Lección 1 / Jueves 29 de septiembre
LA PROPAGACIÓN DE LA INCREDULIDAD
Lee Apocalipsis 12. ¿Qué enseña este capítulo sobre la propagación de la rebelión desde el cielo hasta la Tierra?
Apo 12:1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
Apo 12:2 Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.
Apo 12:3 También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas;
Apo 12:4 y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.
Apo 12:5 Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.
Apo 12:6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.
Apo 12:7 Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;
Apo 12:8 pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.
Apo 12:9 Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.
Apo 12:10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos,(J) el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.
Apo 12:11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.
Apo 12:12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.
Apo 12:13 Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón.
Apo 12:14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.
Apo 12:15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río.
Apo 12:16 Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca.
Apo 12:17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.
La caída de Lucifer no fue una simple confrontación de ideas contradictorias. Apocalipsis 12 nos dice que estalló una gran guerra en el cielo entre Lucifer y sus ángeles por un lado, y Cristo y sus ángeles por el otro. En este pasaje, a Lucifer se lo llama "el gran dragón", la "serpiente antigua", el "diablo y Satanás" y "el acusador de nuestros hermanos" (Apoc. 12:9, 10). A Cristo se lo llama "Miguel" (Apoc. 12:7), que significa "Quién es como Dios".
Algunos intérpretes se basan en la alusión al "arcángel Miguel" (Jud. 9) para afirmar que es solo un ser angelical. Pero, en el libro de Daniel, cada visión importante culmina con Cristo y su Reino eterno: como la piedra cortada no con mano (Dan. 2:34, 45); el Hijo de hombre (Dan. 7:13); el Príncipe de los ejércitos y el Príncipe de los príncipes (Dan. 8:11, 25); y como Miguel, el gran Príncipe (Dan. 12:r). Por lo tanto, como el Ángel de Jehová es Dios mismo (Éxo. 3:1-6; Hech. 7:30-33; etc.), Miguel debe ser la misma Persona divina; es decir, Cristo mismo.
Apocalipsis 12 ofrece una descripción general de este conflicto vigente, que (1) comenzó en el cielo con la rebelión de Lucifer y un tercio de los ángeles celestiales, (2) culminó con la victoria decisiva de Cristo en la Cruz, y (3) aún continúa contra el pueblo remanente de Dios del tiempo del fin.
Al reflexionar sobre el comienzo de este conflicto, Elena de White explica que, "en su gran misericordia, Dios soportó pacientemente a Lucifer por mucho tiempo. Este no fue expulsado inmediatamente de su puesto elevado cuando se dejó arrastrar primero por el espíritu de descontento, ni tampoco cuando empezó a presentar sus falsos asertos ante los ángeles leales. Fue retenido por mucho tiempo en el cielo. Varias y repetidas veces se le ofreció el perdón con la condición de que se arrepintiese y sometiese" (CS 549, 550).
No sabemos cuánto duró esa guerra en el plano celestial. Al margen de su intensidad y duración, el aspecto más importante de toda la lucha es que Satanás y sus ángeles "no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo" (Apoc. 12:8; ver también Luc. 10:18). El problema ahora, por supuesto, es
que vinieron aquí, a la Tierra.
■ ¿Cómo podemos ver la realidad de esta batalla que se desarrolla en la Tierra? ¿Cuál es nuestra única esperanza de vencer a nuestro enemigo en esta batalla?

Comentarios
Publicar un comentario