1. Justificados.
O "habiendo sido justificados"
. Ver com. cap. 3: 20, 28; 4: 8, 25.
Pues.
Es decir, en vista de
la afirmación del versículo procedente y de todo el razonamiento y la
comprobación de los cap. 1-4. Pablo ha mostrado claramente que todos los
hombres, judíos y gentiles, son pecadores que están bajo condenación y que
necesitan justificación. Ha demostrado que esa necesidad de justificación no
puede alcanzarse en forma legalista por medio de obras de obediencia (cap. 3:
20); pero, tal como se revela en las buenas nuevas del Evangelio, Dios ha hecho
todo lo necesario para cubrir la necesidad del hombre. Como un don gratuito de
su gracia, Dios ofrece a todos perdón completo y reconciliación mediante la fe
de Jesucristo, quien ha vivido, muerto y resucitado para la redención del hombre
caído. Luego de establecer la doctrina de la justificación, Pablo procede ahora
a explicar algunos de los beneficios que reciben los que han compartido esa
experiencia salvadora.
Tenemos paz.
La evidencia textual (cf. p.
10) se inclina por el texto de la RVR, aunque en algunos MSS aparece con
subjuntivo, "tengamos paz". No se trata tanto de que los que han sido
justificados deban buscar la paz, sino que pueden estar seguros de que al haber
sido justificados han recibido la paz, y ya la poseen.
Sin embargo, hay
una forma de traducir esta frase para que sea posible aceptar la variante
"tengamos paz", dándole una interpretación apropiada con el contexto. La flexión
verbal que se traduce "tengamos paz" permite la traducción "prosigamos teniendo
paz", con el significado de "disfrutemos de la paz que tenemos" o "disfrutemos
de paz"; "mantengamos la paz" (BC). Si Pablo hubiese querido decir "alcancemos
paz", la flexión del verbo griego sería diferente. Aparece en esa forma
diferente en Mat. 21: 38, en donde se traduce "apoderémonos de su heredad". Como
la justificación en su sentido más pleno implica reconciliación y paz, Pablo
dice aquí: "Puesto que hemos sido justificados por la fe, retengamos [o
"disfrutemos de"] la paz que ahora poseemos".
Pero si se prefiere la
variante "tenemos paz", el significado no es en esencia diferente. El énfasis
recae en la bendición de la paz que se deriva de la experiencia de ser perdonado
y puesto en armonía con Dios por medio de la fe en Jesucristo.
La
verdadera religión con frecuencia es presentada en la Biblia como un estado de
paz (Isa. 32: 17; Hech. 10: 36; Rom. 8: 6; 14: 17; Gál. 5: 22). Con frecuencia
Pablo llama a Dios "Dios de paz" (Rom. 15: 33; 1 Tes. 5: 23; Heb. 13: 20; cf. 2
Cor. 13: 11; 2 Tes. 3: 16). Se describe a los pecadores como enemigos de Dios
(Rom. 5: 10; cf. cap. 8: 7; Juan 15: 18, 24; 17: 14; Sant. 4: 4), y para éstos
no hay paz, tranquilidad ni seguridad (Isa. 57: 20). Pero el efecto de haber
recibido la justificación por la fe es proporcionar paz al alma del pecador
antes atormentada y enajenada. Antes de la justificación, el pecador vive en un
estado de enemistad contra Dios, como lo demuestra su rebelión contra la
autoridad de Dios y la transgresión a sus leyes. Pero después de que se ha
reconciliado, está en paz con Dios. Antes, mientras se sentía culpable por causa
de sus pecados, en su conciencia sólo había temor y desasosiego; pero después de
que sus pecados son perdonados alberga paz en el corazón, pues comprende que ha
sido eliminada toda su culpabilidad.
Cuando Pablo relaciona la paz con
la justificación por la fe, hace aún más claro que la justificación no es sólo
un ajuste legal de cuentas del pecador con Dios (ver com. Rom. 3: 20, 28; 4:
25). Recibir únicamente el perdón no necesariamente proporciona paz. El que ha
sido perdonado por un crimen quizá sienta gratitud hacia su benefactor, pero al
mismo tiempo tal vez esté tan lleno de vergüenza y turbación que no desea la
compañía del que lo ha perdonado. Está perdonado, pero quizá le sea difícil
sentirse mejor que un criminal que ha cumplido su condena; se ha desvanecido su
respeto propio y tiene muy poca motivación para vivir una vida de rectitud.
Si la justificación no significara más que perdón, estaría, sin duda,
contra el plan de Dios para nuestra restauración. La única forma como la imagen
divina puede ser restaurada en el hombre caído, es por medio de una confiada y
amante comunión con Cristo por la fe. Por lo tanto, Dios no sólo perdona,
también reconcilia; nos pone en armonía con él. Cuando nos imputa o atribuye la
justicia de su Hijo que cubre nuestro pasado pecaminoso, nos trata como si nunca
hubiésemos pecado (ver com. cap. 4: 8). Nos invita a disfrutar de una comunión
con Jesús que nos inspira valor para el futuro y nos proporciona un ejemplo para
que lo imitemos en nuestra vida.
Esta comprensión de la justificación
por la fe muestra qué son la conversión y el nuevo nacimiento en la vida del
pecador arrepentido. No sería posible que el hombre caído disfrutara de una
nueva relación de paz espiritual, a la cual le da derecho y entrada la
justificación, si no fuera por el cambio milagroso efectuado por el renacimiento
espiritual (Juan 3: 3; 1 Cor. 2: 14). De modo que cuando Dios justifica al
pecador que se ha convertido, también crea un corazón limpio y renueva un
espíritu recto dentro de él (Sal. 51: 10). En cuanto a la relación entre la
conversión, el nuevo nacimiento y la justificación, ver PVGM 127; CS 523-524; CC
52-53.
2. Por quien.
O "mediante
quien".
Tenemos.
Literalmente, "hemos tenido". En griego no sólo
se indica haber obtenido acceso a ese privilegio, sino además una continua
posesión de él. Hemos tenido acceso desde la primera vez que nos hicimos
cristianos, y lo tendremos mientras permanezcamos siendo cristianos.
Entrada.
Gr. prosagÇg' . Sólo Pablo usa esta palabra en el NT, y
únicamente aparece en este pasaje y en Efe. 2: 18; 3: 12. Aquí puede entenderse
en el sentido de poder entrar, no como nuestro acto de llegar hasta Dios sino
como el hecho de que Cristo nos ha llevado hasta él. El mismo pensamiento se
expresa en forma similar en 1 Ped. 3: 18: "También Cristo padeció una vez por
los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos[ proságÇ ] a Dios". La
idea que se insinúa es la de la cámara de audiencias de un rey a la cual no
pueden entrar los súbditos solos, sino que deben ser acompañados por alguien con
autoridad. En este caso, Jesús es Aquel que nos acompaña. Nosotros solos no
podemos entrar en la cámara de audiencias de Dios, pues nuestros pecados se han
interpuesto entre nosotros y él, y nos separan de Dios (Isa. 59: 2). Pero
Cristo, en virtud de su sacrificio, puede llevarnos de nuevo hasta Dios e
introducirnos en el glorioso estado de la gracia y del favor en que ahora
estamos (ver Heb. 10: 19).
Por medio de Cristo nos allegamos por primera
vez a Dios, y este privilegio se hace permanente mediante Cristo. Este acceso a
Dios, este poder llegar hasta su divina presencia, debe ser considerado como un
privilegio eterno. No somos llevados hasta Dios sólo para tener una entrevista
con él, sino para permanecer con él.
Por la fe.
La evidencia
textual se inclina por (cf. p. 10) la inclusión de estas palabras, sin embargo
faltan en varios MSS. Pero ya fuera que Pablo mencionara la fe en este versículo
o no, es obvio que podemos tener acceso a la gracia sólo por la fe en Aquel
mediante el cual es posible la gracia.
Esta gracia.
Es decir,
esta condición de reconciliación con Dios y de haber sido aceptados por él (ver
com. cap. 3: 24).
Estamos firmes.
Cf. 1 Ped. 5: 12. El estado de
justificación implica seguridad y confianza.
Nos gloriamos.
Gr.
kaujáomai, que se traduce como "glorias" (cap. 2: 17) y "gloriamos" (cap. 5: 3).
