1. La mano de Jehová.
Muchos israelitas
atribuían las dificultades que acosaban a la nación a la incapacidad de Dios
para liberarlos. Habían llegado a tener una concepción de Dios similar a la que
los paganos tenían de sus dioses. Les parecía que Jehová era como una deidad
local cuyo poder era limitado y que, al parecer, no podía ni siquiera
protegerlos de los dioses y de los ejércitos de las naciones circunvecinas.
Culpaban a Dios de sus aflicciones. En este pasaje el Señor responde a esas
cavilaciones. Les dice que la culpa no está en él, sino en ellos. Dios sigue
siendo bueno y fuerte, su brazo aún es poderoso, y su oído todavía está atento
al clamor de sus hijos. Puede ayudarlos, y lo hará, una vez que los impedimentos
hayan sido eliminados.
Ni se ha agravado su oído.
El
inconveniente radica en la percepción espiritual de Israel, y no en el oído de
Dios (cap. 6:9-10).
2. Vuestras
iniquidades.
El pecado levanta una barrera entre el hombre y Dios. Si el
cielo parece estar muy distante de la tierra, es porque el pecado ha colocado un
velo de separación entre el hombre y Dios.
3. Vuestras manos.
Isaías repite aquí la acusación ya
presentada (cap. 1: 15). Aunque los judíos hacían una gran profesión de
religiosidad, sus palabras y obras eran de continuo impías.
4. No hay quien clame por la justicia.
Literalmente, "no hay quien clame con o en justicia". Por el contexto,
se ve claramente que Isaías se refiere a la administración de justicia. Debe
entenderse que cuando los hombres entablan un pleito, no lo hacen para lograr
una estricta justicia, sino para obtener la aprobación de sus actos injustos y
tiránicos.
Juzgue por la verdad.
Mejor, "juzgue con lealtad", "
ó "juzgue con probidad" " (BC), es decir que nadie pleitea honradamente. En el
transcurso del proceso legal, todos sacan provecho ilegal de sus antagonistas
(Isa. 1: 17, 23; Ose. 4:1-2; Amós 2:6-8; 4: 1; 5: 11-12; 8:4-6; Miq. 3: 11;
6:10-12; 7:2-3).
5. Huevos de áspides.
Tanto dirigentes como pueblo estaban constantemente ideando maldades que
producirían obras impías.
Telas de arañas.
Tejían redes
engañosas para seducir a sus prójimos. La tela de la araña no parece ser un
instrumento mortal, pero está admirablemente adaptada para entrampar a su presa.
Si los apretaren.
La indudable frustración de los planes impíos
no evitaba el mal mismo. Los enemigos de la justicia todavía podían lograr sus
fines.
6. Sus telas.
La tela de
araña no puede usarse como vestimenta, y el que intenta vestirse de ella, sólo
revela así su vergüenza y necedad. Los que se ocupan de tejer telas de araña,
malgastan el tiempo produciendo algo que no sólo es completamente inútil, sino
dañino.
7. Sus pies corren.
Las
formas verbales "corren" y "se apresuran" describen el afán y la avidez con que
esa gente participa del mal. Su conciencia no está dormida sino muerta. Habiendo
consumado un acto inicuo, están impacientes por realizar otro. Compárese con
Prov. 1: 16; 6:17-18; Miq. 7:3.
Derramar la sangre inocente.
"
"Derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera" " (2 Rey. 21:16). Dios
decretó que " "el que derramara sangre de hombre, por el hombre su sangre será
derramada" " (Gén. 9:6). Cuando Judá se vio frente a su ruina, sus dirigentes
estaban entregados a la " "avaricia, y para derramar sangre inocente, y para
opresión y para hacer agravio" " (Jer. 22:17). Una de las condiciones que Dios
puso para evitar la destrucción de Jerusalén, era que el pueblo no oprimiera al
extranjero, ni al huérfano, ni a la viuda ni derramara sangre inocente (Jer.
7:6).
Pensamientos de iniquidad.
En los días de Noé, Dios vio
que " "la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio " de
los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal" " (Gén.
6:5). De la misma manera, los planes de los impíos presagian males para nuestra
generación (ver com. Mat. 24:37-38).
Destrucción y quebrantamiento.
En el rollo 1QIsª de los Manuscritos del Mar Muerto se añade "y
violencia". los malos pensamientos engendran malas acciones. Cuando el mal ya ha
llegado a la etapa de la acción, en buena medida son inútiles los esfuerzos para
impedir que se realice. La única manera efectiva de impedir las malas acciones,
es transformar los pensamientos. Cristo expuso este aspecto de la ley en el
Sermón del Monte (ver com. Mat, 5:17-22).
Sus caminos.
Ya no se
podía viajar con seguridad.
8. Caminos de
paz.
Quienes quieran gozar de paz, en primer lugar deberán meditar en
pensamientos de paz. La paz es el producto de pensamientos correctos y acción
correcta (cap. 32:17). El pueblo de Dios goza de paz porque tiene paz en el
corazón. Este es el remedio para la angustia y el infortunio del mundo.
