1. Naamán.
Siria estuvo frecuentemente en guerra contra Israel; pero es evidente que en este momento había paz. Poco tiempo antes, Acab había sido muerto en la batalla contra Ben-adad (1 Rey. 22: 34-37). No se da el nombre del rey de Israel, pero se cree que esto ocurrió durante el reinado de Joram, hijo de Acab. El relato muestra las vicisitudes de las naciones, y da un cuadro interesante de las relaciones internacionales y de las costumbres de esos tiempos.
Varón grande.
Naamán era un personaje importante en Siria. Había granjeado fama y honor con sus victorias a favor de Siria; pero tenía la desgracia de ser leproso. Sin embargo, retenía su cargo de comandante de los ejércitos sirios, aunque debe haberse visto gravemente impedido por la terrible enfermedad que lo aquejaba.
2. Bandas armadas.
Había frecuentes incursiones en la zona fronteriza llevadas a cabo por las bandas merodeadoras que saqueaban para llevarse el botín.
Habían llevado cautiva.
La guerra es cruel. La niña había sido llevada de su casa a un país enemigo, aparentemente olvidada de Dios y sin consuelo ni esperanza. La vida no parecía ofrecerle gran cosa, y podría haberse amargado si se hubiera dedicado a pensar en sí misma y en su desgracia. Pero aun en tierra extraña, Dios tenía un servicio para que ella lo realizara.
Servía a la mujer de Naamán.
La niña cautiva vivía como esclava, obligada a servir en la casa del capitán de los ejércitos que habían derrotado a Israel. Sin embargo, debe haber prestado un servicio fiel; de lo contrario no habría sido empleada en la casa de un funcionario tan importante.
3. Al profeta.
Aunque cautiva, la niña no se olvidaba de su patria ni de su Díos. Tampoco pensaba mal de los que la habían apresado y la obligaban a una servidumbre forzada. Con el corazón lleno de amor para Dios, simpatizó con su amo enfermo y con su esposa. En vez de desearle mal a Naamán por las desgracias que le habían ocurrido a ella, le deseó el bien y que sanara de su terrible enfermedad. Recordando las maravillosas obras de Eliseo en su patria, tuvo fe en que el profeta podría sanar a Naamán de su lepra. Creyó que lo que Dios había hecho mediante su siervo en Israel también podría realizarlo en favor de un extranjero.
El lo sanaría.
Se consideraba que la lepra era una enfermedad incurable, pero los padres de la niña hebrea le habían enseñado que para Dios no hay nada imposible. Estos padres habían cumplido bien con su responsabilidad, y como resultado la niña dio este maravilloso testimonio en favor del Dios de Israel en una tierra que no lo conocía. Naamán se enteró de la existencia de un poder que está por encima del poder de los hombres, porque un padre fiel y una madre fiel de Israel habían enseñado a su hija a amar al Señor y a confiar en él.
4. Le relató.
Naamán narró al rey de Siria lo que la niña cautiva le había dicho. Poco pudo comprender la niña la importancia de sus palabras de fe en Dios. Naamán creyó porque la niña creía, y aquél llevó su testimonio ante el rey de Siria. En esta forma Ben-adad sabría que el Dios de Israel era un Dios poderoso y amante. Había derrotado en batalla a los ejércitos de Israel, y podría haber pensado que los dioses de Siria eran más poderosos que Jehová; pero tenía que aprender que el Dios de Israel podía hacer lo que superaba con mucho al poder de los hombres y de los dioses sirios. El testimonio máximo que pueda presentarse en favor del Dios del cielo es el testimonio del corazón que tiene absoluta confianza en él.
5. Yo enviaré.
El testimonio de fe de la jovencita no sólo había creado confianza en el general de los ejércitos sirios, sino que también creó cierto grado de fe en el corazón del rey de Siria. La fe engendra fe, y el amor, amor. La fe es un círculo siempre creciente que va de corazón a corazón, y de país a país hasta circundar la tierra. Sólo la eternidad podrá medir los resultados del testimonio de confianza en el Dios de Israel dado por la niña cautiva ante su señora en un país extraño. Los reyes se trataban con reyes, y al ofrecer sus servicios a Naamán, Ben-adad pensaba entenderse con el rey de Israel y no directamente con Eliseo. En aquellos tiempos era común escribir cartas. Muchos ejemplares de tales cartas nos han llegado hasta hoy.
Diez talentos de plata.
Naamán no pedía ser sanado sin pagar. Como no conocía al profeta de Israel ni al Dios de los hebreos, llevaba consigo un tesoro suficiente para recompensar en forma magnífica al profeta. No sabía que el Señor anhelaba sanarlo sin esperar, a cambio, oro ni plata. No sabía que Eliseo servía a Dios y a sus prójimos, no por amor a las ganancias materiales, sino por el bien que así pudiera hacer. En esos días no se acuñaban monedas, y los lingotes o anillos de oro y plata se pesaban. Un talento de plata pesaba unos 34,2 kg, por lo tanto Naamán habría llevado consigo 342 kg de plata. Las 6.000 piezas de oro equivalen a 6.000 sicios. A razón de 11,4 g por siclo, aproximadamente, habría llevado 68,4 kg de oro, además de la plata. Nada específico puede decirse del valor adquisitivo que en aquella época tenía tanto metal precioso. Sin embargo, el hecho de que Naamán llevara consigo un tesoro tan grande indica la gravedad de la situación en que se encontraba y su vehemente deseo de ser curado.
6. Para que lo sanes.
Sin duda el rey de Siria creyó que el profeta, que tenía fama de realizar tales milagros, era miembro de una orden religiosa que estaba bajo el control del Estado y a las órdenes del rey.
7. ¿Soy yo Dios?
Se consideraba que la lepra era una muerte en vida. El rey de Israel se daba cuenta de que esa enfermedad sólo podía ser curada por Dios, y su fe en Dios no le alcanzaba para creer que el Señor pudiera usar a un hombre como instrumento para sanar a cualquiera que sufriera tal enfermedad.
Busca ocasión contra mí.
En vez de vislumbrar que en el pedido de Ben-adad tendría oportunidad de revelarse el maravilloso poder de Dios, el rey de Israel sólo consideró el lado negativo de la situación. Pensó que era imposible que el rey de Siria hubiese tenido buena fe al escribirle esta carta. Creyó que era sólo un pretexto para buscar ocasión contra él. Es probable que hubiera imaginado que Ben-adad le había hecho, a propósito, un pedido imposible de cumplir, a fin de usarlo como excusa para iniciar la guerra. En vez de pensar en el Señor o en Eliseo su profeta, Joram sólo pensó en sí mismo y en su total incapacidad para hacer frente a la situación (ver com. vers. 1).
