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Desarrollar una actitud ganadora - Sección maestros 9

 Lección 9 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO

El sábado enseñaré...

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
Texto clave: Efesios 4:32.
Enfoque del estudio:

Juan 4:27-30; 2 Tesalonicenses 1:1-4; Romanos 15:7; 1 Pedro 3:15.

RESEÑA

Nuestra actitud hacia los demás a menudo determina su respuesta hacia nosotros. ¿Alguna vez has notado que cuando le sonríes a alguien a menudo te devuelven la sonrisa? ¿También has notado que cuando respondes con un cumplido inesperado otras personas generalmente responden positivamente?

Jesús entendió este hecho de la naturaleza humana. El Evangelio de Juan dice de Jesús: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). En lo profundo de la estructura de nuestro ser hay un anhelo por la verdad eterna; existe este vacío doloroso en nuestro interior por propósito y significado. Dios ha puesto dentro de cada individuo un anhelo de conocer a Dios. Cuando nos acercamos a las personas con el conocimiento de que, lo sepan o no, hay un hambre oculta en su alma por conocer a Dios, nos acercaremos a ellas de manera diferente de si pensamos que no les interesan las cosas espirituales.

En la lección de la Escuela Sabática de esta semana, estudiaremos cómo Jesús creía en las personas. Examinaremos su actitud incluso hacia aquellos que parecían menos interesados en su mensaje. Revisaremos cómo se acercó a una mujer samaritana, a un escriba judío, a un soldado romano, a una buscadora cananea y a una mujer de mala reputación. En cada caso, Jesús buscó lo mejor. Presentó la verdad pero siempre con amor. El fundamento de su mensaje era la aceptación, el perdón, la gracia y la esperanza de una nueva vida. Jesús nunca minimizó el valor de la verdad, pero siempre presentó la verdad de manera redentora. En la lección de esta semana, descubriremos cómo aplicar los métodos de Jesús en nuestro testimonio.

COMENTARIO

Hemos hablado de la mujer samaritana junta al pozo en una lección anterior. Hay un aspecto de la conversación de Jesús con la mujer que no examinamos previamente, y que es vital para nuestra comprensión de los principios de Jesús para compartir la fe. A medida que avanza la conversación entre los dos, la mujer le dice a Jesús: “Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (Juan 4:19, 20). Este era un tema crítico entre los judíos y los samaritanos. Tenía que ver con la adoración y la presencia de Dios. El monte Gerizim se convirtió en el principal punto de divergencia entre los samaritanos y los judíos. Uno de los sabios judíos hizo esta pregunta y luego la respondió. “¿En qué punto pueden los samaritanos ser aceptados en el judaísmo? Cuando rechazan su creencia en el Monte Gerizim”. Jesús pudo haber entrado fácilmente en un debate teológico con esta mujer sobre la adoración auténtica, pero vio más allá de sus preguntas intelectuales y satisfizo las necesidades de su corazón. Su necesidad no era tener todas sus preguntas religiosas respondidas. Su necesidad era encontrar la aceptación, el perdón y la nueva vida que solo Jesús podía dar. Como resultado de la conversión de esta mujer, toda Samaria se vio afectada.

Jesús permaneció dos días en este lugar aparentemente inalcanzable con estas personas aparentemente inalcanzables. Los resultados fueron notables. El Evangelio de Juan declara: “Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio” (Juan 4:39). Luego, Juan agrega: “Y creyeron muchos más por la palabra de [Cristo]” (4:41). Esto fue solo el comienzo de una cosecha espiritual allí donde el suelo parecía yermo. Samaria quedó madura para el evangelio y, cuando, unos años después, Felipe fue allí a predicar, mucha gente recibió la palabra de Dios (Hech. 8:14).

¿Qué habría pasado si Jesús hubiera entrado en una discusión religiosa con la mujer samaritana? ¿Y si hubieran pasado su tiempo en acalorados debates sobre dónde adorar? Jesús vio más allá de sus comentarios, a sus necesidades. Los testigos exitosos de Dios tienen una disposición encantadora y una actitud ganadora. Ven lo mejor en los demás.

Considera la interacción de Cristo con una mujer cananea. Los cananeos eran un pueblo idólatra, a menudo centrados en la veneración de los muertos a través de sus deidades familiares. También adoraban a los dioses paganos de Baal, El, Asera y Astarté. Estos supuestos cultos de fertilidad eran dedicados especialmente a dioses y diosas de la vegetación y la cosecha. A menudo recibían ofrendas de granos y frutas para ganar su favor. Muchos estudiosos creen que los ritos religiosos de los cananeos, a veces, incluían sacrificios humanos, especialmente sacrificios de niños.

Si había alguien a quien un judío consideraría un marginado de Dios, intocable e imposible de ganar, era una mujer cananea. La disposición y la actitud de Jesús hacia esta mujer es a la vez magistral y poco convencional. En su sabiduría divina, guiado por el Espíritu Santo, la alcanza de una manera que parece casi contraria a su propia naturaleza. Ella sinceramente le pide al Salvador que se apiade de ella y libere a su hija de la posesión del demonio (Mat. 15:22). ¿Cómo responde Jesús a este sincero llamamiento? Sorprendentemente, con silencio. Parece ignorarla (Mat. 15:23). Sus discípulos le ruegan que la envíe lejos, pero ella persiste en suplicar a Jesús por ayuda. Luego hace esta asombrosa declaración: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (15:24). Esto parece discriminación. Parece que Jesús ha venido solo para unos pocos elegidos. La mujer, desesperada, no acepta un “no” como respuesta. Ella apela: “¡Señor, socórreme!” (15:25). Jesús ahora parece rechazarla por completo, cuando dice: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (15:26). Ella continúa tenazmente su apelación: “Pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (15:27).