En contraste con toda falsa jactancia, el creyente se regocija en la esperanza
de la gloria de Dios. Los judíos se jactaban de sus propias obras (cap. 2: 17);
pero el cristiano se goza en lo que Dios está haciendo. La verdadera religión
con frecuencia se describe en la Biblia como la fuente de ese gozo y esa
satisfacción (Isa. 12: 3; 52: 9; 61: 3, 7; 65: 14, 18; Juan 16: 22, 24; Hech.
13: 52; Rom. 14: 17; Gál. 5: 22; 1 Ped. 1: 8).
En griego también podría
traducirse como "nos regocijamos" o "regocijémonos". Compárese con "tenemos" o
"tengamos" (com. Rom. 5: 1). Aquí, como en el vers. 1, "tengamos" significa
"continuemos teniendo"; de modo que "regocijémonos" significaría aquí
"continuemos regocijándonos". De acuerdo con esta variante, Pablo exhortaba a
los creyentes justificados a que siguieran disfrutando de paz con Dios y
continuaran regocijándose en la esperanza de la gloria de Dios.
La
gozosa y triunfante confianza de la fe de Pablo contrasta con la doctrina de
aquellos que creen que la "fe" equivale necesariamente a estar siempre en un
estado de angustiosa expectativa e incertidumbre acerca de la justificación.
Dios desea que sepamos si hemos sido aceptados, de modo que de verdad tengamos
la paz que proviene de una experiencia tal (vers. 1; cap. 8: 1). Juan también
nos dice que podemos saber que hemos pasado de muerte a vida (1 Juan 3: 14). La
fe no significa simplemente creer que Dios puede perdonarnos y restaurarnos;
significa creer que, mediante Cristo, Dios nos ha perdonado y ha creado un nuevo
corazón dentro de nosotros.
Por supuesto, esto no significa que una vez
que hemos sido justificados queda garantizada nuestra salvación futura, y que no
hay necesidad de que experimentemos continuamente la fe y la obediencia. Es
importante que se distinga entre la seguridad de un estado presente de la gracia
y la seguridad de la redención futura (ver PVGM 119-120). Lo primero está
implícito en el significado de la fe verdadera la aceptación personal de Cristo
y todos sus beneficios; lo segundo es algo propio de la esperanza, y debe estar
acompañado de una constante vigilancia. Aunque tengamos el gozo y la paz de la
justificación, es necesario que con diligencia asegurarnos nuestra vocación y
elección (2 Ped. 1: 10). La posibilidad de un fracaso era un poderoso estímulo a
la fidelidad y a la santidad aun en la vida del apóstol Pablo. El practicaba una
estricta disciplina propia, no fuera que habiendo predicado a otros, él mismo
fuera rechazado (1 Cor. 9: 27). Cada cristiano que ahora está firme en la gracia
y que se goza en la esperanza de la gloria de Dios, debe también estar alerta
para no caer (1 Cor. 10: 12).
3. No sólo esto.
Pablo explica
ahora como el plan divino de la justificación por la fe proporciona paz y gozo
no sólo en tiempos de prosperidad sino también en tiempos de angustias y
pruebas. La esperanza de la gloria futura y el paciente sufrimiento de las
dificultades actuales van juntos. Jesús lo destacó cuando dijo: " "Estas cosas
os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero
confiad, yo he vencido al mundo" " (Juan 16: 33).
Gloriamos.
Ver
com. vers. 2: "nos gloriamos".
En las tribulaciones.
El Gr.
thlípsis significa "presión", "aplastamiento", "opresión", y se ha traducido de
diversas formas, como "congojas", "aflicciones". A los cristianos primitivos se
los instaba a que soportaran diferentes formas de persecuciones y sufrimientos.
El apóstol no podía prometer a los creyentes que estarían exentos de
sufrimientos; pero les explicó cómo la fe cristiana puede aprovechar las
tribulaciones para la perfección del carácter.
Pablo informó a los
discípulos de Listra "que a través de muchas tribulaciones" entrarían "en el
reino de Dios" (Hech. 14: 22). Los apóstoles se regocijaban " "de haber sido
tenidos por dignos de padecer afrenta" " (Hech. 5: 41). Pedro escribió que los
cristianos no debían sorprenderse "del fuego de prueba", sino regocijarse (1
Ped. 4: 12-13). Y Jesús dijo: " "Bienaventurados los que padecen persecución por
causa de la justicia" " (Mat. 5: 10; cf. Rom. 8: 17, 28, 35; 2 Tim. 2: 12). Sin
embargo, los cristianos no deben convertirse en fanáticos que se gloríen en el
sufrimiento por el sufrimiento mismo; pero sí regocijarse en las aflicciones
porque consideran que es un honor sufrir por Cristo, porque comprenden que es
una ocasión para testificar del poder de Jesús que los sostiene y los libera,
porque saben que el sufrimiento debidamente soportado (ver Heb. 12: 11) se
convierte en un medio de su propia santificación y preparación, y también para
ser útiles aquí y en el más allá. La última de estas razones es la que Pablo
destaca especialmente en este contexto. Ver 3T 416.
Sabiendo.
Pablo podía decirlo con certeza, pues quizá ningún otro cristiano ha
sufrido más que él por divulgar el Evangelio (ver 2 Cor. 11: 23-27). Sabía por
experiencia personal que "la tribulación produce paciencia".
Produce.
Gr. katergázomai , "lograr", "realizar", "producir". Este verbo se
traduce como "ocupaos" en Fil. 2: 12.
Paciencia.
Gr. hupomon' .
"Paciencia" puede sugerir sólo una resistencia pasiva ante el mal, la tranquila
sumisión del alma que se resigna a sufrir. Pero hupomon' significa más que esto;
equivale también a una virtud activa, una valiente perseverancia y persistencia
que no puede ser conmovida por temor al mal o al peligro. Una traducción más
apropiada sería "perseverancia" o "resistencia". El verbo del cual se deriva
este sustantivo aparece con frecuencia en el NT, y por lo general se traduce
como "perseverar", "soportar" (Mat. 10: 22; 24: 13; Mar. 13: 13; 1 Cor. 13: 7; 2
Tim. 2: 10; Heb. 10: 32; 12: 2, 7; Sant. 1: 12; 5: 11).
En el hombre
natural o que no ha nacido de nuevo del Espíritu Santo, la tribulación, la
demora y la oposición producen con frecuencia sólo impaciencia, e inclusive el
abandono de la buena causa que ha abrazado (Mat. 13: 21); pero en los que son
espirituales y por lo tanto están bajo la influencia del Espíritu de amor, la
aflicción y la prueba producen una paciencia más perfecta y una resistencia a
toda prueba (1 Cor. 13: 7).
El ejemplo supremo de fortaleza cristiana en
las aflicciones fue dado por Jesús durante las últimas horas antes de su muerte.
En medio de toda la terrible crueldad y los maltratos, se comportó con
majestuoso dominio propio (ver DTG 657, 679, 682-685, 693). El cristiano que
anhela ser como Cristo se regocijará en las pruebas y los sufrimientos que Dios
permita que le sobrevengan, cualesquiera sean, porque sabe que a través de esas
vicisitudes puede adquirir más de la paciencia divina de Cristo para poder
soportar hasta el fin.
4. Prueba.
Gr. dokim' , que deriva de un verbo que significa "probar" o "aprobar".
En el NT sólo Pablo usa esta palabra. En otros pasajes se ha traducido como
"prueba" (2 Cor. 2: 9; 8: 2; 13: 3), "méritos" (Fil. 2: 22), "experiencia" (2
Cor. 9: 13). Puede referirse al proceso de ser "probado" o al resultado de la
prueba, "la condición del que es aprobado". Este último significado parece ser
el más apropiado en este contexto, pues el método de la prueba ya ha sido
mencionado en las tribulaciones". La traducción más literal sería "virtud
probada" o "virtud aprobada". Las pruebas y las aflicciones que son soportadas
pacientemente demuestran que la religión y el carácter de una persona son
genuinos.
Esperanza.
