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La creación: El Génesis como pilar, parte 1 - Sección maestros - 8

Lección 8 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Textos clave: Génesis 1:3–5; Juan 1:1–3; Éxodo 20:8–11; Apocalipsis 14:7; Mateo 19:3–6; Romanos 5:12.

RESEÑA

Jesús dijo una vez: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mat. 7:24, 25). Si la revelación de Cristo para nosotros, su Palabra, la Biblia, es el fundamento de nuestra vida, ¿cuál es el fundamento sobre el cual se basa toda la Escritura? La respuesta se encuentra en Génesis, el primer libro de la Biblia, donde se originan las principales enseñanzas o doctrinas.

Allí encontramos la enseñanza fundamental de la Creación y de Dios el Creador. Dada la importancia de este fundamento, ¿deberíamos pensar que es una coincidencia que haya habido un ataque sin precedentes, en los tiempos modernos, contra la enseñanza bíblica de la Creación? ¿Es casualidad que la iglesia del tiempo del fin tenga la misión de proclamar a Jesús como Creador, quien resalta esta característica de sí mismo? En la introducción a la iglesia de Laodicea (la última de las siete iglesias en Apoc. 2, 3), Jesús se refiere a sí mismo como “el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios” (Apoc. 3:14). El mensaje de los tres ángeles comienza con la proclamación del primer ángel: “Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apoc. 14:7). Durante las próximas dos semanas, estudiaremos por qué la enseñanza de la Creación es fundamental para el mensaje y la misión del pueblo de Dios del tiempo del fin y cómo debe interpretarse el relato de la Creación.

COMENTARIO

Texto bíblico


¿Alguna vez te pusiste a pensar en tu existencia? ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué significado tiene la vida? ¿Quién soy? Los grandes filósofos han reflexionado sobre estas preguntas durante milenios. Estas preguntas fundamentales constituyen el núcleo del relato de la Creación y, de hecho, encuentran respuesta en los primeros dos capítulos del Génesis. A lo largo de la historia, estos capítulos han proporcionado dignidad, significado y propósito a la humanidad. Han inspirado a las mentes más brillantes para explorar el mundo que las rodea y descubrir las maravillas de la Creación de Dios.

En la sencilla frase inicial de la Biblia, Génesis 1:1 aborda la más profunda de las preguntas humanas. Antes de ser creados, en el principio existía Dios. Él diseñó un ecosistema para nosotros y creó la Tierra como morada perfecta a fin de sostener la vida para sus nuevas criaturas. Nuestra Tierra está ubicada a una distancia precisa del Sol, ni muy lejos ni muy cerca. El Sol tiene el tamaño perfecto con el fin de no producir demasiada energía para destruir la vida. Hay abundante agua en la Tierra y una atmósfera respirable. La Luna tiene el tamaño justo para controlar las mareas. El campo magnético está ajustado para evitar que nos cocinemos con el Sol. No es de extrañar que, después de cada paso de la Creación, Dios considere que es bueno (tôv; Gén. 1:4, 10, 18, 21, 25), y al terminar, tôv me’od, “bueno en gran manera” (Gén. 1:31). La designación “bueno”, en hebreo, puede incluir tanto belleza estética como los aspectos éticos, porque la Creación se originó en Dios, que es amor (1 Juan 4:8).

Ilustración

En el Salmo 139:14, David reconoce las complejidades del cuerpo cuando dice: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien”. Hoy sabemos mucho más que en los días de David sobre las complejidades del elemento más pequeño del cuerpo humano: la célula.

La célula humana está formada por las máquinas más pequeñas que, para funcionar, deben tener todas sus partes. Como una trampa para ratones, quitas una parte, y los dispositivos dejan de funcionar. Cada célula contiene el ADN de una persona. Una computadora se basa en el código binario de ceros y unos. El ADN está formado por un código cuaternario (A, C, G y T), que es mucho más complejo que un código binario. Un lenguaje completo con gramática y sintaxis está asociado con el ADN, con tres mil millones de bases. Además, este ADN puede replicarse, y lo hace dentro de casi 40 billones de células en el cuerpo humano. Cada una de los doscientos tipos de células del cuerpo humano tiene una función diferente. Estos son los componentes básicos de la vida, y trabajan en armonía con el fin de llevar a cabo las funciones básicas para que un ser humano sobreviva. Indudablemente, Dios nos hizo de manera formidable y maravillosa.

Esta complejidad y la homogeneidad entre todos los seres humanos y las criaturas vivientes apuntan a un solo Creador que diseñó la vida. Pero, no somos máquinas simplemente. Se nos ha dado una mente creativa, una conciencia y la capacidad de experimentar amor, esperanza y felicidad. La conciencia de la mente humana y la libertad que tenemos para elegir y crear son imposibles de explicar desde una perspectiva evolutiva. Cuánto más fácil es creer en un Creador que nos creó a su imagen y semejanza (Gén. 1:27).

