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CBA - Segundo Libro de Los Reyes Capítulo 9


CBA Segundo Libro de Los Reyes Capítulo 9

1. El profeta Eliseo.

En el cap. 8: 16 se interrumpió el relato de las actividades de Eliseo para narrar acerca del reinado de Joram de Judá y el de su hijo Ocozías. Aquí el relato se refiere de nuevo a Elisco. Surge ahora la pregunta: Tras el largo relato sobre la obra del profeta (caps. 2: 12 a 8: 15), ¿por qué no continúa la narración hasta el final de su carrera? Respuesta: el libro de Reyes es esencialmente un registro de los reyes de Israel y Judá, ordenado en forma cronológica; y los hechos de Elías y Eliseo, aunque importantes, se relacionan con la historia de los reyes. Este suceso de la vida de Eliseo corresponde a los últimos días de la vida de Ocozías y Joram, y está íntimamente unido con el relato del reinado de estos reyes.

Uno de los hijos.

Eliseo había asociado con él un buen número de profetas-discípulos que lo ayudaban constantemente en el cumplimiento de sus muchas responsabilidades. No se sabe quién era este hombre. Rashi, erudito judío del siglo XI, dice que es Jonás al que se menciona (cap. 14: 25) en su carácter de profeta durante el reinado de Jeroboam II. Pero esto sería muy dificil, porque Jeroboam no comenzó a reinar hasta unos 50 años más tarde. La suposición rabínica de que Jonás fue el mensajero aquí mencionado no tiene ningún fundamento.

Redoma.

"Frasco" (BJ), como también en 1 Sam. 10: 1. Los aceites y los ungüentos se llevaban entonces en frascos hechos de barro, de piedra o de vidrio. En Egipto y en Mesopotamia se han encontrado muchos frascos tales.

Ramot de Galaad.

El rey de Israel acababa de ser herido en el sitio de Ramot de Galaad, y había vuelto a Jezreel. Hasta este momento el relato no dice que el sitio hubiera tenido éxito, pero esto se deduce.

2. Jehú.

En la Biblia no se da ningún detalle de los antepasados de Jehú, ni de la ciudad de donde era; sólo se dice que era hijo de Josafat. Su nombre aparece varias veces en los registros asirios. En un fragmento de los anales del año 18.º del reinado de Salmanasar III (año que se acepta como 841 AC) -donde se menciona la derrota de Hazael-, también se dice que Salmanasar recibió tributo de Iaua mâr Humri , o sea "Jehú, hijo de Omri". Esta inscripción, junto con otra del 6.º año de Salmanasar (ver págs. 84, 163), en la cual el rey asirio relata la lucha contra Acab en la batalla de Qarqar, nos permite establecer el sincronismo con la historia asiria, no sólo con el último año del reinado de Acab, sino también con el año de la muerte de Joram de Israel y el ascenso de Jehú al trono.

Sus hermanos.

Es decir, sus compañeros, los oficiales que lo acompañaban (ver vers. 5).

Llévalo.

Literalmente, " "hazle entrar" (BJ). El mensajero debía llevar a Jehú a otra habitación donde pudiera hablarle en secreto.

La cámara.

Literalmente, "habitación dentro de una habitación" . (Ver 1 Rey. 20: 30; 22: 25.) "Una habitación apartada" (BJ). No necesariamente se trataba de una cámara secreta, sino de un lugar privado donde el mensajero pudiese hablar a solas con Jehú.

3. Derrámala sobre su cabeza.

La primera orden de ungir rey a Jehú le fue dada a Elías, cuando se le ordenó que ungiera a Eliseo como sucesor suyo (ver com. 1 Rey. 19: 16).

Echa a huir.

Todo este trámite debía realizarse con rapidez y en secreto. Una vez cumplida su misión, el joven profeta debía partir de inmediato, sin esperar que se le hicieran preguntas ni se le diera una recompensa.

4. El joven.

El hebreo dice "el joven, el joven profeta", pero tanto en la versión Siriaca como en la LXX esta palabra aparece sólo una vez.

5. Estaban sentados.

Tal vez en el patio, porque según el versículo siguiente, cuando se le dijo a Jehú que el mensajero venía a hablar con él, "entró en casa".

Jehú dijo.

Evidentemente Jehú dirigía la reunión. Era el comandante de los ejércitos de Israel. Cuando el rey partió de Ramot de Galaad, la ciudad posiblemente no había caído aún, porque todavía había lucha. El rey pudo haber usado el pretexto de que había sido herido para dejar el ejército y evitar así los rigores y los peligros de la batalla. Jehú prosiguió con el sitio y finalmente logró tomar la ciudad. Sin duda, todo Israel lo consideraba un héroe nacional.