Cuando las pruebas de la tribulación se
soportan con paciencia, la fe del cristiano se confirma y purifica, y se
engendra una esperanza cada vez más confiada. Lo que en primer lugar fortalece
al creyente para soportar las pruebas es su esperanza inicial de compartir la
gloria de Dios (vers. 2); y a medida que continúa soportando, va obteniendo una
seguridad firme y tranquila. La esperanza y la fe crecen a medida que son
probadas y ejercitadas. Por ejemplo, la fe en Cristo que ya existía en los
discípulos fue confirmada y aumentada por el milagro que Jesús hizo en Caná
(Juan 2: 11). La experiencia de Job ilustra la forma en que una severa
disciplina del carácter puede fortalecer la fe y la esperanza de un creyente
sincero (ver com. Job 40; 42).
5. No
avergüenza.
Gr. kataisjúnÇ , "causar oprobio", "deshonrar",
"avergonzar". Compárese con el uso que se le da en 2 Cor. 7: 14; 9: 4. La
esperanza cristiana nunca causa oprobio ni deshonra. Pablo puede haber tenido en
cuenta el pasaje de Sal. 22: 5: "Confiaron en ti, y no fueron avergonzados".
Esta no es una esperanza común y corriente, que con frecuencia es frustrada,
sino la esperanza que se basa en la seguridad de la justificación y es sostenida
por la presencia del Espíritu Santo en el corazón (Rom. 8: 16). Esta esperanza
nunca defrauda ni avergüenza.
El amor de Dios.
Puede entenderse
o como el amor de Dios por nosotros, o nuestro amor por Dios. Los versículos
siguientes parecen indicar que es el amor de Dios por nosotros, el cual Dios ha
revelado en Cristo. La esperanza del cristiano no se basa en nada que haya en el
creyente, sino en la seguridad del inmutable amor de Dios para él. Esta
certidumbre del amor de Dios nos induce a su vez a amar al Señor (1 Juan 4: 19)
y a nuestros prójimos (vers. 7), y esta experiencia de amor fortalece la
confianza y la esperanza para el futuro. El amor de Dios para nosotros es la
base de nuestra seguridad de que la esperanza no nos causará la vergüenza de ser
defraudados.
Ha sido derramado.
La dádiva de las bendiciones
espirituales con frecuencia se describe como un "derramamiento". " "Mi Espíritu
derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos" " (Isa. 44:3;
cf. Joel 2:28-29; 522 Juan 7:38-39; Hech. 2:17-18, 33; 10:45; Tito 3:5-6). Esta
figura era especialmente significativa en los países del Cercano Oriente debido
al calor y a la frecuente escasez de agua. "Derramado" también puede sugerir la
riqueza y la abundancia del amor de Dios y de sus bendiciones.
Corazones.
Ver com. cap. 1: 21.
El Espíritu Santo.
Esta es la primera vez que Pablo menciona en esta epístola al Espíritu
Santo, de cuya presencia y actividad en la vida cristiana tiene más que decir
posteriormente (ver especialmente el cap. 8). El Espíritu Santo derrama amor en
nuestro corazón testificando de Jesús (Juan 15: 26; 16: 14), y cuando
contemplamos la gloria, la perfección y el amor de Jesús, somos transformados a
su imagen bajo la influencia del Espíritu (2 Cor. 3: 18).
Que nos fue
dado.
O "quien fue dado". Pablo puede estarse refiriendo especialmente
al don concedido en Pentecostés (Hech. 2: 1-4, 16-17), pero además también al
caso especial de cada creyente (ver Hech. 8: 15; 19: 2; 2 Cor. 1: 22; 5: 5; Gál.
4: 6; Efe. 1: 13; 4: 30). El Espíritu Santo es presentado como viviendo en
nosotros (1 Cor. 3: 16; 6: 19).
6. Porque
Cristo, cuando.
Pablo prosigue con su demostración de que la esperanza
del cristiano, basada en el amor de Dios, no puede fallar. Describe la inmensa
grandeza de ese amor, tal como se reveló en el hecho de que Cristo murió por
nosotros cuando aún estábamos desvalidos y éramos impíos.
Débiles.
"Sin fuerzas" (BJ). Pablo está hablando de la condición de impotencia
explicada en los capítulos precedentes. La palabra que aquí se usa con
frecuencia se aplica en griego a los que están enfermos y débiles (Mat. 25: 39;
Luc. 10: 9; Hech. 5: 15). En Hech. 4: 9 se ha traducido como "enfermo",
descripción muy adecuada de la condición del pecador antes de aceptar la gracia
salvadora y el poder de Dios. La referencia de Pablo a la impotencia y a la
debilidad del pecador no regenerado contrasta con su descripción del creyente
justificado, que ahora se regocija mientras se fortalece en esperanza, en
paciencia, en carácter y en la seguridad del amor de Dios.
A su tiempo.
O "a su debido tiempo" . En esencia, esta frase es semejante a " "el
cumplimiento del tiempo" (Gál. 4: 4; cf. Mar. 1: 15). Durante miles de años se
había permitido que el intento de lograr la justificación por medio de las obras
siguiera su curso. Pero los más fanáticos legalistas judíos y los más destacados
intelectuales griegos y romanos no habían podido idear ninguna fórmula que
pudiera curar los males del mundo, salvando a los hombres del pecado y de la
muerte. Por el contrario, el pecado y la degradación habían llevado a los
hombres hasta su máxima profundidad cuando Jesús vino a esta tierra. En muchos
casos los hombres y las mujeres se habían entregado completamente al dominio de
Satanás, y el mismo sello de los demonios estaba impreso en sus semblantes. De
esa manera se había demostrado ante el universo que la humanidad apartada de
Dios nunca podría ser restaurada. Y a menos que el Creador impartiera algún
nuevo elemento de vida y de poder, no había esperanza para la salvación del
hombre (ver DTG 26-28). Este momento decisivo fue cuando Cristo vino a morir por
los impíos.
Este también fue el "tiempo señalado", porque era el tiempo
predicho por el profeta Daniel en que moriría el Mesías (Dan. 9: 24-27; cf. Juan
13: 1; 17: 1).
También era el tiempo "debido" porque las condiciones del
mundo habían preparado el corazón de muchos para que recibieran con alegría las
buenas nuevas del Evangelio. Por todo el mundo había hombres y mujeres que se
habían cansado del ritual interminable y vacío de la religión legalista, y
anhelaban ser liberados del pecado y de su poder. Además, por voluntad de la
divina providencia el mundo estaba unido bajo un solo gobierno, predominaba un
idioma: el griego, y el pueblo judío se había esparcido entre las naciones, lo
que hacía posible una rápida difusión de las nuevas de la salvación.
Cristo vino y murió cuando el mundo tenía la mayor necesidad de él, en
el tiempo predicho y cuando su sacrificio podía cumplir mejor su propósito de
revelar la justicia y el amor de Dios para la salvación del hombre caído. Ver
com. Gál. 4: 4.
Por los impíos.
"Por" o "en favor de" o "para
provecho de impíos". En cuanto al significado del término "impíos", ver com.
cap. 4: 5. Pablo no sugiere que Cristo murió por "los impíos" como una clase
diferente de "los piadosos", sino por todos como impíos. En el texto griego no
se usa el artículo. Cristo murió por nosotros, los impíos. Si pretendemos que no
nos contamos entre los impíos, nos excluimos de los beneficios de la expiación
de Cristo, como lo hicieron los judíos (ver Luc. 5: 31; 1 Juan 1: 10).
7. Apenas.
Gr. mólis , "con
dificultad", "difícilmente", "apenas". El propósito de los vers. 7 y 8 es
ilustrar la grandeza del amor de Dios comparándolo con lo máximo que los hombres
podrían estar dispuestos a hacer. Es muy difícil, diríamos casi imposible, que
entre los hombres haya uno que esté dispuesto a dar su vida aun por una persona
justa; pero lo maravilloso del amor de Cristo por nosotros fue que estuvo
dispuesto a morir por los impíos pecadores.
El bueno.
Según
algunos comentadores, Pablo establece aquí una distinción entre "justo" y
"bueno", aunque tal distinción no es nítida. Según parece, generalmente se
acepta que el "justo" es aquel que es estrictamente recto e inocente, y fiel en
cumplir todos los deberes que se le piden; y que el "bueno" no es solamente
recto, sino además amable y generoso, y siempre bien dispuesto a hacer favores a
otros. Por lo tanto, Pablo está diciendo que aunque uno difícilmente estaría
dispuesto a morir por una persona correcta y estrictamente justa, y que por lo
mismo impone respeto, sí podría posiblemente estar dispuesto a dar la vida por
una persona noble y generosa -aunque no estrictamente justa- que inspira amor y
afecto.
