1. Entonces el rey Darío.
El pedido de Tatnai, representante del sátrapa de "Del otro lado del río", recibió la inmediata atención de Darío (cap. 5: 17).
La casa de los archivos.
Literalmente, "la casa de los libros". Es decir, la biblioteca o los archivos reales. Con referencia a la posibilidad de que también se guardaran allí los "tesoros", ver com. cap. 5: 17. La BJ traduce: "Los archivos del tesoro"."
En Babilonia.
Pareciera que los judíos sugirieron a Tatnai, durante su visita a Jerusalén, que el documento original quizá estaba en los archivos reales en Babilonia. Por eso había insinuado que en Babilonia debía hacerse la investigación (cap. 5: 17). Darío aceptó esa insinuación y mandó que se buscara en Babilonia, pero no se encontró nada.
2. En Acmeta.
Cuando no se encontró el documento al cual hacía referencia la carta de Tatnai, sin duda se dio otra orden para que la búsqueda se extendiera a los archivos reales de las otras ciudades capitales de Persia: Ecbatana y Susa. Esto indica un sincero esfuerzo del rey y de sus funcionarios de ser justos y de hacer una investigación completa antes de llegar a una decisión. Esto es sumamente elogiable. Los persas fácilmente podrían haber abandonado la búsqueda al no encontrar en Babilonia ningún decreto de Ciro referente a los judíos. Al extender la búsqueda a otros lugares donde sin duda se sabía que había documentos del primer año de Ciro, esos magistrados hacían todo lo posible para llegar a una decisión justa e imparcial.
Acmeta era la antigua capital de los medos. En antiguo persa se la llamaba Hagmatana, y en griego, Ecbatana. Hoy lleva el nombre de 360 Hamadán. Como está en las montañas del oeste de Irán, a 1.829 m. sobre el nivel del mar, los reyes persas la empleaban como una de las capitales veraniegas, cuando Babilonia, situada en el valle junto al río, resultaba insoportablemente calurosa en la temporada estival. Según el censo de 1971, la ciudad de Hamadán tenía 130.000 habitantes.
El hecho de que el documento se encontrara en Ecbatana y no en Babilonia indica que Ciro residía allí cuando fue promulgado el decreto. En cuanto a la relación entre esto y la fecha de emisión del decreto, ver com. cap 1: 1.
Un libro.
Arameo, "rollo". Todos los documentos del período del Imperio Persa que se han encontrado en Persia y Mesopotamia están en tablillas, escritas en cuneiforme. Debido a las condiciones climáticas de esos países, los registros persas escritos en materiales perecederos, tales como cuero o papiro, no han perdurado. Pero en Egipto se han conservado documentos persas de ese período escritos en cuero y en papiro, lo que constituye una prueba de la exactitud de esta afirmación de que el decreto oficial de Ciro fue escrito en un rollo, y no en una tablilla de arcilla. Puesto que el idioma oficial y universal del Imperio Persa era el arameo, según lo atestiguan los documentos hallados en Egipto, puede darse por sentado que el decreto de Ciro fue escrito en arameo.
3. Dio orden.
Ver com. cap. 1: 1-4. Las diferencias superficiales que se aprecian entre esta copia del decreto y lo que se registra en el cap. 1: 1-4 se deben a que esta copia sólo era para uso oficial, mientras que la otra fue publicada. El decreto publicado contenía el permiso para retornar a palestina, para reconstruir allí el templo y para reunir dinero para ese fin, pero no mencionaba la decisión de Ciro de proporcionar fondos públicos para la erección del templo (ver com. cap. 1: 4). Sin embargo, la copia del decreto que daba las instrucciones a los funcionarios del reino afirmaba claramente que el costo había de pagarse de la tesorería real (cap. 6: 4). En esta copia también hay especificaciones exactas en cuanto a los métodos de construcción.
Su altura.
La cifra que se da aquí para la altura del nuevo templo es el doble de la medida del templo de Salomón, y su ancho es tres veces mayor (ver 1 Rey. 6: 2). No se da la longitud del nuevo edificio. El templo de Salomón medía 60 codos. Sin embargo, se dice que el nuevo templo era "como nada" en comparación con el de Salomón (Hag. 2: 3) y los que habían conocido el templo de Salomón lloraron al ver los cimientos del nuevo edificio, debido a su evidente inferioridad (Esd. 3: 12; cf. PR 413). Es posible que el largo del codo del decreto de Ciro fuera algo diferente del codo judío, aunque es difícil que la diferencia hubiera sido tan grande como para justificar el llanto por la pequeñez del templo. Es más razonable pensar que Ciro dio permiso para que se edificara un edificio mucho mayor del que en realidad construyeron los judíos. Pero debido a que tenían un subsidio real (ver com. cap. 1: 4), es difícil pensar que se hubieran conformado con un edificio tan inferior al de Salomón. Quizá las dimensiones que aparecen en el decreto de Ciro correspondan sólo al frente del templo, la parte de proporciones más impresionantes que el resto del edificio.
4. Una de madera nueva.
Ver com. cap. 5: 8.
El gasto.
Ver com. caps. 1: 4 y 6: 3
5 los utensilios de oro y de plata.
Ver com. cap. 1: 7-11.
6. Tatnai.
Acerca de Tatnai y de los otros que aquí se mencionan, ver com. cap. 5: 3, 6.
Alejaos.
Es posible que el autor del informe oficial citado en Esd. 6 hubiera abreviado o condensado la carta de Darío, y hubiera presentado sólo sus partes esenciales: el resumen del decreto de Ciro, y el decreto confirmatorio de Darío. El primer punto importante de la carta de Darío es una advertencia a los fucionarios de la satrapía "Del otro lado del río" para que no interfirieran con la obra en Jerusalén. El lenguaje de toda la carta muestra que un rey fuerte y decidido gobernaba al país. Algunos de los decretos de otros gobernantes persas, según aparecen en Esdras y Ester, revelan claramente la vacilación de los reyes que los promulgaron.
8. Por mí es dada orden.
Darío no se conformó con mandar a Tatnai una copia del decreto de Ciro para que supiera que los judíos tenían el derecho de seguir construyendo el templo. Confirmó el decreto anterior con otro suyo que sobrepasan las generosas disposiciones del anterior (ver com. cap. 1: 7).
Gastos.
