Lección 9 | Domingo 21 de febrero
UNA NACIÓN DE SIERVOS (ISA. 41)
En Isaías 41:8, Dios habla de “Israel, siervo mío”, y en 42:1 presenta a “mi siervo”. ¿Quién es este siervo?
Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo.
¿Es Israel/Jacob, el antepasado de los israelitas? ¿La nación de Israel? ¿El Mesías/Cristo, identificado en el Nuevo Testamento como Jesús?
Hay dos tipos de referencias a los siervos de Dios entretejidas a lo largo de Isaías 41 al 53. Un siervo se llama “Israel”, o “Jacob”, como en Isaías 41:8; 44:1, 2 y 21; 45:4; y 48:20. Debido a que Dios se dirige a Israel/Jacob en tiempo presente, está claro que él, Jacob, representa a la nación que desciende de él. Esto lo confirma el hecho de que la redención de “Jacob su siervo” se lleva a cabo en el momento en que debe salir de Babilonia (Isa. 48:20).
En otros casos, como Isaías 42:1; 50:10; 52:13; y 53:11, el siervo de Dios no se menciona. Cuando se lo menciona por primera vez en Isaías 42:1, su identidad no es evidente de inmediato. Sin embargo, a medida que Isaías desarrolla su perfil en pasajes posteriores, queda claro que es alguien que restituye las tribus de Jacob (Israel) a Dios (Isa. 49:5, 6) y muere en sacrificio en favor de los pecadores (Isa. 52: 13–53:12; ver además Isa. 49:5, 6). Por lo tanto, no puede ser el mismo que la nación. Entonces, es evidente que Isaías habla de dos siervos de Dios. Uno es colectivo (la nación) y el otro es individual.
¿Cuál es el papel de la nación como sierva? Isaías 41:8-20.
Isa 41:8 Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo.
Isa 41:9 Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.
Isa 41:10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Isa 41:11 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.
Isa 41:12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.
Isa 41:13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
Isa 41:14 No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.
Isa 41:15 He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo.
Isa 41:16 Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá el torbellino; pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel.
Isa 41:17 Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé.
Isa 41:18 En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca.
Isa 41:19 Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente,
Isa 41:20 para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó.
Dios le asegura a Israel que la nación continúa siendo la sierva del Señor: “Te escogí, y no te deseché” (Isa. 41:9). Entonces, Dios da a Israel una de las promesas más formidables de la Biblia: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isa. 41:10). En este y en los versículos siguientes, uno de los roles básicos de Israel es confiar en que el Dios verdadero lo salvará (como no confió el rey Acaz), en vez de confiar en otros dioses y sus imágenes como lo hacen otras naciones (Isa. 41:7, 21-24, 28, 29).
Fíjate que en Isaías 41:14 el Señor dice que la nación es un gusano. ¿Qué quiso decir? Lee el texto completo para obtener una mejor respuesta. ¿Qué debería enseñarnos esto también sobre nuestra necesidad de depender totalmente del Señor?
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