CBA Libro de Mateo capítulo 5
l. Viendo la multitud.
[ El Sermón del Monte ,
Mat . 5: 1 a 8: 1 = Luc . 6: 17-49. Comentario principal: Mateo. Ver el mapa p.
208; diagrama p. 221.] Sin duda esta multitud era la "mucha gente" del cap. 4:25
que siguió a Jesús después de su primera gira misionera importante por las
ciudades y aldeas de Galilea. Quizá el Sermón del Monte fue pronunciado por
julio o agosto del año 29 d. C. (DMJ 8, 43), como a la mitad de los tres años y
medio del ministerio de Jesús. Lucas claramente relaciona el Sermón del Monte
con el llamamiento y la ordenación de los doce (Luc. 6: 12-20; cf. DMJ 8-9) y
conserva la debida secuencia de los acontecimientos de ese día notable: (1) la
noche pasada en oración, (2) la ordenación de los doce, (3) el descenso a la
llanura, (4) el sermón (ver DTG 265). Tan sólo omite la mención de que Jesús
"subió" [otra vez] "al monte" (Mat. 5: l), y esta omisión ha inducido a algunos
a pensar que el sermón registrado en Lucas no fue pronunciado en el mismo lugar
y al mismo tiempo que el de Mateo.
Por otra parte, Mateo no menciona
aquí la designación y la ordenación de los doce, sino alude a esos hechos en
relación con su relato de la tercera gira de predicación unos pocos meses más
tarde (cap. 10: 1-5). Sin embargo, Mateo relata el llamamiento junto al mar de
Galilea antes de referirse a la multitud que seguía a Jesús (cap. 4: 18-25). Los
diversos relatos evangélicos indican que los doce fueron designados en respuesta
a la evidente necesidad de que hubiera más obreros preparados para atender a las
multitudes que acompañaban a Jesús dondequiera él iba.
La designación de
los doce fue el primer paso en la organización de la iglesia cristiana. Cristo
era el Rey de ese nuevo reino de la gracia divina (ver com. vers. 23); los doce
eran sus ciudadanos o súbditos (ver com. Mar. 3: 14). El mismo día cuando los
doce llegaron a ser súbditos fundadores del reino, el Rey dio su discurso
inaugural, en el cual presentó las condiciones de la ciudadanía, proclamó la ley
del reino, y delineó sus propósitos (ver DTG 265; DMJ 8-9). El Sermón del Monte
es, pues, a la vez el discurso inaugural de Cristo como Rey del reino de la
gracia y la constitución del reino. Poco después del establecimiento formal del
reino y de la proclamación de su constitución, se realizó la segunda gira por
Galilea, durante la cual Jesús dio una demostración clara y completa de las 314
formas en que el reino, sus principios y su poder pueden beneficiar a la
humanidad (ver com. Luc. 7: 1, 11).
Monte.
Cf. cap. 8: 1. Sin
duda se trataba del mismo monte donde había pasado la noche en oración y donde,
esa misma mañana, había ordenado a los doce (ver DTG 257, 265; com. Mar. 3: 14).
Se desconoce la ubicación de este monte. Desde el tiempo de las cruzadas, se ha
señalado como posible sitio a los "Cuernos de Hattin", Kurn Hattin , 8 km al
oeste de la antigua ciudad de Tiberias. Sin embargo, esta tradición no puede
remontarse más allá de las cruzadas, y por lo tanto no es fidedigna. Los guías
de turistas suelen señalar como sitio donde fue predicado el Sermón del Monte,
una ladera junto al mar de Galilea, no lejos de Capernaúm, donde las religiosas
franciscanos mantienen una bonita capilla y el llamado Hospicio Italiano.
La montaña donde Cristo predicó el Sermón del Monte se ha llamado el
"Sinaí del Nuevo Testamento", pues tiene la misma relación con la iglesia
cristiana que tiene el monte Sinaí con la nación judía. En el Sinaí Dios
proclamó la ley divina. En un desconocido monte de Galilea Jesús reafirmó la
divina ley, explicó su verdadero sentido con detalles más amplios y aplicó sus
preceptos a los problemas de la vida diaria.
Sentándose.
Es
razonable pensar que, en armonía con la costumbre antigua, Jesús solía sentarse
cuando predicaba y enseñaba (Mat. 13: 1; 24: 3; Mar. 9: 35; ver com. Luc. 4:
20). Esta era la modalidad habitual de los rabinos; se esperaba que el maestro
enseñara sentado. En esta ocasión, al menos, la multitud también se sentó (DTG
265).
Sus discípulos.
Por supuesto, entre ellos estaban los doce
que habían sido escogidos y ordenados esa misma mañana (ver com. Mar. 3: 13-14;
cf. Luc. 6: 12-19). Siendo los compañeros más íntimos de Jesús, formaban el
círculo más estrecho y, naturalmente, ocuparon sus lugares junto a él. Pero
había además muchos otros que seguían a Jesús y que también eran conocidos como
discípulos (DTG 452-453; ver com. Mar. 3: 13). Posteriormente, en su ministerio
hubo también varias mujeres que lo acompañaban mientras atendían las necesidades
de los discípulos (Luc. 8: 1-3; cf. Mat. 27: 55). Quizá algunas de esas mujeres
piadosas también estuvieron presentes en esta ocasión. Sin embargo, el auditorio
se componía mayormente de labradores y pescadores (DTG 265-266; DMJ 36). También
había espías presentes (DTG 273; DMJ 45; ver com. cap. 4: 12).
2. Abriendo su boca.
Lucas dice que
Jesús alzó "los ojos" (cap. 6: 20) cuando comenzó a hablar. A pesar de ciertas
diferencias en el texto del sermón y en las circunstancias del momento, según lo
registran Mateo y Lucas, no puede haber duda de que estos dos informes se
refieren a la misma ocasión. Las semejanzas superan a las aparentes diferencias
en los dos relatos, y las diferencias son más aparentes que reales. El sermón
fue sin duda mucho más largo que lo que aquí se indica, y los evangelistas dan
resúmenes independientes del discurso. Bajo la inspiración del Espíritu Santo
incorporaron en su relato aquellas enseñanzas que les parecieron más importantes
(ver p. 268). De modo que los relatos no se contradicen sino más bien se
complementan. Debemos aceptar todos los puntos mencionados por ambos
evangelistas. Así tenemos el privilegio de recibir un informe más completo de lo
que dijo Jesús en esta ocasión que si dependiéramos de lo que dijo uno u otro.
Ver la segunda Nota Adicional de Mat. 3.
El texto del Sermón del Monte
que aparece en Mateo es casi tres veces más largo que el que aparece en Lucas.
Esto posiblemente se deba a que Mateo estaba más interesado que Lucas en las
enseñanzas de Jesús, y les dedicó mayor atención. Lucas, como lo afirma
claramente en su prólogo (cap. l: 1-4), se interesaba más por el relato
histórico. El relato del Sermón del Monte del libro de Mateo contiene mucho
material que Lucas no menciona, aunque Lucas nos informa de algunos elementos
que Mateo omite (ver p. 181). Las semejanzas principales son las siguientes:
Mateo Lucas
5:3-4, 6 6:20-21
5:11-12 6:22-23
5:39-42 6:27-30
5:42-48 6:32-36
7:1-2 6:37-38
7:3-5 6:41-42
7:12 6:31
7:16-21 6:43-46
7:24-27 6:47-49
Muchos otros pasajes del Sermón del Monte, tales como se
presentan en Mateo, aparecen diseminados por el Evangelio de Lucas, sin duda
porque Cristo repitió esas mismas 315 ideas en varias ocasiones en momentos
posteriores de su ministerio (ver com. Luc. 6: 17-49).
En el Sermón del
Monte Cristo habló de la naturaleza de su reino. También refutó las falsas ideas
acerca del reino del Mesías que los dirigentes judíos habían inculcado en la
mente de la gente (DMJ 8-9; ver com. cap. 3: 2; 4: 17). El Sermón del Monte
expone la gran diferencia entre el verdadero carácter del cristianismo y el del
judaísmo de los días de Jesús.
A fin de comprender plenamente la
importancia del Sermón del Monte, es necesario entender no sólo cada principio
según se lo expone en forma individual, sino también la relación de cada
principio con el todo. El discurso constituye una unidad total que no es
evidente para el lector superficial. El bosquejo que presentaremos hace resaltar
esa unidad intrínseca y muestra la relación de las diversas partes del discurso
con el sermón en su conjunto.
3. Bienaventurados.
Gr. makárioi , cuyo singular, makários
significa "feliz", "afortunado"; corresponde con el Heb. 'ashre , "feliz",
"bendito" (ver com. Sal. 1: 1). Las palabras 'ashre y makários se traducen por
lo general "bienaventurado" en la RVR (las otras traducciones son "dichoso", que
aparece en
2 Crón. 9: 7; Sal. 34: 8; 106: 3; 137: 9; Prov. 20: 7; Isa.
32: 20; Hech. 26: 2; 1 Cor. 7: 40; y "bendito", 1 Tim. 1: 11).
La
palabra makários aparece nueve veces en los vers. 3-11. Pero los vers. 10-11 se
refieren al mismo aspecto de la vida cristiana, y por lo tanto deben
considerarse como una sola entidad, por lo cual son ocho y no nueve las
bienaventuranzas. Lucas sólo da cuatro: la primera, la cuarta, la segunda y la
octava de Mateo, en ese orden (Luc. 6: 20-23), pero añade cuatro ayes
correspondientes (vers. 24-26).
En las primeras palabras del Sermón del
Monte, Cristo se dirige al deseo supremo de todo corazón humano: el de la
felicidad. Ese deseo fue implantado en el hombre por el Creador mismo, y
originalmente tenía el propósito de llevarlo a encontrar la verdadera felicidad
mediante la cooperación con Dios que lo creó. Se incurre en pecado cuando el
hombre intenta encontrar la felicidad como un fin en sí misma, pasando por alto
la obediencia a los requerimientos divinos.
Así, al comienzo de su
discurso inaugural como Rey del reino de la gracia divina, Cristo proclama que
el principal propósito del reino es el de restaurar en el corazón de los hombres
la felicidad perdida en el Edén y que los que escojan entrar por la "puerta
estrecha" y el camino "angosto" "puerta estrecha" y el camino "angosto" (Mat. 7:
13-14) encontrarán la verdadera felicidad. Hallarán paz y gozo interiores,
satisfacción verdadera y durable para el corazón y el alma, que sólo se logran
cuando la "paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento" "paz de Dios, que
sobrepasa todo entendimiento" está presente para guardar el corazón y el
pensamiento (Fil. 4: 7). Cuando Cristo volvió al Padre, dejó con sus seguidores
esa paz que el mundo no puede dar (Juan 14: 27). Sólo pueden ser felices los que
tienen paz con Dios (cf. Rom. 5: 1) 316 y con sus semejantes (cf. Miq. 6: 8),
que caminan conforme a los dos grandes mandamientos de la ley de amor (Mat. 22:
37-40). Sólo los que son verdaderos súbditos del reino de la gracia alcanzan esa
disposición de la mente y del corazón. (Nota: * BOSQUEJO DEL SERMON DEL MONTE
Los privilegios y las responsabilidades de los ciudadanos del reino de los
cielos I. Blanco de sus ciudadanos: la perfección del carácter, cap. 5. A. Cómo
llegar a ser ciudadanos de este reino, cap. 5: 3-12. B. Los ciudadanos de este
reino como representantes de sus principios, cap. 5: 13-16. C. La norma de
conducta del reino de los cielos, cap. 5: 17-47. D. El blanco de sus ciudadanos:
la transformación y perfección del carácter, cap. 5: 48. II. Incentivos para
vivir correctamente y como ciudadanos ejemplares, cap. 6. A. Los motivos
correctos en el culto, en el servicio y en las relaciones humanas, cap. 6: 1-18.
