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Cuando Surgen Conflictos - Libro Complementario - Lección 7

Cuando Surgen Conflictos

Una tarea difícil para cualquier comunidad cristiana es mantener la unidad a la vez que se lucha con diferentes opiniones respecto a temas de identidad y de misión. A menudo, el conflicto en asuntos de esa naturaleza no se puede poner a un lado sin que surjan consecuencias devastadoras. En ese sentido, las comunidades cristianas de hoy no son diferentes a las del Nuevo Testamento. Los primeros cristianos también enfrentaron situaciones que surgieron de prejuicios interpersonales y de serias diferencias respecto a la interpretación de relatos y prácticas del Antiguo Testamento. Esos conflictos podrían haber destruido a la iglesia en su infancia, si no hubiera sido por los apóstoles y dirigentes que procuraron soluciones mediante el estudio de las Escrituras y la dirección del Espíritu Santo. Si bien es cierto que la iglesia primitiva experimentó una gran unidad, con el tiempo también enfrentó un conflicto interno que puso en peligro dicha unidad y amenazó su supervivencia.

Prejuicios étnicos y favoritismos

Hechos 6 muestra a los apóstoles seleccionando a siete hombres para que los ayudaran en su ministerio. Ese proceso se enmarca en el contexto de un conflicto serio que la joven comunidad de creyentes enfrentaba. Aunque actuaban sin premeditación, los apóstoles parecían favorecer a las viudas hebreas por encima de las de habla griega, proveyendo a estas últimas menos alimentos que a sus contrapartes hebreas. 1

Sin embargo, ya fuera en forma intencional o no, ese favoritismo hacia un grupo étnico estaba fuera de lugar e hizo que algunos creyentes cuestionaran la equidad y la justicia practicadas en su comunidad. Jesús no había mostrado favoritismo respecto a ningún grupo (Luc. 20: 21), y parecía como si los apóstoles hubieran olvidado eso. Aquel conflicto amenazaba la unidad de la iglesia porque los dirigentes de la misma, designados por Jesús, eran considerados como personas ineficaces y parcializadas en su ministerio. Aquella era una acusación seria. Elena G. de White comenta: «Ningún hombre, ni grupo de hombres, podría continuar llevando esas cargas solo, sin poner en peligro la futura prosperidad de la iglesia. Se necesitaba una distribución adicional de las responsabilidades que habían sido asumidas tan fielmente por unos pocos durante los primeros días de la iglesia».2

Las sencillas medidas tomadas por la iglesia primitiva para resolver aquel malentendido son valiosas. Primero, los apóstoles escucharon atentamente las quejas de los creyentes de habla griega y les pidieron que presentaran posibles soluciones. Confiaron en el grupo de quejosos, para seleccionar a siete hombres que se convertirían en sus asociados. Aquellos siete, todos de habla griega, eran hombres «de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría» (Hech. 6: 3). El ministerio de los apóstoles, que hasta entonces había consistido en predicar la Palabra de Dios y distribuir comida a las viudas, se dividió en dos grupos, cada uno de los cuales desempeñaba un ministerio igualmente valioso para la proclamación del evangelio. Lucas utiliza la misma palabra (diakonia) para referirse tanto al ministerio de los apóstoles para predicar la Palabra de Dios (ver. 4), como al ministerio de la distribución de alimentos (ver. 1). El nombramiento de siete hombres, tradicionalmente llamados diáconos, alivió la tensión en la iglesia de Jerusalén.

Cualquiera podría maravillarse al pensar cómo una solución tan sencilla evitó un gran conflicto en la iglesia primitiva. Es notable que incluso una iglesia dirigida por los mismos apóstoles de Jesús experimentara conflictos, aunque el registro de la historia demuestra que ninguna iglesia es perfecta. La solución propuesta presenta importantes lecciones para la iglesia de hoy. En aquel caso, los apóstoles confiaron en el grupo que se quejaba para tomar la decisión correcta y ofrecer una solución apropiada. Esto representó un enfoque especial de aquel conflicto interpersonal y muestra cómo se puede llegar a una solución cuando cada facción considera que la otra está asimismo dirigida por el Espíritu Santo.

La conversión de los gentiles

La conversión de los gentiles al evangelio de Jesús, descrita en el libro de Hechos, fue un acontecimiento que preparó el escenario para un gran conflicto en la vida de la iglesia primitiva; algo que amenazaría su existencia misma y su misión. El problema que hervía a fuego lento fue puesto de relieve por dos incidentes impulsados por Dios mismo.

