1. A todos los pueblos.
La narración de los
acontecimientos del cap. 4 se registra en la forma de una proclama real. Los
eruditos modernos declaran que tal edicto es históricamente absurdo, debido a
que no pueden encontrar otros casos de tales conversiones, públicamente
anunciadas. Pero los argumentos del silencio nunca son definitivos. Por otra
parte, la conversión de un rey a una nueva religión o dios se relata en otros
escritos. Por ejemplo, el rey Amenofis (o Amenhotep) IV de Egipto abandonó la
religión politeísta de sus antepasados y de la nación e hizo grandes esfuerzos
por introducir en el reino una nueva religión monoteísta. Hizo edificar una
nueva capital, cambió su propio nombre, cerró los antiguos templos, renunció a
los dioses anteriores, levantó nuevos templos de su dios, e hizo todo lo que
estaba a su alcance para fomentar la nueva religión.
Por otra parte, la
Crónica Babilónica sólo relata los acontecimientos hasta el año 11.° del reinado
de Nabucodonosor. De ahí en adelante, nuestros conocimientos son fragmentarios.
Por eso es imposible verificar todos los acontecimientos del reinado de este
monarca en documentos de la época. En la Crónica se narra la destrucción de
Jerusalén en 597 a. C., pero el largo sitio de Tiro comenzó apenas en el año 585
y no aparece en dicho documento. Lo relata Josefo ( Contra Apión i. 21). Sin
embargo no se pone en duda la historicidad de este acontecimiento. Tampoco es
extraño que no se encuentren en los registros babilónicos referencias a la
enfermedad mental del rey. Tales registros naturalmente omiten hechos que tienen
que ver con las desgracias de un héroe nacional. El cambio en este capítulo de
la primera persona a la tercera persona y de nuevo a la primera (vers. 2-27; cf.
28-33; 34-37) se ha explicado suponiendo que Daniel escribió el edicto por orden
del rey, o que como principal consejero de Nabucodonosor, Daniel añadió ciertas
partes al edicto escrito por el rey mismo. El edicto reflejaba los sentimientos
del rey cuando habían sido completamente restablecidas sus facultades mentales.
"El que fuera una vez orgulloso"monarca, había llegado a ser humilde hijo de
Dios" (PR 382; cf. EGW, Material Suplementario, com. Dan. 4: 37).
Paz os
sea multiplicada.
La introducción de la proclama contiene una expresión
de buenos deseos. Los edictos posteriormente promulgados por reyes persas tenían
una forma similar (cf. Esd. 4: 17; 7: 12). Una forma típica hallada en las
cartas arameas de Elefantina, del siglo V a. C. es: "La salud de - que el Dios
del cielo busque".
3. Su reino.
La
doxología de la segunda parte del vers. 3 aparece de nuevo con variaciones en el
vers. 34; cf. cap. 7: 14, 18.
4. Tranquilo.
Esta frase indica que el rey gobernaba tranquilamente su reino. Por lo
tanto, los acontecimientos de este capítulo pertenecen a la segunda mitad de su
reinado de 43 años. El rey estaba "floreciente" en su palacio en Babilonia (ver
Nota Adicional al final de este capítulo), y como el rico insensato de la
parábola, cuyos campos habían producido abundantemente (Luc. 12: 16-21), olvidó
su responsabilidad para con Aquel a quien debía su grandeza.
5. Me espantó.
La súbita manera en
que este acontecimiento se introduce ilustra en forma adecuada lo inesperado y
repentino del suceso (ver cap. 2: 1).
6. Mandé.
Compárese con la fraseología de cap. 3: 29. Como
en el caso del sueño del cap. 2, fueron convocados los sabios. Sin embargo, en
este caso el rey no había olvidado el contenido del sueño. La demanda del rey de
que se interpretara su sueño era pues muy diferente de la que se describe en
cap. 2: 5.
7. Magos.
De los cuatro
grupos de sabios que se enumeran en este versículo, dos: los magos y astrólogos,
fueron presentados en el cap. 1: 20 (ver com. de ese texto); la tercera
categoría, los caldeos, en el cap. 2: 2 (ver com. cap. 1: 4), y la cuarta clase,
los adivinos, en el cap. 2: 27 (ver com. de ese texto).
No me pudieron
mostrar.
Algunos han sugerido que debido a que estos sabios de Babilonia
eran expertos en la interpretación de sueños y señales de carácter sobrenatural,
posiblemente presentaron alguna clase de interpretación. En verdad, el sueño era
tan explícito que el rey mismo presintió que contenía algún mensaje adverso para
él (PR 379). Era esto lo que lo alarmaba. Sin embargo, los antiguos cortesanos
acostumbraban halagar a sus soberanos y evitaban decirles directamente cualquier
cosa desagradable. Por eso, aunque hubieran entendido partes del sueño, o
hubiesen tenido una noción vaga de su importancia, no habrían tenido valor para
expresar sus conclusiones. Si ofrecieron algún tipo de explicación, ésta no
satisfizo en absoluto al rey. Ciertamente no Podían dar una interpretación
precisa y detallada, como Daniel lo hizo posteriormente (PR 379-380). La verdad
es que "ninguno de los sabios podía interpretar" " el sueño (PR 379).
8. Beltsasar.
La narración presenta
a Daniel primero por su nombre judío, por el cual lo conocían sus compatriotas,
luego por su nombre babilónico que le había sido dado en honor al principal dios
de Nabucodonosor (ver com. cap. 1: 7).
No se explica la razón por la
cual Daniel había permanecido tanto tiempo en la penumbra, a pesar de ser
considerado " "jefe de los magos" (vers. 9). Algunos han sugerido que
Nabucodonosor se proponía saber primero cuál era en general la opinión de los
caldeos en cuanto a su sueño tan desconcertante, antes de oír toda la verdad que
sospechaba que era desfavorable (compárese con el caso del rey Acab, 1 Rey. 22:
8). Sólo después de que los otros sabios que se ocupaban de las ciencias ocultas
demostraron su incapacidad para satisfacer al rey, éste mandó llamar al hombre
que, en una oportunidad anterior, había demostrado su habilidad e inteligencia
superiores en la interpretación de sueños (cap. 2; cf. cap. 1: 17, 20).
De los dioses santos.