8. El varón de Dios.
No se registra la manera en que llegó a oídos de Eliseo la noticia de la visita de Naamán a la corte de Joram. Pero Dios dirigía los acontecimientos de tal manera que la fe del capitán sirio pudiera ser recompensada.
¿Por qué?
Lo que Joram había considerado como una catástrofe, era para Eliseo una oportunidad. Lo que el rey de Israel no podía lograr, el profeta con gusto lo haría con la ayuda del Señor. Mientras el rey estaba desesperado, el profeta se reanimaba en esperanza. En horas de dificultad y perplejidad vale la pena recordar que hay un Dios en el cielo que mira con amor y misericordia a sus débiles hijos de la tierra.
Venga ahora a mí.
Joram tenía miedo de la visita del capitán del ejército sirio; pero Eliseo se alegró de recibirlo. El rey no había tenido para Naamán ningún mensaje de aliento, ninguna palabra de esperanza; pero Eliseo le pidió que viniera a él a fin de encontrar salud para el cuerpo y vida para el alma. El profeta estaba ansioso de que Naamán conociera el amor y el poder del Dios de Israel, y que llevara de vuelta a su propio pueblo un mensaje de consuelo acerca de la esperanza que todos pueden tener en Dios. El hogar de cada hijo de Dios debiera ser un puerto de paz para todos los atribulados.
9. Con sus caballos.
Los sirvientes de Naamán iban a caballo, pero Naamán viajaba en carro.
Casa de Eliseo.
Sin duda una morada humilde. No se parecía a un palacio real, pero en este hogar Naamán encontraría algo que el palacio del rey no podía ofrecer. Para Naamán, la puerta de esa humilde vivienda se convirtió en la puerta abierta a la vida y la esperanza.
10. Lávate siete veces en el Jordán.
Las instrucciones que recibió Naamán hacen recordar la orden de Jesús al ciego: "Ve a lavarte en el estanque de Siloé" (Juan 9: 7). En ambos casos se dio una orden que puso a prueba la fe del que la recibió. Sólo la obediencia plena efectuaría el sanamiento. Las aguas del Jordán debían ser para Naamán aguas de salud y de vida. Hay sabiduría en obedecer las órdenes del Señor.
11. Yo decía para mí.
Naamán tenía sus propias ideas, pero no coincidían con las de Dios. Cuando oyó del hombre que podría curarlo de su lepra, sacó de inmediato sus propias conclusiones acerca de cómo realizaría la curación. Formuló su plan propio, y esperaba que Dios lo adoptara. Pero los preconceptos humanos en cuanto a la forma de actuar del Señor muchas veces son erróneos. Cuando trazamos de antemano los caminos que debe seguir la Providencia, podemos desengañarnos. Dios escogió sacar a Israel de Egipto a través del mar Rojo, pero ése no era el pensamiento del hombre. Dios envió a su Hijo para que naciera en un establo y fuera arrullado en un pesebre, pero esto no se ajustaba a las ideas de los grandes y poderosos de la tierra. Dios hizo que su Hijo viviera entre los hombres como siervo de los necesitados, pero esto no concordaba con lo que los judíos pensaban acerca del Mesías que había de venir. Quien desea ser salvo y quiere andar en los caminos del Señor, debe aprender que estos caminos son infinitamente más altos y mejores que los caminos de los hombres (Isa. 55: 8, 9).
12. Abana y Farfar.
Sin duda los sirios consideraban estos ríos como mejores que todas las aguas de Israel. Los ríos de Damasco eran agradables y hacían florecer la región como un rosal. En comparación con estos ríos que daban vida a su tierra, a Naamán le pareció que el Jordán era un arroyo pequeño y sin valor; pero si quería sanar de su lepra, debía bañarse en el Jordán y no en el Abana. Se cree que el Abana de este pasaje corresponda al Amana de Cant. 4: 8, cuyo nombre se derivó de la montaña en donde nacía. Era el río más importante de Damasco. Se cree que Farfar era el antiguo nombre de un río que corre al sur de Damasco, cuyas aguas nacen en las alturas del monte Hermón.
13. Sus criados.
Muchas veces los siervos demuestran que son más sabios que sus amos, y los subordinados más inteligentes que los reyes. Al hacer caso a las palabras de sus criados, Naamán encontraría el camino a la vida y la salud.
Alguna gran cosa.
Naamán era un gran hombre y esperaba hacer grandes cosas. Era arrogante y orgulloso, y el lavarse en las aguas del Jordán sería para él algo humillante. Pero Dios lo estaba probando para su propio bien. Sólo en la obediencia plena a las órdenes del Señor podía esperar hallar gracia ante Dios. Su orgulloso corazón debía doblegarse, y ganar la victoria sobre su voluntad terca y egoísta. Tenía que reconocer que el Dios de Israel era más poderoso que los ídolos de los bosques de Siria, y que las instrucciones de Eliseo eran superiores a sus propios deseos y pensamientos.
14. La palabra del varón de Dios.
Antes de que pudiera recibir la bendición que había venido a buscar, Naamán debió llegar al punto de reconocer a Eliseo como varón de Dios y portavoz del cielo. La curación no se habría efectuado si no hubiese acatado las palabras del profeta. Pero cuando actuó según se lo había mandado el profeta, sanó de su lepra. Cuando Dios habla mediante un profeta, hay que dejar de lado la opinión personal y aceptar el mensaje del Señor. Sólo así podremos andar en sus caminos y participar de sus bendiciones.
15. Volvió.
Naamán mostró su gratitud cuando regresó para ofrecer una recompensa a Eliseo. Al hacer esto, probablemente se alejó mucho de la ruta que debía tomar; pero este viaje no fue en vano. En todos los aspectos de su conducta, Naamán demostró estar en mayor armonía con el verdadero espíritu de un hijo de Dios que los que pretendían ser su pueblo escogido. Siglos después, cuando el Salvador estuvo en la tierra, se refirió al hecho de que había muchos leprosos en la tierra de Israel en tiempos de Eliseo, pero " "ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio" " (Luc. 4: 27). Israel no estimaba la presencia ni las bendiciones de Díos. El capitán de los ejércitos de una nación pagana mostró fe y gratitud, que eran ajenas al profeso pueblo de Dios. El Señor está cercano a los que estiman sus bendiciones y se muestra bondadoso para con ellos.
Ahora conozco.