Ciro había decretado que los gastos de la reconstrucción del templo de Jerusalén 361 fueran pagados parcialmente con fondos públicos (vers. 4). Es probable que nunca se hubiera cumplido esta parte del decreto (ver cap. 4: 4, 5), porque los samaritanos parecen haber logrado frustrar las buenas intenciones de Ciro. Cuando por la copia del decreto de Ciro que se encontró en Ecbatana Darío supo que se había prometido ayuda financiera a los judíos, quizá inquirió en la tesorería real cuánto se había gastado en la construcción del templo desde que se había promulgado ese primer decreto. Su enojo al saber que poco o nada era lo que se había pagado hasta el momento, se manifiesta en el lenguaje vigoroso empleado en esta carta a Tatnai: "Alejaos de allí" (vers. 6); "dejad que se haga la obra" (vers. 7); "para que no cese la obra" (vers. 8); "sin obstáculo alguno" (vers. 9); y especialmente las amenazas del vers. 11 en el caso de que este decreto no fuera tenido en cuenta.
Ciro no había definido con precisión el origen de la ayuda financiera. Sólo decía que debía pagarse del "tesoro del rey" (vers, 4), lo que podría significar que el dinero debía sacarse de los fondos del rey, aunque todo el dinero público se desembolsaba a discreción del rey. Sin embargo, Darío mando que los gastos de los hombres empleados en la construcción del templo fueran pagados por el sátrapa de "Del otro lado del río", de los tributos reales de la provincia. Es de suponer que así no se añadiría ninguna carga a los contribuyentes.
Muchos comentadores modernos han puesto en duda la autenticidad de esta parte del decreto porque afirman que no puede pensarse que un rey persa se interesara tanto por el templo de una nación tan distante e insignificante. Sin embargo, en la historia secular encontramos algunos casos paralelos. Esta fue la política de Ciro, no sólo respecto al templo de Jerusalén, sino también en el caso de muchos otros santuarios (ver com. cap. 1: 2). Se nos informa que después de haber conquistado Egipto, Cambises, hijo de Ciro, hizo limpiar el templo de Neith en Sais; aseguró a los sacerdotes sus ingresos habituales y concedió al templo regalos reales, como lo habían hecho antes los reyes egipcios. Incluso Antíoco el Grande obsequió a los judíos con mucho vino, aceite, incienso, trigo y sal para los sacrificios y dinero para completar el templo ( Antigüedades xii. 3. 3), en señal de aprecio por la lealtad de ellos durante la primera parte de su reinado.
9. Becerros, carneros y corderos.
Estos eran los principales animales que empleaban los judíos para los sacrificios. Se necesitaba un cordero cada mañana y otro cada tarde, 2 más el día sábado, 7 en cada una de las grandes fiestas y 14 cada día de la fiesta de los tabernáculos. Esto representaba un total de más de mil por año. Se ofrecían becerros y carneros, además de los corderos, en las ocasiones más solemnes. También se solían sacrificar cabritos.
Trigo, sal, vino y aceite.
Estos productos se empleaban para las libaciones y las ofrendas encendidas que debían acompañar a todos los holocaustos (Exo. 29: 40, 41; ver com. Lev. 2: 13).
Conforme a lo que dijeren.
Fue una concesión sumamente extraordinaria la que permitió que los sacerdotes judíos fijaran la cantidad que debían recibir de parte del sátrapa. Darío debe haber tenido confianza en que los judíos no abusarían de su generosidad. Sin duda la integridad de hombres como Daniel, Mardoqueo, Esdras, Nehemías y quizá otros, había impresionado profundamente a los monarcas a los cuales habían servido. Es probable que algunos judíos influyentes hubieran estado empleados en altos cargos administrativos (o del Interior) del Imperio Persa. Quizá alguno de ellos tuvo que ver con la preparación de este decreto de Darío.
10. Oren.
El rey pedía que su generosidad y buena voluntad fueran pagadas con sacrificios y oraciones en su favor. La inscripción del Cilindro de Ciro (ver com. cap. 1: 2) es muy parecida a este pedido. Allí el rey afirma que había restablecido el culto a los dioses babilonios a fin de que los babilonios pudieran pedir diariamente a Bel y a Nabu que lo bendijeran a él y a su hijo Cambises concediéndoles larga vida. La práctica de los judíos en tiempos de los Macabeos indica que ellos no se oponían a cumplir con tal pedido. En esa época ofrecían sacrificios en favor de los reyes Seléucidas (1 Mac. 7: 33).
11. Sea colgado.
Esto no significa ahorcar, sino empalar, cruel forma de ejecución muy practicada por los asirios. Muchos de sus relieves representan a hombres empalados, principalmente enemigos cautivos. Se conocían dos formas de empalar. En los dos métodos se afirmaba en el suelo un palo cuya punta 362 estaba bien aguzada. Algunas veces se hacía sentar a la víctima desnuda sobre ese palo para que le atravesara las vísceras. Otras veces se le hacía pasar el palo por el pecho.
En los documentos antiguos son comunes las amenazas como las que Darío agregó a su decreto. Cuando se consideran las costumbres de los monarcas absolutos de la antigüedad, las amenazas de este decreto no son excepcionales. La gente que leía los decretos reales en el antiguo Cercano Oriente se había acostumbrado a ellas, y muchas veces había presenciado su ejecución. Por ejemplo, el famoso Código de Hammurabi contiene unas 250 líneas de imprecaciones contra cualquiera que modificara alguna de sus ordenanzas. Darío creyó que su decreto necesitaba respaldarse en esa clase de lenguaje. Los samaritanos habían demostrado su habilidad para desafiar las órdenes reales. El decreto tenía el propósito de intimidarlos e impedir así que hicieran más daño.
13. Tatnai.
Con referencia a las personas mencionadas en este versículo, ver com. cap. 5: 3, 6.
Hicieron puntualmente.
No sintiendo ninguna enemistad contra los judíos, como es evidente por lo que habían hecho antes y por su carta a Darío, Tatnai y los funcionarios que lo acompañaban cumplieron prontamente el mandato real. El rey les había hecho saber su voluntad con palabras inconfundibles, y con todo celo ellos realizaron lo que les ordenó. En parte debe atribuirse a su buena voluntad la rápida terminación de la construcción del templo. Tatnai y su séquito deben haber vuelto a Jerusalén para hacer un estudio de las necesidades económicas de los judíos y para determinar la cantidad de animales que se necesitaban para los sacrificios del servicio religioso del templo (ver com. vers. 9).
