1. Ezequías.
A partir de este punto, todos los reyes que aparecen en el registro son de Judá. Cuando Ezequías subió al trono, probablemente como corregente con su padre Acaz (ver págs. 88, 154), Israel casi había llegado al final de su trágica historia. Judá siguió existiendo casi durante un siglo y medio más; pero por imitar a las naciones circunvecinas, cayó presa de ellas. Acaz, predecesor de Ezequías, había hecho mucho para que Judá descendiera al mismo nivel de Israel. Instó al pueblo para que adorara a los dioses paganos; dedicó el templo del Señor a la adoración a los ídolos y pagó tributo a Asiria. Ezequías efectuó un cambio rápido y total en las prácticas religiosas y en la política de su padre. Limpió el templo, desarraigó el culto de los dioses falsos, y después de un tiempo dejó de servir a Asiria. La nación se acercó a Dios y a la justicia.
2. Veintinueve años.
Acerca de la cronología de Ezequías, ver págs. 88, 154, 164.
3. Hizo lo recto.
Tres de los capítulos restantes del libro de Reyes se dedican al reinado de Ezequías. Este hizo lo recto ante los ojos de Dios, aunque necesitó valor para ello. Tuvo que oponerse a las tendencias de la época y enfrentarse a la oposición dentro y fuera de su país; pero, animado por el profeta Isaías, intrépidamente se puso de parte de la rectitud e introdujo una reforma religiosa que hizo mucho para que el pueblo de Judá volviera a los caminos de sus padres, y para darle estabilidad y fuerza entre las naciones.
4. Quitó los lugares altos.
Hasta este momento, desde que Judá existía como nación no se habían quitado del todo los lugares altos. Ezequías vio lo que la desobediencia había causado en Israel, y decidió que su nación no sufriría un fin similar. Amaba a Dios y se propuso hacer todo lo que estuviera a su alcance para limpiar el país de toda forma de idolatría. Los lugares altos, aunque prohibidos por ley, eran usados por muchos como centros favoritos de culto (1 Rey. 3: 2; 14: 23; 22: 43; 2 Rey. 12: 3; 14: 4; 15: 4, 35). Hasta el tiempo de Ezequías, los reyes de Judá los habían tolerado, y sin duda el pueblo los aceptaba como algo propio de la religión nacional.
Quebró las imágenes.
Tomó estas medidas después de la limpieza del templo y de la celebración de la pascua en el primer año de su reinado (2 Crón. 29: 3, 17; 30: 1, 15; 31: 1).
Serpiente de bronce.
Ver Núm. 21: 6-9. Esta es la primera referencia a esta serpiente desde el tiempo de Moisés. Algunos piensan que se la había guardado en el tabernáculo mientras éste existió, y que fue puesta en el templo en tiempos de Salomón; pero de esto no hay prueba alguna. Sin embargo, ahora se la consideraba como una reliquia sagrada y se creía que poseía virtud en sí misma. Cuando la gente quemaba incienso delante de ella, rendía a esta serpiente de bronce la veneración que sólo correspondía a Dios.
La llamó.
En una de las ediciones de la LXX, como también en la Siriaca y en los targumes, se lee: "la llamaron" o "llamaban" , lo que se refleja en la BJ: "se la llamaba" .
Nehustán.
Es probable que signifique, "dios de bronce", y sea de la misma raíz de la palabra hebrea nejósheth , "bronce". Otros consideran que deriva de najas , "serpiente".
5. En Jehová Dios de Israel.
No en el poderío militar como lo hacían las naciones circunvecinas.
Ni . . . hubo otro como él.
Es probable que esta afirmación se haya hecho después del final de la historia de Judá. No contradice lo que se afirma de Josías en el cap. 23: 25, donde se elogia en especial su fidelidad a la ley de Moisés. La característica más destacada de Ezequías fue su confianza en Dios.
6. No se apartó.
Muchos reyes que habían comenzado bien se apartaron de Dios durante el transcurso de sus reinados, por ejemplo: Salomón (1 Rey. 11: 1- 11), Joás (2 Crón. 24: 17-25) y Amasías (2 Crón. 25: 14-16). También Ezequías cayó en el error (cap. 20: 12-19), pero nunca abandonó al Señor e hizo todo lo posible por reparar el mal cometido.
7. Prosperaba.
Esta prosperidad material se detalla en 2 Crón. 32: 23, 27-30.
Se rebeló.
Acaz había aceptado ser vasallo de Asiria y había pagado tributo, pero Ezequías se rebeló y rehusó hacerlo.
8. Hirió también a los filisteos.
Esto
valía a rebelarse contra Asiria, porque Sargón había vencido a los filisteos hasta los confines de Egipto y había tomado cautivo a Hananu [Hanún], rey de Gaza, con lo cual el país había quedado bajo el dominio asirio. Sargón afirma que en su 11.º año depuso a Azuru de Asdod, y menciona haber recibido tributo de Filistea, Judá, Edom y Moab.
9. Salmanasar.
El quinto rey asirio que llevó este nombre. Reinó entre 727 y 722 AC.
Contra Samaria.
En los vers. 9 al 12 se repite el relato de la caída de Samaria que ya apareció en el cap. 17: 5-23. Aquí se da la fecha de la caída de Samaria según los años de Ezequías y Oseas, y se repite el relato para relacionarlo con Ezequías.
10. Al cabo de tres años.
He aquí un buen ejemplo de la costumbre común de los antiguos de usar el cómputo inclusivo. Del cuarto al sexto año de Ezequías hoy se computaría un intervalo de dos años, pero los antiguos contaban el año cuarto, el quinto y el sexto, o sea, tres años (Ver pág. 139).
La tomaron.
Este plural resalta interesante, pues podría referirse a los asirios en general; pero eso es difícil, ya que en el versículo anterior se habla de que Salmanasar subió contra Samaria y la sitió. Se ha sugerido que ese plural se refiere a Salmanasar y algún asociado suyo. Podría tratarse de Sargón, general de Salmanasar y sucesor como rey (ver com. cap. 17: 6).
