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CBA - Segundo Libro de Crónicas Capítulo 18


CBA Segundo Libro de Crónicas Capítulo 18

1. Contrajo parentesco con Acab.

Este capítulo es paralelo con 1 Rey. 22: 2-35. En Reyes este hecho aparece en relación con el relato del reinado de Acab, mientras que aquí se presenta en relación con el reinado de Josafat. La alianza entre los reyes fue sellada con el casamiento de Atalía, hija de Acab y Jezabel, con Joram, hijo de Josafat (ver 2 Crón. 21: 6; ver com. 2 Rey. 8: 26).

2. Después de algunos años.

Es decir, "al tercer año" (1 Rey. 22: 2). Este fue el tercero y último año de un período de tres años de paz entre Israel y Siria (1 Rey. 22: 1). Fue el año de la muerte de Acab, 853 AC, según la cronología basada en la lista limmu asiria (ver t. II, pág. 163). La alianza entre Josafat y Acab probablemente se efectuó en 863 AC, o poco antes, porque Ocozías, hijo de Joram y Atalía (ver com. vers. 1), tenía 22 años en el 12.º año a contar desde la muerte de Acab y la ascensión de Joram (2 Rey. 8: 25, 26).

Mató muchas ovejas y bueyes.

Acab abrumó a Josafat con atenciones, como parte de un plan deliberado para conseguir la participación del rey de Judá en la proyectada campaña contra Siria.

3. Dijo a Josafat.

Este versículo es similar a 1 Rey. 22: 4. De aquí en adelante, los relatos de Crónicas y Reyes sólo difieren ligeramente (ver com. 1 Rey. 22).

Mi pueblo como tu pueblo.

El pasaje paralelo añade "mis caballos como tus caballos" (1 Rey. 22: 4). Los carros tendrían un papel importante en la inminente batalla. En la batalla de Carcar (Karkar o Qarqar) de la que acababa de volver Acab, según los registros asirios, Israel había puesto en acción 2.000 carros y 10.000 infantes, al paso que Benadad de Siria tenía 1.200 carros, 1.200 jinetes y 20.000 infantes.

4. Palabra de Jehová.

Josafat había concordado en ir con Acab contra los sirios, pero parece que ahora su conciencia le dijo que primero debía cerciorarse de cuál era la voluntad del Señor.

5. Cuatrocientos profetas.

Eran falsos profetas.

6. Profeta de Jehová.

Josafat no se interesaba en un informe favorable sino en un informe veraz. No tenía confianza en el mensaje de los 400 profetas falsos de Samaria.

7. Nunca me profetiza cosa buena.

El profeta de Jehová no profetizaba nada bueno acerca de Acab porque nada bueno había que profetizar. Daba los mensajes a Acab tal como los recibía de Dios. La razón por la cual Acab odiaba a Micaías era porque también aborrecía la verdad y menospreciaba al Señor. La verdad, se la aprecie o no, es siempre la verdad. Lo que decía el profeta sucedería, lo deseara Acab o no.

10. Cuernos de hierro.

Con frecuencia se usaban cuernos como símbolo de fuerza o poder (Deut. 33: 17; Jer. 48: 25; Amós 6: 13).

11. Sube.

Los profetas profetizaban así 260 porque ése era el mensaje que deseaba Acab. Servían al rey de Israel y no al Señor del cielo. Al decir a Acab que subiera contra Ramot de Galaad le decían que fuera a su muerte (ver vers. 34).

12. Que hables bien.

El mensajero de Acab se esforzaba por instruir a un profeta del Señor en cuanto a la clase de mensaje que debía dar. Pero los profetas de Dios son portavoces del cielo y no reciben sus mensajes de los hombres. Debe tener en poca estima a un profeta del Señor quien piensa que puede influir en el mensaje que debe dar.

13. Lo que mi Dios me dijere.

El Señor dijo a Jeremías: "He aquí he puesto mis palabras en tu boca" (Jer. 1: 9). Un verdadero profeta no habla por sí mismo sino en nombre de Dios.

14. Subid.

Ver com. 1 Rey. 22: 15. Micaías parece haber estado hablando con dramática ironía, sencillamente repitiendo el mensaje espurio de los falsos profetas (vers. 11). Es evidente que su tono reveló eso, tal como se ve por la respuesta de Acab (vers. 15).

16. Sin pastor.

Caería el rey, y el pueblo sería dejado sin caudillo.

17. ¿No te había yo dicho?

Acab era un rey impío, y sabía que no podía esperar un buen mensaje del Señor. Sin embargo, debió recordar que el mensaje del Señor era un mensaje verdadero. Al no aceptarlo como tal le costó la vida.

18. Yo he visto.

Esta es una visión con características de parábola y debe ser interpretada como tal. En ella se representa a Dios haciendo aquello que él no impide que ocurra, al ocuparse de la desobediencia de Acab, a quien él ha dejado en libertad de autodeterminar su conducta. Dios no fuerza la voluntad. No interviene cuando los impíos eligen deliberadamente el engaño.

