1. Dieciocho años.
Este versículo es casi idéntico con 1 Rey. 15: 1. En los libros de Reyes, el relato de cada reinado de los monarcas de Judá e Israel generalmente comienza con una sincronización mutua con el año del monarca que reinaba entonces en el reino vecino, pero ésta es la única sincronización de ese tipo que se halla en Crónicas. Debe advertirse que Crónicas trata principalmente de Judá y sólo incidentalmente menciona a Israel. En cuanto al significado probable de "los dieciocho años del rey Jeroboam" , ver com. 1 Rey. 15: 1.
Abías.
Aparece como "Abiam" en Reyes (1 Rey. 15: 1; etc.).
2. Micaías hija de Uriel.
El relato paralelo reza: "Maaca, hija de Abisalom" (1 Rey. 15: 2). Según 2 Crón. 11: 20-22, Abías era hijo de "Maaca hija de Absalón" . Parece pues evidente que "Micaías" es otra forma de "Maaca" . Si Maaca fue la nieta de Absalón, y una hija de Tamar, que era hija de Absalón (ver com. 1 Rey. 15: 2), entonces Uriel de Gabaa debe haber sido esposo de Tamar.
Hubo guerra.
Compárese con 1 Rey. 15: 7, donde se menciona esta guerra en la fórmula final del reinado de Abías.
3. Cuatrocientos mil.
Compárense las cifras que se dan aquí con las cifras del censo de David -470.000 hombres en edad militar en Judá y 1. 100.000 en Israel (1 Crón. 21: 5)- y con los totales como se consignan en 2 Sam. 24: 9, de 500.000 guerreros en Judá y 800.000 en Israel.
4. El monte de Zemaraim.
No se conoce la ubicación exacta de este monte.
5. Dio el reino.
Abías vituperó a los israelitas por su revuelta asegurándoles que no tenían derecho a vivir separados de Judá pues Dios dio el reino a David para siempre.
Pacto de sal.
Un pacto firme e inviolable (ver com. Núm. 18: 19).
6. Siervo de Salomón.
Ver 1 Rey. 11: 26-28.
7. Joven y pusilánime.
En el sentido de que no era experimentado. Roboam tenía 41 años cuando comenzó a reinar (cap. 12: 13).
8. Reino de Jehová.
Puesto que la nación de Judá era una continuación del reino de David, que había sido establecido por el Señor, Abías razonaba que resistir a Judá era resistir a Dios.
Becerros de oro.
Abías ridiculizó a Israel por atreverse a alzarse contra Judá sólo con la ayuda de los becerros de oro, al paso que Judá tenía el socorro de Jehová.
9. Habéis arrojado vosotros a los sacerdotes.
Ver cap. 11: 14.
Cualquiera venga.
Era posible que cualquiera llegara a ser sacerdote en Israel, al paso que el Señor había ordenado que sólo los descendientes de Aarón fueran sacerdotes (ver Núm. 18: 1-7).
10. Jehová es nuestro Dios.
Externamente Judá todavía era leal a Dios, aunque el mismo Abías no servía de todo corazón al Señor (1 Rey. 15: 3).
11. Guardamos la ordenanza.
Ocuparse en la observancia de los servicios rituales del santuario se consideraba como guardar la ordenanza de Jehová (ver Lev. 8: 35; Núm. 3: 7; 9: 19; 18: 3-5). Sin embargo, guardar en realidad las ordenanzas del Señor no sólo implicaba una observancia externa de los servicios de la religión sino también obediencia a todos los mandatos del Señor (ver Deut. 11: 1; 1 Rey. 2: 3).
12. Por jefe.
El consuelo y la fortaleza de que se jactaba Judá era que Dios estaba con ella para pelear sus batallas y dirigir sus caminos (ver cap. 32: 7, 8).
Trompetas del júbilo.
Ver Núm. 10: 8, 9.
Contra Jehová.
Nadie que luche contra Dios finalmente puede tener la esperanza de prosperar.
13. Una emboscada.
Jeroboam dependía de tácticas superiores, pero Judá puso su confianza en el Señor. A pesar de la posible eficacia que en sí tenían esos movimientos tácticos, ellos no podían dar la victoria contra Dios.