Naamán había oído hablar de Dios por medio del testimonio de la jovencita hebrea, pero ahora lo había conocido a través de su experiencia personal. La fe se había convertido en conocimiento. Ahora su testimonio llevaba un tono de seguridad que nunca podría haber tenido si no hubiera recibido de Dios esta maravillosa bendición. Naamán se daba cuenta ahora de que fuera de Israel no había Dios. Los dioses que se adoraban en Siria y en las naciones vecinas eran sólo ídolos hechos por el hornbre; pero el Dios de Israel era el Creador del cielo y de la tierra, el Señor que daba vida y esperanza a la humanidad. Si cada hijo de Dios fuera tan fiel en dar testimonio de él como lo fue la niña hebrea cautiva, todas las gentes de la tierra conocerían el maravilloso amor y cuidado del Creador, y muchos serían inducidos a rendirle gratítud y alabanza.
16. No lo aceptaré.
Un profeta del Señor no sirve con el propósito de obtener ganancia a ni recompensa. Eliseo había recibido su recompensa al ver la nueva vída y la esperanza de Naamán. Un obrero es digno de su salario (Luc. 10: 7), y los que recíben bendiciones de Dios pueden darle ofrendas de agradecimiento; pero en estas circunstancias era mejor que Eliseo rechazara los regalos ofrecidos. Naamán no debía quedar con la impresión de que los profetas del verdadero Dios actuaban movidos por intereses propios, o que la bendición de Dios podía comprarse con dinero.
17. La carga de un par de mulas.
Naarnán pensó que el Dios de Israel era una deidad que debía ser adorada en suelo israelita. En aquellos tiempos cada nación tenía su divinidad principal, y muchas ciudades tenían sus propios dioses locales. Aunque Naamán había reconocido que fuera de Israel no había Dios, no se había despojado por completo de la idea de que el Dios de Israel estaba ligado de alguna manera especial a la tierra de Israel, y quería, al regresar a su país, adorar a ese Dios sobre suelo israelita.
A otros dioses.
Cuando Naamán conoció a Dios, se entregó a él y decidió abandonar la adoración de los dioses sirios que había conocido desde su juventud. En todo lugar hay personas tan fervorosas y sinceras como Naamán, y que sólo esperan oír el fiel testimonio y ver la santa vida del pueblo de Dios para rendirle el corazón.
18. Jehová perdone.
Aunque Naamán se había propuesto servir a Dios, sabía que en su país, consagrado a la adoración de ídolos, eso no le sería fácil. El rey de Siria todavía adoraba al dios Rimón, y en este servicio Naamán sería ayudante del rey. Naamán no tenía ninguna intención de abandonar el servício de su rey terrenal, aunque había decidído que en adelante sólo adoraría al Señor. Pero cuando el rey se postrara para adorar a Rimón, se apoyaría en el brazo de Naamán (ver cap. 7: 2, 17). Naamán no quería que se entendiera por esto que él también se postraba para adorar al dios pagano. Se había entregado a Jehová, y no tenía intención alguna de poner en peligro su fe adorando a Rimón, ni tampoco quería que Eliseo supiera que lo estaba haciendo. Era un hombre de recta conciencia antes de partir de Israel quería dejar en claro sus escrúpulos.
19. Ve en paz.
No debe pensarse que estas palabras expresen aprobación o desaprobación del último pedido de Naamán. Debía partir en paz, no con dudas ni en estado de inquietante incertidumbre. Dios había sido bueno con él, y debía encontrar felicidad y paz en el conocimiento y la adoración de Dios. Naamán era un nuevo converso, un hombre de conciencia escrupulosa, que crecería en fortaleza y sabiduría si se aferraba a su nueva fe. Dios conduce a los nuevos conversos paso a paso, y conoce el momento apropiado en que debe pedir una reforma en determinado asunto. Este principio debería siempre ser tenido en cuenta por los que trabajan para la salvación de las almas. Eliseo sabía que éste no era el momento oportuno para insistir en un cambio radical en este punto específico del comportamiento de Naamán. Era un hombre de gran perspicacia espiritual, y usó tacto y prudencia en sus relaciones con Naamán. Por eso lo despidió, no con palabras de reproche, sino con un mensaje de paz similar al que Jesús dejó, como despedida, a sus discípulos (Juan 14: 27).
20. Entonces Giezi.
El autor bíblico acaba de presentar un hermoso cuadro de un importante oficial sirio que parte de Israel transformado en un nuevo converso de Jehová, con gozo y paz en el corazón, curado de la lepra y convertido en espíritu; pero con las primeras, palabras de este versículo, el cuadro cambia por completo. Cuando Dios da a los hombres felicidad y paz, Satanás intenta introducir dificultades. En cada sinfonía procura introducir la nota discordante. Ahora el criado del profeta se presta como instrumento en manos del enemigo para arruinar, casi por completo, el cuadro tan hermoso que se había pintado.
Estorbó a este sirio.
Heb. "se abstuvo de recibir de su mano lo que había traído". "Ha sido indulgente con Naamán" (BJ). En estas palabras se revelan los pensamientos y el espíritu de Giezi. No pensó en Naamán como en un nuevo converso a la religión del Dios de Israel, sino como en un soldado de un país enemigo. Los sirios habían saqueado a Israel; ¿porqué un israelita debía ser indulgente con uno de ellos? Es probable que Giezi considerara que su amo Eliseo había sido débil e incauto al negarse a aceptar el regalo que Naamán estaba tan dispuesto a darle.
Vive Jehová.
En este caso, las palabras son un juramento profano expresado por un hombre que trata de convencerse de que hace algo para el servicio de Dios, cuando bien sabe que procede mal. Cegado por la avaricia, Giezi se dispuso a recibir el pago por servicios que él no había prestado, de parte de un hombre del cual Eliseo creía que no debía aceptar nada.
21. Se bajó.
En el Oriente, esto indicaba respeto. Resulta extraño, porque Giezi era sólo criado de Eliseo, y Naamán no tenía ninguna obligación de mostrarle esta cortesía que no fue solicitada. Esto indica su gran sentimiento de gratitud. Naamán había vencido su natural orgullo y animosidad, y ahora, el general de los ejércitos de Siria que había vencido a Israel, desciende de su carro para poder hablar en un plano de igualdad, con el criado de un profeta hebreo.
¿Va todo bien?
Naamán se había sorprendido al ver a Giezi que corría hacia él, y debió haber pensado que algo malo le había acontecido al profeta, o que había sobrevenido alguna otra calamidad.
22. Mi señor me envía.
Giezi procuró encubrir su avaricia con una mentira. La avaricia del criado se atribuiría a Eliseo. El digno nombre del profeta fue difamado por la codicia de su indigno criado. Es raro que exista un pecado solitario, porque el mal siempre abre el camino a mayores y más grandes males.
Del monte de Efraín.
Por lo menos había dos escuelas de los profetas en la altiplanicie de Efraín: en Bet-el y en Gilgal (ver com. cap. 2: 1).
Dos jóvenes.