14. Prosperaban.
Los judíos, que habían experimentado tantos chascos y tantas dificultades durante los últimos años, no podrían haber esperado una mayor o más gozosa sorpresa que el mensaje del nuevo decreto de Darío. Repentinamente se cumplieron las profecías de Hageo, quien les había recordado que su Dios era el dueño de la plata y del oro y que le sería fácil proporcionar los medios necesarios para completar la tarea que por fe habían iniciado (Hag. 2: 8). El día cuando pusieron los cimientos, el Señor había prometido: " "Desde este día os bendeciré" " (Hag. 2: 19). El cumplimiento de esa promesa fue maravilloso. En verdad, las bendiciones recibidas deben haber sobrepasado en mucho sus más atrevidas esperanzas.
El otro profeta de la época había dicho que " "los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán" " (Zac. 4: 10). Cuán pobres y miserables parecieron sus esfuerzos cuando por segunda vez comenzaron a construir la casa de su Dios. Aunque habían obedecido a los profetas y habían comenzado a construir, estaban atemorizados por verse rodeados de enemigos. Sin embargo, habían confiado en la palabra del profeta que había afirmado enfáticamente que "las manos de Zorobabel" que habían echado el "cimiento de la casa" , también lo completarían, y que así se habría de saber que Jehová de los ejércitos había enviado a Zorobabel (Zac. 4: 9).
Artajerjes.
Algunos de los comentadores que identificaban al Artajerjes del cap. 4: 7 con el falso Esmerdis, también identificaban al Artajerjes del cap. 6: 14 con el falso Esmerdis. Pero el rey que se menciona aquí es Artajerjes I. Son dos las razones para afirmarlo: 1. Es difícil pensar que después de haber sido hostil a los judíos, Esmerdis, dentro del lapso de los 7 meses que reinó, hubiera promulgado un decreto favorable. 2. Porque el Artajerjes que aquí se menciona aparece después de Darío. Por el tiempo de Esdras, Ciro, Darío y Artajerjes habían promulgado decretos acerca del templo y sus servicios. Parecería haber una contradicción entre la afirmación de que se necesitó el decreto de Artajerjes para que se completara la obra del templo, y la declaración del vers. 15 en el sentido de que el templo fue terminado durante el reinado de Darío. Esta aparente contradicción puede resolverse si se supone que el hermoseamiento de la casa de Jehová (cap. 7: 27), realizado por Artajerjes, fue en todo el sentido de la palabra el toque final de la construcción del templo. Por eso Esdras se sintió con derecho a incluir a Artajerjes como el tercero de los tres reyes cuyos decretos posibilitaron la restauración del templo y de Jerusalén (ver caps. 7: 27; 9: 9).
El que se mencione al rey Artajerjes en este versículo es una prueba de que el libro de Esdras no fue escrito en tiempo de Zorobabel, sino en el de Esdras, probablemente durante el reinado de Artajerjes.
15. Fue terminada.
Se da la fecha exacta de la terminación del templo, y probablemente también el día de la dedicación que se describe en los vers. 16-18. El 3 de Adar del 6.º año del reinado de Darío I corresponde aproximadamente con el 12 de marzo de 515 AC, seis semanas antes de la pascua.
La reconstrucción del templo, desde el momento cuando se colocaron los cimientos por segunda vez, (el 24 de Quisleu, del 2.º año de Darío), hasta su terminación, había llevado unos 4 años y 3 meses, aproximadamente 2 años y 3 meses menos que el tiempo necesario para la construcción del templo de Salomón. Es probable que la razón de esta diferencia se deba a que en primer lugar Salomón debió preparar una superficie plana sobre la cual se levantarían los diversos edificios del conjunto que constituiría el templo, tarea no pequeña. Aunque las subestructuras que ahora se ven en la zona del templo de Jerusalén son de tiempos herodianos o posteriores, hasta donde sea posible revelan el ingerente esfuerzo que los antiguos constructores deben haber realizado para construir una plataforma que sirviera de base para el templo y sus muchos edificios auxiliares. Cuando los exiliados retornaron, tal vez encontraron que buena parte de esta infraestructura todavía podía usarse, sin que se necesitara incurrir en largos y costosos trabajos de reparación. Además, los edificios parecen haber sido más sencillos y menos numerosos que los del tiempo de Salomón, y probablemente su decoración fue más simple (ver cap. 3: 12). También ya se había realizado algún trabajo de construcción desde que el primer decreto fuera promulgado. Todo esto puede ayudar a explicar las razones por las cuales se tardó relativamente poco en construir el segundo templo.
No tenemos ninguna información en cuanto al tamaño del nuevo templo, el número de edificios adyacentes, su disposición y su forma exterior. Es posible que el templo de Salomón, o quizá el templo ideal de Ezequiel (Eze. 40-42) pudieran haber servido como modelo de algunas partes. Se puede saber por algunos textos (Esd. 8: 29; Neh. 12: 44;13: 4, 5), donde se mencionan las dependencias del templo, que éste tenía edificios auxiliares como los había tenido el templo de Salomón. En algunas de esas cámaras se guardaban los tesoros del templo; otras servían como oficinas para ciertos sacerdotes. Según 1 Mac. 4: 38, el templo estaba rodeado por varios patios.
16. Hicieron la dedicación.
El informe de la fiesta de la dedicación es breve. Sólo dice que (1) fue una fiesta de gozo, (2) se ofrecieron muchos sacrificios y (3) de ese día en adelante los servidores del templo, los sacerdotes y los levitas realizaron los servicios prescritos en la ley de Moisés. Sin duda la música tuvo un lugar importante en las actividades del día de la dedicación, pues se había cantado mucho en ocasiones similares, en tiempos anteriores (ver 1 Crón. 16: 4-36; 2 Crón. 29: 25-29).
17. Cien becerros.
El número de los animales sacrificados en ocasión de esta dedicación es pequeño en comparación con el que se sacrificó en ocasiones similares durante los reinados de Salomón (1 Rey. 8: 63), Ezequías (2 Crón. 30: 24), y Josías (2 Crón. 35: 7). En lugar de miles, ahora se sacrificaron centenares.
Todo Israel.