El apóstol Pedro recibió una extraña visión en Hechos 10: 9-16, mientras esperaba por su comida. En dicho sueño, vio una sábana que descendía de lo alto. La misma estaba llena de animales, reptiles y aves. Mientras contemplaba aquel curioso espectáculo, una voz del cielo le dijo: «Levántate, Pedro, mata y come» (ver. 13). Él se sintió muy impresionado por aquella visión, ya que como fiel judío jamás había consumido alimentos inmundos o contaminados, como lo exigía la Ley (Lev. 11; Eze. 4: 14; Dan. 1: 8). Sin embargo, la intención de aquella visión no se refería a qué comer, o qué no comer. Es importante recordar que, en las primeras décadas del cristianismo, el movimiento que exaltaba a Jesús era más que nada un subgrupo judío, formado por judíos que habían aceptado a Jesús como el Mesías prometido. Aquellos primeros cristianos eran judíos fieles y obedecían la ley en la forma en que les había sido enseñada. Tampoco creían que el evangelio de Jesucristo había eliminado o abolido las prescripciones del Antiguo Testamento (Mat. 5: 17-20).

Curiosamente, un centurión romano llamado Cornelio, que vivía en Cesarea Marítima, en la costa del mar Mediterráneo, también había recibido un sueño un par de días antes. Aquel hombre era «piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo y oraba siempre a Dios» (Hech. 10: 2). En una visión, un ángel se le había aparecido y le había dado instrucciones claras para que enviara a alguien a Jope para encontrar a un discípulo de Jesús llamado Simón (vers. 4-6). Es obvio que el Espíritu Santo guiaba todas aquellas circunstancias con el fin de encaminar a la iglesia primitiva en una dirección inesperada, en una dirección que Dios había predicho muchos años atrás.
 
Aunque algunos gentiles se habían convertido previamente al judaísmo y se habían hecho seguidores de Jesús (por ejemplo, Nicolás, mencionado en Hech. 6: 5), esta es la primera vez que un gentil acepta el evangelio. Ese suceso suscitó un tema polémico que la iglesia primitiva tuvo que enfrentar: la circuncisión. Los primeros cristianos eran todos judíos y creían que para que un hombre fuera parte del pueblo del pacto de Dios, tenía que ser circuncidado. Las instrucciones de la Biblia respecto a ese requisito eran claras e inequívocas (Gén. 17: 10, Hech. 15: 5). Dado que Jesús no había venido para abolir la ley ni los Profetas (Mat. 5: 17), los primeros creyentes no pensaban que aquel requisito había cambiado.

Sin embargo, el Espíritu Santo estaba preparando el camino para el plan de Dios, con el propósito de recibir a los gentiles en el compañerismo de la comunidad cristiana, sin necesidad de que fueran previamente circuncidados, ni tampoco de convertirse en judíos. Esa práctica cumpliría las profecías del Antiguo Testamento que predecían una respuesta positiva de parte de los gentiles a la invitación de Dios (Amós 9: 11-12; Isa. 43: 9; 56: 6). Aunque al principio Pedro y sus amigos dudaron respecto a visitar a Cornelio y compartir con él el evangelio, el derramamiento del Espíritu Santo sobre Cornelio y su casa convenció al apóstol de que esa era la voluntad de Dios. Esa unción fue parecida a la que experimentaron los discípulos de Jesús el día de Pentecostés (Hech. 10: 44-47).

Si el Espíritu Santo podía ser concedido a los gentiles de la misma manera en que había sido derramado sobre los judíos, entonces era evidente que la circuncisión no era un requisito previo para hacerse seguidor de Jesús, el Mesías. El nuevo pacto estaba fundado en la fe en Jesús y no en la circuncisión. Esa conclusión preparó el escenario para un gran conflicto teológico y cultural entre los primeros cristianos. ¿Acaso debería requerirse la circuncisión de los gentiles que se convertían al evangelio? El Espíritu Santo lo estaba guiando todo al respecto y Pedro entendió correctamente, gracias a su sueño y a su experiencia con Cornelio, que Dios no muestra parcialidad o favoritismo respecto a las buenas nuevas acerca de Jesús (Hech. 10: 34).

