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CBA Deuteronomio Capítulo 12


CBA Deuteronomio Capítulo 12
1. Estos son los estatutos.
El pasaje que va de Deut. 12: 1 a 26: 19 ha sido llamado el Libro del Pacto. A causa de la facilidad con la cual el pueblo olvidaba los requisitos de Dios, fue necesaria la reiteración de su voluntad (ver cap. 6: 1).

2. Todo árbol frondoso.
Las montañas, los cerros y los bosquecillos son todavía hoy los lugares preferidos por las naciones paganas 1008 para establecer el santuario de un ídolo (1 Rey. 14: 23; 2 Rey. 16: 4; Isa. 57: 5; 65: 7; Jer. 2: 20; 3: 13; Eze. 18: 6, 11, 15; 22: 9). Por lo general, la inmoralidad, disfrazada de religión, acompañaba ese culto.

3. Derribaréis sus altares.
Esto era indispensable si se había de desarraigar la idolatría (Lev. 26: 1; Deut. 7: 5).

Sus estatuas.
"Sus estelas" (BJ). Esta palabra se refiere a una piedra sola. Los altares eran construidos de una o más piedras, mientras que la "estela" era una piedra sola, siendo por lo general, objeto de adoración. Parece haberse tratado más bien de una columna o estela de piedra que de una imagen tallada. La VVR traduce siempre "estatua" y la BJ siempre "estela".

4. No haréis así.
No debían emplearse tales altares, ni bosquecillos, ni columnas sagradas en el culto a Jehová. Sin embargo, más tarde los hijos de Israel desobedecieron el mandato específico de Dios (2 Rey. 17: 10, 11; Eze. 20: 28; Ose. 4: 13).

5. Para poner allí su nombre.
Es decir, el lugar donde Dios habitaria en forma personal: en el templo. El nombre de Jehová era sagrado y no debía ser exhibido en lugares indignos (Exo. 20: 24). El lugar donde está el nombre de Dios es un refugio (Sal. 48: 3; 76: 1). En los Salmos se encuentran múltiples referencias al nombre sagrado (Sal. 5: 11; 29: 2; 33: 21; 72: 17, 19; etc.). Compárese con la promesa de Malaquías a la iglesia remanente (Mal. 4: 2).

Su habitación.
Primero el santuario en Silo; más tarde el templo de Jerusalén (2 Sam. 7: 13; 1 Rey. 3: 2; 8: 17- 19, 44, 48; Isa. 18: 7; Jer. 3: 17). En otros casos, puede referirse a la Tierra Santa.

6. Holocaustos.
Se los menciona frecuentemente junto con los "sacrificios". Eran los más comunes de todos los sacrificios (Exo. 10: 25; 18: 12; Jos. 22: 26, 28).

Diezmos.
Ver cap. 14: 22, 23.

Ofrenda elevada.
Se refiere a las "primicias" de los cereales, del vino, del aceite y de otros productos de la tierra que debían ser presentados por el adorador en persona (Núm. 18: 11, 12; Deut. 18: 4; 26: 4, 10). El adorador había usado sus propias manos en el cultivo y en la preparación del presente.

Ofrendas voluntarias.
Estas eran ofrendas especiales presentadas en cumplimiento de un voto o a manera de ofrenda de agradecimiento por bendiciones particulares (Lev. 7: 16; 22: 18, 21; 23: 38; Núm. 15: 3; 29: 39).

Primicias.
Ver Exo. 13: 2, 12; 22: 29; 34: 19; Núm. 18: 15-17.

7. Comeréis.
Las comidas relacionadas con los sacrificios (ver Exo. 18: 12).

Delante de Jehová.
Los sacerdotes comían dentro del recinto del santuario (Núm. 18: 10), pero el pueblo solamente comía cerca del tabernáculo, y era así como estaban "delante de Jehová" (Exo. 18: 12; 24: 11; Deut. 27: 6, 7).

Os alegraréis.
El alegrarse delante de Jehová es tema inagotable en las Escrituras (Lev. 23: 40; Deut. 16: 11, 14; 27: 7; Sal. 32: 11; 97: 12). A su vez, Dios se alegra por causa de su pueblo (Sof. 3: 14-17).

8. Cada uno lo que bien le parece.
Siempre en relación con los sacrificios ya mencionados. Debe recordarse que muchas de las instrucciones dadas por Moisés a Israel en el desierto no podían llevarse a cabo plenamente hasta que se establecieran. Este versículo se completa con el pasaje del cap. 13: 18. La conciencia del hombre no podía ser la norma de conducta en Israel.