B. El propósito de la vida: planear y vivir para el reino de los cielos, cap. 6:
19-24. C. Dios provee lo necesario a los que dan el primer lugar a su reino,
cap. 6: 25-34. III. Privilegios y responsabilidades de los ciudadanos, cap. 7.
A. La regla de oro y el poder para aplicarla, cap. 7: 1-12. B. La prueba de la
ciudadanía: obediencia y autodisciplina, cap. 7: 13-23. C. Un llamado para una
acción decisiva, cap. 7: 24-27. )
Pobres.
Gr. ptÇjós , palabra
que se refiere a la pobreza extrema, a la miseria (ver com. Mar. 12: 42; Luc.
4:18; 6: 20). Aquí ptÇjós señala a los que adolecen de una verdadera miseria
espiritual y sienten agudamente su necesidad de las cosas que el reino del cielo
tiene para ofrecerles (cf. Hech. 3: 6; ver com. Isa. 55: 1). El que no siente su
necesidad espiritual, el que se cree " "rico", " que se ha " "enriquecido" " y
que " "de ninguna cosa" " tiene " "necesidad", " a la vista del cielo es "
"desventurado, miserable, pobre" (Apoc. 3: 17). Sólo los "pobres en espíritu"
entrarán en el reino de la gracia divina. Los demás no anhelan las riquezas del
cielo y se niegan a aceptar sus bendiciones.
De ellos.
La
comprensión de la necesidad propia es la primera condición para entrar en el
reino de la gracia de Dios (DMJ 13). Por estar consciente de su propia pobreza
espiritual, el publicano de la parábola "descendió a su casa justificado" antes
que el fariseo que estaba lleno de justicia propia (Luc. 18: 9-14). En el reino
de los cielos no hay lugar para los orgullosos, los que están satisfechos de sí
mismos, los que dependen de su justicia propia. Cristo invita a los pobres en
espíritu a que cambien su pobreza por las riquezas de su gracia.
El
reino de los cielos.
Ver com. Mat. 4: 17; Luc. 4: 19. Es importante
notar que aquí Cristo no hablaba tanto de su futuro reino de gloria como del
reino de la gracia divina, ya presente. En sus enseñanzas, Cristo habló muchas
veces del reino de la gracia en el corazón de los que aceptaban la soberanía
celestial. Esto lo ilustran las parábolas de la cizaña, la semilla de mostaza,
la levadura, la red (Mat. 13: 24, 31, 33, 47), y muchas otras (DMJ 12, 93).
Los judíos concebían el reino de los cielos como un reino basado en la
fuerza, que obligaría a las naciones de la tierra a someterse a Israel. Pero el
reino que Cristo vino a establecer es el que comienza en el corazón de los
hombres, impregna sus vidas y rebosa hasta los corazones y la vida de otros con
el dinámico y apremiante poder del amor.
4. Lloran.
Gr. penthéÇ , palabra que suele indicar un
dolor intenso en contraste con lupéomai , término más genérico que significa más
bien "entristecerse" (Mat. 14: 9; 1 Ped. 1: 6). Así, la profunda pobreza
espiritual de los "pobres en espíritu" (ver com. Mat. 5: 3) corresponde con el
profundo dolor de las personas que se describen en el vers. 4. En verdad, es la
profunda comprensión de la necesidad espiritual la que induce a los hombres a
"llorar" por las imperfecciones que ven en su propia vida (ver DMJ 14; cf. DTG
267). Aquí Cristo se refiere a los que, con pobreza de espíritu, anhelan
alcanzar la norma de perfección (cf. Isa. 6: 5; Rom. 7: 24). Aquí hay también un
mensaje de consuelo para quienes lloran debido a desengaños, luto, o algún otro
dolor (DMJ 15-17).
Recibirán consolación.
Gr. parakaléÇ ,
"llamar al lado de", "pedir ayuda", "mandar llamar"; también "exhortar",
"alegrar", "consolar", "reanimar", "animar". Un verdadero amigo es un parákl'tos
, y su ayuda se denomina parákl'sis . En 1 Juan 2: 1 se llama parákl'tos a
Jesús. Cuando partió, prometió enviar "otro Consolador" (ver com. Juan 14: 16,
Gr. parákl'tos ), el Espíritu Santo, para que morara con nosotros como amigo
permanente.
Así como Dios satisface la necesidad espiritual con las
riquezas de la gracia del cielo (ver com. vers. 3), así también responde al
llanto por el pecado con el consuelo de los pecados perdonados. Si no se
experimenta primero una sensación de necesidad, no se puede lamentar por lo que
falta, en este caso la rectitud de carácter. Lamentarse por el pecado es, pues,
el segundo requisito para los que se presentan como candidatos para el reino de
los cielos, y su secuencia, en forma natural, es después del primer paso.
5. Mansos.
Gr. praús "manso",
"suave", gentil". Cristo dijo que él era "manso" [ praús ] "y humilde de
corazón" (cap. 11: 29), y por eso todos los que están "trabajados y cargados"
(vers. 28) pueden ir a él y hallar descanso para su alma. El equivalente hebreo
del griego praús es 'anaw o 'ani , "pobre", "afligido", "humilde", "manso". Se
emplea esta palabra hebrea para describir a Moisés que era muy "manso" (Núm. 12:
3). También aparece en el pasaje mesiánico de Isa. 61: 1-3 (cf. com. Mat. 5: 3)
y en Sal. 37: 11, donde también se traduce como "manso".
La mansedumbre
es una actitud del corazón, de la mente y de la vida, que prepara el camino para
la santificación. A la vista de Dios, el espíritu "afable" [ praús ] es "de
grande"317 "de estima" (1 Ped. 3: 4). La "mansedumbre" aparece repetidas veces
en el NT como una virtud importantísima del cristiano (Gál. 5: 23; 1 Tim. 6:
11). La "mansedumbre" en relación con Dios significa que habremos de aceptar su
voluntad y la forma en que nos trata, que nos someteremos a él en todas las
cosas sin vacilación (cf. DMJ 18). Una persona "mansa" domina perfectamente su
yo. Debido al enaltecimiento del yo, nuestros primeros padres perdieron el reino
que les había sido confiado. Por medio de la mansedumbre éste puede ser
recuperado (DMJ 20; ver com. Miq. 6: 8).
Recibirán la tierra por
heredad.
Cf. Sal. 37: 11. Los "pobres en espíritu" han de recibir las
riquezas del reino de los cielos (Mat. 5: 3); los mansos han de "recibir la
tierra por heredad" . Es evidente que no son los "manos" quienes ahora poseen la
tierra, sino los orgullosos. Sin embargo, a su debido tiempo los reinos de este
mundo serán entregados a los santos, a los que hayan aprendido la virtud de la
humildad (cf. Dan. 7: 27). Finalmente, dijo Cristo, los que se humillen, los que
aprendan la mansedumbre, serán ensalzados (ver com. Mat. 23: 12).
6. Hambre y sed.
Esta figura era
especialmente llamativa en un país donde el promedio anual de lluvia no pasa de
65 cm (26 pulgadas; ver t. II, p. 113; com. Gén. 12: 10). Lo que ocurre en
Palestina suele pasar también en grandes regiones del Cercano Oriente. Por
limitar con extensas zonas desérticas, una buena parte de las tierras habitadas
son semiáridas. Sin duda, muchos de los que escuchaban a Jesús sabían lo que era
experimentar sed. Tal como lo ilustra el caso de Agar y de Ismael, un viajero
que se extraviaba o pasaba por alto una de las pocas fuentes que había a la vera
de su ruta, fácilmente podía encontrarse en serias dificultades (ver com. Gén.
21: 14).
Pero aquí Jesús hablaba del hambre y de la sed del alma (Sal.
42: 1-2). Sólo los que anhelan justicia con la apremiante ansiedad del que se
muere por falta de alimento o de agua, la encontrarán. Ningún recurso terrenal
puede satisfacer el hambre y la sed del alma. No son suficientes ni riquezas
materiales, ni profundas filosofías, ni la satisfacción de los apetitos físicos,
ni el honor, ni el poder. Después de probar todas esas cosas, Salomón llegó a la
conclusión de que "todo es vanidad" (Ecl. 1: 2, 14; 3: 19; 11: 8; 12: 8; cf. 2:
1, 15, 19; etc.). Nada produce la satisfacción y la felicidad que el corazón
humano anhela. La conclusión del sabio fue que reconocer al Creador y cooperar
con él proporcionan la única satisfacción duradera (Ecl. 12: 1, 13). Unos seis u
ocho meses después del Sermón del Monte (ver diagrama p. 221) Jesús pronunció
otro gran discurso, esta vez acerca del Pan de Vida (Juan 6: 26-59), en el cual
presentó más plenamente el principio que aquí se expone en forma sucinta. Jesús
mismo es el "pan" del cual los hombres deben tener hambre, y participando de ese
"pan" pueden mantener la vida espiritual y satisfacer el hambre de su alma (Juan
6: 35, 48, 58). Se invita bondadosamente a los que tienen hambre y sed que vayan
al Proveedor celestial y reciban alimento y bebida "sin dinero y sin precio"
(Isa. 55: 1-2). El hecho de que el corazón anhele justicia demuestra que Cristo
ya ha comenzado allí su obra (DMJ 2l).
Justicia.
Gr. dikaiosún'
, de la raíz dík' , "costumbre", "uso", y por lo tanto, lo "correcto" según la
costumbre. En el NT se emplea la palabra con el sentido de lo "correcto" según
lo determinan los principios del reino del cielo. El vocablo dikaiosún' aparece
en 87 versículos en el NT, y en la RVR se traduce todas las veces como
"justicia" salvo en dos casos (1 Cor. 1: 30; 2 Cor. 3: 9). Entre los griegos, la
"justicia" consistía en la conformidad con las costumbres aceptadas. Para los
judíos en esencia era conformarse con los requerimientos de la ley tal como la
interpretaba la tradición judía (Gál. 2: 16-21). Pero para los seguidores de
Cristo, la "justicia" tenía un sentido más amplio. En vez de establecer su
propia justicia, los cristianos debían someterse a "la justicia de Dios" (Rom.
10: 3). Buscaban la justicia " "que es por la fe de Cristo, la justicia que es
de Dios por la fe" " (Fil. 3: 9).
La justicia de Cristo es tanto
imputada como impartida. La justicia imputada produce justificación; pero el
alma justificada crece en la gracia. Por medio del poder de Cristo que vive en
el alma, el cristiano conforma su vida con los requisitos de la ley moral tal
como fue expuesta por precepto y ejemplo por Jesús. Esta es la justicia
impartida (PVGM 251-253). Esto es lo que Cristo quería decir cuando animó a sus
oyentes a que pensaran en ser "perfectos" así como su Padre celestial es
perfecto (ver com. Mat. 5: 48). Pablo dice que la vida perfecta de Jesús ha
hecho que sea posible que "La justicia de la ley se cumpliese en nosotros, "318
" que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" " (Rom. 8: 4).
7. Los misericordiosos.
Gr. ele'mÇn
, "piadoso", "misericordioso", "compasivo". En Heb. 2:17 se dice que Cristo es
"misericordioso [ele ' m Ç n] y fiel sumo sacerdote". La misericordia de la cual
habla Cristo aquí es una virtud activa que se proyecta hacia los seres humanos.
Tiene poco valor mientras no se convierta en obras de misericordia. En Mat. 25:
31-46 se presentan las obras de misericordia como el elemento decisivo para la
admisión en el reino de la gloria. Santiago incluye los actos de misericordia en
su definición de la "religión pura" (Sant. 1: 27). Miqueas (cap. 6: 8) resume la
obligación del hombre para con Dios y sus prójimos: "hacer, justicia, y amar
misericordia, y humillarte ante tu Dios". Notar que Miqueas, al igual que
Cristo, menciona tanto la humildad ante Dios como la misericordia para con los
hombres. Estos dos procederes pueden compararse con los dos mandamientos, de los
cuales "depende toda la ley y los profetas" (Mat. 22: 40).