El Espíritu lo dirige todo

Las noticias de lo sucedido en Cesarea pronto llegaron a oídos de los dirigentes de la comunidad cristiana en Jerusalén, por lo que le pidieron a Pedro que presentara un informe de lo acontecido. Ellos se sintieron ofendidos por el comportamiento de Pedro ya que, según su comprensión de la ley de Moisés, a los judíos fieles no se les permitía comer con los gentiles (Hech. 11: 3). Surgieron preguntas respecto a la legitimidad de las acciones de Pedro y respecto a su decisión de bautizar a aquellos gentiles (sin el requisito previo de la circuncisión), por lo que Pedro les explicó con detalles lo sucedido. Hubo testigos (ver. 12), para certificar que el Espíritu Santo efectivamente había manifestado su presencia de la misma manera que lo había hecho el día de Pentecostés. La guía y dirección del Espíritu Santo en aquel caso fue algo innegable y la concesión de aquel don sobrenatural fue aceptada. «Entonces, oídas estas cosas, callaron y glorificaron a Dios, diciendo: "¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!"» (ver. 18).
 
Quizá los dirigentes de Jerusalén pensaron que lo sucedido con Cornelio y su familia sería una excepción y que esa experiencia no se repetiría. Sin embargo, el Espíritu Santo decidió lo contrario. Ellos comenzaron a predicar en Samaria, Fenicia, Chipre y Antioquía debido a que la persecución dispersó a los discípulos de Jesús más allá de Jerusalén y Judea después de la muerte de Esteban (Hech. 8: 1). Cada vez más gentiles aceptaban a Jesús como su salvador, como se había predicho (Hech. 1: 8). John Polhill comenta al respecto:

«Sin embargo, no todos los problemas se resolvieron. No todos los cristianos judíos estaban satisfechos con la idea de recibir a gentiles sin que cumplieran con el rito de la circuncisión. Hasta el momento no se había experimentado una llegada masiva de gentiles y los problemas no eran del todo evidentes. Las cosas luego cambiarían, con el gran éxito de la misión de Pablo y Bernabé entre los gentiles. Una vez más, la cuestión sería planteada por la facción judía más extremista: "¿No deberían los gentiles circuncidarse cuando se hacen cristianos?" "¿Debemos realmente tener comunión con los gentiles incircuncisos que no respetan las leyes alimentarias?" [...] Esos problemas surgirían una vez más en el Concilio de Jerusalén para un enfrentamiento final (Hech. 15: 3]».3

El Concilio de Jerusalén

La amenaza a la unidad de la iglesia que enfrentaron los primeros cristianos era real y difícil de vencer. Los cristianos judíos pensaban que la salvación únicamente estaba al alcance de aquellos que pertenecían al pueblo del pacto con Dios, dejando entrever que la circuncisión era un requisito ineludible. Los judíos cristianos también consideraban que debían evitar el contacto con los gentiles como parte de un estilo de vida fiel, ya que eso podría afectar su propia salvación. Así mismo les estaba prohibido comer con gentiles y pecadores.

Los judíos tenían leyes muy estrictas que gobernaban su contacto con los gentiles. Esas normas se convirtieron rápidamente en un obstáculo para la nueva comunidad cristiana, en el momento en que los apóstoles comenzaron a acercarse a los gentiles que deseaban hacerse seguidores de Jesús. Si el Mesías era el Salvador del pueblo del pacto de Dios, según se afirmaba en el Antiguo Testamento, ¿no estaban supuestos a convertirse en judíos los gentiles que deseaban obtener la salvación, observando las reglas del pacto?

Este tema no era tan solo un asunto de índole cultural, según se deduce al tomar en cuenta la discusión generada. El mismo estaba arraigado en el conflicto alimentado por rígidas interpretaciones de los pasajes del Antiguo Testamento relacionados a la circuncisión y al trato con los gentiles. Cuando los apóstoles, los ancianos y los delegados de Antioquía se reunieron en concilio, parece que la discusión continuó durante mucho tiempo sin que llegaran a una salida. De hecho, parece que la discusión fue bastante acalorada. Sin embargo, tres apóstoles, Pedro, Bernabé y Pablo, pronunciaron sendos discursos hacia el final de aquel apasionado debate que finalmente aportaron luz y una solución. Sus palabras utilizan elementos comunes cuando comparten con la asamblea sus testimonios respecto a la forma en que el Espíritu Santo obró a través de ellos para lograr la conversión de algunos gentiles. Sus relatos de milagros y maravillas entre los gentiles aportaron evidencias de la obra del Espíritu Santo. Concluyen diciendo: «Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos» (Hech. 15: 11). Ese fue el argumento decisivo en aquella discusión. El Espíritu Santo guió sus experiencias y ministerios a una nueva realidad, a una verdad bíblica que no habían considerado anteriormente.

