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CBA - Libro de Esdras Capítulo 3

Comentario Bíblico Adventista 
Libro de Esdras capítulo 3

1. El mes séptimo.

Poco después de su llegada a Palestina, probablemente en el verano de 536 AC, los recién repatriados se congregaron en Jerusalén para la inauguración del servicio del nuevo templo. Esta convocación se efectuó al fin del 6.º mes, como lo indica la comparación del vers. 1 con el vers. 6. El 7.º mes (Tisri) era uno de los más sagrados de todo el año religioso judío. El día 1.º de ese mes se celebraba el día de año nuevo del calendario civil (ver t. II, pág. 113). El mes comenzaba al son de trompetas con una santa convocación (Lev. 23: 24; ver t. II, pág. 109). Diez días más tarde se celebraba el solemne día de la expiación (Lev. 23: 27), al cual seguía casi de inmediato la fiesta de los tabernáculos, desde el día 15 al día 22 de ese mismo mes (Lev. 23: 34-36).

Se juntó el pueblo.

El pueblo vino preparado para quedarse a celebrar la fiesta de los tabernáculos (vers. 4), una de las tres grandes fiestas que todos los judíos debían observar en Jerusalén (Exo. 23: 14; Lev. 23: 2; Deut. 16: 16).

2. Jesúa.

Con referencia a Jesúa y Zorobabel, ver com. cap. 2: 2.

Edificaron el altar.

Sin duda examinaron la zona del antiguo templo, y determinaron en qué punto había estado originalmente el altar de los holocaustos. En ese sagrado lugar se levantó el nuevo altar. El altar era el centro del culto judío, y no se podían realizar los oficios religiosos sin él. El altar debe haberse concluido cerca del último día del 6.º mes (ver vers. 6).

Como está escrito.

Bajo la dirección de hombres como Daniel y Ezequiel, los exiliados habían decidido comenzar desde un mismo principio el culto a Dios según la expresa voluntad divina. Habían determinado no caer de nuevo en los pecados de la indiferencia e idolatría, por los cuales ellos y los padres habían tenido tanto que sufrir. Es probable que en este pasaje deba verse una referencia a Lev. 17: 2-6 y Deut. 12: 5-7, donde Dios mandaba expresamente que los israelitas ofrecieran sus sacrificios sólo en el lugar escogido para ese propósito. Ese lugar estaba en Jerusalén (1 Rey. 9: 3).

3. Su base.

"En su emplazamiento" (BJ). Es decir, se erigió el altar en el mismo lugar donde había estado el altar de los holocaustos de Salomón.

Tenían miedo.

Aunque la gente acababa de regresar de Babilonia, ya se daba cuenta de la hostilidad de sus vecinos, que estaban muy molestos porque los judíos habían vuelto a su patria. Los pueblos circunvecinos pueden haber ocupado algunas partes de Judea durante el exilio, ahora se les pedía que devolvieran esas tierras a sus dueños legítimos. Consideraban con desconfianza a los judíos, quienes dejaron bien en claro que en adelante solo se permitiría el culto a Jehová. Esta hostilidad bien pudo haberse traducido en amenazas. Por lo tanto, los repatriados se reunieron en Jerusalén con temor. Aunque tenían permiso de Ciro para construir tanto el altar como el templo, no había seguridad de que esto pudiera lograrse sin suscitar seria oposición de los pueblos vecinos. Hacía poco que Ciro se había adueñado de estas regiones que antes habían pertenecido al Imperio Babilónico. 342 Es posible que sólo hubiera ejercido un control nominal sobre estos territorios.

Holocaustos.

Sin duda, fueron los sacrificios diarios, matutinos y vespertinos (Exo. 29:38-42; Núm. 28: 3-6).

4. La fiesta solemne de los tabernáculos.

Se observó rigurosamente lo que se requería en Lev. 23: 33-42 en cuanto a la fiesta. En esta ocasión, el vivir en tiendas, o en "cabañas", tenía un sentido real y muy apropiado. Originalmente se había establecido esa fiesta como tan recordativo de los 40 años de peregrinación en el desierto. Después de estar en el exilio, el pueblo de Dios una vez más había podido regresar a su patria, y vivió en tiendas hasta que pudo construir moradas permanentes.

Holocaustos cada día.