6. De Israel.

Dios todavía reconocía como suya la nación de Israel, y como era su verdadero gobernante, escogió al nuevo rey.

Yo te he ungido.

Esta misión provenía directamente de Dios. Había llegado el momento de que hubiera un nuevo rey que acabara con los pecados de la dinastía de Omri. Era una hora de oportunidad y de responsabilidad para el hombre que iba a tomar la corona de Israel.

7. La casa de Acab.

Joram y Ocozías eran hijos de Acab, pero el segundo reinó antes que Joram. La casa de Acab tenía que ser aniquilada por causa de su maldad.

Vengue la sangre.

Nadie puede derramar sangre inocente sin recibir castigo. El Señor vela sobre los suyos, y vengará a sus escogidos en la forma y en el momento que mejor le parezca. Por nuestra estrecha visión no siempre entendemos por qué se demora el día de la retribución; hasta podemos pensar que el Señor se ha olvidado, y que los que hacen el mal podrán seguir impunemente en sus malos caminos.

Todos los siervos.

Esto muestra que no sólo los profetas escogidos de Dios habían sufrido con la persecución general realizada por la casa de Acab contra los adoradores del verdadero Dios.

De la mano de Jezabel.

Jezabel había sido la principal instigadora de la persecución en Israel, pero sola no podría haberla llevado a cabo. Si Jezabel era culpable ante Dios, sus colaboradores, movidos por el mismo espíritu, también lo eran.

8. Toda la casa.

Podría parecer que el castigo de la casa de Acab, en el cual quedó exterminada toda la familia, fue excesivamente severo. Esto sería así si no se tienen en cuenta ciertos hechos relativos al trato de Dios con su pueblo. Cuando Dios organizó el Estado teocrático de Israel en el Sinaí, instituyó severas penas civiles. Para lograr un grado razonable de rectitud moral se necesitaba una rigurosa disciplina. Cuando se instituyó la monarquía surgió una nueva dificultad. Como el poder de] rey era absoluto, no había en el país ninguna autoridad que enjuiciara al rey por sus crímenes. En estos casos, Dios muchas veces se transformó en el ejecutor directo del castigo civil. Era más peligroso pasar por alto las iniquidades del rey que las maldades de uno de los súbditos. Debido a la elevada posición del rey, la influencia de su mal ejemplo era mayor. Por eso su castigo muchas veces fue severo, como ocurrió en el caso de Acab y su casa, o en el de David, cuando 70.000 hombres murieron después que David pecó al hacer el censo de Israel (2 Sam. 24). Pero las medidas necesarias para reprimir la anarquía desenfrenada determinaban la severidad del castigo.

Destruiré de Acab todo varón.

Esta expresión comprende a todos. Parece que los hebreos usaban estas palabras desde el tiempo de David (1 Sam. 25: 22). Cuando Jeroboam anduvo en los caminos del mal, se usó esta expresión con referencia a su posteridad, la que también sería destruida (1 Rey. 14: 10). Cuando pereció la casa de Baasa, de nuevo se usó esta expresión (1 Rey. 16: 11). Después del asesinato de Nabot, cuando su viña pasó a poder del rey, Elías usó esta misma expresión en contra de los descendientes de Acab, los cuales fueron destinados a una destrucción total (1 Rey. 21: 21). En esta oportunidad el profeta emplea otra vez las mismas palabras para indicar que la casa de Acab tendría un tristísimo fin.

9. Como la casa de Jeroboam.

Tanto la casa de Jeroboam como la de Baasa habían perecido por completo. Baasa destruyó la casa del primer rey de Israel, y no dejó "alma viviente de los de Jeroboam" (1 Rey. 15: 29); y cuando Zimri exterminó a la casa de Baasa, no le dejó "ni parientes ni amigos" (1 Rey. 16: 11).

10. A Jezabel la comerán los perros.

Elías había predicho el terrible fin de la malvada reina de Israel (1 Rey. 21: 23; 2 Rey. 9: 36, 37). El nombre de la esposa de Acab ha llegado a ser sinónimo de iniquidad. Ella llevó al pueblo de Dios a las más vergonzosas formas de idolatría e impiedad. Su culpa fue terrible, y por tanto debía sufrir un castigo terrible. La condena impuesta a Jezabel nunca habría de olvidarse, y siempre debía hacer recordar vívidamente al malhechor que es muy triste el fin del transgresor. En los países de Oriente todavía abundan los perros salvajes y hambrientos que se alimentan con carroña y que devorarían un cadáver dejado a la intemperie.

En el campo de Jezreel.

Era natural que Jezabel sufriese su castigo en el mismo escenario de sus maldades. Allí había amenazado con destruir a Elías (1 Rey. 19: 2), y en este mismo lugar derramó la sangre del inocente Nabot para apoderarse de su viña (1 Rey. 21: 7-15).

