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Del foso de los leones al foso del ángel - Libro complementario: 8

Capítulo 7

DEL FOSO DE LOS LEONES A LA CUEVA DE LOS ÁNGELES

La liberación de Daniel del foso de los leones está entre las historias más amadas de la Biblia. Desde la perspectiva literaria, es paralela a la historia de la liberación de los tres jóvenes hebreos del horno ardiente (Dan. 3). Ambas narraciones muestran la fidelidad de Dios al empoderar a sus siervos para permanecer fieles en medio de las pruebas más desgarradoras. Ambas ilustran a los cautivos que desafían un decreto real y demuestran su lealtad a Dios con el riesgo de su propia vida. Ambas contienen un mensajero divino que entra en la refriega para apoyarlos y liberarlos. Y es interesante, así como no se sabe dónde estaba Daniel cuando sus compañeros pasaron por el fuego, no se nos dice dónde estaban los amigos de Daniel cuando pasó la noche con los leones. Pero, dondequiera que estuvieran, ellos habrían, como Daniel, retenido su integridad. Después de todo, ellos dependieron de Dios, no el uno del otro, para enfrentar los problemas de la vida.

La historia implica que la integridad y la lealtad de Daniel al servicio público condujeron al rey a hacer planes para designarlo sobre todo el reino, lo que provocó el celo de los colegas de Daniel. Acudiendo a un subterfugio, ellos tramaron un plan para librarse de él, solo para que estallara en sus propios rostros. Como muestra la narración, Dios estaba con Daniel, y lo vindicó ante sus enemigos y el rey.

La experiencia de Daniel es un modelo de estilo de vida sostenido en el tiempo y muestra que Dios sigue siendo fiel a su pueblo. Él puede no librar a todos del dolor físico y la muerte sobre la Tierra, pero todos finalmente serán vindicados cuando el Gran Conflicto llegue a su fin.

Conspiración y acusación

La reorganización administrativa que realizó Darío del reino y su excelente servicio público proveen el escenario para la narración. El rey establece una organización con regiones administrativas gobernadas por sátrapas y supervisadas por tres presidentes, uno de los cuales era Daniel. Pero la estructura, debe notarse, se estableció "a fin de que los intereses del rey no se vieran afectados" (Dan. 6:2, NVI). Esto sugiere que la corrupción ya era una preocupación en aquellos tiempos. Por ello, había necesidad de un sistema de rendición de cuentas, de los sátrapas a los presidentes, quienes informarían al rey para prevenir la corrupción y permitir que los impuestos y otros recursos fluyeran a la tesorería real. Sin embargo, el problema que inicia la reacción de los colegas de Daniel era el plan del rey de poner a Daniel sobre ellos. Ellos no podían quejarse de las notables calificaciones de Daniel, pero su celo, sed de poder, prejuicios y aun codicia los volvieron contra él.

Lamentablemente, la verdadera capacidad puede no ser bienvenida en algunos lugares, y los cristianos fieles pueden sufrir por causa de su integridad. Como con José en casa de Potifar: fue su carácter y su servicio los que le ganaron la supervisión de la casa de su amo. Pero el rehusar "pecar contra Dios" (Gén. 39:9) lo llevó a la cárcel, donde él experimentó la bendición que se describe en i Pedro:"[...] si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois [...]" (i Ped. 3:14).

Una vez que los enemigos de Daniel decidieron conspirar para derribarlo, pusieron su vida bajo una lupa. Ellos "buscaron ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado con el reino; pero no podían hallar motivo alguno o falta, porque él era fiel, y ningún error ni falta hallaron en él" (Dan. 6:4). No se nos dice cómo examinaron los conspiradores a Daniel, pero debieron de haber vigilado muy de cerca su vida profesional y pública, buscando fallas en su conducta, sobornos, conflictos de intereses y desviaciones del deber. Ellos pudieron haberlo espiado en sus asuntos privados a fin de encontrar alguna razón para descalificarlo para el servicio público. Pero, habiendo investigado cada rincón de la vida de Daniel, solo pudieron llegar a una conclusión: Daniel era fiel a toda prueba a "la ley de su Dios" (6:5). Como resultó ser, su trabajo no requirió mucho esfuerzo, porque Daniel no ocultaba su fe.

Habiéndoseles terminado las opciones, idearon un plan para enfrentar la ley del Estado contra la Ley de Dios. En tales circunstancias, sabiendo que Daniel se pondría de parte de Dios en contra del Estado, podían acusarlo de traición y enviarlo a la muerte. El plan de eliminar a Daniel está claramente delineado en la siguiente narración.

