Libro de Los Proverbios Capítulo 5
1. Hijo mío.
Ver com. cap. 2: 1.
3. La mujer extraña.
Ver com. cap. 2: 16.
Destilan miel.
Las palabras de la tentación son suaves y dulces al oído, porque tienen el propósito bien calculado de influir en la debilidad heredada y cultivada de los hombres. En el cap. 7: 14-20 aparece un ejemplo de estas palabras.
4. Su fin es amargo.
El que cede a la tentación pronto siente la amargura del remordimiento. Si se persiste en esta alternación entre el placer y la tristeza, se desvanecerá el placer, y la amargura aumentará hasta hacer que el desvalido esclavo del pecado descienda al lugar de los muertos.
Ajenjo.
Planta muy amarga, Artemisia absinthium (cf. Deut, 29: 18; Jer. 9: 15; 23: 15).
6. Si no considerares.
El hebreo de este versículo es difícil de traducir. Las antiguas versiones traducen: "Ella no allana el sendero de la vida; sus caminos vacilan; ella no lo sabe". Ofuscado ante los dictados de la razón y la conciencia, el pecador ciego y rebelde va con paso incierto de una cosa a otra (cap. 7: 12); pero nunca entra por el camino de la vida, el único en el cual se puede hallar felicidad presente y salvación futura.
7. Oídme.
Antes de pintar el cuadro de las calamidades que sobrevendrán a los que no escuchen su advertencia, Salomón pide que se preste atención especial a sus palabras.
8. No te acerques.
Se destaca la necesidad de mantenerse lejos de la tentación, en vez de confiar en la habilidad para resistir esas incitaciones al pecado que han vencido a tantos, grandes y peque os (Prov. 4: 14; 7: 2427; 1 Cor. 6: 18; 2 Tim. 2: 22).
9. Al cruel.
Algunos han pensado que aquí se refiere a la mujer vendida como esclava por un esposo ofendido; pero ése no era el castigo del adulterio (Deut. 22: 22; Juan 8: 5). Entregar la flor de la vida a la degradante y envilecedora esclavitud del pecado es mayor castigo que la servidumbre física.
10. En casa del extraño.
En los tiempos de Salomón, el que había perdido su propiedad y su dinero podía emplearse como esclavo doméstico; pero entonces todo el provecho de su trabajo beneficiaría a su amo, y no a él.
11. Y gimas.
En el cap. 6 se describe la ruina espiritual que resulta de esta conducta. Aquí se pone de relieve la ruina completa de la vida. Las grandes esperanzas y las posibilidades limitadas de la vida se malgastan en torpe servidumbre.
12. Aborrecí el consejo.
El pecador se lamenta durante largos años de remordimiento por no haber hecho caso a la buena instrucción de sus mayores, la cual podría haberle evitado mucho dolor y haberle asegurado el verdadero placer descrito en los versículos siguientes.
14. Casi en todo mal.
En medio de la comunidad del pueblo de Dios, este joven ha pecado contra Dios y el hombre. Hay un endurecimiento de conciencia peculiar en los que se jactan de su pecaminosidad ante la iglesia. A diferencia de los jóvenes criados en hogares que no son cristianos, los criados en hogares cristianos han pecado a la luz de la verdad, deliberadamente se han apartado de los brazos abiertos del Salvador, y han rechazado las invitaciones del Espíritu. Dios no tiene otro medio para alcanzarlos. Se han aislado de la salvación (Heb. 10: 26; PP 429). Estas consideraciones deberían impulsar a padres y maestros, y también a los jóvenes, a pensar seriamente y a realizar esfuerzos diligentes.
15. Tu misma cisterna.
Un encomio de la felicidad de la vida conyugal. Así como el sediento se vivifica con las aguas de una cisterna, el hombre debe encontrar solaz en el compañerismo con su propia esposa (1 Cor.7: 1-5; 1 Tim. 5: 14; cf. Sal. 127: 4, 5).
16. Tus fuentes.
El pozo y la cisterna (vers. 15) están en la casa; Pero las fuentes y las corrientes se hallara generalmente fuera de ella; esos suministros de agua representan fuentes de placer prohibido. 977
18. Alégrate.
Si en el matrimonio hay compañerismo, si persiste el deseo mutuo de agradar, el transcurrir de los años no hará más que profundizar y fortalecer los goces del compañerismo. Sólo cuando se pierden las atenciones del noviazgo por la monótona rutina del diario vivir, y se le resta importancia al compañerismo, cualquiera de los esposos se sentirá tentado a buscar satisfacciones ilícitas (ver MC 278-280). El esposo debería acordarse de expresar su constante amor a su esposa y el orgullo que siente por ella, especialmente cuando el peso de los años se haga sentir. Estas expresiones profundizarán su propio afecto y apoyarán a su compañera en el período cuando necesite adaptarse a la vejez (ver Prov. 2: 17; Mal. 2: 15, 16).