11. ¿Hay paz?

Esta misma pregunta aparece en los vers. 17, 18, 19 y 22. La llegada repentina del mensajero, el hecho de que llevara a Jehú aparte para hablarle en secreto y su rápida partida, suscitaron preguntas en cuanto al propósito de la visita. Todos sabían que el mensajero del profeta no había venido por algo baladí. ¿Había traído un mensaje bueno o malo? ¿Había alguna crisis repentina que demandara la intervención del ejército en alguna parte?

Loco.

Se usa esta palabra en forma despectiva, como en Jer. 29: 26 (cf. Ose. 9: 7).

Vosotros conocéis.

Estas palabras sugieren que Jehú pudo haber sospechado que los oficiales tenían un plan conjunto para hacerlo rey.

12. Mentira.

Ellos no tenían noción alguna del propósito de la visita del profeta; pero estaban ansiosos de enterarse. ¿Por qué habría de guardarse en secreto ese asunto? Mejor sería que Jehú les declarase todo allí mismo. El registro bíblico describe vívidamente la nerviosa curiosidad de los magistrados por saber de qué trataba el importante mensaje que acababa de recibir el comandante en jefe de los ejércitos de Israel.

13. Lo puso debajo de Jehú.

La revelación del mensaje profético produjo un cambio inmediato en las relaciones entre los hombres reunidos en el cuartel general de Jehú. Antes de que se conociera el contenido del mensaje, todos eran compañeros de armas al servicio de su rey; pero de pronto uno de ellos se destacó entre todos: era el nuevo rey, y los otros, sus súbditos; uno debía recibir honores, los otros, rendírselos a su rey. Por eso los oficiales se quitaron de inmediato los mantos y los arrojaron al piso como alfombra para que caminara Jehú, como un homenaje apropiado para el hombre a quien el Señor había puesto como rey.

Un trono alto.

El hebreo dice: "en el gérem de las escaleras". La palabra gérem por lo general significa "hueso", y en un sentido figurado, "fuerza". En este caso podría tratarse de algún término de arquitectura, tal vez alguna plataforma en la parte superior de la escalera. La BJ traduce "encima de las gradas" . Quizá había una escalera que iba del patio en donde se encontraban reunidos los oficiales, hasta algún tipo de plataforma donde pudieron improvisar un trono para que lo ocupara el nuevo rey ante sus súbditos. Posiblemente los oficiales formaron con sus mantos una alfombra en esa escalera y en la plataforma, para que desde allí el rey tuviera un lugar de honor adecuado a su nueva jerarquía, y donde pudiera recibir el homenaje de sus súbditos.

Tocaron corneta.

Esta era una parte típica de la ceremonia de coronación (ver 2 Sam. 15: 10; 1 Rey. 1: 39; 2 Rey. 11: 14).

Jehú es rey.

Todos, según parece, aceptaron inmediata y gozosamente al general como rey. Es evidente que Jehú era muy respetado por sus compañeros de armas; pero puede haber existido, además, un disgusto generalizado contra Joram y la casa de Omri.

14. Así conspiró Jehú.

El rey de Israel aún estaba vivo, y quizá gobernaba en su trono; por esto, lo que hacía Jehú era, en realidad, una conspiración contra Joram y la casa de Omri y Acab.

Estaba entonces Joram guardando.

Esta es una declaración importante, porque muestra que el sitio había resultado en la caída de la ciudad, y que Ramot de Galaad había pasado a manos de los israelitas. Probablemente por "Joram" se entienda aquí no tanto el hombre cuanto la nación que él gobernaba. Si Joram se había retirado durante el sitio, es probable que Jehú hubiera tomado la ciudad en nombre del rey, y la estuviera custodiando con el ejército de Israel para impedir que los sirios la recapturaran.

Por causa de Hazael.

Sin duda Hazael haría todo lo posible por recobrar la ciudad en la primera ocasión favorable. Israel debía, por lo tanto, seguir en guardia contra Hazael si quería mantener a Ramot de Galaad bajo su control.

15. Para curarse.

Después de decir que Joram estaba guardando la ciudad de Ramot de Galaad, el autor, a fin de evitar una incomprensión, repite lo que ya había dicho (cap. 8: 29) en cuanto al regreso de Joram a Jezreel para curarse de las heridas que había recibido durante el sitio.

Si es vuestra voluntad.

Estas son las primeras órdenes que dio Jehú como rey. En vez de ser arbitrario, quiere que sus hombres sepan que se tomarán en cuenta los deseos de ellos. Si lo creen conveniente, y lo acompañan en la empresa que está por iniciar, podrán hacer lo que les propone.

Ninguno escape.