Alcanzarán
misericordia.
Esto ocurrirá tanto ahora como en el día del juicio, tanto
de parte de los hombres como de Dios. El principio de la regla de oro (cap. 7:
12) se aplica tanto a nuestro trato con otros como al trato que los demás nos
brindan en respuesta. La persona cruel, de corazón duro y espíritu
desconsiderado, rara vez recibe un trato bondadoso y misericordioso de parte de
su prójimo. Pero muchas veces los que son bondadosos y considerados con las
necesidades y los sentimientos ajenos, encuentran que el mundo les paga con la
misma moneda.
8. Los de limpio corazón.
La palabra que aquí se traduce como "corazón" se refiere al intelecto
(cap. 13: 15), la conciencia (1 Juan 3: 20), el hombre interior (1 Ped.
3: 4). La pureza de corazón, en el sentido que le dio Cristo, comprende mucho
más que la pureza sexual (DMJ 29); incluye todos los rasgos de carácter
deseables y excluye todos los indeseables. El ser de "limpio corazón" equivale a
estar revestido con el manto de justicia de Cristo (ver com. Mat. 22: 11-12), el
"lino fino" del cual están ataviados los santos (Apoc. 19: 8; cf. cap. 3:
18-19), es decir, la perfección del carácter.
Jesús no estaba hablando
de la limpieza ceremonial (Mat. 15: 18-20; 23: 25), sino de la limpieza interior
del corazón. Si los motivos son puros, la vida también lo será.
Los de
corazón limpio han abandonado el pecado como principio gobernante de la vida, y
su existencia está enteramente consagrada a Dios (Rom. 6: 14-16; 8: 14-17). El
tener "limpio corazón" no significa que la persona no tenga ningún pecado, pero
sí significa que sus motivos son correctos, que por la gracia de Cristo se ha
apartado de sus errores pasados y que prosigue hacia la meta de perfección en
Cristo Jesús (Fil. 3: 13-15).
Verán a Dios.
Cristo pone énfasis
en el reino de la gracia divina en los corazones humanos en esta era presente,
pero sin olvidar el reino eterno de gloria en el mundo futuro (ver com. vers.
3). Por lo tanto, es claro que las palabras "verán a Dios" se refieren tanto a
la visión espiritual como a la física. Quienes sienten su necesidad espiritual,
entran en el "reino de los cielos" (vers. 3) ahora; los que lloran por el pecado
(vers. 4) son consolados ahora; quienes son mansos de corazón (vers. 5) reciben
su derecho de poseer la tierra nueva ahora; los que tienen hambre y sed de la
justicia de Jesucristo (vers. 6) son saciados ahora; los misericordiosos (vers.
7) logran miericordia ahora. Del mismo modo, los de limpio corazón tienen el
privilegio de ver a Dios ahora, con los ojos de la fe; y finalmente, en el
glorioso reino, tendrán el privilegio de verlo cara a cara (1 Juan 3: 2; Apoc.
22: 4). Además, sólo los que logren desarrollar la visión celestial en este
mundo presente, tendrán el privilegio de ver a Dios en el mundo venidero.
Así como ocurre con los narcóticos y las bebidas embriagantes, el primer
efecto del pecado es nublar las facultades superiores de la mente y del alma.
Sólo después que la serpiente hubo seducido a Eva haciendo que viera con los
ojos del alma que " "el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los
ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría", fue cuando ella "tomó de
su fruto, y comió" " (Gén. 3: 6). Cuando la serpiente dijo "serán abiertos
vuestros ojos", se refería a una visión simbólica, porque como resultado de que
sus " "ojos" fueron "abiertos", conocieron el bien y el mal " (Gén. 3: 5). El
diablo ciega en primer lugar a los hombres persuadiéndolos a que crean que la
experiencia con el pecado les dará una visión más clara. Sin embargo, el pecado
lleva a una ceguera mayor. El pecador "tiene ojos y no ve" (Jer. 5: 21; cf. Isa.
6: 10; Eze. 12: 2).
Sólo aquellos cuyo corazón es limpio y sincero
"verán a Dios". Si el "ojo es bueno", toda 319 la vida estará llena de " "luz"
(Mat. 6: 22-23). Muchos cristianos sufren de estrabísmo espiritual por intentar
tener un ojo fijo en la Canaán celestial y el otro en los "deleites temporales
del pecado" (Heb. 11: 25) y las "ollas de carne" de Egipto (Exo. 16: 3). Nuestra
única seguridad está en vivir según los principios y colocar a Dios en primer
lugar en nuestra vida. Quienes hoy vean que las cosas de este mundo son
"deseables" y cuya atención está fija en las relucientes baratijas de la tierra
que Satanás les muestra, nunca considerarán como de mayor valor el obedecer a
Dios. Si queremos ver a Dios, debemos mantener limpia la ventana del alma.
9. Los pacificadores.
El sustantivo
griego eir'nopoiós se deriva de dos palabras: eir'ln' , "paz", y poiéÇ ,
"hacer". Cristo se refiere aquí especialmente a inducir a los hombres a que
estén en armonía con Dios (DTG 269-271; DMJ 27). "La mente carnal es enemistad
contra Dios" (Rom. 8: 7). Pero Cristo, el mayor de los pacificadores, vino para
mostrar a los hombres que Dios no es su enemigo (DMJ 25-26). Cristo es el
"Príncipe de paz" (Isa. 9: 6-7; cf. Miq. 5: 5). Fue el mensajero de paz de Dios
ante el hombre, " "justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios" "
por medio de Jesús (Rom. 5: 1). Cuando Jesús hubo cumplido con la tarea que le
fue asignada y volvió al Padre, pudo decir: "La paz os dejo, mi paz os doy"
(Juan 14: 27; cf. 2 Tes. 3: 16).
A fin de apreciar lo que Cristo quería
decir al hablar de "pacificadores", es útil considerar el sentido de la palabra
"paz" en el pensamiento semítico y en su forma de hablar. El equivalente hebreo
de la palabra griega eir'n' es shalom , que significa "salud", "bienestar",
"entereza", "prosperidad", "paz". En vista de que Cristo y la gente común
empleaban el arameo, idioma muy parecido al hebreo, es muy posible que Cristo
empleó esta palabra con sus acepciones semíticas. Los cristianos han de estar en
paz los unos con los otros (1 Tes. 5: 13) y deben seguir "la paz con todos"
(Heb. 12: 14). Han de orar por la paz, trabajar por la paz e interesarse en
forma constructiva en las actividades que contribuyan a la paz de la sociedad.
Hijos de Dios.
Los judíos se consideraban "hijos de Dios" (Deut.
14: 1; Ose. 1: 10; etc.), concepto que también comparten los cristianos (1 Juan
3: 1). El ser hijo de Dios significa parecerse a él en carácter (1 Juan 3: 2; cf
Juan 8: 44). Los "pacificadores" son "hijos de Dios" porque ellos mismos están
en paz con Dios, y están dedicados a la tarea de inducir a sus prójimos a que
estén en paz con él.
10. Padecen
persecución.
Aquí Cristo se refiere en primer lugar a la persecución
sufrida en el proceso de abandonar el mundo y volverse a Dios. Desde la entrada
del pecado, ha existido "enemistad" entre Cristo y Satanás, entre el reino de
los cielos y el reino de este mundo, y entre los que sirven a Dios y los que
sirven a Satanás (Gén. 3: 15; Apoc. 12: 7-17). Este conflicto ha de continuar
hasta que " "los reinos del mundo" vengan "a ser de nuestro Señor y de su
Cristo" " (Apoc. 11: 15; cf. Dan. 2: 44; 7: 27). Pablo advirtió a los creyentes
que "a través de muchas tribulaciones" " habrían de entrar " "en el reino de
Dios" (Hech. 14: 22). Los ciudadanos del reino celestial pueden esperar
tribulaciones en este mundo (Juan 16: 33), porque su carácter, sus ideales, sus
aspiraciones y su conducta dan un testimonio unánime y silencioso contra la
impiedad de este mundo (cf. 1 Juan 3: 12). Los enemigos del reino celestial
persiguieron a Cristo, el Rey, y se ha de esperar que persigan a sus súbditos
leales (Juan 15: 20). " "Y también todos los que quieren vivir piadosamente en
Cristo Jesús padecerán persecución" " (2 Tim. 3: 12).
De ellos es el
reino de los cielos.
En el vers. 3 se hace la misma promesa a quienes
sienten su necesidad espiritual. " "Si sufrimos, también reinaremos con él" (2
Tim. 2: 12; cf. Dan. 7: 18, 27). Quienes más sufren por Cristo son los que mejor
pueden apreciar cuánto sufrió él por ellos. Es apropiado que en la primera
bienaventuranza y en la última esté la seguridad de que esas personas serán
súbditos del reino. Los que cumplan con las ocho condiciones aquí enumeradas
para ser ciudadanos, son dignos de un lugar en el reino.
11. Os vituperen.
Gr. oneidízÇ , "injuriar", "calumniar",
"insultar". También ver com. Luc. 6: 22. Los vers. 11 y 12 no constituyen otra
bienaventuranza. Se trata sencillamente de una explicación de las formas en que
puede manifestarse la persecución.
Por mi causa.
Los cristianos
sufren por el nombre que llevan, el de Cristo. En todas las épocas, al igual que
en tiempos de la iglesia primitiva, los que verdaderamente aman a su Señor se
han regocijado por haber sido considerados "dignos de padecer afrenta por causa
del Nombre" " (Hech. 5: 41; cf. 1 Ped. 2:19-23; 3: 14; 4: 14). Cristo advirtió
que los que quisieran ser sus discípulos serían "aborrecidos de todos por causa
de" " su " "nombre" (Mat. 10: 22); pero añadió en seguida que cualquiera que
perdiere "su vida" por causa de él, la hallaría (cap. 10: 39). Los cristianos
deben estar listos para padecer por él (Fil. 1: 29).
12. Gozaos.
El cristiano debe gozarse, sin importarle lo
que la vida le ofrezca (Fil. 4: 4), pues sabe que Dios hace que todas las cosas
le ayuden a bien (Rom. 8: 28). Esto es especialmente cierto en relación con la
tentación o la prueba (Sant. 1: 2-4), porque el sufrimiento desarrolla la
paciencia y otras características imprescindibles para los ciudadanos del reino
celestial.
Vuestro galardón es grande.
Ver com. Luc. 6: 24-26.
Para el cristiano maduro, el concepto del galardón no es el más importante de
todos (PVGM 328). No obedece las reglas sólo con el propósito de entrar en el
cielo. Obedece porque encuentra que la cooperación con su Creador es la meta
suprema y el gozo de su existencia. El sacrificio puede ser grande, pero la
recompensa también es grande. Cuando el Hijo del hombre venga en gloria "pagará
a cada uno conforme a sus obras" (Mat. 16: 27; cf. Apoc. 22: 12).
Los
profetas.
Se refiere a profetas como Elías, perseguido por Acab y
Jezabel (1 Rey 18: 7-10; 19: 2), y Jeremías, perseguido por sus compatriotas
(Jer. 15: 20; 17: 18; 18: 18; 20: 2; etc.). La persecución sirve para purificar
la vida y eliminar la escoria del carácter (cf. Job 23: 10).
13. Vosotros.
En griego, el
pronombre es enfático: "Vosotros mismos sois la sal de la tierra". Es importante
recordar que Jesús se estaba dirigiendo a sus discípulos, especialmente a los
doce, en su nueva condición de fundadores del reino de su divina gracia (ver
com. vers. 1-3). Había otros que estaban escuchando, principalmente labradores y
pescadores (DMJ 36), pero también había espías enviados por los fariseos (DTG
272-273; ver com. Mar. 2:6).
Sal.
En Palestina la sal se recogía
en la costa del Mediterráneo o del mar Muerto y sus cercanías. Por la forma en
que se la recogía, quedaba bastante impura. Al humedecerse la sal, por ser muy
soluble en el agua se desvanecía y sólo quedaban las impurezas que eran
insípidas.
