1. Hablando ellos.
En ese tiempo y
constantemente después, las actividades de los apóstoles preocupaban profunda y
desagradablemente a las autoridades judías. Es evidente que la noticia de la
curación del cojo se había difundido rápidamente por la ciudad; y por primera
vez después de la crucifixión, los dirigentes del sanedrín, que habían condenado
al Señor, se ocupaban nuevamente del cristianismo. Habían transcurrido sólo unas
pocas semanas desde la crucifixión. Durante ese tiempo, los dirigentes judíos
sin duda se habían congratulado por haberse librado de Jesús para seguridad de
la nación, tal como Caifás lo había aconsejado (Juan 11: 49-50). Sabían que la
tumba de Jesús había sido hallada vacía, y negándose a creer en la resurrección
se habían ocupado en hacer circular la versión de que los discípulos habían
robado su cuerpo (Mat. 28: 13-15). No se sabe si algunos de los dirigentes
judíos habían estado presentes el día de Pentecostés, pero tuvieron que haberse
enterado de los acontecimientos de ese día y del crecimiento de la nueva
iglesia. Y ahora habían encontrado a dos de los principales portavoces de los
cristianos enseñando públicamente en los mismos portales del templo.
Vinieron sobre ellos.
Con el propósito de apresarlos.
Sacerdotes.
Estos eran los que se ocupaban de los servicios del
templo (1 Crón. 24: 1-19), y naturalmente fueron los primeros en sentirse
molestos por causa de las multitudes que, atónitas, habían presenciado la
curación del cojo.
El jefe.
Parece que era uno de los
funcionarios que habían estado presentes en el arresto de Jesús (Luc. 22: 52).
El AT menciona a un magistrado cuyo título era "príncipe de la casa de Dios"
(BJ, 1 Crón. 9: 11; 2 Crón. 31: 13; Neh. 11: 11). En 2 Macabeos 3: 4 aparece un
benjamita como "administrador del"Templo" (BJ). Lucas menciona repetidas veces a
los "jefes de la guardia del templo" (Luc. 22: 52; Hech. 5: 24, 26), y Josefo
también se refiere a ese magistrado ( Guerra ii. 17. 2; Antigüedades xx. 9. 3).
Es evidente que el funcionario mencionado por Josefo es el mismo del cual habla
Lucas, y podría ser el mismo que se menciona en el AT y en 2 Macabeos. En los
escritos judíos posteriores aparecen varios funcionarios que podrían
corresponder con este "jefe de la guardia del templo". Uno de ellos era el 'ish
har habbáyith, o "magistrado del monte del templo" (Mishnah Middoth 1.2). Este
no era uno de los soldados, sino supervisor de la guardia de sacerdotes y
levitas que cuidaban el templo, sobre todo por la noche. Como inspector hacía
sus rondas nocturnas visitando todas las puertas y despertando a los guardias
que dormían. Parece haber tenido que ver especialmente con el atrio exterior,
lugar donde Pedro acababa de pronunciar su discurso. Otro magistrado que con
mayor probabilidad puede identificarse con el "jefe de la guardia" es el segan
hakkohanim, "prefecto de los sacerdotes". Ocupaba el cargo de ayudante del sumo
sacerdote, con quien cooperaba en sus funciones oficiales, y era el responsable
de los servicios del templo y de mantener el orden en toda el área del templo.
Saduceos.
Ver t. V, pp. 54-55. Los saduceos no se mencionan a
menudo en el relato evangélico; pero en Hech. 23: 8 se registra que enseñaban
que "no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu". Cuando Jesús y sus apóstoles
enseñaban la doctrina de la resurrección y de la vida futura, los saduceos se
les oponían, según se registra aquí y en Mat. 22: 23-33.
Cuando hallaron
a los discípulos de Jesús predicando la resurrección, los saduceos reaccionaron
como lo habían hecho ante el mismo Jesús, y se convirtieron en perseguidores de
la iglesia. No se registra en el NT que ningún saduceo hubiera aceptado el
Evangelio. No puede decirse lo mismo de los fariseos, algunos de los cuales
manifestaron ser creyentes (Hech. 15: 5; cf. cap. 23: 6).
2. Resentidos.
"Molestos" " (BJ). El verbo de donde deriva
este participio es empleado para describir la reacción de Pablo cuando una mujer
en Filipos lo seguía gritando (cap. 16: 18). Los dirigentes de los judíos
estaban disgustados porque los discípulos enseñaban la doctrina de la
resurrección -tan opuesta a los conceptos de los principales sacerdotes que eran
saduceos-, y también porque predicaban sin preparación ni autorización para
hacerlo, algo semejante al caso de Jesús (Juan 7: 14-15). Ha sucedido a menudo
que quienes tienen autoridad eclesiástica se han opuesto al ministerio de
quienes no han sido comisionados por ellos. Quienes tienen cierto poder
fácilmente se imaginan que sólo ellos pueden instruir a otros en cuanto a la
forma en que deben actuar en público.
De que enseñasen.
Una de
las objeciones que sin duda presentaron las autoridades en contra de los
apóstoles, fue que eran "hombres sin letras y del vulgo" " (vers. 13), y por lo
tanto no estaban capacitados para enseñar al pueblo.
Anunciasen en Jesús
la resurrección.
Los apóstoles predicaban la doctrina de la resurrección
"en Jesús", es decir, enseñaban que esta resurrección era una prueba irrefutable
de la resurrección general de los muertos, doctrina que los saduceos rechazaban.
Cf. cap. 23: 8. Pablo más tarde destacó que la resurrección de Cristo es una
garantía de que todos los justos resucitarán en el día final (1 Cor. 15: 16-23;
Fil. 3: 10-11).
3. En la cárcel.
"Bajo guardia" (BJ). Con este episodio comienza la primera persecución
de los apóstoles.
Tarde.
Debe recordarse que el caso de la
curación del cojo había comenzado como a las 15 horas (ver com. cap. 3: 1).
Después de la curación de ese hombre, Pedro había presentado su discurso, y
entonces él y Juan fueron arrestados. Para entonces, ya era "tarde", sin duda
como la hora duodécima, muy cerca de la puesta del sol. A los judíos les estaba
prohibido dictar sentencia en una sesión nocturna, y como su día terminaba a la
hora duodécima ya era demasiado tarde para llevar a cabo un procedimiento
judicial (ver la segunda Nota Adicional de Mat. 26). Los rabinos imponían esta
restricción a los juicios nocturnos por causa de Jer. 21: 12, que dice: "Casa de
David, así dijo Jehová: Haced de mañana juicio". Aplicaban esto aun a las
deliberaciones en cuanto a la proclamación de la fiesta de la luna nueva
(Mishnah Rosh Hashanah 3. 1).