O, "del Dios Santo" (BJ). La palabra
aramea que significa "dioses" es 'elahin , término que se usa frecuentemente
para designar a dioses falsos (Dan. 2: 11, 47; 3: 12; 5: 4), pero que también
puede aplicarse al verdadero Dios (ver com. Dan. 3: 25). Esta expresión revela
qué era lo que había inspirado en el rey la confianza en el poder y el
entendimiento superiores de Daniel. También muestra que Nabucodonosor ya tenía
un concepto de la naturaleza de aquella Deidad a quien Daniel debía ese poder y
sabiduría. Daniel y sus compañeros habían dado testimonio sin vacilar del
verdadero Dios a quien ellos adoraban. La expresión, que se repite en los vers.
9 y 18 de Dan. 4, muestra claramente que de ninguna manera Nabucodonosor había
olvidado lo que había aprendido en una ocasión anterior respecto al eminente don
profético de ese judío y de su comunión con el único Dios verdadero.
En
vez de la frase "en quien mora el espíritu de los dioses santos", la versión de
Teodoción reza: "Que tiene en sí el santo espíritu de Dios"." La LXX omite
completamente desde la última parte del vers. 5 hasta el fin del vers.10.
9. Jefe de los magos.
Este término
usado por el rey es probablemente sinónimo de aquél que se usa en el cap. 2: 48,
"jefe supremo de todos los sabios de Babilonia" . La palabra "jefe" de 4: 9 y 2:
48 es traducción de la palabra aramea, rab.
Declárame las visiones.
Pareciera que el rey exige que Daniel le cuente el sueño además de su
interpretación, pero inmediatamente le narra el sueño (vers. 10). La LXX no
incluye este versículo en los MSS existentes. Contiene el relato de los vers.
1-9 en forma sumamente abreviada. El texto de la Bj también es abreviado en
comparación con la RVR. La versión griega de Teodoción reza: " "Escucha la
visión del sueño que yo he visto, y dime su interpretación" " . En siríaco se
traduce este pasaje con una paráfrasis: "En las visiones de mi sueño yo estaba
viendo una"817 "visión de mi cabeza y tú dime su interpretación"." Algunos
expositores modernos (Marti, Torrey, etc.) aceptan la versión de Teodoción como
la mejor solución, mientras otros, como Montgomery, piensan que la palabra
aramea jzwy (originalmente sin puntos vocálicos), que se traduce "las visiones
de" (RVR), era originalmente jzy , "he aquí" , tal como lo demuestran los
papiros de Elefantina. El texto se leería entonces, como en la BJ: " "Mira el
sueño que he tenido; dame su interpretación" " . (En la BJ corresponde con el
vers. 6 del cap. 4 y no con el vers. 9.)
10. Me parecía ver. . . un árbol.
La sabiduría divina a
menudo usa parábolas y figuras como medios para la transmisión de la verdad.
Este método impresiona. Los símbolos ayudan a la persona a recordar tanto el
mensaje como su importancia, durante más tiempo que si el mensaje hubiese sido
comunicado de otra manera. Compárese con los ricos simbolismos que aparecen en
el pasaje de Eze. 31: 3-14.
Los antiguos acostumbraban a ver un
significado en todo sueño extraordinario. Quizá por esta razón Dios empleó un
sueño en este caso como un instrumento para exponer sus designios.
13. Un vigilante.
Arameo 'ir , "el
que está despierto", "el que vigila". La LXX traduce esta palabra por ággelos ,
"ángel", pero Teodoción, en vez de traducirla, simplemente la traslitera, ir .
Los traductores judíos Aquila y Símaco la traducen como egr'goros , "el que está
alerta", término que se encuentra en el libro de Enoc y en otros escritos
apócrifos judíos para designar a los ángeles superiores, malos o buenos, que
velan y no duermen. Aplicado a ángeles, el término "vigilante" aparece
exclusivamente en este pasaje del AT. Se ha sugerido que los caldeos pudieron
haber conocido a los ángeles con este nombre, aunque no se ha encontrado aún
evidencia de esto. Las expresiones "santo" y "descendía del cielo" muestran que
el vigilante es un mensajero celestial. Es evidente que se reconocía al
vigilante como portador de las credenciales del Dios del ciclo (PR 380), cuyas
decisiones son inapelables.
15. La cepa de
sus raíces dejaréis.
Compárese con Job 14: 8 e Isa. 1: 11. Los futuros
retoños de esta raíz (ver Job 14: 7-9) representaban, según se ve por la
comparación de los vers. 26 y 36, la restauración de Nabucodonosor de su
enfermedad, y no la continuación de la supremacía de su dinastía, como algunos
comentadores han explicado. Es obvio que todo el pasaje se refiere a un
individuo y no a una nación.
Con atadura.
Muchos comentadores
ven en esta aseveración una referencia a bandas de metal que se colocan
alrededor de un tronco que sirve de raíz, probablemente para evitar que se
agriete o se parta, aunque por los documentos antiguos no podemos demostrar que
se haya practicado tal cosa. La LXX no hace mención de estas ataduras. Según esa
versión, el vers. 15 reza: " "Y así dijo: Dejad una raíz de él en la tierra,
para que se alimente como buey con las bestias de la tierra, en las montañas de
pasto". " Teodoción prefiere el texto masorético. Ya que la interpretación del
sueño no llama la atención a las ataduras, la interpretación de esa figura queda
sujeta a conjeturas. En los vers. 15 y 16 hay una transición de la "cepa de
sus"raíces" a lo que la raíz representaba. Algunos hacen la transición en la
frase que estamos considerando, y ven en las ataduras cadenas materiales,
necesarias para atar al rey enloquecido (Jerónimo), o ataduras figuradas, que
representarían las restricciones que se impondrían al monarca como resultado de
su enfermedad. Sin embargo, parece más natural aplicar las ataduras a la cepa en
sí misma y considerarlas como una indicación del cuidado que se tendría para
conservar la cepa.
16. Su corazón.
La transición de la figura del árbol al objeto que se simboliza ya se ha
realizado claramente (ver com. vers. 15). El término "corazón" aquí parece
indicar naturaleza. El rey tomaría la naturaleza de una bestia.
Siete
tiempos.
La mayoría de los intérpretes, tanto antiguos como modernos,
explican que la palabra aramea 'iddan , " "tiempo" , aquí (también en los vers.