Estos sacrificios no son los que se mencionan en los vers. 3, y 5, sino los que correspondían con la fiesta de los tabernáculos. Los requisitos concernientes a esta fiesta se encuentran en Núm. 29: 12-40. Se observó minuciosamente todo lo que allí se ordena, según puede deducirse del registro de la celebración que aparece en este pasaje.

5. El holocausto continuo.

Sin duda éste era el diario sacrificio matutino y vespertino (Exo. 29: 38-42; Núm. 28: 3-6).

Las lunas nuevas.

Las prescripciones para la fiesta del novilunio se encuentran era Núm. 28: 11-15.

Las fiestas solemnes.

Ver com. Lev. 23: 2. Estas eran las otras fiestas, como la pascua, la fiesta de las semanas, el día de la expiación.

Ofrenda voluntaria.

También se reanudó la costumbre de presentar ofrendas voluntarias (ver Lev. 1-3). Así hubo recursos para que pudiera practicarse lo más esencial del ritual religioso judío, aunque por el momento el templo estaba en ruinas.

6. Mes séptimo.

Ver com. vers. 1.

7. Dieron dinero.

Durante la convocación festiva se debatió la forma de reconstruir el templo y se firmaron contratos con los artesanos capaces de llevar a cabo los planes que allí se habían trazado. Sin duda muchos de los exiliados habían sido empleados por los babilonios en la construcción de sus palacios, de sus templos y de sus fortificaciones. Durante el tiempo del exilio, y sobre todo el reinado de Nabucodonosor, se habían levantado muchos edificios en Babilonia, como lo han mostrado los textos encontrados por los arqueólogos. La habilidad profesional adquirida en Babilonia ahora resultó muy provechosa, y Zorobabel puso a trabajar en sus tareas específicas a albañiles y carpinteros, a los cuales pagó un salario fijo en dinero.

Sidonios.

La compra de cedros de las montañas del Libano se efectuó por contrato con los sidonios y tirios. Se les pagó en especie. Fenicia era una angosta faja costera y debía importar su alimento (ver Hech. 12: 20; ver también t. II pág. 70). Por los materiales recibidos Salomón había pagado a Hiram de Tiro con trigo, cebada, vino y aceite (2 Crón. 2: 15), y ahora Zorobabel hizo una transacción similar. Desde tiempos antiquísimos, la región del Líbano había proporcionado madera de cedro para la construcción de palacios, templos y otros edificios públicos en todos los países civilizados del Cercano Oriente.

El que se mencione a los sidonios antes que a los tirios está en armonía con la situación política que existía en tiempos del dominio persa. Herodoto (vii. 96, 98; vii. 67) dice que en tiempo de Jerjes, el rey de Sidón tenía más categoría que el rey de Tiro. Es probable que esta situación ya existiera antes del tiempo de Jerjes y que se debiera a que Tiro estuvo sitiada por Nabucodonosor durante largo tiempo. Como resultado se produjo un marcado debilitamiento del poder económico y del prestigio del reino de Tiro. Sidón aprovechó esa situación y en adelante estuvo a la cabeza de las ciudades fenicias (ver t. II, pág. 71).

Conforme a la voluntad.

Se deduce que Ciro había proporcionado madera fenicia de un modo especial. Aunque fuera de esta mención no hay prueba escrita de tal concesión, el decreto oficial que se encontró más tarde en Ecbatana disponía que los gastos de la reconstrucción del templo debían pagarse de los fondos reales, incluso indudablemente la compra de materiales de construcción. La administración persa debe haber proporcionado comida, bebida y aceite, porque difícilmente los judíos recién llegados podrían haber encontrado suficientes alimentos para satisfacer sus propias necesidades en el semiabandonado país al cual habían llegado.

8. El año segundo.

Si el año del retorno de los judíos fue 536 AC (ver com. cap. 1: 1), el segundo mes del segundo año habría caído en la primavera del hemisferio norte del año 535 AC. Los meses se comenzaban a contar a partir de Nisán, el mes 1.º del año eclesiástico, aunque los meses así designados fueran los del calendario civil, que comenzaba en el otoño con el mes de Tisri, el 7.º mes (ver t. II, pág. 112). La frase "de su venida a la casa de Dios en Jerusalén" muestra claramente que se habla del segundo año de su retorno, y no del segundo año del reinado de Ciro, como lo han pensado algunos comentadores.

El mes segundo.

