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CBA - Segundo Libro de Los Reyes Capítulo 10


CBA Segundo Libro de Los Reyes Capítulo 10

1. Setenta hijos.

Aunque parezca muy grande, este número de hijos no era imposible en un país en donde se practicaba la poligamia. Pero la palabra "hijos" se usa aquí en el sentido común que tiene en hebreo: "descendientes". Acab, que había muerto 12 años antes, había dejado una numerosa descendencia.

Jehú escribió cartas.

Jehú, además de valiente, era sagaz. En la situación en que se encontraba debía usar no sólo fuerza, sino también estratagemas. En ese momento tenía en Jezreel sólo unos pocos soldados, ya que la mayor parte del ejército había quedado guardando a Ramot de Galaad. No había manera de determinar lo que ocurriría si Jehú mismo fuera a Samaria, la capital, donde vivía la mayoría de los descendientes cle Acab. Estos hombres podrían haber vencido al nuevo rey y a su guardia sólo con la ayuda de los que los apoyaban. Por eso Jehú, ante todo, quiso sondear la opinión de los principales de la capital, escribiéndoles cartas antes de hacer una visita personal. El hebreo dice exactamente lo que aparece en la RVR: "las envió a Samaria a los principales de Jezreel" , pero la LXX dice, "Samaria" , en vez de "Jezreel". El sentido parece exigir este cambio. Jehú ya estaba en Jezreel, y no sería lógico enviar cartas a los principales de esa ciudad. Por supuesto, existe la posibilidad de que los príncipes de Jezreel estuvieran en Samaria por algún motivo, y por lo tanto se los incluyera en las cartas. Jezreel era una ciudad real, y era por lo tanto apropiado que se contara a sus principales entre los que debían entronizar al nuevo rey.

En las págs. 202, 203 hay un comentario sobre los problemas morales implicados en las acciones bélicas de los que Dios llamó para extirpar la apostasía.

Los ayos.

Heb. ha'omenim . "Los preceptores" (BJ). La palabra aparece también en Núm. 11: 12, donde se traduce "la que cría" , y en Isa. 49: 23, donde se traduce "ayo" . Estas personas pertenecían a la nobleza de Israel, y eran tutores de los miembros de la familia real, a fin de que éstos recibieran la debida educación. Eran responsables de la conducta de sus alumnos.

2. Carros y gente de a caballo.

Jehú desafió a los que estaban en Samaria, a los que podrían apoyar a los hijos de Joram y a la casa de Acab. Ya que éstos estaban bien equipados y armados, y protegidos por poderosas fortificaciones, Jehú los retó, puesto que se esperaba que lucharan para sostener la casa de Acab. Conocían bien a Jehú y sabían que era uno de los generales más valientes y capaces, y que bajo su mando estaban los mejores soldados de la nación. Si querían luchar, nada impedía que lo hicieran.

3. Escoged al mejor.

Esto era exactamente lo que se esperaba que hicieran estos hombres. Siendo que Joram había sido muerto, los nobles, que eran los tutores de los príncipes, debían elegir al que sucediera a su padre en el trono. Jehú da la impresión de que eso es lo que esperaba que ellos hicieran, y que ésa es la situación a la cual está listo a hacer frente.

4. Tuvieron gran temor.

Esto era lo que Jehú deseaba, y por eso escribió la carta. No quería una guerra ni los instaba a la resistencia, antes bien intentaba infundirles terror para que se pasaran a su lado sin emplear las armas.

¿Cómo le resistiremos?

Era una pregunta muy razonable. Si los reyes de Israel y Judá habían caído ante el poderío de Jehú, ¿cómo podrían resistir los nobles? Conociendo el temperamento de estos hombres, Jehú calculó que no tendrían el valor de luchar. Quizá el lujo y la avaricia (ver Isa. 28: 1-7; Ose. 7: 1-6; Amós 6: 4-6; Miq. 2: 2; 7: 2-6) los habían hecho cobardes para la lucha. Este soldado valiente y capaz usó tan bien su sagacidad como su espada.

6 Si sois míos.

Jehú pedía que si estos hombres estaban con él, lo demostraran no sólo con palabras sino también con hechos.

Mañana a esta hora.