23, 25, 32; cap. 7: 25; 12: 7) significa "año" . El texto de la LXX dice "siete
años". Entre los primeros expositores que se inclinaron por esta opinión están
Josefo ( Antigüedades x. 10. 6), Jerónimo, Rashi, Ibn Ezra y Jefet. La mayoría
de los expositores modernos también están de acuerdo con esta interpretación.
17. Vigilantes.
Ver com. vers. 13.
El uso del plural presupone la existencia de una asamblea o concilio celestial
(ver Job 1: 6-12; 2: 1-6). 818
Para que conozcan los vivientes.
Esta expresión revela el propósito divino de ejecutar la orden. El trato
de Dios con Babilonia y su rey había de ser una ilustración para las otras
naciones y sus reyes de los resultados de aceptar o rechazar el plan divino para
con las naciones.
El Altísimo gobierna.
En los asuntos de las
naciones Dios está siempre ejecutando "silenciosa y pacientemente los consejos
de su propia voluntad" (Ed 169). Algunas veces, como en ocasión del llamamiento
de Abrahán, ordena una serie de acontecimientos destinados a demostrar la
sabiduría de sus caminos. Otras veces, como en el caso del mundo antediluviano,
permite que el mal siga su curso y dé así un ejemplo de la locura que significa
oponerse a los principios correctos. Pero finalmente, como en la liberación de
los hebreos de Egipto, interviene para que las fuerzas del mal no venzan a los
instrumentos que él ha dispuesto para la salvación del mundo. Ya sea que Dios
ordene, permita, o intervenga "el complicado juego de los acontecimientos
humanos se halla bajo el control divino" y un "propósito divino predominante ha
estado obrando manifiestamente a través de los siglos" (PR 393, 392; ver Ed 169;
Rom. 13: 1).
"Dios ha asignado un lugar en su gran plan a toda nación" y
a cada una ha dado la oportunidad de "ocupar su lugar en la tierra a fin de ver
si éstas cumplirán el propósito del 'Vigilante y Santo'"(Ed 174, 172). Según los
designios divinos, la función del gobierno es la de proteger y sostener a la
nación, dar a su pueblo la oportunidad de alcanzar el propósito que el Creador
tiene para él y permitir que las otras naciones hagan lo mismo (Ed 170), a fin
de que todos los hombres " busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan
hallarle" (Hech. 17: 27).
Una nación es fuerte en proporción con la
fidelidad con que cumple el propósito de Dios para ella; su éxito depende del
uso que hace del poder que se le encomienda; su cumplimiento de los principios
divinos es siempre la medida de su prosperidad; y su destino está determinado
por la actitud que sus dirigentes y pueblo tienen hacia esos principios (Ed 170,
169, 172-173; PP 576). Dios imparte sabiduría y poder que mantendrán fuertes a
las naciones que le permanezcan fieles, pero abandona a las que atribuyen su
gloria a las realizaciones humanas y actúan independientemente de él (PR 367).
Los hombres "que rehusan someterse al gobierno de Dios son enteramente
ineptos para gobernarse a sí mismos" (CS 641). Cuando en vez de proteger a los
hombres, una nación se vuelve cruel y orgullosa opresora, su caída es inevitable
(Ed 171). Cuando las naciones, una tras otra, rechazan los principios de Dios,
su gloria se desvanece, su Poder desaparece y su lugar es ocupado por otras (Ed
172). "Todos deciden su destino por propia elección" y al rechazar los
principios de Dios, provocan su propia reina (Ed 173, 172). "El complicado
desarrollo de los sucesos humanos está bajo el gobierno divino. En medio de la
lucha y el tumulto de las naciones, Aquel que se sienta por encima de los
querubines dirige aún los asuntos terrenales" y "dirige todo para la ejecución
de sus propósitos" (Ed 174). Ver com. cap. 10: 13.
Más bajo.
Arameo shefal , "bajo" , "humilde" . En su forma verbal se traduce
"humillado" en cap. 5: 22 y "humillar" en cap. 4: 37.
18. Dirás la interpretación de él.
Ver com. vers. 7.
Los dioses santos.
Ver com. vers. 8.
19. Atónito.
Arameo shemam , que en la forma en que aquí se
halla, significa "quedar duro de miedo", "quedar espantado". Daniel, habiendo
comprendido inmediatamente el sueño y sus consecuencias, debe haberse sentido
muy turbado por la responsabilidad de revelar su terrible significado al rey
(ver cap. 2: 5).
Hora.
Arameo sha'ah . Es imposible definir
precisamente el lapso indicado por sha'ah . Puede ser un breve momento, o quizá
un período más largo. Compárese los diferentes usos de sha'ah en los cap. 3: 6,
15; 4: 33; 5: 5. Debe haber pasado tiempo suficiente para que Daniel revelase a
su protector real que sus "pensamientos lo turbaban [o lo alarmaban]". Sin duda
Daniel estaba buscando las palabras y expresiones apropiadas por medio de las
cuales haría conocer al rey las terribles nuevas de su futuro destino.
El rey habló.
El hecho de que en ese momento Nabucodonosor
hablara en tercera persona, no justifica la conclusión de los críticos de que
otro hablaba de él, y que por lo tanto el documento no es genuino, o que este
versículo incluye un dato histórico, interpolado en el documento. Cambios
similares, de la primera a la tercera persona y viceversa, se encuentran en
otros libros bíblicos (Esd. 819 (Esd. 7: 13-15; Est. 8: 7-8) y en no bíblicos,
antiguos y modernos (ver com. Esd. 7: 28).
El rey vio claramente la
consternación que se reflejaba en el rostro de Daniel. Por la naturaleza del
sueño difícilmente podría haber esperado oír algo agradable. Sin embargo, animó
a su fiel cortesano para que le presentara toda la verdad sin temor de incurrir
en el desagrado real.
Los que mal te quieren.
Aunque Daniel
había sido tomado cautivo por el rey y había sido deportado de su patria para
servir a extraños que oprimían a su pueblo, no albergaba malos sentimientos
hacia Nabucodonosor. En realidad, sus palabras testifican que sentía gran
lealtad personal para con el rey, lo que quizá contrastaba con muchos de los
judíos de su época. Por otra parte, las palabras de Daniel no deben
necesariamente interpretarse como una expresión de malicia para los enemigos del
rey. La respuesta es simplemente una respuesta cortés expresada en verdadero
estilo oriental.