15. Desbarató a Jeroboam.
La victoria lograda no fue ganada por los hombres sino por Dios. Sin embargo, los hombres fueron los instrumentos en la mano del Señor para cumplir su voluntad.
16. En sus manos.
Sin la ayuda de Dios, las fuerzas de Israel fueron ineficaces ante el pueblo de Judá. Israel, con sus ídolos y becerros de oro, cayó en las manos de Judá, que puso su confianza en el Señor.
18. Porque se apoyaban.
El relato repetidas veces llama la atención a la verdadera razón del éxito de Judá. La gran necesidad del ser humano es reconocer su dependencia de la poderosa mano del Señor, y vivir y actuar de una forma que permita a la presencia divina estar con él. En los últimos días, el remanente fiel que pone su confianza en el Señor no será avergonzado (Dan. 12: 1).
19. Bet-el.
Una ciudad a 17, 7 km al noreste de Jerusalén. Los pueblos que se mencionan aquí no quedaron mucho tiempo en poder de Judá, pues según 1 Rey. 15: 17-21 Baasa de Israel comenzó a fortificar a Ramá solo unos pocos años después. Ramá estaba a 8, 8 km al norte de Jerusalén.
Jesana.
Quizá sea Bury el-Isaneh, al noreste de Baal-hazor, a no mucha distancia del norte de Bet-el.
Efraín.
Hasta ahora no se ha identificado con exactitud este pueblo. Algunos piensan que era la Ofra del NT, Et-Taiyibeh, unos 8 km al noreste de Bet-el.
20. Lo hirió.
No tenemos ninguna información que indique la forma exacta en que lo hirió.
21. Se hizo más poderoso.
Sintiéndose fuerte y seguro después de su victoria sobre Jeroboam, Abías se entregó a una vida disipada (ver 1 Rey. 15: 3).
22. La historia de Iddo profeta.
Compárese con el pasaje del cap. 12: 15, donde se menciona una obra de Iddo sobre genealogías.
CBA T3
Este versículo es casi idéntico con 1 Rey. 15: 1. En los libros de Reyes, el relato de cada reinado de los monarcas de Judá e Israel generalmente comienza con una sincronización mutua con el año del monarca que reinaba entonces en el reino vecino, pero ésta es la única sincronización de ese tipo que se halla en Crónicas. Debe advertirse que Crónicas trata principalmente de Judá y sólo incidentalmente menciona a Israel. En cuanto al significado probable de "los dieciocho años del rey Jeroboam" , ver com. 1 Rey. 15: 1.
Abías.
Aparece como "Abiam" en Reyes (1 Rey. 15: 1; etc.).
2. Micaías hija de Uriel.
El relato paralelo reza: "Maaca, hija de Abisalom" (1 Rey. 15: 2). Según 2 Crón. 11: 20-22, Abías era hijo de "Maaca hija de Absalón" . Parece pues evidente que "Micaías" es otra forma de "Maaca" . Si Maaca fue la nieta de Absalón, y una hija de Tamar, que era hija de Absalón (ver com. 1 Rey. 15: 2), entonces Uriel de Gabaa debe haber sido esposo de Tamar.
Hubo guerra.
Compárese con 1 Rey. 15: 7, donde se menciona esta guerra en la fórmula final del reinado de Abías.
3. Cuatrocientos mil.
Compárense las cifras que se dan aquí con las cifras del censo de David -470.000 hombres en edad militar en Judá y 1. 100.000 en Israel (1 Crón. 21: 5)- y con los totales como se consignan en 2 Sam. 24: 9, de 500.000 guerreros en Judá y 800.000 en Israel.
4. El monte de Zemaraim.
No se conoce la ubicación exacta de este monte.
5. Dio el reino.
Abías vituperó a los israelitas por su revuelta asegurándoles que no tenían derecho a vivir separados de Judá pues Dios dio el reino a David para siempre.
Pacto de sal.
Un pacto firme e inviolable (ver com. Núm. 18: 19).
6. Siervo de Salomón.
Ver 1 Rey. 11: 26-28.