Jehú era un hombre rápido en la ejecución de las cosas, y les concedió 24 horas para cumplir sus órdenes. Jezreel estaba a 33,8 km de Samaria, por lo tanto, sólo había tiempo para que los mensajeros fueran hasta Samaria, dieran muerte a los jóvenes y llevaran las cabezas a Jezreel.

Los hijos del rey.

Los descendientes de la casa real. Algunos eran hijos de Joram; otros, sobrinos; todos ellos con algún derecho a pretender el trono.

7. Degollaron.

En el Oriente era común la decapitación. Era fácil transportar las cabezas de los príncipes y también reconocerlas. Así se daría a Jehú una prueba evidente de que se habían cumplido sus órdenes y de que no había ningún intento de traición.

8. A la entrada de la puerta.

En los países orientales es común, hasta el día de hoy, exhibir públicamente las cabezas de los que son ejecutados. Las esculturas asirias muestran con frecuencia montones de cabezas en las puertas de las ciudades. Este proceder tenía por objeto infundir terror a cualquiera que pudiera pensar en sublevarse.

9. Vosotros sois justos.

Los habitantes de Jezreel eran inocentes de la matanza de los descendientes de Acab, y Jehú lo proclamó públicamente. Confesó con franqueza que él había conspirado contra su señor el rey y lo había matado. Pero también quería aclarar que no estaba solo en lo que sucedía: lo que había hecho era comenzar algo en lo cual muchos iban a participar. Mientras Jehú estaba en Jezreel, los principales de Samaria habían matado a todo el linaje real; por lo tanto, participaban junto con él en lo que se hacía para borrar de la tierra a toda la familia de Acab.

10. Palabra que Jehová habló.

Por medio del profeta Elías, el Señor había predicho la ruina total de Acab y de su casa (1 Rey. 21: 19, 21, 29). Jehú, pues, actuaba como ejecutor de los decretos de Dios. En verdad lo era, pero el registro también revela que era egoísta, impetuoso, insensible y cruel. El hecho de que Jehú fuera usado por el cielo para desenipeñar una misión especial no sanciona todos sus actos. Por ejecutar el castigo sobre la casa de Acab, recibió la aprobación divina (2 Rey. 10: 30).

11. Mató ... a todos los que habían quedado.

No se refiere a los que fueron muertos en Samaria sino a una nueva matanza. Sintiéndose seguro en su posición, Jehú destruyó a todos los que tuvieran relación inmediata o mediata con la casa de Acab.

A todos sus príncipes.

Todos los dignatarios de la corte y todos los poderosos e influyentes partidarios de la corona en todo el país.

Sus familiares.

Se refiere más bien a sus amigos, los que le eran familiares.

12. Casa de esquileo de pastores.

Heb. beth-'éqed haro'im , cuya traducción sería, "lugar o casa donde los pastores atan"; pero es probable que beth-'éqed sea como un nombre propio. En la BJ aparece así: "Bet Equed de los Pastores" . Es probable que sea la Bethakad de Eusebio y Jerónimo, y pueda identificarse con Beit Qad , a 4,8 km al noreste de en-Gannim ( Jenîn ). Probablemente era un lugar donde habitualmente se reunían los pastores de la comarca.

13. Hermanos de Ocozías.

No los hermanos carnales del rey, pues éstos habían sido muertos por los árabes antes de que Ocozías subiera al trono (2 Crón. 21: 17; 22: 1), sino hijos de sus hermanos, lo que se aclara en 2 Crón. 22: 8.

Hemos venido a saludar.

La franqueza de la respuesta de estos hombres indica que aún no se habían enterado de lo ocurrido tanto en Jezreel como en Samaria. Aquí se demuestra la rapidez con que Jehú había ejecutado sus drásticas medidas contra la familia real. Parece haber existido en esta época una relación muy íntima entre las familias reales de Judá e Israel, según lo indican las visitas recíprocas a una y otra capital. Es probable que se hubieran enterado que Joram estaba convaleciendo de sus heridas y hubieran considerado apropiado visitarlo, como parientes que eran de la casa real de Judá.