Giezi no deseaba que se conociera su avaricia. Más bien quería representar el papel de un amigo que se preocupaba por dos jóvenes necesitados. ¿No se interesaría Naamán por ellos ayudándolos con uno de sus diez talentos de plata y dos de las diez mudas de ropa?
23. Te ruego que tomes.
El agradecido Naamán quiso dar el doble de lo que Giezi le había pedido, y también mandó a dos de sus siervos para que llevaran todo hasta la casa del profeta.
24. Lugar secreto.
Heb. "montículo" o "colina". Esta palabra muchas veces representa un edificio sobre una colina, ya sea una atalaya, casa, fortaleza, o un lugar de vigilancia. Eliseo vivía en Samaria, quizá sobre una altura desde donde podía ver a lo lejos a cuantos se acercaban (ver cap. 6: 30-32). Pero en esta ocasión, Giezi, que volvía con los dos talentos de plata, no deseaba que su amo lo viera; de modo que el cerro que aquí se menciona, parece haber estado entre la casa de Eliseo y el lugar donde Giezi alcanzó a Naamán, lo cual impedía que se viera desde la casa. Giezi despidió a los siervos de Naamán en ese lugar; tomó el tesoro, y lo ocultó.
25. No ha ido a ninguna parte.
Para protegerse de la censura de su amo, Giezi recurrió a otra mentira. Otra vez el pecado condujo al pecado, y una mentira a otra. El sendero del mal no tiene fin. El que comienza a engañar, inevitablemente recurrirá a un engaño para encubrir otro engaño.
26. ¿No estaba también allí mi corazón?
Dios había revelado a Eliseo exactamente lo que había ocurrido: cómo Giezi había corrido tras Naamán, cómo le había mentido y había logrado conseguir el codiciado regalo, y en qué forma lo había escondido. Los seres humanos pueden mentir a sus prójimos, pero no a Dios. Las malas acciones pueden ser ocultadas de los ojos humanos, pero los ojos del Señor ven todas las cosas (ver Heb. 4: 13).
¿Es tiempo de tomar plata?
¡Qué terrible reproche fueron las palabras de Eliseo! Se había realizado un milagro notable. El general de los ejércitos de Siria había creído en Dios y se regocijaba en su nueva fe. Dios había sido bondadoso con sus siervos y el cielo se había acercado muchísimo a la tierra. Giezi debería haber elevado el corazón en alabanza y gratitud a Dios por las maravillosas bendiciones recibidas. Debiera haber considerado cómo Naamán podría recibir una impresión favorable, y reconocer que la fe de los israelitas era la única verdadera religión del mundo, capaz de hacer que la gente fuera abnegada, honrada y bondadosa. Pero en vez de pensar en esto, sólo pensó en sí mismo y en sus propios intereses.
Las palabras de censura de Eliseo no fueron sólo para su siervo Giezi, sino también para todos los que en la iglesia de Dios manifiestan hoy el mismo espíritu. En nuestros tiempos, Dios se ha acercado de nuevo a nosotros, y en muchos países se han realizado maravillosos milagros de gracia. En todas partes los pecadores rescatados elevan cantos de agradecimiento y alabanza a Dios. Pero una vez más, en algunos ha prevalecido el espíritu de avaricia y codicia. Están empeñados en servirse a sí mismos acumulando y escondiendo plata que debería usarse para la salvación de sus prójimos. Una vez más Dios contempla desde los cielos y se formula la pregunta: "¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos?"
Olivares.
Giezi había estado pensando cómo invertiría su riqueza, y es probable que esta enumeración del profeta se refiriera a las compras que su siervo ya había pensado realizar.
27. Se te pegará.
El día que había traído tan grande bendición a Naamán el sirio, trajo una terrible maldición al siervo hebreo del profeta de Dios. Naamán siguió su camino en paz, lleno de una nueva esperanza en Dios. Giezi llevó los resultados de su pecado hasta la tumba: quedó leproso hasta el día de su muerte, maldito por el cielo, despreciado por los hombres. Fue una lección objetiva para los tiempos venideros en cuanto a la necedad de la avaricia y la vacuidad de una vida que busca primeramente los tesoros de este mundo, antes que los tesoros del reino de Dios. Durante los años que había estado con Eliseo, Giezi tuvo la oportunidad de aprender que la vida de abnegada consagración y amor produce gozo y satisfacción; pero no había aprendido esa lección. Despreció los dones del cielo, mientras que procuraba un tesoro terrenal que, como el cáncer, carcome las almas. En vez de cultivar un espíritu de abnegación mientras servía a Dios, se había dejado transformar en un egoísta, interesado sólo en las ganancias materiales. Se preocupaba más por los siclos de plata que por las almas de los pecadores; por vestidos de lino, que por los vestidos de justicia.
Para siempre.
No debe pensarse que Dios, por causa del pecado de Giezi, pronunció una maldición sobre sus descendientes que duraría para siempre. El Señor es benigno y misericordioso, y nunca acarrea sobre nadie una aflicción injusta o innecesaria. Por su avaricia, Giezi había traído sobre sí mismo un terrible castigo; por esta razón sus hijos tendrían que sufrir. Muchas veces la enfermedad y sus efectos se transmiten a la posteridad inocente; pero si se dijera que por causa de la lepra de Giezi, sus descendientes a través de todas las edades futuras también serían leprosos, se diría algo que no es verdad.
La expresión hebrea aquí usada, le'olam, no necesariamente indica "sin fin", o "para toda la eternidad". Cuando la palabra 'olam se aplica a Dios, significa "sin Fin"; cuando se la aplica a la vida humana, se extiende sólo hasta el fin de la existencia de un individuo. En Exo. 21: 6 se dice que el siervo debía servir a su amo "para siempre". Los extranjeros que habitasen en la tierra de los israelitas podían ser hechos esclavos "para siempre" (Lev. 25: 46). Poco antes de la muerte de David, Betsabé se inclinó ante el rey con las palabras: "Viva mi Señor el rey David para siempre" (1 Rey. 1: 31). Así también se dirigió Nehemías al rey Artajerjes: "Para siempre viva el rey" (Neh. 2: 3). El humo que subirá de la tierra en el día de la venganza del Señor se describe como que ascenderá "perpetuamente" (Isa. 34: 10). Jonás al describir su descenso al vientre de la ballena dice que " "la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre" " (Jon. 2: 6). La expresión le'olam sencillamente significa "que dura mucho tiempo", y su duración depende de aquello con lo cual se relaciona la oración (ver com. Exo. 12: 14; 21: 6).
Blanco como la nieve.
Se usa esta misma expresión en otros pasajes para referirse a ataques repentinos de lepra (ver Exo. 4: 6; Núm. 12: 10).
