1. Josafat.
El cap. 19 narra asuntos que no figuran en Reyes, como la forma en que Josafat fue reprochado por un profeta después de que volvió de Ramot de Galaad (vers. 1-3), los esfuerzos personales del rey para que hubiera una reforma religiosa (vers. 4) y su reforma del sistema judicial (vers. 5-11).
Volvió.
Acab y Josafat no habían tenido éxito en sus esfuerzos para recuperar a Ramot de Galaad. Las tropas volvieron a sus hogares y posiblemente se abandonó la empresa (ver 1 Rey. 22: 36). El relato implica que los sirios habían rechazado el ataque con éxito, pero no habían intentado sacar provecho de su triunfo. Josafat volvió a Jerusalén sano y salvo, más triste pero más sabio.
2. Jehú hijo de Hanani.
Hanani era el nombre del profeta que había reprochado a Asa por haber dependido del rey de Siria y no del Señor, y que había sido encarcelado por ese reproche (cap. 16: 7-10), y Jehú era el profeta que osadamente reprochó a Baasa por su iniquidad (1 Rey. 16: 1-7). Jehú fue también el historiador del reino de Josafat (2 Crón. 20: 34).
Le salió al encuentro.
Josafat fue reprochado en un momento especialmente oportuno cuando se aproximaba a su capital abatido y deprimido. En ese momento, el mensaje profético podía ser más eficaz.
¿Al impío das ayuda?
Desde un punto de vista humano, podría haber parecido sabia la conducta de Josafat al unirse con Acab en un ataque a Siria. Siria estaba aumentando su poder, y era una amenaza tanto para Judá como para Israel. Los hebreos tenían el derecho de recuperar las ciudades del otro lado del Jordán que Siria les había quitado. Quizá Josafat había examinado cuidadosamente la situación, y creía que era prudente lo que hacía. Pero la empresa no contaba con la sanción divina, y al llevarla a cabo Josafat se relacionaba con un hombre a quien el Señor no podía bendecir. Acab era un vil idólatra, al paso que Josafat se había estado esforzando por eliminar la idolatría. Había poco en común entre los dos, y Josafat no tenía derecho a unirse con un hombre tan ruin. Habría sido mucho mejor y habría estado más seguro del éxito, si hubiese ido solo contra Siria. Con la ayuda y la bendición de Dios, podría haber tenido éxito aun sin la cooperación de las fuerzas de Acab. La ayuda humana puede llegar a ser más una maldición que una bendición, si no cuenta con la bendición de Dios.
Ira contra ti.
El desagrado de Dios con el proceder de Josafat se manifestó mediante un reproche franco. El siguiente capítulo menciona un gran ataque de las fuerzas de Moab, Amón y los del monte de Seir contra Judá y la destrucción de la armada de Josafat.
4. Desde Beerseba hasta el monte de Efraín.
Es decir, de toda Judá, desde Beerseba en el extremo sur hasta el monte de Efraín y los límites de Israel en el norte. Compárese con la expresión "desde Dan hasta Beerseba" que implicaba el conjunto de Judá e Israel (1 Sam. 3: 20; 2 Sam. 3: 10; 17: 11; 24: 2, 15; 1 Rey. 4: 25; 1 Crón. 21: 2; 2 Crón. 30: 5).
5. Puso jueces.
Josafat revisó el sistema judicial mediante el establecimiento y funcionamiento de eficientes tribunales de justicia, y una corte suprema en Jerusalén (ver PR 146).
Ciudades fortificadas.
Posiblemente había jueces locales en los pueblos más pequeños, donde podían decidirse los casos de menor importancia. Quizá los ancianos locales servían como jueces en las zonas rurales. Josafat nombró jueces en los tribunales mayores de las ciudades más importantes.
6. Mirad lo que hacéis.
Josafat instó a los nuevos jueces para que consideraran la importancia de su obra. Debían administrar justicia imparcialmente para todos, tanto a los pobres como a los ricos.
En lugar de Jehová.
En primer lugar, el juez era un siervo de Dios. Debía sostener con valor e imparcialidad todas sus decisiones (ver Deut. 1: 17; Sal. 82: 1-4; Ecl. 5: 8).
Con vosotros.
Dios se interesa en justicia y está presente en los tribunales. Toma nota de cada veredicto imparcial y advierte cada infracción de Injusticia.
7. Temor de Jehová.
El que tiene la responsabilidad de administrar justicia constantemente afronta la tarea de decidir casos, y debe realizar su obra reconociendo que los ojos de Jehová están sobre él. Continuamente debe dar fallos, y al hacerlo ha de recordar que cada decisión suya se registra en los libros del cielo.
No hay injusticia.