14. Prendedlos vivos.

No es claro por qué se dio esa orden para liquidarlos luego. Quizá cuando oyeron sobre la revuelta y la matanza de la familia real hecha por Jeú, hicieron algún intento de resistir y entonces fueron muertos. Por medio de Atalía, madre de Ocozías e hija de Acab y Jezabel, estos príncipes de Judá estaban emparentados con la casa real de Isralel, y por eso estaban comprendidos en la "posteridad" de Acab, cuya extinción Elias había profetizado (1 Rey. 21: 21).

15. Jonadab.

Cuando Jehú partió de beth-'équed se encontró con Jonadad quien al parecer venía a su encuentro. Jonadad era el hijo de Recab que se menciona en Jer. 35: 6-10, el cual mandó a sus descendientes que vivieran una vida de ascetismo, absteniéndose de beber vino, de construir casas, de plantar viñas o de sembrar. Debían vivir en tiendas. Recab era de la tribu de los ceneos (1 Crón. 2: 55), uno de los antiguos pueblos de Palestina (Gén. 15: 19). El suegro de Moisés era ceneo (Juec. 1: 16), y también lo había sido Heber que vivió en Galilea en tiempos de los jueces (Juec. 4: 11, 17). Cuando Israel entró en Palestina, los ceneos se establecieron en el desierto de Judá (Juec. 1: 16). En tiempos de Saúl había ceneos que vivían entre los amalecitas, pero Saúl no los destruyó porque habían sido bondadosos con los israelitas en tiempos del éxodo (1 Sam. 15: 6). Los recabitas siempre fueron nómadas y sus costumbres eran similares a las de los árabes. Parece que su jefe, Jonadab, había simpatizado mucho con Jehú y deseaba dar al nuevo régimen el apoyo de su autoridad.

¿Es recto tu corazón?

Lo que Jehú preguntaba era: "¿Es tu corazón tan leal al mío como lo es el mío al tuyo?" Sin duda Jehú sentía cierta simpatía por Jonadab, y deseaba su amistad y apoyo. Es probable que este severo dirigente se hubiera indignado mucho por la impiedad de la corte israelita, y apoyara con alegría al nuevo régimen.

Dame la mano.

En cuanto al significado de darse la mano como señal de lealtad, ver Eze. 17: 18. En 1 Crón. 29: 24 la frase hebrea que podría traducirse literalmente, "dieron la mano", se traduce "prestaron homenaje" .

En el carro.

Indicación de especial favor y estima. Jehú se alegraba de tener el apoyo de este asceta influyente, que sin duda era un personaje destacado en el reino en ese momento.

16. Verás mi celo.

El que está enteramente consagrado al Señor no necesita hacer tanto alarde de su aparente celo. El celo manifestado por Jehú parece haber estado teñido con el deseo de hacer progresar sus intereses personales.

17. Conforme a la palabra de Jehová.

Jehú hizo lo que el Señor había predicho (1 Rey. 21: 21, 22); pero evidentemente fue más allá de lo que Dios exigía de él en su afán de eliminar toda posible oposición, porque el Señor más tarde declaró que iba a castigar " "a la casa de Jehú por causa de la sangre de Jezreel" " (Ose. 1: 4).

18. Todo el pueblo.

Esto indica que, a pesar de todas las reformas de Elías y Eliseo, el culto de Baal estaba muy difundido en la nación, pues el pueblo se reunió manifiestamente para hacer un gran festejo en honor a Baal.

19. Todos los profetas de Baal.

Otra indicación de que el culto de Baal estaba lejos de habersido exterminado en Israel. Baal todavía tenía muchos fieles seguidores, profetas y sacerdotes, así como adoradores entre el pueblo.

Tengo un gran sacrificio.

Si mediante fraudes y engaños podía lograr lo que se proponía, sin escrúpulos emplearía esos medios. Es posible que su antipatía hacia Baal no hubiera surgido mayormente de su consagración a Dios. Los adictos a las religiones falsas muchas veces pelean a muerte entre sí. Cuando Acab y Jezabel vivían, o durante el tiempo cuando sirvió a Joram, no se registra que Jehú hubiera tenido ninguna profunda convicción religiosa, ya fuera a favor de Jehová o en contra de Baal. Sólo cuando la casa de Acab fue aplastada y ya no hubo peligro en oponerse a Baal, fue que Jehú se manifestó en contra de la religión de Jezabel.

