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CBA APOCALIPSIS Capítulo 3

CBA: Apocalipsis Capítulo 3

1. Ángel.

Ver com. cap. 1:20.

Sardis.

Una ciudad importante a poca distancia al sur de Tiatira. Sardis gozaba como Tiatíra de una ubicación comercial favorable. Estrabón, el antiguo geógrafo, la llamaba "una gran ciudad" ( Geografia xiii. 4. 5), aunque en los días de Juan no rivalizaba en importancia ni con Efeso ni con Pérgamo. Hay más información acerca de Sardis en las pp. 102-104. El significado del nombre es incierto; sin embargo, algunos sugieren "canción de gozo", o "lo que queda", o "algo nuevo".

Siete espíritus.

Ver com. cap. 1:4.

Siete estrellas.

Esta figura, como las que dan comienzo a los mensajes a cada una de las otras iglesias, deriva de la descripción de Cristo glorificado en el cap. 1 (ver com. vers. 16, 20).

Tus obras.

Ver com. cap. 2:2.

Nombre.

Aquí "reputación". Esta iglesia se caracterizó por la hipocresía: no era lo que pretendía ser. Las iglesias de la Reforma afirmaban que habían descubierto lo que significaba vivir por la fe en Jesucristo, pero cayeron finalmente en un estado que se parecía, en ciertos sentidos, al de la organización de la cual se habían apartado (cf. 2 Tim. 3:5). Su nombre -protestante- implicaba oposición a los abusos, los errores y el formalismo de la Iglesia Católica Romana, y el nombre Reforma daba a entender que ninguna de estas faltas se hallaba dentro del redil protestante. Ver pp. 44-69.

Estás muerto.

Este punzante comentario da comienzo a un mensaje que consiste mayormente de reprensiones. El pecado de la hipocresía mereció las condenaciones más penetrantes de Jesús contra los dirigentes religiosos de sus días (Mat. 23:13-33). El Cristo glorificado envía ahora a la iglesia hipócrita de Sardis su más directa reprensión. En vez de estar viva en Cristo (cf. Efe. 2:5; Col. 2:13; Gál. 2:20), como lo pretendía esta iglesia, en verdad estaba "muerta" (cf. 2 Tim. 3:5). Este mensaje aplicado a Sardis, puede considerarse como dirigido al período de la iglesia que existió hacia fines de la época de la Reforma, de 1517 a 1755; sin embargo, ver Nota Adicional de Apoc. 2.

Algunas décadas después del comienzo de la Reforma, las nuevas iglesias experimentaron un período de violenta controversia doctrinal. Finalmente se zanjaron las diferencias de opinión adoptando credos definidos que tendían a desalentar la búsqueda de nuevas verdades. Por un proceso similar la Iglesia Católica Romana, en los primeros siglos de su historia, había estereotipado su teología. Protegidas por el poder y el prestigio del Estado y resguardadas al abrigo de rígidas confesiones de credos, las iglesias nacionales del mundo protestante por lo general llegaron a contentarse con una forma de piedad carente de su poder. Otro factor importante que contribuyó a la apatía hacia las cosas espirituales fue el surgimiento del racionalismo en los siglos XVII y XVIII. Ante el impacto de los descubrimientos científicos, muchos eruditos llegaron a creer que la ley natural era suficiente para explicar el funcionamiento del universo. A menudo concluyeron que la principal función de Dios con relación a este mundo sólo era la de una primera causa, y que a partir de ese acto inicial de creación, el mundo marchaba más o menos independientemente de Dios. Hombres pensadores que creían que eran impedidos en su pensamiento teológico independiente por las rígidas fórmulas de la ortodoxia protestante, en algunos casos se volvieron al nuevo racionalismo filosófico. Aunque el racionalismo produjo un elevado idealismo y suscitó reflexiones dignas de alabanza en la ciencia política y el humanitarismo, cuando sus postulados fueron aplicados a la religión influían mucho para fomentar la frialdad espiritual que caracterizó al protestantismo en los siglos que siguieron a la Reforma.

2. Sé vigilante.

Respecto a la vigilancia como deber cristiano, ver com. Mat. 24:42; cf. Mat. 25:13.

Las otras cosas.

En el protestantismo en decadencia aún había ciertas características dignas de ser conservadas aunque representara un esfuerzo. No todo se había perdido. La vida espiritual del protestantismo estaba moribunda, pero aún no estaba muerto el sistema. La "supervivencia" puede considerarse como la nota predominante del período de la historia de la iglesia correspondiente a Sardis.

Tus obras perfectas.

El ardor del protestantismo durante sus primeros años prometía un avance hacia la perfección en la comprensión de la verdad revelada y en su aplicación a la vida; pero con el transcurso de los años, el celo y la piedad decayeron, y la iglesia se cansó del esfuerzo por alcanzar la meta que se había propuesto.

3. Acuérdate, pues.

Cf. cap. 2:5. 773

Has recibido.

La flexión del verbo griego no sólo indica que la iglesia de Sardis había recibido la verdad, sino especifica que aún la tenía; no se había perdido todo. El hecho de que aún hubiera esperanza, se destaca en la amonestación "guárdalo", en griego, "continúa guardando". Algunos cristianos de Sardis no habían apostatado; esto aparece más claramente en el vers. 4.

Arrepiéntete.

Gr. metanoéÇ (ver com. Mat. 3:2).

Ladrón.

Cf. Mat. 24:43, donde se hace referencia a la segunda venida de Cristo. Esta amonestación puede incluir no sólo el segundo advenimiento sino una visitación divina más inmediata (cf. Apoc. 2:5). Cualquier venida sería inesperada para los que dejaban de arrepentirse y velar. Cf. CS 544- 545.

4. Manchado sus vestiduras.

Una figura de lenguaje para indicar la contaminación moral en la cual había caído la mayor parte de la iglesia de Sardis. Ver com. Mat. 22: 11; cf. Apoc. 16:15; cf. com. Isa. 63:6.

