pero Dios, a su manera, obra en favor de sus hijos que confían en él.
7. Tómalo.
Si el joven deseaba recobrar el hacha tenía que hacer algo. Dios podría haber hecho que el hacha no sólo flotara sino que volviera a su posición original en el cabo; pero, por lo general, no realiza milagros en favor de los hombres cuando estos mismos pueden hacer lo que se necesita hacer. El joven era perfectamente capaz de extender la mano al agua y recuperar el hacha que flotaba, y se le mandó hacerlo. Cuando Dios nos dice que recibamos, sus dádivas serán nuestras si extendemos nuestra mano para recibirlas. La desobediencia y la incredulidad nos impiden recibir muchas de las mayores bendiciones de Dios.
8. Tenía el rey de Siria guerra.
Israel y Siria estaban en un estado de guerra casi continua en esta época. Si no había un conflicto declarado se sucedían incursiones fronterizas. Cuando Acab murió, los ejércitos habían ido a guerrear contra Siria para retomar a Ramot de Galaad en Transjordania (1 Rey. 22: 3, 4). Después de la muerte de Acab, Siria predominó, y nuevamente en esta ocasión sus ejercitos avanzaron en territorio israelita. Benadad II era todavía rey de Siria (2 Rey. 6: 24).
En tal y tal lugar.
No importa el lugar en cuestión; en un caso se trataba de un lugar, y después de otro.
Estará mi campamento.
Lo que aquí se señala no era un campamento permanente, pues de ser así todos pronto sabrían dónde se encontraba y podrían informar al rey sin la ayuda del profeta. La palabra hebrea empleada aparece sólo aquí, y su sentido no es claro; pero con toda probabilidad se refiere a una emboscada preparada para una incursión repentina, en la cual los factores importantes serían la sorpresa y el secreto.
9. El varón de Dios envió a decir.
El cuidadoso consejo acordado en secreto por el rey de Siria y sus oficiales había sido revelado a Eliseo, quien a su vez llevó esa información al rey de Israel.
Van allí.
Lo que Eliseo revelaba era una información sobre los planes futuros de los sirios, para que el rey de Israel, sabiendo de antemano la estrategia que pensaban usar, pudiera enviar suficientes tropas a los lugares en cuestión para hacer frente a los sirios cuando llegaran.
10. Con el fin de cuidarse.
Literalmente, "y le advirtió y se protegió (guardó) allí, no una vez ni dos veces". El rey se cuidaba, y así lograba salvarse y salvar a la nación. Sabiendo de antemano los planes del enemigo, estaba alerta para no caer en sus trampas.
11. Se turbó.
Cada vez que se trazaba un plan con la mayor reserva, el enemigo se enteraba de los detalles. Si esto hubiera ocurrido sólo una o dos veces, podría no haber ocasionado alarma; pero por ser habitual, el rey de Siria se turbó y se propuso saber la causa.
¿Quién de los nuestros?
A Ben-adad le parecía que podía haber sólo una causa: un traidor entre ellos. Estaba seguro de que la información se transmitía por medio de alguien que simpatizaba más con Israel que con Siria, o que había sido sobornado para servir al enemigo y no a su propia nación. ¿No era hora de que se revelara quién de entre ellos era el traidor?
12. En tu cámara más secreta.
"En el interior de tu dormitorio" (BJ). En el lugar más recóndito y mejor guardado del palacio real. Las palabras que allí se hablaban eran verdaderamente secretas, lejos del alcance del oído aun de los más cercanos al rey.
13. Dotán.
Pueblo situado en la ruta de caravanas de Galaad a Egipto, cerca de la llanura de Esdraelón y del acceso a las montañas de Samaria. Quedaba a 22,6 km al norte de Siquem y a unos 16 km al noreste de Samaria. Allí fue donde un grupo de ismaelitas que descendían de Galaad a Egipto compró a José (Gén. 37: 17-28). El sitio se llama ahora Tell Dôth~ .
14. Envió el rey allá gente de a caballo.
Como Dotán estaba situada en la ruta habitual de las caravanas, era fácil acercarse a la ciudad con una gran compañía de soldados equipados con carros y caballos.
15. El que servía.
Heb. meshareth (ver com. cap. 4: 43). Este siervo no era Giezi, que había sido objeto de una terrible maldición por su pecado (cap. 5: 27). Tal vez fuera uno de los discípulos de los profetas que había acompañado a Eliseo hasta Dotán. Al trabajar con el profeta, estos estudiantes adquirían una valiosa experiencia.
¡Ah, señor mío!
El siervo no tenía ni la fe de su amo ni la fuerza y el valor que son el resultado de la experiencia.
16. No tengas miedo.
Repetidas veces el Señor dice a sus hijos estas palabras reanimadoras. A menudo, en el transcurso de la vida, los creyentes se encuentran en situaciones que les infunden temor e incertidumbre; pero Dios revela su presencia y habla palabras de ánimo y esperanza (ver Gén. 15: 1; 46: 3; Exo. 14: 13; Núm. 14: 9; Deut. 1: 21; Isa. 43: 1; Luc. 12: 32). Mientras el pueblo de Dios viva en el mundo, se levantarán dificultades y surgirán peligros que deberá afrontar. Satanás hará todo lo posible para que los justos cedan ante la duda y el temor, pero a través de la niebla de la incertidumbre y la duda aún les llega en forma clara y animadora la voz de Dios: "No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14: 27).
Más.
Cuando un creyente se encuentra rodeado por los enemigos del Señor, siempre puede tener la seguridad de que la fuerza que lo acompaña es infinitamente mayor que la del enemigo. Cuando los ejércitos de Senaquerib rodearon la ciudad de Jerusalén, exigiendo su rendición, Ezequías dio a su pueblo un mensaje de ánimo similar a éste (2 Crón. 32: 7, 8). El más débil hijo de Dios, aparentemente solo y olvidado en la tierra, nunca necesita temer de fuerza alguna que el enemigo pueda enviar contra él. Con Dios a su lado, su fuerza será mayor que la de las más potentes huestes del mal.
17. Que abras sus ojos.
Las mayores realidades no pueden verse con los ojos físicos. Sin la ayuda del Señor, él mismo y sus ángeles son invisibles para el hombre. Con los ojos de la carne sólo podemos ver las cosas materiales.
Las realidades espirituales se disciernen espiritualmente. Nuestra mayor necesidad es que se nos abran los ojos para que podamos ver a Dios y la importancia vital de todo lo que se relaciona con su reino. A menos que Dios nos abra los ojos recorreremos los caminos de la vida como ciegos, sin entender nunca los bienes del Señor, sin llegar a comprender la vital importancia de la justicia ni apreciar el alcance de la santidad. Cuando oramos a Dios, se nos abren los ojos, y comenzamos a captar el valor de lo que es más vital en nuestra existencia.