La idea básica en la comparación de los ciudadanos del reino
con la sal es que ella sirve para preservar (cf. DMJ 33). Antes de que hubiera
refrigeración u otros métodos modernos para conservar los alimentos, para ese
fin se empleaban mucho la sal y las especias. En la antigua Palestina se usaba
sal casi exclusivamente para ese propósito y para sazonar la comida (Job 6: 6).
Del mismo modo, el cristiano, al convertirse en instrumento para la salvación de
otros por medio de la difusión del Evangelio, ejerce una influencia preservadora
y purificadora en el mundo. Los discípulos habían de reconocer que la salvación
de sus prójimos era su primera responsabilidad. No debían retirarse de la
sociedad por causa de una persecución (Mat. 5: 10-12) ni por otras razones, sino
habían de permanecer en estrecha relación con sus prójimos.
En su
presentación del Sermón del Monte, Lucas no incluye el contenido de Mat. 5:
13-16, aunque cita una declaración similar de Cristo, pronunciada en otra
ocasión (Luc. 14: 34-35). Marcos también registra en un pasaje similar las
palabras pronunciadas sólo a los discípulos en otras circunstancias (Mar. 9:
50), y aplicadas particularmente a la característica de llevarse bien
mutuamente. El hecho de que se le atribuyan a Jesús los mismos dichos, o dichos
similares, en diferentes momentos de su ministerio, ha inducido a algunos a
pensar que los evangelistas han atribuido esos dichos a ciertas ocasiones de la
vida de Cristo en forma descuidada y arbitraria, sin considerar cuándo Jesús
hizo realmente esas afirmaciones. Esta conclusión se basa en la idea un tanto
ingenua de que Jesús expresó una determinada idea sólo una vez durante su
ministerio. Sin embargo, no hay una razón valedera para suponer que Jesús no
habría repetido sus palabras, parcial o totalmente, en varios momentos, frente a
diferentes públicos y aun ante aproximadamente las mismas personas.
Se
desvaneciere.
Es decir, se vuelve insípida. Sería tan ilógico que el
cristiano perdiese sus características esenciales y todavía fuera cristiano,
como que la sal perdiera su sabor y todavía se la considerara como sal y se la
empleara como tal. Si los cristianos lo son sólo de nombre, su ciudadanía
nominal en el reino de los cielos se convierte en una farsa. No son cristianos
si no reflejan el carácter de Cristo, no importa cuál sea su profesión.
Salada.
Es decir, ¿Cómo se restaurarían sus características
esenciales de sal que le dan
utilidad? Cuando de la vida de un profeso
cristiano desaparecen el amor, el poder y la justicia de Cristo, no hay otra
fuente de la cual pueda obtener lo que le falta. Un cristiano nominal no puede
compartir con otros lo que él mismo no posee. En el antiguo rito ceremonial, se
añadía sal a todos los sacrificios (Lev. 2: 13; Eze. 43: 24; Mar. 9: 49); sin
sal no eran aceptables. En este caso la sal simbolizaba la justicia de Cristo
(DTG 406-407). A fin de que nuestras vidas sean un "sacrificio vivo, santo,
agradable a Dios" (Rom. 12: 1), deben ser preservadas y sazonadas con la
perfecta justicia de Jesucristo (Gál. 2: 20).
No sirve más para nada.
Un cristiano cuya vida ha perdido la gracia y el poder de Cristo, como
cristiano "no sirve más para nada". Aún más, se convierte en un verdadero
perjuicio para la causa del reino porque vive una vida que tergiversa los
principios del reino.
Hollada por los hombres.
Desde donde la
multitud estaba sentada podía ver las líneas blancas de sal, echada allí porque
había perdido su valor (DMJ 33-34).
14. Vosotros.
En griego el pronombre es enfático: "Vosotros
mismos sois la luz del mundo".
Luz.
La luz siempre ha sido un
símbolo de la presencia divina (ver com. Gén. 1: 3; 3: 24). Juan dijo que, Jesús
era "la luz de los hombres" que brillaba en las tinieblas de este mundo (cap. 1:
4-9). Hacia el fin de su ministerio, Jesús se llamó a sí mismo la "luz del
mundo" (ver com. Juan 8: 12; 9: 5). Si un cristiano es fiel a su misión una vez
que ha aceptado a Jesús como luz del mundo, se convierte en reflector de esa
luz. En las profecías mesiánicas, Jesús aparece como "gran luz" (Isa. 9: 2) y
como "Sol de justicia" (Mal. 4: 2; ver com. Luc. 1: 79). Cuando la verdadera Luz
ilumina a los hombres, se los exhorta a levantarse y resplandecer (Isa. 60:
1-3). Se representa a los que aman y sirven al Señor como si fueran el "sol"
(ver com. Juec. 5: 31), tanto aquí como en el más allá (Mat. 13: 43). Era aún de
mañana cuando Cristo habló (DMJ 35), y el sol ascendía hacia el cenit (cf. Sal.
19: 4-6). Así también los doce -como todos los futuros ciudadanos del reino-
habían de permitir que su luz iluminara el mundo disipando las tinieblas del
pecado y de la ignorancia acerca de la voluntad y los caminos de Dios (ver com.
Juan 1: 4, 7, 9).
Mundo.
Gr. kósmos (ver com. cap. 4: 8).
Asentada sobre un monte.
Las antiguas ciudades de Palestina
solían estar ubicadas en cerros. Esto lo demuestran las ruinas que se encuentran
hoy. Una ciudad ubicada en un monte se vería desde una gran distancia. Desde el
lugar donde Cristo y la multitud estaban sentados, se veían muchas aldeas y
ciudades en los cerros vecinos (DMJ 36).
15. Luz.
Mejor, "lámpara" (BJ). Gr. lujnós . Las antiguas
lámparas consistían en un recipiente de arcilla o de metal, muchas veces en
forma de platillo. La mecha flotaba en el aceite y la parte encendida descansaba
en el borde del plato o salía por un orificio especial. En Mar. 4: 21 y Luc. 8:
16; 11: 33 aparece también este artefacto común.
Un almud.
Gr.
módios , medida para áridos de aproximadamente 8,75 lt. Con frecuencia se usaba
para guardar harina. Comúnmente se hacía este recipiente de barro cocido. Como
nación, los judíos estaban ocultando efectivamente su luz (cf. Isa. 60: 1) bajo
"un almud". Jesús destacó que la luz que les había sido encomendada pertenecía a
todos los hombres (ver t. IV, pp. 30-32).
Candelero.
Gr. lujnía
. En las casas humildes el candelero era por lo general un soporte de barro
cocido; en otros casos, se ponía la lámpara sobre un estante en la pared o en el
poste central de piedra o de madera, que servía para sostener el techo (Exo. 25:
31; Heb. 9: 2; Apoc. 1: 12; 11: 4; etc.).
Alumbra a todos.
Todos
los miembros de una familia pueden aprovechar la luz si se la coloca en su
debido lugar, en el candelero. Del mismo modo, Dios deseaba que toda la familia
humana se beneficiara con la luz de la verdad que Dios había confiado a los
descendientes de Abrahán (Gén. 12: 3; Deut. 4: 6; Isa. 60: 1-3; etc.; ver t. IV,
pp. 30-32). Comparar esto con la "lámpara" usada para hallar la moneda perdida
(ver com. Luc. 15: 8).
16. Así alumbre.
La luz de la verdad proviene del cielo (Juan 1: 4), pero cuando ilumina
nuestras vidas, se convierte en nuestra luz (Isa. 60: 1-3; Efe. 5: 14). Los
doce, tan recientemente designados, fueron los primeros portaluces cristianos.
La eficacia con que los discípulos llegaron a reflejar la luz de la verdad y el
amor de Dios se hizo evidente aun para sus más acerbos enemigos, quienes
"reconocían que habían estado con Jesús" (Hech. 4: 13). Jesús era quien había
diseminado la luz del cielo por el mundo (Juan 1: 4). Los dirigentes judíos no
podrían haber expresado un mayor elogio a los discípulos, ni 322 haberles
brindado un reconocimiento mayor de la eficacia de la misión de Cristo. El
encendió una luz en el corazón de los hombres que nunca se habría de extinguir.
Vean vuestras buenas obras.
La lámpara se aprecia por la
claridad y la intensidad de la luz que brinda. El aceite de la lámpara colocada
sobre el candelero no es necesariamente visible para quienes están en la
habitación, pero el hecho de que la lámpara da luz demuestra que hay aceite en
la lámpara.
Glorifiquen a vuestro Padre.
Satanás siempre ha
procurado dar una falsa impresión del Padre. Cristo vino a disipar las tinieblas
y a revelar al Padre. Cristo encomendó esta misma obra a sus discípulos. La luz
brilla no tanto para que los hombres vean la luz, sino para que gracias a la luz
puedan ver otras cosas. Nuestra luz debe brillar no para que los hombres sean
atraídos a nosotros, sino para que sean atraídos a Cristo, quien es la luz de la
vida, y a las cosas que son dignas de verse (Mat. 6: 31-34; Juan 6: 27; cf. Isa.
55: 1-2).
Aquí por primera vez Mateo llama "Padre" a Dios; en adelante
lo hace repetidas veces (cap. 5: 45, 48; 6: 1, 9; etc.). El concepto de Dios
como Padre y de los hombres como hijos suyos aparece a menudo en el AT (Deut.
32: 6; Isa. 63: 16; 64: 8; Jer. 3: 4; etc.). Pero Cristo dio un nuevo
significado a la relación entre padre e hijo (PVGM 106-107). En la literatura
judía, Dios aparece muchas veces como "Padre" celestial.
17. No penséis.
Como ocurrió en casi todas las ocasiones
durante los dos últimos años de su ministerio (ver com. Mar. 2: 6; Luc. 6: 11),
estaban presentes espías que tenían la tarea de averiguar e informar acerca de
las actividades de Jesús. Mientras él hablaba, ellos murmuraban entre los que
allí estaban, que Jesús daba poca importancia a la ley (DTG 272-273; DMJ 44).
Pero, como en muchas otras ocasiones (ver com. Mar. 2: 8; Luc. 4: 23; 6: 8),
Jesús leyó lo que pensaban (DTG 273) y respondió a las objeciones que habían
suscitado, dando así una evidencia de su divinidad.
He venido.
Jesús se refiere aquí a su venida procedente del Padre (Juan 16: 28) al
mundo (cap. 18: 37).
Abrogar.
Gr. katalúÇ , "desatar",
"deshacer", como se desarma una tienda. Significa "abrogar", "dejar sin
validez", "anular", "abolir". Cristo había proclamado la ley en el monte Sinaí.
¿Por qué habría ahora de anularla? (PP 381-382; ver com. cap. 23: 23).
La ley.
Gr. nómos , (ver com. Rom. 3: 19), que aquí equivale al
Heb. torah , que comprende toda la voluntad revelada de Dios (ver com. Sal. 119:
1, 33; Prov. 3: 1). La expresión "la ley y los profetas" representa la división
de las Escrituras del AT en dos partes (Mat. 7: 12; 11: 13; 22: 40; Luc. 16: 16;
Juan 1: 45; Rom. 3: 21). Esta clasificación se encuentra también en la antigua
literatura judía (ver 4 Mac. 18: 10). Sin embargo, la división más común entre
los judíos era la triple división: la ley, los profetas y los salmos (Luc. 24:
44), o, según el título de la Biblia hebrea, "Ley, Profetas y Escritos". El
contexto indica que con toda probabilidad Jesús se estaba refiriendo en primera
instancia a la ley moral y a los estatutos civiles contenidos en los libros de
Moisés y confirmados por los profetas (DTG 273; DMJ 43). En Mat. 5: 21-47 Jesús
elige ciertos preceptos de los Diez Mandamientos (vers. 21, 27) y de las leyes
de Moisés (vers. 33, 38, 43), y presenta el contraste entre su interpretación y
la de los escribas, expositores oficiales y maestros de la ley (ver p. 57; com.