Vestiduras blancas.

En contraste con los que habían caído moralmente y contaminado sus "vestiduras", los que permanecieron fieles son representados como dignos de llevar "vestiduras blancas". Que estas "vestiduras blancas" simbolizan su pureza, lo indica la frase "porque son dignos" y además el uso del mismo símbolo en el cap. 7:13-14. Este último pasaje aclara que tal justicia no les pertenece a los fieles; es el resultado de lavar sus vestiduras y blanquearlas en la sangre del Cordero. Han recibido la justicia de Cristo.

Las vestiduras blancas también son características de los seres celestiales (Dan. 7: 9; Apoc. 4: 4; 6: 11; 19: 14), y de esta manera son para los santos una figura de su "cuerpo espiritual" " (1 Cor. 15:40-44; cf. vers. 51-54).

5. El que venciere.

Ver com. cap. 2:7.

Vestido.

Es decir, con inmortalidad en la vida venidera.

Vestiduras blancas.

Ver com. vers. 4.

No borraré.

Ver com. Hech. 3: 1 9. La promesa "no borraré" le asegura al pecador arrepentido que sus pecados han sido perdonados. Por otra parte advierte al impenitente que su nombre será eliminado del libro de la vida. Dejará de existir su identidad como persona; ya no tendrá lugar entre los seres creados. Cf. CS 544-545.

Libro de la vida.

Ver com. Fil. 4:3; cf. Apoc. 13:8; 20:15.

Confesaré su nombre.

Es decir, lo reconocerá como un seguidor leal y consagrado. Cristo es el abogado e intercesor, el gran Sumo Sacerdote de todos los que invocan su justicia (ver 1 Juan 2:1-2; cf. Mat. 10:32-33; Heb. 8:1-6).

Delante de sus ángeles.

"Pero el plan de salvación tenía todavía un propósito más amplio y profundo que el de salvar al hombre. Cristo... vino para vindicar el carácter de Dios ante el universo" (PP 55; DTG 11). Cuando Cristo como intercesor y sumo sacerdote presenta a su pueblo redimido delante del trono de Dios, ofrece así a las huestes angelicales un testimonio convincente de que los caminos de Dios son justos y verdaderos. Ven la justicia de Dios vindicada tanto en su "extraña obra" (Isa. 28: 2 l) de entregar al impenitente a la destrucción como en su perdón de los pecadores que, por fe, aceptan su gracia salvadora. Sin la intercesión de Cristo como sumo sacerdote, ese misterioso proceder de Dios de otra manera podría parecer ante las inteligencias del universo como arbitrario e injustificado.

6. Que tiene oído.

Ver com. cap. 2:7.

7. Ángel.

Ver com. cap. 1:20.

Filadelfia.

Palabra que significa "amor fraternal", Esta ciudad fue fundada antes del año 138 a. C. y recibió su nombre de Atalo II Filadelfo, de Pérgamo, en homenaje a su lealtad hacia su hermano mayor Eumenes II, que le había precedido en el trono. Después de un destructor terremoto en el año 17 d. C., fue reconstruida por el emperador romano Tiberio, pero siguió siendo relativamente pequeña. Estaba situada a unos 50 km al sudeste de Sardis.

Cuando se hace la aplicación histórica, se considera que el mensaje a Filadelfia es apropiado para los diversos movimientos que sucedieron dentro del protestantismo durante los últimos años del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, cuyo objeto fue hacer de la religión un asunto vital y personal (ver com. vers. 2; Nota Adicional del cap. 2). Especialmente los grandes movimientos evangélicos y el movimiento adventista de Europa y Estados Unidos, restauraron el espíritu del amor fraternal destacando la piedad práctica en contraste con las formas vacías de religión. Una fe renovada en la gracia salvadora de Cristo y en la proximidad de su regreso dieron como resultado un espíritu más profundo de fraternidad cristiana que el que había experimentado la iglesia desde los primeros 774 días de la Reforma. Hay más comentarios sobre el desarrollo histórico de este período en las pp. 70-73.

El Santo.

Este título es equivalente a "el Santo" aplicado a Dios en el AT (Isa. 40:25; Hab. 3:3). En el NT una denominación similar se aplica repetidas veces a Cristo, para indicar su deidad (Luc. 1: 35; Hech. 4: 27, 30; cf. com. Juan 6: 69).

Verdadero.

Gr. al'thinós, "genuino", "real", en contraste con los dioses falsos.

Llave de David.

Este versículo aplica a Cristo la profecía de Isaías acerca de Eliaquim (Isa. 22: 20-22; ver 2 Rey. 18: 18). Eliaquim fue nombrado para supervisar "la casa de David", como lo demuestra el hecho de que se le" daría "la llave de la casa de David". El hecho de que Cristo tenga la "llave" representa su autoridad sobre la iglesia y sobre el propósito divino que debía ser cumplido por ella (ver Mat. 28:18; Efe. 1:22). Cf Apoc. 5:5; 22:16; ver com. Mat.1: 1.

El que abre.

Es decir, con "la llave de David". Cristo tiene plena autoridad para abrir y cerrar, para hacer triunfar el plan de la redención.

8. Tus.

En cuanto al énfasis del singular, ver com. cap. 2:2.

Obras.

Ver com. cap. 2:2.

Una puerta abierta.

En el versículo anterior se dice que Cristo tiene "la llave de David", y en el vers. 8 puede sugerir que con esa "llave" abre ante la iglesia de Filadelfia una "puerta" de oportunidades limitadas para la victoria personal en la lucha con el pecado y para dar el testimonio de la verdad salvadora del Evangelio. De manera similar se usa una "puerta" como símbolo de oportunidad en Hech. 14: 27; 1Cor. 16: 9; 2 Cor. 2: 12; Col. 4: 3.