El monte estaba lleno.
Los ángeles de Dios son los compañeros constantes de los justos. En torno a éstos hay mensajeros del cielo que los guardan, y por cuyas filas los ángeles malos nunca podrán pasar a menos que por su propia elección los santos rechacen la protección divina. Quien es ayudado por el Señor puede hacer frente fácilmente a las más grandes potencias de la tierra (ver Sal. 3: 6; 27: 1, 3; 34: 7). Los carros y caballos que rodeaban a Eliseo eran miríadas de poderosos ángeles enviados por Dios para cuidar a sus siervos.
18. Ceguera.
Heb. sanwerim , vocablo que sólo aparece aquí (dos veces), y en Gén. 19: 11. Se desconoce la etimología exacta de la palabra. Algunos han pensado que no se trataba de una ceguera física total, sino sólo de una especie de enajenación, en la cual los soldados no podían ver las cosas como en realidad eran (ver com. Gén. 19: 11). Se presentan dos problemas: (1) ¿Cómo podría Eliseo haber guiado a este grupo de hombres por 17 km de camino montañoso hasta Samaria si hubieran estado todos totalmente ciegos? (2) ¿Por qué persistían los sirios en prender a Eliseo, cosa totalmente imposible estando todos ciegos? Si la ceguera era total, la explicación ha de ser que fueron heridos, como la gente de Sodoma, con "doble ceguedad" (ver PP 156). La ceguera del alma los llevaba a persistir en su mal proceder a pesar del castigo de Dios. El milagro pudo haber tenido mayores alcances que la ceguera física, a fin de que Eliseo pudiera llevarlos hasta Samaria mientras persistieran en el propósito de prenderlo.
19. No es este el camino.
Otros casos en los cuales los enemigos del Señor llegaron a conclusiones erradas que ocasionaron su derrota fueron, por ejemplo: (1) cuando los 300 hombres de Gedeón parecieron a los madianitas como un ejército devastador (Juec. 7: 19-21); (2) cuando en la batalla contra los moabitas el agua pareció ser sangre (2 Rey. 3: 22, 23); (3) cuando los sirios creyeron que el ruido que oían era el de los ejércitos de los hititas y egipcios (2 Rey. 7: 6). Ver también Jos. 8: 15.
21. A Eliseo.
El rey pidió instrucciones al profeta, y no el profeta al rey. El rey llevaba la corona del reino, pero el profeta hablaba en el nombre del Señor. Joram comandaba los ejércitos de Israel, pero había legiones de ángeles al mando de Eliseo.
Padre mío.
El uso de esta frase no indica ningún parentesco, sino el respeto que el rey tenía por Eliseo.
¿Los mataré?
En hebreo el verbo aparece dos veces. La repetición de esta palabra puede indicar el apuro que tenía Joram de matar a los sirios, a quienes el profeta había puesto a su alcance. El que no los matara inmediatamente indicaría que tenía dudas en cuanto a si era o no lo que debía hacer.
22. No los mates.
Se prohibió a Joram que matara a los cautivos, ya que el propósito del milagro no era matarlos, sino, al menos en parte, abrirles los ojos para que comprendieran que era totalmente inútil intentar algo contra un profeta de Dios. Mediante la niña hebrea cautiva que servía en la casa de Naamán, los sirios habían tenido la oportunidad de conocer la misericordia y el poder del Señor, quien ahora quería enseñarles otras lecciones en cuanto a su amor y su irresistible fuerza. Si los cautivos sirios no hubieran vuelto a su patria para contar a sus compatriotas lo que había ocurrido, el propósito por el cual el Señor realizó este milagro no se habría cumplido.
¿Matarías tú?
Habría sido un crimen inexcusable que el rey de Israel matara a sangre fría a los prisioneros que hubiera tomado en la guerra. Eliseo hizo saber a Joram que estos hombres eran prisioneros de guerra y que tenían todo el derecho de ser tratados como tales. Aun en circunstancias normales habría sido un crimen que el rey matara a los prisioneros tomados con su propia mano; pero en la situación presente el crimen habría sido mucho peor, y habría dejado muy mal a Israel y a su Dios ante los sirios.
Pan y agua.
Es decir, que el rey debía tratarlos como invitados y no como prisioneros. Los sirios debían recibir una lección objetiva del poder que la religión de los israelitas tenía para hacerlos benignos y misericordiosos (ver Prov. 25: 21, 22; Mat. 5: 44).
23. Una gran comida.
Heb. kerah , "banquete" (BJ). No se les dio comida común a los sirios, sino una comida especial de fiesta. Según la ley tácita del desierto, el hombre que acepta comida en una tienda se transforma en amigo y debe ser protegido.
Ellos se volvieron a su señor.
Cuando regresaron a su país, estos sirios eran muy diferentes a como habían sido cuando fueron a prender al profeta. De enemigos, se habían transformado en amigos. La comida de la cual habían participado no les había alimentado sólo el cuerpo sino también el alma. Habían aprendido una lección inolvidable.
Nunca más vinieron.
Este era el efecto natural del trato caballeresco que Joram había brindado a sus cautivos. Por el momento terminaron las incursiones sirias en territorio de Israel. Joram había logrado con su banquete lo que no podría haber realizado mediante las armas. La bondad resultó un arma más poderosa que la espada. Cuando uno hace el bien a sus enemigos, se ayuda a sí mismo. Dios es bueno no sólo con los justos, sino también con los impíos, pues " "hace salir su sol sobre malos y buenos, y ... hace llover sobre justos e injustos" " (Mat. 5: 45). Así también los cristianos deben amar a sus enemigos y tratar con bondad a quienes les hacen daño. Sólo con tal espíritu pueden disiparse la amargura y la contención.
24. Después de esto.
No se registra cuánto tiempo transcurrió desde que Joram sirvió este banquete a los invasores sirios hasta que Ben-adad sitió a la ciudad de Samaria. Sin embargo, deben haber pasado varios años, pues había resurgido el antiguo espíritu de enemistad entre las dos naciones. No se informa la causa de esta nueva guerra entre Siria e Israel.
Ben-adad.