Mar. 1: 22; 2: 6, 16; Luc. 5: 17).
Cristo muestra claramente que no era
él sino ellos quienes destruían la ley, invalidándola con su tradición (Mat. 15:
3, 6). Es probable que las ilustraciones tomadas de la ley (cap. 5: 21-47)
representen sólo una parte de lo que Cristo dijo en esa oportunidad (ver com.
vers. 2). Su discurso pudo haber sido mucho más amplio. Cuando afirmó que había
venido a cumplir la ley y los profetas, también pudo haber hecho notar que en él
se cumplían los símbolos de la ley ritual que se referían a él, y que en él se
cumplían todas las predicciones mesiánicas de todas las Escrituras (Luc. 24:
44). No había venido a abrogar ninguna parte de las Escrituras que él mismo
había dado (1 Ped. 1: 11; PP 381-382), y que testificaban de él (Juan 5: 39; cf.
Luc. 4: 21).
El punto básico de desacuerdo entre Jesús y los escribas
tenía que ver con las tradiciones mediante las cuales ellos interpretaban la
santa ley de Dios (ver p. 57; com. Mar. 1: 22, 44; 2: 19, 24; 7: 1-14; Luc. 6:
9). Desde la niñez Jesús había actuado sin tomar en cuenta esas leyes rabínicas
que no tenían su base en el AT (DTG 64). Lo que ahora ponía de lado era la falsa
interpretación que los escribas habían dado a la ley (DTG 273), y no la ley en
sí.
Cumplir.
Gr. pl'róÇ , "completar", "llenar". En el Sermón
del Monte el Autor de la ley dejó en claro el verdadero significado de sus
preceptos, y la manera en que sus principios habían de expresarse en el
pensamiento y en la vida de los ciudadanos del reino que había venido a
establecer (ver com. Isa. 59: 7). El mismo gran Dador de la ley reafirmó los
pronunciamientos del Sinaí, diciendo que estaban en vigencia para los que
quisieran ser sus súbditos, y anunció que cualquiera que se atreviera a
anularlos, ya fuera por precepto o por ejemplo, de ningún modo entraría en el
"reino de los cielos" (Mat. 5: 20).
La afirmación de que al cumplir la
ley moral Cristo la abrogó no armoniza con el contexto de la declaración del
Maestro. Tal interpretación niega el sentido que evidentemente Jesús quiso
transmitir. Según esa interpretación contradictoria, Cristo habría dicho que no
había venido a destruir la ley, sino que al cumplirla la abrogaba. Esa
interpretación pasa por alto la clara antítesis que hay en la palabra allá-
"sino", "pero"- y hace que las dos ideas sean virtualmente sinónimos. Al cumplir
la ley, Cristo tan sólo le dio un sentido más amplio, dando a los hombres un
ejemplo de perfecta obediencia a la voluntad de Dios a fin de que la misma ley
"se cumpliese [ pl'róÇ ] en nosotros" (Rom. 8: 3-4).
18. De cierto.
Gr. Amén , del Heb. 'amen , "firme",
"establecido", "seguro". Según el sentido del hebreo, el 'amen significa una
respuesta confirmatorio y enfática a lo que dice otra persona (Núm. 5: 22; Deut.
27: 15-16; etc.). Se le da el mismo sentido en el NT(1 Cor. 14: 16). Se emplea
el amén con frecuencia en el NT al final de una doxología (Rom. 1: 25; Gál. 1:
5; etc.). Pero es peculiar de Jesús la forma en que usa el amén para confirmar
lo que él mismo dice y para darle más énfasis. El comienza muchas de sus
expresiones diciendo: "De cierto os digo" (Mat. 6: 2, 5, 16; etc.), o, como
aparece en el Evangelio de Juan (25 veces), "de cierto, de cierto te digo" (Juan
3: 3, 5, 11; etc.; ver com. cap. 1: 51).
Hasta que pasen el cielo y la
tierra.
Comparar con Mar. 13: 31; Luc. 16: 17. Puesto que la ley es una
expresión de la voluntad de Dios, y el plan de salvación es una expresión de la
misericordia de Dios, ninguno de ellos fracasará. "La palabra del Dios nuestro
es segura para siempre" (Isa. 40: 8).
Jota.
Gr. iÇta , la novena
letra del alfabeto griego, que corresponde con la letra hebrea yod (ver p. 16),
la más pequeña del alfabeto hebreo.
Ni una.
La construcción
griega tiene un negativo sumamente enfático. Un cambio en la ley moral es tan
imposible como una transformación del carácter de Dios, quien no puede cambiar
(Mal. 3: 6). Los principios de la ley moral son tan permanentes como Dios.
Tilde.
Gr. keráia , "cuernito", quizá el ganchito en la letra
wau ( w ; ver p. 16) o parte de alguna otra letra necesaria para distinguirla de
tina letra similar. Al ver el parecido entre las letras hebreas equivalentes a b
y k , d y r , h y j , en la p. 16, se comprenderá cuán importantes son los
detalles diminutos de esas letras. Los judíos tenían por tradición que si todos
los habitantes de la tierra intentaran abolir la más pequeña letra de la ley, no
podrían tener éxito. Razonaban que hacerlo significaría una falta tan grande que
el mundo sería destruido.
Se haya cumplido.
Gr. gínomai ,
"llegar a ser", "ocurrir", "establecerse". Dios no modificará ni cambiará su
voluntad ya expresada (ver com. vers. 17). Su "palabra" cumplirá los benéficos
propósitos divinos y "será prosperada" (Isa. 55: 11). No habrá modificación de
los preceptos divinos para amoldarlos con la voluntad del hombre.
19. Quebrante.
Gr. lúÇ , "desatar"
(ver cap. 18: 18); al referirse a mandamientos significa "quebrantar", "anular",
"rescindir". KatalúÇ , "destruir" (cap. 5: 17), es una forma más enfática del
mismo vocablo. Al emplear la forma verbal más débil, lúÇ , Cristo pudo haber
querido mostrar que aun por una leve transgresión de los mandamientos se
justifica que alguien sea llamado "muy pequeño" en el reino.
Estos
mandamientos muy pequeños.
Los escribas (ver p. 57) habían ordenado
minuciosamente en una escala de importancia relativa todos los preceptos de la
ley de Dios, las leyes de Moisés -tanto civiles como ceremoniales- y sus propios
reglamentos, suponiendo que si un mandamiento menos importante contradecía a uno
más importante, éste anulaba el primero. Por medio de ese legalismo minucioso
era posible inventar maneras para eludir los más claros requisitos de la ley de
Dios. Pueden encontrarse ilustraciones de la aplicación de este principio en
Mat. 23: 4, 14, 17-19, 23-24; Mar. 7: 7-13; Juan 7: 23. Se consideraba que era
una prerrogativa de los rabinos declarar que ciertas acciones eran permitidas, y
otras, prohibidas. Jesús planteó 324 claramente que, lejos de liberar a los
hombres del cumplimiento de los mandamientos de la ley moral, era aún más
estricto que los expositores oficiales de la ley -los escribas y rabinos- porque
no permitía en ningún momento excepciones. Todos los mandamientos eran igual y
permanentemente obligatorios.
Así enseñe.
Comparar esto con el
ejemplo de Jeroboam, "el cual pecó y ha hecho pecar a Israel" (1 Rey. 14: 16).
Muy pequeño será llamado.
Es decir, será considerado como el
menos digno. Cristo no insinuó de ningún modo que el que quebrantaba los
mandamientos y enseñaba a otros a hacerlo iría al cielo. Aquí afirma claramente
cuál sería el proceder que habría en el reino para con los transgresores, es
decir, la forma en que se justipreciarían sus caracteres. Esto se aclara en el
vers. 20, donde los "escribas y fariseos" que quebrantaban los mandamientos y
enseñaban a otros la forma de hacer lo mismo, quedan terminantemente excluidos
del reino.
20. Vuestra justicia.
Debe recordarse que Cristo se estaba dirigiendo al recién constituido
círculo íntimo de discípulos -los doce en especial- y a todos los otros que eran
ciudadanos futuros del reino recién establecido (ver com. vers. 1). Cristo
expone aquí en lenguaje inconfundible la excelsa norma que debían alcanzar esos
ciudadanos.
Fuere mayor.
La "justicia" de los ciudadanos del
reino de los cielos debe sobrepasar a la de los escribas -expositores oficiales
de la ley- y de los fariseos, que se jactaban de ser más piadosos que los demás
(ver p. 53). Era como si en una competencia atlética, los discípulos -tan sólo
aficionados- fueran obligados a medirse con profesionales y campeones, y se les
dijera que lo menos que debían hacer era superar a esos campeones.
La de
los escribas y fariseos.
Con referencia a los "escribas y fariseos" ver
pp. 53-54, 57. La justicia de los escribas y fariseos consistía en prestar una
obediencia externa a la letra de la ley. Cristo quería que se comprendieran los
principios en los cuales se basa la ley y que se viviera de acuerdo con ellos.
Así como lo hacen algunos modernos maestros de religión, los escribas excusaban
las debilidades de la naturaleza humana, empequeñeciendo así la seriedad del
pecado. De esa manera hacían que fuera fácil desobedecer a Dios y animaban a los
hombres a hacerlo (cf. CS 628). El rabí Akiba (m. 135 d. C.) afirmaba que el
hombre ha de ser juzgado por la mayoría de sus hechos; es decir, si sus buenas
acciones exceden a sus malas acciones, Dios lo declarará justo (Mishnah Aboth 3.
16). A fin de compensar las malas acciones, los escritos rabínicos prescribían
un sistema de justicia por obras, por medio del cual una persona podía ganar
suficientes méritos para superar el balance desfavorable en su contra. Muchos
fariseos creían que su sistema de justicia por obras era un pasaporte seguro
para el cielo; con ese fin eran fariseos. En este pasaje, Jesús presenta la
ineficacia del sistema legalista para conseguir que los hombres siquiera pasen
el umbral del reino. Los esfuerzos por obtener justicia mediante actos formales
o hechos considerados como meritorios, carecen en absoluto de valor (Rom. 9:
31-33).
No.
El griego emplea el doble negativo ou m ', su forma
más enfática, equivalente a "nunca jamás".
21. Oísteis.
Jesús procede ahora a presentar ejemplos
específicos de su interpretación de la ley Como Autor de ella, es su único
verdadero Expositor. Poniendo de lado la casuística rabínica, Jesús restauró la
verdad a su hermosura y lustre originales. La expresión "oísteis" implica que la
mayoría de los oyentes en esta ocasión no habían leído ellos mismos la ley. Esto
era de esperarse, porque la mayoría de ellos eran rudos labradores y pescadores
(DMJ 36). Cuando conversó más tarde con los eruditos sacerdotes y ancianos,
Jesús preguntó: "¿ Nunca leísteis en las Escrituras?" (cap. 21: 42). Sin
embargo, ese mismo día un grupo de gente del común del pueblo, dentro del atrio
del templo, se dirigió a Jesús diciendo: "Nosotros hemos oído de la ley" (Juan
12: 34).
Fue dicho.
Al citar a antiguos expositores de la ley,
los rabinos con frecuencia presentaban lo que esos eruditos habían dicho, con
las palabras que Jesús emplea aquí. En los escritos rabínicos estas palabras se
usan también para presentar citas del AT.
No matarás.
El sexto
mandamiento del Decálogo (ver com. Exo. 20: 13).
Será culpable de
juicio.
Es decir, "será reo ante el tribunal" (BJ). En casos de
homicidio no premeditado, diferente de un asesinato, la ley protegía al homicida
(ver com. Núm. 35: 6; Deut. 19: 3). Por supuesto, aquí se hace referencia a un
derramaniento intencional 325 de sangre, a un fallo de culpabilidad y al castigo
de parte de las autoridades establecidas.