Los adventistas del séptimo día sostienen que el fin del período de Filadelfia (1 844) señala el comienzo del juicio investigador descrito en Dan. 7: 10; Apoc. 14: 6-7 (ver los comentarios respectivos). Cristo es nuestro gran Sumo Sacerdote (Heb. 4: 14-15; 8: l) que ministra en el santuario celestial, " "aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre" " (Heb. 8: 2, 61 Exo. 25: 8-9). Ahora bien, el ritual del santuario terrenal consistía esencialmente en dos partes: el lugar santo, el servicio de ministración diaria por el pecado; y en el lugar santísimo, el servicio anual en el día de la expiación, que era considerado como un día de juicio (ver Heb.9: 1, 6-7; com. Dan .8: 11, 14). En vista de que el santuario terrenal servía como " "figura y sombra de las cosas celestiales" (Heb. 8: 5), es razonable concluir que los servicios diarios y anuales de este santuario tienen su equivalencia en el ministerio de Cristo en el santuario celestial. Hablando en términos del simbolismo del santuario terrenal - "figura del verdadero" " (Heb. 9: 24)-, puede afirmarse que en el día de la verdadera expiación que comenzó en 1844, nuestro gran Sumo Sacerdote dejó el lugar santo del santuario celestial y entró en el lugar santísimo. Por lo tanto, la "puerta cerrada" sería la del lugar santo del santuario celestial, y la "puerta abierta" la del lugar santísimo, donde Cristo desde ese tiempo ha estado ministrando en la obra del gran día de la verdadera expiación (ver CS 483-484, 488; PE 42). En otras palabras: la "puerta cerrada" indica la terminación de la primera fase del ministerio celestial de Cristo, y la "puerta abierta", el comienzo de la segunda fase. Se ocupa de este tema de "la puerta cerrada" en las enseñanzas de los primeros adventistas, L. E. Froom en The Prophetic Faith of Our Fathers, t. 4, pp. 829-842; F.D. Nichol en Ellen G. White and her Critics, pp. 161-252. Hay un resumen de la doctrina del santuario en la Nota Adicional de Heb.10.

Nadie puede cerrar.

Cristo proseguirá con la obra de la redención hasta terminarla. Los hombres no pueden hacer nada para estorbar su ministerio en las cortes celestiales ni su jurisdicción y dominio sobre los asuntos terrenales (ver com. Dan. 4:17).

Poca fuerza.

No es claro si Cristo está reprendiendo a la iglesia de Filadelfia por tener tan poca fuerza, o si la alaba por tener algo de fuerza. Aparte de los "pocos" de Sardis, esa iglesia estaba casi "muerta", y puede ser que la "poca fuerza" de Filadelfia represente una situación más animadora que la de Sardis. El hecho de que la "poca fuerza" esté tan íntimamente relacionada con la alabanza por guardar la Palabra de Cristo y no negar su nombre, tiende a confirmar esta conclusión. La "puerta abierta" puede también considerarse como una invitación a participar de una experiencia de una fuerza aún mayor. La iglesia de la antigua Filadelfia sin duda no era grande ni influyente, pero era pura y fiel. El período de la historia de la iglesia que corresponde a Filadelfia con su creciente dedicación a la Palabra de Dios, particularmente a las profecías de Daniel y Apocalipsis y a 775 la piedad personal, presentaba un cuadro mucho más animador que el del período anterior.

Mi palabra.

La palabra de Dios expresa su voluntad. Dios ha revelado su voluntad mediante la naturaleza, también mediante sus profetas y apóstoles, por el testimonio directo del Espíritu Santo al corazón humano, por las vicisitudes de la vida, mediante el curso de la historia humana y especialmente, por medio de Cristo.

Nombre.

Ver com. cap. 2:3.

9. Yo entrego.

La declaración del vers. 9 puede entenderse gramaticalmente como que Dios "haría" que algunos miembros de la "sinagoga de Satanás" vinieran y adoraran impenitentes a los pies de los cristianos de Filadelfia, o que Dios "daría" a los cristianos de Filadelfia algunos de los judíos como conversos al cristianismo. El contexto no es concluyente.

De la sinagoga.

O "algunos de la sinagoga" (ver com. cap. 2: 9).

Se dicen ser judíos.

Ver com. cap. 2: 9.

Vengan y se postren.

La secuencia del pensamiento: "vengan.,., se postren..., reconozcan", parece indicar más el triunfo final y público de los cristianos de la antigua Filadelfia sobre sus opositores judíos. Que los cristianos, como los vencedores paganos, se regocijaran por la perspectiva de que sus acusadores finalmente quedarían postrados a sus pies, no parece reflejar el espíritu del verdadero cristianismo. Estas palabras pueden referirse mejor a la conversación de algunos de los judíos de Filadelfia (cf. 1 Cor. 14: 24-25), quienes aprenderían el amor de Dios por experiencia personal. Ese crecimiento en feligresía podría provenir de la "puerta abierta" " de Apoc. 3: 8 y de la lealtad de la iglesia "palabra" de Cristo. Esta lealtad a menudo ha llevado la convicción aun a los corazones de los mismos perseguidores.

Esta expresión aplicada al período de la historia de la iglesia correspondiente a Filadelfia, puede considerarse que se refiere a los que no se mantienen a tono con el avance de la verdad y se oponen a los cristianos que sí lo hacen. Entendida de esta manera puede referirse a un tiempo cuando los que han rechazado la verdad confesarán su error públicamente (CS 713).

La frase "vengan y se postren a tus pies" es de Isa. 60: 14 (LXX) (cf. cap. 49: 23). Así como los extranjeros vendrían al Israel literal de la antigüedad para aprender de Dios (ver t. IV, pp. 28-32), así también los que no eran cristianos vendrían a la luz del Evangelio para hallar la salvación (ver t. IV, pp. 37-38).

