1. En el primer año.
La ciudad de Babilonia cayó ante los ejércitos persas el 16 de Timri (12 de octubre), de 539 AC (ver pág. 57) y Ciro entró en la ciudad el 3 de Marjeshván (29 de octubre) del mismo año. Sin embargo, según el calendario babilónico, el primer año de reinado sólo comenzó en el día siguiente de año nuevo, el 1.º de Nisán (24 de marzo) de 538 AC. Todos los documentos anteriores a ese día estaban fechados en el "año de ascensión" (ver t. II, pág. 141). Por otra parte, los judíos computaban los años de reinado de los reyes persas de acuerdo con su propio calendario. Según el calendario civil judío, el primer año completo después de la caída de Babilonia fue del otoño de 538 al otoño de 537 AC. Ver más información sobre este problema en las págs. 99, 100. En cuanto al reinado de "Darío el Medo", ver la pág. 98, también la Nota Adicional de Dan. 6.
El edicto de Ciro para el regreso de los judíos parece haber sido promulgado en la antigua capital de los medos, Ecbatana (Acmeta), que llegó a ser una de las residencias veraniegas de los reyes persas. una copia del decreto, encontrada en los archivos de Ecbatana algunos años más tarde (Esd. 6: 2), sugiere que Ciro estuvo allí en algún momento de su primer año de reinado. Las comprobaciones recogidas de los archivos de esa época de la firma bancaria "Egibi e hijos", en la ciudad de Babilonia, indican que Ciro estuvo en Ecbatana en el mes de septiembre de 537 AC, o que había estado allí poco antes. Esa fecha correspondía con la parte final del primer año judío completo después de la caída de Babilonia.
Ciro.
Esta es la forma latinizada del griego que corresponde con el hebreo Koresh . Los equivalentes persa ( Kurush ) y babilónico ( Kurash ) se parecen mucho al hebreo.
Jeremías.
Aquí se alude a las dos profecías de Jeremías (caps. 25: 11, 12; 29: 10), que habían convencido a Daniel de que el momento del regreso y de la restauración había llegado (Dan. 9: 2). Puesto que el cautiverio babilónico había comenzado en 605 AC (ver com. Dan. 1: 1), los 70 años de las profecías de jeremías debían terminar en 536, según el cómputo inclusivo (ver el t. II, pág. 139). Por lo tanto, si el decreto de Ciro fue promulgado en el verano o el otoño, del hemisferio norte, de 537, y quizá los judíos volvieron a su patria en la primavera del año siguiente, o sea en 536, las profecías de Jeremías se habrían cumplido (ver las págs. 99, 100).
Despertó Jehová el espíritu.
Así como en lo pasado Dios había influido sobre gobernantes paganos (Gén. 20: 3; Dan. 2: 28; etc.) para que llevaran a cabo los propósitos divinos, también obró para que se cumplieran las profecías en cuanto a Ciro, que Isaías había pronunciado más de 150 años antes (Isa. 44: 28; 45: 1-4, 13).
Hizo pregonar.
El decreto que proclamado públicamente en las diversas satrapías del imperio, desde las fronteras de la India al este, hasta el mar Egeo al oeste, y desde el 328 Cáucaso por el norte, hasta el golfo Pérsico y la frontera de Egipto por el sur.
Por escrito.
El decreto fue despachado por escrito. También fue depositado en los archivos permanentes (ver cap. 6: 1, 2). Al parecer, hacía relativamente poco tiempo que se había introducido la escritura en Persia. La arqueología demuestra que los registros persas comenzaron a existir desde el comienzo del reinado de Ciro. Es de suponer que esta proclama se hizo en el idioma oficial persa, quizá también en babilonio y tal vez en arameo, idioma que se comprendía en todo el imperio. La inscripción de Darío I en Behistún (ver el t. I, págs. 106, 117, 118; t. III, pág. 59) contiene inscripciones similares en persa antiguo, en elamita y en babilonio. También se ha encontrado una copia en arameo.
2. Así ha dicho Ciro.
Esta es una fórmula oficial que sirve como introducción de una proclama real, y es similar a las que se emplean en otros decretos reales. Por ejemplo, la inscripción de Behistún (versión aramea, col. iii, 1. 37) dice: "Así dice el rey Darío".
Rey de Persia.
Compárese con la fórmula habitual de las inscripciones persas: "Yo soy ... el gran rey, rey de reyes, el rey de Persia".
Jehová el Dios de los cielos.