" "Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por
sus amigos" " (Juan 15: 13). Pero Pablo destaca que esto es lo máximo que se
puede esperar del amor humano. Es remotamente posible que alguien estuviera
dispuesto a sacrificarse por un amigo a quien ama de verdad, que es muy bueno y
muy bondadoso. Pero el amor de Dios por sus hijos descarriados es tan grande,
que Jesús murió por nosotros cuando éramos impíos y enemigos rebeldes.
8. Muestra.
Gr. suníst'mi , que
también podría traducirse como "establecer", "probar" " (ver com. cap. 3: 5).
"Dios probó su amor hacia nosotros" (NC). De modo que el pasaje podría
traducirse: "Dios da una prueba de su amor para con nosotros". Este verbo
también tiene el significado de "recomendar" (ver Rom. 16: 1; 2 Cor. 4: 2). La
muerte de Cristo por los pecadores no sólo demuestra o prueba que el amor de
Dios es una realidad, sino que también coloca ese amor ante nosotros en toda su
grandeza y perfección.
La flexión del verbo indica que Dios continúa
probando y realzando su amor por nosotros. El sacrificio de Cristo permanece
como la demostración máxima de ese amor. Jesús murió una vez por todos, pero en
los resultados permanentes de su muerte tenemos una prueba constante del amor de
Dios por cada uno de nosotros.
Su amor.
Literalmente "su propio
amor". El amor del Padre fue manifestado en la muerte de Cristo. Este hecho
vital debe ser reconocido para poder comprender correctamente la expiación (ver
com. cap. 3: 25). Cristo no murió para apaciguar a su Padre o para inducirlo a
que nos ame. El amor divino fue el que concibió en el principio el plan de la
expiación y de la salvación, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han
colaborado en perfecta armonía para efectuarlo (Juan 3: 16; 10: 30; 14: 16, 26;
15: 26; 17: 11, 22-23; Rom. 3: 24; 8: 32; Efe. 2: 4-7; 2 Tes. 2: 16; 1 Juan 4:
10).
A algunos les resulta difícil conciliar este concepto del eterno
amor de Dios con la ira divina que se menciona frecuentemente. Pero la ira
divina es el antagonismo de Dios contra el pecado, lo que finalmente resultará
en su erradicación completa del universo. Mientras los hombres elijan permanecer
bajo el dominio del pecado, estarán bajo la ira de Dios (ver com. Rom. 1: 18).
Su amor por los pecadores fue lo que indujo a Dios a dar a su Hijo para que
muriera, y él se dio a sí mismo en ese sacrificio expiatorio (2 Cor. 5: 19).
Aún pecadores.
En el hombre no había nada que mereciera el amor
de Dios. El hipotético hombre "bueno" del vers. 7 era benévolo, amable e
inspiraba afecto. Pero el amor de Dios para con nosotros no fue una respuesta a
amor alguno que hubiéramos tenido por él, pues éramos sus enemigos. " "En esto
consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos
amó a nosotros" " (1 Juan 4: 10).
Por.
Gr. hupér , que puede
entenderse "a causa de", "en lugar de". Pablo no dice únicamente que Cristo
murió "en lugar de nosotros", como "propiciación" (cap. 3: 25), "ofrenda y
sacrificio" por nosotros (Efe. 5: 2) y "rescate por todos" (1 Tim. 2: 6). Si la
muerte de Cristo hubiera sido involuntario habría sido suficiente para decir que
murió "en lugar de nosotros"; pero Pablo también afirma que Cristo murió "por
nosotros" a causa de nosotros. Como nuestro Paladín, Amigo y Hermano, deliberada
y voluntariamente dio su vida por causa de nosotros, porque nos amaba (Efe. 5:
2). Mediante este sacrificio se convirtió en nuestro Representante, pues cuando
" "uno murió por todos, luego todos murieron" " (2 Cor. 5: 14). De modo que es
correcto decir que Cristo murió "en lugar de nosotros" y "a causa de nosotros",
y la sencilla preposición "por" resulta adecuada para enlazar ambas ideas.
9. Pues mucho más.
Si Cristo murió
por nosotros siendo aún pecadores, es seguro que nos salvará ahora que estamos
justificados. Si su amor fue tan grande que dio su vida por sus enemigos,
ciertamente salvará a sus amigos de la ira (vers. 10).
En su sangre.
Es decir, por su muerte, la dádiva de su vida perfecta en el sacrificio
expiatorio (ver com. cap. 3: 25). Pablo habla aquí de la justificación como
efectuada "por su sangre" en vez de ser "por la fe", debido a que está
considerando la justificación desde el punto de vista de Dios. Nuestra fe no
añade nada a la dádiva de Dios, sólo la acepta. El precio infinito que fue
pagado por nuestra redención no sólo revela el maravilloso amor de Dios, sino
también cómo valora Dios al ser humano. El razonamiento de Pablo es que si Dios
nos ama tanto que estuvo dispuesto a pagar un precio infinito por nuestra
justificación, con seguridad guardará lo que ha sido comprado a tan elevado
precio.
De la ira.
Es decir, de la ira venidera de Dios (ver 1
Tes. 1: 10; com. Rom. 1: 18; 2: 5).
10. Enemigos.
Pablo repite y magnifica el argumento del
vers. 9.
Reconciliados.
Gr. katallássÇ . Esta palabra significa
primeramente "intercambiar", y por lo tanto se refiere a un cambio en la
relación de dos partes hostiles que conciertan un arreglo pacífico. Podría
indicar tanto el fin de una enemistad mutua como el de una enemistad unilateral,
y el contexto debe determinar a qué se refiere. El pecado ha separado al hombre
de Dios, y el corazón humano está en guerra con los principios de la ley de Dios
(cap. 1: 18 a 3: 20; 8: 7); sin embargo, Dios dio a su Hijo para que el hombre
de tendencias pecaminosas y rebelde pudiera ser reconciliado (Juan 3: 16).
En ningún lugar de la Biblia se presenta a Dios como reconciliándose con
el hombre por estar enemistado con él. Más bien tomó la iniciativa para
reconciliar al mundo consigo (2 Cor. 5: 18 -19). La muerte de Cristo hizo
posible que Dios hiciera por el hombre lo que no podría haber hecho de otra
manera (ver com. Rom. 3: 25-26). Al llevar el castigo de las transgresiones,
Cristo abrió un camino por el cual el hombre pudiera ser restaurado al labor de
Dios y volver a su hogar edénico (ver PP 55). Si no hubiera sido por el
sacrificio de Cristo, todos los hombres habrían cosechado los resultados
inevitables del pecado y de la rebelión al ser finalmente destruirlos por la ira
de Dios (Rom. 2: 5; 3: 5; 5: 9; 1 Tes. 1: 10).
Esto no significa que
Dios necesitaba ser reconciliado; era el hombre quien se había alejado de su
Hacedor y enemistado con él (Col. 1: 21). Dios es quien en su gran amor inicia
la reconciliación. "Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo" (2 Cor. 5: 19;
cf. Efe. 2: 16; Col. 1: 20). Aunque Dios odia profundamente el pecado, su amor
por los pecadores es aún más profundo. No escatimó nada, por costoso que fuera,
para que se efectuara la reconciliación (ver DTG 39). Cristo no murió para ganar
el amor de Dios para el hombre, sino para que el hombre pudiera volver a Dios
(ver com. Rom. 5: 8). El plan de Dios y los medios que ha provisto para la
reconciliación del hombre en realidad fueron concebidos en la eternidad pasada,
antes de que el hombre pecara (Apoc. 13: 8; cf. PP 48; DTG 773-774). De este
modo, anticipando el sacrificio expiatorio, fue posible que la fe de Abrahán le
fuera contada por justicia (Rom. 4: 3), y que el patriarca fuera considerado
amigo de Dios (Sant. 2: 23) mucho antes de que en realidad Cristo muriera en la
cruz.