Apoc. 3: 9 también se ha aplicado a los que persisten en su oposición a la verdad, particularmente al tiempo cuando las circunstancias los obligarán, aunque sean impenitentes, a reconocer que los que se han mantenido leales a la verdad son ciertamente el pueblo de Dios. No hay nada que excluya la posibilidad de que la declaración de este versículo pueda incluir a los opositores de la verdad ya arrepentidos y también a los que no quieren arrepentirse. Un grupo expresaría ese reconocimiento con sinceridad; el otro, sólo porque las circunstancias lo obligan a hacerlo. Te he amado. Estas palabras son tomadas probablemente de Isa. 43: 04.

10. La palabra de mi paciencia.

Algunos interpretan esta frase dándole el significado de "mi palabra de paciencia", es decir, mi orden de que tengas paciencia. Otros creen que se refiere a la enseñanza respecto a la paciencia de Cristo (cf. 2 Tes. 3: 5). Las dos ideas se combinan en el pensamiento de que Cristo nos anima a ser pacientes como él fue paciente en la prueba.

De.

Gr. ek, "que sale de", lo que indica que los vencedores soportarán con éxito el período de tribulación, y no que no serán afectados por él (ver com. Dan. 12: 1 Mat. 24:2 1 22, 29-31).

Hora de la prueba.

No se trata de un período específico literal o profético, sino de una "temporada" o "tiempo". "Hora" se usa aquí en el mismo sentido que en el cap. 3:3. En armonía con las repetidas referencias en el Apocalipsis a la inminencia del regreso de Cristo (ver com. cap. 1: 1), la "hora de la prueba" sin duda se refiere a un gran período de prueba que antecede al segundo advenimiento.

Los que moran.

Esta y otras expresiones similares (cap. 6: 10; 8: 13; 11: 10; 13: 8, 14; 17: 2, 8) se usan vez tras vez en el Apocalipsis para referirse a los impíos, sobre los cuales serán derramados los castigos divinos.

11. Corona.

Ver com. cap. 2: 10.

12. Columna en el templo.

Una "columna" en sentido metafórico es, por supuesto, parte de un "templo" metafórico, figurado. En el NT la palabra que se traduce "templo" ( naós ) generalmente se refiere al santuario interior, que comprende los lugares santo y santísimo 776 y no a todo el conjunto de edificios que constituían el antiguo templo. Por lo tanto, esta promesa significa que el vencedor ocupará un lugar permanente e importante en la presencia de Dios. También se usa la palabra "columna" en sentido metafórico en Gál. 2:9; 1 Tim. 3:15.

Nunca más saldrá de allí.

Esto es, será permanente. En armonía con la figura, "salir de allí" sería dejar la presencia de Dios deliberadamente como lo hizo Lucifer (PP 15). Una promesa como ésta sólo se podría hacer a los que vencen permanentemente. En esta vida aún queda la posibilidad de "salir fuera", pero en la vida futura nadie querrá salir.

Nombre de mi Dios.

Ver com. Hech. 3:16; Apoc. 2:3; cf. Apoc. 2:17; 14: l; 22:4. Continúa el lenguaje simbólico que comienza con la columna, y por lo tanto debe tomarse figuradamente. Puesto que un "nombre" refleja la personalidad y el carácter, esta promesa "significa que los que venzan recibirán la huella o impresión permanente del carácter de Dios"; la imagen de su Creador será plenamente restaurada en ellos. Este lenguaje figurado también puede entenderse como que implica que los santos victoriosos serán plenamente la propiedad de Dios como lo manifiesta el nombre divino, como señal de propiedad que se les aplica.

Nombre de la ciudad.

La columna tiene grabado en ella no sólo el nombre divino sino también el de la nueva Jerusalén. Puede entenderse que el cristiano victorioso es ciudadano de la nueva Jerusalén y que tiene derechos a vivir en ella (cap. 22:14).

Nueva Jerusalén.

No "nueva" en el sentido de ser una réplica de la ciudad literal que llevaba el mismo nombre, sino en contraste sobrenatural con su equivalente terrenal. El propósito era que la antigua Jerusalén llegase a ser la metrópoli de esta tierra y permaneciera para siempre (ver t. IV, pp. 31-32). Como fracasó en llevar a cabo la tarea que se le encomendó, ese papel será concedido a la nueva Jerusalén. La expresión nueva Jerusalén es exclusiva del Apocalipsis, pero el pensamiento se anticipa en Gál. 4:26; Heb. 12:22. En cuanto al significado del nombre Jerusalén, ver com. Jos. 10: 1.

La cual desciende.

Ver com. cap. 21:2.

Mi nombre nuevo.

El tercer nombre escrito en la columna simbólica es el de Cristo. Por medio de Cristo, el vencedor recibe el carácter divino representado por el nombre (ver com. Hech. 3:16). Sólo en virtud de que Dios se hizo hombre en Jesucristo, puede el hombre ser restaurado nuevamente a la imagen de Dios. Esto se lleva a cabo por el don de la vida y el carácter de Cristo que se imparten al creyente (ver Gál. 2:20; DTG 352). Recibir el nombre de Cristo es recibir la confirmación de que es nuestro dueño (ver com. 2 Cor. 1:22).

13. El que tiene oído.

Ver com. cap. 2:7.

14. Ángel.

Ver com. cap. 1:20.

Laodicea.

Este nombre se ha definido como "juicio del pueblo", o "un pueblo juzgado". Lo último parece preferible. La distancia que hay desde Filadelfia hasta la ciudad de Laodicea es de unos 65 km (ver t. VI, mapa frente a p. 33). Laodicea fue fundada por el rey seléucida Antíoco II Teos (261246 a. C.), y recibió su nombre en honor de Laodice, la esposa del rey. La ciudad se hallaba situada en el valle del río Licos. En los días de Juan era un centro comercial próspero que se especializaba en la producción de tejidos de lana. Estaba a pocos kilómetros de las ciudades de Colosas y Hierápolis, y muy pronto hubo cristianos en cada una de esas ciudades (cf. Col. 4:13). La iglesia de Laodicea quizá tenía ya unos 40 años de fundada cuando Juan escribió el Apocalipsis. Pablo se interesó mucho en esa congregación y encargó a los colosenses que hicieran un intercambio de epístolas con los laodicenses (Col. 4:16). Hay información acerca de la antigua ciudad de Laodicea en la pp. 105-106.