Aparecen exactamente las mismas palabras en una petición a un gobernador persa escrita en arameo por los judíos de la isla de Elefantina, en el Nilo (Cowley, Aramaic Papyri , N.º 30, líneas 27, 28). En la respuesta del funcionario persa, sólo se emplean las palabras "Dios del cielo" ( Ibíd. , N.º32, líneas 3,4). Es posible que a los persas seguidores de Zoroastro les hubiera gustado el monoteísmo de los judíos. Quizá habrían hecho equivaler a Jehová con su propio dios, Ahura- Mazda (Ormuz).
Me ha dado.
Ciro creía que había sido designado por el cielo y que por eso tenía una misión divina que cumplir. En la famosa inscripción del Cilindro de Ciro, que ahora está en el Museo Británico, el rey afirma: "El [el dios babilonio Marduk] miró y examinó todos los países buscando a un gobernante justo para guiarlo [en la procesión anual]. Pronunció el nombre de Ciro, rey de Ansán, y declaró que él era el gobernante de toda la tierra". Estas palabras, escritas para los babilonios, son tan similares a las que se emplearon 329 en la proclama en favor de los judíos que, junto con otros términos oficiales empleados, constituyen una sólida prueba de que el decreto es auténtico. La única diferencia está en los nombres de los dioses. Era natural que en las proclamas babilónicas se usara el nombre del dios babilonio Marduk, mientras que en la proclama escrita para los judíos, se empleara el nombre de su Dios.
Me ha mandado.
La construcción del hebreo es enfática: "El me ha encargado" (BJ). Este énfasis se encuentra también en las antiguas traducciones griegas y latinas del texto. Evidentemente, Ciro se refiere a Isa. 44: 28. Josefo ( Antigüedades xi. 1) afirma que se mostró este pasaje a Ciro poco después de la caída de Babilonia. Es tan sólo natural que se piense que fue Daniel quien informó al rey de las predicciones hechas por el profeta judío en cuanto a la conquista de Babilonia por Ciro y la parte que ese rey tendría en la reconstrucción del templo de Jerusalén (ver PR 409). En el cilindro ya mencionado, Ciro dice haber repatriado a muchos dioses extranjeros que los babilonios habían transportado a su capital. También dice haber reconstruido muchos santuarios que estaban en ruinas. En vista de que se concedió la autorización para reconstruir el templo de Jerusalén en el primer año de su reinado, es probable que, al comprender la sabiduría de ese plan (ver PR 418, 419), Ciro hiciera lo mismo en favor de otros pueblos subyugados y de sus dioses. Así puede verse que lo que hizo el rey para los judíos y su templo concordaba totalmente con lo que más tarde llegó a ser su política general de agradar a las naciones que habían sufrido a manos de los crueles babilonios, a fin de ganar su buena voluntad y su apoyo leal como ciudadanos del nuevo Imperio Persa.
Casa.
Heb. báyith. Esta palabra puede usarse tanto para una vivienda humana como para una morada dedicada a Dios. Sería pues correcto traducir la palabra báyith como "templo" en este pasaje.
En Judá.
La intercalación de esta frase en este lugar y en el versículo siguiente refleja el carácter oficial del documento, en el cual se esperaría encontrar indicaciones geográficas precisas acerca del lugar donde se debía reconstruir ese templo.
3. De su pueblo.
El permiso de volver no se limitaba a los expatriados de Judá y de Benjamín, descendientes de los súbditos del antiguo reino de Juda que Nabucodonosor había tomado cautivos. Incluía a todos los que consideraban a "Jehová el Dios de los cielos" (vers. 2) como su Dios, sobre todo los descendientes de las diez tribus del antiguo reino septentrional de Israel, trasladados a diversas provincias del imperio asirio en el siglo VIII A.C. Según 1 Crón. 9: 3 había personas de algunas de las tribus septentrionales que en ese tiempo vivían en Jerusalén.
Sea Dios con él.
En estas palabras se refleja la bondad de Ciro, alabada por muchos autores clásicos (Esquilo, Herodoto, Jenofonte, Plutarco, Diodoro, Cicerón y otros). La grandeza de Ciro estuvo en su tolerancia y generosidad con los pueblos vasallos. Sin duda la influencia de Daniel y la predicción de Isaías referente a él incidieron mucho en la evolución de la política imperial de Ciro (ver PR 409).
El es el Dios.