El argumento de Pablo en esta primera parte de Rom. 5 es que como
tenemos una evidencia tan abrumadora del ilimitado amor de Dios, aun para los
pecadores separados de él, es completamente seguro el fundamento que tenemos
sobre el cual basar nuestra paz, nuestro gozo y nuestra esperanza en la
salvación final.
La referencia en este versículo a la reconciliación,
paralela con la justificación del vers. 9, confirma nuevamente la idea de que la
justificación no es sólo perdón sino también la renovación de una relación de
amor (ver com. cap. 3: 20, 28; 4: 25; 5: 1).
Muerte.
Lo mismo
que la "sangre" del vers. 9, por la cual fue alcanzada la justificación.
Por su vida.
Literalmente "en su vida". Podía entenderse como
una referencia a que somos salvados por una unión personal con el Salvador
viviente, quien vive siempre para interceder por nosotros (Heb. 7: 25; cf. Rom.
4: 25). Jesús dijo: "Porque yo vivo, vosotros"también viviréis" (Juan 14: 19;
cf. Rom. 8: 11; Gál. 2: 20). Si la muerte de Cristo tenía tanto poder salvífico
como para efectuar nuestra reconciliación, cuánto más poder tendrá su vida de
resucitado para hacer que nuestra salvación llegue a su gozoso cumplimiento.
11. No sólo esto.
Pablo menciona
otro de los resultados de la justificación por la fe. Ya ha dicho que nos
regocijamos en las tribulaciones y en la esperanza de la gloria de Dios (vers.
2-3). Ahora añade que "también nos gloriamos en Dios".
Gloriamos.
Gr. kaujáomai (ver com. vers. 23).
En Dios.
No tenemos
en nosotros mismos nada de qué gloriarnos (cap. 3: 27; 4: 2), pero sí una gran
razón para que nos gloriemos en Dios, especialmente en vista de su amor salvador
(Jer. 9: 23-24; Rom. 5: 5-10; 1 Cor. 1: 31; 2 Cor. 10: 17).
El cristiano
se regocija en la bondad de Dios y en el hecho de que el universo está bajo el
dominio de Dios. El pecador se opone a Dios y no halla placer en él. O le tiene
miedo a Dios, o lo odia. Una evidencia de que estamos verdaderamente convertidos
y reconciliados con Dios, es que nos regocijamos en él y hallamos placer en
contemplar sus perfecciones como se revelan en la Biblia.
Por el Señor
nuestro.
Los escritores del NT destacan continuamente la mediación de
Cristo en todos los actos y experiencias de la vida cristiana. Nos regocijamos
en Dios por Jesucristo, quien nos ha revelado el verdadero carácter de su Padre
y nos ha reconciliado con él.
Reconciliación.
Pablo no se está
refiriendo al medio por el cual se efectúa la reconciliación (Rom. 3: 25), sino
al hecho de la reconciliación (cap. 5: 10).
12. Por tanto.
El pasaje que aquí comienza ha sido
considerado por muchos como el más difícil del NT, o acaso de toda la Biblia;
pero la dificultad parece consistir principalmente en que se ha tratado de
usarlo para propósitos que no son los de Pablo. La principal meta del apóstol
parece haber sido destacar los abarcantes resultados de la obra de Cristo,
comparando y contrastando las consecuencias de su acto de justificación con el
efecto del pecado de Adán.
"Por tanto" quizá sea una referencia
retrospectiva a la descripción de los vers. 1-11, de la obra salvadora de Cristo
que reconcilia y justifica al pecador extendiéndole la esperanza de la salvación
final.
Pecado.
Pablo comienza una personificación del pecado:
"entró en el mundo", "reinó para muerte" " (vers. 21), produce la muerte (cap.
7: 13), tiene dominio sobre nosotros (cap. 6: 14), genera toda suerte de
concupiscencias (cap. 7: 8), engaña y da muerte al pecador (cap. 7: 11).
Compárese cap. 5: 12-13, 20-21 con vers. 15-18. Debido a la
"desobediencia" de Adán el principio del "pecado" entró en el mundo. El "pecado"
a su vez se convirtió en la fructífera raíz de innumerables "desobediencias". En
toda esta sección se hace una distinción entre "pecado" como el principio y
esencia de la impiedad (ver com. 1 Juan 3: 4), y el acto concreto del pecado, o
sea la "desobediencia". Pablo usa en Rom. cap. 5 tres diferentes palabras para
describir el mal que se opone a la voluntad de Dios: hamártema (vers. 12-13,
20-2l); paráptoma (15-18, 20); y parakoé (vers. 19). La primera siempre se
traduce "pecado" en la RVR; la segunda, "transgresión", y la tercera,
"desobediencia"; pero la BJ la traduce "delito" (vers. 19). En otros cap. Pablo
utiliza también hamártema , que significa un pecado específico, y no el pecado
en general (Rom. 3: 25). También usa el sustantivo anomía , "lo que está fuera
de la ley" o "ilegalidad", que se traduce "iniquidad" " (Rom. 4: 7; 6: 19; 2
Tes. 2: 7), pero que la BJ traduce "impiedad" y "maldad"." En 2 Cor. 6: 14
anomía ha sido traducida en la RVR como "injusticia" .
Entró en el
mundo.
Pablo representa al pecado como un intruso que viene de afuera y
entra en el ámbito de la humanidad. El término "mundo" se usa con frecuencia
para referirse a la raza humana (Rom. 3: 19; 11: 15; cf. Juan 3: 16-17). Pablo
no se ocupa del origen del mal. El primer hombre violó la ley de Dios y en esa
forma se introdujo el pecado entre los hombres.
Por un hombre.
Con estas palabras Pablo continúa la comparación entre los efectos de
pecado de Adán y los de la redención de Cristo, pero presenta sólo la primera
parte de la comparación. Después de exponerlo e su manera característica, se
detiene para tratar algunos problemas implicados en lo que ya ha dicho. Esta
digresión corresponde con los vers. 13 a 17; sin embargo, Pablo parece retomar
su argumento principal en el vers 15.
Si Pablo hubiese completado la
comparación, hubiera sido más o menos así: "Como el pecado entró en el mundo por
un hombre, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres
por cuanto todos pecaron; así también por un hombre, Jesucristo, la
justificación entró en el mundo, y la vida por medio de la justificación, de
modo que, siendo todos justificados por la fe, pudieran ser salvos". Philip
Schaff ha observado acertadamente: "El apóstol podría haber evitado a los
comentadores muchísimas dificultades si, de acuerdo con las reglas usuales de la
composición, primero hubiera presentado la comparación en pleno, y después
hubiera expuesto las explicaciones y las distinciones. Pero en las Escrituras
esas dificultades gramaticales por lo general son superadas por una
investigación más profunda y una aclaración del sentido" (Nota editorial en el
Commentary de Lange, com. Rom. 5: 12).
Los puntos principales de
comparación que Pablo destaca en este pasaje son: que así como el pecado y la
muerte -como un principio y un poder- derivaron de Adán y pasaron a toda la raza
humana, así también la justificación y la vida -como un principio y un poder que
contrarresta y vence al pecado y al mal- derivaron de Cristo para toda la
humanidad; y que así como la muerte había pasado a todos los hombres que
participaron del pecado de Adán, así también la vida ha pasado a todos los que
participan de la justicia de Cristo. Sin embargo, este paralelismo no es
perfecto, pues la participación en el pecado de Adán es general, mientras que la
participación en la justicia de Cristo se limita a los creyentes. Todos los
hombres son pecadores, y aunque la justicia de Cristo es igualmente universal en
poder y propósito, no todos son creyentes. Además, lo que Cristo ha ganado
supera a lo que perdió Adán (ver DTG 16).
Por el pecado la muerte.
Antes de que entrara el pecado, Dios había advertido a Adán que la
muerte sería el resultado del pecado (Gén. 2: 17); y después de que entró el
pecado, Dios pronunció la sentencia: "Polvo eres, y al polvo volverás" " (Gén.
3: 19).
La Biblia habla de tres muertes: (1) La muerte espiritual (Efe.