Amén.

La unión de este título con "el testigo fiel y verdadero" lo identifica como un título de Cristo (cap. 1:5), el autor de las cartas a las siete iglesias. En cuanto al significado de "amén", ver com. Deut. 7:9; Mat. 5:18. La aplicación de este término a Cristo puede compararse con Isa. 65:16, donde en hebreo el Señor recibe el nombre de 'Elohe 'amen, "el Dios del amén". En el pasaje que consideramos, puede entenderse este título como una declaración de que Cristo es la verdad Juan 14:6), y por lo tanto, su mensaje a la iglesia de Laodicea debe ser aceptado sin vacilación.

El testigo fiel y verdadero.

Ver com. cap. 1:5.

Principio.

Gr. arjé, palabra que tiene sentido pasivo y también activo. En sentido pasivo se refiere a lo que recibe la acción en el principio. Si así se interpreta aquí, significaría que Cristo fue el primer ser creado; pero es evidente que ésta no puede ser la traducción 777 correcta, pues Cristo no es un ser creado. En sentido activo se refiere a lo que comienza una acción, la primera causa o motor. Si así se entiende entonces se afirma que Cristo es el Creador. Este es, sin duda alguna, el significado de este pasaje, porque en otros versículos se describe a Cristo repetidas veces desempeñando ese mismo oficio (ver t. V, p. 894; com. Juan 1:3; Heb. 1:2). La declaración notablemente similar de Col. 1: 15-16 había sido leída por la iglesia de Laodicea muchos años antes (cf. Col. 4:16).

15. Tus.

En cuanto al énfasis del singular, ver com. cap. 2:2.

Obras.

Ver com. cap. 2:2.

Ni eres frío ni caliente.

Se ha sugerido que esta expresión figurada debe haber tenido un significado especial para los cristianos de Laodicea. Uno de los principales lugares de interés de esa comarca es una serie de cascadas de agua salobre proveniente de las termas de Hierápolis. Las cascadas forman piletas naturales de agua tibia, muy apreciadas por los turistas. Los informes históricos y las ruinas de Hierápolis no dejan duda de que el agua termal fluía en el primer siglo d. C. El agua tibia era, pues, algo familiar para los laodicenses; describía adecuadamente su condición espiritual.

La tibia condición espiritual de la iglesia de Laodicea era más peligrosa que si hubiera estado fría. El cristianismo tibio retiene la forma y hasta el contenido del Evangelio en cantidad suficiente para adormecer las facultades de percepción del espíritu. Esto hace que los creyentes olviden el esfuerzo diligente que es necesario hacer para alcanzar el alto ideal de una vida victoriosa en Cristo. El típico cristiano laodicense está contento con el rutinario transcurrir de las cosas y se enorgullece del poco progreso que hace. Es casi imposible convencerlo de su gran necesidad y de cuán lejos se encuentra de la meta de la perfección.

Puesto que los mensajes a las siete iglesias reflejan el curso completo de la historia de la iglesia cristiana (ver com. cap. 1: 11; 2: 1), el séptimo mensaje debe representar la experiencia de la iglesia durante el período final de la historia de este mundo. El nombre Laodicea sugiere el último paso en el proceso espiritual del cristiano: la perfección de "un pueblo juzgado" (ver com. cap. 3:14) y hallado justo. Además, implica que la preparación de este pueblo y el procedimiento divino de determinar que son justos, concluirán al final del período (ver com. Dan. 8:13-14; Apoc. 3:8; 14:6-7). Por lo tanto, el mensaje para Laodicea se aplica en un sentido especial a la iglesia desde 1844 hasta el fin del tiempo (ver Nota Adicional al final del capítulo). Este lapso puede describirse como el período del juicio.

El mensaje de Laodicea se aplica a todos los que afirman que son cristianos (ver 6T 77). Los adventistas del séptimo día han reconocido por más de un siglo que el mensaje a los laodicenses también tiene una aplicación especial para ellos (ver Jaime White, RH 16-10-1856; cf. 1JT 41-44). El reconocimiento de esta aplicación es una constante reprensión contra el engreimiento y un estímulo para vivir íntegramente de acuerdo con el modelo de una vida perfecta en Cristo Jesús (ver com. cap. 3: 18).

Ojalá.

Un estado espiritual de tibieza produce una disminución de la vigilancia, lentitud en las reacciones e indecisión. Si la iglesia de Laodicea fuese fría, el Espíritu de Dios tal vez podría convencerla más fácilmente de su peligrosa condición.

¿Por qué es preferible una condición de frialdad a una de tibieza? Las siguientes palabras proyectan luz al respecto: "Al Señor le agradaría que los tibios, que creen que son religiosos, nunca hubieran mencionado su nombre. Son una carga continua para los que anhelan ser fieles seguidores de Jesús. Son una piedra de tropiezo para los incrédulos" (IT 188).

16. No frío ni caliente.

Ver com. vers. 15; cf. IT 188- 2T 175-176.

Te vomitaré.

La figura del agua tibia prosigue hasta su lógica conclusión. Nuevamente, conviene recordar el agua de Hierápolis, que además de ser tibia, tiene mal gusto por su contenido mineral. Esta agua desagrada, produce náuseas; el que la bebe casi involuntariamente vomita. Ver 3JT 15.