Si la noticia de lo ocurrido llegaba a oídos de Joram en Jezreel, los conspiradores podrían verse en dificultades. En este pasaje queda otra vez claro que Ramot de Galaad estaba en manos de los israelitas, porque si la ciudad hubiera estado aún sitiada no habrían tenido sentido estas instrticciones.

16. Cabalgó.

El verbo hebreo permite la tradticción "cabalgó" (RVR) o, "montó ... en el carro" (BJ). No había tiempo que perder. Jehú hizo todo lo posible por llegar a Jezreel antes de que otros pudieran contar al rey lo que acababa de suceder en Ramot de Galaad. Fue acompañado por un grupito de hombres, pero el ejército quedó alerta en Galaad para que no lo sorprendiera un ataque sirio.

Joram estaba allí enfermo.

Joram no se había recuperado aún de sus heridas y guardaba cansa en Jezreel; pero la continuación del relato muestra que no estaba demasiado grave, porque pudo subir a su carro y salir al encuentro de Jehú (vers. 21).

A visitar a Joram.

Tanto el rey de Israel como el de Judá habían estado en el sitio de Ramot de Galaad (cap. 8: 28). Cuando Joram fue herido partió hacia su residencia de descanso en Jezreel, y pronto lo siguió Ocozías. Si ambos reyes hubieran partido mientras aún duraba el sitio, esto habría tenido un efecto desmoralizador sobre el ejército, y con toda probabilidad se habría interpretado esto como indiferencia o cobardía. Si, mientras Jehú y el ejército estaban expuestos a las penalidades y a los peligros de la batalla, los dos reyes [Joram y Ocozías] descansaban en el palacio veraniego, se explicaría mejor el entusiasmo inmediato y desenfrenado con el que los oficiales aclamaron rey a Jehú.

17. Torre de Jezreel.

La ciudad de Jezreel estaba en el extremo del valle de Jezreel, por el cual la ciudad tiene acceso al Jordán. Estaba sobre una llanura, pero al borde de un abrupto desnivel de 30,5 m. Desde allí se veía todo el territorio hasta el Jordán. Al oeste, se contemplaba el valle de Esdraelón hasta el Carmelo. Este lugar, que dominaba una ubicación estratégica, era ideal para una fortaleza. Las murallas de las ciudades orientales tenían, a menudo, altas puertas o torres que permitían ver todo el territorio circundante hasta una gran distancia. En la torre de Jezreel había un centinela apostado para avisar de cualquier posible peligro. Cuando Jehú y los suyos se acercaron, este vigía estaba en su puesto cumpliendo fielmente su deber.

Vio la tropa.

A lo lejos pudo verse un grupo de jinetes que se acercaban. A esa distancia no podía saberse si eran amigos o enemigos, israelitas o sirios. El centinela no esperó hasta poder ver todos los detalles, pues entonces podría ser demasiado tarde. En cuanto vio la tropa mandó aviso al rey, de modo que la ciudad pudiera estar preparada para cualquier emergencia. Debe notarse que Jehú no viajaba solo; venía acompañado de tropa.

¿Hay paz?

Ver com. vers. 11. Estaban en guerra. Acababan de quitar a los sirios la ciudad de Ramot de Galaad, y ciertamente se podía esperar que Hazael intentara reconquistarla; además, los ejércitos de Asiria no estaban lejos. En esas circunstancias podía suceder casi cualquier cosa. Por eso la pregunta "¿Hay paz?", no era sólo un saludo formal sino algo muy significativo.

18. Vuélvete conmigo.

"Ponte detrás de mí" (BJ). El mensajero se dio perfecta cuenta de que la misión de Jehú no era pacífica, pero no se le dio oportunidad de llevar ese mensaje al rey; por el contrario, se le ordenó que se pusiera en la retaguardia mientras los hombres seguían avanzando.

No vuelve.

El centinela siguió observando al grupo que se acercaba para tratar de saber si sus intenciones eran pacíficas o no. El mensajero enviado por Joram debía volver con su informe, y al no hacerlo, pudo interpretarse que la tropa que se acercaba no venía en misión pacífica. El centinela tenía el deber de informar lo que veía, y no de dar órdenes. En seguida avisó al rey que el mensajero no regresaba.

20. El atalaya volvió a decir.

Sin importar lo que pudiera decirse del rey, el atalaya reaccionó scon energía y prontitud. Se mantuvo alerta para ver cualquier movimiento que pudiera delatar la intención de la gente que se acercaba. Era un mal indicio que el segundo mensajero no regresara.

El marchar.