4. Pero.
Los nuevos creyentes no se acobardaron por causa del arresto de los
apóstoles.
Muchos. . . creyeron.
Creyeron en Jesús, a quien
Pedro había presentado como el profeta acerca del cual Moisés había escrito.
Todo el que creyó se convirtió en parte de la creciente hueste de conversos que
se incorporaban a la iglesia.
Varones.
Gr. an'r , "varón". Esta
palabra se emplea sólo para el sexo masculino; no es la palabra genérica
"hombres". Parece que sólo se contaron los varones (ver com. Mat. 14: 21).
Como cinco mil.
O "llegó a unos cinco mil" " (BJ). Es probable
que Lucas hubiera querido decir aquí que el número total de los discípulos
alcanzó a cinco mil, y no que ese día se convirtieron cinco mil. Tres mil se
habían convertido en Pentecostés, y desde ese momento diariamente se habían
añadido miembros a la iglesia (cap. 2: 47).
5. Al día siguiente.
Esta fue la primera oportunidad que
tuvieron los dirigentes judíos de hacer una investigación judicial (ver com.
vers. 3).
Se reunieron.
Evidentemente la reunión había sido
citada, como la de Mat. 26: 3-4, para estudiar qué se podía hacer frente a la
nueva crisis. Por supuesto, esta reunión incluía tanto a fariseos como a
saduceos; pero éstos dominaban el sanedrín en esa época.
Los
gobernantes.
Es probable que este término designe a los "sacerdotes" y
al "jefe de la guardia del templo" del vers. 1.
Ancianos.
Sin
duda éstos eran los que en hebreo eran designados como zeqenim, "ancianos".
Representaban el elemento laico del sanedrín, en contraste con los escribas y
los sacerdotes.
Escribas.
El tercer grupo que componía el
sanedrín era el de los escribas, quienes eran los juristas profesionales y eran
reconocidos como intérpretes de la ley (t. V, p. 57). Es comprensible que
estuvieran resentidos por esta nueva enseñanza presentada por hombres que
aparentemente no tenían preparación (cf. Mat. 7: 29).
6. Anás.
Anás (llamado Ananus por Josefo), hijo de Set,
fue designado como sumo sacerdote alrededor del año 6 d. C. por el gobernador
romano Quirino (Cirenio), y fue depuesto alrededor del año 14 d. C. (Josefo,
Antigüedades xviii. 2. 1-2). Cristo había sido llevado primeramente ante Anás
(Juan 18: 13), y luego éste lo envió a Caifás, el sumo sacerdote. Esto indicaría
que, aunque no era entonces el sumo sacerdote, Anás tenía una gran influencia
entre los judíos. Esto es muy fácil de entender por el hecho de que Caifás era
yerno de Anás. Probablemente sea imposible ahora definir exactamente cuáles eran
las funciones de Anás y de Caifás. Parece que era costumbre que aquellos que una
vez habían ejercido el sumo sacerdocio siguieran empleando el título después de
dejar de desempeñarlo. Cuando murió Anás cinco de sus Hijos ya habían sido sumos
sacerdotes ( Id. xx. 9. 1); pero su vejez se vio perturbada por las atrocidades
cometidas en el templo por los insurgentes durante la guerra de los años 66 a 73
d. C. (Josefo, Guerra iv. 3. 78).
Caifás.
Caifás había sido
nombrado alrededor del año 18 ó 19 d. C., y fue depuesto alrededor del año 36 d.
C. En los Evangelios aparece como político y hábil administrador (Juan 18: 14.
Ver com. "Anás").
Juan.
Posiblemente haya sido Johanán (es
decir, Juan) ben Zakkai, dirigente judío de quien se dice que estuvo en el
apogeo de su influencia 40 años antes de la destrucción del templo en el año 70
d. C. Después de la guerra entre judíos y romanos, fue el fundador y el
presidente del Concilio de Jamnia (t. V, p. 79); sin embargo, esta
identificación no es muy segura. Otra posibilidad, sugerida por un antiguo
manuscrito en el que se lee "Jonatán", es que éste era Jonatán, hijo de Anás,
quien fue sumo sacerdote por un corto período después de Caifás, y nuevamente en
tiempos de Félix (aproximadamente del año 52 al 60 d. C.).
Alejandro.
No hay ninguna identificación segura de este personaje.
La
familia de los sumos sacerdotes.
El Talmud ( Pesahim 57a) menciona a
varias destacadas familias de las cuales en ese tiempo se nombraban a los sumos
sacerdotes. Caifás, que ejercía entonces el sumo sacerdocio, tenía varios
parientes que ocupaban puestos encumbrados (ver com. "Anás"), y es probable que
varios de ellos estuvieran presentes en el juicio de Pedro y de Juan que se
registra aquí. Ver com. Mat. 2: 4.
7. En
medio.
Los miembros del sanedrín se sentaban en semicírculo (Mishnah
Sanhedrin 4. 3), y, al parecer, Pedro y Juan fueron colocados en el centro.
¿Con qué potestad?
Gr. en póia dunámei , "¿con qué clase de
poder?" La palabra dúnamis , "fuerza", "capacidad", empleada aquí se aplica con
frecuencia a los milagros de Cristo ( "milagros" , Mat. 11: 20; "poderes" , Mar.
6: 14; "maravillas" , Luc. 19: 37). Los dirigentes de los judíos aceptaban que
el cojo había sido curado por una maravillosa manifestación de poder. Eso era
demasiado evidente para negarlo (ver com. Hech. 4: 16); pero su pregunta
insinuaba una sospecha de que se trataba de un poder demoníaco, acusación
similar a la que se había lanzado contra Jesús (Luc. 11: 15; Juan 8: 48).
¿En qué nombre?
"¿En qué clase de nombre?" Ver com. cap. 3: 16.
Los dirigentes judíos sin duda sabían que Pedro y Juan habían sanado al cojo en
el nombre de Jesús. Pero para ellos Jesús era un hombre que hacía poco había
sido crucificado como criminal; por eso su pregunta es tan despreciativa.