9. Justicia.
En los vers. 1-8, Dios
se dirige al pueblo. Aquí éste responde admitiendo las acusaciones de Dios.
Tinieblas.
Israel había esperado que se cumplieran las promesas
del pacto (ver pp. 29-30), sin que tuviera que hacer frente a sus obligaciones.
Esperaba gozar de todos sus privilegios sin aceptar sus responsabilidades. Por
esto, cosechó la maldición de la desobediencia (ver pp. 32-36). Israel no había
tenido en cuenta la justicia, la honradez, la misericordia y la bondad. Por eso
Dios no pleitearía por él frente a sus opresores. Para su desdicha, Israel
descubrió que con la medida con que había medido a otros: habría de ser medido
(ver com. Mat. 7:2). Estaba cosechando lo que había sembrado. Clamó a Dios en
procura de socorro, pero los cielos en lo alto parecían de bronce, y la tierra
debajo, de hierro (Deut. 28:23).
10. Palpamos.
En los vers. 10- 15 se describen vívidamente
los resultados de la transgresión. Cuando los hombres rehusan andar por el
camino de la luz y de la justicia, Dios permite que les sobrevenga ceguera (Las.
6:10; cf. Rom. 11:25). Deja que anden por los caminos que ellos mismos se han
trazado, caminos que inevitablemente llevan a la angustia y a la perplejidad.
Por así decirlo, los hombres se encuentran encerrados entre muros de
dificultades. Ciegamente y en vano tantean buscando una vía de escape. Este era
precisamente el resultado que Moisés había predicho (Deut. 28:20, 29).
11. Gruñimos.
La aflicción produce
varios efectos: algunas veces, enojo y amargura; otras, angustia y desconsuelo
(ver com. vers. 9). "No hay paz... para los impíos" (ver com. Isa. 57:21).
12. Nuestras rebeliones.
En nombre
del pueblo de Judá, Isaías reconoce francamente sus transgresiones (ver com.
vers. 9). Los judíos ya no intentan justificarse. Han comenzado a recibir la
paga del pecado (Rom. 6:23; cf. Sant. 1: 15).
13. El apartarse de en pos de nuestro Dios.
El pecado
siempre aparta de Dios, nunca acerca a él. El camino que Israel estaba siguiendo
llevaría a la nación siempre más lejos de los ideales que Dios había puesto
delante de él. Por así decirlo, el pueblo, mediante Isaías (ver com. vers. 12)
admitía francamente su culpabilidad (ver com. vers. 9), y al hacer esto, daba el
primer paso de regreso hacia Jehová. Los pasos sucesivos, esenciales para la
reforma, se explican en el cap. 58:5-14. Al seguirlos, Israel encontraría su
única esperanza para evitar mayores calamidades.
14. El derecho.
0 también, "justicia". Isaías describe aquí
la triste situación que prevalecía en los tribunales de justicia y en el trato
individual de judíos entre sí. Se personifica al derecho y se lo pinta como un
fugitivo que huye en busca de seguridad. La justicia no se atrevía a dejarse ver
en público.
Justicia.
En el sentido de "rectitud". También la
rectitud había sido dejada de lado, y había huido de la habitación de los
hombres. La verdad había sido atacada y yacía como un guerrero caído, pisoteada,
e incapaz de levantarse. La equidad y la integridad habían sido desterradas y no
se atrevían a volver. Este es el resultado inevitable cuando una nación da la
espalda a Dios y a la ley divina (CS 641-642).
15. Fue puesto en prisión.
Mejor, "es despojado" " (BJ).
Aquí termina la sección que había comenzado con el vers. 9.
Los tiempos
son tan malos que el hombre recto encuentra que su misma vida está en peligro.
Tal era la situación en Judá durante el reinado de Manasés, quien derramó "
"mucha sangre inocente" " (2 Rey. 21: 16).
Lo vio Jehová.
Con
estas palabras comienza una nueva sección. Ha concluido la acusación divina
dirigida a Judá (vers. 9-15). Ahora el Señor estudia la condición de Judá, al
parecer desesperada, y se ofrece a sí mismo como Salvador e Intercesor (ver com.
cap. 53:12). Es alentador saber que cuando una situación se presenta oscura y
desanimadora para el hombre, no sólo el Señor lo sabe todo, sino que también
está dispuesto a tomar las medidas necesarias para resolverla.
16. No había hombre.
En la crisis
que se había presentado, no hubo ninguno que proporcionara alivio (ver Eze.
22:30), o detuviera el castigo, como lo hicieron Aarón y Moisés (Núm. 16:47-48),
o Finees
(Núm. 25:7-8). Desde el punto de vista humano, la situación era
desesperada. El socorro debía venir de Dios, como lo hizo en Egipto, en el cruce
del Mar Rojo, y repetidas veces durante la peregrinación por el desierto y la
ocupación de la Tierra Prometida. Dios obraría por amor de su propio nombre y
por amor de su pueblo abatido.