Los hombres se conocen por sus acciones. La característica por la cual se reconoció a Jehú sugiere que, por lo general, era un hombre de gran energía, un hombre rápido en el pensamiento y en la acción. Es probable que todo lo hacía de prisa, con resolución y vigor. Cuando cabalgaba, "guiar" (BJ), lo hacía impetuosamente o "como un loco" (BJ). Es probable que como guerrero fuera valiente, vigoroso y decidido. Posiblemente fue este impulso dominante en su vida el que lo llevó a comandar los ejércitos de Israel. Su manera característica de manejar impetuosamente lo identificó mucho antes de que se le pudiera ver el rostro.

21. Unce el carro.

"Enganchad" (BJ). Con esta orden Joram estaba preparando su propia muerte. Una persona más sabia habría interpretado correctamente las señales que tan claramente habían sido dadas, y se habría preparado para defender la ciudad, en vez de mandar a preparar el carro para salir él mismo a recibir al enemigo que se acercaba. Es evidente que Joram no estaba tan enfermo como lo parecía indicar su repentino abandono del sitio de Ramot de Galaad; de lo contrario, le habría sido imposible salir al encuentro de Jehú. Es muy probable que no sospechara en absoluto que le ocurriría algún mal. Estaba ansioso y preocupado, pero quizá sólo por la situación en Galaad.

Salieron.

Dos reyes salieron al encuentro de otro. Dos iban a la muerte; el otro, a su trono. Los dos reyes salieron sin sospechar nada y sin armas. Si hubieran permanecido en la ciudad, la situación les hubiera sido totalmente favorable. Habrían tenido la protección de los muros, pues quizá tenían tropas suficientes para afrontar la crisis. Después del largo y rápido viaje desde Ramot de Galaad, los caballos de jehú y de su tropa estaban cansados, y difícilmente habrían podido hacer frente a la caballería de Jezreel.

A encontrar a Jehú.

Es probable que los dos reyes salieron sin sospechar nada, pensando encontrarse en forma pacífica con un amigo.

Nabot de Jezreel.

En este momento Jehú casi había llegado a la ciudad y al palacio. Joram no tuvo tiempo de salir sino hasta la propiedad que Acab había arrebatado a Nabot. El título de propiedad de ese campo se había firmado con sangre. En primer lugar, fue la sangre de Nabot la que firmó la entrega de ese campo a la casa de Acab, y ahora, sería la sangre de la casa de Acab la que iba a poner su firma (ver com. Exo. 20: 5). Este castigo de joram concordaba con las estrictas exigencias de Injusticia. ¿Qué podía ser más apropiado que la casa de Acab pagase el precio de la muerte de Nabot en ese campo de sangre?

22. ¿Hay paz, Jehú?

Podría entenderse que la pregunta de joram se refería a la situación en Galaad. El quería saber si en el campo de batalla todo iba bien.

¿Qué paz?

La ansiosa pregunta de joram recibió una ruda respuesta de Jehú. El futuro rey de Israel no era diplomático, sino guerrero. Sus palabras fueron bruscas y directas. La mera mención de paz de parte de Joram suscitó en Jehú una tormenta de ira, y acarreó sobre el desafortunado rey un torrente de acusaciones más severas que las que hubieran brotado de la boca de un profeta.

Fornicaciones de Jezabel.

Fornicaciones tanto en el sentido espiritual de idolatría y deslealtad a Dios (1 Crón. 5: 25; Jer. 3: 3, 8; Eze. 16: 15-43; 23: 27-30; Ose. 2: 2-10) como en sentido literal, ya que las religiones de Palestina exaltaban la sexualidad, y en sus ritos sagrados se practicaban las formas más descaradas de indecencia e inmoralidad (ver Núm. 25: 1, 2; 1 Cor. 10: 7,8).

Sus muchas hechicerías.

En las religiones del antiguo Cercano Oriente era común recurrir a sortilegios, consultas a los malos espíritus, al uso de hechicerías y encantamientos, a predicciones del futuro y a diversas clases de adivinación (ver 1 Sam. 28: 3, 7-9; 2 Rey. 1: 2; 17: 17; 21: 3, 6; Dan. 2: 2; Hech. 16: 16). Al pueblo de Dios se le había prohibido que participara en tales prácticas (Exo. 22: 18; Lev. 19: 26, 31; 20: 6, 27; Deut. 18: 10-12; 1 Crón. 10: 13; Isa. 8: 19).

23. ¡Traición, Ocozías!

No era el momento de dar largas explicaciones. Joram gritó a su sobrino este mensaje de advertencia mientras procuraba dar vuelta su carro para huir y salvar su vida.

24. Entesó su arco.

Jehú era un soldado diestro, y muchas veces había usado su arco en los combates cuerpo a cuerpo. Esta vez se propuso a que su flecha no errara el blanco ni dejara de cumplir su propósito.

Entre las espaldas.