9. Reposo.
Mejor, " "lugar de descanso" (BJ). Ver 1 Rey. 8: 56; Sal. 95: 11. El nombre Noé viene de la misma raíz. Existen en el AT muchas hermosas promesas de descanso: descanso en la presencia de Dios (Exo. 33: 14), descanso del trabajo y del temor (Isa. 14: 3), y por la liberación del poder de los enemigos (Isa. 14: 5-7).

10. El os dará reposo.
Los comentadores judíos aplican este pasaje al glorioso reinado de David (2 Sam. 7: 1).

11. Llevaréis.
El Señor mandó que se le trajesen sacrificios y ofrendas, no porque hubiese virtud inherente en ellos, sino como lecciones objetivas, por medio de las cuales el pueblo podría aprender el camino de la salvación. Si no había sinceridad de corazón de parte del creyente, su ofrenda no podía ser acepta ante Dios (1 Sam. 15: 22; Isa. 1: 11; Jer. 7: 22-24).

Todo lo escogido de los votos.
Todas las of'rendas presentadas en cumplimiento de votos. Los animales seleccionados para el sacrificio debían ser perfectos, sin defecto alguno.

12. El levita.
La tribu de Leví estaba consagrada al santo servicio de Dios y, en consecuencia, no tomaba parte en los trabajos comunes 1009 con los cuales los hombres se ganaban la vida. El levita no tenía tierra (cap. 10: 9) y por lo tanto recibía su manutención de parte de la congregación (caps. 14: 27; 16: 11, 14; 18:1-8; 26: 11).

13. En cualquier lugar.
No debían dejarse seducir por un lugar hermoso. Muchos de esos lugares habían sido indudablemente el sitio de santuarios idolátricos (Eze. 20: 27-29).

14. El lugar.
Este mandato se repite varias veces (vers. 5, 6, 11) a manera de advertencia enfática y para protegerlos del culto idolátrico. El servicio que pudiesen ofrecer sería aceptable sólo en el lugar que Dios designase.

15. Podrás matar y comer carne.
Aquí se introduce una modificación a la ley que estuvo en vigencia durante el peregrinaje por el desierto, por la cual se prohibía la matanza de animales para comer, salvo en la puerta del tabernáculo (Lev. 17: 3, 4). La nueva ley se aplicaría una vez que estuviesen residiendo en Canaán.

Según la bendición.
Se refiere aquí a una comida ceremonial. Evidentemente la caza del ciervo no era entonces menos común de lo que lo es hoy en ciertos lugares. Pero, puesto que esto no constituiría una comida ceremonial, no se exigía la limpieza ceremonial como en el caso de una comida relacionada con un sacrificio (Deut. 12: 22; Lev. 7: 20).

16. Sangre.
En armonía con las estrictas disposiciones vigentes desde que el hombre había recibido permiso de comer carne, después del diluvio (ver com. Gén. 9: 4-6).

La derramaréis.
La sangre de las víctimas para el sacrificio era rociada sobre el altar. En forma análoga, la sangre de un animal sacrificado para el consumo no podía ser usada, sino que debía ser derramada en tierra.

17. En tus poblaciones.
Es decir, en forma privada, en sus propios hogares. Se reitera aquí el vers. 7 con referencia a la comida ceremonial, a fin de que no hubiese confusión en cuanto al permiso acordado en el vers. 15.

Diezmo.
No puede tratarse del primer diezmo, usado exclusivamente para el sostén de los levitas (Núm. 18: 24). El diezmo del cual podía comer el pueblo, aunque sólo en las proximidades del santuario y no en sus propias casas, era un segundo diezmo. En Deut. 14: 22-29 se dan los detalles referentes a este segundo diezmo.

Las primicias.
Ver cap. 15: 19, 20. Los primogénitos machos de los rebaños y de las manadas eran propiedad del Señor (Exo. 13: 2, 12, 15; Núm. 18: 15-18) y pertenecían a la porción del sacerdote. Esta ofrenda nunca podía ser comida por el pueblo común. Es posible que en este pasaje se haga referencia a las hembras primogénitas. Estas debían ser compartidas por el pueblo y los sacerdotes, siempre en la presencia del Señor.

Los votos.
También éstos pertenecían a Jehová (Lev. 27: 28) y eran para los sacerdotes (Núm. 18: 14), si se los consagraba exclusivamente a Jehová. Otras ofrendas consagradas eran comidas en las fiestas solemnes, junto con los sacerdotes, y podían compartirse con las viudas, los huérfanos y los pobres.