Es decir, Ben-adad II. El primer Ben-adad fue contemporáneo de Asa (1 Rey. 15: 18-20). Ben-adad II es el mismo rey al cual Acab había derrotado dos veces, y con el cual se había mostrado tan indulgente como para recibir la censura de un profeta (1 Rey. 20: 1-42). El rey Acab murió tres años más tarde guerreando contra este mismo rey (1 Rey. 22: 1-37). Ben-adad aparece varias veces en los registros de Salmanasar III de Asiria. En el texto cuneiforme su nombre puede leerse Addu-'idri o Bir-'idri . Los asiriólogos prefieren esta última forma. En las inscripciones arameas de Hamat se lo llama Bar-hadad . Los asirios pudieron haber pensado que Bar representaba al dios babilónico Bir , y también confundieron Hadad con Hadar, pues en las letras arameas es fácil confundir la r con la d . No importa cuál sea la explicación de las diferencias en el nombre, no hay duda de que el Ben-adad de la Biblia, el Bar-hadad de la inscripción aramea y el Bir-'idri de los textos asirios son una misma persona. El hebreo Ben-hadad significa "hijo de Hadad". Hadad era el nombre del bien conocido dios de las tormentas adorado por los semitas occidentales. En las inscripciones asirias, Bir-'idri aparece como rey de Siria hasta el año 14 de Salmanasar, cuando el rey asirio dice haber obtenido una gran victoria sobre él y sus aliados.
Sitió a Samaria.
Esta no fue una pequeña incursión fronteriza, sino una guerra en serio y de máxima intensidad. Es probable que Ben-adad hubiera aprovechado un momento cuando Salmanasar no realizaba una campaña activa en la zona del Mediterráneo.
25. Gran hambre.
No se desconocían las hambres en Israel. En tiempos de Elías hubo una sequía que duró tres años y medio (1 Rey. 17: 1 a 18: 1; Luc. 4: 25; Sant. 5: 17), y en tiempos de Eliseo hubo hambre durante siete años (2 Rey. 8: 1); pero el hambre que se menciona aquí fue resultado del sitio.
Ochenta piezas de plata.
Es decir 80 siclos, o sea 912 g de plata. El asno era animal inmundo para los hebreos, quienes no lo comían sino como último recurso. La cabeza sería la peor parte, y por tanto, la más barata. Plutarco registra que en ocasión de un hambre durante el reinado de Artajerjes Mnemón, la cabeza de un asno se vendía en 60 dracmas, aunque comúnmente se podía comprar todo el animal por la mitad de esa suma. Plinio relata que durante el sitio de Casalino se vendía un ratón por 200 denarios.
Cuarta parte de un cab.
El cab era una medida de poco más de un litro. Las cinco piezas de plata eran cinco siclos, o sea unos 57 g. Es difícil pensar que los seres humanos pudieran verse obligados a comer alimentos tan imposibles de tolerar, pero Josefo dice que cuando Tito sitió a Jerusalén, "algunas personas sufrieron la terrible angustia de verse obligadas a buscar en las cloacas y los viejos muladares, y comer el estiércol que allí encontraran" ( Guerras v. 13. 7). Una interpretación más reciente procura explicar que "estiércol de paloma" se referiría a algún producto vegetal muy barato e indeseable, el peor alimento posible para el consumo humano. Tal identificación no puede probarse. La BJ dice "un par de cebollas silvestres"."
26. Por el muro.
" Los muros de las antiguas ciudades fortificadas tenían encima un espacio amplio, protegido por una muralla almenada en su borde exterior, donde se ubicaban la mayor parte de los defensores y desde donde lanzaban piedras o disparaban flechas contra el enemigo. El rey parece haber estado recorriendo estas defensas, animando a sus tropas y enterándose de cómo iba el sitio. Una mujer que estaba en la calle, o quizá en el techo de alguna casa vecina al muro de la ciudad, vio al rey y le pidió ayuda. "
27. ¿De dónde te puedo salvar yo?
" La situación era tal que ni aun el rey podía hacer nada. Joram reconocía francamente que no había ningún recurso a su alcance para aliviar la angustia de la mujer. Si el Señor no la ayudaba, ¿qué podría hacer él en estas circunstancias tan adversas? "
¿Del granero?
" Con la ironía de la desesperación, Joram le recuerda a la mujer lo que ya sabe demasiado bien: que ya se ha agotado todo vestigio de alimento. "
28. ¿Qué tienes?
" En un primer momento el rey había pensado que la mujer le estaba pidiendo comida. Ahora se dio cuenta de que ella parecía tener otro pedido. Quizá creyó que le había respondido en forma demasiado áspera frente a tantos de los pobladores y defensores de la ciudad. Después de todo, él era todavía el rey, y cualquier ciudadano tenía el derecho de acercarse a él para hacerle un pedido final. Y se dispuso a escuchar su petición. "
29. Cocimos, pues, a mi hijo.
" A Israel se le había advertido por medio de Moisés que si se apartaba de Dios sería víctima de circunstancias tan amargas, que los padres comerían la carne de sus propios hijos e hijas (Lev. 26: 29; Deut. 28: 53). Esta profecía se había cumplido en forma terrible. Dios previó exactamente cuáles serían los temibles resultados finales de la transgresión, e hizo todo lo que su amor y paciencia pudieron realizar para impedir que las cosas llegaran hasta este punto. La profecía de Moisés se cumplió otra vez cuando Nabucodonosor sitió a Jerusalén (Lam. 4: 10), y una vez más durante el sitio final que sufrió por parte de Tito (Josefo Guerras vi. 3. 4). "
Ella ha escondido a su hijo.
" Difícilmente puede imaginarse una acusación más desgarradora y a la vez horrible. En su terrible situación, las dos madres habían hecho un trato espantoso. Ya se habían comido a un hijo, pero la segunda madre no se sentía capaz de cumplir lo prometido. A fin de salvar a su hijo, lo había escondido, y la primera mujer procuraba obligarla a hacerlo aparecer recurriendo al rey. En un caso como ése, ¿qué podía hacer el rey? "
30. Rasgó sus vestidos.
" En estas circunstancias, ésa parecía ser la única reacción posible del rey. No podía ordenar que la mujer hiciese aparecer a su hijo para que se lo comieran; tampoco estaba en condiciones de poner fin a esta terrible angustia. Se rasgó los vestidos, no por pesar o arrepentimiento, como lo hizo su padre (1 Rey. 21: 27), sino por horror y consternación. "
Cilicio que traía interiormente.