En el vers. 16 se hace referencia a la congregación como "los hijos de Israel" . El autor se cuida de presentar a los repatriados como "Israel" y no sólo como "Judá" (ver caps. 2: 70; 3: 1; 4: 3; 5:1). Se ofrecieron 12 machos cabríos (cap. 6: 17), uno por cada tribu del reino indiviso. Podemos suponer que habían regresado representantes de todas las tribus con Zorobabel, y que en consecuencia era posible considerar que los repatriados en verdad eran "Israel" (ver Neh. 11: 20; Jer. 50: 4; Eze. 37: 15-19; Zac. 8: 13; Mal. 1: 1). Sin embargo la gran mayoría de los repatriados eran de las tribus de Judá y de Benjamín, y por lo tanto se los llamaba comúnmente "Judá" (Esd. 4: 1, 6; 5: 1; Zac. 8: 15). Deseoso de hacer resaltar la idea más noble y más grande de ver en la congregación a algunos de los que habían quedado de todo el pueblo de Dios, Zorobabel mandó que en solemne expiación se sacrificaran 12 machos cabríos, uno por cada tribu. Esdras hizo lo mismo cuando llegó a Jerusalén con el segundo grupo de exiliados, unos 60 años más tarde (Esd. 8: 35).
18. Los sacerdotes en sus turnos.
Era natural que después de terminar la construcción del nuevo templo, siguiendo el arreglo original hecho por David (ver 1 Crón. 23: 6-23; 24: 1-19). Esta disposición se basaba en 364 las ordenanzas de la ley acerca de las dos órdenes - sacerdotes y levitas - así como aparecen en Núm. 3: 6-10; 8: 6- 26, pero los "turnos" mismos no se establecieron hasta el tiempo de David.
19. Celebraron la pascua.
Con este versículo el autor vuelve a escribir en hebreo, idioma que sigue empleando hasta el cap. 7: 11. El que Esdras hubiera escrito parte de su libro en hebreo y parte en arameo se explica diciendo sencillamente que los judíos conocían bien ambos idiomas. El arameo era el lenguaje común del Imperio Persa. Los decretos oficiales se escribían en arameo.
En la historia judía se celebraron varias pascuas de particular solemnidad, y los autores bíblicos hacen especial mención de ellas. Tales fueron la pascua celebrada por Ezequías después de haber limpiado el templo (2 Crón. 30), y la que celebró Josías después de haber completado su reforma (2 Crón. 35). Estas dos pascuas acompañaron un reavivamiento del culto en el templo después de un período de apostasía. Esdras coloca en la misma categoría la pascua celebrada después de la dedicación del nuevo templo. Esto no quiere decir que los repatriados no hubieran celebrado la pascua antes del año 515 AC, pues en Esd. 3: 5 se afirma que observaron "todas las fiestas solemnes de Jehová" tan pronto como llegaron a su patria. sin embargo, esa primera pascua, celebrada después de la terminación del nuevo templo, señaló el total restablecimiento de los cultos regulares, que habían sido más o menos interrumpidos desde el tiempo de la destrucción del primer templo.
A los catorce días.
El día fijado por la ley de Moisés (ver Exo. 12: 6). Esto fue aproximadamente el 21 de abril de 515 AC.
20. Se habían purificado a una.
Aunque la traducción de la RVR probablemente es correcta, algunos comentadores proponen esta otra: "Porque los sacerdotes se habían purificado, mientras que los levitas estaban todos puros, como un solo hombre". Quienes aceptan esta traducción piensan que en la segunda mitad del ver. 20 se hace referencia a los levitas como los que sacrificaron la pascua tanto para los sacerdotes como para los laicos, pues estaban más completamente santificados que los sacerdotes. Una situación tal se describe en 2 Crón. 29: 34, donde se dice que en tiempo de Ezequías los levitas eran más rectos de corazón que los sacerdotes. Los traductores de la BJ hacen una distinción entre los levitas y los sacerdotes, pero señalan que los levitas mataron el sacrificio porque esta tarea correspondía a los laicos. La traducción de RVR, la más comúnmente aceptada, no hace distinción entre los sacerdotes y los levitas, y sostienen que ambos grupos estaban igualmente preparados para esta solemne ocasión. Presenta a los sacerdotes y levitas como que hubieran cooperado en el sacrificio de los corderos pascuales.
21. Se habían apartado.
Después de haber mencionado a los repatriados, Esdras se refiere aquí a un segundo grupo de israelitas que participó en la celebración de la pascua. Estos deben haber sido algunos de los "pobres de la tierra" que Nabucodonosor dejó en 586 AC "para que labrasen las viñas y la tierra" (2 Rey. 25: 12). Durante los largos años del exilio, mientras los sacerdotes y los dirigentes religiosos estuvieron en Babilonia, esta pobre gente ignorante parece haber aceptado muchas prácticas paganas. Los exiliados habían ganado una nueva experiencia religiosa en la escuela de la tribulación bajo la saludable influencia de hombres como Daniel y Ezequiel. De modo que exigieron que los que no habían estado en Babilonia reformaran su vida a fin de formar parte del nuevo Estado. Algunos de los que se mencionan aquí pueden haber sido extranjeros que aceptaron de todo corazón la religión judía y la congregación de los judíos los recibió como iguales. Como ocurrió en el tiempo del éxodo, se tomaron disposiciones para que todos los que desearan unirse al pueblo de Dios, así lo hicieran.
22. La fiesta solemne de los panes sin levadura.
Esta fiesta se celebró durante una semana, como lo exigía la ley (Exo. 12: 15; 13: 7; Lev. 23: 6). En cuanto al significado espiritual de la fiesta, ver 1 Cor. 5: 8.
Rey de Asiria.
Por lo general se entiende que este título se refiere a Darío, pero es sorprendente que se lo llame "Rey de Asiria". Es cierto que desde Ciro hasta Jerjes los reyes persas llevaron el título de "rey de Babilonia" además de sus otros títulos, pero nunca se hicieron llamar "rey de Asiria". Puesto que Babilonia había sido parte de Asiria durante siglos, pero finalmente había reemplazado a ese imperio al ocupar todo su territorio, es posible que se emplee aquí el nombre de Asiria como sinónimo de Babilonia (ver com. 2 Rey. 23: 29).
Según otra interpretación, aquí Asiria es sólo una designación de la gran potencia dominante de Asia Occidental, aunque en el momento cuando se hizo la declaración podría tratarse de Babilonia, Persia, o algún otro poder. Esta posición encuentra apoyo en documentos del período intertestamentario, en los cuales se llama asirios a los reyes seléucidas.