Es un consuelo recordar que el gran juez del mundo es, justo y por eso sus decisiones son verdaderas y rectas (ver Deut. 32: 4; Sal. 9: 8; 67: 4; 96: 13; Apoc. 19: 11).
Ni hace acepción de personas.
Un juez justo decide cada caso por lo que es en sí mismo y no según las personas implicadas en él. Mirando el conjunto, con demasiada frecuencia se hace "acepción de personas" en lo que atañe a dar fallos. Se favorece a los amigos personales y se demuestra una consideración especial a los que pueden retribuir favores. Tales decisiones no son ni imparciales ni rectas, ni atraen la bendición celestial. El Señor del cielo no hace acepción de personas (Deut. 10: 17; Hech. 10: 34; Rom. 2: 11; Gál. 2: 6; Efe. 6: 9; 1 Ped. 1: 17), y sus seguidores han de ser como él. La práctica de adular y favorecer a los ricos e influyentes al paso que se desprecia y defrauda a los pobres y humildes, más tarde acarreó a los dirigentes de Israel algunas de las condenaciones más enfáticas que se encuentran en los escritos de los profetas.
Ni admisión de cohecho.
La justicia divina es insobornable, pero no siempre sucede así con la de los hombres. Hay regalos que, con frecuencia, influyen en las decisiones. Los obsequios dados no siempre emanan de motivos dignos, y los favores prestados con frecuencia esperan reciprocidad. El cohecho no implica necesariamente plata u oro. Más de una persona importante se ha vendido al aceptar una atención aparentemente inocente. Todos los responsables de efectuar decisiones siempre deben estar en guardia para no permitir que un regalo - cualquiera sea su naturaleza - sea un factor determinante en sus fallos.
8. En Jerusalén.
Se estableció en la capital una corte suprema, o tribunal de apelaciones (ver com. vers. 5).
De los levitas.
Previamente David había nombrado a 6.000 levitas como "gobernadores y jueces" (1 Crón. 23: 4). Moisés había decretado que los sacerdotes y levitas sirvieran como jueces (Deut. 17: 8, 9).
Padres de familias.
Los que encabezaban los clanes (ver Deut. 1: 15-17). Su edad y experiencia los ayudaban para que sus decisiones fueran justas y sabias.
Volvieron a Jerusalén.
Un cambio en los puntos vocálicos permite que se lea "habitaban en Jerusalén" (BJ). La LXX implica un cambio mayor cuando traduce la segunda parte del versículo "y para juzgar a los habitantes de Jerusalén". Este tribunal era un organismo superior, central, establecido en la capital de la nación, y podía funcionar tanto en los casos religiosos como civiles (ver PR 146).
9. Les mandó.
Josafat demostró un sincero interés en que hubiera una administración imparcial de justicia e hizo todo lo que pudo para que los nuevos jueces comprendieran su solemne responsabilidad. Los animó para que fueran absolutamente justos y que estuvieran a salvo de cualquier reproche en el desempeño de su elevada función.
Temor de Jehová.
Cf. vers. 7 y 2 Sam. 23: 3.
10. En cualquier causa.
Es decir, los casos que pudieran llegar hasta el tribunal central de Jerusalén desde las otras ciudades de la nación. Por este pasaje resulta claro que en la capital había una corte suprema de justicia (ver com. vers. 8).
En causas de sangre.
Cuando hubiera derramamiento de sangre (ver Deut. 17: 8; 19: 4-13; Exo. 21: 12-15; 22: 2; Núm. 35: 11-33).
Entre ley y precepto.
Es decir, cuestiones de la interpretación y aplicación de las diversas leyes y disposiciones que constituían el código legal hebreo.
Les amonestaréis.
Josafat había amonestado a los jueces para que sirvieran fielmente y con corazón perfecto, en el temor de Jehová (vers. 6, 7, 9), y ahora los instó a que 264 amonestarán al pueblo que acudía a ellos, para que se abstuviera de mal a fin de que no cayera "ira" sobre la nación.
11. Amarías.
Según 1 Crón. 6: 8-11, Amarías ocupaba el quinto lugar después de Sadoc, sumo sacerdote del tiempo de David (2 Sam. 17: 15). Puesto que Josafat fue el quinto rey a partir de David, se hace referencia al mismo Amarías en ambos casos.
Todo asunto de Jehová.
El sumo sacerdote encabezaba naturalmente la corte suprema en los casos de índole religiosa.
Los negocios del rey.
Zebadías debía presidir la corte suprema en todos los casos civiles o criminales.
Con el bueno.
Josafat expresaba su fe en que Dios estaría con los que le fueran leales y fueran correctos en su servicio. La palabra traducida "estará" debiera interpretarse como un deseo. De ese modo la última sentencia resultaría a manera de una oración de despedida o invocación: "Y Yahveh sea con el bueno" (BJ).