17. Yo soy rico.

Puede entenderse literal o espiritualmente. Laodicea era una ciudad próspera, y sin duda algunos de los cristianos que vivían allí tenían recursos. En el año 60 d. C., cuando toda la región sufrió un devastador terremoto, Laodicea se negó a aceptar la ayuda que Roma ofreció para la reconstrucción. Sus ciudadanos se sintieron suficientemente ricos como para hacer frente a los gastos de levantar los edificios caídos.

Esta iglesia evidentemente no había 778 sufrido ninguna grave persecución. El orgullo producido por su prosperidad llevaba naturalmente a la complacencia espiritual. La riqueza no es mala en sí misma; lo que sucede es que las riquezas hacen que su poseedor se sienta tentado a ceder al orgullo y a la complacencia propia. Contra esos males la única protección segura es la humildad espiritual.

Los cristianos pobres en bienes terrenales se sienten ricos y colmados de bienes espirituales; sin embargo, se parecen a un antiguo filósofo que orgullosamente proclamaba su "humildad" usando un vestido desgarrado. El orgullo que les produce su pretendida espiritualidad, brilla a través de los agujeros de sus vestiduras. El conocimiento de importantes verdades que sólo se han albergado intelectualmente, pero que no se permite que impregnen el alma, lleva al orgullo espiritual y a la intolerancia religiosa. Hasta la iglesia de Dios, poderosa en la estructura de su organización y rica con las joyas de la verdad, fácilmente puede llegar a ser intolerante en doctrina e inmoralmente orgullosa de sus riquezas de verdad. "El pecado más incurable es el orgullo y la presunción. Estos defectos impiden todo crecimiento" (3JT 183-184).

Enriquecido.

La iglesia de Laodicea no sólo afirma que es rica, sino que también comete el error fatal de considerar que estas riquezas son el resultado de sus propios esfuerzos (cf. Ose. 12:8).

De ninguna cosa tengo necesidad.

El colmo de la jactancia de los laodicenses es que pretenden que su situación no puede ser mejorada. Este engreimiento es fatal porque el Espíritu de Dios nunca entra donde no se siente necesidad de su presencia; pero sin esa presencia es imposible que haya novedad de vida.

No sabes.

El que no sabe, y no sabe que no sabe, casi no tiene esperanza. La ignorancia de su verdadera condición, que caracteriza a los cristianos de Laodicea, es un agudo contraste con el certero conocimiento que Cristo tiene de la verdadera condición de sus iglesias, como lo refleja su categórica afirmación a cada una de ellas: "Yo conozco tus obras" (cap. 2:2, 9, 13, 19; 3:1, 8, 15).

Tú eres.

El pronombre es enfático en griego. El énfasis de la oración es: "No sabes que eres tú el desventurado y miserable".

Desventurado... desnudo.

El cuadro que aquí se presenta es diametralmente opuesto a la jactancia de la iglesia de Laodicea. No es rica ni necesita nada; en realidad es tan pobre que hasta le faltan ropas.

18. De mí compres.

La "iglesia" de Laodicea no puede sin este esfuerzo llegar a la altura que Cristo desea que alcance. Las cosas que él le ofrece tienen su precio aunque la salvación es siempre gratuita. Debe abandonar su vieja manera de vivir para que sea verdaderamente rica, para que sea sana y para que esté vestida; para que aunque no tenga nada de dinero, pueda comprar (cf. Isa. 55:1).

Oro.

Representa las riquezas espirituales que se ofrecen como el remedio de Cristo para la pobreza espiritual de los laodicenses. Este "oro" simbólico representa la "fe que obra por el amor" (Gál. 5:6; Sant. 2:5; cf. PVGM 123) y las obras que resultan de la fe (1 Tim. 6:18).

Refinado en fuego.

Es decir el oro que ha salido de¡ fuego después de consumirse toda su escoria. Sin duda se refiere a la fe que ha sido probada y purificada por el fuego de la aflicción (ver com. Sant. 1:2-5; cf. Job 23: 10).

Vestiduras blancas.

Se ofrecen como un contraste con la desnudez de los laodicenses, la cual se destacaba tan horriblemente frente a su jactancia de que no tenían necesidad de nada (vers. 17). Las vestiduras blancas son la justicia de Cristo (Gál. 3:27; ver com. Mat. 22:11; Apoc. 3:4; cf. 1JT 479; PVGM 252-254; com. Apoc. 19:8). Esta figura debe haber tenido un significado especial para los cristianos de Laodicea, porque su ciudad era famosa por su tela de lana negra.

Vergüenza de tu desnudez.

Cf. Exo. 20:26; Lam. 1:8; Eze. 16:36-, 23:29; Nah. 3:5.

Colirio.

Gr. kollúrion, "rollito". El colirio antiguo era conocido por la forma del paquete en el cual se envolvía. Cerca de Laodicea había un templo al dios frígido, Men Karou. Surgió una famosa escuela de medicina dependiente de ese templo, y allí podía conseguirse un polvo para los ojos. Este hecho puede ser la base histórica de la figura del colirio.

El colirio simbólico que se le ofrece a los laodicenses es el antídoto celestial para su ceguera espiritual. Su propósito es abrirles los ojos a su verdadera condición. Esta es la obra del Espíritu Santo Juan 16:8-1 l); sólo por medio de su obra convincente en el corazón puede eliminarse la ceguera espiritual. También puede considerarse que este colirio 779 representa la gracia espiritual que capacita al cristiano para distinguir entre la verdad y el error, entre el bien y el mal. Ver 1JT 479.

Que veas.

Es decir, veas el pecado como lo ve Dios y comprendas tu verdadera condición, como requisito previo para el arrepentimiento.

19. Yo reprendo.

El propósito de toda verdadera disciplina correctora es hacer comprender su culpa al que yerra y animarlo a un nuevo proceder.

Castigo.

