JESÚS Y EL PADRE
Fuimos creados por Dios para tener una relación personal con él (Gén. 1:26, 27). Sin embargo, a causa del pecado, esa relación fue radicalmente interrumpida. Podemos ver el impacto inmediato de esta ruptura en la historia del Jardín del Edén.
Lee Génesis 3:7 al 9. ¿Cómo revela esto la ruptura que causó el pecado? ¿Qué significa el hecho de que fue Dios quien buscó a la humanidad y no a la inversa?
Gén 3:7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Gén 3:8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
Gén 3:9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
Para restaurar esta relación, un miembro de la Deidad se hizo humano. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, manifestando la gloria de Dios (Juan 1:14-18). Como resultado, la humanidad ha recibido la plenitud y la gracia divinas. Esto es lo que Jesús vino a compartir. Vino a declarar la gloria de Dios para que la relación rota por el pecado pudiera ser restaurada, al menos para quienes estuvieran dispuestos a aceptar por fe lo que se les ha ofrecido en Cristo Jesús.
¿Qué maravillosa esperanza se vislumbra para nosotros en estos textos? Juan 1:1, 2; 5:16-18; 6:69; 10:10, 30; 20:28.
Jua 1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Jua 1:2 Este era en el principio con Dios.
Dios no fue reconocido por la humanidad (Juan 17:25). Por lo tanto, envió a su único Hijo (Juan 9:4; 16:5) para que el Padre pudiera ser conocido.
En el contexto del cosmos, un ateo escribió: “En nuestra oscuridad, en toda esta inmensidad, no hay ningún indicio de que venga ayuda de otra parte para salvarnos de nosotros mismos”. ¿Qué enseñanza bíblica demuestra lo erróneo de esa aseveración?
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