Puesto que Dios es supremo, su negativa a reprimir las fuerzas del mal se representa con frecuencia como si él mismo enviara el mal. Un ejemplo de esto se puede encontrar en el caso de las serpientes "ardientes" (Núm. 21: 4-9). Según el relato, tal como lo presenta Moisés, " "Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes" " (Núm. 21: 6). Sin embargo, esas "serpientes ardientes" no fueron creadas súbitamente ni tampoco fueron transportadas milagrosamente desde otro lugar para esa ocasión. Ya eran una plaga en la zona desértica por la que iban los hijos de Israel y habrían sido un motivo de verdadero peligro y la causa de muchas muertes sí, mediante un milagro, Dios no hubiera reprimido a esos reptiles venenosos. Pero cuando el pueblo se volvió contra el Dios que los protegía de tantos peligros en el desierto, sencillamente se retiró su protección y el resaltado fue la muerte (ver PP 456). Así sucedió en el caso de Acab. Satanás ya estaba en acción mediante los falsos profetas, y Dios tan sólo no estorbó la conducta que el mismo rey había elegido.

21. Hazlo así.

La orden divina en la visión en forma de parábola representa un permiso divino. Satanás deseaba provocar la muerte de Acab, y el Señor no se lo impidió. Mientras esté extendida la mano restrictiva de Dios, no se permite a Satanás que mate, pero cuando se retira la mano de Dios, entonces prosigue Satanás con su obra de muerte y destrucción (ver CS 672).

22. Jehová ha puesto.

Micaías, como profeta de Jehová, explica la verdadera naturaleza de los falsos profetas de Samaria: dicen mentiras y sus consejos llevan a la muerte. Dios no puso ese espíritu de mentira en la boca de los falsos profetas (ver com. vers. 18); sólo permitió que esos emisarios de Satanás llevaran a cabo sus propios fines, porque entonces el Señor no estaba dispuesto a impedir la muerte del impío rey de Israel.

23. Golpeó a Micaías.

Este ultraje al profeta de Jehová revela a las claras el espíritu del maligno. En una forma u otra, Satanás manifiesta su naturaleza en el espíritu de sus emisarios.

24. Tú lo verás.

Los mismos emisarios del maligno verían los resultados de su maldad. Sedequías pronto se vería forzado a buscar refugio del desastre venidero ocultándose en alguna cámara interna donde tendría la oportunidad de reflexionar en cuanto a si él o Micaías habían dicho la verdad.

26. Vuelva en paz.

Acab se esforzaba por envalentonarse. Trataba de mostrar su desprecio por el mensaje de Micaías y usurpaba la función de profeta al predecir su regreso en paz. Pero fracasó como profeta y como rey.

27. Si tú volvieres.

La validez de la profecía quedaría probada por su cumplimiento (ver Deut. 18: 22). La muerte de Acab (2 Crón. 18: 34) comprobó la profecía de Micaías.

28. Subieron, pues.

Josafat se encontró en rara compañía y en extrañas circunstancias.

Había pedido la presencia de un profeta del Señor, y ese profeta había llegado y le había dado su mensaje que predecía clara y enfáticamente el fracaso de la proyectada campaña. Si Josafat hubiera aceptado ese mensaje y hubiera rehusado acompañar a Acab, podría haber sido el instrumento para preservar la vida del rey de Israel y para impedir una derrota desastrosa y humillante. Josafat desempeñó una solemne responsabilidad en esa ocasión, pero fracasó. Las personas buenas no siempre proceden bien, y las que son sabias no siempre actúan con sabiduría.

29. Me disfrazaré.

Al ocultar su identidad, quizá Acab pensó que podría escapar del mal predicho por Micaías.

31. Jehová lo ayudó.

Este detalle no se encuentra en Reyes. Si no hubiese sido por la intervención del Señor, Josafat también habría perdido la vida en esta ocasión. Había emprendido una necia aventura en la que sabía que el Señor no participaría. Se colocó en terreno del enemigo, y casi perdió la vida como resultado. Pero a pesar de su necio error, Dios fue misericordioso e intervino para salvarle la vida.

33. A la ventura.

El que disparó el dardo que mató a Acab no sabía a quién tiraba ni que cumplía así una profecía de un mensajero del Señor. Pero Dios había previsto cómo se entesaría ese arco y sucedió tal como lo había predicho.

34. Estuvo ... en pie.

Es decir, se mantuvo apoyado. Valientemente Acaba se esforzó por continuar a fin de que sus fuerzas pudieran vencer. También esperaba que no le sucedería lo que había predicho Micaías. Tuvo oportunidad de pensar seriamente en el profeta, el que fuera encarcelado por orden del rey hasta que el monarca volviera a salvo. Pero todo fue en vano. Sucedió tal como Dios lo había pronunciado. La valentía de Acab no podía expiar su necedad al no creer un mensaje de Dios. Murió al atardecer. Se cumplió la predicción de Micaías aunque él estaba en prisión.

CBA t3

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