CBA T3
El cap. 19 narra asuntos que no figuran en Reyes, como la forma en que Josafat fue reprochado por un profeta después de que volvió de Ramot de Galaad (vers. 1-3), los esfuerzos personales del rey para que hubiera una reforma religiosa (vers. 4) y su reforma del sistema judicial (vers. 5-11).
Volvió.
Acab y Josafat no habían tenido éxito en sus esfuerzos para recuperar a Ramot de Galaad. Las tropas volvieron a sus hogares y posiblemente se abandonó la empresa (ver 1 Rey. 22: 36). El relato implica que los sirios habían rechazado el ataque con éxito, pero no habían intentado sacar provecho de su triunfo. Josafat volvió a Jerusalén sano y salvo, más triste pero más sabio.
2. Jehú hijo de Hanani.
Hanani era el nombre del profeta que había reprochado a Asa por haber dependido del rey de Siria y no del Señor, y que había sido encarcelado por ese reproche (cap. 16: 7-10), y Jehú era el profeta que osadamente reprochó a Baasa por su iniquidad (1 Rey. 16: 1-7). Jehú fue también el historiador del reino de Josafat (2 Crón. 20: 34).
Le salió al encuentro.
Josafat fue reprochado en un momento especialmente oportuno cuando se aproximaba a su capital abatido y deprimido. En ese momento, el mensaje profético podía ser más eficaz.
¿Al impío das ayuda?
Desde un punto de vista humano, podría haber parecido sabia la conducta de Josafat al unirse con Acab en un ataque a Siria. Siria estaba aumentando su poder, y era una amenaza tanto para Judá como para Israel. Los hebreos tenían el derecho de recuperar las ciudades del otro lado del Jordán que Siria les había quitado. Quizá Josafat había examinado cuidadosamente la situación, y creía que era prudente lo que hacía. Pero la empresa no contaba con la sanción divina, y al llevarla a cabo Josafat se relacionaba con un hombre a quien el Señor no podía bendecir. Acab era un vil idólatra, al paso que Josafat se había estado esforzando por eliminar la idolatría. Había poco en común entre los dos, y Josafat no tenía derecho a unirse con un hombre tan ruin. Habría sido mucho mejor y habría estado más seguro del éxito, si hubiese ido solo contra Siria. Con la ayuda y la bendición de Dios, podría haber tenido éxito aun sin la cooperación de las fuerzas de Acab. La ayuda humana puede llegar a ser más una maldición que una bendición, si no cuenta con la bendición de Dios.
Ira contra ti.
El desagrado de Dios con el proceder de Josafat se manifestó mediante un reproche franco. El siguiente capítulo menciona un gran ataque de las fuerzas de Moab, Amón y los del monte de Seir contra Judá y la destrucción de la armada de Josafat.
4. Desde Beerseba hasta el monte de Efraín.
Es decir, de toda Judá, desde Beerseba en el extremo sur hasta el monte de Efraín y los límites de Israel en el norte. Compárese con la expresión "desde Dan hasta Beerseba" que implicaba el conjunto de Judá e Israel (1 Sam. 3: 20; 2 Sam. 3: 10; 17: 11; 24: 2, 15; 1 Rey. 4: 25; 1 Crón. 21: 2; 2 Crón. 30: 5).
5. Puso jueces.
Josafat revisó el sistema judicial mediante el establecimiento y funcionamiento de eficientes tribunales de justicia, y una corte suprema en Jerusalén (ver PR 146).
Ciudades fortificadas.
Posiblemente había jueces locales en los pueblos más pequeños, donde podían decidirse los casos de menor importancia. Quizá los ancianos locales servían como jueces en las zonas rurales. Josafat nombró jueces en los tribunales mayores de las ciudades más importantes.
6. Mirad lo que hacéis.
Josafat instó a los nuevos jueces para que consideraran la importancia de su obra. Debían administrar justicia imparcialmente para todos, tanto a los pobres como a los ricos.
En lugar de Jehová.
En primer lugar, el juez era un siervo de Dios. Debía sostener con valor e imparcialidad todas sus decisiones (ver Deut. 1: 17; Sal. 82: 1-4; Ecl. 5: 8).
Con vosotros.
Dios se interesa en justicia y está presente en los tribunales. Toma nota de cada veredicto imparcial y advierte cada infracción de Injusticia.
7. Temor de Jehová.
El que tiene la responsabilidad de administrar justicia constantemente afronta la tarea de decidir casos, y debe realizar su obra reconociendo que los ojos de Jehová están sobre él. Continuamente debe dar fallos, y al hacerlo ha de recordar que cada decisión suya se registra en los libros del cielo.
No hay injusticia.