22. Pero yo os digo.
Los rabinos citaban las tradiciones
como autoridad en la cual basaban su interpretación de la ley. Cristo habló por
su propia autoridad, y este hecho distinguía su enseñanza de la de los rabinos,
lo que el pueblo observó sin demora (ver Mat. 7: 29; com. Luc. 4: 22). La
expresión "pero yo os digo" aparece seis veces en Mat. 5 (vers. 22, 28, 32, 34,
39, 44). Cristo demostró que sus demandas iban mucho más allá de la mera letra
de la ley, y que incluían el espíritu que habría de impartir vida y significado
a lo que de otro modo no era sino forma. Presentó seis ejemplos específicos a
fin de dejar en claro la distinción entre los hechos visibles y los móviles que
llevan a realizar esas reacciones. Este contraste, que recorre como una hebra de
oro el Sermón del Monte, hace que el discurso sea la declaración suprema de la
filosofía cristiana de la vida. la máxima exposición de ética de todos los
tiempos. Cristo destacó cuán abarcantes son en verdad los requerimientos de la
ley e hizo resaltar que la mera conformidad exterior con la ley de nada sirve.
Se enoje contra su hermano.
El asesinato es el resultado final
del enojo. Pero una persona puede ocultar su enojo de sus prójimos, aun de los
que son el objeto de su ira. Lo más que puede hacer un tribunal es castigar las
acciones que resultan del enojo. Sólo Dios puede llegar hasta la raíz del asunto
para condenar y castigar a una persona por causa del enojo mismo.
Juicio.
Quizá se refiera esto al veredicto de la justicia local
de una ciudad o aldea, e indica que la ira se había expresado en amenazas o
acciones.
Necio.
Gr. rhaká , sin duda una transliteración del
arameo reqa' (Heb. reqah ), que significa "sin valor", "estúpido". Es una
vigorosa expresión despectiva. En la literatura rabínica reqa' aparece como la
exclamación de un oficial cuando un subalterno no le ha hecho el saludo debido.
El cristiano debe tratar con respeto y ternura aun al más ignorante y degradado
(DMJ 52).
Concilio.
Gr. sunédrion , palabra que aquí quizá se
refiera al sanedrín local, o tribunal de la ciudad y no el gran sanedrín de
Jerusalén.
Fatuo.
Gr. mÇrós , "estúpido", "tonto". Se ha
sugerido que la palabra mÇrós es la transliteración del vocablo hebreo moreh ,
"contencioso", "rebelde", "contumaz", al paso que rhaká expresa desprecio por la
inteligencia de un individuo, o, mejor dicho, por, la falta de inteligencia,
mÇrós , tal como se lo emplea aquí, parece expresar desdén por los motivos del
individuo. En el primer caso se llama "estúpido" al individuo; en el segundo, se
lo denomina "bribón" o "truhán", lo cual implica que se porta neciamente por
motivos aviesos. Si Cristo se negó a "proferir juicio de maldición" contra el
diablo (Jud. 9), nosotros deberíamos refrenarnos de hacerlo con nuestros
prójimos. Hemos de dejar con Dios la obra de juzgar y condenar a una persona por
sus motivos.
Según el Talmud Kiddushin 28a, el que fuera culpable de
denigrar a otro llamándolo "esclavo", debía ser excomulgado de la sinagoga
durante 30 días, y el que llamara a otro "bastardo", debía recibir 40 latigazos.
Infierno de fuego.
Literalmente " géenna de fuego". Géenna es la
transliteración de las palabras hebreas ge' hinnom , "valle de Hinom", o ge' ben
hinnom , "valle del hijo de Hinom" (Jos.15: 8). Este valle está al sur y al
oeste de Jerusalén y se encuentra con el valle de Cedrón, inmediatamente al sur
de la ciudad de David y el estanque de Siloé (ver com. Jer. 19: 2). El impío rey
Acaz (ver t. II, p. 88) parece haber iniciado en los días de Isaías la bárbara
costumbre pagana de quemar los niños, ofrendándolos a Moloc en un alto llamado
Tofet, en el valle de Hinom (2 Crón. 28: 3; cf. PR 40-41). Esos ritos
abominables se describen en com. Lev. 18: 21; Deut. 18: 10; 32: 17; 2 Rey. 16:
3; 23: 10; Jer. 7: 31. Manasés, nieto de Acaz, restableció esa práctica (2 Crón.
33: 1, 6; cf. Jer. 32: 35). Años después, el buen rey Josías profanó
ceremonialmente los altos del valle de Hinom donde se había realizado ese atroz
tipo de culto (2 Rey. 23: 10), con lo cual se acabaron esos sacrificios. Como
castigo por ése y otros males, Dios advirtió a su pueblo que el valle de Hinom
un día sería el "Valle de la Matanza" por causa de los "cuerpos muertos de este
pueblo" (Jer. 7: 32-33; 19: 6; cf. Isa. 30: 33). Por eso los fuegos de Hinom se
convirtieron en un símbolo del fuego consumidor del último gran día de juicio y
del castigo de los impíos (cf. Isa. 66: 24). Según las ideas escatológicas
judías, derivadas en parte de la filosofía griega, géenna era el lugar donde se
reservaban las almas de los impíos bajo castigo hasta el día del juicio final y
de las retribuciones.
La tradición que afirma que el valle de la 326
Gehenna (forma latina del nombre) era el lugar donde se quemaban los
desperdicios, y que por lo tanto era una figura del fuego del día final, parece
haberse originado con el rabí Kimchi, erudito judío de los siglos XII y XIII. La
antigua literatura judía no contiene nada de esto. Los rabinos más antiguos
basaron la idea de la Gehenna como un símbolo del fuego del último día en
Isa. 31:9. Ver art. "Hell" en Seventh-day Adventist Bible Dictionary.
23. Ofrenda.
Gr. dÇron , palabra
que se refiere a cualquier clase de regalos o a ofrendas especiales. En el cap.
23: 18-19 se deja ver claramente cuál era la importancia ritual de una ofrenda
colocada sobre el altar.
Tu hermano.
Quienes escucharon este
sermón sin duda entendieron que el "hermano" era un judío. Para los cristianos,
sería otro cristiano. Se entiende que la palabra "hermano" designa a aquellos
con quienes estamos estrechamente relacionados. Pero Cristo más tarde aclaró que
todos los hombres son hermanos, sin distinción de raza ni de credo (Luc. 10:
29-37).
24. Deja allí.
El presentar
una "ofrenda" o sacrificio personal se consideraba entre los actos religiosos
más sagrados e importantes, pero aun esto debía ocupar tan lugar secundario por
las circunstancias aquí expuestas. Es posible que la "ofrenda" que aquí se
menciona fuera un sacrificio hecho con el fin de obtener el perdón y el favor de
Dios. Cristo insiste en que los hombres deben arreglar las cuentas con sus
prójimos antes de que puedan reconciliarse con Dios (cf. Mat. 6: 15; 1 Juan 4:
20). La obligación más importante tiene prioridad sobre otra de menor
importancia. La reconciliación es más importante que el sacrificio. El vivir los
principios cristianos (Gál. 2: 20) es de mucho mayor valor a la vista de Dios
que practicar las formas externas de la religión. (2 Tim. 3: 5).
Reconcíliate.
Ver com. cap. 6: 12; 18: 15-19.
25. Ponte de acuerdo.
Gr. eunoéÇ ,
"tener la mente bien dispuesta [para con alguien]", verbo relacionado con la
palabra éunoos , "benévolo", "bien dispuesto", "favorable", "amigable". El
"estar de acuerdo" implica un cambio de sentimientos para con el que fue antes
adversario.
Adversario.
Gr. antídikos , "opositor", el
adversario en un pleito legal. El contexto indica que en este caso el
"adversario" es el "acusador" y que la persona a quien Cristo habla es el
acusado (cf. Luc. 12: 58-59).
En el camino.
Es decir, de camino
al tribunal. Jesús dijo que era preferible arreglar las cosas sin recurrir a los
tribunales.
Alguacil.
Gr. huper't's , "funcionario subordinado".
Se emplea este término en el NT para referirse a los ayudantes de la sinagoga
(ver com. Luc. 4: 20), a Juan Marcos como ayudante de Pablo y Bernabé (Hech. 13:
5), y a los ministros del Evangelio (Luc.1: 2; Hech. 26: 16; 1 Cor. 4: 1; etc.).
26. De cierto.
Ver com. vers. 18.
No.
El griego emplea ou m' , una doble negación muy enfática.
Cuadrante.
Gr. kodránt's , latín quadrans , que aproximadamente
equivalía a "dos blancas" (cf. Mar. 12: 42).
27. Oísteis.
Ver com. vers. 21.
No cometerás
adulterio.
Cita de Exo. 20: 14 (cf. Deut. 5: 18).
28. Pero yo os digo.
Ver com. vers.
22. Esencialmente, las enseñanzas de Jesús acerca de la relación matrimonial y
sus responsabilidades se basan en el plan original de Dios para el hogar que
aparece en Gén. 2: 21-24 (ver Mat. 19: 8), y no en la ley mosaica (Deut. 24:
1-4). Según ese plan, el matrimonio debía satisfacer la necesidad de
compañerismo (Gén. 2: 18), y debía proporcionar un hogar y la debida educación
para los hijos que nacieran (Gén. 1: 28; 18: 19; Prov. 22: 6; Efe. 6: 14). El
hogar fue establecido como un ambiente ideal en el cual tanto padres como hijos
pudieran aprender de Dios y desarrollaran caracteres que estuvieran a la altura
de los elevados ideales inherentes en el propósito divino que llevó a su
creación.
Mira a una mujer.
La belleza femenina es un don del
amante Creador, de quien procede toda verdadera belleza. La limpia apreciación
de esa hermosura es correcta. Además, la atracción que cada sexo tiene para el
otro fue implantada en los hombres y las mujeres por el Creador, y cuando se
manifiesta dentro de los límites ordenados por Dios, es intrínsecamente buena,
pero cuando se la pervierte para servir a intereses impíos y egoístas, se
transforma en una de las fuerzas destructoras más grandes del mundo.
Codiciarla.
Gr. epithuméÇ significa "anhelar", "desear
intensamente", "codiciar". Se emplea tanto en el sentido bueno como en el malo.
Jesús dijo a los doce que había deseado con gran deseo ( epithumía, epethúm'sa )
comer 327 la pascua con ellos (Luc. 22:15), En este sentido positivo epithuméÇ
aparece también en Mat. 13: 17; Luc. 17: 22; Heb. 6: 11; 1 Ped. 1: 12; etc.
El sustantivo de la misma raíz epithumía , "deseo" aparece en Fil. 1:
23; 1 Tes. 2: 17. Uno de los equivalentes hebreos del verbo epithuméo es jamad ,
"desear", "complacerse". Esta es la palabra que se traduce como "codiciar" en el
décimo mandamiento (Exo. 20: 17; Deut. 5: 21) y "desear" en Isa. 53: 2. Cristo
sin duda pensaba en el décimo mandamiento cuando advirtió en contra de mirar "a
una mujer para codiciarla". Es decir, el hombre que pone sus afectos y su
voluntad en armonía con el décimo mandamiento, de esa manera se protege de
violar el séptimo.
Corazón.
Gr. kardía , "corazón", pero que se
refiere más bien al intelecto, los afectos y la voluntad. " "Porque cual es su
pensamiento en su corazón, tal es él" " (Prov. 23: 7). Cristo destaca que el
carácter se determina no tanto por los actos visibles como por los sentimientos
que motivan esos actos. Lo externo meramente refleja e incrementa los
sentimientos. Aquel que comete acciones malas si está seguro de que nadie lo
sabrá y que se reprime de cometerlas sólo por ese temor, es culpable a la vista
de Dios. El pecado es en primer lugar un acto de las facultades superiores de la
mente, de la razón, del libre albedrío, de la voluntad (ver com. Prov. 7: 19).
