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Claves para la unidad familiar - Sección Maestros: Lección 07

Lección 7- MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTROEl sábado enseñaré...

RESEÑA

Jesús desea que estemos unidos entre nosotros. Se pueden dar muchas razones para explicar por qué Jesús quiere que estemos unidos. Pero Cristo mencionó una que hace que la importancia de la unidad sea primordial.

El versículo para memorizar de esta semana muestra que todos debemos ser uno en el Padre y el Hijo, “para que el mundo crea que tú [el Padre] me [Jesús] enviaste” (Juan 17:21). Por eso, el hecho de que el mundo crea quién es realmente Jesús, y de dónde es, depende, en ciertos aspectos, de la unidad de los creyentes.
Entonces, ¿qué tal nos está yendo con esto? El peso de la unidad cristiana a escala global es abrumador. Pero la unidad en el ámbito familiar es realista. Por ende, el peso de esa unidad recae directamente sobre nuestros hombros.

Sin embargo, ese peso primeramente estuvo sobre los hombros de Cristo. Su triunfo sobre el mal (1 Juan 3:8), la naturaleza reconciliadora de la Cruz (Efe. 2:13-16; Col. 1:21-23) y la disponibilidad del Espíritu (Hech. 2; 1 Cor. 12:13) allanan el camino para la unidad entre su pueblo. Si combinamos estos sucesos con el nuevo mandamiento de Cristo de amar como él amó (Juan 13:34), de morir al yo y al egoísmo (Rom. 6:3-7), y de someternos unos a otros (Efe. 5:21), la familia desarrolla la habilidad de reflejar la unidad por la que Jesús oró (Juan 17).

COMENTARIO
Devocional sobre la unidad
La verdadera unidad es algo hermoso de contemplar. La receta es sencilla: alteridad y sumisión. Por supuesto que podríamos decir: “No, tú necesitas amor” o “Tú necesitas al Espíritu Santo”. Es cierto. Pero hay algo en la palabra sumisión que refina al máximo todos los demás ingredientes necesarios.

Salimos del paso muy fácilmente llenándonos la boca con la palabra amor dentro de nuestra familia y luego nos preguntamos por qué este amor es incapaz de producir la unidad afectuosa que esperábamos. Quizá si los actos auténticos de sumisión se equipararan con la cantidad de veces que decimos “te amo”, las cosas serían diferentes.

La sumisión existe como un ethos dentro de la familia o no existe en absoluto. Si hay al menos un miembro de la familia cuya voluntad exige sumisión pero nunca forma parte de ella, a esa situación familiar se la puede calificar de varias maneras, menos de unidad.

El modelo de sumisión es la vida de Jesús. El punto culminante de esa sumisión se oye en el Getsemaní: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc. 22:42). Esta es una de las claves de la profunda unidad entre el Padre y el Hijo. Jesús explicó que el Padre no lo había dejado solo, y estaba con él porque él (Jesús) hizo “siempre lo que le agrada” (Juan 8:29). Es revelador el hecho de que el mismo Jesús no haya evitado la sumisión. Este aspecto es fundamental porque últimamente el término sumisión se ha visto envuelto en conflictos eclesiásticos relacionados con la ordenación, los roles de género y quién es el que manda. Al margen de esas cuestiones importantes, el hecho de que el Rey de reyes haya llevado una vida de sumisión eleva los actos personales de sumisión en todos los ámbitos entre quienes se proponen seriamente asemejarse a Cristo. Y, si hay una institución que requiere unidad mediante la sumisión más que otra, esa es la del matrimonio.

Ilustración Es posible que las parejas experimenten cambios radicales que pueden variar el rumbo de su matrimonio en cualquier momento. José se casó con una mujer cuya dinámica familiar dictaba que los desacuerdos eran oportunidades para discusiones “animadas” destinadas a producir un ganador y un perdedor. Cuando esas son las reglas del juego, la norma pasa a ser una postura de defensa y ataque. La “corona de olivo” se la lleva quien supere, menosprecie o conmocione verbalmente a su oponente. No se permite la sumisión, no se logra la unidad, y las relaciones se atrofian.

Ni José ni su esposa querían este resultado. Pero él luchó para buscar la mejor manera de comunicarle a su esposa que los contextos para sus desacuerdos podrían cambiar radicalmente a algo más constructivo. José necesitaba convencer a su esposa de que no tenían que ser dos personas separadas y atrapadas en una lucha por la superioridad, y que lo mejor para él era no aprovecharse nunca de la vulnerabilidad de ella, de sus errores o sus debilidades para “ganar” una discusión. Finalmente, José decidió utilizar lo que Gary Smalley, el destacado consejero matrimonial ya fallecido, denominó “descripción gráfica emocional” (una parábola destinada a comunicar la percepción y la emoción de una persona a otra).

Por esa fecha, José y su esposa estaban de mochileros en Sierra Nevada. Al sentarse al lado de un arroyo fresco con impresionantes montañas en un segundo plano, esos montes de repente se convirtieron en la fuente de la parábola de José. Él le dijo a su esposa: “Cada vez que tenemos un conflicto, imagínate que estamos en la cima de una de estas montañas. Muchas parejas creen que están jugando al Rey de la Montaña en un conflicto relacional. El ‘ganador’ es el que puede dominar verbalmente al otro hasta el punto de empujarlo hacia el acantilado. Pero esta victoria es una victoria artificial. Nunca jugaré de esta manera contigo, no porque sea un buen tipo, sino porque el matrimonio nos ha atado del tobillo con una cuerda larga y resistente: si tú te caes, yo me caigo.