11. En Halah.
Esta afirmación es también una repetición de lo que se dijo en el cap. 17: 6 sobre la caída de Samaria.
12. No habían atendido a la voz de Jehová.
Un breve resumen de la extensa descripción de la desobediencia de Israel (cap. 17: 7-23).
13. A los catorce años.
Esta fue la primera de las famosas campañas de Senaquerib contra Ezequías. El relato va del cap. 18: 13 al 19: 37. La misma narración, con palabras casi idénticas, se encuentra en los caps. 36 y 37 de Isaías. Esto sugiere que Isaías fue el autor de esta parte de 2 Reyes. La historia un poco abreviada de 2 Crón. 32: 1-22 da los detalles de los preparativos que Ezequías hizo para la guerra.
Los eruditos están en desacuerdo en cuanto a si la narración describe una campaña o dos. La mayoría de los comentadores modernos han sostenido que se describe una sola campaña y que todos los acontecimientos ocurrieron durante el año 14 de Ezequías, o sea el 701 AC. Otros han afirmado que en el relato se mezclan los registros de dos campañas asirias, la primera ocurrida en el año 14 de Ezequías, cuando los invasores tomaron las ciudades amuralladas de Judá, y la segunda, en la última parte del reinado de Ezequías, cuando un ángel destruyó buena parte del ejército asirio (cap. 19: 35). La primera posición se apoya en el hecho de que no parece haber una ruptura natural en la narración bíblica. Además, los documentos asirios describen una campaña de Senaquerib que se ubica generalmente en el año 701 AC, pero no mencionan específicamente ninguna campaña posterior contra Judá, aunque los registros podrían estar incompletos o bien Senaquerib omitió a propósito el relato de su derrota. Con referencia a la campaña de 701 AC, Senaquerib afirmó haber encerrado a "Ezequías como a un pájaro enjaulado", descripción que cuadra tanto con una campana que asoló las ciudades amuralladas de Judá, como también con la que constituyó una amenaza más clara contra Jerusalén.
Los extensos preparativos de Ezequías para la defensa (ver 2 Crón. 32: 2-6) sugieren un intervalo considerable entre las dos campañas, como también lo indicaría el hecho de que el relato bíblico insinúa que la muerte de Senaquerib ocurrió poco después de su regreso de su infructuosa tentativa de tomar a Jerusalén. Si no hubiese habido más que una campaña en 701 AC, su muerte habría ocurrido unos 20 años después de su regreso. Además, se han descubierto inscripciones en las cuales Tirhaca (cap. 19: 9) dice haber tenido 20 años cuando llegó a ser corregente con su hermano en el año 690 AC. Esto indicaría que pudo haber nacido en torno al año 709 AC. Le habría sido pues imposible participar en los acontecimientos descritos, si hubieran ocurrido en el año 701 AC. Antes se decía que si bien no llegó a ser rey de Egipto hasta el año 690 AC, podría haber sido general del ejército. Si las afirmaciones de Tirhaca en cuanto a su edad son correctas, la única forma de sincronizar la declaración del cap. 19: 9 con su contexto, es suponer que hubo una segunda campaña hacia el final del reinado de Ezequías (ver PR 251). Sin duda los asirios tomaron las ciudades amuralladas en su primera campaña y Ezequías les pagó tributo; pero la interposición divina salvó a Jerusalén en la segunda campaña.
No tiene importancia que haya diferentes opiniones respecto a dónde debe dividirse el relato, escrito para mostrar el cuidado de Dios, quien protege a los que le buscan, y no para proporcionar un esquema cronológico.
Las ciudades fortificadas.
Senaquerib dice que conquistó 46 ciudades fortificadas o amuralladas de Judá.
14. Laquis.
En el registro de su tercera campaña "contra el país de los hititas", Senaquerib dice que subió primero contra Sidón y después contra las ciudades de Filistea. Entonces se dirigió al interior, a Laquis. Laquis está a 30,8 km al sureste de Ascalón y a 43,2 km al suroeste de Jerusalén. Un bajo relieve asirio muestra el sitio de Laquis (ver lámina frente a pág. 64).
He pecado.
En este trance, Ezequías capituló lleno de terror, pero no entregó la ciudad de Jerusalén. Procuró recompensar a Senaquerib con el pago de un costoso rescate.
Trescientos talentos.
Senaquerib dice que recibió "treinta talentos de oro y ochocientos talentos de plata", además de un gran tesoro de gemas, camas de marfil, maderas valiosas y "toda clase de tesoros de gran valor".
15. En la casa de Jehová.
Por desgracia, el templo debió sufrir por causa de la capitulación de Ezequías.
16. Quitó el oro.
Sólo poco tiempo antes Acaz había despojado el templo de sus tesoros para conseguir la protección de Tiglat-pileser (cap. 16: 8). Por eso Ezequías tuvo que recurrir a medidas extremas para reunir la suma que exigía Senaquerib.
17. Tartán.
Este es el título del general en jefe de los ejércitos asirios. Sargón envió a su tartán con los ejércitos asirios para luchar contra Asdod (ver Isa. 20: 1). En asirio, tartán se escribe, turtánu o tartánu .
Rabsaris.
Este era el título de un alto magistrado de la corte asiria, tal vez el "principal eunuco". El rabsaris de Nabucodonosor estuvo presente en Jerusalén cuando la ciudad cayó en manos de los babilonios (Jer. 39: 3, 13). El título se ha encontrado también en una antigua inscripción aramea.
Rabsaces.
Era otro importante dignatario asirio, el copero principal. En este caso era el vocero de los enviados asirios (ver vers. 19, 26-28). Es el único de quien se dice que volvió a Senaquerib (cap. 19: 8). En los textos asirios este título oficial se escribe rab-sháqú .
Estanque de arriba.