La acción visible es meramente un resultado de la decisión interna.
29. Tu ojo derecho.
Cf. cap. 18:
8-9. Se ha registrado (cap. 5: 28) que Cristo, yendo más allá de la acción,
llamó la atención al motivo que la produce, es decir, la intención o forma de
pensar que provoca la acción. Aquí va más allá del motivo o la intención para
señalar las vías por las cuales el pecado logra entrar en la vida: los sentidos
que se comunican con el sistema nervioso. Para la mayoría de las personas los
más fuertes incentivos al pecado son los que llegan a la mente por el camino de
los nervios óptico, auditivo y otros nervios sensoriales (HAp 413).
El
que se niega a ver, escuchar, gustar, oler o tocar lo que incita al pecado, ha
ganado buena parte de la batalla para evitar los pensamientos pecaminosos. El
que inmediatamente desecha los malos pensamientos, cuando fugazmente pasan como
un relámpago en su conciencia, evita así la formación de una manera de pensar
que se hace hábito y que condicionan la mente para que peque cuando se presente
la oportunidad. Cristo vivió una vida sin pecado porque "no había en él nada que
respondiera a los sofismas de Satanás" (DTG 98).
Te es ocasión de caer.
Gr. shandalízÇ , "ser motivo de tropiezo". El término skándalon , se
refiere al mecanismo que hace funcionar una trampa (Rom. 11: 9; 14: 13; 1 Juan
2: 10; Apoc. 2: 14).
Sácalo.
En un sentido sería mejor vivir
esta vida siendo ciego o lisiado, que perder la vida eterna. Aquí las palabras
de Cristo son figuradas. No pide que se mutile el cuerpo, sino que se controlen
los pensamientos. Negarse a contemplar lo malo es tan efectivo como cegarse, y
tiene la ventaja de que se retiene la facultad de la vista que puede emplearse
para ver lo bueno. Algunas veces, un zorro que ha caído en una trampa se corta a
dentelladas una pata a fin de escapar. Del mismo modo, un lagarto sacrifica su
cola o una langosta de mar sacrifica una de sus pinzas. Al hablar de sacarse el
ojo o cortarse la mano, Cristo habla en forma figurada de la acción resuelta de
la voluntad para precaverse del mal. El cristiano hará bien en seguir el ejemplo
de Job, quien hizo "pacto" con sus ojos (Job 31: 1; cf. 1 Cor. 9: 27).
Infierno.
Gr. géenna (ver com. vers. 22).
30. Tu mano derecha.
Es decir, como
instrumento de malos deseos (ver com. vers. 29).
31. Fue dicho.
Ver com. vers. 21.
Repudie.
Gr. apolúÇ , "librar", "soltar", aquí con el sentido de "divorciar".
Carta de divorcio.
Gr. apostásion , "certificado de separación".
Esta palabra viene del verbo afist'mi , "separar", "abandonar". La palabra
"apostasía" procede de la misma raíz. Como Cristo lo hizo resaltar más tarde, el
divorcio no fue parte del plan original de Dios sino que fue aprobado
transitoriamente en la ley de Moisés debido a la "dureza" del corazón de los
hombres (cap. 19: 7-8). En relación con la naturaleza y el propósito de la ley
de Moisés respecto al divorcio, ver com. Deut. 24: 1-4. Debería destacarse que
la ley de Moisés no instituyó el divorcio. Por orden divina, Moisés toleró el
divorcio y lo reguló a fin de evitar abusos. El matrimonio cristiano debería
basarse en Gén. 2: 24 y no en Deut. 24: 1.
32. Fornicación.
Gr. pornéia , término genérico que se
emplea para designar las relaciones sexuales ilícitas. La escuela liberal de
Hillel enseñaba que un hombre podía divorciarse 328 por las causas más
triviales, por ejemplo, si su esposa le arruinaba un plato de comida (DMJ 56).
Por otra parte, la escuela de Shammai, más conservadora, interpretaba que
"alguna cosa indecente" (Deut. 24: 1) significaba "falta de castidad" (Mishnah
Gittin 9. 10). Pero Jesús especificó que no debía haber divorcio salvo en el
caso de infidelidad conyugal. La relación matrimonial había sido pervertida por
el pecado, y Jesús vino a restaurarla a la pureza y la hermosura que
originalmente le había dado el Creador (ver com. Deut. 14: 26).
En su
providencia, Dios quiso que el matrimonio fuera una bendición que elevara a la
humanidad. El compañerismo entre marido y mujer fue ordenado por Dios como el
ambiente ideal dentro del cual podría madurarse un carácter cristiano. La mayor
parte de los ajustes de personalidad en el matrimonio y las dificultades que
muchos tienen para hacer estos ajustes demandan dominio propio y algunas veces
significan abnegación y sacrificio. El verdadero amor es "sufrido, es benigno" ,
" "no busca lo suyo" , " "todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo
soporta" " (1 Cor. 13: 4 -7). Cuando los cristianos comienzan su relación
matrimonial, deberían aceptar la responsabilidad de aplicar los principios aquí
enunciados. Los cónyuges que apliquen estos principios y que estén dispuestos a
que la gracia de Cristo obre en sus vidas, encontrarán que por más grande que
parezca, no hay ninguna dificultad que no pueda resolverse. Cuando los
caracteres de los esposos son incompatibles, la solución cristiana es modificar
el carácter y no cambiar de cónyuge.
Hace que ella adultere.
Una
esposa repudiada naturalmente procuraría encontrarse un nuevo hogar. Pero al
casarse de nuevo, cometería adulterio porque su matrimonio anterior no había
sido disuelto a la vista de Dios (cf. Mar. 10: 11-12). Cristo desechó con toda
claridad la tradición rabínica de sus días, especialmente la de la escuela de
Hillel (ver párrafo anterior, "fornicación"), la cual permitía el divorcio por
cualquier causa. Al parecer, era relativamente fácil que el esposo se librara de
los vínculos matrimoniales en forma legal. Jesús hizo resaltar que el matrimonio
había sido divinamente instituido, y que recibía la aprobación divina cuando se
entraba debidamente en ese estado. Lo que Dios había unido, ninguna práctica ni
tradición rabínica podía separar.
33. Además.
Esta es la tercera ilustración de la
interpretación espiritual que Cristo hizo de la ley.
Habéis oído.
Ver com. vers. 21.
Fue dicho.
Lo que sigue no es una
cita exacta, sino más bien un resumen de las enseñanzas de Lev. 19: 12; Exo. 20:
7; Núm. 30: 2; Deut. 23: 22. Es interesante notar que la Mishnah dedica toda una
sección ( Shebuoth ) a los juramentos. Al parecer, eran una parte importante de
la vida judía.
No perjurarás.
Gr. epiorkéÇ , "jurar falsamente".
Aquí Cristo se refiere a las solemnes declaraciones hechas para confirmar la
verdad de lo que se ha dicho o de promesas que se han hecho. Habla de perjurio,
sobre todo de los juramentos falsos en los cuales se invoca el nombre de Dios,
deshonrando y profanando así el nombre sagrado.
Cumplirás ... tus
juramentos.
Cristo habla aquí de promesas, sobre todo de las que se
hacen a Dios. Sin embargo, no se refiere tanto a lo que se promete, sino al
hecho de que la promesa se cumpla, Destaca que lo que vale no es cómo se hacen
las promesas, sino cómo se cumplen . Con relación a la solemnidad y la
inviolabilidad de los votos hechos a Dios, ver com. Lev. 19: 12; Núm. 30: 2;
Deut. 23: 21.
34. Pero yo os digo.
Ver com. vers. 22.
No juréis en ninguna manera.
Jesús no
se refería aquí al solemne juramento judicial (DMJ 59; ver com. cap. 26: 64),
sino a los juramentos comunes entre los judíos. Se refería a esas afirmaciones
que comienzan con las palabras "te lo juro". Los judíos tenían diversas formas
para liberarse de las obligaciones aceptadas bajo juramento. El modo en que
Cristo trató la casuística que muchas veces estaba implicada en los juramentos
judíos se trata más ampliamente en el cap. 23: 16-22.
Ante Caifás,
Cristo mismo respondió bajo juramento (cap. 26: 63-64). Pablo invocó a Dios
repetidas veces como testigo de que lo que decía era cierto (2 Cor. 1: 23; 11:
31; cf. 1 Tes. 5: 27). El Decálogo no condena los juramentos, pero sí el
perjurio (Exo. 20: 7, 16). "Si hay alguien que puede declarar en forma
consecuente bajo juramento, es el cristiano" (DMJ 60).
Cuando está en el
corazón del hombre hablar la verdad, el prestar juramento es superfluo. La
costumbre de invocar el nombre de Dios en ciertos momentos implica que lo que
una persona dice en dichas circunstancias es más digno de confianza que lo que
dice en otros momentos. Cristo ordena que haya veracidad 329 en todas las
relaciones de la vida. "Todo cuanto hacen los cristianos debe ser transparente
como la luz del sol" (DMJ 60).
Ni por el cielo.
El rabí Meir
(siglo II) decía que jurar por "cielo y tierra" no obligaba al hombre a cumplir
lo que había prometido, pero que si juraba por un sustituto del nombre de Dios
(ver t. I, p. 181) entonces era responsable (Mishnah Shebuolh 4. 13). Pero Jesús
dijo que no había que jurar "en ninguna manera".
35. Estrado de sus pies.
Cf. Isa. 66: 1. Esta expresión
poética hace resaltar la insignificancia de la tierra y de sus habitantes en
comparación con Dios (cf. Isa. 57: 15; Ecl. 5: 2; Lam. 2: 1).
Gran Rey.
Es decir, Dios.
36. Por tu cabeza.
Otra fórmula común de jurar.
37. Vuestro hablar.
Comparar con pasajes como Efe. 4: 29.
Sí, sí.
Cf. Sant. 5: 12. Para el cristiano, para el que respeta
su propia palabra, una simple afirmación o negación vale tanto como un juramento
complicado.
De mal.
Mejor, "del Maligno" (BJ). Cf. Mat. 13: 19;
1 Juan 3: 12.
38. Oísteis.
Ver com.
vers. 21. Cristo presenta su cuarta ilustración del espíritu de la ley en
contraste con la mera formalidad de obedecerla. Los vers. 38-42 tienen que ver
con el proceder de un cristiano cuando es perjudicado por otros.
Fue
dicho.
Ver com. vers. 21. Esta cita se basa en Exo. 21: 14; Lev. 24: 20;
Deut. 19: 21 (ver com. Exo. 21: 24; t. 1, p. 629).
Ojo por ojo.
Esta ley fue instituida para evitar los abusos del sistema de justicia
común en la antigüedad. Era práctica corriente cobrar las deudas o daños con
intereses exorbitantes. Esta ley era un estatuto civil, y el castigo debía
hacerse bajo la supervisión de los tribunales. Pero no se justificaba la
venganza personal (DMJ 62-63). Con referencia a una disposición similar en la
ley de Hammurabi, ver t. 1, p. 629.
39. Pero yo os digo.
Ver com. vers. 22.
No
resistáis al que es malo.
Es decir, no procuréis vengaros por los males
sufridos. Aquí Jesús parece referirse a una hostilidad activa y no a una
resistencia pasiva. El cristiano no debe responder a la violencia con violencia.
Debe vencer "con el bien el mal" (Rom. 12: 21) y amontonar "ascuas de fuego"
sobre la cabeza del que lo perjudica (Prov. 25: 21-22).
Mejilla.
Así como ocurre con las otras ilustraciones que aparecen en los vers.
21-47, Jesús se preocupa más por el espíritu que motiva el acto que con el acto
mismo. El cristiano no debe luchar por lo que considera que es su derecho.