2: 1; 1 Juan 3: 14); (2) la muerte transitoria, o sea la "primera muerte" que
Jesús describe como un "sueño" (Juan 11: 11-14; Apoc. 2: 10; 12: 11); y (3) la
muerte eterna, o sea "la segunda muerte" (Mat. 10: 28; Sant. 5: 20; Apoc. 2:11;
20: 6, 14; 21: 8). Se ha discutido mucho en cuanto a la clase de muerte que
sobrevino por el pecado de Adán, y especialmente en cuanto a la clase de muerte
que ha pasado a su posteridad (ver el com. de "la muerte pasó"). Gran parte de
esta dificultad se debe a que por lo general se ha tergiversado el concepto que
se tiene de la naturaleza de la muerte. Sin embargo, Pablo no parece preocuparse
de esos problemas en este contexto, sino que sólo destaca el hecho histórico de
que "el pecado entró en el mundo" por medio de Adán, y la muerte fue su
consecuencia. Antes de la transgresión de Adán no había pecado ni muerte en este
mundo; ambos se presentaron después. Por lo tanto, la transgresión de Adán fue
la causa del pecado y de la muerte. El contraste importante radica entre la
muerte como resultado del pecado de Adán, y la vida como resultado de la
justicia de Cristo. El argumento de Pablo es que la dádiva de la vida y los
beneficios que logró Cristo, son mucho mayores que los efectos del pecado de
Adán. La nota tónica de este pasaje es: " "sobreabundó la gracia" (Rom. 5: 20).
La muerte pasó.
Gr. diérjomai , "atravesar", "recorrer",
"penetrar". La oración podría traducirse: "La muerte se extendió a todos los
hombres". El verbo sugiere que la muerte se abrió paso hasta cada miembro de la
familia humana.
A todos los hombres.
Equivale a la frase previa
"en el mundo", pero difiere de ella, ya que las partes concretas son diferentes
de un todo abstracto. "Pasó" (ver com. "la muerte pasó") tiene un matiz
diferente del término "entró", así como ir de casa en casa es diferente de
entrar en una ciudad.
Esta declaración de que la pena de muerte
pronunciada sobre Adán ha pasado a todos los hombres, demuestra que la sentencia
contra Adán (Gén. 2: 17) no se refería a la "segunda muerte" (ver com. "por el
pecado la muerte"; CS 599). La segunda muerte no puede transmitiese a otros,
pues sobrevendrá como resultado del juicio final, acerca del cual se afirma
claramente: " "Fueron juzgados cada uno según sus obras" " (Apoc. 20: 12-13). El
juicio final de Dios y la sentencia final de muerte eterna se basan en la
responsabilidad personal e individual (Rom. 2: 6). Todos los hombres descienden,
sin excepción, a la sepultura, y en este respecto todos comparten el castigo de
la transgresión de Adán. El derecho a la vida se perdió debido a la
transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no poseía (ver
CS 588). En este sentido "en Adán todos mueren" (1 Cor. 15: 22).
Si no
hubiera sido por el plan de salvación, el resultado del pecado de Adán habría
sido la muerte eterna; pero mediante las estipulaciones de este plan, todos los
miembros de la familia de Adán sean buenos o malos serán sacados de sus tumbas
(Hech. 24: 15; cf. 1 Cor. 15: 22). En ese tiempo todos verán y reconocerán
claramente que los que se pierdan eternamente sufrirán sólo por causa de sus
propios pecados. No podrán culpar a Adán por su destino. Los que "hicieron lo
bueno", que por fe aceptaron la justicia de Cristo y la hicieron suya, saldrán "
"a resurrección de vida" " (Juan 5: 29). "La segunda muerte no tiene potestad
sobre éstos" (Apoc. 20: 6). Pero "los que hicieron lo malo", los que han
rechazado la justificación en Cristo y no han alcanzado el perdón por medio del
arrepentimiento y la fe, saldrán para "resurrección de condenación" (Juan 5:
29). Recibirán el castigo de la transgresión, "la paga" final "del pecado" (Rom.
6: 23): "la muerte segunda" (ver CS 599).
Por cuanto.
Gr. ef´ ho
. Estas palabras, que se han traducido de diferentes maneras, han dado motivo a
muchas controversias teológicas; sin embargo, parece claro que su significado es
sencillamente "por lo cual", "pues que" (RVA). En el griego clásico esta
expresión por lo general significaba "con la condición de que", pero no coincide
con la forma en que se la usa en el NT Compárese su empleo en 2 Cor. 5: 4; Fil.
3: 12; 4: 10.
Todos pecaron.
La flexión del verbo es la misma
del cap. 3: 23. El principal propósito de Pablo no es destacar el hecho de que
todos los hombres individualmente "pecaron" y que por esa razón la muerte es la
suerte de todos (ver com. cap. 5: 13). Una interpretación tal no corresponde con
el contexto, pues en el vers. 14 Pablo añade que hasta los días de Moisés los
hombres "no pecaron a la manera de la transgresión de Adán".
Cuando Adán
y Eva se rebelaron contra Dios, no sólo perdieron su derecho al árbol de la vida
-lo que resultó inevitablemente en su muerte y en la transmisión de ésta a sus
descendientes-, sino que por causa del pecado también se depravó su naturaleza,
con lo cual disminuyó su resistencia al mal (ver PP 45). De esa manera Adán y
Eva transmitieron a su posteridad la tendencia al pecado y el sometimiento a su
castigo: la muerte. Por su transgresión el pecado se introdujo como un poder
infeccioso en la naturaleza humana antagónica a Dios, y esa infección ha
continuado desde entonces. Debido a esa infección de la naturaleza humana, que
se remonta al pecado de Adán, los hombres deben nacer nuevamente (ver com. cap.
3: 23; 5: 1).
En cuanto a la transmisión de una naturaleza pecaminosa de
padre a hijo, debiera tenerse en cuenta lo siguiente: "Es inevitable que los
hijos sufran las consecuencias de la maldad de sus padres, pero no son
castigados por la culpa de sus padres a menos que participen de los pecados de
ellos. Sin embargo, generalmente los hijos siguen los pasos de sus padres. Por
la herencia y por el ejemplo los hijos llegan a ser participantes de los pecados
de sus progenitores. Las malas inclinaciones, el apetito pervertido, la
moralidad depravada, además de las enfermedades y la degeneración física, se
transmiten como un legado de padres a hijos hasta la tercera y cuarta
generación" (PP 313-314).
13. Antes de la
ley.
Literalmente "hasta ley" , "hasta la ley" (BJ) (ver com. cap. 2:
12); es decir, durante el período entre Adán y Moisés (cap. 5: 14). Aunque en
este contexto "ley" claramente se refiere a la ley que Dios dio en el tiempo de
Moisés, se omite el artículo. Todos están igualmente sometidos a la muerte.
Pablo trata de demostrar que además de la culpabilidad individual por los
pecados personales, hay algo más en acción: el resultado y el efecto de la caída
de Adán. Todos sus descendientes comparten los efectos de esa caída, porque la
muerte y la tendencia al pecado son males que se heredan.
Había pecado
en el mundo.
Pablo enuncia una verdad que sus lectores no refutarán.
Inculpa.
Gr. ellogéo , palabra diferente de la que se tradujo
como "cuenta", "imputa", "atribuye" (ver com. cap. 4: 4-6; etc.). En el NT sólo
aparece aquí y en File. 18, y significa "poner a la cuenta de uno". Su
significado se puede ver en los papiros, cuando dos mujeres escriben a su
mayordomo: "Carga a nuestra cuenta todo lo que gastes en el cultivo de la
propiedad".
Pablo no quiere decir que los gentiles, que no tenían la ley
escrita, estaban sin pecado. Ya ha advertido que todos, judíos y gentiles, "
"pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" " (Rom. 3: 23) porque "todos
pecaron" (cap. 5: 12). De modo que los gentiles no estaban sin pecado. Estaban
obligados a obedecer la ley hasta donde les había sido revelada (ver com. cap.
1: 20; 2: 14-15). El pecado, que había estado en el mundo desde la transgresión
original de Adán, puede definirse como una falta de conformidad con la voluntad
de Dios, ya sea en hechos, inclinaciones o naturaleza.
