1. Entonces dijo Salomón.
El cap. 6 trata de la ferviente oración de Salomón durante la dedicación del templo. Concuerdan muy de cerca la oración que se presenta aquí y lo registrado en 1 Rey. 8. Las únicas diferencias importantes son la inclusión de la cláusula explicatoria (vers. 13), que no se encuentra en Reyes, y las palabras finales de la oración, vers. 40- 42, que son muy diferentes de las palabras finales que se citan en 1 Rey. 8: 50- 53. Ver com. 1 Rey. 8.
Oscuridad.
Cf. 1 Rey. 8: 12. Cuando Dios se acercaba a su pueblo, velaba su presencia para no consumir a los suyos con el resplandor de su gloria (ver Exo. 20: 18- 21; Deut. 4: 11; Sal. 18: 9, 11).
2.En que mores para siempre.
No era el plande Dios que el templo fuera destruido (ver PR 32) ni que desapareciera la nación de
Israel. Si el pueblo de Israel hubiera permanecido fiel a Jehová, y si hubiera guardado sus mandamientos y compartido lo que había aprendido acerca de Dios con las naciones circunvecinas, el mundo entero habría sido iluminado, y con eso todos los pueblos de la tierra hubieran tenido oportunidad de obtener la salvación eterna. En tal caso, el templo habría sido el centro mundial del culto de Dios y Jerusalén se habría convertido en la capital y la metrópoli del mundo (DTG 530).
5.Ni he escogido.
Estas palabras y la primera mitad del vers. 6 no se hallan en el relato paralelo de Reyes.
6.A Jerusalén he elegido.
Por estar situada en la encrucijada del mundo, Jerusalén se encontraba en el lugar ideal para convertirse en la ciudad principal de la tierra y en un centro de oración para toda la humanidad.
A David he elegido.
Se describe a David como a un hombre conforme al corazón de Dios, que fue elegido por el Altísimo para que cumpliera toda la voluntad divina (Hech. 13: 22). David no llegó a ser rey de Israel debido a una ambición personal, sino porque Dios lo llamó directamente (1 Sam. 16: 1).
7. David ... tuvo en su corazón.
Ver com 1 Rey. 8: 17. Habría actualmente muchas iglesias más donde rendir culto a Dios en todo el mundo, si tan sólo más de sus hijos tuvieran un deseo tan intenso como tuvo David de edificar majestuosos templos para el Señor.
8. Bien has hecho.
Ver com. 1 Rey. 8: 18.
9. Tú no edificarás.
David no se enojó cuando el Señor le prohibió que edificara el templo. Aunque se sintió frustrado se reconcilió con el propósito divino y continuó su obra de preparación con tanta diligencia como si él mismo fuese a ser el edificador (ver 1 Crón. 29: 2- 5).
11. El pacto.
Ver com. 2 Crón. 5: 10; ver también com. 1 Rey. 8: 21.
12. Delante del altar.
Salomón se ubicó delante del altar. Al principio estuvo allí de pie para ofrecer el discurso de dedicación, pero después se arrodilló para la oración de consagración (vers. 13).
13. Había hecho un estrado de bronce.
Este detalle no está en Reyes. Desde ese lugar más alto Salomón podría ver mejor a la congregación, y a su vez el pueblo vería y oiría con más facilidad a su rey.
Se arrodilló.
Este detalle no se menciona en Reyes, pero al fin de la oración el relato de Reyes dice que Salomón "se levantó de estar de rodillas" (1 Rey. 8: 54). Aunque era rey de Israel, Salomón se inclinó con reverencia ante el Rey celestial. Esta actitud puso de manifiesto la grandeza del rey y su modestia, al reconocer públicamente su humilde posición ante el gran Rey de reyes y Señor de señores.
Guardas el pacto.
Cf. Deut. 7: 9; Neh. 1: 5; Sal. 89: 2, 3; Isa. 55: 3; Dan. 9: 4.
15. Lo has cumplido.
En el tiempo de la dedicación del templo, ya se habían cumplido muchas de las promesas de Dios. El Señor había prometido la tierra de Canaán a Abrahán, Isaac y Jacob, y ahora esas promesas estaban comenzando a realizarse. A David se le había prometido un hijo que sería su sucesor en el trono, y ahora esa promesa se había cumplido. Para Israel, el futuro se veía esplendoroso con promesas y gloria. Dios había demostrado lo que haría para su pueblo si éste le era fiel.