Llamado Iyyar en el calendario postexílico. Algunos comentadores piensa que se eligió este mes para comenzar la construcción a fin de hacer coincidir la fecha con la que escogió Salomón para la construcción del primer templo (1 Rey. 6: 1).

Zorobabel.

En el vers. 2, se menciona a Jesúa el sumo sacerdote antes que a Zorobabel, el gobernador, porque se habla del comienzo del servicio de sacrificios, asunto puramente eclesiástico, en el cual el sumo sacerdote naturalmente tenía la primera autoridad. En relación con la reconstrucción del templo, se menciona primero a Zorobabel, que representaba la autoridad del Estado. El era el representante oficial del rey persa, quien había promulgado el decreto para que se reconstruyera el templo. Por lo tanto, Zorobabel tenía el privilegio y el deber de dirigir en todo lo que se hiciera para climplir el decreto.

Pusieron a los levitas.

El gobernador designó a los pocos levitas que habían regresado (ver com. cap. 2: 40) para que supervisaran a los obreros empleados en la reconstrucción del templo.

De veinte años arriba.

Tal era la costumbre que había existido al menos desde los tiempos de David, de que los levitas sólo podían servir después de haber llegado a los 20 años (1 Crón. 23: 24, 27; 2 Crón. 31: 17). En tiempos de Moisés no se les permitía servir hasta los 25 años (Núm. 8: 24).

Para que activasen.

"Para dirigir" (BJ) o "supervisar".

9. Jesúa.

La supervisión de la obra correspondió a tres grupos, probablemente constituidos en armonía con la población de la nueva provincia de Judea. Jesúa era el jefe del sacerdocio. Cadmiel representaba a la tribu de Judá, sin duda Henadad dirigía las categorías inferiores del personal del templo.

10. Sacerdotes vestidos de sus ropas.

Según la ley mosaica (Exo. 28: 40), las vestimentas sacerdotales que acababan de ser donadas por el pueblo (cap. 2: 69) se habían diseñado "para honra y hermosura".

Con trompetas.

Era sin privilegio sacerdotal el tocar trompetas (Núm. 10: 8; 31: 6; Jos. 6: 4; 1 Crón. 15: 24; 16: 6; 2 Crón. 5: 12), al paso que los levitas tocaban címbalos (1 Crón. 15: 16, 19; 16: 5; 2 Crón. 5: 12, 13; 29:25).

Según la ordenanza de David.

Esta ordenanza aparece en 1 Crón. 15: 16-24. Sin embargo, la ejecución musical de Zorobabel no abarcó toda la "ordenanza de David" puesto que faltaban varios instrumentos que formaban parte esencial del sistema de David. Indudablemente se había descuidado la preparación musical de los levitas durante el exilio (ver Sal. 137: 2-4).

11. Y cantaban.

El hebreo dice "y respondieron". Se entiende que habría sido un canto "antifonal" (o alternado), interpretado por dos coros.

Aclamaba.

"Prorrumpía en grandes clamores" (BJ). El clamor de júbilo siempre ha sido característico de las ocasiones gozosas y triunfales, pero rara vez se lo menciona en asuntos religiosos. Algunas de esas ocasiones excepcionales fueron cuando se llevó el arca del pacto al campamento israelita cerca de Afec (1 Sam. 4: 5), cuando David llevó el arca desde Quiriat-jearim a Jerusalén (2 Sam. 6:15).

12. Ancianos.

Sólo habían transcurrido 50 años desde la destrucción del templo de Salomón (586 AC) y 70 desde el primer cautiverio. En la congregación había "muchos" ancianos que en su juventud o en su niñez habían visto el templo y recordaban vívidamente su grandeza y gloria. No podían dejar de llorar al pensar en los modestos planes para la reconstrucción del templo. Era un "día de las pequeñeces" (Zac. 4: 10), y en comparación con la antigua casa, esta nueva era "como nada" (Hag. 2: 3). Salomón había podido emplear a los artesanos más hábiles de su propio país, que iba desde la frontera con Egipto hasta el Eufrates, como también a los técnicos de países vecinos, como Tiro. Zorobabel tuvo que depender de sus propios súbditos, los pocos ciudadanos de la pequeña provincia de Judea.

13. La voz del lloro.

En el Cercano Oriente no se llora silenciosamente, sino con agudos gritos.

CBA T3

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