8. Pedro.
Pocas semanas antes,
Pedro había temblado ante los siervos y los soldados en el patio de la casa del
sumo sacerdote, y había negado a su Señor; pero desde entonces había recibido el
Espíritu de Dios que lo había "mudado en otro hombre" (ver com. 1 Sam. 10: 6;
cf. Mat. 10: 19-20). En pie delante del más alto tribunal de los judíos, habla,
ciertamente en forma respetuosa, pero con firme valor. Con amargo llanto Pedro
se había arrepentido de haber negado a su Señor (Luc. 22: 54- 62). Una evidencia
del verdadero arrepentimiento es buscar cómo reparar el mal producido por una
falta de la cual uno se ha arrepentido. Pedro había deshonrado a su Maestro y a
su causa en presencia de los judíos. Ahora, en la misma ciudad, en presencia de
las mismas personas que habían participado en la condenación de Jesús, Pedro dio
gozoso su testimonio de la misión divina del Salvador a quien una vez había
negado. Aquí demostró la validez de su posterior amonestación: " "Estad siempre
preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que
os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" " (1 Ped. 3: 15).
Gobernantes del pueblo.
Compárese este respetuoso saludo con el
más familiar de Pablo: "Varones hermanos" (cap. 23: 1, 6). Sin duda Pablo
conocía personalmente a varios miembros del tribunal, y por lo tanto sentía
menos temor ante ellos (ver com. cap. 9: 1). Al cristiano se le ordena que
respete a quienes ocupan puestos de autoridad (Mat. 22: 21; Rom. 13: 7; 1 Ped.
2: 13-17).
Ancianos de Israel.
La evidencia textual se inclina
(cf. p. 10) por la omisión de la frase "de Israel". Ver com. vers. 5.
9. Se nos interroga.
Gr. anakrínô ,
"examinar", que muchas veces tiene el sentido específico de hacer una
interrogación judicial, como en Luc. 23: 14. En el NT sólo emplean este verbo
Pablo y Lucas (Hech. 12: 19; 24: 8; 1 Cor. 2: 14-15; 4: 3-4).
Beneficio.
En el griego podría leerse "una buena obra hecha en favor de un débil",
pues ninguno de los sustantivos tiene artículo. Pedro pone de relieve el
"beneficio" indudable que el Señor había hecho por medio de Juan y de él; y al
hacerlo, subrayaba que el juicio que ahora se le hacía a él y a Juan era
irrazonable. Sus palabras podrían indicar que preveía la posibilidad de que
también le hicieran otras acusaciones debido a su sermón (cap. 3: 12-26), como
ocurrió en el caso de Esteban, quien fue acusado de blasfemia "contra este lugar
santo [el templos] y contra la ley" (cap. 6: 13).
Este.
El uso
de este pronombre podría indicar que el que había sido sanado también estaba
presente en el sanedrín (vers. 14).
Sanado.
Gr. sózô , "salvar",
ya fuera física o espiritualmente. Esta palabra sugiere decididamente una
restauración tanto espiritual como física (Mar. 10: 52; Luc. 7: 50).
10. A todo el pueblo.
Pedro deseaba
que todos oyeran el importante testimonio que estaba a punto de dar a los
dirigentes y al pueblo (cf. cap. 2: 14).
A quien vosotros crucificasteis.
Esta declaración
presupone una decidida intrepidez. Pedro no vacila en afirmar que aunque Pilato
había pronunciado la sentencia oficial, ellos -los mismos que lo estaban
interrogando- habían sido los que crucificaron a su propio Rey No había tratado
de evitar confesar al Nazareno como el Mesías. Pedro proclamó que Cristo había
resucitado de los muertos y que seguía sanando como lo había hecho cuando estaba
en la tierra.
11. La piedra.
Este
versículo es una cita no literal de Sal. 118: 22. Algunos miembros del sanedrín,
a quienes Pedro se dirigía, habían oído cuando Jesús había citado estas palabras
y hecho la aplicación de las mismas a los judíos escépticos (Mat. 21: 42-44). Su
ceguedad les había hecho pensar entonces que podían desafiar la advertencia y
exhortación de Cristo. Por su jerarquía eran edificadores de la iglesia de
Israel (ver com. Hech. 7: 38), pero habían rechazado la piedra que Dios había
escogido como cabeza del ángulo (Efe. 2: 20). Esta misma idea es la nota
dominante en una de las epístolas de Pedro: que la iglesia está construida de
piedras vivas sobre el fundamento de Jesucristo como "cabeza del ángulo" (1 Ped.
2: 6-8).
12. En ningún otro hay salvación.
Pedro afirma que la curación física del cojo es la manifestación externa
del poder de Jesús para la salvación del alma, salvación que el inválido también
había recibido. Debido a los resultados producidos por la orden: "Levántate y
anda" , los testigos oculares debían deducir que el mismo poder era capaz de
traer consigo la bendición mayor de la salvación espiritual (Mat. 9: 5). La
salvación de la cual Pedro estaba hablando era exactamente lo que los dirigentes
decían que buscaban. La afirmación de Pedro de que Cristo es el único Salvador
concordaba exactamente con lo que Jesús mismo afirmaba: que sólo en él hay
salvación (Juan 3: 16; 14: 6).
No hay otro nombre.
Ver com. cap.
3: 16. Pedro había aprendido a unir a la idea del nombre toda la personalidad y
el poder de quien poseía el nombre. Para los que habían conocido y aceptado a
Cristo, el nombre de Jesucristo de Nazaret era la única verdadera fuente de
liberación y salvación.
Podamos ser salvos.
Cristo es el único
camino, y necesariamente por él debemos buscar la salvación si anhelamos ser
salvos (Juan 14: 6; 17: 3). El plan de salvación ofrecido por medio de
Jesucristo (1) glorifica a Dios como gobernante moral; (2) enaltece la ley de
Dios como regla de gobierno; (3) da evidencia de que su origen es la revelación
divina; (4) por medio de la expiación vicaria satisface las necesidades de los
pecadores, quienes de otro modo están bajo la condenación de Dios. Cristo es el
único mediador entre el hombre y Dios (1 Tim. 2: 5).
13. Entonces viendo.
El verbo griego implica más que ver
superficialmente; incluye contemplar y considerar.
Denuedo.
Gr.
parr ' sía , "valor", "valentía"; de las palabras pan , "todo" y rh ' sis ,
"habla". Por lo tanto, "libertad de hablar", o sea "valor" o "temeridad". Esta
palabra sugiere una prontitud para hablar que no se espera de uno que no se ha
preparado para la enseñanza. La parr'sía había sido característica de la
enseñanza del Señor, la cual se había impartido "claramente" " (Mar. 8: 32).
Desde ahora en adelante también sería un rasgo distintivo de la obra de los
apóstoles; aquí en el caso de Pedro, y también en el de Pablo (Hech. 28: 31; 2
Cor. 7: 4). La parr'sía era una característica de Juan en la confianza que
demostraba al acercarse a Dios (1 Juan 4: 17; 5: 14).