Ofrendas elevadas.
Las primicias de cereales, del vino y del aceite eran también porción de los sacerdotes (Núm. 18: 12).

19. Levita.
Esta advertencia divina en contra del descuido de los que ejercían un cargo sagrado se repite en el cap. 14: 27. Esto se hacía necesario pues no había ningún procedimiento legal para obligar a pagar el diezmo. Los levitas podían quedar reducidos a la pobreza si el pueblo se descuidaba y dejaba de pagar fielmente el diezmo. El apóstol Pablo aplica este principio del diezmo fiel al ministerio cristiano (1 Cor. 9: 13, 14).

20. Tu territorio.
En armonía con la promesa de Gén. 15: 18 (ver también Deut. 1: 21; 19: 8; Exo. 34: 24).

21.
Si estuviera lejos.
Durante el peregrinaje en el desierto, el santuario estaba cerca del pueblo; por lo tanto, toda carne era comida en presencia de Dios (Lev. 17: 3, 4). Al agrandarse el territorio de la nación, para muchos resultaría difícil y costoso llegar hasta un lugar designado, sin importar dónde estuviese. La distancia hasta un lugar central de culto sería para la gran mayoría demasiado grande como para que el viaje fuese razonablemente cómodo.

En tus puertas.
El pueblo podría comer de sus rebaños y majadas en su casa. Esto es a manera de un apéndice de los vers. 15 y 16, y una modificación del mandato estricto que había regido durante su peregrinación en el desierto.

22. 
La gacela.
Ella y el "ciervo" no eran considerados aptos para sacrificios (vers. 15).

El inmundo y el limpio.
La proximidad al altar hacía que el lugar fuese santo, y solamente los que estuviesen limpios según el código 1010 levítico podían acercarse a ese sitio. Cuando comían en sus casas, podía participar aun el que no estuviese ceremonialmente limpio.

23. Que te mantengas firme.
El mandato contra el consumo de sangre está expresado en forma sumamente enfática. Dice literalmente: "Sé tú fuerte en no comer sangre".

La sangre es la vida.
Ver com. Gén. 9: 4; Lev. 17: 11, 14; 1 Sam. 14: 32-35.

25. Para que te vaya bien.
Promesa que se repite con frecuencia (caps. 4: 40; 5: 29; 6: 18). Es indudable que se incluye tanto el bienestar físico como el espiritual.

26. Las cosas que hubieres consagrado.
Una declaración general que incluye los sacrificios (Exo. 28: 38; Lev. 22: 2, 3; Núm. 18: 8), los diezmos (Lev. 27: 30) y las ofrendas especiales que una persona quisiera presentar. Es una reiteración de la orden que manda efectuar los sacrificios ceremoniales en el altar.

27. Sobre el altar.
Ver vers. 6.

Será derramada.
En estos casos la sangre era sagrada, no como en el caso de los animales matados en casa, cuya sangre era derramada en tierra.

Comer la carne.
Luego que los sacerdotes y los levitas hubiesen recibido la porción que les correspondía.

28. Te vaya bien.
Ver com. del vers. 25.

Lo bueno y lo recto.
Ver cap. 6: 18. La futura felicidad de Israel, en forma individual y como pueblo, dependía de su cooperación con la voluntad expresa del Señor.

29. Haya destruido ... las naciones.
Ver Deut. 19: 1; Jos. 23: 4.

30. Guárdate.
En su nueva patria sufrirían toda clase de tentaciones.

Que no tropieces.
Entre los pueblos de la antigüedad, se creía comúnmente que era fatal descuidar la adoración de los dioses del lugar en que la persona se encontraba (2 Rey. 17: 26). En esto reside la razón por la cual Dios recalcó tanto las instrucciones de no adorar a los dioses del país donde iban a entrar. Tal culto era la raíz de la depravación de los habitantes paganos que estaban a punto de ser expulsados o destruidos (Deut. 7: 16, 25).

31. No harás así.
Los israelitas no debían adoptar los ritos ni las ceremonias de la religión idolátrica para usarlos en el culto a Dios.

Sus hijos.
Ver Ley. 18: 21; 20: 2; 2 Rey. 17: 31; Jer. 7: 31; 19: 5; 32: 35. Está bien documentada la práctica de los pueblos paganos de la antigüedad de sacrificar niños en honor a los ídolos. También se han dado casos aislados de esta práctica en la India moderna.

32. Todo lo que yo te mando.
En el texto hebreo, éste es el primer vers. del cap. 13. Se aplica igualmente a los caps. 12 y 13.

CBA T1

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