CBA T3
El pedido de Tatnai, representante del sátrapa de "Del otro lado del río", recibió la inmediata atención de Darío (cap. 5: 17).
La casa de los archivos.
Literalmente, "la casa de los libros". Es decir, la biblioteca o los archivos reales. Con referencia a la posibilidad de que también se guardaran allí los "tesoros", ver com. cap. 5: 17. La BJ traduce: "Los archivos del tesoro"."
En Babilonia.
Pareciera que los judíos sugirieron a Tatnai, durante su visita a Jerusalén, que el documento original quizá estaba en los archivos reales en Babilonia. Por eso había insinuado que en Babilonia debía hacerse la investigación (cap. 5: 17). Darío aceptó esa insinuación y mandó que se buscara en Babilonia, pero no se encontró nada.
2. En Acmeta.
Cuando no se encontró el documento al cual hacía referencia la carta de Tatnai, sin duda se dio otra orden para que la búsqueda se extendiera a los archivos reales de las otras ciudades capitales de Persia: Ecbatana y Susa. Esto indica un sincero esfuerzo del rey y de sus funcionarios de ser justos y de hacer una investigación completa antes de llegar a una decisión. Esto es sumamente elogiable. Los persas fácilmente podrían haber abandonado la búsqueda al no encontrar en Babilonia ningún decreto de Ciro referente a los judíos. Al extender la búsqueda a otros lugares donde sin duda se sabía que había documentos del primer año de Ciro, esos magistrados hacían todo lo posible para llegar a una decisión justa e imparcial.
Acmeta era la antigua capital de los medos. En antiguo persa se la llamaba Hagmatana, y en griego, Ecbatana. Hoy lleva el nombre de 360 Hamadán. Como está en las montañas del oeste de Irán, a 1.829 m. sobre el nivel del mar, los reyes persas la empleaban como una de las capitales veraniegas, cuando Babilonia, situada en el valle junto al río, resultaba insoportablemente calurosa en la temporada estival. Según el censo de 1971, la ciudad de Hamadán tenía 130.000 habitantes.
El hecho de que el documento se encontrara en Ecbatana y no en Babilonia indica que Ciro residía allí cuando fue promulgado el decreto. En cuanto a la relación entre esto y la fecha de emisión del decreto, ver com. cap 1: 1.
Un libro.
Arameo, "rollo". Todos los documentos del período del Imperio Persa que se han encontrado en Persia y Mesopotamia están en tablillas, escritas en cuneiforme. Debido a las condiciones climáticas de esos países, los registros persas escritos en materiales perecederos, tales como cuero o papiro, no han perdurado. Pero en Egipto se han conservado documentos persas de ese período escritos en cuero y en papiro, lo que constituye una prueba de la exactitud de esta afirmación de que el decreto oficial de Ciro fue escrito en un rollo, y no en una tablilla de arcilla. Puesto que el idioma oficial y universal del Imperio Persa era el arameo, según lo atestiguan los documentos hallados en Egipto, puede darse por sentado que el decreto de Ciro fue escrito en arameo.
3. Dio orden.
Ver com. cap. 1: 1-4. Las diferencias superficiales que se aprecian entre esta copia del decreto y lo que se registra en el cap. 1: 1-4 se deben a que esta copia sólo era para uso oficial, mientras que la otra fue publicada. El decreto publicado contenía el permiso para retornar a palestina, para reconstruir allí el templo y para reunir dinero para ese fin, pero no mencionaba la decisión de Ciro de proporcionar fondos públicos para la erección del templo (ver com. cap. 1: 4). Sin embargo, la copia del decreto que daba las instrucciones a los funcionarios del reino afirmaba claramente que el costo había de pagarse de la tesorería real (cap. 6: 4). En esta copia también hay especificaciones exactas en cuanto a los métodos de construcción.
Su altura.
La cifra que se da aquí para la altura del nuevo templo es el doble de la medida del templo de Salomón, y su ancho es tres veces mayor (ver 1 Rey. 6: 2). No se da la longitud del nuevo edificio. El templo de Salomón medía 60 codos. Sin embargo, se dice que el nuevo templo era "como nada" en comparación con el de Salomón (Hag. 2: 3) y los que habían conocido el templo de Salomón lloraron al ver los cimientos del nuevo edificio, debido a su evidente inferioridad (Esd. 3: 12; cf. PR 413). Es posible que el largo del codo del decreto de Ciro fuera algo diferente del codo judío, aunque es difícil que la diferencia hubiera sido tan grande como para justificar el llanto por la pequeñez del templo. Es más razonable pensar que Ciro dio permiso para que se edificara un edificio mucho mayor del que en realidad construyeron los judíos. Pero debido a que tenían un subsidio real (ver com. cap. 1: 4), es difícil pensar que se hubieran conformado con un edificio tan inferior al de Salomón. Quizá las dimensiones que aparecen en el decreto de Ciro correspondan sólo al frente del templo, la parte de proporciones más impresionantes que el resto del edificio.
4. Una de madera nueva.
Ver com. cap. 5: 8.
El gasto.
Ver com. caps. 1: 4 y 6: 3
5 los utensilios de oro y de plata.
Ver com. cap. 1: 7-11.
6. Tatnai.
Acerca de Tatnai y de los otros que aquí se mencionan, ver com. cap. 5: 3, 6.
Alejaos.
Es posible que el autor del informe oficial citado en Esd. 6 hubiera abreviado o condensado la carta de Darío, y hubiera presentado sólo sus partes esenciales: el resumen del decreto de Ciro, y el decreto confirmatorio de Darío. El primer punto importante de la carta de Darío es una advertencia a los fucionarios de la satrapía "Del otro lado del río" para que no interfirieran con la obra en Jerusalén. El lenguaje de toda la carta muestra que un rey fuerte y decidido gobernaba al país. Algunos de los decretos de otros gobernantes persas, según aparecen en Esdras y Ester, revelan claramente la vacilación de los reyes que los promulgaron.
8. Por mí es dada orden.
Darío no se conformó con mandar a Tatnai una copia del decreto de Ciro para que supiera que los judíos tenían el derecho de seguir construyendo el templo. Confirmó el decreto anterior con otro suyo que sobrepasan las generosas disposiciones del anterior (ver com. cap. 1: 7).
Gastos.