Texto bíblico

Después de crear el ecosistema para la vida y llenarlo de peces, aves y animales terrestres, la Deidad comunitaria diseñó a la humanidad como el pináculo de la Creación para que también viviese en comunidad. “Hagamos al hombre a nuestra imagen [...]. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén. 1:26, 27). La humanidad debía vivir en comunión con Dios y unos con otros. Dios dispuso que hombres y mujeres se complementaran mutuamente tanto en forma biológica como física y emocional.

Eran el “complemento perfecto” el uno para el otro, de modo que Adán pudo exclamar, cuando Eva fue diseñada más tarde a partir de su costilla: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gén. 2:23). Por lo tanto, Adán la llama “mujer” (RVC). El matrimonio requiere que “dej[e] el hombre a su padre y a su madre, y se un[a] a su mujer, y se[a]n una sola carne” (Gén. 2:24).

La base de la cultura y la civilización en la Tierra era la unidad entre marido y mujer, y los hijos que nacieran de esta relación mediante la procreación. Por eso, la Biblia pone tanto énfasis en la unidad familiar. Este énfasis también se destaca en los Diez Mandamientos. Los primeros cuatro Mandamientos describen la relación de la humanidad con Dios, que culmina en el día de descanso sabático, que solidifica la obediencia y el honor dados a Dios por medio de una relación especial de una semana a otra. Observa que, después del precepto del día de reposo, la transición al quinto Mandamiento se centra principalmente en la familia, porque aquí es donde el carácter de Dios se transmitiría a las generaciones futuras: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxo. 20:12). El propósito original de la Creación de Dios era un mundo lleno de familias amorosas que pusieran a Dios por encima de todo, reflejaran su carácter en su vida y criaran a sus hijos en humilde obediencia.

El intento de Satanás de destruir el propósito de Dios en la Caída abrió una brecha entre Dios y la humanidad, y luego entre Adán y Eva. Cuando Eva se apartó de Adán, esto le dio una oportunidad a Satanás. En un momento desprevenido, Eva se acercó curiosamente al árbol prohibido del conocimiento del bien y del mal. Satanás, al insinuar dudas sobre la palabra de Dios, logró distorsionar e interrumpir el plan de protección divino. Los resultados inmediatos fueron devastadores. Después de que Eva y Adán comieron del árbol, su sentido de separación y culpa apartó a la primera pareja de su relación con Dios. Ahora sentían su propia desnudez. Después de que Dios en su amor los buscó, se culparon mutuamente, lo que fomentó la división que acababa de surgir. En el capítulo siguiente, Génesis 4, vemos el resultado completo del pecado en el asesinato de un hijo y un hermano. La desobediencia a la Palabra de Dios dio su fruto final en la destrucción de la Creación de Dios.

La duda insinuante de Satanás al principio, “¿Conque Dios os ha dicho [...]?” (Gén. 3:1) todavía está con nosotros hoy a través de la Teoría de la Evolución. La Palabra de Dios testifica claramente que llamó a los cielos y la Tierra a la existencia, y que “todas las cosas por él [Cristo] fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). Si dudamos de la Palabra de Dios con respecto a su obra creadora, ¿no estamos tan ciertamente siguiendo una mentira como nuestros primeros padres al comienzo de la historia de la Tierra? Cristo vino a restaurar el mundo y su Creación para sí mismo y para su Padre.

Al declarar que “antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58), Jesús afirmó que él era el Dios autoexistente del Universo. El viento y los mares le obedecían porque él los creó. Resucitó a la hija de Jairo de entre los muertos, porque “en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). La recreación final que Cristo promete (Juan 14:1–4) en la Segunda Venida es posible solo si él en verdad fue nuestro Creador al principio.

APLICACIÓN A LA VIDA

Dios pretendía que la familia fuera la unidad fundamental de la vida humana. ¿Cuáles son, entonces, los resultados cuando se erosiona la base de un edificio? La erosión de la creencia en la Creación ¿cómo incide en el resto de la estructura en la sociedad? ¿Qué diferencia marca la Teoría de la Evolución para el significado de nuestra existencia? Esta semana, ¿qué da testimonio del propósito de Dios en tu vida? “Jesús dirigió la atención de sus oyentes hacia la institución del matrimonio tal como fue ordenada en la Creación. [...] Entonces tuvieron su origen, para la gloria de Dios y en beneficio de la humanidad, dos instituciones gemelas: el matrimonio y el sábado. En aquel entonces, mientras Dios unía las manos de la santa pareja en matrimonio diciendo: ‘Dejara´ el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne’ (Gén. 2:24), proclamo´ la ley del matrimonio para todos los hijos de Adán hasta el fin del tiempo. Lo que el mismo Padre eterno había considerado bueno era la ley de la más elevada bendición y desarrollo del hombre” (DMJ 61, 62).

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