De Pedro y de
Juan.
Hasta donde se registre, Juan no había hablado, pero sin duda su
porte y su apariencia, y quizá sus palabras no registradas en este pasaje,
revelaron evidentemente un valor similar.
Sin letras.
Gr.
agrámmatos , "sin letras", es decir, sin educación, por lo menos en lo que a las
letras y las tradiciones de los judíos se refería. Por otra parte, un escriba
era un grammatéus , "hombre de letras". Los dirigentes de los judíos, sabiendo
que Pedro y Juan no tenían la educación de los escribas, naturalmente llegarían
a la conclusión de que tales ignorantes no estaban calificados para ser maestros
de religión.
Del vulgo.
Gr. idi Ç t ' s , de ídios , "propio de
uno". La palabra se refiere a una persona común, a un ciudadano particular, en
contraste con el que tenía un cargo oficial. Los discípulos no tenían una
jerarquía conocida como maestros de religión. Carecían del puesto y de la
preparación que se requerían para un cargo tal. La palabra idiÇt's tiene una
historia posterior curiosa. Pasó al latín casi con la misma grafía, idiota ; y
luego a los idiomas occidentales modernos como un término que equivale a
ignorancia e incapacidad. Lucas empleó esta palabra no para significar que Pedro
Y Juan carecían de inteligencia, sino más bien que no eran figuras públicas
reconocidas. Los miembros del sanedrín estaban enfurecidos porque los apóstoles
intentaban hacer la obra de los maestros de religión.
Reconocían.
Pedro ya había declarado ante el sanedrín que su poder emanaba de Jesús
de Nazaret. En este momento, cuando los dirigentes judíos procuraban explicarse
de dónde provenía la valentía de los apóstoles para enseñar, a pesar de que les
faltaba la preparación académica para hacerlo, comprendieron que el modo de
hablar de Pedro era también el de Jesús. No sólo su poder para sanar, sino
también su mensaje y la manera de su presentación derivaban de Cristo. Para el
sanedrín tuvo que haber sido como si Jesús estuviera de nuevo vivo ante sus ojos
en la persona de sus dos discípulos. Así debería ocurrir siempre con todos los
que verdaderamente siguen a Cristo. Para el cristiano que habla en
representación de su Maestro, el mayor poder y la más grande convicción
provienen de que haya estado con Jesús en oración, en meditación y en
compañerismo en todas las actividades de la vida. Esta clase de comunión con el
divino Señor proporciona un privilegio inestimable, un poder transformador y una
seria responsabilidad para el servicio de Cristo.
14. No podían decir nada.
"No podían replicar" " (BJ). Es
decir, "no tenían nada que contradecir". La evidencia era irrefutable. ,Los
dirigentes judíos no podían acusarlos de engaño como lo habían intentado hacer
en cuanto a la resurrección del Señor, porque la persona sanada estaba frente a
ellos (vers. 16). A juzgar por lo que sigue, es probable que en esa augusta
asamblea hubiera hombres que pensaban que Dios estaba obrando por medio de los
apóstoles. Poco después de este acontecimiento Gamaliel sugirió esa posibilidad
(cap. 5: 34-39). No es difícil que también hubiera otros que, aunque sin decir
nada, temieran que también fueran "hallados luchando contra Dios" (cap. 5: 39;
cf. vers. 40).
15. Concilio.
Es
decir, el sanedrín. Los dos discípulos y quizá también el que había sido cojo,
fueron sacados de la sala del concilio mientras los miembros del sanedrín
discutían qué debía hacerse.
16. ¿Qué
haremos?
Esta pregunta no tendría por qué haberse debatido. El sanedrín
funcionaba como un tribunal y, según correspondía, debería haberse pronunciado
el veredicto en favor o en contra del acusado. El cojo ya no era un inválido. Lo
veían sanado. Los dos hombres que habían sido los instrumentos humanos de su
restauración habían estado delante de ellos, y ahora aguardaban su decisión. Los
miembros del sanedrín no actuaron como Jueces, y comenzaron a debatir entre sí
lo que deberían hacer frente a las claras circunstancias. Todo este proceder es
muy característico de Caifás (Juan 11: 49-50).
Señal.
Gr.
s'méion , "señal", y por extensión, "milagro" (ver t. V, p. 198; com. Isa. 7:
14). Las autoridades judías admitieron que se había hecho una señal innegable en
medio de ellos.
Notoria a todos.
El cojo, que mendigaba a la
puerta del templo, era tan ampliamente conocido, que sólo podía pensarse en dos
razones para que se considerara que los apóstoles eran dignos de castigo: (1) o
que el milagro era una impostura, cosa que ninguno del concilio creía ni se
atrevía a insinuar; o (2) que el milagro había sido hecho por alguna clase de
magia o por algún otro medio ilegal (Deut. 13: 1-5). La pregunta del sanedrín,
"¿Con qué potestad . . . habéis hecho vosotros esto?" podría sugerir la segunda
posibilidad; pero desde el mismo comienzo Pedro (Hech. 3: 13) había atribuido el
milagro al "Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob", y había insistido en que
Dios, por medio de Jesucristo, había sanado al hombre; por lo tanto, no se les
podía hacer ninguna acusación.
No lo podemos negar.
La
construcción de esta oración sugiere no sólo el deseo de negar el milagro, sino
también que admitían que en tales circunstancias carecían de poder para hacerlo.
Veían la evidencia, pero se negaban a examinarla imparcialmente y a aceptar al
Cristo que había manifestado el poder. Este tipo de rechazo es peor que no
conocer nunca la verdad.
17. Para que no se
divulgue.
Los dirigentes judíos temían que el relato del milagro se
divulgara por toda la ciudad y sus alrededores y entonces sucediera que la gente
pudiera aceptar a Jesucristo como el Mesías y el divino Hijo de Dios. Este sería
el resultado lógico, y sin duda de ese modo muchos fueron conducidos a la fe en
Jesús.
En este nombre.
O "acerca de este nombre" o" debido a
este nombre" (ver com. cap. 3: 16). Los discípulos no debían predicar más acerca
de Jesús o por su autoridad.
18. Llamándolos.
Llamaron a Pedro y a Juan a la sala del
concilio para informarles en cuanto a los resultados de la deliberación.
En ninguna manera hablasen.
Ni siquiera debían pronunciar el
nombre de Jesús.
19.
Pedro y Juan.