Es verdad, somos dos, pero solo hay un matrimonio, una relación. Lo mejor para los dos será hacer, decir y pensar solo aquellas cosas que beneficiarán a esta tercera entidad entre nosotros, ahora llamada matrimonio. No hay ganadores ni perdedores, ambos ganamos o ambos perdemos”. Esta filosofía ha sido clave para la unidad dentro del matrimonio y la familia de José.

Básicamente, el matrimonio es un experimento único para ver si dos personas potencial y radicalmente diferentes pueden funcionar como una sola. Mike Mason, en su Mystery of Marriage [El misterio del matrimonio], presenta la lucha de esta manera: “Incluso las parejas más unidas inevitablemente se verán envueltas en una lucha de voluntades, ya que el matrimonio es un intento salvaje y audaz de un grado casi imposible de cooperación entre dos poderosos centros de autoafirmación. El matrimonio no puede evitar ser un crisol de conflictos en el que estas dos voluntades deben fundirse, purificarse y amoldarse” (p. 167). En su brillante capítulo titulado “Sumisión”, explica cómo puede darse esto. Suena un poco como la parábola de la cuerda. “ ‘El que es más pequeño entre todos vosotros, ese es el más grande’ (Luc. 9:48). [...] El matrimonio, en el mejor de los casos, es una especie de anticompetencia, lo contrario al juego de tirar de la cuerda, entre dos voluntades igualmente resueltas a no ganar. Esa es realmente la única actitud que funciona en el matrimonio porque así es como el Señor lo diseñó” (The Mystery of Marriages, p. 167).

Texto bíblico
“Esposas, sométanse a sus propios esposos [...]. Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres [...]. Esclavos, obedezcan a sus amos” (Efe. 5:22; 6:1; 6:5, NVI). Cuando se abusa de las Escrituras, tarde o temprano también se abusa de las personas. No podemos ni imaginarnos con cuánta frecuencia se ha invocado estos tres versículos para hacer lo contrario a las intenciones del Espíritu. Irónicamente, estar lleno del Espíritu versus estar ebrio de alcohol es el contexto más amplio de estos pasajes (Efe. 5:18). El alcohol es un mal intérprete. Es la contraparte socialmente más débil que a menudo siente la bofetada de su influencia. A veces, los cambios culturales son tan grandes que explicar lo que no significan los versículos es tan importante como explicar lo que sí significan. Quizás eso sea lo que ocurre aquí.

La lista de Pablo y los comentarios correspondientes sobre estos dobletes sociales contrastan con las listas extrabíblicas de su época que alentaban la hosquedad en el trato para proteger el honor del esposo, padre y propietario de esclavos (ver Biblia de Estudio Andrews, p. 1.474). Pablo tiene algo diferente en mente. Aunque se podría decir mucho sobre el segmento correspondiente a los esclavos y los amos en los pensamientos de Pablo, el tema de este trimestre sobre la familia reduce el enfoque.

En lo que respecta a la lección de esta semana sobre la unidad familiar, en Efesios 5 se pueden encontrar temas como la sumisión, el amor y la relación de Cristo con su iglesia. Es más, estos temas deben estar juntos.

De lo contrario, es posible que los intérpretes lleguen a conclusiones como, por ejemplo, que solo las esposas deben someterse y que los esposos son el objeto de esa sumisión. Es cierto que la palabra someterse no se aplica directamente a los esposos, pero debido al hecho de que el versículo anterior, “someteos unos a otros” (Efe. 5:21), es el resultado generalizado de ser lleno del Espíritu (Efe. 5:18), es muy poco probable que Pablo estuviera pensando exclusivamente en las esposas cuando escribió Efesios 5:21, a menos que alguien se atreva a decir que solo las esposas están llenas del Espíritu Santo (una conclusión que los intérpretes más patriarcales pueden encontrar difícil de digerir). Pablo indudablemente cree que las esposas deberían someterse a sus esposos. Pero considera que esa sumisión es paralela a la relación entre Cristo y su pueblo (Efe 5:22-24). Sin embargo, el paralelismo es válido solo cuando los esposos son metáforas vivientes del amor de Cristo (Efe. 5:25). La muerte voluntaria de Cristo por la salvación de su esposa es el acto más grande de sumisión que el Universo haya visto alguna vez. Puede ser que la frase de Pablo “someteos unos a otros” se aplique al matrimonio, ya que la sumisión del esposo queda subsumida bajo el imperativo de amar como Cristo ama.

APLICACIÓN A LA VIDA

La idolatría moderna se expresa a través del culto al yo, en el que la autonomía absoluta es la ética que se valora: mi importancia, mis deseos, mis preferencias, mis ambiciones y mi manera de doblar la ropa o lavar los platos no son negociables. “Mientras no lastime a nadie más, puedo hacer lo que quiera”, pregona esta ética. Y, por supuesto, podemos hacer lo que queramos; pero no podremos conseguir lo que queremos si la madurez cristiana, las relaciones amorosas y la unidad familiar están en cualquier sitio del horizonte. Ahora, permite que la clase tome los temas profundos pero abstractos de la lección y que comparta qué aspecto tendrían estos temas traducidos a acciones.

Preguntas para analizar:
  • 1. Un esposo o una esposa que siente que la relación matrimonial favorece injustamente solo los deseos de su cónyuge ¿cómo podría iniciar una conversación como una forma de avanzar hacia la unidad? Sé específico.
  • 2. ¿Qué estrategias familiares podrían ayudar a los hijos distanciados a sentir que sus opiniones y sus deseos son valiosos dentro de la familia sin invertir el paradigma de la autoridad padre/hijo?
  • 3. La sumisión, el amor y el compromiso deben expresarse no solo en palabras sino en cientos de pequeñas acciones diarias dentro de la familia. ¿Cuáles son algunas de estas acciones que usas para mantener unida a tu familia?

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