7. Joven y pusilánime.
En el sentido de que no era experimentado. Roboam tenía 41 años cuando comenzó a reinar (cap. 12: 13).
8. Reino de Jehová.
Puesto que la nación de Judá era una continuación del reino de David, que había sido establecido por el Señor, Abías razonaba que resistir a Judá era resistir a Dios.
Becerros de oro.
Abías ridiculizó a Israel por atreverse a alzarse contra Judá sólo con la ayuda de los becerros de oro, al paso que Judá tenía el socorro de Jehová.
9. Habéis arrojado vosotros a los sacerdotes.
Ver cap. 11: 14.
Cualquiera venga.
Era posible que cualquiera llegara a ser sacerdote en Israel, al paso que el Señor había ordenado que sólo los descendientes de Aarón fueran sacerdotes (ver Núm. 18: 1-7).
10. Jehová es nuestro Dios.
Externamente Judá todavía era leal a Dios, aunque el mismo Abías no servía de todo corazón al Señor (1 Rey. 15: 3).
11. Guardamos la ordenanza.
Ocuparse en la observancia de los servicios rituales del santuario se consideraba como guardar la ordenanza de Jehová (ver Lev. 8: 35; Núm. 3: 7; 9: 19; 18: 3-5). Sin embargo, guardar en realidad las ordenanzas del Señor no sólo implicaba una observancia externa de los servicios de la religión sino también obediencia a todos los mandatos del Señor (ver Deut. 11: 1; 1 Rey. 2: 3).
12. Por jefe.
El consuelo y la fortaleza de que se jactaba Judá era que Dios estaba con ella para pelear sus batallas y dirigir sus caminos (ver cap. 32: 7, 8).
Trompetas del júbilo.
Ver Núm. 10: 8, 9.
Contra Jehová.
Nadie que luche contra Dios finalmente puede tener la esperanza de prosperar.
13. Una emboscada.
Jeroboam dependía de tácticas superiores, pero Judá puso su confianza en el Señor. A pesar de la posible eficacia que en sí tenían esos movimientos tácticos, ellos no podían dar la victoria contra Dios.
15. Desbarató a Jeroboam.
La victoria lograda no fue ganada por los hombres sino por Dios. Sin embargo, los hombres fueron los instrumentos en la mano del Señor para cumplir su voluntad.
16. En sus manos.
Sin la ayuda de Dios, las fuerzas de Israel fueron ineficaces ante el pueblo de Judá. Israel, con sus ídolos y becerros de oro, cayó en las manos de Judá, que puso su confianza en el Señor.
18. Porque se apoyaban.
El relato repetidas veces llama la atención a la verdadera razón del éxito de Judá. La gran necesidad del ser humano es reconocer su dependencia de la poderosa mano del Señor, y vivir y actuar de una forma que permita a la presencia divina estar con él. En los últimos días, el remanente fiel que pone su confianza en el Señor no será avergonzado (Dan. 12: 1).
19. Bet-el.
Una ciudad a 17, 7 km al noreste de Jerusalén. Los pueblos que se mencionan aquí no quedaron mucho tiempo en poder de Judá, pues según 1 Rey. 15: 17-21 Baasa de Israel comenzó a fortificar a Ramá solo unos pocos años después. Ramá estaba a 8, 8 km al norte de Jerusalén.
Jesana.
Quizá sea Bury el-Isaneh, al noreste de Baal-hazor, a no mucha distancia del norte de Bet-el.
Efraín.
Hasta ahora no se ha identificado con exactitud este pueblo. Algunos piensan que era la Ofra del NT, Et-Taiyibeh, unos 8 km al noreste de Bet-el.
20. Lo hirió.
No tenemos ninguna información que indique la forma exacta en que lo hirió.
21. Se hizo más poderoso.
Sintiéndose fuerte y seguro después de su victoria sobre Jeroboam, Abías se entregó a una vida disipada (ver 1 Rey. 15: 3).
22. La historia de Iddo profeta.
Compárese con el pasaje del cap. 12: 15, donde se menciona una obra de Iddo sobre genealogías.
CBA T3

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