Hay diversas opiniones entre los eruditos y traductores en cuanto al sentido de esta frase y de la siguiente. Algunos han entendido que Ciro admitía que Jehová era el único verdadero Dios y han comparado esta declaración con la confesión de Nabucodonosor (Dan. 6: 26). Otros la unen con la frase siguiente y leen: "El es el Dios que está en Jerusalén". De este modo, se entendería que Ciro consideraba a Jehová sólo como una deidad local.
Si se toma la frase "él es el Dios" como parentética y se traduce la palabra 'asher como "la cual", con el antecedente "casa", se logra la traducción de la RVR. Pero el hebreo dice claramente "él es el Dios que está en Jerusalén", y lo mismo se lee en la LXX, la Vulgata y en otras versiones antiguas, como también en la BJ. Si han de emplearse paréntesis, deben abarcar toda la declaración como una unidad. La palabra 'asher puede traducirse "que " ,"la cual", etc., según lo exija el contexto.
Es posible que Ciro, al igual que Nabucodonosor (Dan. 2: 47; 3: 28; 4: 37) y Darío (Dan. 6: 26), hubiera reconocido al verdadero Dios (ver PR 408), pero el texto hebreo, al menos como está hoy, no permite que se usen las palabras de Esd. 1: 3 como prueba de ello. Se ha encontrado un documento en el cual Ciro, dirigiéndose a los babilonios, habla del dios Marduk precisamente en los mismos términos en que se refiere aquí al Dios de los Judíos. Sin embargo, ver PR 408.
4. El que haya quedado.
Es decir, los Judíos que prefirieron permanecer en el exilio (ver PR 410). Muy probablemente, los que estaban bien establecidos y tenían algún tipo de negocio fueron los que se quedaron. Era tan sólo justo que ellos ayudaran con grandes contribuciones a sus hermanos que regresaban a Jerusalén.
Ofrendas voluntarias.
Se permitió que los Judíos pidieran donaciones de sus amigos paganos para el templo que había de construirse en Jerusalén. Es digno de notarse que la proclama pública del decreto de Ciro contuviera esta exhortación a los ciudadanos del imperio sin mencionar que Ciro había dispuesto fondos públicos para la reconstrucción del templo, como se afirma en la copia del decreto que se encontró en los archivos gubernamentales de Ecbatana (ver com. cap. 6: 2). La razón es evidente. Si en la proclama se hubiese mencionado la subvención real, pocas personas se habrían sentido movidas a contribuir para la realización de esa empresa. Sin saber que el gobierno pagaría parte del costo, muchos paganos que tenían simpatía por los judíos pudieron haberse sentido más dispuestos a efectuar donaciones individuales.
5. Los jefes de las casas paternas.
Por herencia, éstos eran los cabezas de las familias, cuya autoridad se reconocía (ver com. Exo. 3: 16). Aun el permiso para volver a Judá era para todos los que creían en Jehová, sólo se mencionan por nombre dos tribus: Judá y Benjamín. Si hubo miembros de otras tribus, constituían una minoría.
Cuyo espíritu despertó Dios.
Sólo una minoría relativa de los exiliados volvió a Jerusalén. Aun numerosos miembros de los clanes de Judá y Benjamín decidieron permanecer en su tierra adoptiva. Muchos habían llegado a ocupar posiciones de honor y de riqueza en Babilonia, según lo revelan los registros cuneiformes. No estuvieron dispuestos a abandonar todo lo que habían adquirido mediante el arduo trabajo de los años a cambio de un incierto porvenir en la desolada Judea. Por esta razón, más tarde se hicieron nuevos esfuerzos para llegar de vuelta a Judea a otros que no habían ido en el primer retorno (ver Esd. 7: 7; Zac. 6: 10). El primer grupo que 331 estuvo dispuesto a arriesgarlo todo por su patria y por su Dios se componía mayormente de patriotas y entusiastas. Quizá iban también algunos que no tenían nada que perder en el traslado y que sólo podían mejorar su suerte al retornar a su patria. Los que no regresaron pueden haber justificado su decisión citando las instrucciones dadas por Jeremías más de medio siglo antes, en el sentido de que debían construir casas, plantar huertos, multiplicar su familia y procurar, el bienestar del lugar donde estuvieran desterrados (Jer. 29: 4-7). Los que no quisieron volver a Palestina formaron el núcleo de las fuertes e influyentes comunidades judías que existieron en Babilonia y sus alrededores por siglos.