Es dudosa la ubicación de este estanque. Algunos piensan que estaba al sur de la ciudad, cerca del valle de Cedrón, mientras que otros conjeturan que estaba al norte. Algunos años antes Isaías y su hijo Sear-jasub se encontraron con Acaz en este estanque (Isa. 7: 3), que sin duda existía antes del tiempo de Ezequías y antes de que se hiciera el acueducto (ver pág. 89).
18. Eliaquim.
Eliaquim había sido elevado a este importante cargo después de la destitución de Sebna, en cumplimiento de la predicción de Isaías (Isa. 22: 20-24). Pero algunos piensan que el Sebna de Isa. 22 no era la misma persona que se nombra aquí.
Sebna.
Ver Isa. 22: 15-19.
Joa.
No hay ninguna otra mención de esta persona. El escriba o "canciller" era uno de los altos magistrados del reino; proclamaba los edictos reales, atendía la correspondencia del rey, y tal vez era el encargado de las finanzas reales (ver cap. 12: 10).
19. Dijo el Rabsaces.
"El copero mayor" (BJ y NC). No se da la razón por la cual habló el rabsaces. Quizás era el representante personal del rey. Como copero principal pudo haber sido algo así como un maestro de ceremonias en la corte de Asiria, que podía hablar con fluidez otros idiomas, además del asirio.
El gran rey.
Este era el título preferido de los reyes asirios. Senaquerib se autodenominaba: "Senaquerib, el gran rey, el poderoso rey, rey del universo, rey de Asiria".
¿Qué confianza es ésta?
Ezequías había puesto su principal confianza y fe en Dios (2 Crón. 32: 7, 8), y los enviados asirios se referían a esta confianza en el Señor (2 Crón. 32: 10, 11).
20. Fuerzas para la guerra.
Ezequías había efectuado grandes preparativos para resistir el ataque asirio: aumentó el ejército, fortaleció los muros de Jerusalén, preparó armas defensivas y ofensivas e hizo todo lo posible para estar listo a fin de rechazar el ataque asirio (2 Crón. 32: 2-6).
21. Caña cascada.
Una descripción muy adecuada para Egipto. El junco que crecía junto al Nilo era un símbolo muy apropiado de la tierra donde crecía. Aunque tenía apariencia de robustez y seguridad, no merecía confianza. Si una persona intentase apoyarse sobre esa caña, ésta cedería hiriéndole la mano. Oseas recurrió a Egipto en busca de ayuda, y por hacer esto perdió su reino (cap. 17: 4-6). La crisis de Judá que aquí se relata ocurrió durante el período de la XXV dinastía de Egipto, cuando el país estaba desgarrado por disensiones internas y sentenciado a caer presa de Asiria. Sin embargo, gobernado por una casta de reyes etíopes, Egipto intentaba resistir el poderío asirio.
22. En Jehová.
Ver 2 Crón. 32: 11.
Ha quitado.
Sin duda Senaquerib había oído hablar de las reformas de Ezequías: cómo había mandado quitar los lugares altos y destruido los santuarios locales (cap. 18: 4). Mucha gente sacrificaba a Jehová en esos lugares no autorizados y quizá estuviera desconforme por la interferencia de Ezequías en sus prácticas. El rabsaces procuraba incitar al pueblo contra su rey, y pudo también haber pensado que en realidad Ezequías había demostrado que no tenía en cuenta a Dios al intentar destruir los santuarios locales populares.
23. Dos mil caballos.
El enviado asirio intentaba ridiculizar la falta de poderío militar de Judá. Los asirios habían venido con una gran caballería, y para ellos 2.000 caballos serían como nada. Se los darían a Judá si a su vez Judá proporcionaba el mismo número de jinetes bien preparados.
24. Un capitán.
Otra vez el asirio despreciaba a Judá por su debilidad militar. Burlonamente insinuó que el pueblo no tenía fuerza para resistir a un solo capitán de la hueste asiria, a una de las más débiles de las muchas compañías de soldados que los asirios tenían en el campo de batalla.
En Egipto.
El rabsaces se mofó de la debilidad de Judá y de la locura de confiar en un poder tan débil como Egipto.
25. Jehová me ha dicho.
Esta declaración en labios de un asirio es notable. ¿Había oído los mensajes de Isaías en los cuales profetizó que el Señor usaría a Asiria para castigar a Israel y Judá? (ver Isa. 7: 17-24; 10: 5-12). ¿Estaría intentando recurrir a la credulidad del pueblo con la pretensión de que había recibido un mensaje de Jehová? No importa cuál fuera el caso, quiso crear la impresión de que sería inútil resistir a Asiria, que se le había dado la orden divina de destruir a Judá y que el fin del reino del sur era inevitable.
26. En arameo.
Esto muestra que el arameo ya se usaba al menos, hasta cierto punto, tanto en Asiria como entre los hebreos. Los documentos de la época indican que el arameo estaba comenzando a ser el idioma de la diplomacia y del comercio en Asia occidental. Sin embargo, todavía no era común su uso entre los hebreos, pues el vulgo no podía entenderlo. Después del exilio babilónico el idioma arameo reemplazó poco a poco al hebreo entre los judíos.
Lengua de Judá.
Fuera de este relato, con sus pasajes paralelos de 2 Crón. 32 e Isa. 36, la expresión sólo aparece en Neh. 13: 24. La palabra "judíos" aparece por primera vez [en la versión hebrea] en 2 Rey. 16: 6, pero en los libros bíblicos posteriores se vuelve común. Para los asirios de esa época, la gente del reino del sur, de Judá, era yehudim , o sea judíos, y el idioma también se llamaba "judío".
Sobre el muro.
Esta conversación se realizó a oídos de los soldados y quizá de otros que estaban sobre el muro. Así las palabras de los mensajeros asirios serían transmitidas a todos los habitantes de la ciudad.
27. Los hombres que están sobre el muro.
Las palabras eran para el pueblo de Jerusalén, y no sólo para el rey. El rabsaces procuraba infundir terror en la gente, para que se creara tal presión popular sobre Ezequías que lo obligara a abandonar su propósito de resistir.