Formaron entonces los administradores y sátrapas una comisión para ir a hablar con el rey, y estando en su presencia le dijeron: "¡Que viva para siempre Su Majestad, el rey Darío! Nosotros los administradores reales, junto con los prefectos, sátrapas, consejeros y gobernadores convenimos en que Su Majestad debiera emitir y confirmar un decreto que exija que, durante los próximos treinta días, sea arrojado al foso de los leones todo el que adore a cualquier dios u hombre que no sea Su Majestad. Expida usted ahora ese decreto, y póngalo por escrito. Así, conforme a la ley de los medos y los persas, no podrá ser revocado". El rey Darío expidió el decreto y lo puso por escrito (Dan. 6:6-9, NVI).

Debe mencionarse que tal decreto parece extraño en vista del hecho de que los persas no divinizaban a sus reyes, aunque trataban al rey como un representante de la divinidad.1 De este modo, no debe entenderse este decreto "como realmente divinizando al rey, sino designándolo como el único representante legítimo de la divinidad por un lapso especificado".2 Siendo este el caso, Darío llegaría a ser solo el mediador o sacerdote entre los dioses y los humanos. Tal idea -probablemente presentada por los conspiradores de una manera que promoviera la lealtad hacia él- pudo haber sido halagadora para el rey. ¡Pero cuán a menudo la miel en la boca disimula la amargura en el corazón!

Los conspiradores presentaron el proyecto al rey en nombre de "todos los gobernadores" y oficiales. Un consenso tal difícilmente puede alcanzarse en la política, antigua o no. Era difícil que los 120 sátrapas esparcidos por todo un imperio tan extendido, desde el moderno Irán hasta la Turquía moderna, hubieran sido consultados. Además, Daniel, uno de los tres presidentes y el favorito del rey, no fue consultado. Y, lo más importante, Daniel nunca hubiera apoyado un decreto opuesto a los primeros dos mandamientos del Decálogo. Él atesoraba su herencia y no negaría al Dios de sus padres. "Mas yo soy Jehová, tu Dios, desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí" (Ose. 13:4).

Como con todas las leyes o decretos, estos solo son efectivos si estipulan el castigo por su transgresión. En este caso, el instrumento de castigo era el foso de los leones: "una cavidad subterránea con un agujero relativamente pequeño en la parte superior que podía cubrirse con una piedra grande".3 De hecho, leones feroces, ya sea en los bosques o después de soltarlos de jaulas donde se los guardaba para pelear, constituía un deporte antiguo.4 Aunque parece que no hay otro ejemplo de tal castigo durante el tiempo de los persas, textos asirios anteriores refieren que algunos que quebrantaron juramentos fueron puestos en jaulas con animales salvajes para ser devorados públicamente.5 El solo pensamiento de ser arrojado en un foso con leones hambrientos tendría un poder disuasivo para cualquier infractor potencial de la ley.

Así, con maliciosa estrategia, los colegas de Daniel consiguieron convencer al rey de que firmara el decreto propuesto. Para empeorar las cosas, el decreto no podía ser alterado. Pudieron haber temido que el rey cambiara de parecer una vez que descubriera la verdadera intención detrás de la ley, así que exigieron que el decreto se hiciera de acuerdo con las leyes inmutables de los medos y los persas. Ester 1:19 también menciona la naturaleza inmutable de tales leyes. Y el historiador griego Diodoro relata el caso del rey persa Darío III, que lamentó una sentencia de muerte que él había pasado contra un hombre. El rey lamentó no poder cambiarla porque había sido hecha por autoridad real.6 Al fin, el rey firmó el decreto inmutable, lo que socavó sus mejores intereses y aseguró la caída de su oficial favorito.

En este momento del fluir de la historia, Daniel tenía unos ochenta años y el "espíritu superior" que había en él (Dan. 6:3) muestra la obra del Espíritu de Dios en su vida. Póngase en los zapatos de Daniel e imagine una comisión hipotética, o una agencia del Gobierno examinando su vida pública y privada. ¿Qué habrían descubierto? ¿Cómo aparecerían sus finanzas y sus relaciones bajo el escrutinio? Afortunadamente para Daniel, él había aceptado la obra de la gracia en su corazón, y había ordenado su vida según la letra y el espíritu de la Ley de Dios.

