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05 RESURRECCIONES ANTES DE LA CRUZ - La vida eterna: La muerte y la esperanza futura - Sección maestros

 


Lección 5: RESURRECCIONES ANTES DE LA CRUZ

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA
Texto clave: Juan 11:11.

Esta lección analiza casos específicos de personas que resucitaron antes de la crucifixión de Cristo, a saber:

1. Moisés (Mat. 17:3; Luc. 9:30; Jud. 9)

2. El hijo de la viuda de Sarepta (1 Rey. 17:21-23) y el hijo de la sunamita (2 Rey. 4:32-37)

3. El hijo de la viuda de Naín (Luc. 7:14, 15)

4. La hija de Jairo (Mar. 5:40-42)

5. Lázaro (Juan 11:41-45)

De todas estas personas que murieron, solo Moisés fue directamente al cielo; todos los demás volvieron a vivir aquí, en la Tierra. Cada uno de estos relatos demuestra aún más que no hay vida (“alma”) ni existencia después de la muerte. Curiosamente, ninguno de los que resucitaron mencionó alguna experiencia en el más allá. Una experiencia de este tipo ¿no sería lo suficientemente memorable como para documentarla o al menos mencionarla? Los hijos de las tres viudas deberían haber dicho: “¡Oh, mamá, no vas a creer lo que vi!”, y la noticia de su experiencia en el cielo se habría extendido por todas partes de la Tierra. Además, como algunos han cuestionado, ¿por qué alguien querría volver a la Tierra después de haber estado en el cielo?

Moisés, quien fue llevado al cielo, no era un “espíritu” o un “alma” incorpórea porque resucitó en el cuerpo, como lo indica la naturaleza de la disputa entre Cristo y Satanás, que fue “por el cuerpo de Moisés” (Jud. 9). Ni Satanás ni Jesús mencionan ningún alma viviente en la disputa. ¿Para qué se necesitaría un cuerpo si existiera un alma? El cuerpo no era necesario para albergar un alma porque el cuerpo ERA Moisés. Posteriormente, Moisés se aparece a Jesús en el Monte de la Transfiguración, junto con Elías (Luc. 9), quien fue llevado al cielo y nunca murió.

Estos relatos demuestran una vez más que la mejor explicación para la muerte es el sueño, y no una existencia sin cuerpo.

COMENTARIO
Veremos juntos la historia de Lázaro y analizaremos su resurrección con más detalle.

Antes de que Jesús y sus discípulos fueran a Betania, Jesús les describe la muerte como un sueño (Juan 11:11). Los discípulos preguntan por qué van a Judea, porque los judíos intentaron apedrear a Jesús allí. Jesús responde que deben ir porque Lázaro “duerme” (Juan 11:11). Como los discípulos no logran comprender el significado de las palabras de Jesús, Jesús declara abiertamente: “Lázaro ha muerto” (Juan 11:14).

La muerte se denomina sueño tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento (Dan. 12:2; Hech. 7:60; 1 Tes. 4:13, 14). Daniel 12:2 dice: “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.

Este versículo habla de las dos resurrecciones: la primera, antes del Milenio, cuando resucitarán y serán llevados al cielo todos los que han entregado su vida a Jesús; y la segunda, después del Milenio, de quienes rechazaron a Jesús como su Salvador (Apoc. 20:4-6). (Los adventistas del séptimo día entienden que esta es una resurrección especial: “Una resurrección especial precede al segundo advenimiento de Cristo. ‘Todos los que hayan muerto en la fe del mensaje del tercer ángel’ se levantarán en esa ocasión. Además, los que contemplaron burlonamente la crucifixión de Cristo y los que se opusieron más violentamente al pueblo de Dios serán sacados de sus tumbas para ver el cumplimiento de la promesa divina y el triunfo de la verdad’ (CS 695; Apoc. 1:7)” (CBA 4:904). Además, la descripción que hace el libro de Hechos sobre Esteban cuando lo apedrearon es que “durmió” (Hech. 7:60). Es un gran consuelo saber que cuando morimos es como si estuviéramos durmiendo, porque habrá un despertar.

En cuanto al viaje para ver a Lázaro, Jesús dice a sus discípulos: “Mas voy para despertarle” (Juan 11:11). Debido a que Jesús explica que con “dormir” quiso decir “muerte”, claramente está hablando de una resurrección. Y, sin embargo, al parecer nadie se tomó realmente en serio el significado de la frase de Jesús hasta que ocurrió el milagro. De hecho, Tomás está preocupado por el hecho de que los matarán a todos si van, no por el milagro que Jesús acaba de proclamar que hará. La palabra para “despertarle” es exupnizo y es el único lugar del Nuevo Testamento donde aparece. Literalmente, significa “salir del sueño”. Una vez más, la conexión entre el sueño y la muerte es visible. Jesús hace referencia a la resurrección de Lázaro como el acto de despertarlo del sueño.

Curiosamente, cuando llega Jesús, ambas hermanas dicen lo mismo en diferentes situaciones: “Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21, 32). En la presencia de Cristo no hay lugar para la muerte, porque él es la Fuente de la vida. Marta y María habían visto a Jesús curar a los enfermos. Sabían que él daba vida. En otros pasajes, se nos dice que es Dios el “que da vida a todas las cosas” (1 Tim. 6:13; ver también Juan 1:3, 4; Deut. 32:39; Neh. 9:6).