" En vez de llevar el cilicio por fuera, parece que Joram se había puesto este vestido de penitencia bajo su ropa exterior, y lo llevaba así en forma menos manifiesta. Es probable que con ese ardid intentara apaciguar la ira de Jehová. El pueblo vio en el cilicio una expresión de la compasión que el rey sentía por ellos en su hora de angustia. "
31. La cabeza de Eliseo.
" Eliseo había instado al pueblo a arrepentirse, y sin duda le había dicho con claridad que, si no se apartaba de sus pecados y se volvía al Señor de todo corazón, podía esperar dificultades y angustia. El rey estaba irritado contra el profeta, y procuró culparlo por la continuación del sitio y del hambre. Al hacer esto, procedía como lo habían hecho su hermano Ocozías y su padre Acab (ver com. cap. 1: 10). Un penitente de verdad habría llevado el cilicio manifiestamente y no en secreto, y no se habría vuelto contra el profeta de Dios. Entre los " judíos no era común decapitar a un culpable, pero sí se practicaba en Asiria y otras naciones vecinas. Lleno de amargura y de ira, Joram amenazó a Eliseo con esa terrible forma de pena capital. "
32. Sentados los ancianos.
" Es probable que en este grupo no sólo estuvieran comprendidos los dirigentes de la ciudad, sino también los nobles y jefes de todo el país; como tales, eran los más respetados y dignos ciudadanos del Estado. En esta hora de emergencia habían ido a la casa de Eliseo, sin duda para pedirle consejo y ayuda. El peligro inminente les había hecho reconocer el poder de Jehová y recurrir a su profeta. Más tarde, cuando los habitantes de Jerusalén se encontraron en una crisis similar, consultaron a Jeremías para pedir dirección y conocer la voluntad del Señor (Jer. 21: 1, 2; 38: 14). "
Antes que el mensajero viniese.
" Joram quería matar a Eliseo, y mandó a un hombre para que lo decapitara; pero antes de que llegara, el Señor previno a Eliseo de las intenciones del rey para que los dirigentes del país se enteraran claramente de todo. "
Hijo de homicida.
" Acab, padre de Joram, no sólo era culpable de la sangre de Nabot sino también de la de los profetas que perdieron la vida por orden de Jezabel, con pleno consentimiento de él. Aun el fiel siervo Abdías había temido que Acab lo matara cuando se le dijo que llevase al rey un mensaje referente a Elías (1 Rey. 18: 9). Joram, hijo de un homicida, poseía las mismas malas características de su padre. "
Envía.
" El verdugo ya estaba en camino, pero Eliseo no mostró ninguna preocupación. Era profeta del Señor, y sabía que su vida estaba en las manos de Dios y no a merced de hombres malvados. "
Impedidle la entrada.
" Literalmente, "haced fuerza contra él con [en] la puerta". "Rechazadle con ella" " (BJ). Es decir, debían cerrar la puerta y hacer fuerza contra ella para que no pudiera entrar. El profeta no había hecho nada para merecer la muerte, ni se le había sentenciado por crimen alguno. Como mensajero del cielo, tenía todo el derecho de dar esas instrucciones aunque constituyeran una contraorden a lo que el rey había mandado. Los gobernantes tienen la responsabilidad de proteger, y no de perseguir, al ciudadano recto que se rige por la ley. El homicidio es tan criminal de parte de un rey como lo es de parte de cualquier ciudadano.
Tras él.
A pocos pasos del que debía ser el verdugo venía el rey para ver si sus órdenes se habían cumplido.
33. Y dijo.
Se ha suscitado la pregunta en cuanto a quién pronunció las palabras que siguen, si fue el mensajero o el rey. Estas palabras fueron, evidentemente, dichas por el rey, fuera que éste hubiese llegado o no, pues el mensajero no tenía derecho de hablar así en su propio nombre; y si pronunció estas palabras, lo hizo porque se le había ordenado hablarlas en nombre del rey. Sin embargo, parece que el rey ya había llegado, y habló. Es verdad que el registro bíblico no anuncia su llegada, ni aquí ni en los versículos siguientes, pero siendo que Eliseo dijo que el rey venía tras el mensajero, su llegada no pudo haber tardado mucho. Las palabras pronunciadas reflejan el parecer del rey. Estaba airado contra el profeta y contra el Dios que ese profeta representaba. Declaró que las dificultades por las que pasaba el país habían venido de Dios, quien debía hacerse responsable de esa culpa. Ya que no podía descargar su ira contra Dios, Joram la dirigió contra su profeta.
¿Para qué he de esperar?
Joram preguntó por qué debía hacer caso a Dios. Creyó que el Señor arbitrariamente había enviado ese mal sobre Samaria, y que por lo tanto era responsable de todos los horrores que acontecían. Esta repentina acción contra el profeta fue la respuesta del rey a la mujer que había recurrido a él (ver vers. 26). Puesto a prueba a la vista del pueblo y de los soldados, el rey, en su dilema, se había visto obligado a actuar, y su decisión fue volverse contra Dios y Eliseo. Ya que Dios había dejado sobrevenir el sitio, no haría nada para que éste se acabara; por tanto, Joram trató de convencerse de que su única salida era volverse contra Dios y tomar el asunto en sus propias manos. Esto hacía cuando ordenó que se matara a Eliseo.
CBA T2
Se trataba de alumnos de una de las escuelas de los profetas, probablemente la que estaba en Jericó pues fueron al Jordán para cortar árboles (vers. 2).
Lúgar en que moramos.
Literalmente, "el lugar donde nos sentamos delante de ti". Tal vez los hijos de los profetas se referían al lugar donde se reunían para escuchar las enseñanzas del profeta. Eliseo no residía habitualmente en esta escuela, sino que la visítaba de vez en cuando durante sus viajes por las diversas escuelas. Parece tratarse del edificio donde los alumnos se reunían para sentarse a los pies del maestro.
Nos es estrecho.
Los alumnos de esta escuela habían llegado a ser tantos, que ya no había lugar para ellos. Esto indica el gran interés que habían fomentado, tanto Elías como Eliseo, en la debida educación de los jóvenes.
2. Vamos.
La invitación no fue hecha por Eliseo, sino por los alumnos. Estos jóvenes no tenían miedo al trabajo. Uno de los propósitos de las escuelas de los profetas era dar a los alumnos una preparación práctica para la vida. Se les enseñaba a trabajar como la gente que los rodeaba, pues no habían de subestimar a quienes tenían la responsabilidad de servir. La preparación manual estaba en perfecta armonía con la educación de la mente y del corazón.
Andad.
El hecho de que se pidiera permiso a Eliseo, y que él fuera quien diera la orden de seguir adelante con el proyecto, muestra que el profeta era un hombre de autoridad que dirigía las diversas escuelas.
3. Te rogamos.
"Dígnate venir con tus siervos" (BJ). En primer lugar pidieron permiso para ir y hacer ellos mismos el trabajo, y después extendieron la invitación a Eliseo para que los acompañara.
Yo iré.
Eliseo era un hombre del pueblo. Se sentía en casa tanto con los reyes y los generales como con los trabajadores comunes. Nunca se mantuvo aparte. Dondequiera se presentara la oportunidad de servir o su presencia fuera oportuna, allí deseaba estar. Mientras más grande es el dirigente, tanto mayor es su disposición para servir.