CBA T2
Siria estuvo frecuentemente en guerra contra Israel; pero es evidente que en este momento había paz. Poco tiempo antes, Acab había sido muerto en la batalla contra Ben-adad (1 Rey. 22: 34-37). No se da el nombre del rey de Israel, pero se cree que esto ocurrió durante el reinado de Joram, hijo de Acab. El relato muestra las vicisitudes de las naciones, y da un cuadro interesante de las relaciones internacionales y de las costumbres de esos tiempos.
Varón grande.
Naamán era un personaje importante en Siria. Había granjeado fama y honor con sus victorias a favor de Siria; pero tenía la desgracia de ser leproso. Sin embargo, retenía su cargo de comandante de los ejércitos sirios, aunque debe haberse visto gravemente impedido por la terrible enfermedad que lo aquejaba.
2. Bandas armadas.
Había frecuentes incursiones en la zona fronteriza llevadas a cabo por las bandas merodeadoras que saqueaban para llevarse el botín.
Habían llevado cautiva.
La guerra es cruel. La niña había sido llevada de su casa a un país enemigo, aparentemente olvidada de Dios y sin consuelo ni esperanza. La vida no parecía ofrecerle gran cosa, y podría haberse amargado si se hubiera dedicado a pensar en sí misma y en su desgracia. Pero aun en tierra extraña, Dios tenía un servicio para que ella lo realizara.
Servía a la mujer de Naamán.
La niña cautiva vivía como esclava, obligada a servir en la casa del capitán de los ejércitos que habían derrotado a Israel. Sin embargo, debe haber prestado un servicio fiel; de lo contrario no habría sido empleada en la casa de un funcionario tan importante.
3. Al profeta.
Aunque cautiva, la niña no se olvidaba de su patria ni de su Díos. Tampoco pensaba mal de los que la habían apresado y la obligaban a una servidumbre forzada. Con el corazón lleno de amor para Dios, simpatizó con su amo enfermo y con su esposa. En vez de desearle mal a Naamán por las desgracias que le habían ocurrido a ella, le deseó el bien y que sanara de su terrible enfermedad. Recordando las maravillosas obras de Eliseo en su patria, tuvo fe en que el profeta podría sanar a Naamán de su lepra. Creyó que lo que Dios había hecho mediante su siervo en Israel también podría realizarlo en favor de un extranjero.
El lo sanaría.
Se consideraba que la lepra era una enfermedad incurable, pero los padres de la niña hebrea le habían enseñado que para Dios no hay nada imposible. Estos padres habían cumplido bien con su responsabilidad, y como resultado la niña dio este maravilloso testimonio en favor del Dios de Israel en una tierra que no lo conocía. Naamán se enteró de la existencia de un poder que está por encima del poder de los hombres, porque un padre fiel y una madre fiel de Israel habían enseñado a su hija a amar al Señor y a confiar en él.
4. Le relató.
Naamán narró al rey de Siria lo que la niña cautiva le había dicho. Poco pudo comprender la niña la importancia de sus palabras de fe en Dios. Naamán creyó porque la niña creía, y aquél llevó su testimonio ante el rey de Siria. En esta forma Ben-adad sabría que el Dios de Israel era un Dios poderoso y amante. Había derrotado en batalla a los ejércitos de Israel, y podría haber pensado que los dioses de Siria eran más poderosos que Jehová; pero tenía que aprender que el Dios de Israel podía hacer lo que superaba con mucho al poder de los hombres y de los dioses sirios. El testimonio máximo que pueda presentarse en favor del Dios del cielo es el testimonio del corazón que tiene absoluta confianza en él.
5. Yo enviaré.
El testimonio de fe de la jovencita no sólo había creado confianza en el general de los ejércitos sirios, sino que también creó cierto grado de fe en el corazón del rey de Siria. La fe engendra fe, y el amor, amor. La fe es un círculo siempre creciente que va de corazón a corazón, y de país a país hasta circundar la tierra. Sólo la eternidad podrá medir los resultados del testimonio de confianza en el Dios de Israel dado por la niña cautiva ante su señora en un país extraño. Los reyes se trataban con reyes, y al ofrecer sus servicios a Naamán, Ben-adad pensaba entenderse con el rey de Israel y no directamente con Eliseo. En aquellos tiempos era común escribir cartas. Muchos ejemplares de tales cartas nos han llegado hasta hoy.
Diez talentos de plata.
Naamán no pedía ser sanado sin pagar. Como no conocía al profeta de Israel ni al Dios de los hebreos, llevaba consigo un tesoro suficiente para recompensar en forma magnífica al profeta. No sabía que el Señor anhelaba sanarlo sin esperar, a cambio, oro ni plata. No sabía que Eliseo servía a Dios y a sus prójimos, no por amor a las ganancias materiales, sino por el bien que así pudiera hacer. En esos días no se acuñaban monedas, y los lingotes o anillos de oro y plata se pesaban. Un talento de plata pesaba unos 34,2 kg, por lo tanto Naamán habría llevado consigo 342 kg de plata. Las 6.000 piezas de oro equivalen a 6.000 sicios. A razón de 11,4 g por siclo, aproximadamente, habría llevado 68,4 kg de oro, además de la plata. Nada específico puede decirse del valor adquisitivo que en aquella época tenía tanto metal precioso. Sin embargo, el hecho de que Naamán llevara consigo un tesoro tan grande indica la gravedad de la situación en que se encontraba y su vehemente deseo de ser curado.
6. Para que lo sanes.
Sin duda el rey de Siria creyó que el profeta, que tenía fama de realizar tales milagros, era miembro de una orden religiosa que estaba bajo el control del Estado y a las órdenes del rey.
7. ¿Soy yo Dios?
Se consideraba que la lepra era una muerte en vida. El rey de Israel se daba cuenta de que esa enfermedad sólo podía ser curada por Dios, y su fe en Dios no le alcanzaba para creer que el Señor pudiera usar a un hombre como instrumento para sanar a cualquiera que sufriera tal enfermedad.
Busca ocasión contra mí.
En vez de vislumbrar que en el pedido de Ben-adad tendría oportunidad de revelarse el maravilloso poder de Dios, el rey de Israel sólo consideró el lado negativo de la situación. Pensó que era imposible que el rey de Siria hubiese tenido buena fe al escribirle esta carta. Creyó que era sólo un pretexto para buscar ocasión contra él. Es probable que hubiera imaginado que Ben-adad le había hecho, a propósito, un pedido imposible de cumplir, a fin de usarlo como excusa para iniciar la guerra. En vez de pensar en el Señor o en Eliseo su profeta, Joram sólo pensó en sí mismo y en su total incapacidad para hacer frente a la situación (ver com. vers. 1).