7. Los utensilios.
Todos los utensilios que se enumeran eran de oro y de plata. Puesto que muchos de los utensilios del templo que habían sido tomados por Nabucodonosor eran de bronce (2 Rey. 25: 14; ver com. Exo. 25: 3), es evidente que Ciro sólo devolvió los que habían sido dedicados a los dioses babilonios y así se habían conservado desde que fueron llevados de Jerusalén a Babilonia más de medio siglo antes. Al parecer, los objetos que no se habían hecho con metales preciosos no se habían conservado.
Este acto generoso de Ciro no constituye un ejemplo aislado. En el ya mencionado cilindro de Ciro, guardado en el Museo Británico (ver, com. ver. 2), el rey relata que devolvió a sus debidos lugares muchos objetos de culto que habían sido saqueados por los babilonios.
8. Mitrídates.
Un nombre persa que aparece bajo la forma Mitradati en un documento cuneiforme del tiempo de Artajerjes I.
Tesorero.
Heb. gizbar , "tesorero". Esta palabra sólo se encuentra aquí y en cap. 7: 21. Gizbar es una palabra tomada del persa, que también aparece en babilonio, bajo la forma de ganzabaru. El uso de esta palabra, como también de otros vocablos de origen persa en el libro de Esdras, indica que el documento original fue escrito en la época del Imperio Persa, probablemente por un contemporáneo de los acontecimientos descritos.
Sesbasar príncipe de Judá.
A Sesbasar se lo llama "gobernador" (cap. 5: 14). Muchos eruditos consideran que Sesbasar corresponde con Zorobabel (ver caps. 3: 8; 5: 16; EGW, RH, 28-3-1907). Se lo denomina "príncipe de Juda", título que Zorobabel, como nieto del rey Joaquín, bien merecía llevar (1 Crón. 3: 17-19). Era común que los nobles judíos en el exilio tuvieran dos nombres (ver. Dan. 1: 7). Se cree que el nombre Sesbasar, corresponde con el babilonio Shamash-abal-utsur.
9. Treinta.
Se notará que los utensilios del templo que se enumeran en los vers. 9, 10 suman 2.499 y no 5.400, total que aparece en el vers. 11. Es posible que la lista sólo sea parcial y que no fuera el propósito de Esdras que esa suma llegara al número total del vers. 11. Sin embargo, el último ítem de la lista parecería incluir todos los otros utensilios que no se habían enumerado antes y probablemente debería incluir todos los utensilios que falta enumerar. Todos los antiguos manuscritos hebreos, como también las versiones antiguas, concuerdan con las cifras que se presentan en la RVR. Sin embargo, cabe destacar que el pasaje paralelo en el libro apócrito de 1 Esd. 2: 13, 14 evita esta aparente discrepancia computando 1.000 tazones de oro en vez de los 30 que se dan aquí, y 2.410 tazas de plata en vez de las 410 que aparecen en el vers. 10. Los otros números concuerdan. El total dado en 1 Esd. 2: 14 es de 5.469: la suma de las cifras de los diversos utensilios allí enumerados. Algunos han sugerido que las cifras de 1 Esd. fueron deliberadamente cambiadas para evitar lo que parecía ser una discrepancia en Esd. 1: 9-11. Sólo puede decirse que no hay suficientes pruebas para resolver definitivamente el problema.
Tazones.
Heb. 'agartal, palabra de significado inseguro, cuya tradicional es "canasta". La LXX, la Vulgata y las verciones siríacas traducen "tazón", traducción aceptada por diversas versiones modernas.
Cuchillos.
Heb. majalaf , cuyo sentido exacto se desconoce. Aparece sólo aquí en el AT. Por el contexto, se entiende que indica algún tipo de utensilio.
10. Tazas.
Heb. kefor , "taza" o "tazón" (ver Esd. 8: 27 y 1 Crón. 28: 17). La palabra acadia análoga, kaparu , también significa "tazón" o "fuente".
11. Todos los utensilios.
Ver com. ver. 7. Quizá muchos de estos "utensilios" estuvieron entre los que Belsasar, profanó en la fiesta realizada la noche de la caída de Babilonia (Dan. 5: 3). El uso profano de esos utensilios sagrados y el espíritu desafiante que lo inspiró demostraron que Babilonia ya no respondía más a los mensajes divinos de dirección y que rehusaría liberar a los cautivos judíos a fin de que pudieran volver a su patria como Dios deseaba que lo hicieran (Dan. 5: 1-4, 21- 23). Por esto, el reino fue entregado a una nación que estaba dispuesta a cooperar con el plan divino (vers. 25-31).