Sufrirá un menoscabo antes que procurar desquitarse. Jesús mismo observó
plenamente el espíritu de esta orden, aunque literalmente no atrajo sobre sí
sufrimientos adicionales (Juan 18: 22-23; cf. Isa. 50: 6; 53: 7). Tampoco lo
hizo Pablo (Hech. 22: 25; 23: 3; 25: 9-10). En la cruz, Cristo manifestó el
espíritu del cual habló aquí cuando pidió al Padre que perdonara a quienes lo
atormentaban (Luc. 23: 34).
40. Ponerte a
pleito.
Es decir, hacer comparecer delante de un tribunal. En el griego
dice que no se trataba de un, juicio ya comenzado, sino que simplemente existía
la posibilidad de una acción legal.
Túnica.
Gr. jitÇn , la
prenda, similar a una camisa, que se llevaba sobre la piel.
Déjale.
El cristiano se ha de someter callada y mansamente ante un agravio.
Capa.
Gr. himátion , el manto exterior, o "capa", que solía
usarse como cobija por la noche, y que era diferente de un jitÇn . Muchas veces
un pobre no tenía ninguna otra cosa que dar como prenda sino su "capa". Sin
embargo, la ley de Moisés prohibía que el acreedor retuviera esa vestimenta como
prenda durante la noche (Exo. 22: 26-27). En vista de que la capa era
considerada más esencial que la "túnica", o vestimenta interior, cederla sin
resistencia demostraría una concesión mayor, sobre todo en vista de que la ley
le otorgaba al dueño ciertos derechos sobre su capa.
41. Obligue.
Gr. aggaréuÇ , "obligar a servir". La palabra
ággaros es un vocablo tomado del persa, y relacionado con el verbo anterior.
Significa "correo de caballo". Los persas usaban este término para designar a
los correos reales del sistema imperial de postas que ellos perfeccionaron hasta
llegar a un magnífico grado de eficiencia (ver com. Est. 3: 13). En tiempos de
los romanos, aggaréuÇ y ággaros se referían al servicio obligatorio del
transporte de pertrechos militares. Epicteto (iv. 1. 79) aconseja respecto a
este servicio: "Si hay una requisa y un soldado te lo toma [el asno], déjalo ir.
No te resistas ni te quejes, porque de lo contrario te apalearán y al final,
perderás el asno también". Resistirse era provocar un trato cruel. En Mat. 27:
32 y Mar. 15: 21 se emplea el verbo aggaréuÇ cuando se lo obligó a Simón a que
llevara la cruz de Cristo.
Jesús se refería a casos tales como cuando un
soldado romano le exigía a un civil judío que llevara su equipaje durante una
milla, como lo mandaba la ley (cf. Luc. 3: 14). El cristiano debería prestar un
servicio doble del exigido por la ley, y debería hacerlo con alegría. En
Capernaúm había una guarnición militar romana y mientras Jesús hablaba, los que
escuchaban veían pasar un grupo de soldados romanos por un camino vecino (DMJ
61). Los judíos esperaban y creían que el Mesías humillaría el orgullo de Roma.
Aquí Jesús aconsejó sumisión ante la autoridad romana.
42. No se lo rehúses.
Los ciudadanos del reino de los
cielos sentirán impulsos generosos y actuarán conforme a ellos (ver com. Luc. 6:
30).
43. Oísteis.
Ver com. vers.
21.
Fue dicho.
Ver com. vers 21.
Amarás.
Gr.
agapáÇ , cuya rica gama de matices no es reflejada adecuadamente por el verbo
"amar". La palabra "amar" implica tantas ideas diferentes, que el verdadero
significado del verbo agapáÇ se tergiversa. Los griegos tenían tres verbos para
expresar las ideas que se expresan por medio del verbo llamar": agapáÇ, filéÇ,
eráÇ.
FiléÇ describe en general el amor afectuoso, basado en emociones y
afectos. Es el amor entre amigos, entre familiares; es el cariño para quienes
también nos tienen cariño. Se lo traduce correctamente como "querer" en Juan 21:
15-17 (BJ). El verbo eráÇ no aparece en el NT. Se refiere al amor sensual. Es la
raíz de la palabra "erotismo", y como tal describe el amor que se manifiesta en
el plano físico. El verbo agapáÇ se relaciona con el respeto y la estima. Es un
principio de acción y no una acción regida por sentimientos. Pone en acción las
facultades superiores de la mente y de la inteligencia. Al paso que el verbo
filéÇ implica amar a quienes nos aman, el verbo agapáÇ expresa respetar, estimar
y amar aun a quienes no nos aman. Demuestra un amor altruista, mientras que el
verbo eráÇ describe un amor puramente egoísta, y aun el sentimiento expresado
con filéÇ puede estar teñido de egoísmo.
El sustantivo correspondiente
con este verbo es agáp' . Se encuentra casi exclusivamente en la Biblia. El
agáp' del NT es el amor más puro y excelso, amor que no puede ser igualado, amor
que obliga a una persona a sacrificarse en bien de otros (Juan 15: 13). Implica
reverencia para Dios y respeto a los prójimos. Es un principio divino de
pensamiento y de acción que modifica el carácter, gobierna los impulsos,
controla las pasiones y ennoblece los afectos (ver com. Luc. 6: 30).
Tu
prójimo.
Para los judíos, un "prójimo" era otro israelita, ya fuera por
nacimiento o por conversión. Aun los samaritanos, mezcla de judíos con otras
razas, estaban excluidos y eran considerados como extranjeros. En la parábola
del Buen Samaritano (Luc. 10: 29-37), Jesús destruyó ese concepto tan estrecho y
proclamó la hermandad de todos los hombres. El amor cristiano procura el
bienestar de todos, sin distinción de raza ni de credo. "Prójimo" (del latín
proximus ) significa literalmente nuestro "próximo". Todo el que está cerca de
nosotros.
Aborrecerás a tu enemigo.
Esta frase no aparece en
Lev. 19: 18, pero sin duda era un proverbio popular. Odiar a otros o
menospreciarlos es un producto natural del orgullo. Considerándose como hijos de
Abrahán (Juan 8: 33; ver com. Mat. 3: 9), superiores a otros, los judíos
despreciaban a los gentiles, Es como si Jesús les hubiera dicho que si la ley
mandaba amar a los prójimos, él ordenaba amar también a los enemigos (vers. 44).
Luego Cristo prosigue explicando por qué se debe amar a los enemigos: porque
Dios así lo hace (vers. 45-48) y porque somos hijos de Dios (vers. 45; 1 Juan 3:
1-2).
44. Pero yo os digo.
Ver com.
vers. 22.
Amad a vuestros enemigos.
Cf. Rom. 12: 20. La palabra
que se traduce como "amad" es una forma del verbo agapáÇ , que es el amor que
implica respeto, y no filé Ç , que expresa amor de tipo afectivo (amor filial),
que puede existir entre los miembros de una familia (ver com. Mat. 5: 43). La
orden sería imposible de cumplir si se exigiera que todos los hombres amaran
(del verbo filéÇ ) a sus enemigos, porque no podrían sentir para con sus
enemigos el mismo calor emotivo de afecto que se siente para con los miembros
inmediatos de la familia. Eso no es lo que se espera. El amor indicado por el
verbo filéÇ es espontáneo, emotivo y en ningún pasaje del NT se manda amar de
esta forma. Por otra parte, se puede requerir el amor del tipo del verbo agapáÇ
, porque este está bajo el dominio de la voluntad. Amar (en el sentido del verbo
agapáÇ ) a los enemigos más acérrimos, es tratarlos con respeto y cortesía y
considerarlos así como Dios los considera.
Bendecid.
La
evidencia textual tiende a confirmar el texto: " "Amad a vuestros enemigos y
rogad por los que os persigan" " (BJ). El pasaje paralelo de Luc. 6: 27-28
aparece en forma más completa.
45. Hijos de
vuestro Padre.
Los hijos se parecen al Padre en carácter (DMJ 65; ver
com. vers. 43, 48). La prueba del amor a Dios es el amor a nuestros prójimos (1
Juan 4: 20).
Que está en los cielos.
Esta expresión es
característica de Mateo.
Sobre malos.
Mediante esta obvia
ilustración tomada de la naturaleza, Jesús desaprueba el error popular judío de
que Dios concede sus bendiciones a sus santos y las niega a los pecadores (ver
com. Juan 9: 2). Los judíos atribuían a Dios el mismo espíritu de odio para con
los pecadores y los que no eran judíos que ellos mismos sentían. Pero, trátese
de las bendiciones de la naturaleza o de la salvación, "Dios no hace acepción de
personas" (Hech. 10: 34-35).
46. Los que os
aman.
Ver com. vers. 43
¿Qué recompensa tendréis?
Es
decir, ¿qué mérito especial tendrían por hacer eso? ¿Qué habría de maravilloso
en amar a los que los amaban? Ver com. Mat. 7: 12; Luc. 6: 32-35.
Publicanos.
Ver p. 68.
47. Saludáis a vuestros hermanos.
El saludo universal del
Cercano Oriente shalom o salaam , "paz", expresa el deseo de que aquel a quien
se dirige la salutación pueda gozar de toda bendición espiritual y material (ver
com. vers. 9).
Los gentiles.
No hay nada de meritorio ni digno
de mención especial en hacer lo que todo el mundo hace.
48. Sed, pues.
Con estas palabras Cristo comienza la
conclusión que debe sacarse de las seis ilustraciones de la aplicación más
excelsa y espiritual de la ley del reino de los cielos, que se ha presentado en
los vers. 21-47, aunque es probable que la idea del vers. 48 esté más ligada con
el contenido de los vers. 43-47. En todas estas ilustraciones Jesús ha
demostrado que en el reino que él ha venido a establecer, son los propósitos y
motivos íntimos los que determinan la perfección del carácter y no sólo los
actos visibles. El hombre puede mirar " "lo que está delante de sus ojos, pero
Jehová mira el corazón" " (1 Sam. 16: 7).
Perfectos.
Plural del
griego téleios , "acabado", "completo", "el que ha alcanzado la meta". Proviene
del vocablo télos , "fin", "cumplimiento", "límite". En la literatura griega se
emplea la palabra téleios para describir a las víctimas perfectas para el
sacrificio, o los animales ya crecidos, o los seres humanos adultos, maduros,
profesionales bien preparados y bien calificados para su trabajo. Pablo habla de
los téleioi (plural), y la RVR traduce "los que han alcanzado madurez" (1 Cor.
2: 6) y "perfectos" (Fil. 3: 15). Al mismo tiempo, comprende que hay nuevas
alturas que alcanzar y que él mismo no ha alcanzado la perfección final. En el
NT se emplea la palabra téleios para describir a hombres que son física e
intelectualmente "maduros" (1 Cor. 14: 20; Heb. 5: 14). Con referencia a la
palabra tam , el equivalente hebreo, ver com. Job 1: 1; Prov. 11: 3, 5.
Jesús no habla aquí de una impecabilidad absoluta en esta vida (ver CC
57; EGW RH 19-3-1890). La santificación es una obra progresiva.
Muchos
judíos se esforzaban arduamente para ser justos mediante sus propios esfuerzos,
para ganarse la salvación mediante obras. Pero en su minucioso legalismo
prestaban tanta atención a los detalles diminutos de la letra de la ley, que
perdían completamente de vista su espíritu (cf. cap. 23: 23). En el Sermón del
Monte Cristo procuró desviar su atención de la cáscara al trigo. Habían
convertido la ley en un fin en sí misma, algo que debía guardarse porque sí, y
habían olvidado que su propósito era que levantaran la mirada a los elevados
ideales de supremo amor a Dios y amor altruista para los prójimos (cap. 22:
34-40). Algunos rabinos enseñaban que injusticia consistía en tener en la cuenta
de uno en el cielo más acciones buenas que acciones malas.
Es importante
notar la relación entre los vers. 48 y 45 (cap. 5), porque el ser "hijos de
vuestro Padre que está en los cielos" (vers. 45) equivale a ser " "perfectos,
como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" " (vers. 48).
CBA T5

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