8. El varón de Dios.
No se registra la manera en que llegó a oídos de Eliseo la noticia de la visita de Naamán a la corte de Joram. Pero Dios dirigía los acontecimientos de tal manera que la fe del capitán sirio pudiera ser recompensada.
¿Por qué?
Lo que Joram había considerado como una catástrofe, era para Eliseo una oportunidad. Lo que el rey de Israel no podía lograr, el profeta con gusto lo haría con la ayuda del Señor. Mientras el rey estaba desesperado, el profeta se reanimaba en esperanza. En horas de dificultad y perplejidad vale la pena recordar que hay un Dios en el cielo que mira con amor y misericordia a sus débiles hijos de la tierra.
Venga ahora a mí.
Joram tenía miedo de la visita del capitán del ejército sirio; pero Eliseo se alegró de recibirlo. El rey no había tenido para Naamán ningún mensaje de aliento, ninguna palabra de esperanza; pero Eliseo le pidió que viniera a él a fin de encontrar salud para el cuerpo y vida para el alma. El profeta estaba ansioso de que Naamán conociera el amor y el poder del Dios de Israel, y que llevara de vuelta a su propio pueblo un mensaje de consuelo acerca de la esperanza que todos pueden tener en Dios. El hogar de cada hijo de Dios debiera ser un puerto de paz para todos los atribulados.
9. Con sus caballos.
Los sirvientes de Naamán iban a caballo, pero Naamán viajaba en carro.
Casa de Eliseo.
Sin duda una morada humilde. No se parecía a un palacio real, pero en este hogar Naamán encontraría algo que el palacio del rey no podía ofrecer. Para Naamán, la puerta de esa humilde vivienda se convirtió en la puerta abierta a la vida y la esperanza.
10. Lávate siete veces en el Jordán.
Las instrucciones que recibió Naamán hacen recordar la orden de Jesús al ciego: "Ve a lavarte en el estanque de Siloé" (Juan 9: 7). En ambos casos se dio una orden que puso a prueba la fe del que la recibió. Sólo la obediencia plena efectuaría el sanamiento. Las aguas del Jordán debían ser para Naamán aguas de salud y de vida. Hay sabiduría en obedecer las órdenes del Señor.
11. Yo decía para mí.
Naamán tenía sus propias ideas, pero no coincidían con las de Dios. Cuando oyó del hombre que podría curarlo de su lepra, sacó de inmediato sus propias conclusiones acerca de cómo realizaría la curación. Formuló su plan propio, y esperaba que Dios lo adoptara. Pero los preconceptos humanos en cuanto a la forma de actuar del Señor muchas veces son erróneos. Cuando trazamos de antemano los caminos que debe seguir la Providencia, podemos desengañarnos. Dios escogió sacar a Israel de Egipto a través del mar Rojo, pero ése no era el pensamiento del hombre. Dios envió a su Hijo para que naciera en un establo y fuera arrullado en un pesebre, pero esto no se ajustaba a las ideas de los grandes y poderosos de la tierra. Dios hizo que su Hijo viviera entre los hombres como siervo de los necesitados, pero esto no concordaba con lo que los judíos pensaban acerca del Mesías que había de venir. Quien desea ser salvo y quiere andar en los caminos del Señor, debe aprender que estos caminos son infinitamente más altos y mejores que los caminos de los hombres (Isa. 55: 8, 9).
12. Abana y Farfar.
Sin duda los sirios consideraban estos ríos como mejores que todas las aguas de Israel. Los ríos de Damasco eran agradables y hacían florecer la región como un rosal. En comparación con estos ríos que daban vida a su tierra, a Naamán le pareció que el Jordán era un arroyo pequeño y sin valor; pero si quería sanar de su lepra, debía bañarse en el Jordán y no en el Abana. Se cree que el Abana de este pasaje corresponda al Amana de Cant. 4: 8, cuyo nombre se derivó de la montaña en donde nacía. Era el río más importante de Damasco. Se cree que Farfar era el antiguo nombre de un río que corre al sur de Damasco, cuyas aguas nacen en las alturas del monte Hermón.
13. Sus criados.
Muchas veces los siervos demuestran que son más sabios que sus amos, y los subordinados más inteligentes que los reyes. Al hacer caso a las palabras de sus criados, Naamán encontraría el camino a la vida y la salud.
Alguna gran cosa.
Naamán era un gran hombre y esperaba hacer grandes cosas. Era arrogante y orgulloso, y el lavarse en las aguas del Jordán sería para él algo humillante. Pero Dios lo estaba probando para su propio bien. Sólo en la obediencia plena a las órdenes del Señor podía esperar hallar gracia ante Dios. Su orgulloso corazón debía doblegarse, y ganar la victoria sobre su voluntad terca y egoísta. Tenía que reconocer que el Dios de Israel era más poderoso que los ídolos de los bosques de Siria, y que las instrucciones de Eliseo eran superiores a sus propios deseos y pensamientos.
14. La palabra del varón de Dios.
Antes de que pudiera recibir la bendición que había venido a buscar, Naamán debió llegar al punto de reconocer a Eliseo como varón de Dios y portavoz del cielo. La curación no se habría efectuado si no hubiese acatado las palabras del profeta. Pero cuando actuó según se lo había mandado el profeta, sanó de su lepra. Cuando Dios habla mediante un profeta, hay que dejar de lado la opinión personal y aceptar el mensaje del Señor. Sólo así podremos andar en sus caminos y participar de sus bendiciones.
15. Volvió.
Naamán mostró su gratitud cuando regresó para ofrecer una recompensa a Eliseo. Al hacer esto, probablemente se alejó mucho de la ruta que debía tomar; pero este viaje no fue en vano. En todos los aspectos de su conducta, Naamán demostró estar en mayor armonía con el verdadero espíritu de un hijo de Dios que los que pretendían ser su pueblo escogido. Siglos después, cuando el Salvador estuvo en la tierra, se refirió al hecho de que había muchos leprosos en la tierra de Israel en tiempos de Eliseo, pero " "ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio" " (Luc. 4: 27). Israel no estimaba la presencia ni las bendiciones de Díos. El capitán de los ejércitos de una nación pagana mostró fe y gratitud, que eran ajenas al profeso pueblo de Dios. El Señor está cercano a los que estiman sus bendiciones y se muestra bondadoso para con ellos.
Ahora conozco.