Gr. paidéuÇ , "educar a niños", "disciplinar", "castigar", particularmente como un padre castiga a un hijo con el propósito de encaminarlo y educarlo. El castigo le llega al cristiano cuando no presta atención a la reprensión de Cristo; pero ni su castigo ni su reprensión son una expresión de ira -como cuando una persona pierde el dominio propio- sino de un gran amor, cuyo propósito es llevar a los pecadores al arrepentimiento.

Parece que la iglesia de Laodicea no había sufrido aún persecución como sus iglesias hermanas, porque no se menciona que hubiera padecido sufrimientos. Pero Cristo amonesta a la iglesia que no puede continuar en su proceder indiferente sin encontrar una disciplina correctivo. Más de medio siglo después de los días de Juan, parece que la iglesia de la antigua Laodicea sufrió persecución (ver- Eusebio, Historia eclesiástica iv. 26; v. 24).

Los que amo.

Gr. filéÇ , "amar", "tener afecto", "tratar como amigo". Compárese con el amor de Cristo como se expresa para la iglesia e Filadelfia mediante la palabra agapáÇ (vers. 9). En cuanto a la diferencia entre estas palabras, ver com. Mat. 5:43-44; Juan 11:3; 21:15. Esta seguridad del favor de Cristo muestra que los laodicenses no están sin esperanza (ver Nota Adicional al final de este capítulo). En realidad, son el objeto especial de la atención divina. El amor de Dios por ellos se expresa en el castigo por cuyo medio espera inducirlos al arrepentimiento (ver Prov. 3:12).

Sé, pues, celoso.

Gr. z'lóÇ , de la misma raíz que zestós , "caliente", condición que la iglesia de Laodicea no había alcanzado (vers. 15). Se invita a los laodicenses a que disfruten del calor y el entusiasmo que propicia el verdadero arrepentimiento, la consagración y la entrega a Cristo.

Arrepiéntete.

Gr. metanoéÇ (ver com. Mat. 3:2). El verbo en singular destaca la naturaleza personal e individual de esta admonición. El arrepentimiento, como la salvación, nunca suceden en masa. La vida espiritual de un pariente o un amigo sólo puede tener valor de salvación para esa persona. Este nuevo dolor por la vida del pasado y el celo con sabiduría por el futuro, es lo que Cristo quiere que experimente la iglesia de Laodicea. Ver Nota Adicional al final del capítulo.

20. Estoy.

La flexión del verbo sugiere que Cristo se ha detenido junto a la puerta y allí permanece. Nunca se cansa de ofrecer su bendita presencia a todos los que quieren recibirlo.

La puerta.

No es la puerta de la oportunidad que se ofrece en el vers. 8, ni la puerta de la salvación (cf. Mat. 25: 10; Luc. 13:25). Esas puertas las abre y cierra únicamente Dios. Pero esta puerta está bajo el control individual y cada uno puede abrirla o cerrarla según su voluntad. Cristo aguarda la decisión de cada persona porque es la puerta del alma. Cristo llama a la puerta de las emociones por medio de su amor, su palabra y sus providencias; llama a la puerta de la mente por medio de su sabiduría; llama a la puerta de la conciencia por medio de su autoridad; llama a la puerta de las esperanzas humanas por medio de sus infalibles promesas.

También puede considerarse que este pasaje se refiere a Cristo que está a la puerta de la vida humana, y en verdad de la historia humana, listo para entrar y bendecir con su presencia a su pueblo que espera (cf. Mat. 24:33; Luc. 12:36; Sant. 5:9).

Cenaré.

Gr. deipnéÇ , "comer", "cenar"; participar de la comida principal (ver com. Luc. 14:12). Esta palabra indica que el versículo se aplica a la gran cena de las bodas de Apoc. 19:9. Generalmente los judíos comparaban los goces de la vida futura con un festín (ver com. Luc. 14:15-16).

Con él.

Pocos actos revelan mayor amistad y compañerismo que el compartir juntos los alimentos. Cristo promete compartir nuestras experiencias y nos invita a participar de las suyas (cf. Gál. 2:20; Heb. 2:14-17).

21. Al que venciere.

Ver com. cap. 2:7.

Le daré que se siente.

Ver Mat. 19:28; Luc. 22:30; cf. 1 Cor. 6:2; com. Mat. 25:31.

En mi trono.

El vencedor compartirá la gloria y el poder de Cristo, así como él comparte la gloria y el poder de su Padre.

Como yo he vencido.

Ver com. Juan 16:33. El ser humano puede vencer únicamente con la fuerza de la victoria de Cristo.

Con mi Padre.

Ver Mar. 16:19; Efe. 1:20; Heb. l: 3; 8: l; 12:2.

22. Tiene oído.

Ver com. cap. 2:7.


NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 3

El tono severo e inflexible del mensaje a la iglesia de Laodicea ha hecho que algunos concluyan que no hay esperanza para los cristianos de esta "iglesia" a menos que transfieran su feligresía a la "iglesia" de Filadelfia; pero esa conclusión no concuerda ni con el contexto ni con los principios de una correcta interpretación. Ver com. cap. 1: 11, y nótese lo siguiente:

1. Esta hipótesis supone que la "iglesia" de Filadelfia existe simultáneamente con la de Laodicea; pero si hay razón para entender que Filadelfia es simultánea con Laodicea, hay igual razón para pensar lo mismo de cualquiera o de todas las demás iglesias. Si se considera que es posible emigrar espiritualmente de Laodicea a Filadelfia, no hay ninguna razón válida para que no sea igualmente posible -y deseable- emigrar, por ejemplo, de Laodicea a Efeso, o de Sardis a Esmirna. Además, si se consideran coexistentes dos o más períodos, se interrumpe el esquema consecutivo. Los mensajes individuales dejarían de tener una relación específica y cronológica con la historia, y no habría ninguna base válida para creer que el mensaje de Laodicea tiene una mayor y específica importancia para nuestro tiempo que para cualquier otro.