CBA T3
La ciudad de Babilonia cayó ante los ejércitos persas el 16 de Timri (12 de octubre), de 539 AC (ver pág. 57) y Ciro entró en la ciudad el 3 de Marjeshván (29 de octubre) del mismo año. Sin embargo, según el calendario babilónico, el primer año de reinado sólo comenzó en el día siguiente de año nuevo, el 1.º de Nisán (24 de marzo) de 538 AC. Todos los documentos anteriores a ese día estaban fechados en el "año de ascensión" (ver t. II, pág. 141). Por otra parte, los judíos computaban los años de reinado de los reyes persas de acuerdo con su propio calendario. Según el calendario civil judío, el primer año completo después de la caída de Babilonia fue del otoño de 538 al otoño de 537 AC. Ver más información sobre este problema en las págs. 99, 100. En cuanto al reinado de "Darío el Medo", ver la pág. 98, también la Nota Adicional de Dan. 6.
El edicto de Ciro para el regreso de los judíos parece haber sido promulgado en la antigua capital de los medos, Ecbatana (Acmeta), que llegó a ser una de las residencias veraniegas de los reyes persas. una copia del decreto, encontrada en los archivos de Ecbatana algunos años más tarde (Esd. 6: 2), sugiere que Ciro estuvo allí en algún momento de su primer año de reinado. Las comprobaciones recogidas de los archivos de esa época de la firma bancaria "Egibi e hijos", en la ciudad de Babilonia, indican que Ciro estuvo en Ecbatana en el mes de septiembre de 537 AC, o que había estado allí poco antes. Esa fecha correspondía con la parte final del primer año judío completo después de la caída de Babilonia.
Ciro.
Esta es la forma latinizada del griego que corresponde con el hebreo Koresh . Los equivalentes persa ( Kurush ) y babilónico ( Kurash ) se parecen mucho al hebreo.
Jeremías.
Aquí se alude a las dos profecías de Jeremías (caps. 25: 11, 12; 29: 10), que habían convencido a Daniel de que el momento del regreso y de la restauración había llegado (Dan. 9: 2). Puesto que el cautiverio babilónico había comenzado en 605 AC (ver com. Dan. 1: 1), los 70 años de las profecías de jeremías debían terminar en 536, según el cómputo inclusivo (ver el t. II, pág. 139). Por lo tanto, si el decreto de Ciro fue promulgado en el verano o el otoño, del hemisferio norte, de 537, y quizá los judíos volvieron a su patria en la primavera del año siguiente, o sea en 536, las profecías de Jeremías se habrían cumplido (ver las págs. 99, 100).
Despertó Jehová el espíritu.
Así como en lo pasado Dios había influido sobre gobernantes paganos (Gén. 20: 3; Dan. 2: 28; etc.) para que llevaran a cabo los propósitos divinos, también obró para que se cumplieran las profecías en cuanto a Ciro, que Isaías había pronunciado más de 150 años antes (Isa. 44: 28; 45: 1-4, 13).
Hizo pregonar.
El decreto que proclamado públicamente en las diversas satrapías del imperio, desde las fronteras de la India al este, hasta el mar Egeo al oeste, y desde el 328 Cáucaso por el norte, hasta el golfo Pérsico y la frontera de Egipto por el sur.
Por escrito.
El decreto fue despachado por escrito. También fue depositado en los archivos permanentes (ver cap. 6: 1, 2). Al parecer, hacía relativamente poco tiempo que se había introducido la escritura en Persia. La arqueología demuestra que los registros persas comenzaron a existir desde el comienzo del reinado de Ciro. Es de suponer que esta proclama se hizo en el idioma oficial persa, quizá también en babilonio y tal vez en arameo, idioma que se comprendía en todo el imperio. La inscripción de Darío I en Behistún (ver el t. I, págs. 106, 117, 118; t. III, pág. 59) contiene inscripciones similares en persa antiguo, en elamita y en babilonio. También se ha encontrado una copia en arameo.
2. Así ha dicho Ciro.
Esta es una fórmula oficial que sirve como introducción de una proclama real, y es similar a las que se emplean en otros decretos reales. Por ejemplo, la inscripción de Behistún (versión aramea, col. iii, 1. 37) dice: "Así dice el rey Darío".
Rey de Persia.
Compárese con la fórmula habitual de las inscripciones persas: "Yo soy ... el gran rey, rey de reyes, el rey de Persia".
Jehová el Dios de los cielos.