En la presencia de Dios no hay muerte. La muerte no provino de Dios. Apareció en escena con el pecado y la maldad cuando Satanás decidió rebelarse contra el amante y precioso gobierno de Dios, y desafortunadamente los seres humanos siguieron su ejemplo. El pecado destruye y produce muerte: “Como el pecado entró en el mundo por un hombre [Adán], y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom. 5:12).

Al llegar a Betania, Jesús primeramente tiene una conversación con Marta. Cuando él le dice: “Tu hermano resucitará” (Juan 11:23), ella responde: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero” (Juan 11:24). Ella entendía que habría vida después de la muerte, pero su declaración también deja en claro que sabía que Lázaro no resucitaría hasta “el día postrero”.

Marta habría oído hablar de las resurrecciones del hijo de la viuda y de la hija de Jairo, pero tal vez no pensó que este milagro sería algo que Jesús podría hacer en su favor. A veces, todos podemos volvernos escépticos acerca de las posibilidades de que los milagros de Dios sucedan en nuestra vida y pensamos que los milagros son solo para los demás.

Pero Jesús tenía un plan para demostrar a todos que la vida viene por medio de él porque él es “la resurrección y la vida” (Juan 11:25). Jesús agrega: “Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:26). Él enfatiza que, en última instancia, los que creen en él no experimentarán la segunda muerte. Jesús puede resucitar a los que él decida ahora y nuevamente en el futuro, “en el día postrero”.

Cuando Jesús vio a María y a los judíos llorando, “se estremeció en espíritu y se conmovió” (Juan 11:33). La palabra para estremeció es embrimaomai, en griego. Además de estremecerse, también significa “advertir” o “reprender” y se utiliza cinco veces en el Nuevo Testamento (Mat. 9:30; Mar. 1:43; 14:5; Juan 11:33, 38). Las tres veces que aparece antes de Juan 11, se traduce como “encargar rigurosamente”, o como una estricta advertencia. Por lo tanto, cuando Jesús reacciona aquí con embrimaomai (sentimiento profundo), es posible que esta reacción también conlleve ira y disgusto por el pecado y sus resultados. Jesús era totalmente consciente del hecho de que el sufrimiento y la muerte que experimenta este mundo son resultados del pecado. El conocimiento de Cristo y de su experiencia con el mal y la pérdida del ser amado habrían producido una mezcla de emociones difícil de explicar, o siquiera comprender. Además de estar triste por sus amigos íntimos que acababan de sufrir una pérdida, Jesús estaba triste por toda la humanidad, por lo que nos perjudica el pecado y cómo este afecta nuestro mundo.

Cuando Jesús llama a Lázaro a salir, este sale de la tumba. Sorprendentemente, todo lo que Jesús tiene que hacer es hablar. Una vez más, al igual que en la historia de la Creación, Jesús simplemente habla y genera vida. Así como Jesús creó el Sol y la Luna, los animales y los seres humanos, aquí crea vida nuevamente. Jesús resucita y, por lo tanto, vuelve a crear. En cambio, el pecado y el mal destruyen; lo inverso de la Creación. Destruyen lo bello y lo bueno de la Creación de Dios.

No obstante, el evangelio es la gran noticia de que Jesús murió por nosotros en la Cruz para que tengamos vida eterna. Él “ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron” (1 Cor. 15:20). Es por su resurrección que todo lo demás (la resurrección de los justos a la vida eterna) es posible.

Cuando le dijeron que Lázaro estaba enfermo, Jesús respondió a sus discípulos: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (Juan 11:4). Aunque Lázaro murió, fue una muerte temporal (al menos, en ese momento). Jesús fue glorificado mediante la muerte de Lázaro porque todos fueron testigos del poder de Jesús para dar vida. Jesús venció la muerte en la Cruz. Por consiguiente, podía resucitar a otros, incluso antes de su propio sacrificio, a causa de la Cruz. La Biblia aplica el sacrificio del “Cordero” al comienzo mismo de la vida, ya que proclama al cordero “inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8). La sangre del Cordero hizo posible las resurrecciones.

APLICACIÓN A LA VIDA

1. ¿Cuánto has aprendido hasta ahora sobre el estado de los muertos? Escríbelo. Elige a alguien de tu familia o a un amigo a quien puedas explicarle todo lo que has aprendido hasta ahora.

2. ¿Por qué es importante saber la verdad sobre la muerte como un sueño? Si a alguien le resulta difícil imaginar que su pariente muerto no está en el cielo en este momento, ¿cómo podrías consolarlo haciéndole saber que los muertos descansan, y no saben absolutamente nada?

3. Dios es experto en re-crear. La resurrección es un acto recreador de Dios. Aunque el pecado causa en nosotros el proceso inverso a la Creación, Jesús tiene un plan para recrearnos mediante la resurrección. Unos pocos resucitaron antes de la resurrección de Jesús porque su muerte en la Cruz se aplicó prospectivamente. ¿Qué significa para ti el hecho de que Dios vuelva a crear?

 

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