Esto es, entre sus hombros. Joram, al huir, dio su espalda a Jehú. La flecha lo alcanzó con tanta fuerza, que le atravesó el cuerpo y le salió por el corazón.

Cayó en su carro.

Pudo haber muerto con honra y gloria en el campo de batalla, luchando contra los enemigos de su país; pero murió por la flecha de quien había sido su amigo y oficial de confianza. Años antes Elías había predicho: " "El que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará" " (1 Rey. 19: 17). Ningún hombre, sobre el cual se haya decretado el castigo divino, puede tener la esperanza de escapar de la espada de la justicia (ver Deut. 32: 43; Rom. 12: 19). Los impíos de la antigüedad no creyeron, como tampoco el mundo de hoy, que el Señor cumplirá lo que dice; pero mientras Injusticia demande que se castigue la iniquidad, se cumplirán los decretos del Señor contra los malhechores (ver com. vers. 8).

25. Su capitán.

Ver com. cap. 7: 2.

Tómalo y échalo.

Jehú tomó sobre sí la responsabilidad de vengar la sangre inocente de Nabot. Conocía la maldad de Acab y los crímenes de Jezabel, y sabía que éstos debían vengarse con sangre. En la viña donde Nabot había trabajado, donde se había derramado su sangre, allí mismo mandó que se arrojara el cadáver del rey.

Íbamos juntos con la gente de Acab.

Tanto Jehú como Bidcar eran guerreros veteranos. Habían estado juntos en el ejército de Acab, y vieron sus hazañas en la guerra y sus actividades en tiempos de paz. Es posible que los dos hubieran oído de labios de Elías la severa sentencia que pronunciara, de parte del Señor, contra el rey, poco después de la muerte de Nabot (1 Rey. 21: 19-24). Por lo menos conocían el asunto. Es probable que ese anuncio hubiera causado una impresión imborrable en Jehú, pues sabía que el fallo divino era justo. Ahora que los dos están juntos de nuevo, se cumple la sentencia del Señor, y Joram es ejecutado.

Esta sentencia sobre él.

Esto es, pronunció este oráculo o calamidad contra él. Compárese el uso del término "sentencia" o castigo con Isa. 13: 1; 15: 1; 17: 1; 19: 1; 21: 1; 22: 1; 23: 1; 30: 6; Nah. 1: 1; Hab. 1: 1; Zac. 9: 1;12: 1.

26. Yo he visto ayer.

Declaración que se usa para hacer una afirmación enfática o un juramento. Tan ciertamente como el Señor había visto la sangre de Nabot, así también se encargaría de que esa sangre fuera vengada.

De sus hijos.

En este pasaje se menciona por primera vez que los hijos de Nabot murieron con su padre. Para que Acab tuviera un derecho indisputable sobre la viña, era necesario eliminar a los hijos. Si se los hubiera dejado vivos, el rey no podría haber poseído esa viña con tranquilidad. Podemos entender, por tanto, que Jezabel, mató a Nabot y también destruyó a su familia. La muerte de los hijos inocentes con su padre, también inocente, hizo que el crimen de Acab y Jezabel fuera aún más horrendo.

27. Huyó.

Es difícil suponer que Ocozías iba a quedar mirando, despreocupadamente, mientras Joram era muerto y su cadáver era arrojado en la viña de Nabot. Parece que estuvo en mejores condiciones que Joram para huir, pues sus perseguidores no pudieron alcanzarlo inmediatamente.

La subida de Gur.

Una elevación o colina cerca de Ibleam. El nombre Gur sólo aparece aquí, y se desconoce su ubicación exacta. Ibleam queda a 12,8 km al sur de Jezreel, en el camino de Samaria y de Jerusalén. Era lógico que Ocozías, al ser perseguido, intentara llegar a Jerusalén, y ésta era la ruta que debía tomar. Al salir de Jezreel, el camino serpentea al principio por la llanura de Esdraelón, pero después de cierta distancia comienza a subir por las colinas de Samaria. Mientras Ocozías iba en su carro por una de esas subidas, sus perseguidores se acercaron lo suficiente como para herirlo. El nombre actual de Ibleam es Tell Bel'ameh .

Huyó a Meguido.

Los detalles exactos de la narración no son claros, pues de acuerdo con el registro de Crónicas Ocozías fue aprehendido en Samaria, llevado delante de Jehú, y muerto (2 Crón. 22: 9). Los dos relatos concuerdan, si se considera que la narración del libro de Reyes es un bosquejo general y el relato de Crónicas proporciona más detalles. La secuencia de los hechos podría entenderse de la siguiente manera: Ocozías, después de haber sido herido cerca de Ibleam, cambió la ruta de su huida y escogió el camino de la llanura, hacia Meguido, en vez de seguir por las montañas hacia el sur. Desde Meguido intentó escapar hacia el sur, pero fue capturado en Samaria y llevado de nuevo a Meguido por orden de Jehú, que había llegado allí. Entonces Ocozías fue ejecutado, detalle que se omite en el relato más breve de este pasaje.