Con astucia.

Este fue un engaño sagaz a fin de lograr su propósito. Mediante esta artimaña, un acto dramático y audaz preparado de antemano, Jehú pensaba borrar de Israel la religión de Baal, que por desgracia, estaba mucho más arraigada de lo que él pensaba.

20. Santificad un día solemne.

"Convocad una reunión santa" (BJ). Compárese con la expresión, "Proclamad ayuno, convocad a asamblea" (Joel 1: 14). Jehú usó un lenguaje similar al que se empleaba para convocar las más solemnes fiestas para Jehová (ver Lev .23: 36; Núm. 29: 35; Deut. 16: 8).

21. De extremo a extremo.

Esto comprendería no sólo el edificio mismo, sino el patio que lo rodeaba. Los inmensos atrios de los antiguos templos orientales tenían capacidad para grandes multitudes.

22. Vestiduras.

Eran vestidos y gorros de lino blanco. Quizá había diferentes tipos de indumentaria para las diversas clases de adoradores. Los que se pusieran esas ropas sagradas se distinguirían como devotos de Baal.

23. Jonadab.

Ver com. vers. 15. Es probable que se conociera a Jonadab por su odio a Baal, y se lo reconociera por el celo que tenía por el puro y sencillo culto a Jehová.

Siervos de Jehová.

Esto impediría que la gente sospechara de las intenciones de Jehú, puesto que la presencia de personas de otro culto religioso sería considerada por los adoradores de Baal como una profanación de sus ritos.

24. Para hacer sacrificios.

Se habían hecho todos los preparativos para realizar los ritos de Baal en la forma más suntuosa.

Su vida será por la del otro.

Para un hombre como Jehú la vida no significaba mucho. Quería que se cumpliera lo que ordenaba. Si en la ejecución de sus mandatos había algún descuido, sus propios soldados perderían la vida.

25. Hacer el holocausto.

No es claro si Jehú ofreció personalmente este sacrificio, o si alguno de los sacerdotes de Baal lo hizo en su lugar. Con frecuencia, la Biblia habla de que alguna persona ofreció un sacrificio, pero se debe entender que proporcionó la víctima y la hizo sacrificar en su favor (Lev. 3: 7, 12; 1 Rey. 8: 63). Es probable que quienes sacrificaran el holocausto fueran los sacerdotes de Baal.

Su guardia.

Es decir, la guardia personal del rey. Hasta ese momento la guardia había estado afuera, en la puerta. La presencia de esa guardia no suscitaría sospechas, ya que esos soldados siempre acompañaban al rey.

El lugar santo del templo de Baal.

El hebreo dice: "la ciudad de la casa de Baal". Esa expresión no es clara. Tanto la RVR como la BJ siguen una de las versiones griegas. El versículo siguiente indica que los soldados entraron en el santuario de la casa de Baal. Al entrar en el patio era natural que mataran primero a los adoradores que estuvieran más próximos a ellos, y que después de matar a los que estaban en el patio entraran en el edificio, y por último en el santuario central para completar allí su sangrienta misión.

26. Las estatuas.

Heb. matstseboth , "columnas" , "cipo" (BJ). En esos tiempos las columnas sagradas eran comunes en Palestina. Se cree que eran símbolos masculinos de la fertilidad. Se ordenó a los hebreos que destruyeran tales columnas (Exo. 23: 24; 34: 13), y se les prohibió levantar palos sagrados o símbolos de Asera (símbolo femenino), o poner cualquier columna ( "estatua" , RVR) cerca de un altar del Señor (Deut. 16: 21, 22).

27 Quebraron.

Parece que la "estatua de Baal" hubiera sido de piedra, pues la quebraron, entre tanto que las otras "estatuas" fueron quemadas, lo que indica que eran de madera (vers. 26).

Letrinas.

Ver Esd. 6: 11; Dan. 2: 5; 3: 29. Se hizo esto para mostrar un completo desprecio por el lugar que una vez fue empleado como santuario.