El mensaje que se envía a cada una de las siete "iglesias" se aplicará específicamente a la iglesia cristiana en un determinado tiempo de la historia, sólo si se acepta que las siete "iglesias" representan siete períodos consecutivos que abarcan la era cristiana, y que cada mensaje tiene una aplicación específica sólo en un período específico. Sólo así puede considerarse a los cristianos de cualquier período como pertenecientes a una "iglesia" en particular, y únicamente así el mensaje de Laodicea puede aplicarse de una manera especial a la "iglesia" de nuestro tiempo. Por lo tanto, cuando se consideran cronológicamente las siete "iglesias", o se afirma que representan períodos específicos de la historia, no es posible que los cristianos de un período puedan emigrar espiritualmente a otro.

2. La hipótesis de que los laodicenses deben dejar su "iglesia" para unirse con la de Filadelfia para ser salvos, se basa en la idea de que cada "iglesia" representa únicamente un estado o condición espiritual particular. Es cierto que cada una de las siete tiene sus problemas característicos y que los consejos, las amonestaciones y las promesas que se dirigen a cada una son apropiados para todas. Pero es igualmente cierto que algunas de las "iglesias" reflejan un estado o condición espiritual más deseable que otras.

Ahora bien, es bueno que el cristiano diligente de cualquier período de la historia haya aspirado y aspire a reflejar las características deseables de todas las "iglesias" y a ser digno de recibir las diferentes promesas hechas a ellas. Así también debe procurar evitar sus características indeseables y prestar atención a las amenazas y amonestaciones que se les dirige. Pero cuando los mensajes se consideran desde este punto de vista, son intemporales en su naturaleza; el lector diligente los aplica a su propio caso pues considera que pueden suplir sus necesidades personales, sin pensar en que vive en un determinado tiempo. No tiene necesidad de pasar simbólicamente su feligresía de una a otra iglesia.

3. Hablando en términos generales, se dirigen palabras de alabanza a todas las "iglesias", excepto a Sardis y a Laodicea; palabras de reprensión a todas, salvo a Esmirna y Filadelfia, y palabras de promesa a las siete, y por esta razón se ve que las "iglesias" tenían miembros deseables e indeseables. Pero en ningún caso aconseja Cristo a los miembros leales de una "iglesia" que se supone que es desleal, que transfieran su feligresía espiritual a otra cuya condición espiritual parece preferible. Si este fuera su propósito, tendríamos derecho a esperar una clara exhortación a salir de Sardis o Laodicea, similar, por ejemplo, a la exhortación para salir de Babilonia (cap. 18:4). Pero la Inspiración no ha registrado ninguna exhortación al respecto a Laodicea ni a ninguna de las otras "iglesias". En cada caso el remedio para el mal prevaleciente ha sido un sencillo y enfático: "Arrepiéntete" . A los cristianos leales de la "iglesia" de Efeso que habían caído y "dejado" su "primer amor", no se les aconsejó que emigrasen a Esmirna (cf. cap. 2:4-5). A los del período de Pérgamo que albergaban las doctrinas de Balaam y de los nicolaítas (vers. 14-15), no se les dijo que transfiriesen su feligresía a Efeso o a Esmirna. La "iglesia" de Sardis estaba casi muerta (cap. 3:2), pero a sus miembros fieles no se les ordenó que se mudaran a Filadelfia. Similarmente, a los cristianos leales del período de Laodicea no se les ordena que se hagan miembros de Filadelfia; por lo menos no lo hace Cristo, el testigo verdadero al dirigirse a los de Laodicea. Pero se les dice , como laodicenses, que se arrepientan y hallen en Cristo el remedio para todos sus defectos de carácter (vers. 18-20).

La idea de que el cristiano puede mejorar sus perspectivas de salvación recurriendo al escapismo de una emigración espiritual y practicando una forma de justicia que cree que es superior a la de otros cristianos, está claramente en desacuerdo con las enseñanzas de nuestro Señor (cf. Luc. 18:9-14). En la parábola de la cizaña (Mat. 13:24-30, 37-43) el dueño del campo ordenó que el trigo y la cizaña debían "crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega" (vers. 30). La cizaña no debía ser desarraigada por manos humanas, ni tampoco trasplantarse el trigo a otra parte. Sólo cuando los ángeles segadores junten el trigo en el alfolí del Dueño y quemen la cizaña, habrá una separación general de justos e impíos (vers. 30, 39-42).

Los miembros de la antigua iglesia de Laodicea no habrían mejorado su condición espiritual con mudarse a la ciudad de Filadelfia. El propósito de Dios para la "iglesia" de Laodicea no incluye un plan de emigración espiritual a alguna de las otras "iglesias" del Apocalipsis, sino más bien una transformación completa del corazón y de la vida (ver com. Apoc. 3:18-20). Cualquier otra solución que se proponga para los males de Laodicea sólo hará de la persona un hipócrita.

4. Es verdad que a ninguna otra "iglesia" se le dirige una reprensión tan incisiva como a la "iglesia" de Laodicea; pero también es cierto que a ninguna otra se le ofrece una evidencia más tierna del amor de Cristo, una comunión más íntima con él, o una recompensa más gloriosa (vers. 19-21). El mensaje para Laodicea no significa un rechazo incondicional, como tampoco lo son los que se dirigen a las otras "iglesias". Si la pobreza espiritual de los laodicenses fuese irremediable, el Testigo verdadero no les ofrecería "oro"; si su vista espiritual no tuviese cura, no les ofrecería el "colirio" celestial; si su desnudez "espiritual" no tuviese esperanza, no les ofrecería sus propias "vestiduras blancas" (ver com. vers. 17-18).

Es evidente que hay vencedores en Laodicea (vers. 2 l) como en cada uno de los períodos anteriores de la historia de la iglesia, y a estos vencedores de Laodicea es a quienes se les da la promesa de sentarse con Cristo en su trono.
CBA T7

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