El pensamiento de
Pablo en este pasaje es que ya sea que los hombres hayan tenido o no un
conocimiento explícito de la voluntad de Dios (cap. 5: 14), "todos pecaron" y
están sometidos a la herencia de muerte (cf. vers. 12). La transgresión de Adán,
aunque fue sólo un acto, ocasionó que el pecado como un principio y un poder
entrara en el mundo. Aun cuando no haya transgresiones personales, como en el
caso de los niñitos, los seres humanos están sujetos a la muerte. Pablo pone de
relieve la universalidad del pecado y de la muerte, de modo que, por contraste,
pueda realzar la universalidad de la gracia.
14. Reinó la muerte.
Pablo personifica a la muerte así como
antes personificó al pecado (ver com. vers. 12). Destaca el reinado universal de
la muerte como evidencia del arrollador efecto del pecado de Adán. Y esa tiranía
de la muerte habría sido eterna si no hubiera sido por el Evangelio.
A
la manera de la transgresión.
Es decir, en la misma forma en que pecó
Adán: en contra de una orden expresa. Aunque los hombres sólo tenían un
imperfecto conocimiento de la voluntad de Dios, tal como les era revelado por la
naturaleza y la conciencia (cap. 1: 20; ver com. cap. 2: 15), en cierta medida
eran culpables (Mat. 10: 15); pero descontando los posibles grados de
culpabilidad individual, la muerte reinaba igualmente sobre todos. Hasta los
niñitos estaban bajo su dominio.
Figura.
Gr. túpos , "tipo",
palabra que aparece varias veces en el NT, pero ha sido traducida de diferentes
maneras: "forma" (Rom. 6: 17), "señal" (Juan 20: 25), " "modelo" (Hech. 7: 44),
"términos" (Hech. 23: 25), "ejemplo" (Fil. 3: 17), "figura" (Heb. 8: 5).
Básicamente significa la impresión hecha mediante un molde. Por eso ha llegado a
significar "copia", "figura", también "modelo", "ejemplo".
Pablo no se
ocupa de todas las posibles implicaciones de lo que ha dicho, sino que
sencillamente enfoca su atención en lo principal, a saber, que los efectos del
pecado de Adán se han transmitido a todos los hombres. El principio y el poder
del pecado y de la muerte se han propagado a todos los descendientes de Adán.
Debido a que lo que éste hizo afectó a toda la raza humana, es un símbolo de
Aquel cuya vida justa ha dado como resultado la transmisión del principio y el
poder de la justificación y la vida para todos los que nacen nuevamente y se
incorporan a su familia (Juan 1: 12-13).
Había de venir.
Compárese con " "el que había de venir" de Mat. 11: 3; Luc. 7: 19. Adán
era un símbolo de Cristo porque ambos eran representantes de toda la familia
humana. Adán era el representante y el autor de la humanidad caída; Cristo el
representante y autor de la humanidad restaurada. Por eso Cristo es llamado "el
postrer Adán" (1 Cor. 15: 45), "el segundo hombre" (vers. 47; cf. CS 705). Sin
embargo, no sólo hay un parecido sino también una gran diferencia entre la obra
de los dos Adanes, como Pablo sigue explicando.
15. El don.
Gr. járisma , vocablo derivado de járis ,
"gracia" (ver com. cap. 3: 24), que significa "acto de gracia", "don de gracia".
Járisma se usa para los dones sobrenaturales que son dados por el Espíritu Santo
(1 Cor. 12: 4, 31). Pablo está estableciendo su primer contraste entre el efecto
del pecado de Adán y el de la obra de Cristo. No hay comparación entre la caída
que aparta de la justicia y el don de la gracia.
Transgresión.
Gr. parápt Ç ma . Literalmente, "resbalón", "paso en falso", "desatino".
Es una palabra apropiada para describir la forma en que Adán se apartó de la
rectitud.
De aquel uno.
Literalmente "del uno", es decir de
Adán.
Los muchos.
Equivale a "todos", como se ve por la frase "
"todos los hombres" del vers. 18.
Abundaron.
Gr. perisséu Ç,
"sobrar", "abundar"." Ver el uso de este verbo en Rom. 3: 7; 1 Cor. 14: 12; 2
Cor. 1: 5; etc.
Para los muchos.
Cristo murió por toda la raza
humana (2 Cor. 5: 14-15; Heb. 2: 9; 1 Juan 2: 2). El ofrecimiento de la
salvación es para todos los hombres (Mat. 11: 28-29; Mar. 16: 15; Juan 7: 37;
Apoc. 22: 17). Así se ha dispuesto lo necesario para hacer frente a todos los
males causados por la caída de Adán. Esta salvación es tan abarcante en su
aplicación, como lo fue la desgracia ocasionada por el pecado.
Sin
embargo, este don de la justificación no tiene validez a menos que sea aceptado
por la fe (Juan 3: 16), y no todos los hombres eligen creer. Aunque es amplísimo
lo que se ha dispuesto para la salvación de todos, son comparativamente pocos
los que aceptan la gracia ofrecida (Mat. 22: 14). No hay límites para el don en
sí, pero de la voluntad humana depende el aceptarlo.
La gracia.
Ver com. cap. 3: 24. Para Pablo la gracia de Dios no sólo es su favor
inmerecido, sino también el poder salvador de su amor mediante Jesucristo.
Don.
Se define en el vers. 17 como "don de la justicia"."
De un hombre.
Gr. "del un hombre", es decir, de Cristo.
16. De aquel uno que pecó.
Literalmente "y no como por uno que pecó". Pablo dice que no hay
comparación entre "el don" de Cristo y los resultados del pecado de Adán.
Juicio.
Gr. kríma , "decisión", "sentencia". El pecado de Adán
resultó en una sentencia condenatoria.
A causa de un solo pecado.
"La sentencia partiendo de uno solo" (BJ). El griego permite entender
"de un hombre solo", refiriéndose a "aquel uno que pecó"; o podría referirse a
"un solo pecado", en vista del paralelismo con "muchas transgresiones". En ambos
casos es claro el pensamiento de Pablo.
Condenación.
Adán había
recibido una orden específica: "No comerás"; y junto con la orden había un
castigo: "El día que de él comieres, ciertamente morirás" (Gén. 2: 17). Por lo
tanto, su pecado fue una clara transgresión de una ley, y fue inmediatamente
"inculpado" o tenido en cuenta su pecado (ver com. Rom. 5: 13). Sobre él recayó
la sentencia condenatoria con toda justicia. Pero la sentencia pronunciada sobre
el primer hombre se ha extendido en sus efectos sobre todos sus descendientes.
El don.
"Don gratuito" (VM). "Obra de la gracia" (BJ). Gr.
járisma , "don, o dádiva que se concede como un favor o por gracia". Deriva de
jaris , "gracia" " (ver com. cap. 3: 24). Este don gratuito es definido como "
"el don de la justicia" (cap. 5: 17). En la RVR aparece dos veces la palabra
"don" en este versículo. En el primer caso corresponde con el vocablo drama
(traducido como "don" tanto en la BJ como en la VM); en el segundo caso, se
trata de járisma ( "don gratuito" en la VM y "obra de la gracia" en la BJ).
De muchas transgresiones.
La transgresión de Adán fue seguida
por muchas otras suyas y de sus descendientes, y cada una merece condenación;
pero cada una dio motivo para que se revelara la gracia inmerecida de Dios y su
perdón, y de ese modo el don gratuito "vino a causa de muchas transgresiones
para justificación", para los que aceptan esa dádiva.
Justificación.
Gr. dikái Ç ma , generalmente "acto de justicia", "requerimiento",
"decreto" " (ver com. cap. 2: 26); sin embargo, Pablo parece emplear aquí dikái
Ç ma por dikái Ç sis , "justificación" (ver com. cap. 4: 25). La prosodia del
idioma griego podría ser una razón para que aquí se emplee dikái Ç ma . Las
palabras griegas traducidas "don", "juicio", "condenación", "don gratuito" (VM),
"transgresiones", terminan todas en ma . Sería razonable que Pablo hubiera usado
dikái Ç ma como un recurso literario.
17. Reinó la muerte.
Ver com. vers. 14.
Mucho más.
El contraste en este versículo está entre transgresión y gracia, muerte
y vida, Adán y Cristo.
Reinarán.
Pablo menciona dos veces el
reinado de la muerte, y ahora lo contrasta con el reinado de la vida. La Biblia
presenta con frecuencia a los santos reinando en el más allá: "Si sufrimos,
también reinaremos con él" (2 Tim. 2: 12; cf. Luc. 22: 30; Apoc. 3: 21; 20: 6;
22: 5). El plan de redención restaura todo lo que se perdió por el pecado.