22. Tú mismo eres.
Sin mantener al rey en suspenso durante mucho tiempo, Daniel le anunció
lisa y llanamente -aunque sin duda el rey ya lo sospechaba- que el árbol
representaba al mismo Nabucodonosor.
Hasta el cielo.
Para
algunos, los términos con los cuales el profeta describió la grandeza de
Nabucodonosor pueden parecer exagerados, pero debemos recordar que Daniel usó el
idioma y las expresiones propias de la corte de ese lugar y ese tiempo. Esas
expresiones se parecen muchísimo al lenguaje jactancioso de Nabucodonosor que se
encuentra en varias de las inscripciones de aquel rey, descubiertas por los
arqueólogos. También se asemejan a las palabras empleadas por los predecesores
asirios de Nabucodonosor y por otros monarcas orientales.
25. Con las bestias.
Aunque las
palabras del mensajero celestial implicaban claramente alguna fatalidad, los
magos fueron incapaces de determinar la naturaleza del castigo. No se indica la
razón de la expulsión del rey de la sociedad, pero quizá fue entendida por el
rey. Se puede concluir que ese castigo era la demencia no sólo por las
observaciones generales de este versículo, que describe su futuro, sino también
por la declaración de que su "razón... fue devuelta" (vers. 34). No tiene
fundamento la objeción de los críticos de que el rey fue expulsado por elementos
desconformes que actuaban dentro del gobierno, o como resultado de una revuelta.
26. Te quedará firme.
Muchos se han
preguntado por qué el rey demente no fue muerto, o por qué sus súbditos o
ministros de Estado no pusieron a algún otro en el trono vacante durante el
tiempo cuando Nabucodonosor estuvo incapacitado. Se ha dado la siguiente
explicación: Los supersticiosos de la antigüedad creían que todos los disturbios
mentales eran causados por malos espíritus que se apoderaban de sus víctimas;
que si alguien mataba al demente, ese espíritu se posesionaba del homicida o
instigador del crimen; y que si su propiedad era confiscada o su cargo ocupado
por otro, una terrible venganza recaía sobre los responsables de la injusticia.
Por esa razón los dementes eran alejados de la sociedad, pero en otros sentidos
no se los molestaba (ver 1 Sam. 21: 12 a 22: 1).
27. Tus pecados redime.
Aquí se le comunica al orgulloso
monarca un principio divino. Los juicios de Dios contra los hombres pueden
evitarse por el arrepentimiento y la conversión (Isa. 38: 1-2, 5; Jer.18: 7-10;
Jon. 3: 1-10). Por esa razón Dios anunció el inminente castigo de Nabucodonosor,
pero le dio un año entero para que se arrepintiera y así evitara la calamidad
anunciada (Dan. 4: 29). Sin embargo, el rey no cambió su manera de vivir, y en
consecuencia atrajo sobre sí la ejecución del castigo. En contraste, los
ninivitas, que tuvieron 40 días para arrepentirse, aprovecharon la oportunidad y
ellos y su ciudad fueron salvados (Jon. 3: 4-10). " "Porque no hará nada Jehová
el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas" " (Amós 3: 7).
Dios previene a pueblos y naciones de su inminente castigo. Envía un mensaje al
mundo hoy para advertirle que su fin se acerca velozmente. Puede ser que pocos
acepten tales advertencias, pero siendo que han recibido una adecuada
amonestación, los hombres no tendrán excusa en el día de la desgracia.
Misericordias.
Se amonestó al rey que practicase justicia para
con todos sus súbditos y que fuera misericordioso con los oprimidos, los
desdichados y los pobres (ver Miq. 6: 8). Estas virtudes frecuentemente se
mencionan juntas (Sal. 72: 3-4; Isa. 11: 4).
29. En el palacio.
No se sabe desde qué palacio miró
Nabucodonosor la ciudad. Quizá desde el techo de los famosos jardines colgantes,
cuyos gruesos y fuertes muros del fundamento han sido excavados, o desde el
nuevo Palacio de Verano de la sección norte 820 de la ciudad nueva, que es ahora
un montículo de ruinas que se conoce con el nombre de Babil . Véase la Nota
Adicional al final de este capítulo donde se halla una descripción de la
Babilonia de Nabucodonosor.
30. Que yo
edifiqué.
Los estudiantes de la historia babilónico antigua recuerdan
estas arrogantes palabras al leer las pretensiones del rey en las inscripciones
que han sido conservadas en medio del polvo y los escombros de las ruinas de
Babilonia. En una de esas inscripciones el orgulloso rey proclama: "Entonces
construí yo el palacio, el asiento de mi realeza, el vínculo de la raza de los
hombres, la morada del triunfo y el regocijo" (E. Schrader, Keilinschiftliche
Bibliothek , t. III, parte 2, p. 39). En otro texto dice: "En Babilonia, la
ciudad que yo prefiero, que yo amo, estaba el palacio, el asombro del pueblo, el
vínculo de la tierra, el brillante palacio, la morada de la majestad sobre el
suelo de Babilonia" ( Id ., p. 25). Las excavaciones en Babilonia han demostrado
que Nabucodonosor tenía razones válidas para estar orgulloso de su maravillosa
creación, aunque no han confirmado en todos los detalles las exageradas
pretensiones de los escritores clásicos en cuanto al tamaño de la antigua
Babilonia (ver Nota Adicional al final de este capítulo).
La pretensión
de Nabucodonosor de haber "edificado" la ciudad de Babilonia no debe
interpretarse como una referencia a su fundación, que ocurrió poco después del
diluvio (Gén. 11: 1-9; cf. cap. 10: 10). Se refiere a la gran obra de
reconstrucción comenzada por su padre Nabopolasar, y completada por
Nabucodonosor. Las actividades de Nabucodonosor como constructor fueron tan
extensas que eclipsaron a todo lo que se había realizado anteriormente. Se ha
dicho que no se podía ver mucho que no hubiese sido construido durante su época.
Esto era verdad en lo que respecta a los palacios, los templos, los muros y aun
los barrios residenciales. El tamaño de la ciudad había sido más que duplicado
por la adición de nuevas secciones a la vieja Babilonia, como suburbios en ambas
márgenes del río Eufrates.
31. Vino una
voz.