Aparecen exactamente las mismas palabras en una petición a un gobernador persa escrita en arameo por los judíos de la isla de Elefantina, en el Nilo (Cowley, Aramaic Papyri , N.º 30, líneas 27, 28). En la respuesta del funcionario persa, sólo se emplean las palabras "Dios del cielo" ( Ibíd. , N.º32, líneas 3,4). Es posible que a los persas seguidores de Zoroastro les hubiera gustado el monoteísmo de los judíos. Quizá habrían hecho equivaler a Jehová con su propio dios, Ahura- Mazda (Ormuz).
Me ha dado.
Ciro creía que había sido designado por el cielo y que por eso tenía una misión divina que cumplir. En la famosa inscripción del Cilindro de Ciro, que ahora está en el Museo Británico, el rey afirma: "El [el dios babilonio Marduk] miró y examinó todos los países buscando a un gobernante justo para guiarlo [en la procesión anual]. Pronunció el nombre de Ciro, rey de Ansán, y declaró que él era el gobernante de toda la tierra". Estas palabras, escritas para los babilonios, son tan similares a las que se emplearon 329 en la proclama en favor de los judíos que, junto con otros términos oficiales empleados, constituyen una sólida prueba de que el decreto es auténtico. La única diferencia está en los nombres de los dioses. Era natural que en las proclamas babilónicas se usara el nombre del dios babilonio Marduk, mientras que en la proclama escrita para los judíos, se empleara el nombre de su Dios.
Me ha mandado.
La construcción del hebreo es enfática: "El me ha encargado" (BJ). Este énfasis se encuentra también en las antiguas traducciones griegas y latinas del texto. Evidentemente, Ciro se refiere a Isa. 44: 28. Josefo ( Antigüedades xi. 1) afirma que se mostró este pasaje a Ciro poco después de la caída de Babilonia. Es tan sólo natural que se piense que fue Daniel quien informó al rey de las predicciones hechas por el profeta judío en cuanto a la conquista de Babilonia por Ciro y la parte que ese rey tendría en la reconstrucción del templo de Jerusalén (ver PR 409). En el cilindro ya mencionado, Ciro dice haber repatriado a muchos dioses extranjeros que los babilonios habían transportado a su capital. También dice haber reconstruido muchos santuarios que estaban en ruinas. En vista de que se concedió la autorización para reconstruir el templo de Jerusalén en el primer año de su reinado, es probable que, al comprender la sabiduría de ese plan (ver PR 418, 419), Ciro hiciera lo mismo en favor de otros pueblos subyugados y de sus dioses. Así puede verse que lo que hizo el rey para los judíos y su templo concordaba totalmente con lo que más tarde llegó a ser su política general de agradar a las naciones que habían sufrido a manos de los crueles babilonios, a fin de ganar su buena voluntad y su apoyo leal como ciudadanos del nuevo Imperio Persa.
Casa.
Heb. báyith. Esta palabra puede usarse tanto para una vivienda humana como para una morada dedicada a Dios. Sería pues correcto traducir la palabra báyith como "templo" en este pasaje.
En Judá.
La intercalación de esta frase en este lugar y en el versículo siguiente refleja el carácter oficial del documento, en el cual se esperaría encontrar indicaciones geográficas precisas acerca del lugar donde se debía reconstruir ese templo.
3. De su pueblo.
El permiso de volver no se limitaba a los expatriados de Judá y de Benjamín, descendientes de los súbditos del antiguo reino de Juda que Nabucodonosor había tomado cautivos. Incluía a todos los que consideraban a "Jehová el Dios de los cielos" (vers. 2) como su Dios, sobre todo los descendientes de las diez tribus del antiguo reino septentrional de Israel, trasladados a diversas provincias del imperio asirio en el siglo VIII A.C. Según 1 Crón. 9: 3 había personas de algunas de las tribus septentrionales que en ese tiempo vivían en Jerusalén.
Sea Dios con él.
En estas palabras se refleja la bondad de Ciro, alabada por muchos autores clásicos (Esquilo, Herodoto, Jenofonte, Plutarco, Diodoro, Cicerón y otros). La grandeza de Ciro estuvo en su tolerancia y generosidad con los pueblos vasallos. Sin duda la influencia de Daniel y la predicción de Isaías referente a él incidieron mucho en la evolución de la política imperial de Ciro (ver PR 409).
El es el Dios.