5. El hacha.
Los judíos usaban hachas de hierro desde tiempos muy antiguos. En aquellos tiempos la cabeza de un hacha no podía asegurarse mejor que hoy día; y en la legislación mosaica se trata el caso del hierro cuando salta del cabo mientras un hombre está cortando leña (Deut. 19: 5).
Era prestada.
Este fue el grito espontáneo del joven que cortaba el árbol. Es probable que no hubiera tenido la intención de solicitar al profeta que pidiera la intervención divina para recuperar el hacha. Fue el grito instintivo de un joven concienzudo que había tenido la mala suerte de perder algo prestado y que, con toda probabilidad, era demasiado pobre para reponer lo perdido.
6. ¿Dónde cayó?
Eliseo era un profeta de Dios, y por el poder de Dios había levantado a los muertos y había conocido los secretos más íntimos de otras personas; pero cuando la cabeza del hacha cayó al agua, no supo dónde había caído. Los profetas, a menos que reciban un mensaje divino, no podrán conocer lo que saben sus prójimos. Es Dios quien determina la necesidad y el momento oportuno para darles iluminación adicional. Dios no realizó ningún milagro para informar a Eliseo de la caída del hacha o el lugar donde había caído. Para eso no se necesitaba ningún milagro, y en tal caso no se realizan milagros.
Un palo.
No se revela el significado de este procedimiento. Dios no siempre nos dice por qué razón o cómo hace ciertas cosas. Tampoco es necesario entender siempre los caminos del Señor.
Hizo flotar.
El hierro estaba en el fondo, más allá del alcance de los hijos de los profetas. Pero, por intervención divina, subió a la superficie, y permaneció allí.
Hay quienes piensan que un milagro tal es algo trivial, y que no necesitaría haberse realizado. Por la estrechez de su visión, el ser humano puede razonar que sólo debería pedirse la intervención divina en las cosas importantes; pero no hay dolor ni pena que sufra cualquiera de los hijos de Dios que están en la tierra sin que el grande y tierno corazón del Padre sienta compasión por el que está en necesidad. Dios aún responde a las necesidades de sus hijos y obra en favor de ellos. No pasa un solo día sin que el Señor intervenga en los asuntos de los que claman a él para suplir sus necesidades. El tiempo de los milagros no ha terminado. Puede no haber un Eliseo presente, pero Dios, a su manera, obra en favor de sus hijos que confían en él.
7. Tómalo.
Si el joven deseaba recobrar el hacha tenía que hacer algo. Dios podría haber hecho que el hacha no sólo flotara sino que volviera a su posición original en el cabo; pero, por lo general, no realiza milagros en favor de los hombres cuando estos mismos pueden hacer lo que se necesita hacer. El joven era perfectamente capaz de extender la mano al agua y recuperar el hacha que flotaba, y se le mandó hacerlo. Cuando Dios nos dice que recibamos, sus dádivas serán nuestras si extendemos nuestra mano para recibirlas. La desobediencia y la incredulidad nos impiden recibir muchas de las mayores bendiciones de Dios.
8. Tenía el rey de Siria guerra.
Israel y Siria estaban en un estado de guerra casi continua en esta época. Si no había un conflicto declarado se sucedían incursiones fronterizas. Cuando Acab murió, los ejércitos habían ido a guerrear contra Siria para retomar a Ramot de Galaad en Transjordania (1 Rey. 22: 3, 4). Después de la muerte de Acab, Siria predominó, y nuevamente en esta ocasión sus ejercitos avanzaron en territorio israelita. Benadad II era todavía rey de Siria (2 Rey. 6: 24).
En tal y tal lugar.
No importa el lugar en cuestión; en un caso se trataba de un lugar, y después de otro.
Estará mi campamento.
Lo que aquí se señala no era un campamento permanente, pues de ser así todos pronto sabrían dónde se encontraba y podrían informar al rey sin la ayuda del profeta. La palabra hebrea empleada aparece sólo aquí, y su sentido no es claro; pero con toda probabilidad se refiere a una emboscada preparada para una incursión repentina, en la cual los factores importantes serían la sorpresa y el secreto.
9. El varón de Dios envió a decir.
El cuidadoso consejo acordado en secreto por el rey de Siria y sus oficiales había sido revelado a Eliseo, quien a su vez llevó esa información al rey de Israel.
Van allí.
Lo que Eliseo revelaba era una información sobre los planes futuros de los sirios, para que el rey de Israel, sabiendo de antemano la estrategia que pensaban usar, pudiera enviar suficientes tropas a los lugares en cuestión para hacer frente a los sirios cuando llegaran.
10. Con el fin de cuidarse.
Literalmente, "y le advirtió y se protegió (guardó) allí, no una vez ni dos veces". El rey se cuidaba, y así lograba salvarse y salvar a la nación. Sabiendo de antemano los planes del enemigo, estaba alerta para no caer en sus trampas.
11. Se turbó.
Cada vez que se trazaba un plan con la mayor reserva, el enemigo se enteraba de los detalles. Si esto hubiera ocurrido sólo una o dos veces, podría no haber ocasionado alarma; pero por ser habitual, el rey de Siria se turbó y se propuso saber la causa.
¿Quién de los nuestros?
A Ben-adad le parecía que podía haber sólo una causa: un traidor entre ellos. Estaba seguro de que la información se transmitía por medio de alguien que simpatizaba más con Israel que con Siria, o que había sido sobornado para servir al enemigo y no a su propia nación. ¿No era hora de que se revelara quién de entre ellos era el traidor?
12. En tu cámara más secreta.
"En el interior de tu dormitorio" (BJ). En el lugar más recóndito y mejor guardado del palacio real. Las palabras que allí se hablaban eran verdaderamente secretas, lejos del alcance del oído aun de los más cercanos al rey.
13. Dotán.
Pueblo situado en la ruta de caravanas de Galaad a Egipto, cerca de la llanura de Esdraelón y del acceso a las montañas de Samaria. Quedaba a 22,6 km al norte de Siquem y a unos 16 km al noreste de Samaria. Allí fue donde un grupo de ismaelitas que descendían de Galaad a Egipto compró a José (Gén. 37: 17-28). El sitio se llama ahora Tell Dôth~ .
14. Envió el rey allá gente de a caballo.
Como Dotán estaba situada en la ruta habitual de las caravanas, era fácil acercarse a la ciudad con una gran compañía de soldados equipados con carros y caballos.
15. El que servía.
Heb. meshareth (ver com. cap. 4: 43). Este siervo no era Giezi, que había sido objeto de una terrible maldición por su pecado (cap. 5: 27). Tal vez fuera uno de los discípulos de los profetas que había acompañado a Eliseo hasta Dotán. Al trabajar con el profeta, estos estudiantes adquirían una valiosa experiencia.
¡Ah, señor mío!