Fidelidad y vindicación

Al saber del decreto, se presentaban delante de él varias opciones. Podría haber razonado que si había de ser muerto por los leones no podría seguir ayudando a sus compatriotas. Así que, él podría haber orado a Dios por medio de Darío, pero este camino era inaceptable. Podría haber suspendido sus oraciones por un mes y reiniciado su vida de oración después de que el decreto ya no tuviera fuerza. Podría haber orado en secreto en otra habitación o, sencillamente, cerrado las ventanas para evitar los ojos intrusos de sus enemigos. O él podría haber ofrecido oraciones silenciosas a Dios. Pero, bajo esas circunstancias angustiantes, él decidió continuar su práctica diaria de alabanza, oración y súplicas en forma abierta. Después de todo, "su vida de lealtad a Dios había sido vivida a la vista de todos".7 Cualquier cosa menos que eso hubiera sido una concesión a sus enemigos y una negación de su fe en Dios.

Daniel regresó a su casa "y subió a su dormitorio, cuyas ventanas se abrían en dirección a Jerusalén. Allí se arrodilló y se puso a orar y alabar a Dios, pues tenía por costumbre orar tres veces al día" (vers. 10, NVI). Orar tres veces al día recuerda el Salmo 55:17 al 19, donde David ora "en la tarde, al amanecer y al mediodía" pidiendo liberación. La costumbre de orar hacia Jerusalén viene de la oración de dedicación del Templo que ofreció Salomón. Él oró para que los que fueran llevados a tierras de sus captores miraran hacia la ciudad santa cuando oraran (i Rey. 8:39, 48-50; Sal. 55:i8); y en el cielo Dios escucharía sus súplicas y mantendría su causa, los perdonaría y les daría compasión delante de sus captores (i Rey. 8:48-50). Por medio del rey Darío, la compasión fue realizada milagrosamente en la vida de Daniel.

La narración bíblica registra el contenido de la oración de Daniel, y el texto ofrece un par de detalles útiles. Primero, Daniel se arrodilló en oración. Tal posición para orar aparece solo otras dos veces en todo el Antiguo Testamento: en la ocasión de la oración de dedicación del nuevo Templo (1 Rey. 8:54; 2 Crón. 6:13), y la gran oración de Esdras de confesión por el pecado nacional (Esd. 9:5). Podría ser que arrodillarse para orar haya sido la postura asociada con las oraciones corporativas en favor de la nación. Del mismo modo, la postura de rodillas de Daniel sugiere una oración intercesora por los pecados nacionales de su pueblo en un momento cuando el Exilio estaba por terminar y la repatriación estaba a la vista. Además, la oración intercesora de Daniel, registrada en Daniel 9, ocurre en el primer año del reinado de Darío, y corrobora aún más la idea de que la oración de Daniel pudo haberse ocupado de la condición espiritual de su pueblo.8

Tan pronto como los conspiradores vieron que Daniel ofrecía sus oraciones acostumbradas, se apresuraron a ir al rey con las traicioneras noticias. En su acusación, omitieron que Daniel era uno de los tres presidentes, y en cambio se refirieron a él como "Daniel, que es de los hijos de los cautivos de Judá" (Dan. 6:13). Esa fraseología suena a prejuicio, racismo y antisemitismo. Recuerda el discurso de Belsasar con aire de superioridad al dirigirse a Daniel como "de los hijos de la cautividad de Judá" (5:13), y a la referencia de los caldeos a los amigos de Daniel como "unos hombres judíos" (3:12). La insinuación probable era que no se podía confiar en un extranjero como Daniel, un exiliado que no era leal al rey.9 Tal intolerancia, racismo y prejuicio es una de las consecuencias más insidiosas del pecado. Como nota un autor, "Entre las formas colectivas de pecado que arrojan una maldición sobre el mundo de hoy están el racismo, el nacionalismo, el imperialismo, el sexismo y la discriminación por la edad.10

Darío no tenía otra opción que entregar a Daniel para que fuera arrojado al foso de los leones. Atrapado por sus propios oficiales, el rey, de mala gana, permitió que el proceso siguiera su curso. Sin embargo, antes de enviar a Daniel a su presunta ejecución, el rey expresó alguna esperanza de que el Dios de Daniel lo salvara (6:16). En lo que debió haber sido un momento muy doloroso para el rey, se puso una piedra sobre la boca del foso y se la selló con el anillo del rey y de sus nobles, para que ninguno intentara rescatarlo. Después de una noche sin dormir, el rey fue en busca de Daniel y llamó: "Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?" (vers. 20). El calificativo "Dios viviente" aparece en el Antiguo Testamento siempre en boca de sus seguidores, en Deuteronomio 5:26 (Moisés), Josué 3:10 (Josué), 1 Samuel 17:26 (David) y 2 Reyes 19:16 (Ezequías), para referirse al Dios de Israel como el verdadero Dios, en oposición a las impotentes divinidades de las naciones.11 Es notable que tal calificativo para el Dios de Israel aparezca en boca de un rey pagano. Pero, a la luz del rescate sobrenatural de Daniel, Darío tenía que reconocer que el Dios de Daniel era realmente el "Dios viviente".