Expuestos a comer.
Con estas palabras el rabsaces amenazaba a los judíos con las terribles consecuencias de la resistencia. Si continuaba el sitio, la gente se vería en tales aprietos que tendría que calmar el hambre y la sed con los alimentos más inmundos e indeseables (ver 2 Rey. 6: 26-29; cf. 2 Crón. 32: 11).
28. En lengua de Judá.
Al solicitar al rabsaces que no hablara en el idioma que la gente entendía, los enviados hebreos revelaron una de sus debilidades, y el asirio se aprovechó bien de eso. Se dirigió entonces al pueblo, y no al rey.
29. No os engañe.
De ese modo el rabsaces se quería hacer pasar por amigo del pueblo de Judá, procurando dar la impresión de que Ezequías no se preocupaba por el pueblo, sino que atendía sus propios intereses, y que con ese proceder engañoso los llevaría a un terrible fin.
Mi mano.
Aunque en varios manuscritos hebreos y en muchas de las versiones se lee "mi mano", el texto de la Biblia hebrea dice, "su mano" . En el pasaje paralelo de Isa. 36: 14 no aparece esta frase.
30. No os haga Ezequías confiar.
Al parecer, los asirios sabían de la firme confianza que tenía Ezequías en el Señor y de sus esfuerzos por hacer que el pueblo también confiara en Dios. Desde el primer momento, Ezequías había instado a su pueblo a ser fuerte (ver 2 Crón. 32: 7, 8).
31. No escuchéis.
Era una invitación para que el pueblo de Judá repudiara a su rey y procediera por su cuenta.
Haced conmigo paz.
El ofrecimiento era para que el pueblo de Judá hiciera la paz con Senaquerib y lo aceptara como rey y amigo.
Cada uno de su vid.
Esta expresión da la idea de paz y prosperidad como las que habían gozado los judíos con Salomón (1 Rey. 4: 24, 25), y como las volverían a tener si aceptaran las condiciones del pacto (ver Miq. 4: 3, 4; Zac. 3: 10).
32. Como la vuestra.
En este pasaje el enviado presentó en términos muy favorables la cruel práctica asiria de la deportación. Serían llevados lejos, pero irían a una tierra donde la vida sería tan feliz y tan próspera como lo había sido en su patria. Hasta cierto punto esta declaración era verdad, pues muchos de los exiliados que fueron llevados a países extranjeros se encontraron tan a gusto en su nuevo ambiente que no quisieron volver cuando se les ofreció la oportunidad de hacerlo.
33. Alguno de los dioses.
Los asirios tenían buenas razones para jactarse así. En todas partes los había acompañado un éxito que parecía ser sin fin. Ningún dios era capaz de librar a su tierra del poderío asirio. Asur parecía ser el dios más poderoso de todos. Ni siquiera el Dios de los hebreos podía, según las apariencias, tener tanto poder como Asur, pues Samaria había caído, y por años Judá había estado bajo el poder asirio. Mal podían comprender los asirios que había sido la desobediencia a Jehová lo que había destruido a Israel, y que precisamente el mismo Dios en contra del cual se jactaban, era quien había permitido los éxitos asirios.
34. De Hamat.
Se enumeran a continuación las ciudades que acababan de caer ante el poderío asirio. Hamat estaba sobre el Orontes, a 189 km al norte de Damasco. Sargón menciona con frecuencia su dominio sobre esta ciudad y relata la deportación de sus habitantes. En Samaria fueron ubicados colonos de Hamat (2 Rey. 17: 24), y parece que exiliados hebreos fueron llevados a Hamat (Isa. 11: 11).
Arfad.
Ciudad importante al norte de Siria, al noroeste de Alepo. En 754, 742, 741 y 740, los asirios realizaron campañas militares contra esta ciudad. En 743 la ciudad parece haber sido cuartel general de Tiglat-pileser, porque en ese año los ejércitos sirios estuvieron "en Arfad". En 720 Sargón atacó otra vez la ciudad de Arfad. El lugar ahora se llama Tell Erfâd .
Sefarvaim.
Una de las ciudades cuyos habitantes Sargón estableció en Samaria (ver com. cap. 17: 24).
Hena.
No se conoce la ubicación de esta ciudad. Algunos la han identificado con Anah, sobre el Eufrates, pero otros creen que estuvo en el norte de Siria, donde se hallan las otras ciudades mencionadas en este mismo pasaje.
lva.
Es probablemente la misma Ava de donde se llevaron pobladores a Samaria (ver com. cap. 17: 24).
¿Pudieron éstos librar a Samaria?
Este parece haber sido el argumento culminante, porque la gente de Samaria era hebrea y hasta cierto punto, al menos, pretendía adorar al mismo Dios.
35. De todos los dioses.
Los lugares mencionados se encontraban entre los vecinos al norte de Judá. Pero las conquistas asirias se habían extendido por todos los países del Asia occidental. Senaquerib afirmaba que su poder y el poder de su dios eran mayores que el de todos los dioses de todo el mundo, sin excluir al Dios de Judá.
36. El pueblo calló.
Hay momentos cuando el silencio es oro. El pueblo de Judá no podría haber dicho en ese momento nada que hubiera impresionado a los emisarios asirios. Dios mismo debería proporcionar la respuesta necesaria.
Mandamiento del rey.
El rabsaces había esperado oír alguna palabra de sedición seguida de un tumulto popular, pero en vez de eso el pueblo de Judá obedeció fielmente a su rey.
37. Rasgados sus vestidos.
Los hebreos acostumbraban desgarrar sus vestidos en momentos de luto (Job 1: 20), de alarma o angustia (Gén. 37: 29; 1 Sam. 4: 12; 2 Sam. 13: 19; 15: 32; 2 Crón. 34: 27; Esd. 9: 3; Jer. 36: 24).