19. En su amor.
El amor de un hombre por su esposa debiera ser un vigoroso afecto que sature cada aspecto de la vida. En el buen sentido de la palabra, debería ser una obsesión, de modo que no se piense ni se haga nada sin tomar en cuenta al que comparte la vida. En este sentido, el amor es embriagante. La palabra traducida como "recréate" puede significar, literalmente, "embriágate".
20. Mujer ajena.
¡Cuán diferente del verdadero amor es este apasionamiento! El amor se profundiza y enriquece con los años, pero una relación pecaminosa pronto se transforma en un enredo indeseable que produce las tristezas descritas en los primeros versículos. ¿Por qué un hombre ha de dejarse entrampar de esa manera?
21. Los ojos de Jehová.
El que es fiel a sus votos matrimoniales manifiesta buen juicio. La infidelidad sería necedad aun cuando no hubiera juicio ni vida futura. Pero hay una vida futura, y nuestra entrada en ella depende de que dejemos que Dios nos limpie de toda contaminación. El adúltero es doblemente condenado. Se priva de los verdaderos goces de esta vida y queda excluido de los goces mayores y más perdurables de la vida futura(Prov. 15: 3; Mal. 3: 5; Heb. 13: 4).
22. Las cuerdas.
Como el pecador rechaza la instrucción, inevitablemente sigue enredándose más y más en los lazos del pecado. Hay un poder para quebrantar las ligaduras más fuertes (M C 131), pero la complacencia prolongada de las tendencias pecaminosas con frecuencia deja al pecador sin deseo de salvación y sin la inclinación para colocar su voluntad de parte del Salvador. No hay esperanza para el tal mientras no busque la ayuda de Aquel que puede salvar perpetuamente (Heb. 7: 25).
CBA T3
Ver com. cap. 2: 1.
3. La mujer extraña.
Ver com. cap. 2: 16.
Destilan miel.
Las palabras de la tentación son suaves y dulces al oído, porque tienen el propósito bien calculado de influir en la debilidad heredada y cultivada de los hombres. En el cap. 7: 14-20 aparece un ejemplo de estas palabras.
4. Su fin es amargo.
El que cede a la tentación pronto siente la amargura del remordimiento. Si se persiste en esta alternación entre el placer y la tristeza, se desvanecerá el placer, y la amargura aumentará hasta hacer que el desvalido esclavo del pecado descienda al lugar de los muertos.
Ajenjo.
Planta muy amarga, Artemisia absinthium (cf. Deut, 29: 18; Jer. 9: 15; 23: 15).
6. Si no considerares.
El hebreo de este versículo es difícil de traducir. Las antiguas versiones traducen: "Ella no allana el sendero de la vida; sus caminos vacilan; ella no lo sabe". Ofuscado ante los dictados de la razón y la conciencia, el pecador ciego y rebelde va con paso incierto de una cosa a otra (cap. 7: 12); pero nunca entra por el camino de la vida, el único en el cual se puede hallar felicidad presente y salvación futura.
7. Oídme.
Antes de pintar el cuadro de las calamidades que sobrevendrán a los que no escuchen su advertencia, Salomón pide que se preste atención especial a sus palabras.
8. No te acerques.
Se destaca la necesidad de mantenerse lejos de la tentación, en vez de confiar en la habilidad para resistir esas incitaciones al pecado que han vencido a tantos, grandes y peque os (Prov. 4: 14; 7: 2427; 1 Cor. 6: 18; 2 Tim. 2: 22).
9. Al cruel.
Algunos han pensado que aquí se refiere a la mujer vendida como esclava por un esposo ofendido; pero ése no era el castigo del adulterio (Deut. 22: 22; Juan 8: 5). Entregar la flor de la vida a la degradante y envilecedora esclavitud del pecado es mayor castigo que la servidumbre física.
10. En casa del extraño.
En los tiempos de Salomón, el que había perdido su propiedad y su dinero podía emplearse como esclavo doméstico; pero entonces todo el provecho de su trabajo beneficiaría a su amo, y no a él.