Es un consuelo recordar que el gran juez del mundo es, justo y por eso sus decisiones son verdaderas y rectas (ver Deut. 32: 4; Sal. 9: 8; 67: 4; 96: 13; Apoc. 19: 11).
Ni hace acepción de personas.
Un juez justo decide cada caso por lo que es en sí mismo y no según las personas implicadas en él. Mirando el conjunto, con demasiada frecuencia se hace "acepción de personas" en lo que atañe a dar fallos. Se favorece a los amigos personales y se demuestra una consideración especial a los que pueden retribuir favores. Tales decisiones no son ni imparciales ni rectas, ni atraen la bendición celestial. El Señor del cielo no hace acepción de personas (Deut. 10: 17; Hech. 10: 34; Rom. 2: 11; Gál. 2: 6; Efe. 6: 9; 1 Ped. 1: 17), y sus seguidores han de ser como él. La práctica de adular y favorecer a los ricos e influyentes al paso que se desprecia y defrauda a los pobres y humildes, más tarde acarreó a los dirigentes de Israel algunas de las condenaciones más enfáticas que se encuentran en los escritos de los profetas.
Ni admisión de cohecho.
La justicia divina es insobornable, pero no siempre sucede así con la de los hombres. Hay regalos que, con frecuencia, influyen en las decisiones. Los obsequios dados no siempre emanan de motivos dignos, y los favores prestados con frecuencia esperan reciprocidad. El cohecho no implica necesariamente plata u oro. Más de una persona importante se ha vendido al aceptar una atención aparentemente inocente. Todos los responsables de efectuar decisiones siempre deben estar en guardia para no permitir que un regalo - cualquiera sea su naturaleza - sea un factor determinante en sus fallos.
8. En Jerusalén.
Se estableció en la capital una corte suprema, o tribunal de apelaciones (ver com. vers. 5).
De los levitas.
Previamente David había nombrado a 6.000 levitas como "gobernadores y jueces" (1 Crón. 23: 4). Moisés había decretado que los sacerdotes y levitas sirvieran como jueces (Deut. 17: 8, 9).
Padres de familias.
Los que encabezaban los clanes (ver Deut. 1: 15-17). Su edad y experiencia los ayudaban para que sus decisiones fueran justas y sabias.
Volvieron a Jerusalén.
Un cambio en los puntos vocálicos permite que se lea "habitaban en Jerusalén" (BJ). La LXX implica un cambio mayor cuando traduce la segunda parte del versículo "y para juzgar a los habitantes de Jerusalén". Este tribunal era un organismo superior, central, establecido en la capital de la nación, y podía funcionar tanto en los casos religiosos como civiles (ver PR 146).
9. Les mandó.
Josafat demostró un sincero interés en que hubiera una administración imparcial de justicia e hizo todo lo que pudo para que los nuevos jueces comprendieran su solemne responsabilidad. Los animó para que fueran absolutamente justos y que estuvieran a salvo de cualquier reproche en el desempeño de su elevada función.
Temor de Jehová.
Cf. vers. 7 y 2 Sam. 23: 3.
10. En cualquier causa.
Es decir, los casos que pudieran llegar hasta el tribunal central de Jerusalén desde las otras ciudades de la nación. Por este pasaje resulta claro que en la capital había una corte suprema de justicia (ver com. vers. 8).
En causas de sangre.
Cuando hubiera derramamiento de sangre (ver Deut. 17: 8; 19: 4-13; Exo. 21: 12-15; 22: 2; Núm. 35: 11-33).
Entre ley y precepto.
Es decir, cuestiones de la interpretación y aplicación de las diversas leyes y disposiciones que constituían el código legal hebreo.
Les amonestaréis.
Josafat había amonestado a los jueces para que sirvieran fielmente y con corazón perfecto, en el temor de Jehová (vers. 6, 7, 9), y ahora los instó a que 264 amonestarán al pueblo que acudía a ellos, para que se abstuviera de mal a fin de que no cayera "ira" sobre la nación.
11. Amarías.
Según 1 Crón. 6: 8-11, Amarías ocupaba el quinto lugar después de Sadoc, sumo sacerdote del tiempo de David (2 Sam. 17: 15). Puesto que Josafat fue el quinto rey a partir de David, se hace referencia al mismo Amarías en ambos casos.
Todo asunto de Jehová.
El sumo sacerdote encabezaba naturalmente la corte suprema en los casos de índole religiosa.
Los negocios del rey.
Zebadías debía presidir la corte suprema en todos los casos civiles o criminales.
Con el bueno.
Josafat expresaba su fe en que Dios estaría con los que le fueran leales y fueran correctos en su servicio. La palabra traducida "estará" debiera interpretarse como un deseo. De ese modo la última sentencia resultaría a manera de una oración de despedida o invocación: "Y Yahveh sea con el bueno" (BJ).
CBA T3
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