Los dos apóstoles
se unieron ahora para expresar su determinación de hacer pública la vida, la
muerte y la resurrección de Cristo. Es posible que el concilio hubiera
amonestado a cada uno por separado para que desistieran, y cada uno confirmó su
determinación de seguir adelante a pesar de la advertencia del concilio. Hay una
expresión similar de firmeza de judíos fieles en 2 Macabeos 7: 30.
Juzgad.
Aquí se sugiere un principio importante. Estas palabras
introducen una afirmación del derecho de conciencia para desobedecer a la
autoridad humana cuando ésta se opone a la autoridad divina. La declaración
enfática de los apóstoles -"Juzgad si es justo"- muestra que reclamaban este
derecho como algo axiomático. Sin embargo, en la práctica, muchas veces surge la
dificultad de establecer si el que pretende poseer tal autoridad divina
realmente la tiene. En casos como éste, cuando el problema se refiere al
testimonio de los hechos, si los hombres sienten que son enviados por Dios para
declarar tales hechos, que no se atrevan a modificar la verdad, ni siquiera por
temor de ofender a los hombres.
Cuando haya una disputa con la autoridad
civil, el que tiene convicciones religiosas debe aceptar la responsabilidad de
probar que sus convicciones se basan en la autoridad divina. Si desea que su
caso pueda triunfar, debe convencer a sus oyentes de que sus convicciones son
correctas. Pedro y Juan sabían que tenían la autoridad del Espíritu Santo, ya
demostrada por milagros y conversiones. Tenían la convicción permanente de la
verdad, y la demostraban en su predicación y en sus resultados. En esa situación
no podían consentir en obedecer a los hombres antes que a Dios (cap. 5: 29). Los
apóstoles habían recibido de Cristo la orden de predicar. El también les daba el
poder que tenían. En tal situación ninguna otra consideración podía tener
validez (HAp 55-57).
Cuando un hombre tiene que elegir entre su honrada
convicción acerca de la voluntad de Dios para con él y las leyes de los hombres,
sólo debe seguir lo que cree que es la voluntad de Dios. Si intenta servir a dos
señores no podrá satisfacer a ninguno de los dos, y venderá su alma por intentar
beneficiarse personalmente. Pero si siempre reconoce que Dios tiene derecho a
pedirle su completa lealtad, nadie podrá llamarlo deshonesto, y su alma estará a
salvo.
Si es justo.
En vista de la evidencia irrefutable de su
inocencia, los apóstoles intrépidamente desafiaron a los dirigentes judíos a que
reconocieran los hechos. Que el sanedrín dejara en libertad a Pedro y a Juan sin
castigarlos, es un reconocimiento tácito de que no eran culpables.
20. No podemos dejar de decir.
En
el griego dice: "no podemos nosotros", lo que da énfasis al pronombre. Como
apóstoles de Jesús, Pedro y Juan habían recibido la misión especial de dar
testimonio de él (Mat. 28: 19-20; Hech. 1: 8).
Hemos visto y oído.
El testimonio de los apóstoles se basaba en sus experiencias personales,
las cuales habían disfrutado con Jesús. Muchos años después, tanto Pedro como
Juan destacaron en sus epístolas la importancia de haber sido testigos oculares
de las verdades que enseñaban (2 Ped. 1: 16-18; 1 Juan 1: 1-3). La experiencia
íntima de la presencia de Cristo en la vida del cristiano constituye una de las
evidencias más convincentes de la realidad práctica de la verdad cristiana.
21. Les amenazaron.
El sanedrín no
se atrevió a hacer más que esto, porque todos sabían que el cojo había sido
sanado y que no podía hacerse a los apóstoles ninguna acusación que mereciera
castigo. En vista de que el cojo sanado era conocido por todos, no podían negar
que el relato del milagro fuera cierto. Y, además, como era una buena obra,
confirmada sin lugar a dudas, no podía aplicarse un castigo. Tampoco podían
justificar el castigo de los apóstoles por haber afirmado que habían sanado al
cojo en el nombre de Jesús.
Castigarles.
Es indudable que
algunos de los dirigentes judíos se inclinaban a favorecer a los apóstoles (ver
com. vers. 14), sin embargo, en general había un sentimiento de chasco porque no
habían sido capaces de encontrar algún pretexto para aplicar un castigo sin
enfurecer a la gente. En este caso la conveniencia parece haber sido un factor
importante, tanto en el razonamiento de los dirigentes como en su decisión (cf.
Juan 11: 49-50).
Glorificaban a Dios.
Una descripción de la
manera como reaccionó la gente ante el milagro. En su discurso en el templo
Pedro había presentado claramente cuál era la fuente del poder por medio del
cual el hombre había sido sanado (cap. 3: 12-16).
22. Tenía más de cuarenta años.
Al comparar este pasaje con
el cap. 3: 2, se ve que el hombre había estado cojo durante todos esos años. Una
incapacidad tan larga hizo que el milagro fuera aun más notable. Lucas señala
repetidas veces la duración de una enfermedad o de una dolencia física que fue
curada en forma milagrosa (Luc. 8: 42-43; 13: 11; Hech. 9: 33; 14: 8). Sería
exagerado decir que todas estas alusiones puedan atribuirse a que Lucas era
médico (Col. 4: 14) -aunque en algunos casos sí podría ser cierto-, pues esto
mismo hicieron otros autores ajenos a la medicina al relatar curaciones
milagrosas (Mar. 5: 25; 9: 21; Juan 5: 5; 9: 1). Es probable que los autores del
NT presentaran esta información mayormente porque ayudaba a mostrar la magnitud
del milagro realizado.
23. Los suyos.
Gr. hoi ídioi , "los suyos". Los autores judíos al escribir en griego
empleaban esta expresión para referirse a compañeros de armas y a compatriotas.
Pablo la usó para referirse a parientes (1 Tim. 5: 8; cf. Hech. 24: 23), uso que
también aparece en los papiros. Juan la usa para referirse a los discípulos de
Jesús (Juan 13: 1). "Los suyos" sin duda se refiere en este pasaje a los otros
creyentes. Parece que no tenían un lugar fijo donde reunirse. En el día de
Pentecostés probablemente se juntaron en el aposento alto (Hech. 1: 13; 2: 1). A
medida que la iglesia crecía, se reunían diariamente en el templo, y también en
sus casas (cap. 2: 46; 12: 12). Por lo tanto, es fácil que Pedro y Juan hallaran
reunidos a los otros apóstoles y a los creyentes.
Contaron todo.
El informe se presentó para gloria de Dios y no de los apóstoles que
relataron el episodio (cf. cap. 15: 3-4).
24.
Alzaron unánimes la voz.