El siervo no tenía ni la fe de su amo ni la fuerza y el valor que son el resultado de la experiencia.
16. No tengas miedo.
Repetidas veces el Señor dice a sus hijos estas palabras reanimadoras. A menudo, en el transcurso de la vida, los creyentes se encuentran en situaciones que les infunden temor e incertidumbre; pero Dios revela su presencia y habla palabras de ánimo y esperanza (ver Gén. 15: 1; 46: 3; Exo. 14: 13; Núm. 14: 9; Deut. 1: 21; Isa. 43: 1; Luc. 12: 32). Mientras el pueblo de Dios viva en el mundo, se levantarán dificultades y surgirán peligros que deberá afrontar. Satanás hará todo lo posible para que los justos cedan ante la duda y el temor, pero a través de la niebla de la incertidumbre y la duda aún les llega en forma clara y animadora la voz de Dios: "No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14: 27).
Más.
Cuando un creyente se encuentra rodeado por los enemigos del Señor, siempre puede tener la seguridad de que la fuerza que lo acompaña es infinitamente mayor que la del enemigo. Cuando los ejércitos de Senaquerib rodearon la ciudad de Jerusalén, exigiendo su rendición, Ezequías dio a su pueblo un mensaje de ánimo similar a éste (2 Crón. 32: 7, 8). El más débil hijo de Dios, aparentemente solo y olvidado en la tierra, nunca necesita temer de fuerza alguna que el enemigo pueda enviar contra él. Con Dios a su lado, su fuerza será mayor que la de las más potentes huestes del mal.
17. Que abras sus ojos.
Las mayores realidades no pueden verse con los ojos físicos. Sin la ayuda del Señor, él mismo y sus ángeles son invisibles para el hombre. Con los ojos de la carne sólo podemos ver las cosas materiales.
Las realidades espirituales se disciernen espiritualmente. Nuestra mayor necesidad es que se nos abran los ojos para que podamos ver a Dios y la importancia vital de todo lo que se relaciona con su reino. A menos que Dios nos abra los ojos recorreremos los caminos de la vida como ciegos, sin entender nunca los bienes del Señor, sin llegar a comprender la vital importancia de la justicia ni apreciar el alcance de la santidad. Cuando oramos a Dios, se nos abren los ojos, y comenzamos a captar el valor de lo que es más vital en nuestra existencia.
El monte estaba lleno.
Los ángeles de Dios son los compañeros constantes de los justos. En torno a éstos hay mensajeros del cielo que los guardan, y por cuyas filas los ángeles malos nunca podrán pasar a menos que por su propia elección los santos rechacen la protección divina. Quien es ayudado por el Señor puede hacer frente fácilmente a las más grandes potencias de la tierra (ver Sal. 3: 6; 27: 1, 3; 34: 7). Los carros y caballos que rodeaban a Eliseo eran miríadas de poderosos ángeles enviados por Dios para cuidar a sus siervos.
18. Ceguera.
Heb. sanwerim , vocablo que sólo aparece aquí (dos veces), y en Gén. 19: 11. Se desconoce la etimología exacta de la palabra. Algunos han pensado que no se trataba de una ceguera física total, sino sólo de una especie de enajenación, en la cual los soldados no podían ver las cosas como en realidad eran (ver com. Gén. 19: 11). Se presentan dos problemas: (1) ¿Cómo podría Eliseo haber guiado a este grupo de hombres por 17 km de camino montañoso hasta Samaria si hubieran estado todos totalmente ciegos? (2) ¿Por qué persistían los sirios en prender a Eliseo, cosa totalmente imposible estando todos ciegos? Si la ceguera era total, la explicación ha de ser que fueron heridos, como la gente de Sodoma, con "doble ceguedad" (ver PP 156). La ceguera del alma los llevaba a persistir en su mal proceder a pesar del castigo de Dios. El milagro pudo haber tenido mayores alcances que la ceguera física, a fin de que Eliseo pudiera llevarlos hasta Samaria mientras persistieran en el propósito de prenderlo.
19. No es este el camino.
Otros casos en los cuales los enemigos del Señor llegaron a conclusiones erradas que ocasionaron su derrota fueron, por ejemplo: (1) cuando los 300 hombres de Gedeón parecieron a los madianitas como un ejército devastador (Juec. 7: 19-21); (2) cuando en la batalla contra los moabitas el agua pareció ser sangre (2 Rey. 3: 22, 23); (3) cuando los sirios creyeron que el ruido que oían era el de los ejércitos de los hititas y egipcios (2 Rey. 7: 6). Ver también Jos. 8: 15.
21. A Eliseo.
El rey pidió instrucciones al profeta, y no el profeta al rey. El rey llevaba la corona del reino, pero el profeta hablaba en el nombre del Señor. Joram comandaba los ejércitos de Israel, pero había legiones de ángeles al mando de Eliseo.
Padre mío.
El uso de esta frase no indica ningún parentesco, sino el respeto que el rey tenía por Eliseo.
¿Los mataré?
En hebreo el verbo aparece dos veces. La repetición de esta palabra puede indicar el apuro que tenía Joram de matar a los sirios, a quienes el profeta había puesto a su alcance. El que no los matara inmediatamente indicaría que tenía dudas en cuanto a si era o no lo que debía hacer.
22. No los mates.
Se prohibió a Joram que matara a los cautivos, ya que el propósito del milagro no era matarlos, sino, al menos en parte, abrirles los ojos para que comprendieran que era totalmente inútil intentar algo contra un profeta de Dios. Mediante la niña hebrea cautiva que servía en la casa de Naamán, los sirios habían tenido la oportunidad de conocer la misericordia y el poder del Señor, quien ahora quería enseñarles otras lecciones en cuanto a su amor y su irresistible fuerza. Si los cautivos sirios no hubieran vuelto a su patria para contar a sus compatriotas lo que había ocurrido, el propósito por el cual el Señor realizó este milagro no se habría cumplido.
¿Matarías tú?
Habría sido un crimen inexcusable que el rey de Israel matara a sangre fría a los prisioneros que hubiera tomado en la guerra. Eliseo hizo saber a Joram que estos hombres eran prisioneros de guerra y que tenían todo el derecho de ser tratados como tales. Aun en circunstancias normales habría sido un crimen que el rey matara a los prisioneros tomados con su propia mano; pero en la situación presente el crimen habría sido mucho peor, y habría dejado muy mal a Israel y a su Dios ante los sirios.
Pan y agua.
Es decir, que el rey debía tratarlos como invitados y no como prisioneros. Los sirios debían recibir una lección objetiva del poder que la religión de los israelitas tenía para hacerlos benignos y misericordiosos (ver Prov. 25: 21, 22; Mat. 5: 44).