Naamán había oído hablar de Dios por medio del testimonio de la jovencita hebrea, pero ahora lo había conocido a través de su experiencia personal. La fe se había convertido en conocimiento. Ahora su testimonio llevaba un tono de seguridad que nunca podría haber tenido si no hubiera recibido de Dios esta maravillosa bendición. Naamán se daba cuenta ahora de que fuera de Israel no había Dios. Los dioses que se adoraban en Siria y en las naciones vecinas eran sólo ídolos hechos por el hornbre; pero el Dios de Israel era el Creador del cielo y de la tierra, el Señor que daba vida y esperanza a la humanidad. Si cada hijo de Dios fuera tan fiel en dar testimonio de él como lo fue la niña hebrea cautiva, todas las gentes de la tierra conocerían el maravilloso amor y cuidado del Creador, y muchos serían inducidos a rendirle gratítud y alabanza.
16. No lo aceptaré.
Un profeta del Señor no sirve con el propósito de obtener ganancia a ni recompensa. Eliseo había recibido su recompensa al ver la nueva vída y la esperanza de Naamán. Un obrero es digno de su salario (Luc. 10: 7), y los que recíben bendiciones de Dios pueden darle ofrendas de agradecimiento; pero en estas circunstancias era mejor que Eliseo rechazara los regalos ofrecidos. Naamán no debía quedar con la impresión de que los profetas del verdadero Dios actuaban movidos por intereses propios, o que la bendición de Dios podía comprarse con dinero.
17. La carga de un par de mulas.
Naarnán pensó que el Dios de Israel era una deidad que debía ser adorada en suelo israelita. En aquellos tiempos cada nación tenía su divinidad principal, y muchas ciudades tenían sus propios dioses locales. Aunque Naamán había reconocido que fuera de Israel no había Dios, no se había despojado por completo de la idea de que el Dios de Israel estaba ligado de alguna manera especial a la tierra de Israel, y quería, al regresar a su país, adorar a ese Dios sobre suelo israelita.
A otros dioses.
Cuando Naamán conoció a Dios, se entregó a él y decidió abandonar la adoración de los dioses sirios que había conocido desde su juventud. En todo lugar hay personas tan fervorosas y sinceras como Naamán, y que sólo esperan oír el fiel testimonio y ver la santa vida del pueblo de Dios para rendirle el corazón.
18. Jehová perdone.
Aunque Naamán se había propuesto servir a Dios, sabía que en su país, consagrado a la adoración de ídolos, eso no le sería fácil. El rey de Siria todavía adoraba al dios Rimón, y en este servicio Naamán sería ayudante del rey. Naamán no tenía ninguna intención de abandonar el servício de su rey terrenal, aunque había decidído que en adelante sólo adoraría al Señor. Pero cuando el rey se postrara para adorar a Rimón, se apoyaría en el brazo de Naamán (ver cap. 7: 2, 17). Naamán no quería que se entendiera por esto que él también se postraba para adorar al dios pagano. Se había entregado a Jehová, y no tenía intención alguna de poner en peligro su fe adorando a Rimón, ni tampoco quería que Eliseo supiera que lo estaba haciendo. Era un hombre de recta conciencia antes de partir de Israel quería dejar en claro sus escrúpulos.
19. Ve en paz.
No debe pensarse que estas palabras expresen aprobación o desaprobación del último pedido de Naamán. Debía partir en paz, no con dudas ni en estado de inquietante incertidumbre. Dios había sido bueno con él, y debía encontrar felicidad y paz en el conocimiento y la adoración de Dios. Naamán era un nuevo converso, un hombre de conciencia escrupulosa, que crecería en fortaleza y sabiduría si se aferraba a su nueva fe. Dios conduce a los nuevos conversos paso a paso, y conoce el momento apropiado en que debe pedir una reforma en determinado asunto. Este principio debería siempre ser tenido en cuenta por los que trabajan para la salvación de las almas. Eliseo sabía que éste no era el momento oportuno para insistir en un cambio radical en este punto específico del comportamiento de Naamán. Era un hombre de gran perspicacia espiritual, y usó tacto y prudencia en sus relaciones con Naamán. Por eso lo despidió, no con palabras de reproche, sino con un mensaje de paz similar al que Jesús dejó, como despedida, a sus discípulos (Juan 14: 27).
20. Entonces Giezi.
El autor bíblico acaba de presentar un hermoso cuadro de un importante oficial sirio que parte de Israel transformado en un nuevo converso de Jehová, con gozo y paz en el corazón, curado de la lepra y convertido en espíritu; pero con las primeras, palabras de este versículo, el cuadro cambia por completo. Cuando Dios da a los hombres felicidad y paz, Satanás intenta introducir dificultades. En cada sinfonía procura introducir la nota discordante. Ahora el criado del profeta se presta como instrumento en manos del enemigo para arruinar, casi por completo, el cuadro tan hermoso que se había pintado.
Estorbó a este sirio.
Heb. "se abstuvo de recibir de su mano lo que había traído". "Ha sido indulgente con Naamán" (BJ). En estas palabras se revelan los pensamientos y el espíritu de Giezi. No pensó en Naamán como en un nuevo converso a la religión del Dios de Israel, sino como en un soldado de un país enemigo. Los sirios habían saqueado a Israel; ¿porqué un israelita debía ser indulgente con uno de ellos? Es probable que Giezi considerara que su amo Eliseo había sido débil e incauto al negarse a aceptar el regalo que Naamán estaba tan dispuesto a darle.
Vive Jehová.
En este caso, las palabras son un juramento profano expresado por un hombre que trata de convencerse de que hace algo para el servicio de Dios, cuando bien sabe que procede mal. Cegado por la avaricia, Giezi se dispuso a recibir el pago por servicios que él no había prestado, de parte de un hombre del cual Eliseo creía que no debía aceptar nada.
21. Se bajó.
En el Oriente, esto indicaba respeto. Resulta extraño, porque Giezi era sólo criado de Eliseo, y Naamán no tenía ninguna obligación de mostrarle esta cortesía que no fue solicitada. Esto indica su gran sentimiento de gratitud. Naamán había vencido su natural orgullo y animosidad, y ahora, el general de los ejércitos de Siria que había vencido a Israel, desciende de su carro para poder hablar en un plano de igualdad, con el criado de un profeta hebreo.
¿Va todo bien?
Naamán se había sorprendido al ver a Giezi que corría hacia él, y debió haber pensado que algo malo le había acontecido al profeta, o que había sobrevenido alguna otra calamidad.
22. Mi señor me envía.
Giezi procuró encubrir su avaricia con una mentira. La avaricia del criado se atribuiría a Eliseo. El digno nombre del profeta fue difamado por la codicia de su indigno criado. Es raro que exista un pecado solitario, porque el mal siempre abre el camino a mayores y más grandes males.
Del monte de Efraín.
Por lo menos había dos escuelas de los profetas en la altiplanicie de Efraín: en Bet-el y en Gilgal (ver com. cap. 2: 1).
Dos jóvenes.