CBA T2
A partir de este punto, todos los reyes que aparecen en el registro son de Judá. Cuando Ezequías subió al trono, probablemente como corregente con su padre Acaz (ver págs. 88, 154), Israel casi había llegado al final de su trágica historia. Judá siguió existiendo casi durante un siglo y medio más; pero por imitar a las naciones circunvecinas, cayó presa de ellas. Acaz, predecesor de Ezequías, había hecho mucho para que Judá descendiera al mismo nivel de Israel. Instó al pueblo para que adorara a los dioses paganos; dedicó el templo del Señor a la adoración a los ídolos y pagó tributo a Asiria. Ezequías efectuó un cambio rápido y total en las prácticas religiosas y en la política de su padre. Limpió el templo, desarraigó el culto de los dioses falsos, y después de un tiempo dejó de servir a Asiria. La nación se acercó a Dios y a la justicia.
2. Veintinueve años.
Acerca de la cronología de Ezequías, ver págs. 88, 154, 164.
3. Hizo lo recto.
Tres de los capítulos restantes del libro de Reyes se dedican al reinado de Ezequías. Este hizo lo recto ante los ojos de Dios, aunque necesitó valor para ello. Tuvo que oponerse a las tendencias de la época y enfrentarse a la oposición dentro y fuera de su país; pero, animado por el profeta Isaías, intrépidamente se puso de parte de la rectitud e introdujo una reforma religiosa que hizo mucho para que el pueblo de Judá volviera a los caminos de sus padres, y para darle estabilidad y fuerza entre las naciones.
4. Quitó los lugares altos.
Hasta este momento, desde que Judá existía como nación no se habían quitado del todo los lugares altos. Ezequías vio lo que la desobediencia había causado en Israel, y decidió que su nación no sufriría un fin similar. Amaba a Dios y se propuso hacer todo lo que estuviera a su alcance para limpiar el país de toda forma de idolatría. Los lugares altos, aunque prohibidos por ley, eran usados por muchos como centros favoritos de culto (1 Rey. 3: 2; 14: 23; 22: 43; 2 Rey. 12: 3; 14: 4; 15: 4, 35). Hasta el tiempo de Ezequías, los reyes de Judá los habían tolerado, y sin duda el pueblo los aceptaba como algo propio de la religión nacional.
Quebró las imágenes.
Tomó estas medidas después de la limpieza del templo y de la celebración de la pascua en el primer año de su reinado (2 Crón. 29: 3, 17; 30: 1, 15; 31: 1).
Serpiente de bronce.
Ver Núm. 21: 6-9. Esta es la primera referencia a esta serpiente desde el tiempo de Moisés. Algunos piensan que se la había guardado en el tabernáculo mientras éste existió, y que fue puesta en el templo en tiempos de Salomón; pero de esto no hay prueba alguna. Sin embargo, ahora se la consideraba como una reliquia sagrada y se creía que poseía virtud en sí misma. Cuando la gente quemaba incienso delante de ella, rendía a esta serpiente de bronce la veneración que sólo correspondía a Dios.
La llamó.
En una de las ediciones de la LXX, como también en la Siriaca y en los targumes, se lee: "la llamaron" o "llamaban" , lo que se refleja en la BJ: "se la llamaba" .
Nehustán.
Es probable que signifique, "dios de bronce", y sea de la misma raíz de la palabra hebrea nejósheth , "bronce". Otros consideran que deriva de najas , "serpiente".
5. En Jehová Dios de Israel.
No en el poderío militar como lo hacían las naciones circunvecinas.
Ni . . . hubo otro como él.
Es probable que esta afirmación se haya hecho después del final de la historia de Judá. No contradice lo que se afirma de Josías en el cap. 23: 25, donde se elogia en especial su fidelidad a la ley de Moisés. La característica más destacada de Ezequías fue su confianza en Dios.
6. No se apartó.
Muchos reyes que habían comenzado bien se apartaron de Dios durante el transcurso de sus reinados, por ejemplo: Salomón (1 Rey. 11: 1- 11), Joás (2 Crón. 24: 17-25) y Amasías (2 Crón. 25: 14-16). También Ezequías cayó en el error (cap. 20: 12-19), pero nunca abandonó al Señor e hizo todo lo posible por reparar el mal cometido.
7. Prosperaba.
Esta prosperidad material se detalla en 2 Crón. 32: 23, 27-30.
Se rebeló.
Acaz había aceptado ser vasallo de Asiria y había pagado tributo, pero Ezequías se rebeló y rehusó hacerlo.
8. Hirió también a los filisteos.
Esto
valía a rebelarse contra Asiria, porque Sargón había vencido a los filisteos hasta los confines de Egipto y había tomado cautivo a Hananu [Hanún], rey de Gaza, con lo cual el país había quedado bajo el dominio asirio. Sargón afirma que en su 11.º año depuso a Azuru de Asdod, y menciona haber recibido tributo de Filistea, Judá, Edom y Moab.
9. Salmanasar.
El quinto rey asirio que llevó este nombre. Reinó entre 727 y 722 AC.
Contra Samaria.
En los vers. 9 al 12 se repite el relato de la caída de Samaria que ya apareció en el cap. 17: 5-23. Aquí se da la fecha de la caída de Samaria según los años de Ezequías y Oseas, y se repite el relato para relacionarlo con Ezequías.
10. Al cabo de tres años.
He aquí un buen ejemplo de la costumbre común de los antiguos de usar el cómputo inclusivo. Del cuarto al sexto año de Ezequías hoy se computaría un intervalo de dos años, pero los antiguos contaban el año cuarto, el quinto y el sexto, o sea, tres años (Ver pág. 139).
La tomaron.
Este plural resalta interesante, pues podría referirse a los asirios en general; pero eso es difícil, ya que en el versículo anterior se habla de que Salmanasar subió contra Samaria y la sitió. Se ha sugerido que ese plural se refiere a Salmanasar y algún asociado suyo. Podría tratarse de Sargón, general de Salmanasar y sucesor como rey (ver com. cap. 17: 6).