Las arrogantes exclamaciones del rey fueron inmediatamente seguidas
por su humillación. No se dice si esa voz fue oída por el rey solo o si su
séquito también oyó las palabras celestiales.
33. Se cumplió.
Muchos comentadores han identificado la
enfermedad de Nabucodonosor con una forma de demencia en la cual los hombres se
creen animales e imitan la manera de vida de las bestias.
Se ha
encontrado un ejemplo antiguo de tales enfermedades mentales. Una tablilla
cuneiforme, inédita, del Museo Británico menciona a un hombre que comía pasto
como una vaca (F. M. Th. de Liagre Bóhl, Opera Minora [ 1953 ], p. 527). No es
necesario identificar con precisión la enfermedad de Nabucodonosor ni igualarla
con algo que conozca la ciencia médica hoy. Su caso puede haber sido único. El
relato es breve, y un diagnóstico exacto hecho con tan poca información no tiene
valor.
Plumas de águila.
La palabra "plumas" ha sido agregada.
El cabello, descuidado y expuesto durante mucho tiempo a la inclemencia del
tiempo y a los rayos del sol, se pone duro y rebelde.
34. Al fin del tiempo.
Es decir, el fin de los "siete
tiempos" , o siete años, predichos para la duración de la locura de
Nabucodonosor (ver com. vers. 16).
Alcé mis ojos.
Es
significativo notar que se nos dice que el rey recuperó la razón cuando
reconoció al verdadero Dios. Cuando el humillado rey levantó la vista al cielo
en oración, fue elevado de la condición de una bestia bruta a la de un ser que
lleva la imagen de Dios. El que durante años había yacido por tierra, impotente
y humillado, fue una vez más exaltado a la dignidad humana que Dios ha concedido
a sus criaturas, formadas a su semejanza. Lo fundamental del milagro que ocurrió
en el caso de Nabucodonosor se repite todavía -aunque en forma menos
espectacular- en la conversión de cada pecador.
Bendije al Altísimo.
Habla bien del rey que en un tiempo fuera orgulloso, el hecho de que
después de su tenebrosa vivencia sintiera en primer lugar el deseo de agradecer
a Dios, alabarlo como el Eterno y reconocer su reinado perdurable.
35. Como nada.
Compárese con Isa.
40: 17. La segunda mitad de este versículo es muy semejante a Isa. 43: 13.
Algunos han sugerido la posibilidad de que al relacionarse con Daniel, el rey
hubiera llegado a conocer las palabras de Isaías, y que repentinamente las
recordó. La confesión fue maravillosa, especialmente en boca de este monarca,
una vez tan arrogante. Es el testimonio de un penitente converso, una
declaración que emana 821 del corazón de un hombre que había aprendido por
experiencia propia a conocer y reverenciar a Dios.
36. Me fue devuelta.
Junto con la recuperación del
entendimiento, Nabucodonosor también recobró su dignidad real y su trono. Para
mostrar la estrecha relación entre el retorno de su razón y su restauración a la
soberanía, este versículo repite (ver vers. 34) el primer elemento de su
recuperación. El segundo sigue inmediatamente en la manera sencilla de la
narración semítica. Un narrador en castellano podría haber dicho: "Cuando volvió
mi entendimiento, entonces también volvieron mi condición real y mi gloria".
Me buscaron.
Esta palabra "buscaron" no indica necesariamente
que durante el período de su demencia se permitió que el rey vagara por los
campos y el desierto sin ser vigilado; significa que lo buscaron teniendo en
cuenta su puesto oficial. Cuando se supo que había recuperado la razón, los
regentes del reino lo hicieron volver con todo el debido respeto para poder
entregarle el gobierno nuevamente. Durante su demencia ellos habían atendido los
asuntos del gobierno.
37. Alabo,
engrandezco.
Esta es la conclusión con que Nabucodonosor termina su
proclama, en la cual, como un pecador convertido, reconoce la justicia de Dios.
Su confesión de que Dios es "Rey del cielo" expresa su reverencia para con el
Dios que acaba de encontrar. El restablecido monarca de Babilonia ha aprendido
bien su lección (ver PR 382; EGW, Material Suplementario sobre este versículo).
En cuanto al carácter progresivo de la comprensión que Nabucodonosor tuvo de
Dios, ver cap. 2: 47; 3: 28; p. 779.
NOTA ADICIONAL DEL
CAPÍTULO 4
Bajo la dirección de Robert Koldewey, que trabajó
para la Sociedad Oriental Alemana, se llevaron a cabo importantes excavaciones
en Babilonia entre los años 1899 y 1917. En ellas se desenterraron algunas de
las secciones más importantes de la gran zona de ruinas de la antigua Babilonia,
si bien durante esas excavaciones hubo amplios sectores que no fueron tocados.
Desde los albores de la historia, Babilonia fue una ciudad importante de
Mesopotamia (Gén. 11). Hammurabi la constituyó en capital de su dinastía. Como
sede del santuario del famoso dios Marduk, seguía siendo un centro religioso aun
durante los períodos cuando no gozaba de supremacía política, como por ejemplo
durante el tiempo cuando Asiria fue el principal poder mundial. Cuando
Nabopolasar recobró la independencia de Babilonia, la ciudad volvió a ser una
vez más la metrópoli del mundo. Pero fue especialmente con Nabucodonosor, el
gran propulsor del Imperio Neobabilónico, cuando Babilonia llegó a ser "
"hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los caldeos" " (Isa. 13: 19).
Fue la ciudad de Nabucodonosor la que desenterró Koldewey durante los 18
años de excavaciones alemanas. Prácticamente no se encontraron restos de las
etapas anteriores de la ciudad. La razón de esto es doble: (1) El cambio del
lecho del río Eufrates elevó el nivel del agua y por lo tanto los estratos de
las ciudades anteriores están ahora bajo el nivel del agua, y (2) la destrucción
de Babilonia realizada por el rey asirio Senaquerib en el año 689 a. C. fue tan
completa, que quedó poco de la antigua ciudad que pudieran descubrir las
generaciones posteriores. Por eso, todas las ruinas visibles de hoy son del
posterior Imperio Neobabilónico. Aun ellas muestran una desolación y confusión
poco comunes, por dos razones: (1) Grandes partes de la ciudad fueron destruidas
por el rey Jerjes de Persia después de dos cortas revueltas contra su gobierno.
