Lección 4 | Martes 23 de enero
EL SEÑOR ES UN REFUGIO EN LA ADVERSIDAD
Lee Salmos 17:7 al 9; 31:1 al 3; y 91:2 al 7. ¿Qué hace el salmista en tiempos difíciles?
De los que se levantan contra ellos.
Sal 17:8 Guárdame como a la niña de tus ojos;
Escóndeme bajo la sombra de tus alas,
Sal 17:9 De la vista de los malos que me oprimen,
De mis enemigos que buscan mi vida.
El testimonio del salmista: “Diré al Señor: ‘Tú eres mi refugio y mi fortaleza, mi Dios en quien confío’ ” (Sal. 91:2) surge de su experiencia pasada con Dios y ahora sirve para fortalecer su fe en el futuro. El salmista llama Altísimo y Todopoderoso a Dios (Sal. 91:1, 2), recordando la incomparable grandeza de su Dios.
El salmista también habla de la seguridad que podemos encontrar en Dios: el “abrigo” (o “escondite”), la “sombra” (Sal. 91:1), el “refugio”, la “fortaleza” (Sal. 91:2), las “alas”, el “escudo”, la “defensa” (Sal. 91:4) y la “habitación” (Sal. 91:9). Estas imágenes representan refugios seguros en la cultura del salmista. Basta pensar en el calor insoportable del sol en aquella parte del mundo para apreciar el abrigo (o la sombra), o recordar los tiempos de guerras en la historia de Israel para valorar la seguridad que brinda el escudo o la defensa.
Lee Salmo 17:8 y Mateo 23:37. ¿Qué imagen se utiliza aquí y qué revela?
Sal 17:8 Guárdame como a la niña de tus ojos;
Escóndeme bajo la sombra de tus alas,
Mat 23:37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!
No obstante, ¿Cómo afrontamos los momentos en que la calamidad nos golpea y no podemos ver la protección del Señor? ¿Por qué estos traumas no significan que el Señor no está con nosotros?

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