Durante esa noche solitaria, el foso de los leones llegó a ser un foso de un ángel, porque Dios envió a su ángel para proteger a Daniel de los leones. Así como el cuarto hombre apareció en medio del fuego con los amigos de Daniel, el ángel de Dios vino para estar con Daniel en medio de los leones. Los ángeles desempeñan un rol crecientemente destacado en la sección profética de Daniel, al consolar al profeta y explicar las visiones.

La liberación de Daniel fue un acto de vindicación judicial. "Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones para que no me hicieran daño, porque ante él fui hallado inocente; y aún delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo" (Dan. 6:22). Siendo que el otro lado de la justicia es el castigo del culpable, el rey ordenó que los conspiradores fueran arrojados al foso de los hambrientos leones. El pensamiento de castigar a las esposas y los hijos por causa de los pecados de los esposos y padres va en contra de nuestro más elemental sentido de justicia y está prohibido en Deuteronomio 24:16. Ezequiel 18:20 claramente afirma que "el hijo no llevará el pecado del padre ni el padre llevará el pecado del hijo". Pero, el castigo es consistente con lo que sabemos acerca de la ley antigua. Aunque no significa que Dios necesariamente aprobara las acciones del rey, están en "armonía con la promesa profética de que así como Israel es salvado sus opresores se volverán contra sí mismos y serán aniquilados (Isa. 41:11-12; 49:25,26)".12

De esta manera, la narración que comenzó con un decreto que forzaba a todos a hacer pedidos solo al rey concluye con un decreto del mismo rey que ordena a todas las naciones adorar al Dios de Daniel. Como nota un comentador: "La inclusión del decreto de Darío que hace Daniel, el autor, le permite resumir las lecciones aprendidas por los gobernantes paganos a lo largo de toda la sección narrativa de Daniel (caps. 1-6) antes de pasar a la sección del libro que relatará sus visiones (caps. 7-12). Las visiones presuponen acciones y atributos de Dios planteados en los decretos de Nabucodonosor y de Darío. Las visiones siguen relatando cómo Dios traerá su Reino eterno a su pueblo y los salvará por la eternidad".13

De esto, aprendemos que Dios siempre es digno de adoración y obediencia, no importa el costo. Pero, a fin de desarrollar las cualidades de carácter de Daniel, debemos captar sólidamente el carácter de Dios como lo revela su Palabra. Cuando surgen las circunstancias que prueban nuestra lealtad, podemos confiar en que Dios nos ayudará a hacer la decisión correcta.

Una serena reflexión sobre la experiencia de Daniel podría ser una fuente de desánimo. Cuanto más cerca lo observemos, tanto más nos daremos cuenta de cuán lejos estamos de esa alta norma de espiritualidad. Pero, afortunadamente, su tarea, la tarea del cristiano, no es copiar a Daniel, sino mirar a Jesús, entregando todo al Salvador crucificado. Solo entonces podremos vivir como el Señor resucitado vive.

En este momento, deberíamos notar una lección espiritual potencialmente perturbadora. Es esta: la historia del foso de los leones muestra que Dios es capaz de librarnos de nuestras pruebas, pero no nos garantiza que siempre lo hará. Como lo observa un autor, un "Daniel inocente y fiel enfrenta el odio, el sufrimiento y la muerte, y Dios lo preservó. Un Jesús perfectamente inocente y siempre fiel enfrentó odio demoníaco, sufrimiento intenso y una muerte dolorosísima, pero Dios no lo escatimó. Su propio Hijo vivió una vida mejor que la que ninguno otro había vivido, y murió una muerte peor. No obstante, mientras Daniel surgió solo de la tumba que se le había preparado, el surgimiento de Jesús de su tumba garantizó que todos nos levantaremos. Daniel pudo haber sido un modelo para que imitemos, pero Jesús, el Daniel mayor, hace que nuestra vida sea posible, digna y que dure para siempre".14

Así, el así llamado "evangelio de la prosperidad", que promete salud y prosperidad, distorsiona el evangelio cruciforme de Jesucristo. Jesús mismo nos ha llamado a llevar la cruz y seguirlo. Muchos cristianos han soportado sufrimiento y aun el martirio por el nombre de Jesús. Hoy, los cristianos fieles pueden perder sus trabajos, sufrir persecución, o incluso morir, a pesar de su lealtad constante a Dios, pero la historia del foso de los leones muestra que Dios está junto a sus siervos, y finalmente vindicará a su pueblo y eliminará las fuerzas opositoras.