(2) Las ruinas de Babilonia fueron empleadas por Seleuco para construir Seleucia
alrededor del año 300 a. C. La mayoría de los edificios de las aldeas vecinas, y
de la ciudad de Hilla (o Hella), así como la gran represa del río Hindiya,
fueron construidos con ladrillos de Babilonia.
A pesar de estas
desventajas los excavadores lograron que se comprendiera mucho del plano de
Babilonia de Nabucodonosor. Los antiguos documentos cuneiformes hallados durante
la excavación ayudaron en esta tarea. Esos documentos contenían descripciones
detalladas de la ciudad, de sus principales edificios, muros y barrios, de
manera que se conoce más en cuanto al plano de la Babilonia de Nabucodonosor que
de muchas ciudades medievales de Europa. Por eso estamos excepcionalmente bien
informados en cuanto a la ciudad en cuyas calles caminó Daniel y acerca de la
cual pronunció Nabucodonosor las arrogantes palabras que se registran en Dan. 4:
30.
El tamaño de la antigua Babilonia.
Antes de que la pala del
excavador revelase el verdadero tamaño de la Babilonia de Nabucodonosor y de la
Babilonia de tiempos anteriores, los eruditos se fiaban de la descripción de
Herodoto. Ese historiador pretende haber visitado Mesopotamia a mediados del
siglo V a.C., y por eso a menudo se han considerado sus declaraciones como las
de un testigo presencial. Afirma (i. 178-179) que Babilonia tenía la forma de un
gran cuadrado, de aproximadamente 22 km. de lado. Esas medidas dan a los muros
de la ciudad un largo total de 88 km., y a la ciudad misma una superficie de
casi 490 km. cuadrados. También dice que sus muros tenían unos 25 m de grosor y
104 m de alto.
Antes de que las modernas excavaciones revelaran el
tamaño de la antigua Babilonia, se trató de armonizar las declaraciones de
Herodoto con las ruinas visibles. Por ejemplo, el asiriólogo francés Jules
Oppert trató de explicar la declaración de Herodoto extendiendo el área de la
ciudad de Babilonia hasta incluir a Birs Nimrud , a 19 Km. al suroeste de las
ruinas de Babilonia, o a Tell el-Ojeimir , a 13 km. al oeste. Esta explicación
es completamente insatisfactoria. Ya en los días de Oppert se sabía que Birs
Nimrud es el sitio de la antigua Borsipa, y Tell el-Ojeimir el lugar de Kish,
ambas ciudades famosas e independientes, con muros protectores separados. Puesto
que no se han encontrado muros que rodeen tanto a Babilonia como a Borsipa o a
Kish, y puesto que tal muro no se menciona en ninguno de los documentos de la
época que describen la antigua ciudad, no puede aceptarse el cálculo de Oppert
basado en la declaración de Herodoto respecto a la extensión de los muros de
Babilonia.
Las excavaciones revelan que antes del tiempo de
Nabucodonosor, la ciudad era casi cuadrada, con muros de más o menos un
kilómetro y medio de largo en cada lado; en el mapa de la p. 823 se la llama la
Ciudad Interior. Los palacios y edificios de la administración estaban en la
sección noroeste de la ciudad, y al sur de ellos estaba el principal conjunto de
templos, llamado Esagila , dedicado al dios principal de Babilonia, Marduk. El
río Eufrates corría a lo largo del muro occidental de Babilonia. Cuando
Babilonia sirvió de capital al vasto imperio de los tiempos de Nabopolasar y
Nabucodonosor, necesitó ser agrandada. Se construyó una nueva sección sobre la
margen occidental del Eufrates. Se conoce su extensión, pero se han realizado
pocas excavaciones en esa zona. Lo que se sabe en cuanto a sus templos y calles
son los datos obtenidos de los documentos cuneiformes que describen ese barrio.
La sección nueva estaba unida con la ciudad vieja por un puente que descansaba
sobre ocho pilares, como lo han revelado las excavaciones.
Nabucodonosor
también construyó un palacio nuevo muy alejado de la ciudad vieja y al norte de
ella, el así llamado Palacio de Verano. Un gran muro exterior fue construido
para abarcar también ese palacio. El nuevo muro aumentó mucho el tamaño de la
ciudad. No hay evidencia de que haya habido muro a lo largo del río desde el
Palacio de Verano hasta el sector del antiguo palacio. Por lo tanto, se ha
llegado a la conclusión de que se consideraba el río como una protección
suficiente.
Los muros, que en su mayor parte pueden aún verse claramente
como montículos largos y altos, miden unos 21 km. Esta medida es la del largo
total de los muros, tanto de la ciudad interior como de la ciudad exterior. El
perímetro de la ciudad de Nabucodonosor, incluyendo la tierra ribereña, desde el
Palacio de Verano hasta el sector del antiguo palacio, era de unos 16 km.
Excavaciones realizadas en tiempos modernos han revelado el grosor de
los diferentes muros y muestran que necesita modificarse la descripción de
Herodoto sobre este punto. Las fortificaciones que rodeaban la Ciudad Interior
consistían de muros dobles, de los cuales el muro interior tenía 6,5 m de
espesor, y el muro exterior 3,7 m de grosor. El sistema de fortificaciones
exteriores también era doble, con un relleno de ripio entre ambos muros y un
camino en la parte superior, de acuerdo con Herodoto. El grosor de cada uno de
ellos era el siguiente: muro interior, 7 m; espacio para rellenar, 11,2 m; muro
exterior, 7,8 m, más una especie de contrafuerte en la base, de 3,3 m de
espesor. El ancho total de la fortificación exterior era de 29,39 m. De sus
muchas torres, 15 ya han sido excavadas.
"Las excavaciones no indican la
altura de los antiguos muros, ya que quedan sólo las bases. En ninguna parte
tienen éstos más de
824 12 m (en la Puerta de Ishtar). Es casi
inconcebible que aun un muro doble, con una base de 29 m de espesor, pueda haber
alcanzado una altura de 103 m. No se conocen ejemplos antiguos ni modernos de un
muro de ciudad de tales proporciones. Por eso la declaración de Herodoto en
cuanto a la altura del muro de Babilonia debe también descartarse.
