DEL NORTE Y DEL SUR A LA TIERRA GLORIOSA
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Daniel 11 es probablemente la profecía más larga y detallada de la Biblia. Menciona guerras, persecución y sufrimiento en conexión con alianzas y conflictos. Política nacional, gobiernos del mundo y juegos de poder que involucran naciones y facciones ideológicas parecen abrumadores. Todo esto puede fácilmente causar que los creyentes se retraigan o, igualmente peligroso, abracen métodos mundanos para hacer avanzar la obra de Dios. Muchos cristianos han caído en alguno de estos extremos.
Más allá de esta lección importante, ¿qué otra cosa podemos aprender de Daniel 11 que sea relevante y significativa para nuestra vida? Este capítulo complejo muestra que los poderes del mundo por sí mismos no pueden ni impedir la obra de Dios ni hacerla avanzar. Esta verdad es de gran importancia práctica. En tiempos de incerti-dumbre, sea que afrontemos crisis financieras, de salud, o cualquier otra, podemos aferramos firmemente de Dios, sabiendo que todo está sujeto a su soberanía. Aun cuando el mal se haga en contra de nosotros, Dios puede cambiarlo en algo bueno (Gén. 50:20).
Hablando en términos generales, los eruditos críticos consideran que Daniel 11 abarca la guerra entre los gobernantes seléucidas y los tolomeos hasta el gobierno de Antioco IV, quien presumiblemente figura como el principal protagonista de los versículos 21 al 45.1 Los eruditos evangélicos conservadores tienden a seguir este bosquejo hasta el versículo 35 pero consideran que los versículos 36 al 45 describen las acciones de un anticristo futuro.2
Los Adventistas del Séptimo Día consideran que los principales bosquejos proféticos de Daniel son paralelos entre sí y cubren la historia desde el tiempo del profeta hasta el establecimiento del Reino de Dios. En consecuencia, Daniel 11 muy probablemente recapitula Daniel 8 y 9, y amplía ciertos aspectos de las profecías anteriores.
Con respecto a esto, la mayoría de los estudiosos adventistas del séptimo día de Daniel concuerdan, aunque los detalles precisos de la historia cuando surgen la Roma pagana y la Roma papal permanecen como un tema de debate. Las principales posiciones pueden resumirse de este modo: "El Comentario bíblico adventista y Mervyn Maxwell ven la entrada de Roma en el versículo 14; R. A. Anderson, G. M. Price y W. H. Shea creen que los romanos entran en la escena en el versículo 16. J. B. Doukhan cree que los romanos aparecen brevemente solo en el versículo 4, y del versículo 5 él toma el Papado como el rey del norte hasta el fin del capítulo. Maxwell aplica los versículos 21 al 45 al Papado; Shea considera la entrada del Papado en la historia en el versículo 23; Price, en el versículo 30; y el Comentario bíblico adventista y Anderson creen que no es hasta el versículo 31 cuando podemos discernir las actividades del Papado".3
Este estudio adoptará una posición sobre los problemas mencionados arriba, pero sin pretender dogmatismo ni infalibilidad. Entender los contornos amplios de la profecía y su culminación es más importante que poder detallar la entrada de los principales personajes en el flujo de la narración. Sin embargo, una comparación con Daniel 8 ofrece indicios en cuanto al flujo de los eventos descritos en Daniel 11.
Comparación entre Daniel 11 y 8
Daniel 11 enfoca los reyes del norte y del sur porque el pueblo de Dios, que vive entre los grupos en guerra, sería afectado por la guerra, y en última instancia llegaría a ser el blanco del ataque final. Sin embargo, al aproximarse la profecía a su culminación, llega a ser evidente que el Dios que está por encima y detrás de los eventos militares, políticos y religiosos que se desarrollan destruirá al enemigo.
Persia y Grecia
La profecía se inicia con un repaso de la historia persa, con una nota sobre la transición a Grecia (Dan. 11:2-4). "Aún habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas, más que todos ellos. Este, al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino de Grecia" (vers. 2). Puesto que la profecía fue dada durante el reinado de Ciro (559-530 a.C.), siendo corregente Darío, los reyes pueden enumerarse como sigue: Cambises II (530-522 a.C.); el falso Esmerdis (522 a.C.); Darío I Histaspes (522-486 a.C.); y Jerjes I (486-465 a.C.), el Asuero de Ester.6 De acuerdo con Herodoto, Jerjes llevó como dos millones de hombres para atacar Atenas en 480 a.C. De acuerdo con este historiador griego, los persas también intentaron sobornar a los líderes griegos distribuyendo oro y riquezas entre ellos.7 Después de un éxito inicial, su flota fue derrotada en Sa-lamina. Como resultado, los persas perdieron influencia sobre Macedonia y Tracia, que permitieron el subsecuente surgimiento de Macedonia.8
Sin embargo, es digno de notar que varios otros reyes surgieron de Persia hasta que los griegos reemplazaron a los persas como poder mundial.9 Así que, la mención de tres reyes persas más uno no tiene la intención de ser un informe completo de la historia de Persia. Más bien, solo toma la historia de Persia hasta su intersección con Grecia, un acontecimiento que puso en movimiento una cadena de eventos que condujo al surgimiento del Imperio Grecomacedónico, y proveyó a Alejandro Magno de una razón para inspirar a sus soldados a conquistar Persia más de un siglo después.