Al escuchar el informe de los
apóstoles, los cristianos reunidos elevaron sus voces en alabanza y adoración al
Dios que tan maravillosamente había intervenido. Las palabras que siguen
sugieren que hubo un canto de alabanza diferente al lenguaje común. Es probable
que fuera un himno, y puede que haya sido recitado o cantado por Pedro mientras
los otros decían "amén", o pueden haberlo repetido después de él, frase tras
frase. Pero es dudoso que la comunidad cristiana ya hubiera compuesto y
aprendido de memoria un himno tal como parte de su liturgia. Este pasaje, basado
en Exo. 20: 11 y Sal. 146: 6, se destaca por ser la primera manifestación que se
registra del culto público en la historia cristiana.
Soberano Señor.
Gr. despót ' s , "amo", "señor", en contraste con un siervo. Esta
palabra se emplea en el NT seis veces para referirse al Señor (ver com. Luc. 2:
29). Es interesante notar que aparece dos de estas veces en los escritos 'de
Pedro y de Juan (2 Ped. 2: 1; Apoc. 6: 10), los discípulos que sin duda
dirigieron este acto de adoración y culto.
Dios.
La evidencia
textual favorece (cf. p. 10) la omisión de la palabra "Dios", y el uso de sólo
el pronombre "tú". Sin embargo, tal omisión no cambia el hecho de que Dios es el
creador y que esto es base eterna para la alabanza y la obediencia de sus
criaturas (Isa. 44: 23-27; Heb. 1: 1-5).
El cielo y la tierra, el mar.
Como ocurre con muchos salmos, esta atribución a Dios de la alabanza
comienza con la exposición de la gloria del Altísimo como Creador.
25. Por boca.
Los manuscritos más
antiguos de este pasaje presentan una construcción griega confusa y al parecer
errónea. En los manuscritos posteriores se aprecian variantes que dan la
impresión de ser intentos de los copistas por enmendar el texto. El MS más
antiguo que tenemos (Sinaítico, siglo IV) puede traducirse de la siguiente
forma: "Tú hablaste por boca del Espíritu Santo, por medio de nuestro padre
David, tu siervo".
Se amotinan las gentes.
La cita de los vers.
25-26 es de Sal. 2: 1-2, que sin duda se había aplicado en primer lugar a alguna
revuelta contra un rey de Israel. Durante el reinado de David se mencionan
conflictos con los sirios, los moabitas, los amonitas y otros que en vano
intentaron rebelarse (2 Sam. 8). Aquí se presenta el salmo como un paralelo con
la lucha de los dirigentes judíos contra el Señor de la iglesia. Una antigua
aplicación judía del Sal. 2: 1, probablemente proveniente del siglo II d. C.,
interpreta que las "gentes" eran Gog y Magog, que de acuerdo con el pensamiento
judío se opondrían al Mesías cuando viniera (Talmud, Abodah Zarah 3b). Si tal
aplicación de este versículo era conocida en los tiempos de los apóstoles -cosa
que bien pudo haber sido -, es fácil entender que los apóstoles aplicaran Sal.
2: 1 con toda propiedad a los que ya se oponían al Mesías.
26. Los reyes.
En este caso, los
romanos (ver com. vers. 27).
Cristo.
Gr. jristós , "ungido". "
La LXX emplea esta palabra para traducir el Heb. mashíaj , "ungido", " que se
aplicaba en el AT a reyes (Sal. 18: 50; Isa. 45: 1), sacerdotes (Lev. 4: 3), y
sobre todo al Salvador que habría de venir. La palabra mashíaj se translitera
"Mesías". " Los que seguían a Jesús reconocían que era el Salvador esperado, y
por lo tanto lo llamaban jristós , "Cristo"." Este pasaje es una cita de la LXX,
por esto es probable que la palabra jristós deba traducirse con el sentido que
le da el AT: "ungido"."
" Dentro de su aplicación primaria, la palabra
mashíaj de Sal. 2: 2 sin duda se refiere al rey de Israel; pero el hecho de que
también pudiera emplearse para referirse al Mesías, hacía que este pasaje
moviera a los apóstoles a aplicárselo a Cristo. Que lo empleaban así en forma
consciente se ve por Hech. 4: 27, " donde hablan de Cristo como el que había
sido ungido. "
27. Hijo.
" Gr. páis
, palabra que puede significar "hijo" " , " "niño" " o " "siervo" " (ver com.
cap. 3: 13). Se usa también en el vers. 25 para referirse a David; la RVR la
traduce "siervo". " Quizá sea mejor traducirla aquí también como "Siervo" se
entiende así, recuerda al siervo de Jehová de Isa. 52: 13.
Herodes.
Los dos gobernantes ante los cuales Jesús fue juzgado, Herodes el rey, y
Pilato el gobernador, aparecen como ejemplos destacados de los "reyes" " y
"príncipes" del vers. 26 (Sal. 2: 2). Con referencia a Herodes Antipas, ver t.
V, pp. 65-66. Es interesante señalar que Lucas, autor de este relato, es también
el único evangelista que registra el papel de Herodes en el juicio de Jesús
(Luc. 23: 7-15).
Poncio Pilato.
Con referencia a este gobernador
romano, ver t. V, pp. 67-68.
Gentiles.
Sin duda se trata de los
romanos que compartieron con los judíos la culpabilidad por el crimen de la
crucifixión.
El pueblo de Israel.
La secuencia de Herodes,
Pilato, los gentiles y el pueblo de Israel, completa el paralelismo con la
secuencia anterior de gentes, pueblos, reyes y príncipes (vers. 25-26). Este es
un paralelismo invertido, forma característica de la poesía hebrea (ver t. III,
pp. 25-29).
28. Para hacer.
Los
apóstoles habían citado del Sal. 2, y lo habían aplicado a la crucifixión de
Cristo. Aquí reconocen que los judíos y los romanos, aun en su pecado contra el
Hijo de Dios, habían ayudado a cumplir el propósito que Dios tenía para Cristo
en su obra de salvación. En el gobierno de este mundo y en la salvación de las
almas se manifiesta la obra de la voluntad divina. Esto no excluye el libre
albedrío del hombre. La historia, sobre todo la historia sagrada, testifica que
la voluntad de cada persona es libre, y que cada uno permanece o cae según la
parte que haya desempeñado en el desarrollo del plan de la redención. Ver com.
Dan. 4: 17.
El que se entrega a Dios se esfuerza por cumplir la divina
voluntad; pero el que no se rinde a él, descubre que está obrando contra Dios,
quien, a pesar de la desobediencia del hombre, cumple su voluntad divina y
final. Los rebeldes, los impíos y los desobedientes ayudan a Dios: "Ciertamente
la ira del hombre te alabará" (Sal. 76: 10).