11. Y gimas.
En el cap. 6 se describe la ruina espiritual que resulta de esta conducta. Aquí se pone de relieve la ruina completa de la vida. Las grandes esperanzas y las posibilidades limitadas de la vida se malgastan en torpe servidumbre.
12. Aborrecí el consejo.
El pecador se lamenta durante largos años de remordimiento por no haber hecho caso a la buena instrucción de sus mayores, la cual podría haberle evitado mucho dolor y haberle asegurado el verdadero placer descrito en los versículos siguientes.
14. Casi en todo mal.
En medio de la comunidad del pueblo de Dios, este joven ha pecado contra Dios y el hombre. Hay un endurecimiento de conciencia peculiar en los que se jactan de su pecaminosidad ante la iglesia. A diferencia de los jóvenes criados en hogares que no son cristianos, los criados en hogares cristianos han pecado a la luz de la verdad, deliberadamente se han apartado de los brazos abiertos del Salvador, y han rechazado las invitaciones del Espíritu. Dios no tiene otro medio para alcanzarlos. Se han aislado de la salvación (Heb. 10: 26; PP 429). Estas consideraciones deberían impulsar a padres y maestros, y también a los jóvenes, a pensar seriamente y a realizar esfuerzos diligentes.
15. Tu misma cisterna.
Un encomio de la felicidad de la vida conyugal. Así como el sediento se vivifica con las aguas de una cisterna, el hombre debe encontrar solaz en el compañerismo con su propia esposa (1 Cor.7: 1-5; 1 Tim. 5: 14; cf. Sal. 127: 4, 5).
16. Tus fuentes.
El pozo y la cisterna (vers. 15) están en la casa; Pero las fuentes y las corrientes se hallara generalmente fuera de ella; esos suministros de agua representan fuentes de placer prohibido. 977
18. Alégrate.
Si en el matrimonio hay compañerismo, si persiste el deseo mutuo de agradar, el transcurrir de los años no hará más que profundizar y fortalecer los goces del compañerismo. Sólo cuando se pierden las atenciones del noviazgo por la monótona rutina del diario vivir, y se le resta importancia al compañerismo, cualquiera de los esposos se sentirá tentado a buscar satisfacciones ilícitas (ver MC 278-280). El esposo debería acordarse de expresar su constante amor a su esposa y el orgullo que siente por ella, especialmente cuando el peso de los años se haga sentir. Estas expresiones profundizarán su propio afecto y apoyarán a su compañera en el período cuando necesite adaptarse a la vejez (ver Prov. 2: 17; Mal. 2: 15, 16).
19. En su amor.
El amor de un hombre por su esposa debiera ser un vigoroso afecto que sature cada aspecto de la vida. En el buen sentido de la palabra, debería ser una obsesión, de modo que no se piense ni se haga nada sin tomar en cuenta al que comparte la vida. En este sentido, el amor es embriagante. La palabra traducida como "recréate" puede significar, literalmente, "embriágate".
20. Mujer ajena.
¡Cuán diferente del verdadero amor es este apasionamiento! El amor se profundiza y enriquece con los años, pero una relación pecaminosa pronto se transforma en un enredo indeseable que produce las tristezas descritas en los primeros versículos. ¿Por qué un hombre ha de dejarse entrampar de esa manera?
21. Los ojos de Jehová.
El que es fiel a sus votos matrimoniales manifiesta buen juicio. La infidelidad sería necedad aun cuando no hubiera juicio ni vida futura. Pero hay una vida futura, y nuestra entrada en ella depende de que dejemos que Dios nos limpie de toda contaminación. El adúltero es doblemente condenado. Se priva de los verdaderos goces de esta vida y queda excluido de los goces mayores y más perdurables de la vida futura(Prov. 15: 3; Mal. 3: 5; Heb. 13: 4).
22. Las cuerdas.
Como el pecador rechaza la instrucción, inevitablemente sigue enredándose más y más en los lazos del pecado. Hay un poder para quebrantar las ligaduras más fuertes (M C 131), pero la complacencia prolongada de las tendencias pecaminosas con frecuencia deja al pecador sin deseo de salvación y sin la inclinación para colocar su voluntad de parte del Salvador. No hay esperanza para el tal mientras no busque la ayuda de Aquel que puede salvar perpetuamente (Heb. 7: 25).
CBA T3

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