28. A Jerusalén.

Jehú permitió que el cuerpo del rey de Judá fuera llevado a Jerusalén, para que lo enterraran allí. No era el propósito del Señor que la nación de Judá mantuviera una estrecha alianza con su vecina del norte. El profeta había reprendido a Josafat por haber ayudado a Acab en su lucha contra Ben-adad (2 Crón. 19: 2). A la vista de Dios, la conducta de Ocozías, al ayudar a Joram en su lucha contra Hazael, también era digna de censura (2 Crón. 22: 4, 5). Por esa ayuda, Ocozías tuvo que pagar con su vida.

Con sus padres.

En circunstancias normales, el impío rey Ocozías sin duda no habría sido sepultado en las tumbas de los reyes en la ciudad de David. Este honor le fue concedido, a pesar de su relación con la casa de Acab, por ser descendiente del buen rey Josafat, " "porque dijeron: es hijo de Josafat quien de todo su corazón buscó a Jehová" " (2 Crón. 22: 9).

29. Undécimo año de Joram.

Este versículo constituye una especie de posdata del registro del reinado de Ocozías, del cual se consigna el último dato en el versículo anterior. Al registrarse la crónica de un rey, el primer detalle que se da es el año de su ascensión al trono, computando éste según el año de reinado del monarca de la nación vecina; y esta información aparece en el cap. 8: 25. Sin embargo, allí se dice que Ocozías comenzó a reinar en el año 12 de Joram, rey de Israel, y aquí se afirma que fue en el 11° año. La diferencia entre estas dos cifras se explica si se supone que en este tiempo, Judá, por su política de cooperación con el reino del norte, adoptó el sistema de cómputo cronológico de Israel, cómputo que tenía un año de diferencia con el de Judá. El registro del cap. 8: 25 aparece según la nueva forma de computar, en la cual el año cuando un rey ascendía al trono era llamado su primer año. El año 12 de Joram seria el 11° , según el sistema anteriormente usado, en el cual el "primer año" del rey era el primer año calendario completo que seguía al año cuando había ascendido al trono (ver págs. 141, 142; cf. pág. 151).

30. Jezabel lo oyó.

A Jezabel le había llegado la hora de su castigo final, y ella lo sabía. Conociendo ya la muerte de los dos reyes, la de su hijo y la de su nieto, bien sabía que también a ella le llegaría su turno. Debía prepararse para sus últimos momentos sobre la tierra, y ¡qué preparación hizo esta impía mujer!

Se pintó los ojos con antimonio.

Las mujeres orientales, desde tiempos muy antiguos usaron cosméticos para pintarse los ojos (ver Jer. 4: 30 y Eze. 23: 40).

Atavió su cabeza.

Literalmente, "hizo hermosa su cabeza" o, "adornó su cabeza" (BJ), probablemente con algún tipo de atavío o tocado (ver Isa. 3: 18). Se mantuvo desafiante e impenitente hasta el fin. Se atavió con todos sus adornos y sus ropas de gala; pero su adorno exterior no le sirvió de nada: ni ante Jehú ni ante el tribunal del juicio divino. Delante de este tribunal todos aparecen tales como son. Los polvos y las pinturas no encubren la corrupción interior, ni las sedas y los rasos pueden ocultar la feas manchas del pecado en el alma. Jezabel era interiormente corrupta, a pesar de todos sus esfuerzos por hermosearse exteriormente. Dios mira el corazón y pide el adorno interior, no el exterior (1 Ped. 3: 3, 4). En vista de su oscuro registro de pecado, Jezabel habría hecho bien en ponerse saco y sentarse en ceniza; pero su orgulloso espíritu rehusó humillarse y su corazón de piedra no se conmovió.

Se asomó.

Es probable que se haya asomado a una ventana de sus habitaciones privadas que daba a un patio interior. Al parecer asumió una actitud arrogante e imperiosa cuando se asomó para contemplar, con resuelto desafío, al rebelde que entraba por las puertas del palacio.

31. ¿Sucedió bien?

Literalmente, "¿Hay paz, Zimri asesino de su señor?" Zimri había exterminado la casa de Baasa (1 Rey. 16: 8-13), pero sólo reinó siete días. Al fin de ese período murió en la lucha contra su sucesor. Para él no hubo paz. Según el texto de la RVR, Jezabel parece amenazar a Jehú al referirse al desventurado intento de Zimri; pero la traducción literal contiene esta idea: Jezabel se dirige a Jehú llamándolo Zimri, como si le dijera sarcásticamente: "Paz a ti, Zimri, asesino de tu señor". La BJ traduce este pasaje así: "¿Todo va bien, Zimrí " [Zimri] " , asesino de su señor?"