29. Señor, mira.
El contexto muestra que la plegaria de la
iglesia está dirigida a Dios el Padre. Los apóstoles no se desanimaron frente a
las amenazas de los dirigentes judíos, sino que se acercaron al Dios que podía
ayudarlos en cualquier peligro al que tuvieran que hacer frente. Las amenazas de
los judíos estaban dirigidas después de todo contra Dios (ver com. cap. 9: 4-5).
Siervos.
Gr. dóulos , "esclavo".
Denuedo.
Gr.
parr ' sía , "valor" " (ver com. vers. 13). Los apóstoles habían demostrado
"denuedo" al hablar ante el sanedrín (vers. 13), y ahora en su oración, como si
demostraran que reconocían su debilidad natural, piden que se les aumente este
don del valor (cf. Luc. 21: 15). Comprendían que ahora lo necesitaban más que
nunca para sí mismos y también para toda la iglesia.
Hablen tu palabra.
No basta que el cristiano viva piadosamente como un testimonio del poder
de Cristo; la doctrina de la salvación en Jesucristo también debe ser proclamada
(Rom. 10: 13-17).
30. Extiendes tu mano.
Era Dios quien hacia las maravillas de las cuales este milagro era un
ejemplo. Nicodemo, que era miembro del sanedrín, había dicho que nadie podía
hacer tales obras si Dios no estaba con él (Juan 3: 2).
31.
Hubieron orado.
La iglesia
oraba constantemente (cap. 1: 14, 24; 2: 42; 6: 4).
El lugar. . .
tembló.
En vista de otras notables manifestaciones de la poderosa
presencia del Espíritu de Dios, puede deducirse que este sacudimiento no se
debió a un terremoto, sino a un acontecimiento sobrenatural. Fue la renovación
del prodigio del día de Pentecostés, pero al parecer no se vieron las lenguas de
fuego. De este modo los cristianos comprendieron inmediatamente que estaba entre
ellos el Dios de toda la naturaleza, al cual se habían dirigido (vers. 24). Dios
vio su necesidad, y les respondió inmediatamente como señal de que había oído
sus plegarias.
Todos fueron llenos. Ver com. cap. 2: 4. Como había
ocurrido en el día de Pentecostés, los discípulos otra vez fueron llenos del
poder del Espíritu. Recibieron la seguridad de que podían hablar con valor las
palabras que se les había ordenado proclamar. El hecho de que los discípulos
hubieran recibido el Espíritu en Pentecostés no quería decir que no pudieran
recibir una nueva unción en momentos futuros de necesidad especial. En verdad,
el primer derramamiento del Espíritu los había preparado para recibir nuevos
derramamientos. Lo mismo ocurre con el cristiano. La vida que comienza en el
Espíritu, como lo indica el bautismo, depende de la comunión constante y de una
provisión de gracia continuamente renovada.
Hablaban con denuedo.
Llenos de valor por medio del poder del Espíritu, por el cual habían
orado, desde allí en adelante los apóstoles proclamaron el Evangelio en todas
las ocasiones y en todos los lugares donde hallaban la oportunidad de hacerlo,
sin hacer caso de cualquier tipo de amenazas que se les hiciera.
32. Un corazón y un alma.
El Códice
de Beza (siglo VI) añade: "y no había entre ellos diferencia alguna". Como
ocurre con otros grupos de palabras análogas, el sentido de "corazón" y "alma"
se superponen, y deberían entenderse aquí como la totalidad del carácter sin
hacer distinciones sutiles. En el pensamiento hebreo, ser "de un corazón"
indicaba completo acuerdo (Jer. 32: 39; cf. 1 Crón. 12: 38). Y no fueron nada
más Pedro, Juan y los otros apóstoles quienes participaron en este común
acuerdo, sino además toda la multitud de creyentes.
Ninguno decía.
Cada uno sentía que sus posesiones pertenecían a Dios, y que las debía
entregar cuando le fueran pedidas. Esto sólo podía provenir del profundo amor
mutuo, predicho por Cristo como una identificación de sus verdaderos discípulos
(Juan 13: 35). Los idealistas que se han esforzado por describir teóricamente
una sociedad perfecta, como lo hizo Platón en su obra La República o Tomás Moro
en su Utopía , han propuesto como condición de su sociedad perfecta una
comunidad de bienestar similar a la que se practicaba en la iglesia primitiva.
Para alcanzar el éxito, tal sociedad exige la perfección de sus componentes. La
esperanza de los creyentes de que su Señor pronto volvería, junto con su unidad
de pensamiento y sentimiento, sin duda los hacía estar dispuestos a desprenderse
de sus posesiones materiales. Sin embargo, como en el caso de Ananías (Hech. 5:
4), no estaban obligados a hacerlo.
Todas las cosas en común.
Esta declaración corresponde con un pasaje paralelo (cap. 2: 44). En
realidad, los vers. 32-35 de este capítulo repiten en términos generales lo que
apareció antes (cap. 2: 43-45). Es probable que Lucas haya repetido esta
afirmación para preparar el camino para el relato de la liberalidad de Bernabé
(vers. 36-37) y del egoísmo de Ananías (cap. 5: 1-11). A Lucas le agrada
detenerse en la descripción de la comunidad de bienes como una expresión ideal
de la igualdad y fraternidad manifestadas en la iglesia primitiva. Movidos por
la ley del amor, los miembros de la comunidad cristiana renunciaban voluntaria y
espontáneamente a sus derechos de propiedad personal. Su generosidad era
genuina, completa, sin esperanza de recompensa material. No se consideraban
poseedores para beneficio propio, sino mayordomos para el bien de otros.
33. Con gran poder.
El testimonio
de los apóstoles fue presentado no con su propia fuerza sino con un poder que
nunca podrían haber producido dentro de sí mismos. El que les daba energía era
el Espíritu divino.
Daban.
Gr. apodíd Ç mi , "entregar [lo que
se debe]". Los apóstoles seguían dando el testimonio que ya habían dado en
Pentecostés y en el templo. Sentían una motivación íntima de dar testimonio.
Habían visto las maravillosas obras de Jesús; lo habían visto morir; habían
visto lo que no habían creído que pudiera ocurrir: que el Señor resucitara de
entre los muertos. Este milagro supremo constituía el punto culminante de la
predicación evangélica. Los apóstoles podían relatar ese hecho como testigos
oculares del Señor resucitado, y lo narraron "con gran poder".
Gracia.