Ciro había decretado que los gastos de la reconstrucción del templo de Jerusalén 361 fueran pagados parcialmente con fondos públicos (vers. 4). Es probable que nunca se hubiera cumplido esta parte del decreto (ver cap. 4: 4, 5), porque los samaritanos parecen haber logrado frustrar las buenas intenciones de Ciro. Cuando por la copia del decreto de Ciro que se encontró en Ecbatana Darío supo que se había prometido ayuda financiera a los judíos, quizá inquirió en la tesorería real cuánto se había gastado en la construcción del templo desde que se había promulgado ese primer decreto. Su enojo al saber que poco o nada era lo que se había pagado hasta el momento, se manifiesta en el lenguaje vigoroso empleado en esta carta a Tatnai: "Alejaos de allí" (vers. 6); "dejad que se haga la obra" (vers. 7); "para que no cese la obra" (vers. 8); "sin obstáculo alguno" (vers. 9); y especialmente las amenazas del vers. 11 en el caso de que este decreto no fuera tenido en cuenta.
Ciro no había definido con precisión el origen de la ayuda financiera. Sólo decía que debía pagarse del "tesoro del rey" (vers, 4), lo que podría significar que el dinero debía sacarse de los fondos del rey, aunque todo el dinero público se desembolsaba a discreción del rey. Sin embargo, Darío mando que los gastos de los hombres empleados en la construcción del templo fueran pagados por el sátrapa de "Del otro lado del río", de los tributos reales de la provincia. Es de suponer que así no se añadiría ninguna carga a los contribuyentes.
Muchos comentadores modernos han puesto en duda la autenticidad de esta parte del decreto porque afirman que no puede pensarse que un rey persa se interesara tanto por el templo de una nación tan distante e insignificante. Sin embargo, en la historia secular encontramos algunos casos paralelos. Esta fue la política de Ciro, no sólo respecto al templo de Jerusalén, sino también en el caso de muchos otros santuarios (ver com. cap. 1: 2). Se nos informa que después de haber conquistado Egipto, Cambises, hijo de Ciro, hizo limpiar el templo de Neith en Sais; aseguró a los sacerdotes sus ingresos habituales y concedió al templo regalos reales, como lo habían hecho antes los reyes egipcios. Incluso Antíoco el Grande obsequió a los judíos con mucho vino, aceite, incienso, trigo y sal para los sacrificios y dinero para completar el templo ( Antigüedades xii. 3. 3), en señal de aprecio por la lealtad de ellos durante la primera parte de su reinado.
9. Becerros, carneros y corderos.
Estos eran los principales animales que empleaban los judíos para los sacrificios. Se necesitaba un cordero cada mañana y otro cada tarde, 2 más el día sábado, 7 en cada una de las grandes fiestas y 14 cada día de la fiesta de los tabernáculos. Esto representaba un total de más de mil por año. Se ofrecían becerros y carneros, además de los corderos, en las ocasiones más solemnes. También se solían sacrificar cabritos.
Trigo, sal, vino y aceite.
Estos productos se empleaban para las libaciones y las ofrendas encendidas que debían acompañar a todos los holocaustos (Exo. 29: 40, 41; ver com. Lev. 2: 13).
Conforme a lo que dijeren.
Fue una concesión sumamente extraordinaria la que permitió que los sacerdotes judíos fijaran la cantidad que debían recibir de parte del sátrapa. Darío debe haber tenido confianza en que los judíos no abusarían de su generosidad. Sin duda la integridad de hombres como Daniel, Mardoqueo, Esdras, Nehemías y quizá otros, había impresionado profundamente a los monarcas a los cuales habían servido. Es probable que algunos judíos influyentes hubieran estado empleados en altos cargos administrativos (o del Interior) del Imperio Persa. Quizá alguno de ellos tuvo que ver con la preparación de este decreto de Darío.
10. Oren.
El rey pedía que su generosidad y buena voluntad fueran pagadas con sacrificios y oraciones en su favor. La inscripción del Cilindro de Ciro (ver com. cap. 1: 2) es muy parecida a este pedido. Allí el rey afirma que había restablecido el culto a los dioses babilonios a fin de que los babilonios pudieran pedir diariamente a Bel y a Nabu que lo bendijeran a él y a su hijo Cambises concediéndoles larga vida. La práctica de los judíos en tiempos de los Macabeos indica que ellos no se oponían a cumplir con tal pedido. En esa época ofrecían sacrificios en favor de los reyes Seléucidas (1 Mac. 7: 33).
11. Sea colgado.
Esto no significa ahorcar, sino empalar, cruel forma de ejecución muy practicada por los asirios. Muchos de sus relieves representan a hombres empalados, principalmente enemigos cautivos. Se conocían dos formas de empalar. En los dos métodos se afirmaba en el suelo un palo cuya punta 362 estaba bien aguzada. Algunas veces se hacía sentar a la víctima desnuda sobre ese palo para que le atravesara las vísceras. Otras veces se le hacía pasar el palo por el pecho.
En los documentos antiguos son comunes las amenazas como las que Darío agregó a su decreto. Cuando se consideran las costumbres de los monarcas absolutos de la antigüedad, las amenazas de este decreto no son excepcionales. La gente que leía los decretos reales en el antiguo Cercano Oriente se había acostumbrado a ellas, y muchas veces había presenciado su ejecución. Por ejemplo, el famoso Código de Hammurabi contiene unas 250 líneas de imprecaciones contra cualquiera que modificara alguna de sus ordenanzas. Darío creyó que su decreto necesitaba respaldarse en esa clase de lenguaje. Los samaritanos habían demostrado su habilidad para desafiar las órdenes reales. El decreto tenía el propósito de intimidarlos e impedir así que hicieran más daño.
13. Tatnai.
Con referencia a las personas mencionadas en este versículo, ver com. cap. 5: 3, 6.
Hicieron puntualmente.
No sintiendo ninguna enemistad contra los judíos, como es evidente por lo que habían hecho antes y por su carta a Darío, Tatnai y los funcionarios que lo acompañaban cumplieron prontamente el mandato real. El rey les había hecho saber su voluntad con palabras inconfundibles, y con todo celo ellos realizaron lo que les ordenó. En parte debe atribuirse a su buena voluntad la rápida terminación de la construcción del templo. Tatnai y su séquito deben haber vuelto a Jerusalén para hacer un estudio de las necesidades económicas de los judíos y para determinar la cantidad de animales que se necesitaban para los sacrificios del servicio religioso del templo (ver com. vers. 9).