Alejandro Magno subió al trono de Macedonia en 336 a.C., y en unos pocos años estableció un imperio desde Turquía hasta la India. Pero, cuando "se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo" (vers. 4). Alejandro murió de una fiebre en 323 a.C. a la edad de 33 años. En los años que siguieron, su medio hermano Felipe y el bebé Alejandro IV llegaron a ser gobernantes nominales por un breve tiempo, pero pronto fueron asesinados.10 Con el tiempo, los cuatro generales de Alejandro dividieron el imperio entre sí. Casandro tomó Macedonia, Lisímaco gobernó sobre Tracia y Asia Menor noroccidental, Seleuco I Nicator tomó posesión de Siria y Babilonia, y Tolomeo I Soter llegó a ser rey de Egipto. Los siguientes versículos se enfocan en Seleuco y Tolomeo, y sus respectivas dinastías, que gobernaron al norte y al sur de Palestina, respectivamente. Tales designaciones, que comenzaron como una referencia a entidades geopolíticas, finalmente adquirieron contornos simbólicos.
Dinastías helenísticas de Siria y Egipto
La mayoría de los estudiosos de Daniel consideran que los versículos 5 al 15 describen las guerras entre la dinastías seleúcidas y tolemaicas, aunque pueden surgir desacuerdos en cuanto a qué gobernante o qué evento militar aparece en cada versículo. El intercambio entre el sur y el norte comienza con Tolomeo como rey del sur y Seleuco como rey del norte. Expulsado de Babilonia por su rival Antígono, Seleuco buscó la protección de Tolomeo rey de Egipto y llegó a ser uno de los príncipes o generales de Tolomeo. Pero posteriormente, con la ayuda de Tolomeo, Seleuco recuperó los territorios perdidos y llegó a ser más fuerte que su benefactor (vers. 5). Años más tarde, después de una guerra costosa, los dos reinos sellaron la paz con el casamiento de Antíoco II Theos (nieto de Seleuco) con Berenice, una hija de Tolomeo II. Sin embargo, el acuerdo no resultó como se esperaba. Después de la muerte de Tolomeo II, Laodicea, la anterior esposa de Antíoco, orquestó la ejecución de Antíoco, Berenice y el hijo de Berenice (vers. 6).
Este giro de los eventos provocó la airada reacción de Tolomeo III, hermano de Berenice. Él invadió el territorio del reino del norte, infligió una gran derrota al enemigo, y regresó victorioso llevando un gran botín y los dioses de los sirios a Egipto (vers. 7,8). Mientras la profecía se desarrolla, y suben reyes sucesivos al trono en ambos reinos, las guerras entre el norte (Siria) y el sur (Egipto) continúan (vers. 9-15). La guerra mencionada en el versículo 14 probablemente se refiera a la batalla de Panio (200 a.C.),11 cuando Antíoco III derrotó a los Tolomeos y la Tierra Santa pasó al dominio seléucida.
Posteriormente, los "hombres turbulentos de tu pueblo se levantarán, para que se cumpla la visión, pero caerán" (vers. 14). Los "hombres turbulentos" han sido entendidos diversamente como una referencia a
1) los sirios bajo Antíoco IV, quienes cometerían violencia contra los judíos;
2) los romanos, que con el tiempo privarían a los judíos de su libertad y destruirían el Templo; y
3) judíos nacionalistas que veían la crisis corriente como una oportunidad para poner en marcha su propia agenda.
Que los hombres turbulentos se levantarían para cumplir "la visión" parecería apuntar a los macabeos, cuyos levantamientos pudieron haber sido un intento humano de proveer la liberación del pueblo de Dios anunciada en la visión de Daniel. Es interesante, Judas Macabeo (1 Mac. 8:17-32) y sus hermanos Jo-natán (1 Mac. 12:1-4,16) y Simón (1 Mac. 14:16-24) dieron los primeros pasos para buscar la protección de Roma. Más tarde, Juan Hircano hizo un tratado con los romanos para obtener su protección. No obstante, la amistad romana pronto cambió a que fueran sus guardianes y finalmente condujo a la total sumisión de Judea a los romanos.12
Finalmente, el ataque del rey del norte contra el rey del sur (Dan. 11:15) puede referirse a la campaña de Antíoco IV contra Egipto en 169-168 a.C. "El foco de esa campaña se centró alrededor de Pelusio, la principal ciudad que protegía la entrada al delta oriental en Egipto. Pelusio cayó ante las tropas de Antíoco IV durante la campaña, y de este modo Antíoco conquistó la mitad oriental del delta.
Luego regresó a Siria por el invierno de 169-168 a.C. Esto fue un grave error de estrategia, y condujo a la presentación del siguiente poder en la profecía".13
En resumen, Daniel 11:5 al 15 describe las guerras de las dinastías tolemaica y seléucida, que constituyeron las dos principales divisiones del imperio de Alejandro. La siguiente tabla resume los principales actores y las guerras que protagonizaron:
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