16. Andando en mi ley.
Salomón entendía la importancia de la lealtad a Dios y de la obediencia a su santa ley. Tenía conocimiento de la gloria y la paz que podrían existir si Israel permanecía fiel a Dios, y también sabía 229 de los tristes resultados que acarrearía la transgresión. Por eso la oración de Salomón se convirtió en un sermón que presentó al pueblo una exhortación solemne y conmovedora para que recordara siempre a Dios y siguiera en sus caminos.
17. Cúmplase tu palabra.
Compárese con el pedido de David en 1 Crón. 17: 23.
18. Habitará con el hombre.
Con cuánta frecuencia el débil ser humano se ha hecho a sí mismo la pregunta: ¿Morará con la gente de la tierra el gran Dios del cielo? Dios dio la promesa a Moisés: "Yo estaré contigo" (Exo. 3: 12). A Jacob le dio esa misma promesa (Gén. 31: 3, 5; 48: 15). El salmista dijo confiadamente: " "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo" " (Sal. 23: 4). Jesús prometió: " "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" " (Mat. 28: 20). A todo el que abre la puerta, Dios extiende la promesa: " "Entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo" " (Apoc. 3: 20). Por doquiera, los seres humanos han llegado a darse cuenta de que ciertamente Dios morará con ellos. Todo el que esté dispuesto, en este mismo mundo podrá disfrutar del compañerismo de Dios y los ángeles.
No te pueden contener.
Dios es mayor que todo el universo que ha hecho. ¡Los cielos de los cielos no pueden contenerlo! ¡Mucho menos tan templo hecho por manos humanas! Nuestra gran necesidad es aprender a ser humildes y apacibles para caminar ante Dios con reverencia y santo temor.
21. Tu morada.
El cielo es la verdadera morada de Dios. Sin embargo, él se dignó morar con los suyos en la tierra (Exo. 25: 8).
Perdones.
Ver Sal. 103: 12; Isa. 43: 25; 44: 22; Jer. 50: 20.
24. Fuere derrotado.
Los que pecan contra Dios renuncian a su protección y están a merced del enemigo y de las fuerzas de las tinieblas. Moisés predijo claramente que si Israel pecase, caería ante sus enemigos (Lev. 26: 14, 17; Deut. 28: 15, 25).
26. No hubiere lluvias.
Ver com. 1 Rey. 8: 35; cf. Joel 1: 18- 20.
28. Pestilencia.
Ver com. 1 Rey. 8: 37, 38.
31. Anden en tus caminos.
En su oración Salomón no pidió castigos, pero si éstos se presentaban, rogó al Señor que pudieran despertar al pueblo y apartarlo de sus malos caminos. Dios permite que sobrevengan los castigos para que la gente aprenda justicia (ver Isa. 26: 9).
32. Al extranjero.
Salomón no sólo oró por Israel sino por los extranjeros lejanos. La voluntad de Dios era que se salvara no sólo Israel sino que todos los pueblos de la tierra llegaran a conocerlo y caminaran por sendas de justicia.
33. Todos los pueblos.
Ver com. vers. 32.
36. Si pecaren.
La nación de Israel era joven, viril y fuerte. Pero existía la posibilidad de que algún día el pueblo abandonara al Señor y fuera llevado cautivo a algún país extranjero. Salomón oró fervientemente para que Dios se acordara de su pueblo en esa hora trágica.
37. Volvieren en sí.
Tanto el espíritu de sabiduría como la voz de Dios invitan a los pecadores a que vuelvan en sí. " "Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta ['discutamos juntos', Straubinger]" " (Isa. 1: 18).
38. Si se convirtieron.
A los que se han extraviado, Dios invita fervientemente para que vuelvan a él. Hay perdón y vida para quienes aceptan la invitación divina a convertirse (ver Apoc. 22: 17).
39. Tú oirás.
Los israelitas pecaron y fueron llevados cautivos, pero Dios los consideró con misericordia y les prometió que serían restaurados siempre que se arrepintieran.
40. Ahora, pues, oh Dios mío.
El vers. 40 es similar a 1 Rey. 8: 52, pero los vers. 41 y 42 no están en el pasaje paralelo de Reyes. La terminación de la oración de Salomón tal como está en Crónicas es diferente de la de Reyes. Es evidente que ambos autores presentan la oración de dedicación en una forma algo abreviada, probablemente no en forma literal sino en su esencia.
41. Dios, levántate.
Esta fue una invitación especifica para que Dios estableciera su morada en la casa que había edificado Salomón.