Conclusión

La historia de Daniel en el foso de los leones concluye la sección narrativa de Daniel, aunque la sección aramea continúa en el capítulo 7, que inicia la sección proféti-co-apocalíptica del libro. Antes de seguir a Daniel 7, vale la pena notar algunas conexiones posibles entre las secciones narrativas y las proféticas del libro, y unos pocos vínculos conceptuales entre Daniel 6 y 7.

Primero, la conspiración contra Daniel ilustra la persecución de los santos del Altísimo por el cuerno pequeño. Segundo, si las leyes de los medos y los persas no podían ser cambiadas, ¿cuánto menos podría cambiarse las leyes de Dios? No obstante, en un giro de ironía, el cuerno pequeño intenta cambiar la eterna Ley de Dios, algo que los medos y los persas nunca hubieran hecho con sus propias leyes. Y por fin, la presencia del Ángel de Dios entre los leones, para proteger a Daniel, anticipa el destacado papel de los ángeles en la segunda parte del libro, y posiblemente prefigure el papel de Miguel, quien se levanta para defender a su pueblo (Dan. 12).

Vínculos posibles entre Daniel 6 y 7 se encuentran en el examen que hicieron los enemigos de Daniel a su vida. Su conclusión de que su carácter era intachable, cierta e irónicamente, concuerda con la propia evaluación de Dios de su siervo, como lo muestra su vindicación de Daniel. Como resultado, los enemigos de Daniel recibieron su merecido en el foso de los leones, lo que ilustra la vindicación escatológica del pueblo de Dios y la eliminación del cuerno pequeño. Esta ejecución del juicio celestial en favor de los santos es la meta del Juicio: el Hijo del Hombre actúa en su favor. Así como el rey vence a los enemigos de Daniel, así Dios destruye al cuerno pequeño para siempre. Con la desaparición del mal, el fiel Daniel fue restaurado al servicio del rey. De la misma manera, la "majestad de los reinos debajo de todo el cielo sean [serán] dados al pueblo de los santos del Altísimo" (Dan. 7:27).


Referencias

1John E. Goldingay, Daniel, Word Biblical Commentary (Dallas: Word Incorporated, 1998), t. 30, p, 128.

2 John H. Walton, "The Decree of Darius the Mede ¡n Daniel 6", Journal ofthe Evangélica! Theological Society 31, 3 (1988), p. 280.

3 John H. Walton, ed., Isaiah, Jeremiah, Lamentations, Ezekiel, Daniel, Zondervan lllustrated Bible Backgrounds Commentary (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2009), libro 4, p. 546.

4Ver Ira M. Price, "Assurbanipal", ed. James Hastings et al., A Dictio-nary ofthe Bible (Nueva York: Charles Scribner's Sons, 1937), p. 176.

5 John H. Walton, Víctor H. Matthews y Mark W. Chavalas, The IVP Bible Background Commentary: Oíd Testament (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2000), Dan 6.7, Kindle.

5 Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista (Boise: Publicaciones Interamericanas, 1985), t. 4, p. 839.

7 John C. Jeske, Daniel, The People's Bible (Milwaukee, Wl: Northwestern, 1985), p. 115.

8 Debo estas percepciones a Wendy L. Widder, Daniel, The Story of God Bible Commentary, eds. Tremper Longman III y Scot McKnight (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2016), pp. 133,134.

9 Goldingay, Daniel, p. 132.

10Walter A. Elwell, ed. EvangélicaI Dictionary of Theology, 2a ed. (Grand.Rapids, MI: Baker Academic, 2001), 1.1, p. 104. 11W¡dder, Daniel, p. 135. 12Goldingay, Daniel, p. 134.

13 Andrew E. Steinmann, Daniel, Concordia Commentary (Saint Louis, M0: Concordia Publishing, 2008), p. 324. 14Widder, Daniel, p. 145.

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