Una solución difícil

Santiago, el hermano de Jesús, quien parece ser el director de la asamblea, ofrece su opinión y decisión sobre la ruta a seguir, después de largas horas de discusión entre los apóstoles y los ancianos. De manera convincente, el grupo decide que los gentiles no necesitan convertirse en judíos para ser receptores de la salvación de Dios, ni obedecer todos los aspectos de las leyes ceremoniales, incluida la circuncisión.

Santiago cita a Amós 9: 11-12 en su decisión de aceptar a los gentiles en la comunidad cristiana. Además, observamos alusiones a la salvación de todas las naciones en otros profetas del Antiguo Testamento (Isa. 42: 1). La intención de Dios desde el principio, fue salvar al mundo a través del testimonio y la experiencia de Israel. De hecho, el llamado de Dios a Abraham incluyó una bendición para todas las naciones a través de él y de sus descendientes (Gén. 17: 4).4

Aunque estas profecías habían sido leídas muchas veces, los judíos no habían considerado su cumplimiento. La dirección del Espíritu Santo, ·el ministerio de Pedro, de Bernabé y de Pablo entre los gentiles, y la conversión de muchos gentiles, fueron evidencias que no podían ser ignoradas. Aquellos testimonios ayudaron a los dirigentes de la comunidad cristiana en Jerusalén a reconocer que muchas de las profecías del Antiguo Testamento se estaban cumpliendo en aquel momento. Dios ya había dado leyes que regulaban la presencia de los gentiles en Israel y les había aplicado diversos tipos de restricciones (Levítico 17, 18). Santiago también se refirió a esas leyes en su decisión (Hech. 15: 29). Fue algo obvio que Dios llamaba a los gentiles a unirse a su pueblo y a recibir la salvación en Jesús. La dirección del Espíritu Santo hizo posible una nueva comprensión de las Escrituras y de los pasajes clave que se aplicaban a los gentiles, textos que previamente apenas habían sido entendidos.
One in Christ: Bible Book Shelf 4Q 2018

Después de muchos días de discusión, la iglesia primitiva encontró el apoyo de las Escrituras para recibir a los gentiles en la comunidad cristiana, asimismo al escuchar los testimonios de apóstoles y gentiles y luego de recibir la iluminación del Espíritu Santo. La iglesia se fortaleció y se evitó un cisma importante. Por supuesto, ese resultado requirió un nivel de confianza por parte de la iglesia en Antioquía que envió representantes a Jerusalén para reunirse con los demás apóstoles y ancianos. Confiaban que juntos encontrarían la mejor solución para aquel dilema.

Estos relatos encontrados en el libro de Hechos nos enseñan que la unidad de la iglesia está enraizada en una idea de fidelidad, confianza y amor por los demás. La influencia del Espíritu Santo suscitó una sencilla aceptación de actitudes que parecían contradecir las interpretaciones de las Escrituras observadas durante largo tiempo, para generar una solución revolucionaria y suscitar una mayor unidad en propósito y misión no vista antes.

Aunque las costumbres sociales de hoy son muy diferentes a las imperantes en el tiempo de la iglesia primitiva, todavía podemos aprender de su experiencia. La unidad que disfrutamos en Cristo se fomenta y se hace visible de varias maneras. Nuestra unidad en Cristo se beneficiará de la preparación espiritual que pongamos en marcha para recibir al Espíritu Santo. Se beneficiará del compañerismo regular, de partir el pan, de la oración y de una respuesta común al cuidar de los menos afortunados.

Referencias:
1. Probablemente las viudas griegas no eran gentiles. Había dos grupos que incluían tanto a judíos como a creyentes en Jesús, el Mesías. Un grupo es parte de la diáspora judía y habla griego; el otro, es de Judea y habla arameo. Según Hechos 10 los primeros gentiles que se convirtieron en creyentes fueron Cornelio y su familia. Mikeal C. Parsons, Acts, Paideia: Commentaries on the New Testament (Grand Rapids, Míchigan: Baker Academic, 2008), p. 82.
One in Christ: Bible Book Shelf 4Q 2018
2. Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles (Doral, Florida: IADPA, 2008), cap. 9, p. 70.
3. J. B. Polhill, Acts, The New American Commentary (Nashville, Tennessee: Broadman Press, 1992), p. 268.
4. El término nación (etnos) es empleado en la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, para referirse a las naciones que Dios bendeciría a través de Abraham ( Gén. 17: 4) y que aceptarían la salvación divina (Isa. 42: l; Amós 9: 12). Este término también es traducido como gentiles y forma parte del argumento empleado por los apóstoles y por Santiago.
Denis Fortin. One in Christ: Bible Book Shelf 4Q 2018. Pacific Press Publishing Association.

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