11. En Halah.
Esta afirmación es también una repetición de lo que se dijo en el cap. 17: 6 sobre la caída de Samaria.
12. No habían atendido a la voz de Jehová.
Un breve resumen de la extensa descripción de la desobediencia de Israel (cap. 17: 7-23).
13. A los catorce años.
Esta fue la primera de las famosas campañas de Senaquerib contra Ezequías. El relato va del cap. 18: 13 al 19: 37. La misma narración, con palabras casi idénticas, se encuentra en los caps. 36 y 37 de Isaías. Esto sugiere que Isaías fue el autor de esta parte de 2 Reyes. La historia un poco abreviada de 2 Crón. 32: 1-22 da los detalles de los preparativos que Ezequías hizo para la guerra.
Los eruditos están en desacuerdo en cuanto a si la narración describe una campaña o dos. La mayoría de los comentadores modernos han sostenido que se describe una sola campaña y que todos los acontecimientos ocurrieron durante el año 14 de Ezequías, o sea el 701 AC. Otros han afirmado que en el relato se mezclan los registros de dos campañas asirias, la primera ocurrida en el año 14 de Ezequías, cuando los invasores tomaron las ciudades amuralladas de Judá, y la segunda, en la última parte del reinado de Ezequías, cuando un ángel destruyó buena parte del ejército asirio (cap. 19: 35). La primera posición se apoya en el hecho de que no parece haber una ruptura natural en la narración bíblica. Además, los documentos asirios describen una campaña de Senaquerib que se ubica generalmente en el año 701 AC, pero no mencionan específicamente ninguna campaña posterior contra Judá, aunque los registros podrían estar incompletos o bien Senaquerib omitió a propósito el relato de su derrota. Con referencia a la campaña de 701 AC, Senaquerib afirmó haber encerrado a "Ezequías como a un pájaro enjaulado", descripción que cuadra tanto con una campana que asoló las ciudades amuralladas de Judá, como también con la que constituyó una amenaza más clara contra Jerusalén.
Los extensos preparativos de Ezequías para la defensa (ver 2 Crón. 32: 2-6) sugieren un intervalo considerable entre las dos campañas, como también lo indicaría el hecho de que el relato bíblico insinúa que la muerte de Senaquerib ocurrió poco después de su regreso de su infructuosa tentativa de tomar a Jerusalén. Si no hubiese habido más que una campaña en 701 AC, su muerte habría ocurrido unos 20 años después de su regreso. Además, se han descubierto inscripciones en las cuales Tirhaca (cap. 19: 9) dice haber tenido 20 años cuando llegó a ser corregente con su hermano en el año 690 AC. Esto indicaría que pudo haber nacido en torno al año 709 AC. Le habría sido pues imposible participar en los acontecimientos descritos, si hubieran ocurrido en el año 701 AC. Antes se decía que si bien no llegó a ser rey de Egipto hasta el año 690 AC, podría haber sido general del ejército. Si las afirmaciones de Tirhaca en cuanto a su edad son correctas, la única forma de sincronizar la declaración del cap. 19: 9 con su contexto, es suponer que hubo una segunda campaña hacia el final del reinado de Ezequías (ver PR 251). Sin duda los asirios tomaron las ciudades amuralladas en su primera campaña y Ezequías les pagó tributo; pero la interposición divina salvó a Jerusalén en la segunda campaña.
No tiene importancia que haya diferentes opiniones respecto a dónde debe dividirse el relato, escrito para mostrar el cuidado de Dios, quien protege a los que le buscan, y no para proporcionar un esquema cronológico.
Las ciudades fortificadas.
Senaquerib dice que conquistó 46 ciudades fortificadas o amuralladas de Judá.
14. Laquis.
En el registro de su tercera campaña "contra el país de los hititas", Senaquerib dice que subió primero contra Sidón y después contra las ciudades de Filistea. Entonces se dirigió al interior, a Laquis. Laquis está a 30,8 km al sureste de Ascalón y a 43,2 km al suroeste de Jerusalén. Un bajo relieve asirio muestra el sitio de Laquis (ver lámina frente a pág. 64).
He pecado.
En este trance, Ezequías capituló lleno de terror, pero no entregó la ciudad de Jerusalén. Procuró recompensar a Senaquerib con el pago de un costoso rescate.
Trescientos talentos.
Senaquerib dice que recibió "treinta talentos de oro y ochocientos talentos de plata", además de un gran tesoro de gemas, camas de marfil, maderas valiosas y "toda clase de tesoros de gran valor".
15. En la casa de Jehová.
Por desgracia, el templo debió sufrir por causa de la capitulación de Ezequías.
16. Quitó el oro.
Sólo poco tiempo antes Acaz había despojado el templo de sus tesoros para conseguir la protección de Tiglat-pileser (cap. 16: 8). Por eso Ezequías tuvo que recurrir a medidas extremas para reunir la suma que exigía Senaquerib.
17. Tartán.
Este es el título del general en jefe de los ejércitos asirios. Sargón envió a su tartán con los ejércitos asirios para luchar contra Asdod (ver Isa. 20: 1). En asirio, tartán se escribe, turtánu o tartánu .
Rabsaris.
Este era el título de un alto magistrado de la corte asiria, tal vez el "principal eunuco". El rabsaris de Nabucodonosor estuvo presente en Jerusalén cuando la ciudad cayó en manos de los babilonios (Jer. 39: 3, 13). El título se ha encontrado también en una antigua inscripción aramea.
Rabsaces.
Era otro importante dignatario asirio, el copero principal. En este caso era el vocero de los enviados asirios (ver vers. 19, 26-28). Es el único de quien se dice que volvió a Senaquerib (cap. 19: 8). En los textos asirios este título oficial se escribe rab-sháqú .
Estanque de arriba.