CBA T3
El cap. 6 trata de la ferviente oración de Salomón durante la dedicación del templo. Concuerdan muy de cerca la oración que se presenta aquí y lo registrado en 1 Rey. 8. Las únicas diferencias importantes son la inclusión de la cláusula explicatoria (vers. 13), que no se encuentra en Reyes, y las palabras finales de la oración, vers. 40- 42, que son muy diferentes de las palabras finales que se citan en 1 Rey. 8: 50- 53. Ver com. 1 Rey. 8.
Oscuridad.
Cf. 1 Rey. 8: 12. Cuando Dios se acercaba a su pueblo, velaba su presencia para no consumir a los suyos con el resplandor de su gloria (ver Exo. 20: 18- 21; Deut. 4: 11; Sal. 18: 9, 11).
2.En que mores para siempre.
No era el plande Dios que el templo fuera destruido (ver PR 32) ni que desapareciera la nación de
Israel. Si el pueblo de Israel hubiera permanecido fiel a Jehová, y si hubiera guardado sus mandamientos y compartido lo que había aprendido acerca de Dios con las naciones circunvecinas, el mundo entero habría sido iluminado, y con eso todos los pueblos de la tierra hubieran tenido oportunidad de obtener la salvación eterna. En tal caso, el templo habría sido el centro mundial del culto de Dios y Jerusalén se habría convertido en la capital y la metrópoli del mundo (DTG 530).
5.Ni he escogido.
Estas palabras y la primera mitad del vers. 6 no se hallan en el relato paralelo de Reyes.
6.A Jerusalén he elegido.
Por estar situada en la encrucijada del mundo, Jerusalén se encontraba en el lugar ideal para convertirse en la ciudad principal de la tierra y en un centro de oración para toda la humanidad.
A David he elegido.
Se describe a David como a un hombre conforme al corazón de Dios, que fue elegido por el Altísimo para que cumpliera toda la voluntad divina (Hech. 13: 22). David no llegó a ser rey de Israel debido a una ambición personal, sino porque Dios lo llamó directamente (1 Sam. 16: 1).
7. David ... tuvo en su corazón.
Ver com 1 Rey. 8: 17. Habría actualmente muchas iglesias más donde rendir culto a Dios en todo el mundo, si tan sólo más de sus hijos tuvieran un deseo tan intenso como tuvo David de edificar majestuosos templos para el Señor.
8. Bien has hecho.
Ver com. 1 Rey. 8: 18.
9. Tú no edificarás.
David no se enojó cuando el Señor le prohibió que edificara el templo. Aunque se sintió frustrado se reconcilió con el propósito divino y continuó su obra de preparación con tanta diligencia como si él mismo fuese a ser el edificador (ver 1 Crón. 29: 2- 5).
11. El pacto.
Ver com. 2 Crón. 5: 10; ver también com. 1 Rey. 8: 21.
12. Delante del altar.
Salomón se ubicó delante del altar. Al principio estuvo allí de pie para ofrecer el discurso de dedicación, pero después se arrodilló para la oración de consagración (vers. 13).
13. Había hecho un estrado de bronce.
Este detalle no está en Reyes. Desde ese lugar más alto Salomón podría ver mejor a la congregación, y a su vez el pueblo vería y oiría con más facilidad a su rey.
Se arrodilló.
Este detalle no se menciona en Reyes, pero al fin de la oración el relato de Reyes dice que Salomón "se levantó de estar de rodillas" (1 Rey. 8: 54). Aunque era rey de Israel, Salomón se inclinó con reverencia ante el Rey celestial. Esta actitud puso de manifiesto la grandeza del rey y su modestia, al reconocer públicamente su humilde posición ante el gran Rey de reyes y Señor de señores.
Guardas el pacto.
Cf. Deut. 7: 9; Neh. 1: 5; Sal. 89: 2, 3; Isa. 55: 3; Dan. 9: 4.
15. Lo has cumplido.
En el tiempo de la dedicación del templo, ya se habían cumplido muchas de las promesas de Dios. El Señor había prometido la tierra de Canaán a Abrahán, Isaac y Jacob, y ahora esas promesas estaban comenzando a realizarse. A David se le había prometido un hijo que sería su sucesor en el trono, y ahora esa promesa se había cumplido. Para Israel, el futuro se veía esplendoroso con promesas y gloria. Dios había demostrado lo que haría para su pueblo si éste le era fiel.