28. Exterminó Jehú a Baal.

Si bien Jehú pudo haber exterminado de Israel las manifestaciones del culto a Baal, no destruyó, seguramente, el espíritu de la falsa religión. Lo que hizo fue tocar únicamente algunos de los aspectos externos de la vida religiosa del pueblo. Básicamente los israelitas siguieron siendo tan impíos, faltos de honradez, corruptos e inmorales como antes.

29. Jehú no se apartó.

Jehú luchó contra el mal, pero para hacerlo utilizó el mal. Nunca puede vencerse el pecado con el pecado. Una forma de maldad nunca desarraigará otra forma de impiedad. El culto a Baal debía ser borrado de Israel, pero no podía lograrse una mejora permanente si no se reemplazaba este culto con el culto a Dios. Jehú fracasó porque no hizo nada para lograr la transformación espiritual de su pueblo. Un hombre que en su propia vida no se apartó de los pecados de Jeroboam, que habían acarreado tanto mal sobre el pueblo de Israel, difícilmente podía librar a su nación de los tristes efectos de tal iniquidad.

Los becerros de oro.

Estos eran los santuarios religiosos más importantes del pueblo, y se hallaban entre las causas principales de los males de la nación. Sin duda en este tiempo se consideraba que Bet-el y Dan eran santuarios nacionales, y la gente los tenía en la misma estima que la que el pueblo de Judá sentía por el templo de Jerusalén. Si el objetivo básico de Jehú hubiera sido la justicia y volverse a Jehová, habría volcado su celo contra los becerros de Dan y Bet-el como lo hizo contra la casa de Baal.

30. Por cuanto has hecho bien.

El culto a Baal era una maldición para la tierra de Israel, y la casa de Acab se había hecho culpable de promover este sistema de falsa religión. Era hora de que se hiciera algo para acabar con las malas influencias de la casa de Acab. Había llegado también el momento de desarraigar del país el sistema idolátrico del culto a Baal. Jehú había hecho mucho para poner coto a las influencias del mal y para eliminar las raíces de corrupción. En este sentido había prestado un gran servicio a su nación y a la causa de injusticia, y el Señor reconoció esto.

Hasta la cuarta generación.

La obra de Jehú fue una mezcla de lo bueno con lo malo. Hasta cierto punto había hecho la obra del Señor, pero sus métodos no podían recibir la aprobación del cielo. Los descendientes de Jehú que reinaron sobre Israel fueron: Joacaz, Joás, Jeroboam II y Zacarías. Salum acabó con la dinastía de Jehú cuando mató a Zacarías (2 Rey. 15: 10, 12). La casa de Jehú reinó sobre Israel aproximadamente un siglo, más que cualquier otra dinastía. La casa de Jeroboam reinó 22 años, y la de Omri 44 (24 años y 48 años, respectivamente, según el cómputo inclusivo; ver pág. 148; ver también págs. 141, 142).

31. Jehú no cuidó.

Jehú no respetaba ninguna ley. Hacía poco caso de los estatutos de justicia establecidos por Dios.

32. Comenzó Jehová a cercenar el territorio de Israel.

El Señor comenzó a cortar, a quitar parte del territorio de Israel. Permitió que los enemigos hostilizaran en las fronteras, como presagio de la suerte que le sobrevendría a toda la nación si los habitantes no volvían a la rectitud y a Dios.

Los derrotó Hazael.

En cumplimiento de la profecía de Eliseo (cap. 8: 12). Salmanasar III afirmó haber recibido tributo de Jehú en su 18.º año. Evidentemente, este fue el año cuando Jehú subió al trono (ver com. cap. 9: 2). Puesto que tanto Salmanasar como Jehú eran entonces enemigos de Siria, es probable que tan pronto como Jehú llegó a ser rey de Israel pensó que sería conveniente hacer paz con él enviándole un regalo. En cuanto Salmanasar partió hacia su propio país, era de esperar que Hazael saliese a hacer guerra contra Jehú. Parece que los reyes de Asiria no volvieron otra vez a las tierras de la costa del Mediterráneo hasta el año 805 AC, en tiempo de Adad-nirari III. De ese modo, Siria pudo actuar libremente contra Israel.

33. Galaad y Basán.

Eran distritos que estaban al este del Jordán y al sur de Siria, a los cuales tenían fácil acceso estos belicosos enemigos de Israel.

CBA T2

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