Giezi no deseaba que se conociera su avaricia. Más bien quería representar el papel de un amigo que se preocupaba por dos jóvenes necesitados. ¿No se interesaría Naamán por ellos ayudándolos con uno de sus diez talentos de plata y dos de las diez mudas de ropa?
23. Te ruego que tomes.
El agradecido Naamán quiso dar el doble de lo que Giezi le había pedido, y también mandó a dos de sus siervos para que llevaran todo hasta la casa del profeta.
24. Lugar secreto.
Heb. "montículo" o "colina". Esta palabra muchas veces representa un edificio sobre una colina, ya sea una atalaya, casa, fortaleza, o un lugar de vigilancia. Eliseo vivía en Samaria, quizá sobre una altura desde donde podía ver a lo lejos a cuantos se acercaban (ver cap. 6: 30-32). Pero en esta ocasión, Giezi, que volvía con los dos talentos de plata, no deseaba que su amo lo viera; de modo que el cerro que aquí se menciona, parece haber estado entre la casa de Eliseo y el lugar donde Giezi alcanzó a Naamán, lo cual impedía que se viera desde la casa. Giezi despidió a los siervos de Naamán en ese lugar; tomó el tesoro, y lo ocultó.
25. No ha ido a ninguna parte.
Para protegerse de la censura de su amo, Giezi recurrió a otra mentira. Otra vez el pecado condujo al pecado, y una mentira a otra. El sendero del mal no tiene fin. El que comienza a engañar, inevitablemente recurrirá a un engaño para encubrir otro engaño.
26. ¿No estaba también allí mi corazón?
Dios había revelado a Eliseo exactamente lo que había ocurrido: cómo Giezi había corrido tras Naamán, cómo le había mentido y había logrado conseguir el codiciado regalo, y en qué forma lo había escondido. Los seres humanos pueden mentir a sus prójimos, pero no a Dios. Las malas acciones pueden ser ocultadas de los ojos humanos, pero los ojos del Señor ven todas las cosas (ver Heb. 4: 13).
¿Es tiempo de tomar plata?
¡Qué terrible reproche fueron las palabras de Eliseo! Se había realizado un milagro notable. El general de los ejércitos de Siria había creído en Dios y se regocijaba en su nueva fe. Dios había sido bondadoso con sus siervos y el cielo se había acercado muchísimo a la tierra. Giezi debería haber elevado el corazón en alabanza y gratitud a Dios por las maravillosas bendiciones recibidas. Debiera haber considerado cómo Naamán podría recibir una impresión favorable, y reconocer que la fe de los israelitas era la única verdadera religión del mundo, capaz de hacer que la gente fuera abnegada, honrada y bondadosa. Pero en vez de pensar en esto, sólo pensó en sí mismo y en sus propios intereses.
Las palabras de censura de Eliseo no fueron sólo para su siervo Giezi, sino también para todos los que en la iglesia de Dios manifiestan hoy el mismo espíritu. En nuestros tiempos, Dios se ha acercado de nuevo a nosotros, y en muchos países se han realizado maravillosos milagros de gracia. En todas partes los pecadores rescatados elevan cantos de agradecimiento y alabanza a Dios. Pero una vez más, en algunos ha prevalecido el espíritu de avaricia y codicia. Están empeñados en servirse a sí mismos acumulando y escondiendo plata que debería usarse para la salvación de sus prójimos. Una vez más Dios contempla desde los cielos y se formula la pregunta: "¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos?"
Olivares.
Giezi había estado pensando cómo invertiría su riqueza, y es probable que esta enumeración del profeta se refiriera a las compras que su siervo ya había pensado realizar.
27. Se te pegará.
El día que había traído tan grande bendición a Naamán el sirio, trajo una terrible maldición al siervo hebreo del profeta de Dios. Naamán siguió su camino en paz, lleno de una nueva esperanza en Dios. Giezi llevó los resultados de su pecado hasta la tumba: quedó leproso hasta el día de su muerte, maldito por el cielo, despreciado por los hombres. Fue una lección objetiva para los tiempos venideros en cuanto a la necedad de la avaricia y la vacuidad de una vida que busca primeramente los tesoros de este mundo, antes que los tesoros del reino de Dios. Durante los años que había estado con Eliseo, Giezi tuvo la oportunidad de aprender que la vida de abnegada consagración y amor produce gozo y satisfacción; pero no había aprendido esa lección. Despreció los dones del cielo, mientras que procuraba un tesoro terrenal que, como el cáncer, carcome las almas. En vez de cultivar un espíritu de abnegación mientras servía a Dios, se había dejado transformar en un egoísta, interesado sólo en las ganancias materiales. Se preocupaba más por los siclos de plata que por las almas de los pecadores; por vestidos de lino, que por los vestidos de justicia.
Para siempre.
No debe pensarse que Dios, por causa del pecado de Giezi, pronunció una maldición sobre sus descendientes que duraría para siempre. El Señor es benigno y misericordioso, y nunca acarrea sobre nadie una aflicción injusta o innecesaria. Por su avaricia, Giezi había traído sobre sí mismo un terrible castigo; por esta razón sus hijos tendrían que sufrir. Muchas veces la enfermedad y sus efectos se transmiten a la posteridad inocente; pero si se dijera que por causa de la lepra de Giezi, sus descendientes a través de todas las edades futuras también serían leprosos, se diría algo que no es verdad.
La expresión hebrea aquí usada, le'olam, no necesariamente indica "sin fin", o "para toda la eternidad". Cuando la palabra 'olam se aplica a Dios, significa "sin Fin"; cuando se la aplica a la vida humana, se extiende sólo hasta el fin de la existencia de un individuo. En Exo. 21: 6 se dice que el siervo debía servir a su amo "para siempre". Los extranjeros que habitasen en la tierra de los israelitas podían ser hechos esclavos "para siempre" (Lev. 25: 46). Poco antes de la muerte de David, Betsabé se inclinó ante el rey con las palabras: "Viva mi Señor el rey David para siempre" (1 Rey. 1: 31). Así también se dirigió Nehemías al rey Artajerjes: "Para siempre viva el rey" (Neh. 2: 3). El humo que subirá de la tierra en el día de la venganza del Señor se describe como que ascenderá "perpetuamente" (Isa. 34: 10). Jonás al describir su descenso al vientre de la ballena dice que " "la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre" " (Jon. 2: 6). La expresión le'olam sencillamente significa "que dura mucho tiempo", y su duración depende de aquello con lo cual se relaciona la oración (ver com. Exo. 12: 14; 21: 6).
Blanco como la nieve.
Se usa esta misma expresión en otros pasajes para referirse a ataques repentinos de lepra (ver Exo. 4: 6; Núm. 12: 10).
CBA T2

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