23. Una gran comida.
Heb. kerah , "banquete" (BJ). No se les dio comida común a los sirios, sino una comida especial de fiesta. Según la ley tácita del desierto, el hombre que acepta comida en una tienda se transforma en amigo y debe ser protegido.
Ellos se volvieron a su señor.
Cuando regresaron a su país, estos sirios eran muy diferentes a como habían sido cuando fueron a prender al profeta. De enemigos, se habían transformado en amigos. La comida de la cual habían participado no les había alimentado sólo el cuerpo sino también el alma. Habían aprendido una lección inolvidable.
Nunca más vinieron.
Este era el efecto natural del trato caballeresco que Joram había brindado a sus cautivos. Por el momento terminaron las incursiones sirias en territorio de Israel. Joram había logrado con su banquete lo que no podría haber realizado mediante las armas. La bondad resultó un arma más poderosa que la espada. Cuando uno hace el bien a sus enemigos, se ayuda a sí mismo. Dios es bueno no sólo con los justos, sino también con los impíos, pues " "hace salir su sol sobre malos y buenos, y ... hace llover sobre justos e injustos" " (Mat. 5: 45). Así también los cristianos deben amar a sus enemigos y tratar con bondad a quienes les hacen daño. Sólo con tal espíritu pueden disiparse la amargura y la contención.
24. Después de esto.
No se registra cuánto tiempo transcurrió desde que Joram sirvió este banquete a los invasores sirios hasta que Ben-adad sitió a la ciudad de Samaria. Sin embargo, deben haber pasado varios años, pues había resurgido el antiguo espíritu de enemistad entre las dos naciones. No se informa la causa de esta nueva guerra entre Siria e Israel.
Ben-adad.
Es decir, Ben-adad II. El primer Ben-adad fue contemporáneo de Asa (1 Rey. 15: 18-20). Ben-adad II es el mismo rey al cual Acab había derrotado dos veces, y con el cual se había mostrado tan indulgente como para recibir la censura de un profeta (1 Rey. 20: 1-42). El rey Acab murió tres años más tarde guerreando contra este mismo rey (1 Rey. 22: 1-37). Ben-adad aparece varias veces en los registros de Salmanasar III de Asiria. En el texto cuneiforme su nombre puede leerse Addu-'idri o Bir-'idri . Los asiriólogos prefieren esta última forma. En las inscripciones arameas de Hamat se lo llama Bar-hadad . Los asirios pudieron haber pensado que Bar representaba al dios babilónico Bir , y también confundieron Hadad con Hadar, pues en las letras arameas es fácil confundir la r con la d . No importa cuál sea la explicación de las diferencias en el nombre, no hay duda de que el Ben-adad de la Biblia, el Bar-hadad de la inscripción aramea y el Bir-'idri de los textos asirios son una misma persona. El hebreo Ben-hadad significa "hijo de Hadad". Hadad era el nombre del bien conocido dios de las tormentas adorado por los semitas occidentales. En las inscripciones asirias, Bir-'idri aparece como rey de Siria hasta el año 14 de Salmanasar, cuando el rey asirio dice haber obtenido una gran victoria sobre él y sus aliados.
Sitió a Samaria.
Esta no fue una pequeña incursión fronteriza, sino una guerra en serio y de máxima intensidad. Es probable que Ben-adad hubiera aprovechado un momento cuando Salmanasar no realizaba una campaña activa en la zona del Mediterráneo.
25. Gran hambre.
No se desconocían las hambres en Israel. En tiempos de Elías hubo una sequía que duró tres años y medio (1 Rey. 17: 1 a 18: 1; Luc. 4: 25; Sant. 5: 17), y en tiempos de Eliseo hubo hambre durante siete años (2 Rey. 8: 1); pero el hambre que se menciona aquí fue resultado del sitio.
Ochenta piezas de plata.
Es decir 80 siclos, o sea 912 g de plata. El asno era animal inmundo para los hebreos, quienes no lo comían sino como último recurso. La cabeza sería la peor parte, y por tanto, la más barata. Plutarco registra que en ocasión de un hambre durante el reinado de Artajerjes Mnemón, la cabeza de un asno se vendía en 60 dracmas, aunque comúnmente se podía comprar todo el animal por la mitad de esa suma. Plinio relata que durante el sitio de Casalino se vendía un ratón por 200 denarios.
Cuarta parte de un cab.
El cab era una medida de poco más de un litro. Las cinco piezas de plata eran cinco siclos, o sea unos 57 g. Es difícil pensar que los seres humanos pudieran verse obligados a comer alimentos tan imposibles de tolerar, pero Josefo dice que cuando Tito sitió a Jerusalén, "algunas personas sufrieron la terrible angustia de verse obligadas a buscar en las cloacas y los viejos muladares, y comer el estiércol que allí encontraran" ( Guerras v. 13. 7). Una interpretación más reciente procura explicar que "estiércol de paloma" se referiría a algún producto vegetal muy barato e indeseable, el peor alimento posible para el consumo humano. Tal identificación no puede probarse. La BJ dice "un par de cebollas silvestres"."
26. Por el muro.
" Los muros de las antiguas ciudades fortificadas tenían encima un espacio amplio, protegido por una muralla almenada en su borde exterior, donde se ubicaban la mayor parte de los defensores y desde donde lanzaban piedras o disparaban flechas contra el enemigo. El rey parece haber estado recorriendo estas defensas, animando a sus tropas y enterándose de cómo iba el sitio. Una mujer que estaba en la calle, o quizá en el techo de alguna casa vecina al muro de la ciudad, vio al rey y le pidió ayuda. "
27. ¿De dónde te puedo salvar yo?
" La situación era tal que ni aun el rey podía hacer nada. Joram reconocía francamente que no había ningún recurso a su alcance para aliviar la angustia de la mujer. Si el Señor no la ayudaba, ¿qué podría hacer él en estas circunstancias tan adversas? "
¿Del granero?
" Con la ironía de la desesperación, Joram le recuerda a la mujer lo que ya sabe demasiado bien: que ya se ha agotado todo vestigio de alimento. "
28. ¿Qué tienes?
" En un primer momento el rey había pensado que la mujer le estaba pidiendo comida. Ahora se dio cuenta de que ella parecía tener otro pedido. Quizá creyó que le había respondido en forma demasiado áspera frente a tantos de los pobladores y defensores de la ciudad. Después de todo, él era todavía el rey, y cualquier ciudadano tenía el derecho de acercarse a él para hacerle un pedido final. Y se dispuso a escuchar su petición. "
29. Cocimos, pues, a mi hijo.
" A Israel se le había advertido por medio de Moisés que si se apartaba de Dios sería víctima de circunstancias tan amargas, que los padres comerían la carne de sus propios hijos e hijas (Lev. 26: 29; Deut. 28: 53). Esta profecía se había cumplido en forma terrible. Dios previó exactamente cuáles serían los temibles resultados finales de la transgresión, e hizo todo lo que su amor y paciencia pudieron realizar para impedir que las cosas llegaran hasta este punto. La profecía de Moisés se cumplió otra vez cuando Nabucodonosor sitió a Jerusalén (Lam. 4: 10), y una vez más durante el sitio final que sufrió por parte de Tito (Josefo Guerras vi. 3. 4). "
Ella ha escondido a su hijo.