Gr. járis (ver com. Rom. 3: 24), que puede entenderse aquí como "favor"
(como en Luc. 2: 52), y así indica que el favor del pueblo hacia los cristianos
aún continuaba. Sin embargo, como el contexto destaca el don espiritual del
poder que habían recibido, probablemente sea mejor dar a járis su sentido más
específico de "gracia divina", como en Luc. 2: 40.
34. Necesitado.
El griego parece unir este versículo con el
anterior por medio de la conjunción gar , "porque" , que la RVR traduce "así
que". Gar sugiere que había una estrecha relación entre la liberalidad de los
cristianos y la gracia de la cual disfrutaban (ver com. vers. 33).
Poseían heredades.
Algunos de los nuevos cristianos tenían
abundantes recursos. Lo genuino de su amor fraternal se manifestó en su
abnegación por el bienestar de sus hermanos menos afortunados.
Las
vendían, y traían.
La construcción verbal sugiere que esto se repitió
varias veces a medida que los creyentes se iban deshaciendo, uno tras otro, de
sus posesiones para el bien común de la iglesia. Los motivos que los movían eran
el amor y el impulso a la dadivosidad. Aunque Locas no lo menciona, también
existe la posibilidad de que los cristianos estuvieran impresionados con las
advertencias de su Señor de que vendrían guerras y dificultades (Mat. 24: 5-12),
y por lo tanto que las posesiones terrenas son inestables. Las tierras y las
propiedades en Palestina seguramente perdieron su valor cuando sobrevinieron las
dificultades que el Señor había profetizado. Jeremías había demostrado su fe en
la futura restauración de su pueblo a Palestina, mediante su compra de un
terreno en Anatot (Jer. 32: 6-15); pero los cristianos mediante una acción
opuesta -la venta de sus propiedades- mostraron su fe en la seguridad del
mensaje del cual eran testigos.
35. Lo
ponían a los pies.
Poner el valor de la venta a los pies de los
discípulos era un acto significativo, pues mostraba que daban a los apóstoles el
pleno manejo del dinero. En Sal. 8: 6 se emplea en forma similar esta expresión.
Cicerón usa la misma figura al hablar de dones que se colocan "a los pies del
pretor" ( Pro Flacco xxvii. 68). Parece que estas palabras reflejan la costumbre
de que cuando se hacían regalos u ofrendas a un rey, un sacerdote, o un maestro,
no se las colocaba en sus manos, sino a sus pies.
A cada uno según su
necesidad.
Mejor "según cualquiera tuviera necesidad". Sin duda muchos
de los cristianos no estaban necesitados, y se mantenían sin ayuda. Los ayudados
eran los que no podían ganarse la vida por estar enfermos o quizá por haber
perdido su empleo por haber cambiado su fe religiosa (cf. Juan 9: 22: los que
aceptaron a Cristo fueron amenazados con excomunión), las viudas y los recién
llegados que aún no se habían establecido en la ciudad. También pueden haber
estado entre los que recibían ayuda porque, según lo creían los apóstoles, eran
merecedores de apoyo material por su actividad espiritual en la propagación de
la fe, aunque Lucas no lo menciona específicamente. Aquí se ve un ministerio
prudente y bien organizado para satisfacer las necesidades materiales,
ministerio que siempre ha sido para bien de la iglesia dondequiera que así se lo
ha desempeñado (1 Tim. 5: 5-16, 21).
36. Bernabé.
Esta es la primera vez que se menciona a
Bernabé, quien más tarde viajaría con el apóstol Pablo en su primer viaje
misionero. Lucas interpreta el nombre Bernabé como huiós parakl ' seÇs, "hijo de
consolación" o "hijo de exhortación". Los eruditos no están de acuerdo en cuanto
a las palabras hebreas o arameas representadas por esta traducción. Quizá fuera
un bar nebu'ah , "hijo de profecía". En todo caso, su apellido parece indicar
que Bernabé se caracterizaba por su don de exhortación (cf. cap. 11: 23). No se
sabe cuándo se convirtió al cristianismo. Como era levita pudo haber participado
en el servicio del templo y haber oído al Señor o a los apóstoles cuando
predicaban allí. Era pariente de Juan Marcos (Col. 4: 10), quien vivía en
Jerusalén (Hech. 12: 12). Una tradición consignada por Clemente de Alejandría (
Stromata ii. 20) afirma que Bernabé fue uno de los setenta enviados por Jesús
(Luc. 10: 1; ver com. Hech. 9: 27).
Existe una epístola que lleva el
nombre de Bernabé que, según lo creían Clemente de Alejandría y Orígenes
-autores cristianos del siglo III-, había sido escrita por este apóstol. Sin
embargo, el contenido de la epístola muestra que no es así. La epístola consiste
mayormente en interpretaciones antijudías y alegóricas de los relatos del AT. La
epístola se opone a la observancia del séptimo día, sábado, y está en favor de
la observancia del "octavo día", domingo. Es probable que fuera escrita por un
desconocido a mediados del siglo II d. C.
Chipre.
Esta isla está
situada en el extremo oriental del mar Mediterráneo. Allí se radicaron judíos
por lo menos desde los tiempos de los Macabeos (1 Macabeos 15: 23). Los maestros
cristianos huyeron de Jerusalén a Chipre durante la persecución en que fue
muerto Esteban (Hech. 11: 19). Pablo y Bernabé visitaron la isla de Chipre en su
primer viaje misionero, probablemente por pedido de Bernabé.
37. Una heredad.
Mejor "un campo" "
(BJ). Según la dispensación hebrea, los levitas no tenían propiedad privada sino
que vivían en ciudades y en propiedades comunes, y se sostenían tenían con los
diezmos que entregaba la gente (Núm. 18: 20-2 l). Pero el caso de Jeremías (Jer.
32: 7-12) indica que no había nada que impidiera que un sacerdote o levita
adquiriera tierra por medio de una compra o de una herencia. Además, Bernabé
pudo haber adquirido su propiedad al casarse. No se informa en dónde estaba
situado el campo que Bernabé vendió. María, tía de Bernabé, también tenía una
propiedad, y aunque no vendió su casa, la puso a disposición de la comunidad
cristiana (Hech. 12: 12).
Parece que Bernabé tuvo que trabajar más tarde
para ganarse la vida, como también lo hizo Pablo (1 Cor. 9: 6). Es posible que
Bernabé hubiera sido escogido como ejemplo de la liberalidad dentro de la
iglesia cristiana primitiva, porque tenía algo de extraordinario el tipo de su
dádiva o la naturaleza del sacrificio que hizo.
CBA T6
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