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Lección 10 | Martes 31 de mayo - LA VIOLACIÓN DE DINA


Lección 10 | Martes 31 de mayo

LA VIOLACIÓN DE DINA

Ahora que Jacob se ha reconciliado con su hermano, quiere establecerse en la tierra de Canaán en paz. La palabra shalem, “sano y salvo” (Gén. 33:18), proveniente de la palabra shalom, “paz”, por primera vez califica su viaje.

Después de haber comprado un terreno a los habitantes (Gén. 33:19), erige un altar allí, lo que muestra su fe y su comprensión de cuán dependiente es realmente del Señor. Porque en cada uno de los sacrificios ofrecidos había un acto de adoración.

Sin embargo, por primera vez en su vida, Jacob-Israel está expuesto a los problemas de establecerse en la tierra. Al igual que Isaac en Gerar con Abimelec (Gén. 26:1-33), Jacob trata de encontrar cabida con los cananeos.

Lee Génesis 34. ¿Qué sucedió que trastornó sus planes de una existencia pacífica?

Gén 34:1  Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país.
Gén 34:2  Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró.
Gén 34:3  Pero su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y se enamoró de la joven, y habló al corazón de ella.
Gén 34:4  Y habló Siquem a Hamor su padre, diciendo: Tómame por mujer a esta joven.
Gén 34:5  Pero oyó Jacob que Siquem había amancillado a Dina su hija; y estando sus hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que ellos viniesen.
Gén 34:6  Y se dirigió Hamor padre de Siquem a Jacob, para hablar con él.
Gén 34:7  Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando lo supieron; y se entristecieron los varones, y se enojaron mucho, porque hizo vileza en Israel acostándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho.
Gén 34:8  Y Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado a vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer.
Gén 34:9  Y emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras.
Gén 34:10  Y habitad con nosotros, porque la tierra estará delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad en ella posesión.
Gén 34:11  Siquem también dijo al padre de Dina y a los hermanos de ella: Halle yo gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis.
Gén 34:12  Aumentad a cargo mío mucha dote y dones, y yo daré cuanto me dijereis; y dadme la joven por mujer.
Gén 34:13  Pero respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su padre con palabras engañosas, por cuanto había amancillado a Dina su hermana.
Gén 34:14  Y les dijeron: No podemos hacer esto de dar nuestra hermana a hombre incircunciso, porque entre nosotros es abominación.
Gén 34:15  Mas con esta condición os complaceremos: si habéis de ser como nosotros, que se circuncide entre vosotros todo varón.
Gén 34:16  Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo.
Gén 34:17  Mas si no nos prestareis oído para circuncidaros, tomaremos nuestra hija y nos iremos.
Gén 34:18  Y parecieron bien sus palabras a Hamor, y a Siquem hijo de Hamor.
Gén 34:19  Y no tardó el joven en hacer aquello, porque la hija de Jacob le había agradado; y él era el más distinguido de toda la casa de su padre.
Gén 34:20  Entonces Hamor y Siquem su hijo vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo:
Gén 34:21  Estos varones son pacíficos con nosotros, y habitarán en el país, y traficarán en él; pues he aquí la tierra es bastante ancha para ellos; nosotros tomaremos sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras.
Gén 34:22  Mas con esta condición consentirán estos hombres en habitar con nosotros, para que seamos un pueblo: que se circuncide todo varón entre nosotros, así como ellos son circuncidados.
Gén 34:23  Su ganado, sus bienes y todas sus bestias serán nuestros; solamente convengamos con ellos, y habitarán con nosotros.
Gén 34:24  Y obedecieron a Hamor y a Siquem su hijo todos los que salían por la puerta de la ciudad, y circuncidaron a todo varón, a cuantos salían por la puerta de su ciudad.
Gén 34:25  Pero sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos el mayor dolor, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo varón.
Gén 34:26  Y a Hamor y a Siquem su hijo los mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y se fueron.
Gén 34:27  Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad, por cuanto habían amancillado a su hermana.
Gén 34:28  Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo,
Gén 34:29  y todos sus bienes; llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres, y robaron todo lo que había en casa.
Gén 34:30  Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa.
Gén 34:31  Pero ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera? 

 La historia de este sórdido incidente pone de relieve la ambigüedad de los personajes y de su accionar. Al sensual Siquem, que abusa de Dina, también se lo define como sincero y enamorado de Dina, y alguien que intenta hacer las paces. Incluso está dispuesto a someterse al rito del pacto de la circuncisión. Mientras tanto, Simeón y Leví, que se presentan como los defensores de Dios y sus mandamientos y de su hermana, y que resisten los matrimonios mixtos con los cananeos (Lev. 19:29), recurren a la mentira y el engaño (Gén. 34:13) y están listos para matar y saquear (Gén. 34:25-27). Sus acciones no solo eran reprobables (¿por qué no castigar al único hombre que lo había hecho?), sino además tenían el potencial de causar muchos más problemas.

En cuanto a Jacob, solo le preocupa la paz. Cuando le informan sobre la violación de su hija, no dice nada (Gén. 34:5). Sin embargo, después de enterarse de lo que habían hecho sus hijos, los reprende abiertamente por las consecuencias que podría haber: “Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa” (Gén. 34:30).

En estos relatos, una y otra vez vemos engaño y decepción, así como también actos de bondad y gracia. ¿Qué nos dice esto sobre la naturaleza humana?

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