Es dudosa la ubicación de este estanque. Algunos piensan que estaba al sur de la ciudad, cerca del valle de Cedrón, mientras que otros conjeturan que estaba al norte. Algunos años antes Isaías y su hijo Sear-jasub se encontraron con Acaz en este estanque (Isa. 7: 3), que sin duda existía antes del tiempo de Ezequías y antes de que se hiciera el acueducto (ver pág. 89).
18. Eliaquim.
Eliaquim había sido elevado a este importante cargo después de la destitución de Sebna, en cumplimiento de la predicción de Isaías (Isa. 22: 20-24). Pero algunos piensan que el Sebna de Isa. 22 no era la misma persona que se nombra aquí.
Sebna.
Ver Isa. 22: 15-19.
Joa.
No hay ninguna otra mención de esta persona. El escriba o "canciller" era uno de los altos magistrados del reino; proclamaba los edictos reales, atendía la correspondencia del rey, y tal vez era el encargado de las finanzas reales (ver cap. 12: 10).
19. Dijo el Rabsaces.
"El copero mayor" (BJ y NC). No se da la razón por la cual habló el rabsaces. Quizás era el representante personal del rey. Como copero principal pudo haber sido algo así como un maestro de ceremonias en la corte de Asiria, que podía hablar con fluidez otros idiomas, además del asirio.
El gran rey.
Este era el título preferido de los reyes asirios. Senaquerib se autodenominaba: "Senaquerib, el gran rey, el poderoso rey, rey del universo, rey de Asiria".
¿Qué confianza es ésta?
Ezequías había puesto su principal confianza y fe en Dios (2 Crón. 32: 7, 8), y los enviados asirios se referían a esta confianza en el Señor (2 Crón. 32: 10, 11).
20. Fuerzas para la guerra.
Ezequías había efectuado grandes preparativos para resistir el ataque asirio: aumentó el ejército, fortaleció los muros de Jerusalén, preparó armas defensivas y ofensivas e hizo todo lo posible para estar listo a fin de rechazar el ataque asirio (2 Crón. 32: 2-6).
21. Caña cascada.
Una descripción muy adecuada para Egipto. El junco que crecía junto al Nilo era un símbolo muy apropiado de la tierra donde crecía. Aunque tenía apariencia de robustez y seguridad, no merecía confianza. Si una persona intentase apoyarse sobre esa caña, ésta cedería hiriéndole la mano. Oseas recurrió a Egipto en busca de ayuda, y por hacer esto perdió su reino (cap. 17: 4-6). La crisis de Judá que aquí se relata ocurrió durante el período de la XXV dinastía de Egipto, cuando el país estaba desgarrado por disensiones internas y sentenciado a caer presa de Asiria. Sin embargo, gobernado por una casta de reyes etíopes, Egipto intentaba resistir el poderío asirio.
22. En Jehová.
Ver 2 Crón. 32: 11.
Ha quitado.
Sin duda Senaquerib había oído hablar de las reformas de Ezequías: cómo había mandado quitar los lugares altos y destruido los santuarios locales (cap. 18: 4). Mucha gente sacrificaba a Jehová en esos lugares no autorizados y quizá estuviera desconforme por la interferencia de Ezequías en sus prácticas. El rabsaces procuraba incitar al pueblo contra su rey, y pudo también haber pensado que en realidad Ezequías había demostrado que no tenía en cuenta a Dios al intentar destruir los santuarios locales populares.
23. Dos mil caballos.
El enviado asirio intentaba ridiculizar la falta de poderío militar de Judá. Los asirios habían venido con una gran caballería, y para ellos 2.000 caballos serían como nada. Se los darían a Judá si a su vez Judá proporcionaba el mismo número de jinetes bien preparados.
24. Un capitán.
Otra vez el asirio despreciaba a Judá por su debilidad militar. Burlonamente insinuó que el pueblo no tenía fuerza para resistir a un solo capitán de la hueste asiria, a una de las más débiles de las muchas compañías de soldados que los asirios tenían en el campo de batalla.
En Egipto.
El rabsaces se mofó de la debilidad de Judá y de la locura de confiar en un poder tan débil como Egipto.
25. Jehová me ha dicho.
Esta declaración en labios de un asirio es notable. ¿Había oído los mensajes de Isaías en los cuales profetizó que el Señor usaría a Asiria para castigar a Israel y Judá? (ver Isa. 7: 17-24; 10: 5-12). ¿Estaría intentando recurrir a la credulidad del pueblo con la pretensión de que había recibido un mensaje de Jehová? No importa cuál fuera el caso, quiso crear la impresión de que sería inútil resistir a Asiria, que se le había dado la orden divina de destruir a Judá y que el fin del reino del sur era inevitable.
26. En arameo.
Esto muestra que el arameo ya se usaba al menos, hasta cierto punto, tanto en Asiria como entre los hebreos. Los documentos de la época indican que el arameo estaba comenzando a ser el idioma de la diplomacia y del comercio en Asia occidental. Sin embargo, todavía no era común su uso entre los hebreos, pues el vulgo no podía entenderlo. Después del exilio babilónico el idioma arameo reemplazó poco a poco al hebreo entre los judíos.
Lengua de Judá.
Fuera de este relato, con sus pasajes paralelos de 2 Crón. 32 e Isa. 36, la expresión sólo aparece en Neh. 13: 24. La palabra "judíos" aparece por primera vez [en la versión hebrea] en 2 Rey. 16: 6, pero en los libros bíblicos posteriores se vuelve común. Para los asirios de esa época, la gente del reino del sur, de Judá, era yehudim , o sea judíos, y el idioma también se llamaba "judío".
Sobre el muro.
Esta conversación se realizó a oídos de los soldados y quizá de otros que estaban sobre el muro. Así las palabras de los mensajeros asirios serían transmitidas a todos los habitantes de la ciudad.
27. Los hombres que están sobre el muro.
Las palabras eran para el pueblo de Jerusalén, y no sólo para el rey. El rabsaces procuraba infundir terror en la gente, para que se creara tal presión popular sobre Ezequías que lo obligara a abandonar su propósito de resistir.