Quien se interpusiese.
O "que no
hubiera intercesor" (BJ), que "interviniera" en favor de Israel que estaba
alejado del Padre celestial y en angustiosa necesidad de ayuda (ver com. vers.
1-2, 9).
Su misma justicia.
Es la misericordia divina la que
impulsa al Omnipotente a intervenir en favor de su pueblo asediado. La crisis
que enfrentaba Judá en los días de Isaías y a la que hizo frente más tarde,
amenazaba con extinguir la nación. Pero, como tantas veces acontece en el libro
de Isaías, la Inspiración deduce de la crisis inmediata una lección profundísima
referente al gran conflicto entre el bien y el mal. En esto no sólo está
implicado el reino de Judá, sino toda la humanidad.
La completa
impotencia de Judá ante sus enemigos aparece aquí como un ejemplo de la
ineficacia de toda la raza humana en su lucha contra el pecado y las fuerzas del
mal. Sin la intervención divina, el hombre no tiene esperanza. Por lo tanto,
Cristo se ofrece a sí mismo como rescate para muchos y entra por el arduo
sendero del conflicto que finalmente lo llevará a la cruz.
17. Coraza.
Isaías describe a
Cristo como un guerrero armado que entra en la lucha por la salvación del
hombre. Se trata de una guerra, pero el conflicto no se riñe con armas carnales.
La coraza y el yelmo son armas defensivas para proteger el pecho y la cabeza,
las dos partes más vulnerables del cuerpo.(Efe. 6:14, 17).
Celo.
Ese celo hacía intrépido a Cristo y aterrorizaba a las fuerzas del mal
(Sal. 69:9;119:139).
18. Como para
vindicación.
Mejor, "según los merecimientos así pagará" (BJ). Para ser
justo, el castigo debe ser proporcional a la culpa. Cuando Cristo vuelva, lo
hará para recompensar con galardón "a cada uno según sea su obra" (Apoc. 22:12).
El Señor es "tardo para la ira" , pero vendrá el momento cuando castigará a "sus
adversarios... y no tendrá por inocente al culpable" (ver com. Nah. 1:2-3).
Los de la costa.
Las naciones lejanas que han oprimido al pueblo
de Dios (ver com. cap 42:4)
19. Y temerán.
Como en el caso del antiguo Egipto, todas las naciones deberán respetar
el poder y la majestad de Dios cuando él se yerga para defender a su pueblo (ver
com. cap. 45:23). Cuando los juicios de Dios visitan la tierra, "los moradores
del mundo aprenden justicia" (cap. 26:9).
La manifestación final del
poder de Dios en favor de su pueblo hará que todos, desde sin extremo de la
tierra hasta el otro, reconozcan su soberanía (Sal. 50:1-6; Mal. 1: 11; Apoc.
5:13; 15:3-4).
Vendrá el enemigo como río.
El texto masorético,
sin vocales, puede también traducirse: "vendrá como torrente impetuoso, empujado
por el soplo de Yavé" (NC). La palabra tsar , traducida en la RVR como
"enemigo", puede también traducirse como "angostura", "estrechez", "angustia", y
la frase resultante: "un río de angustia" podría representar el poder
avasallador con el cual avanza Jehová. La LXX emplea una traducción similar, lo
que muestra que ésa era la idea que sus traductores captaron del original.
Levantará bandera.
Heb. nosesah . Este verbo irregular no
muestra claramente cuál es su forma básica. Si procede del verbo nasas, se
refiere a "levantar bandera", pero si viene del verbo nus , como afirman los
diccionarios más recientes, debe traducirse como "empujar", por lo cual la
traducción de Nácar-Colunga, "vendrá como torrente impetuoso, empujado por el
soplo [o Espíritu] de Yavé" parece ser la más precisa. Si se acepta esta
interpretación, debe considerarse que el versículo 19 presenta la gran
liberación de Dios, que con fuerza y majestad derrota al enemigo. 350 Vez tras
vez, en el transcurso de la historia, Dios ha intervenido de maneras sumamente
maravillosas para liberar a su pueblo. Lo mismo ocurrirá con el pueblo de Dios
en ocasión de la gran crisis al final de la historia humana. Cuando los impíos
de la tierra piensen que los santos están completamente en su poder, el Señor se
manifestará destruyendo a sus enemigos y llevándose a los santos para que
reciban su heredad.
20. Vendrá el Redentor.
Esta profecía se cumplirá con la segunda venida de Cristo. El Señor
volverá entonces para salvar a su pueblo, a los que han abandonado sus
transgresiones y lo han aceptado como su Salvador. En Rom. 11:26-27, Pablo
aplica palabras similares al tiempo cuando "todo Israel será salvo"."
21. Mi pacto.
" Ver com. Gén. 17:4,
7-8; Jer. 31:31-34; Heb. 8: 10-11; 10: 16. "
CBA T4

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