¿Por
qué razón hubo esas imprecisiones? Se ha dado la siguiente explicación: Cuando
Herodoto visitó Babilonia, la ciudad yacía mayormente en ruinas, habiendo sido
destruida por Jerjes después de dos serias revoluciones contra su gobierno.
Estaban completamente demolidos los templos, palacios y todas las
fortificaciones. En ocasión de su visita, Herodoto tuvo que depender de informes
orales en cuanto al estado previo de las cosas, la apariencia de los edificios y
el tamaño de la ciudad y de los muros. Puesto que él no hablaba el idioma
babilonio, sino que dependía de un guía que hablaba griego, puede haber recibido
ciertas informaciones imprecisas debido a dificultades de traducción. Además
algunas de sus declaraciones erróneas pueden haberse debido a una memoria
defectuosa.
F.M. Th. [de Liagre] Böhl sugiere que Herodoto puede haber
tenido en cuenta toda la Babilonia fortificada, incluso todas las zonas
comprendidas en la región que podía inundarse en tiempo de peligro. Böhl
recuerda a sus lectores el hecho de que al lego le es muy difícil distinguir
entre los diques de canales secos y los restos de muros de antiguas ciudades. La
única diferencia es la ausencia de fragmentos de alfarería en los diques.
Aquéllos se encuentran en abundancia junto a antiguos muros de la ciudad. Por lo
tanto, debe considerarse posible que Herodoto tomó por restos de los muros de la
ciudad a algunos de los muchos diques de los canales (ver Ex Oriente Lux ,
Jaarbericht N.º 10, 1945-48, p. 498, n. 28).
Aunque la antigua Babilonia
no tenía el tamaño fantástico que le atribuyera Herodoto, la ciudad era enorme
para un tiempo cuando las ciudades eran muy pequeñas de acuerdo con los
conceptos que hoy tenemos. Su perímetro de unos 17 km. es superior al perímetro
de 12 km. de Nínive, capital del imperio de Asiria; al de los muros de la Roma
imperial, de 10 km. de perímetro; y al de los 6 km. de los muros de Atenas en el
tiempo del apogeo de esa ciudad en el siglo V a. C. Esta comparación con otras
ciudades famosas de la antigüedad muestra que Babilonia era, con la posible
excepción de la egipcia Tebas -que entonces ya estaba en ruinas- la más extensa
y la más grandiosa de todas las capitales antiguas, aunque fue mucho más pequeña
de lo que la describieron posteriormente los escritores clásicos. Es
comprensible por qué Nabucodonosor sintió que tenía derecho a jactarse de haber
construido " "la gran Babilonia... con la fuerza de mi poder, y para gloria de
mi majestad" " (Dan. 4: 30).
Una ciudad de templos y palacios.
Los antiguos babilonios estimaban que su ciudad era el "ombligo" del
mundo por el hecho de que allí estaba el santuario del dios Marduk, a quien se
consideraba como señor del cielo y de la tierra, el principal de todos los
dioses. Por eso Babilonia era un centro religioso sin rival en la tierra. Una
tablilla cuneiforme del tiempo de Nabucodonosor enumera 53 templos dedicados a
dioses importantes, 955 pequeños santuarios y 384 altares callejeros; todos
ellos dentro de los límites de la ciudad. Por comparación, Asur, una de las
principales ciudades de Asiria, con sus 34 templos y capillas, hacía una
impresión relativamente pobre. Se puede comprender bien por qué los babilonios
estaban orgullosos de su ciudad, cuando decían: "Babilonia es el origen y centro
de todas las tierras". Su orgullo se refleja en las famosas palabras de
Nabucodonosor citadas en el comentario sobre el pasaje del cap. 4:30, y también
en un antiguo canto de alabanza (tal como lo da E. Ebeling, Keilschrifttexte aus
Assur religiósen Inhalts , Parte 1, [Leipzig, 1915], N.º 8):
"Oh
Babilonia, quienquiera que te contempla se llena de regocijo, Quienquiera que
habita en Babilonia aumenta su vida,
Quienquiera que habla mal de
Babilonia es como el que mata a su propia madre. Babilonia es como una dulce
palma datilera, cuyo fruto es hermoso de contemplar".
El centro de la
gloria de Babilonia era la famosa torre templo Etemenanki , "la piedra
fundamental del cielo y de la tierra", que tenía una base cuadrada de 90 m de
lado y más de 90 m de alto. Este grandioso edificio sólo era sobrepasado en
altura en tiempos antiguos por las dos grandes pirámides de Giza (o Gizeh) en
Egipto. La torre puede haber sido construida en el lugar donde una vez estuvo la
torre de Babel. La construcción de ladrillos tenía siete niveles, de los cuales
el más pequeño y más elevado era un santuario dedicado a Marduk, principal dios
de Babilonia. Ver com. Gén. 11: 9.
Un gran conjunto de templos, llamado
Esagila -literalmente: "El que levanta la cabeza"-, rodeaba la torre Etemenanki.
Sus patios y edificios fueron el escenario de muchas ceremonias religiosas
realizadas en honor de Marduk. Grandes y pintorescas procesiones terminaban en
este lugar. Con excepción de] gran templo de Amón en Karnak, Esagila fue el más
grande y más famoso de todos los templos del antiguo Cercano Oriente. Ya tenía
una larga y gloriosa historia cuando Nabucodonosor ascendió al trono, y el nuevo
rey reconstruyó completamente y hermoseó extensas secciones del conjunto de
templos, incluso la torre Etemenanki.
Los palacios de Babilonia
revelaban un lujo extraordinario tanto en número como en tamaño. Durante su
largo reinado de 43 años Nabucodonosor construyó tres grandes castillos o
palacios. Uno de ellos estaba en la Ciudad Interior y los otros fuera de ella.
Uno es conocido como Palacio de Verano, en la parte más septentrional del nuevo
barrio oriental. El montículo que ahora cubre sus restos es el más alto entre
los que constituyen las ruinas de la antigua Babilonia, y es el único lugar que
aún lleva el antiguo nombre de Babil . Sin embargo, la completa destrucción de
este palacio en tiempos antiguos y el subsiguiente saqueo de los ladrillos de su
estructura no han dejado mucho para que descubra el arqueólogo. Por eso sabemos
poco respecto a ese palacio.