14. Prosperaban.
Los judíos, que habían experimentado tantos chascos y tantas dificultades durante los últimos años, no podrían haber esperado una mayor o más gozosa sorpresa que el mensaje del nuevo decreto de Darío. Repentinamente se cumplieron las profecías de Hageo, quien les había recordado que su Dios era el dueño de la plata y del oro y que le sería fácil proporcionar los medios necesarios para completar la tarea que por fe habían iniciado (Hag. 2: 8). El día cuando pusieron los cimientos, el Señor había prometido: " "Desde este día os bendeciré" " (Hag. 2: 19). El cumplimiento de esa promesa fue maravilloso. En verdad, las bendiciones recibidas deben haber sobrepasado en mucho sus más atrevidas esperanzas.
El otro profeta de la época había dicho que " "los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán" " (Zac. 4: 10). Cuán pobres y miserables parecieron sus esfuerzos cuando por segunda vez comenzaron a construir la casa de su Dios. Aunque habían obedecido a los profetas y habían comenzado a construir, estaban atemorizados por verse rodeados de enemigos. Sin embargo, habían confiado en la palabra del profeta que había afirmado enfáticamente que "las manos de Zorobabel" que habían echado el "cimiento de la casa" , también lo completarían, y que así se habría de saber que Jehová de los ejércitos había enviado a Zorobabel (Zac. 4: 9).
Artajerjes.
Algunos de los comentadores que identificaban al Artajerjes del cap. 4: 7 con el falso Esmerdis, también identificaban al Artajerjes del cap. 6: 14 con el falso Esmerdis. Pero el rey que se menciona aquí es Artajerjes I. Son dos las razones para afirmarlo: 1. Es difícil pensar que después de haber sido hostil a los judíos, Esmerdis, dentro del lapso de los 7 meses que reinó, hubiera promulgado un decreto favorable. 2. Porque el Artajerjes que aquí se menciona aparece después de Darío. Por el tiempo de Esdras, Ciro, Darío y Artajerjes habían promulgado decretos acerca del templo y sus servicios. Parecería haber una contradicción entre la afirmación de que se necesitó el decreto de Artajerjes para que se completara la obra del templo, y la declaración del vers. 15 en el sentido de que el templo fue terminado durante el reinado de Darío. Esta aparente contradicción puede resolverse si se supone que el hermoseamiento de la casa de Jehová (cap. 7: 27), realizado por Artajerjes, fue en todo el sentido de la palabra el toque final de la construcción del templo. Por eso Esdras se sintió con derecho a incluir a Artajerjes como el tercero de los tres reyes cuyos decretos posibilitaron la restauración del templo y de Jerusalén (ver caps. 7: 27; 9: 9).
El que se mencione al rey Artajerjes en este versículo es una prueba de que el libro de Esdras no fue escrito en tiempo de Zorobabel, sino en el de Esdras, probablemente durante el reinado de Artajerjes.
15. Fue terminada.
Se da la fecha exacta de la terminación del templo, y probablemente también el día de la dedicación que se describe en los vers. 16-18. El 3 de Adar del 6.º año del reinado de Darío I corresponde aproximadamente con el 12 de marzo de 515 AC, seis semanas antes de la pascua.
La reconstrucción del templo, desde el momento cuando se colocaron los cimientos por segunda vez, (el 24 de Quisleu, del 2.º año de Darío), hasta su terminación, había llevado unos 4 años y 3 meses, aproximadamente 2 años y 3 meses menos que el tiempo necesario para la construcción del templo de Salomón. Es probable que la razón de esta diferencia se deba a que en primer lugar Salomón debió preparar una superficie plana sobre la cual se levantarían los diversos edificios del conjunto que constituiría el templo, tarea no pequeña. Aunque las subestructuras que ahora se ven en la zona del templo de Jerusalén son de tiempos herodianos o posteriores, hasta donde sea posible revelan el ingerente esfuerzo que los antiguos constructores deben haber realizado para construir una plataforma que sirviera de base para el templo y sus muchos edificios auxiliares. Cuando los exiliados retornaron, tal vez encontraron que buena parte de esta infraestructura todavía podía usarse, sin que se necesitara incurrir en largos y costosos trabajos de reparación. Además, los edificios parecen haber sido más sencillos y menos numerosos que los del tiempo de Salomón, y probablemente su decoración fue más simple (ver cap. 3: 12). También ya se había realizado algún trabajo de construcción desde que el primer decreto fuera promulgado. Todo esto puede ayudar a explicar las razones por las cuales se tardó relativamente poco en construir el segundo templo.
No tenemos ninguna información en cuanto al tamaño del nuevo templo, el número de edificios adyacentes, su disposición y su forma exterior. Es posible que el templo de Salomón, o quizá el templo ideal de Ezequiel (Eze. 40-42) pudieran haber servido como modelo de algunas partes. Se puede saber por algunos textos (Esd. 8: 29; Neh. 12: 44;13: 4, 5), donde se mencionan las dependencias del templo, que éste tenía edificios auxiliares como los había tenido el templo de Salomón. En algunas de esas cámaras se guardaban los tesoros del templo; otras servían como oficinas para ciertos sacerdotes. Según 1 Mac. 4: 38, el templo estaba rodeado por varios patios.
16. Hicieron la dedicación.
El informe de la fiesta de la dedicación es breve. Sólo dice que (1) fue una fiesta de gozo, (2) se ofrecieron muchos sacrificios y (3) de ese día en adelante los servidores del templo, los sacerdotes y los levitas realizaron los servicios prescritos en la ley de Moisés. Sin duda la música tuvo un lugar importante en las actividades del día de la dedicación, pues se había cantado mucho en ocasiones similares, en tiempos anteriores (ver 1 Crón. 16: 4-36; 2 Crón. 29: 25-29).
17. Cien becerros.
El número de los animales sacrificados en ocasión de esta dedicación es pequeño en comparación con el que se sacrificó en ocasiones similares durante los reinados de Salomón (1 Rey. 8: 63), Ezequías (2 Crón. 30: 24), y Josías (2 Crón. 35: 7). En lugar de miles, ahora se sacrificaron centenares.
Todo Israel.