Expuestos a comer.
Con estas palabras el rabsaces amenazaba a los judíos con las terribles consecuencias de la resistencia. Si continuaba el sitio, la gente se vería en tales aprietos que tendría que calmar el hambre y la sed con los alimentos más inmundos e indeseables (ver 2 Rey. 6: 26-29; cf. 2 Crón. 32: 11).
28. En lengua de Judá.
Al solicitar al rabsaces que no hablara en el idioma que la gente entendía, los enviados hebreos revelaron una de sus debilidades, y el asirio se aprovechó bien de eso. Se dirigió entonces al pueblo, y no al rey.
29. No os engañe.
De ese modo el rabsaces se quería hacer pasar por amigo del pueblo de Judá, procurando dar la impresión de que Ezequías no se preocupaba por el pueblo, sino que atendía sus propios intereses, y que con ese proceder engañoso los llevaría a un terrible fin.
Mi mano.
Aunque en varios manuscritos hebreos y en muchas de las versiones se lee "mi mano", el texto de la Biblia hebrea dice, "su mano" . En el pasaje paralelo de Isa. 36: 14 no aparece esta frase.
30. No os haga Ezequías confiar.
Al parecer, los asirios sabían de la firme confianza que tenía Ezequías en el Señor y de sus esfuerzos por hacer que el pueblo también confiara en Dios. Desde el primer momento, Ezequías había instado a su pueblo a ser fuerte (ver 2 Crón. 32: 7, 8).
31. No escuchéis.
Era una invitación para que el pueblo de Judá repudiara a su rey y procediera por su cuenta.
Haced conmigo paz.
El ofrecimiento era para que el pueblo de Judá hiciera la paz con Senaquerib y lo aceptara como rey y amigo.
Cada uno de su vid.
Esta expresión da la idea de paz y prosperidad como las que habían gozado los judíos con Salomón (1 Rey. 4: 24, 25), y como las volverían a tener si aceptaran las condiciones del pacto (ver Miq. 4: 3, 4; Zac. 3: 10).
32. Como la vuestra.
En este pasaje el enviado presentó en términos muy favorables la cruel práctica asiria de la deportación. Serían llevados lejos, pero irían a una tierra donde la vida sería tan feliz y tan próspera como lo había sido en su patria. Hasta cierto punto esta declaración era verdad, pues muchos de los exiliados que fueron llevados a países extranjeros se encontraron tan a gusto en su nuevo ambiente que no quisieron volver cuando se les ofreció la oportunidad de hacerlo.
33. Alguno de los dioses.
Los asirios tenían buenas razones para jactarse así. En todas partes los había acompañado un éxito que parecía ser sin fin. Ningún dios era capaz de librar a su tierra del poderío asirio. Asur parecía ser el dios más poderoso de todos. Ni siquiera el Dios de los hebreos podía, según las apariencias, tener tanto poder como Asur, pues Samaria había caído, y por años Judá había estado bajo el poder asirio. Mal podían comprender los asirios que había sido la desobediencia a Jehová lo que había destruido a Israel, y que precisamente el mismo Dios en contra del cual se jactaban, era quien había permitido los éxitos asirios.
34. De Hamat.
Se enumeran a continuación las ciudades que acababan de caer ante el poderío asirio. Hamat estaba sobre el Orontes, a 189 km al norte de Damasco. Sargón menciona con frecuencia su dominio sobre esta ciudad y relata la deportación de sus habitantes. En Samaria fueron ubicados colonos de Hamat (2 Rey. 17: 24), y parece que exiliados hebreos fueron llevados a Hamat (Isa. 11: 11).
Arfad.
Ciudad importante al norte de Siria, al noroeste de Alepo. En 754, 742, 741 y 740, los asirios realizaron campañas militares contra esta ciudad. En 743 la ciudad parece haber sido cuartel general de Tiglat-pileser, porque en ese año los ejércitos sirios estuvieron "en Arfad". En 720 Sargón atacó otra vez la ciudad de Arfad. El lugar ahora se llama Tell Erfâd .
Sefarvaim.
Una de las ciudades cuyos habitantes Sargón estableció en Samaria (ver com. cap. 17: 24).
Hena.
No se conoce la ubicación de esta ciudad. Algunos la han identificado con Anah, sobre el Eufrates, pero otros creen que estuvo en el norte de Siria, donde se hallan las otras ciudades mencionadas en este mismo pasaje.
lva.
Es probablemente la misma Ava de donde se llevaron pobladores a Samaria (ver com. cap. 17: 24).
¿Pudieron éstos librar a Samaria?
Este parece haber sido el argumento culminante, porque la gente de Samaria era hebrea y hasta cierto punto, al menos, pretendía adorar al mismo Dios.
35. De todos los dioses.
Los lugares mencionados se encontraban entre los vecinos al norte de Judá. Pero las conquistas asirias se habían extendido por todos los países del Asia occidental. Senaquerib afirmaba que su poder y el poder de su dios eran mayores que el de todos los dioses de todo el mundo, sin excluir al Dios de Judá.
36. El pueblo calló.
Hay momentos cuando el silencio es oro. El pueblo de Judá no podría haber dicho en ese momento nada que hubiera impresionado a los emisarios asirios. Dios mismo debería proporcionar la respuesta necesaria.
Mandamiento del rey.
El rabsaces había esperado oír alguna palabra de sedición seguida de un tumulto popular, pero en vez de eso el pueblo de Judá obedeció fielmente a su rey.
37. Rasgados sus vestidos.
Los hebreos acostumbraban desgarrar sus vestidos en momentos de luto (Job 1: 20), de alarma o angustia (Gén. 37: 29; 1 Sam. 4: 12; 2 Sam. 13: 19; 15: 32; 2 Crón. 34: 27; Esd. 9: 3; Jer. 36: 24).
CBA T2

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