Hay diversas opiniones entre los eruditos y traductores en cuanto al sentido de esta frase y de la siguiente. Algunos han entendido que Ciro admitía que Jehová era el único verdadero Dios y han comparado esta declaración con la confesión de Nabucodonosor (Dan. 6: 26). Otros la unen con la frase siguiente y leen: "El es el Dios que está en Jerusalén". De este modo, se entendería que Ciro consideraba a Jehová sólo como una deidad local.
Si se toma la frase "él es el Dios" como parentética y se traduce la palabra 'asher como "la cual", con el antecedente "casa", se logra la traducción de la RVR. Pero el hebreo dice claramente "él es el Dios que está en Jerusalén", y lo mismo se lee en la LXX, la Vulgata y en otras versiones antiguas, como también en la BJ. Si han de emplearse paréntesis, deben abarcar toda la declaración como una unidad. La palabra 'asher puede traducirse "que " ,"la cual", etc., según lo exija el contexto.
Es posible que Ciro, al igual que Nabucodonosor (Dan. 2: 47; 3: 28; 4: 37) y Darío (Dan. 6: 26), hubiera reconocido al verdadero Dios (ver PR 408), pero el texto hebreo, al menos como está hoy, no permite que se usen las palabras de Esd. 1: 3 como prueba de ello. Se ha encontrado un documento en el cual Ciro, dirigiéndose a los babilonios, habla del dios Marduk precisamente en los mismos términos en que se refiere aquí al Dios de los Judíos. Sin embargo, ver PR 408.
4. El que haya quedado.
Es decir, los Judíos que prefirieron permanecer en el exilio (ver PR 410). Muy probablemente, los que estaban bien establecidos y tenían algún tipo de negocio fueron los que se quedaron. Era tan sólo justo que ellos ayudaran con grandes contribuciones a sus hermanos que regresaban a Jerusalén.
Ofrendas voluntarias.
Se permitió que los Judíos pidieran donaciones de sus amigos paganos para el templo que había de construirse en Jerusalén. Es digno de notarse que la proclama pública del decreto de Ciro contuviera esta exhortación a los ciudadanos del imperio sin mencionar que Ciro había dispuesto fondos públicos para la reconstrucción del templo, como se afirma en la copia del decreto que se encontró en los archivos gubernamentales de Ecbatana (ver com. cap. 6: 2). La razón es evidente. Si en la proclama se hubiese mencionado la subvención real, pocas personas se habrían sentido movidas a contribuir para la realización de esa empresa. Sin saber que el gobierno pagaría parte del costo, muchos paganos que tenían simpatía por los judíos pudieron haberse sentido más dispuestos a efectuar donaciones individuales.
5. Los jefes de las casas paternas.
Por herencia, éstos eran los cabezas de las familias, cuya autoridad se reconocía (ver com. Exo. 3: 16). Aun el permiso para volver a Judá era para todos los que creían en Jehová, sólo se mencionan por nombre dos tribus: Judá y Benjamín. Si hubo miembros de otras tribus, constituían una minoría.
Cuyo espíritu despertó Dios.
Sólo una minoría relativa de los exiliados volvió a Jerusalén. Aun numerosos miembros de los clanes de Judá y Benjamín decidieron permanecer en su tierra adoptiva. Muchos habían llegado a ocupar posiciones de honor y de riqueza en Babilonia, según lo revelan los registros cuneiformes. No estuvieron dispuestos a abandonar todo lo que habían adquirido mediante el arduo trabajo de los años a cambio de un incierto porvenir en la desolada Judea. Por esta razón, más tarde se hicieron nuevos esfuerzos para llegar de vuelta a Judea a otros que no habían ido en el primer retorno (ver Esd. 7: 7; Zac. 6: 10). El primer grupo que 331 estuvo dispuesto a arriesgarlo todo por su patria y por su Dios se componía mayormente de patriotas y entusiastas. Quizá iban también algunos que no tenían nada que perder en el traslado y que sólo podían mejorar su suerte al retornar a su patria. Los que no regresaron pueden haber justificado su decisión citando las instrucciones dadas por Jeremías más de medio siglo antes, en el sentido de que debían construir casas, plantar huertos, multiplicar su familia y procurar, el bienestar del lugar donde estuvieran desterrados (Jer. 29: 4-7). Los que no quisieron volver a Palestina formaron el núcleo de las fuertes e influyentes comunidades judías que existieron en Babilonia y sus alrededores por siglos.