Otro gran palacio, al cual los excavadores
dan ahora el nombre de Palacio Central, estaba inmediatamente fuera del muro
norte de la Ciudad Interior. Este también fue construido por Nabucodonosor. Los
modernos arqueólogos también encontraron este gran edificio sumamente desolado,
con excepción de una parte del palacio, el Museo de Antigüedades. Aquí se habían
coleccionado y puesto en exhibición objetos valiosos del glorioso pasado de la
historia de Babilonia, tales como estatuas antiguas, inscripciones y trofeos de
guerra, con el propósito de que "los hombres contemplen", según lo expresara
Nabucodonosor en una de sus inscripciones.
El Palacio del Sur estaba en
el rincón noroeste de la Ciudad Interior, e incluía, además de otros edificios,
los famosos jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo.
Un gran edificio abovedado estaba coronado por un jardín en la azotea, regado
por un sistema de cañerías por el cual el agua era bombeada hasta arriba. Según
Diodoro, Nabucodonosor construyó este maravilloso edificio para que su esposa
meda tuviera en medio de Babilonia, plana y sin árboles, un sustituto de las
colinas arboladas de su tierra natal que ella echaba de menos. En las bóvedas
bajo los jardines colgantes se almacenaban provisiones de cereales, aceite,
frutas y especias para abastecer a la corte y a los que dependían de ella. Los
excavadores hallaron en estas piezas documentos de la administración, algunos de
los cuales mencionan que el rey Joaquín de Judá recibía raciones reales.
Junto a los jardines colgantes estaba un extenso conjunto de edificios,
salones y habitaciones que habían reemplazado al palacio más pequeño de
Nabopolasar, padre de Nabucodonosor. Este Palacio del Sur era considerado la
residencia oficial del rey, el lugar donde se desarrollaban todas las ceremonias
del Estado. En el centro estaba la gran sola del trono, de 52 m de largo, 17 m
de ancho y posiblemente 18 m de alto. Quizá esta inmensa sala fue el lugar donde
Belsasar celebró su banquete la última noche de su vida, porque ninguna otra
sala del palacio era lo suficientemente grande para ubicar a mil invitados (ver
Dan. 5: 1).
Una de las edificaciones más llenas de colorido de aquella
ciudad era la famosa Puerta de Ishtar, junto al Palacio del Sur, que formaba una
de las entradas del norte de la Ciudad Interior. Era la más hermosa de las
puertas de Babilonia, porque por ella pasaba la calle de las procesiones, que
llevaba de los distintos palacios reales al templo de Esagila. Felizmente esta
puerta no fue tan completamente destruida como los otros edificios de Babilonia
y es ahora la más impresionante de todas las ruinas de la ciudad. Se eleva
todavía a una altura de unos 12 m.
Las edificaciones interiores de los
muros y puertas de la ciudad, de los palacios y de los templos eran de adobes.
Las capas exteriores estaban hechas de ladrillos cocidos y en algunos casos, de
ladrillos esmaltados. Los ladrillos exteriores de los muros de la ciudad eran de
color amarillo; los de las puertas, celestes; los de los palacios, rosados; y
los de los templos, blancos. La puerta de Ishtar era una construcción doble,
debido a los muros dobles de la ciudad. Tenía 50 m de largo y constaba de cuatro
estructuras semejantes a torres de grosor y altura que variaban. Las paredes
eran de ladrillos cuyas superficies esmaltadas formaban figuras de animales en
relieve. Había por lo menos 575 de éstos. Había toros amarillos con hileras de
adorno de pelo azul y cuernos y pezuñas verdes. Estos alternaban con bestias
mitológicas amarillas, llamadas sirrush , que tenían cabezas y colas de
serpientes, cuerpos escamados y patas de águilas y gatos (ver una ilustración
frente a p. 896, y en SDA Bible Dictionary , fig. 137).
El acceso a la
Puerta de Ishtar (ver la ilustración frente a la p. 896) a ambos lados de la
calle tenía muros de defensa. En esas paredes había leones de ladrillo
esmaltado, en relieve, de color blanco con melenas amarillas o amarillos con
melenas rojas (que ahora se han vuelto verdes) sobre un fondo azul.
Tal
era la pintoresca y fuerte ciudad que el rey Nabucodonosor había construido: la
maravilla de todas las naciones. Su orgullo por ella está reflejado en las
inscripciones que dejó para la posteridad. Una de ellas, ahora en el Museo de
Berlín, reza así:
"Yo he hecho a Babilonia, la santa ciudad, la gloria
de los grandes dioses, más destacada que antes, y he impulsado su
reconstrucción. He hecho que los santuarios de dioses y diosas sean iluminados
como el día. Ningún otro rey entre todos los reyes jamás ha creado, ningún otro
rey anterior ha construido jamás, lo que yo he construido magníficamente para
Marduk. Fomenté al máximo la habilitación de Esagila , y la renovación de
Babilonia más de lo que se había hecho antes. Todas mis obras valiosas, el
embellecimiento de los santuarios de los grandes dioses que yo emprendí, más que
mis antepasados reales, yo escribí en un documento y puse por escrito para las
generaciones venideras. Todos mis hechos, que yo he escrito en este documento
leerán aquellos que sepan [leer] y recordarán la gloria de los grandes dioses.
Sea largo el camino de mi vida, me regocije yo en mi simiente; gobierne mi
simiente sobre los pueblos de cabeza negra para toda la eternidad y la mención
de mi nombre sea proclamado para bien en todos los tiempos futuros".
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE T4
INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE JUECES CONTENIDO: Título Autor Marco histórico Tema Bosquejo INTRODUCCIÓN 1. Título. El libro de los Jueces recibe su nombre de los títulos de quienes gobernaron a Israel después de la muerte de Josué. Moisés, al dar instrucciones respecto del gobierno de los israelitas después de su establecimiento en Canaán, había ordenado: " "Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te dará en tus tribus" " (Deut. 16: 18). Por lo tanto, cuando Moisés ya no vivía para ejercer las funciones legislativas, ni Josué para desempeñar las ejecutivas, se nombraron jueces que constituyeron la autoridad civil más encumbrada del país. El libro de los Jueces es la historia del período que siguió inmediatamente a la muerte de Josué. En ese período la autoridad gubernamental de Israel estuvo en manos de los jueces. Las personas que dieron el nombre a este libro cumplieron una función mayor que las funciones civiles...

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