32. ¿Quién está conmigo? ¿Quién?

La expresión hebrea es aún más breve: mi 'itti mi , "¿quién conmigo, quién?" Por lo breve e impetuosa, la frase parece ser característica de Jehú. Este había entrado velozmente en el patio, había oído el saludo despectivo e insultante de Jezabel y quería acabar con todo en forma rápida, en menos tiempo del que necesitaría para entrar en el edificio y prender a la vil mujer.

Eunucos.

Parece que Jezabel era una de esas mujeres odiadas aun por sus íntimos. Hasta este momento los eunucos estaban acostumbrados a inclinarse con terror servil ante ella, listos para realizar todos sus caprichos; pero era evidente que le tenían poco respeto y menos amor. Quizás la despreciaban, y le eran leales sólo porque les convenía. Cuando surgió la oportunidad, estuvieron listos para volverse contra su anterior tirana. Es probable que se hubieran alegrado del cambio de gobierno. Al menos esperaban que así podrían conseguir el favor del nuevo amo.

33. Echadla abajo.

Esta mujer orgullosa, dominante, tiránica, debía perecer por causa de sus crímenes. Así lo exigía injusticia, y tal había sido el decreto de Dios. Fue un fin apropiado para su insolencia y arrogancia. Los tronos que descansan sobre la violencia y la corrupción no perdurarán mucho tiempo.

El la atropelló.

Hizo esto para mostrar su total desprecio hacia ella en su agonía. A ese cuerpo maquillado y ataviado, que tan ignominiosamente había sido lanzado abajo por la ventana, le extinguieron la última chispa de vida los caballos y las ruedas del carro del furioso vengador. Su sangre real, pero contaminada, salpicó las paredes del palacio y manchó las patas de los caballos. Jezabel no murió como reina; murió como la despreciable persona que había sido. Había odiado la justicia, y su nación la había llegado a detestar. Despreció a Dios, y hoy el mundo la considera abominable.

Aunque se condene a Jezabel, no puede aprobarse, ni aun mediante el silencio, la manera terrible en que Jehú la mató. El único factor atenuante de su método de castigarla está en que vivió en una era de violencia, pues la violencia engendra violencia.

34. Comió y bebió.

El palacio que había sido de Acab no pertenecía más a su descendencia, porque ahora Jehú era el rey. Dejando en el patio exterior el cuerpo destrozado de la reina, Jehú entró en la sala de banquetes.

Aquella maldita.

Jehú recordaba que esta mujer había sido objeto de la maldición de Dios (1 Rey. 21: 23).

Es hija de rey.

Aunque era un guerrero endurecido, Jehú sintió un dejo de compasión y respeto por los que ocupaban puestos reales. Ella era hija de Et-baal, rey y sacerdote de Sidón (1 Rey. 16: 31), pero había muerto como la más vil de las personas. Jehú estuvo dispuesto a que, al menos, se la enterrara decentemente, como correspondía a una mujer que había sido princesa.

35. La calavera.

Los perros de Jezreel se encargaron de ser la tumba viviente de Jezabel. El cuerpo de la reina alimentó a los perros medio salvajes de la ciudad. Se cumplió la profecía de Elías (1 Rey. 21: 23); se satisfizo la justicia. Fue vengado el crimen cometido contra Nabot.

36. Palabra de Dios.

Esta parece ser la profecía más completa, de la cual 1 Rey. 21: 23 es un resumen.

37. Que nadie pueda decir.

Esto podría significar que por haber estado tan mutilado el cuerpo, no sería posible identificar sus restos, o que Jezabel no tendría sepulcro. Si se entiende de esta última manera, sus restos habrían de desaparecer totalmente de la faz de la tierra, y la gente de futuras generaciones no podría señalar su tumba y decir que allí estaba enterrada la que una vez había sido una arrogante reina. Cuando murió, no quedó más que el recuerdo de su maldad.

El terrible fin de Jezabel nos debe enseñar que la gloria y el poder de los seres humanos son transitorios, y que de nada sirven. Todo eso es polvo, y al polvo volverá. Su ruina debería hacer que todos los obradores de iniquidad escucharan el mensaje de Dios: "¡Ay del que edifica su casa sin justicia!" " (Jer. 22: 13).

Jezabel llegó a ser un símbolo de la vil iniquidad que los profesos hijos de Dios dejarían entrar en sus filas como un factor de envilecimiento y profanación, y por esto se dieron solemnes advertencias en cuanto a los castigos que acarrearían esos pecados (Apoc. 2: 20-23).

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