Cuando la tierra sea renovada y se convierta en el hogar eterno de los
redimidos, se cumplirá plenamente el propósito original de Dios para la creación
del mundo (ver CS 732); se recuperará el dominio que perdió el hombre (ve PR
502, 503). " "Los justos heredarán la tierra y vivirán para siempre sobre ella"
" (Sal 37: 29).
En vida por uno solo.
Estas palabras está can la
posición que ocupa Cristo como el mediador en la obra de la redención del
hombre. Mediante su muerte es justificado el creyente, y mediante su unión con
él, el cristiano recibe, a partir de este momento ese poder vitalizador y
santificador que transforma su vida y le asegura la vida eterna venidera.
Reciben.
La justicia es una dádiva de Dios y ya sea imputada en
la justificación o impartida en la santificación, debe ser recibida por medio de
la fe en Jesucristo. Sólo los que estén dispuestos a reconocer su propia
impotencia y necesidad, y que con toda humildad y gratitud acepten la
justificación como una dádiva, reinarán en vida.
18. Así que.
Gr. ára oun , " "así pues" " (BJ), "así, pues"
(BC), "por consiguiente" (NC), lo que indica la conclusión del razonamiento. Las
mismas palabras griegas se repiten en los cap. 7: 3, 25; 8: 12. Pablo resume las
comparaciones y los contrastes de los versículos precedentes.
La
transgresión de uno.
O "por uno, transgresión". Igualmente: "por uno,
justicia".
Vino la condenación.
El texto griego no tiene verbo
aquí. Se ha suplido el verbo "vino" dos veces en este versículo. La construcción
griega de este versículo es extremadamente concisa para destacar paralelismo y
contraste. Podría traducirse: "Como por uno, transgresión a todos los hombres
para condenación, así también por uno, justicia a todos los hombres para
justificación".
Justicia.
Gr. dikái Ç ma , la misma palabra que
se traduce como "justificación" en el vers. 16 (ver comentario respectivo). Sin
embargo, aquí probablemente tiene el significado de "obra de justicia" (BJ) y
tal vez equivalga a la " "obediencia" mencionada en el vers. 19. La vida
perfecta de Jesús, su obediencia hasta la muerte (Fil. 2: 8), proporcionó la
justificación de todos los que recurren a Jesús con fe (ver com. Rom. 4: 8).
Justificación de vida.
Quizá con el significado de justificación
que como resultado da vida. Compárese con " "así también la gracia reine por la
justicia para vida eterna" " (vers. 21).
19. Desobediencia.
Gr. parako ', literalmente "oír mal".
Aparece sólo tres veces en el NT (2 Cor. 10: 6; Heb. 2: 2). El verbo
"desobedecer" ( parakóu Ç) está en Mat. 18: 17, y se ha traducido como "si no
oyere". El descuido implícito en esta palabra podría referirse al primer paso en
la caída de Adán.
Fueron constituidos.
Gr. kathíst ' mi . En
Tito 1: 5 kathíst ' mi se usa en el sentido de "establecer", es decir, poner en
un cargo u oficio. Este es el sentido en que generalmente se emplea en el NT
(Mat. 24: 45; Hech. 6: 3; 7: 10; Heb. 5: 1). El sentido básico es el de oponer"
o "colocar", y se usa en el griego clásico con el significado de "traer a", como
en el caso de un barco que es traído a tierra, o una persona que conduce a otra
a algún lugar. Este es su significado en Hech. 17: 15. También se traduce como
"establecer", "imponer", o "formar".
El paralelismo sugiere que los
hombres fueron constituidos pecadores por la transgresión de Adán, en una forma
similar a aquella por la cual son constituidos justos por la obediencia de
Cristo. Puesto que el énfasis en este contexto es la justificación y no la
santificación (Rom. 5: 16, 18), el objetivo principal de Pablo parece ser el de
enseñar que los hombres son constituidos justos mediante los resultados del acto
redentor de Cristo, sin tener en cuenta sus esfuerzos personales (ver com. cap.
3: 28). Así también, como resultado de la desobediencia de Adán se constituyeron
en pecadores (ver com. cap. 5: 12-14).
Sin embargo, este pensamiento no
puede ser separado del hecho de que así como la desobediencia de Adán dio como
resultado que sus descendientes vivieran vidas de transgresión (vers. 16), así
también la obediencia a Cristo produce vidas de obediencia en todos los que
viven unidos con él por la fe. Este es el énfasis de Pablo en el cap. 6.
Obediencia.
Gr. hupako '. La idea de esta palabra es "sumisión a
lo que se oye". Hay un contraste entre este vocablo y parakoé , que corresponde
a "desobediencia", "oír mal", o "rehusar oír" (ver el comentario de
"desobediencia"). En cuanto a la obediencia de Cristo, ver com. vers. 18.
20. La ley.
Ley, sin artículo (ver
com. cap. 2: 12; 5: 13). Es claro que Pablo está pensando en el tiempo de Moisés
como la ocasión cuando entró "ley" (cf. cap. 5: 13-14). Las leyes de Dios para
la conducción de su pueblo fueron dadas formalmente en el Sinaí, aunque la ley
moral -los Diez Mandamientos-, fue escrita en el corazón de Adán en la creación.
Se introdujo.
Gr. pareisérjomai , "entrar al lado". En el NT
esta palabra sólo reaparece en Gál. 2: 4, en donde se ha traducido como
"introducidos a escondidas" (RVR), "solapadamente se infiltraron" (BJ).
Abundase.
Este no era el propósito principal de la ley, la que
debía revelar la norma de justicia; pero debido a las tendencias humanas al mal,
heredadas y cultivadas, lo que hizo la ley fue en realidad, multiplicar la
transgresión. La ley tuvo este efecto porque prohibió ciertos actos pecaminosos
que hasta ese tiempo no habían sido reconocidos como delito. Pero cuando la ley
fue promulgada, el continuar en esos actos se convirtió en transgresión
premeditada. Como la ley es espiritual y santa, y prohibe complacencias
pecaminosas, inevitablemente despierta oposición en los corazones rebeldes, y se
convierte en un instrumento que aguijonea el pecado al multiplicar o hacer
conocer las transgresiones. Si el corazón del hombre fuera santo y estuviera
dispuesto a hacer lo correcto, la ley no tendría este resultado.
Sobreabundó.
Gr. huperperisseú Ç, palabra con la que corresponde
muy exactamente el verbo "sobreabundar". Este verbo aparece sólo aquí y en 2
Cor. 7: 4. "Abundase" y "abundó" , que están antes en el vers. 20, son
traducciones del Gr. pleonáz Ç, "ser muchos", "multiplicar". Dios permitió el
pecado, y también que abundara y entonces predominó sobre esa situación con un
supermaravilloso despliegue de la gloria divina y de su gracia, para que los
beneficios de la redención superaran infinitamente a los males de la rebelión.
21. Para muerte.
Gr. "en la muerte"
(BJ), pues la muerte es, a no dudarlo, la esfera o dominio dentro del cual el
pecado ejerce su soberanía (cf. vers. 14, 17). El pecado reina sobre un reino de
muerte.
La gracia reine.
La gracia (ver com. cap. 3: 24) es
personificada como ya lo fueron el pecado (ver com. cap. 5: 12) y la muerte (ver
com. vers. 14).
Justicia.
Es decir, la justicia de Cristo que se
imputa o atribuye en la justificación y se imparte en la santificación (ver com.
cap. 3: 31; 4: 8).
Mediante Jesucristo.
Pablo comenzó este
capítulo describiendo el gozo y la seguridad que se posesionan del creyente que
ha aceptado la justificación por la fe en Jesucristo. Este lo indujo a hablar de
la grandeza del amor y de la gracia de Dios que hacen posible un plan tan
generoso para salvar a indignos pecadores. Después, para magnificar el amor
hacia Dios como la base de la esperanza del cristiano y de su confianza, Pablo
prosigue contrastando la sobreabundancia y el poder de la gracia salvadora de
Dios mediante Jesucristo, con la pecaminosidad y la degeneración del hombre,
resultados de la gran apostasía del hombre.
CBA T6
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