" Difícilmente puede imaginarse una acusación más desgarradora y a la vez horrible. En su terrible situación, las dos madres habían hecho un trato espantoso. Ya se habían comido a un hijo, pero la segunda madre no se sentía capaz de cumplir lo prometido. A fin de salvar a su hijo, lo había escondido, y la primera mujer procuraba obligarla a hacerlo aparecer recurriendo al rey. En un caso como ése, ¿qué podía hacer el rey? "
30. Rasgó sus vestidos.
" En estas circunstancias, ésa parecía ser la única reacción posible del rey. No podía ordenar que la mujer hiciese aparecer a su hijo para que se lo comieran; tampoco estaba en condiciones de poner fin a esta terrible angustia. Se rasgó los vestidos, no por pesar o arrepentimiento, como lo hizo su padre (1 Rey. 21: 27), sino por horror y consternación. "
Cilicio que traía interiormente.
" En vez de llevar el cilicio por fuera, parece que Joram se había puesto este vestido de penitencia bajo su ropa exterior, y lo llevaba así en forma menos manifiesta. Es probable que con ese ardid intentara apaciguar la ira de Jehová. El pueblo vio en el cilicio una expresión de la compasión que el rey sentía por ellos en su hora de angustia. "
31. La cabeza de Eliseo.
" Eliseo había instado al pueblo a arrepentirse, y sin duda le había dicho con claridad que, si no se apartaba de sus pecados y se volvía al Señor de todo corazón, podía esperar dificultades y angustia. El rey estaba irritado contra el profeta, y procuró culparlo por la continuación del sitio y del hambre. Al hacer esto, procedía como lo habían hecho su hermano Ocozías y su padre Acab (ver com. cap. 1: 10). Un penitente de verdad habría llevado el cilicio manifiestamente y no en secreto, y no se habría vuelto contra el profeta de Dios. Entre los " judíos no era común decapitar a un culpable, pero sí se practicaba en Asiria y otras naciones vecinas. Lleno de amargura y de ira, Joram amenazó a Eliseo con esa terrible forma de pena capital. "
32. Sentados los ancianos.
" Es probable que en este grupo no sólo estuvieran comprendidos los dirigentes de la ciudad, sino también los nobles y jefes de todo el país; como tales, eran los más respetados y dignos ciudadanos del Estado. En esta hora de emergencia habían ido a la casa de Eliseo, sin duda para pedirle consejo y ayuda. El peligro inminente les había hecho reconocer el poder de Jehová y recurrir a su profeta. Más tarde, cuando los habitantes de Jerusalén se encontraron en una crisis similar, consultaron a Jeremías para pedir dirección y conocer la voluntad del Señor (Jer. 21: 1, 2; 38: 14). "
Antes que el mensajero viniese.
" Joram quería matar a Eliseo, y mandó a un hombre para que lo decapitara; pero antes de que llegara, el Señor previno a Eliseo de las intenciones del rey para que los dirigentes del país se enteraran claramente de todo. "
Hijo de homicida.
" Acab, padre de Joram, no sólo era culpable de la sangre de Nabot sino también de la de los profetas que perdieron la vida por orden de Jezabel, con pleno consentimiento de él. Aun el fiel siervo Abdías había temido que Acab lo matara cuando se le dijo que llevase al rey un mensaje referente a Elías (1 Rey. 18: 9). Joram, hijo de un homicida, poseía las mismas malas características de su padre. "
Envía.
" El verdugo ya estaba en camino, pero Eliseo no mostró ninguna preocupación. Era profeta del Señor, y sabía que su vida estaba en las manos de Dios y no a merced de hombres malvados. "
Impedidle la entrada.
" Literalmente, "haced fuerza contra él con [en] la puerta". "Rechazadle con ella" " (BJ). Es decir, debían cerrar la puerta y hacer fuerza contra ella para que no pudiera entrar. El profeta no había hecho nada para merecer la muerte, ni se le había sentenciado por crimen alguno. Como mensajero del cielo, tenía todo el derecho de dar esas instrucciones aunque constituyeran una contraorden a lo que el rey había mandado. Los gobernantes tienen la responsabilidad de proteger, y no de perseguir, al ciudadano recto que se rige por la ley. El homicidio es tan criminal de parte de un rey como lo es de parte de cualquier ciudadano.
Tras él.
A pocos pasos del que debía ser el verdugo venía el rey para ver si sus órdenes se habían cumplido.
33. Y dijo.
Se ha suscitado la pregunta en cuanto a quién pronunció las palabras que siguen, si fue el mensajero o el rey. Estas palabras fueron, evidentemente, dichas por el rey, fuera que éste hubiese llegado o no, pues el mensajero no tenía derecho de hablar así en su propio nombre; y si pronunció estas palabras, lo hizo porque se le había ordenado hablarlas en nombre del rey. Sin embargo, parece que el rey ya había llegado, y habló. Es verdad que el registro bíblico no anuncia su llegada, ni aquí ni en los versículos siguientes, pero siendo que Eliseo dijo que el rey venía tras el mensajero, su llegada no pudo haber tardado mucho. Las palabras pronunciadas reflejan el parecer del rey. Estaba airado contra el profeta y contra el Dios que ese profeta representaba. Declaró que las dificultades por las que pasaba el país habían venido de Dios, quien debía hacerse responsable de esa culpa. Ya que no podía descargar su ira contra Dios, Joram la dirigió contra su profeta.
¿Para qué he de esperar?
Joram preguntó por qué debía hacer caso a Dios. Creyó que el Señor arbitrariamente había enviado ese mal sobre Samaria, y que por lo tanto era responsable de todos los horrores que acontecían. Esta repentina acción contra el profeta fue la respuesta del rey a la mujer que había recurrido a él (ver vers. 26). Puesto a prueba a la vista del pueblo y de los soldados, el rey, en su dilema, se había visto obligado a actuar, y su decisión fue volverse contra Dios y Eliseo. Ya que Dios había dejado sobrevenir el sitio, no haría nada para que éste se acabara; por tanto, Joram trató de convencerse de que su única salida era volverse contra Dios y tomar el asunto en sus propias manos. Esto hacía cuando ordenó que se matara a Eliseo.
CBA T2

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