16. Andando en mi ley.
Salomón entendía la importancia de la lealtad a Dios y de la obediencia a su santa ley. Tenía conocimiento de la gloria y la paz que podrían existir si Israel permanecía fiel a Dios, y también sabía 229 de los tristes resultados que acarrearía la transgresión. Por eso la oración de Salomón se convirtió en un sermón que presentó al pueblo una exhortación solemne y conmovedora para que recordara siempre a Dios y siguiera en sus caminos.
17. Cúmplase tu palabra.
Compárese con el pedido de David en 1 Crón. 17: 23.
18. Habitará con el hombre.
Con cuánta frecuencia el débil ser humano se ha hecho a sí mismo la pregunta: ¿Morará con la gente de la tierra el gran Dios del cielo? Dios dio la promesa a Moisés: "Yo estaré contigo" (Exo. 3: 12). A Jacob le dio esa misma promesa (Gén. 31: 3, 5; 48: 15). El salmista dijo confiadamente: " "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo" " (Sal. 23: 4). Jesús prometió: " "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" " (Mat. 28: 20). A todo el que abre la puerta, Dios extiende la promesa: " "Entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo" " (Apoc. 3: 20). Por doquiera, los seres humanos han llegado a darse cuenta de que ciertamente Dios morará con ellos. Todo el que esté dispuesto, en este mismo mundo podrá disfrutar del compañerismo de Dios y los ángeles.
No te pueden contener.
Dios es mayor que todo el universo que ha hecho. ¡Los cielos de los cielos no pueden contenerlo! ¡Mucho menos tan templo hecho por manos humanas! Nuestra gran necesidad es aprender a ser humildes y apacibles para caminar ante Dios con reverencia y santo temor.
21. Tu morada.
El cielo es la verdadera morada de Dios. Sin embargo, él se dignó morar con los suyos en la tierra (Exo. 25: 8).
Perdones.
Ver Sal. 103: 12; Isa. 43: 25; 44: 22; Jer. 50: 20.
24. Fuere derrotado.
Los que pecan contra Dios renuncian a su protección y están a merced del enemigo y de las fuerzas de las tinieblas. Moisés predijo claramente que si Israel pecase, caería ante sus enemigos (Lev. 26: 14, 17; Deut. 28: 15, 25).
26. No hubiere lluvias.
Ver com. 1 Rey. 8: 35; cf. Joel 1: 18- 20.
28. Pestilencia.
Ver com. 1 Rey. 8: 37, 38.
31. Anden en tus caminos.
En su oración Salomón no pidió castigos, pero si éstos se presentaban, rogó al Señor que pudieran despertar al pueblo y apartarlo de sus malos caminos. Dios permite que sobrevengan los castigos para que la gente aprenda justicia (ver Isa. 26: 9).
32. Al extranjero.
Salomón no sólo oró por Israel sino por los extranjeros lejanos. La voluntad de Dios era que se salvara no sólo Israel sino que todos los pueblos de la tierra llegaran a conocerlo y caminaran por sendas de justicia.
33. Todos los pueblos.
Ver com. vers. 32.
36. Si pecaren.
La nación de Israel era joven, viril y fuerte. Pero existía la posibilidad de que algún día el pueblo abandonara al Señor y fuera llevado cautivo a algún país extranjero. Salomón oró fervientemente para que Dios se acordara de su pueblo en esa hora trágica.
37. Volvieren en sí.
Tanto el espíritu de sabiduría como la voz de Dios invitan a los pecadores a que vuelvan en sí. " "Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta ['discutamos juntos', Straubinger]" " (Isa. 1: 18).
38. Si se convirtieron.
A los que se han extraviado, Dios invita fervientemente para que vuelvan a él. Hay perdón y vida para quienes aceptan la invitación divina a convertirse (ver Apoc. 22: 17).
39. Tú oirás.
Los israelitas pecaron y fueron llevados cautivos, pero Dios los consideró con misericordia y les prometió que serían restaurados siempre que se arrepintieran.
40. Ahora, pues, oh Dios mío.
El vers. 40 es similar a 1 Rey. 8: 52, pero los vers. 41 y 42 no están en el pasaje paralelo de Reyes. La terminación de la oración de Salomón tal como está en Crónicas es diferente de la de Reyes. Es evidente que ambos autores presentan la oración de dedicación en una forma algo abreviada, probablemente no en forma literal sino en su esencia.
41. Dios, levántate.
Esta fue una invitación especifica para que Dios estableciera su morada en la casa que había edificado Salomón.
CBA T3

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