7. Los utensilios.
Todos los utensilios que se enumeran eran de oro y de plata. Puesto que muchos de los utensilios del templo que habían sido tomados por Nabucodonosor eran de bronce (2 Rey. 25: 14; ver com. Exo. 25: 3), es evidente que Ciro sólo devolvió los que habían sido dedicados a los dioses babilonios y así se habían conservado desde que fueron llevados de Jerusalén a Babilonia más de medio siglo antes. Al parecer, los objetos que no se habían hecho con metales preciosos no se habían conservado.
Este acto generoso de Ciro no constituye un ejemplo aislado. En el ya mencionado cilindro de Ciro, guardado en el Museo Británico (ver, com. ver. 2), el rey relata que devolvió a sus debidos lugares muchos objetos de culto que habían sido saqueados por los babilonios.
8. Mitrídates.
Un nombre persa que aparece bajo la forma Mitradati en un documento cuneiforme del tiempo de Artajerjes I.
Tesorero.
Heb. gizbar , "tesorero". Esta palabra sólo se encuentra aquí y en cap. 7: 21. Gizbar es una palabra tomada del persa, que también aparece en babilonio, bajo la forma de ganzabaru. El uso de esta palabra, como también de otros vocablos de origen persa en el libro de Esdras, indica que el documento original fue escrito en la época del Imperio Persa, probablemente por un contemporáneo de los acontecimientos descritos.
Sesbasar príncipe de Judá.
A Sesbasar se lo llama "gobernador" (cap. 5: 14). Muchos eruditos consideran que Sesbasar corresponde con Zorobabel (ver caps. 3: 8; 5: 16; EGW, RH, 28-3-1907). Se lo denomina "príncipe de Juda", título que Zorobabel, como nieto del rey Joaquín, bien merecía llevar (1 Crón. 3: 17-19). Era común que los nobles judíos en el exilio tuvieran dos nombres (ver. Dan. 1: 7). Se cree que el nombre Sesbasar, corresponde con el babilonio Shamash-abal-utsur.
9. Treinta.
Se notará que los utensilios del templo que se enumeran en los vers. 9, 10 suman 2.499 y no 5.400, total que aparece en el vers. 11. Es posible que la lista sólo sea parcial y que no fuera el propósito de Esdras que esa suma llegara al número total del vers. 11. Sin embargo, el último ítem de la lista parecería incluir todos los otros utensilios que no se habían enumerado antes y probablemente debería incluir todos los utensilios que falta enumerar. Todos los antiguos manuscritos hebreos, como también las versiones antiguas, concuerdan con las cifras que se presentan en la RVR. Sin embargo, cabe destacar que el pasaje paralelo en el libro apócrito de 1 Esd. 2: 13, 14 evita esta aparente discrepancia computando 1.000 tazones de oro en vez de los 30 que se dan aquí, y 2.410 tazas de plata en vez de las 410 que aparecen en el vers. 10. Los otros números concuerdan. El total dado en 1 Esd. 2: 14 es de 5.469: la suma de las cifras de los diversos utensilios allí enumerados. Algunos han sugerido que las cifras de 1 Esd. fueron deliberadamente cambiadas para evitar lo que parecía ser una discrepancia en Esd. 1: 9-11. Sólo puede decirse que no hay suficientes pruebas para resolver definitivamente el problema.
Tazones.
Heb. 'agartal, palabra de significado inseguro, cuya tradicional es "canasta". La LXX, la Vulgata y las verciones siríacas traducen "tazón", traducción aceptada por diversas versiones modernas.
Cuchillos.
Heb. majalaf , cuyo sentido exacto se desconoce. Aparece sólo aquí en el AT. Por el contexto, se entiende que indica algún tipo de utensilio.
10. Tazas.
Heb. kefor , "taza" o "tazón" (ver Esd. 8: 27 y 1 Crón. 28: 17). La palabra acadia análoga, kaparu , también significa "tazón" o "fuente".
11. Todos los utensilios.
Ver com. ver. 7. Quizá muchos de estos "utensilios" estuvieron entre los que Belsasar, profanó en la fiesta realizada la noche de la caída de Babilonia (Dan. 5: 3). El uso profano de esos utensilios sagrados y el espíritu desafiante que lo inspiró demostraron que Babilonia ya no respondía más a los mensajes divinos de dirección y que rehusaría liberar a los cautivos judíos a fin de que pudieran volver a su patria como Dios deseaba que lo hicieran (Dan. 5: 1-4, 21- 23). Por esto, el reino fue entregado a una nación que estaba dispuesta a cooperar con el plan divino (vers. 25-31).
CBA T3

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