En el vers. 16 se hace referencia a la congregación como "los hijos de Israel" . El autor se cuida de presentar a los repatriados como "Israel" y no sólo como "Judá" (ver caps. 2: 70; 3: 1; 4: 3; 5:1). Se ofrecieron 12 machos cabríos (cap. 6: 17), uno por cada tribu del reino indiviso. Podemos suponer que habían regresado representantes de todas las tribus con Zorobabel, y que en consecuencia era posible considerar que los repatriados en verdad eran "Israel" (ver Neh. 11: 20; Jer. 50: 4; Eze. 37: 15-19; Zac. 8: 13; Mal. 1: 1). Sin embargo la gran mayoría de los repatriados eran de las tribus de Judá y de Benjamín, y por lo tanto se los llamaba comúnmente "Judá" (Esd. 4: 1, 6; 5: 1; Zac. 8: 15). Deseoso de hacer resaltar la idea más noble y más grande de ver en la congregación a algunos de los que habían quedado de todo el pueblo de Dios, Zorobabel mandó que en solemne expiación se sacrificaran 12 machos cabríos, uno por cada tribu. Esdras hizo lo mismo cuando llegó a Jerusalén con el segundo grupo de exiliados, unos 60 años más tarde (Esd. 8: 35).
18. Los sacerdotes en sus turnos.
Era natural que después de terminar la construcción del nuevo templo, siguiendo el arreglo original hecho por David (ver 1 Crón. 23: 6-23; 24: 1-19). Esta disposición se basaba en 364 las ordenanzas de la ley acerca de las dos órdenes - sacerdotes y levitas - así como aparecen en Núm. 3: 6-10; 8: 6- 26, pero los "turnos" mismos no se establecieron hasta el tiempo de David.
19. Celebraron la pascua.
Con este versículo el autor vuelve a escribir en hebreo, idioma que sigue empleando hasta el cap. 7: 11. El que Esdras hubiera escrito parte de su libro en hebreo y parte en arameo se explica diciendo sencillamente que los judíos conocían bien ambos idiomas. El arameo era el lenguaje común del Imperio Persa. Los decretos oficiales se escribían en arameo.
En la historia judía se celebraron varias pascuas de particular solemnidad, y los autores bíblicos hacen especial mención de ellas. Tales fueron la pascua celebrada por Ezequías después de haber limpiado el templo (2 Crón. 30), y la que celebró Josías después de haber completado su reforma (2 Crón. 35). Estas dos pascuas acompañaron un reavivamiento del culto en el templo después de un período de apostasía. Esdras coloca en la misma categoría la pascua celebrada después de la dedicación del nuevo templo. Esto no quiere decir que los repatriados no hubieran celebrado la pascua antes del año 515 AC, pues en Esd. 3: 5 se afirma que observaron "todas las fiestas solemnes de Jehová" tan pronto como llegaron a su patria. sin embargo, esa primera pascua, celebrada después de la terminación del nuevo templo, señaló el total restablecimiento de los cultos regulares, que habían sido más o menos interrumpidos desde el tiempo de la destrucción del primer templo.
A los catorce días.
El día fijado por la ley de Moisés (ver Exo. 12: 6). Esto fue aproximadamente el 21 de abril de 515 AC.
20. Se habían purificado a una.
Aunque la traducción de la RVR probablemente es correcta, algunos comentadores proponen esta otra: "Porque los sacerdotes se habían purificado, mientras que los levitas estaban todos puros, como un solo hombre". Quienes aceptan esta traducción piensan que en la segunda mitad del ver. 20 se hace referencia a los levitas como los que sacrificaron la pascua tanto para los sacerdotes como para los laicos, pues estaban más completamente santificados que los sacerdotes. Una situación tal se describe en 2 Crón. 29: 34, donde se dice que en tiempo de Ezequías los levitas eran más rectos de corazón que los sacerdotes. Los traductores de la BJ hacen una distinción entre los levitas y los sacerdotes, pero señalan que los levitas mataron el sacrificio porque esta tarea correspondía a los laicos. La traducción de RVR, la más comúnmente aceptada, no hace distinción entre los sacerdotes y los levitas, y sostienen que ambos grupos estaban igualmente preparados para esta solemne ocasión. Presenta a los sacerdotes y levitas como que hubieran cooperado en el sacrificio de los corderos pascuales.
21. Se habían apartado.
Después de haber mencionado a los repatriados, Esdras se refiere aquí a un segundo grupo de israelitas que participó en la celebración de la pascua. Estos deben haber sido algunos de los "pobres de la tierra" que Nabucodonosor dejó en 586 AC "para que labrasen las viñas y la tierra" (2 Rey. 25: 12). Durante los largos años del exilio, mientras los sacerdotes y los dirigentes religiosos estuvieron en Babilonia, esta pobre gente ignorante parece haber aceptado muchas prácticas paganas. Los exiliados habían ganado una nueva experiencia religiosa en la escuela de la tribulación bajo la saludable influencia de hombres como Daniel y Ezequiel. De modo que exigieron que los que no habían estado en Babilonia reformaran su vida a fin de formar parte del nuevo Estado. Algunos de los que se mencionan aquí pueden haber sido extranjeros que aceptaron de todo corazón la religión judía y la congregación de los judíos los recibió como iguales. Como ocurrió en el tiempo del éxodo, se tomaron disposiciones para que todos los que desearan unirse al pueblo de Dios, así lo hicieran.
22. La fiesta solemne de los panes sin levadura.
Esta fiesta se celebró durante una semana, como lo exigía la ley (Exo. 12: 15; 13: 7; Lev. 23: 6). En cuanto al significado espiritual de la fiesta, ver 1 Cor. 5: 8.
Rey de Asiria.
Por lo general se entiende que este título se refiere a Darío, pero es sorprendente que se lo llame "Rey de Asiria". Es cierto que desde Ciro hasta Jerjes los reyes persas llevaron el título de "rey de Babilonia" además de sus otros títulos, pero nunca se hicieron llamar "rey de Asiria". Puesto que Babilonia había sido parte de Asiria durante siglos, pero finalmente había reemplazado a ese imperio al ocupar todo su territorio, es posible que se emplee aquí el nombre de Asiria como sinónimo de Babilonia (ver com. 2 Rey. 23: 29).
Según otra interpretación, aquí Asiria es sólo una designación de la gran potencia dominante de Asia Occidental, aunque en el momento cuando se hizo la declaración podría tratarse de Babilonia, Persia, o algún otro poder. Esta posición encuentra apoyo en documentos del período intertestamentario, en los cuales se llama asirios a los reyes seléucidas.
CBA T3

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