Jesús tuvo una estrategia divina en cada una de sus respuestas. Continuamente atraía a la mujer a una fe más profunda y revelaba a sus discípulos la necesidad de ver la profundidad de la fe de alguien a quien, de lo contrario, hubieran rechazado. Cristo le dijo claramente a esta mujer, en presencia de los discípulos: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (15:28). Es notable que Jesús viera lo que otros no veían. Veía gran fe en esta mujer cananea. Los testigos efectivos de Cristo ven el amanecer de la fe en los corazones de las personas en lugares muy inesperados.

Jesús estuvo de acuerdo con las personas donde pudo, las aceptó donde estaban y las afirmó cuando pudo. Desarrolló relaciones afectuosas con otros, y fue en el contexto de estas relaciones que plantó las semillas de la fe y compartió verdades divinas.

La base de toda aceptación es el evangelio. Cristo nos ha aceptado para que podamos aceptar a los demás. Podemos perdonar a otros porque Cristo nos ha perdonado. Podemos tener misericordia de los demás porque Cristo tiene misericordia de nosotros. Cristo ve lo mejor en nosotros, a fin de que podamos ver lo mejor en los demás. El apóstol Pablo lo dice mejor: “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Rom. 15:7). En otra parte, Pablo dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efe. 4:32).

Ilustración

La ley de la bondad gana corazones. La ternura, la aceptación y el perdón abren las mentes al evangelio. Tratar a los demás como Cristo nos ha tratado a nosotros es determinante en nuestro testimonio. Hace algún tiempo, una mujer afectada por la pobreza deambulaba sin rumbo por la calle en una fría noche de invierno. Cuando pasó junto a una iglesia adventista del séptimo día, notó que las luces estaban encendidas. Ella entró ansiosamente al salón de reuniones, sin tener idea de qué esperar. La vida había sido extremadamente difícil para ella. Recientemente había pasado por varias experiencias traumáticas.

Una clase de cocina saludable estaba en progreso. Encontró un asiento en el fondo de la sala y se sentó con su gorro de lana sobre su cabeza, envuelta en su abrigo de invierno. Ciertamente, era un “bicho raro” entre las otras mujeres, más sofisticadas, que asistían a la clase esa noche. Afortunadamente, algunas de las damas se acercaron a ella. La hicieron sentir extremadamente bienvenida. Parecían pasar por alto su pobreza y ver su autenticidad. Incluso pasaron por alto el hecho de que revolvió el basurero buscando comida cuando terminó la clase. Dijeron poco, pero trataron de satisfacer algunas de sus necesidades. Ella continuó asistiendo a la clase. Se desarrolló un vínculo de amistad entre algunas de las damas y esta desafortunada mujer. A medida que pasaban las semanas, impresionada por la amabilidad, el amor y la aceptación, comenzó a asistir a la iglesia cada semana y continuó con los estudios bíblicos.

Detrás de la fachada, había una mujer inteligente y talentosa. Cuando era niña, había tomado clases de piano y se había convertido en una pianista bastante exitosa. En dos años, ella llegó a ser miembro activo de la iglesia y una de sus pianistas. Ver a las personas no por lo que son, sino por lo que podrían convertirse, marca la diferencia. Jesús tuvo una actitud ganadora, y nosotros también podemos tenerla.
 
APLICACIÓN A LA VIDA  
 
Presentar la verdad en amor

La amistad abre la puerta a los corazones, pero generalmente no gana a las personas para Cristo sin testificación intencional de nuestra parte. Las relaciones positivas crean confianza, pero en sí mismas no ganan a las personas si no son relaciones centradas en Cristo. Jesús es “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Toda doctrina bíblica revela la verdad sobre Jesús para que nosotros, a través de su poder, podamos vivir su vida. El apóstol Pablo nos instruye para que hablemos “la verdad en amor” (Efe. 4:15).

Invita a tu clase a dialogar sobre los siguientes escenarios:

  1. Un hombre sin hogar acampa en el estacionamiento de tu iglesia, él ha estado allí por tres noches, ¿Cuáles son las formas apropiadas de relacionarse con él y algunas formas no tan apropiadas? ¿Cómo puedes ser redentor sin convertir el estacionamiento en una ciudad de tiendas para las personas sin hogar e impactar negativamente a los vecinos?
  2. Un socio comercial católico acaba de perder a su esposa debido a un episodio prolongado de cáncer de mama; le preocupa que su esposa pueda estar sufriendo en el purgatorio, ¿Cómo puedes presentar la verdad sobre el estado de los muertos de una manera reconfortante, en amor, sin ofenderlo?
  3. Una pareja joven que conoces bien y que no es adventista del séptimo día acaba de perder a un hijo de 12 años en un accidente automovilístico, ¿Cómo puedes proporconar la esperanza del regreso de Cristo sin trivializar la muerte de su hijo?

Estos son los principios para desarrollar una actitud ganadora:

  1. Pide a Jesús que te impresione con la verdad de que todas las personas tienen anhelos espirituales y son ganables para Cristo.
  2. Busca desarrollar relaciones postivas centradas en Cristo con aquellos que están en tu esfera de influencia.
  3. Ora por oportunidades para compartir la verdad divina.
  4. Presenta verdades bíblicas en el contexto de relaciones amorosas.

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