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Cómo afrontar las malas decisiones - Libro complementario - 12

El Reto de Afrontar las Malas Decisiones

En el capítulo anterior analizamos dos de las tres reformas instituidas por Esdras: la observancia del sábado y el diezmo. La tercera reforma abordó dos asuntos estrechamente relacionados: la idolatría y el matrimonio mixto con los paganos. Esdras sintió el dolor de estas tragedias y lamentó que Israel se hubiera apartado de la voluntad de Dios. «Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro hacia ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestras cabezas y nuestros delitos han crecido hasta el cielo» (Esdras 9: 6). ¿Qué ocurrió? ¿Por qué estaba tan afligido y decepcionado? El registro nos dice que las lágrimas de Esdras estaban directamente relacionadas con el hecfio de que los integrantes del pueblo de Dios se casaran con incrédulos. Esdras estaba triste por esta situación y sabía que estos actos estaban estrechamente relacionados con la tolerancia que Israel estaba mostrando a la idolatría. Resulta que abrirle las puertas a la idolatría y apartarse de la fe en el Señor vivo, amoroso y bondadoso era la fuente de su pecado y de la culpa del pueblo de Dios.

El problema

La idolatría nace de una relación rota con el verdadero Dios; es un divorcio del Señor. Peor aún, es reemplazar a Dios con una religión manipuladora y mágica. Los ídolos son proyecciones humanas de un corazón pecaminoso. La persona comienza a adorarse a sí misma y a sus creaciones y, al poco tiempo, la mente, los sentimientos y las actividades se enfocan en el ego.

A pesar de la naturaleza perversa de la idolatría, muchos se sienten atraídos a ella porque cumple los deseos pecaminosos de la carne. Está llena de sensualidad, inmoralidad sexual y lujuria. El corazón transformado y obediente deja de ser la norma porque la atención ya no está puesta en los asuntos del corazón. En cambio, la manipulación, los regalos y las obras externas sí pueden ganar el favor de los dioses. No hay normas morales restrictivas. Al final, los idólatras adoran sus creaciones, los poderes que están por encima de ellos y a ellos mismos. La religión deja de ser una relación personal con el Dios vivo y creador.

Dios nos creó para que mantuviéramos una relación con él, para vivir una vida dependiente de él y sus enseñanzas, y para cultivar su presencia en nuestra vida (ver Génesis 1: 26-2: 3). El pecado de la idolatría afecta a todos los aspectos de la vida (1 Corintios 10: 14; 12: 2; 2 Corintios 6: 16; Colosenses 3: 5; 1 Pedro 4: 3; 1 Juan 5: 21), erosionando el bienestar del pueblo de Dios. Cuando los creyentes rompen su relación con su Creador y Redentor, tratan de vivir de manera autónoma, convirtiéndose en su propia ley. También viven con miedo, huyendo de la presencia de Dios (Génesis 3: 7-8). En consecuencia, no hay mayor autoridad en su vida que la de ellos mismos, y comienzan a decidir lo que está bien y lo que está mal. La tragedia de todo esto es que, al caer en el pecado, la humanidad perdió la capacidad de saber exactamente qué está bien y qué está mal. Necesitamos la revelación de Dios para conocer y decidir correctamente la diferencia, pero esta es una revelación que viene de afuera y no mediante nuestra propia proyección. La revelación, la Palabra de Dios, es la que nos lleva nuevamente a vivir para glorificar a Dios (1 Corintios 10: 31).

Esdras, y luego Nehemías, tuvieron que lidiar con las malas decisiones del pueblo en cuanto a sus cónyuges. Los matrimonios mixtos con idólatras finalmente influyeron en ellos y en sus hijos. No había una solución fácil para este problema porque era complejo. Los matrimonios afectan a las familias y la sociedad, y los niños son especialmente vulnerables. Es por eso que para Dios es prioritario que las familias sean funcionales. Él aborrece el divorcio (Malaquías 2: 16). Como autor del matrimonio, Dios quiere que florezcamos dentro de él, y llora cuando hay problemas sin solución. Jesús mismo dijo que el divorcio muchas veces se relaciona con la obstinación del corazón y el egocentrismo (Mateo 19: 8).

La solución radical

La solución radical que Dios empleó para abordar el problema de los matrimonios mixtos con los paganos nos sorprende, porque resulta ajena a nuestras sensibilidades modernas. «Entonces Esdras, el sacerdote, se puso de pie y les dijo: "Ustedes han cometido un pecado terrible; al casarse con mujeres paganas, han aumentado la culpa de Israel. Por lo tanto, confiesen ahora su pecado al Señor, Dios de sus antepasados, y hagan lo que él exige. Apártense de los habitantes de esta tierra y sepárense de esas mujeres paganas". Entonces toda la asamblea levantó la voz y respondió: "¡Sí, tienes razón; debemos hacer lo que tú dices!"» (Esdras 10: 10-12, NTV). Separar familias parece ser una medida extrema. ¿Cómo debemos entender esta orden de Dios? ¿Cómo reconciliamos esto con su carácter amoroso y bondadoso? Debemos tener en cuenta los siguientes seis puntos:

1. Esdras y Nehemías querían detener la avalancha de idolatría. 
 
Esta infiltración en la vida de Israel era peligrosa porque el pueblo se estaba alejando gradualmente de una verdadera relación con el Dios vivo. Nehemías menciona a Salomón como advertencia porque sus esposas extranjeras lo llevaron a apostatar y adorar a dioses falsos (Nehemías 13: 26; ver también 1 Reyes 11: 1-8). El profeta Malaquías, cuyo ministerio fue casi paralelo al de Esdras, señala que algunos israelitas se casaron «con mujeres que rinden culto a ídolos» (Malaquías 2: 11, NTV); Es decir, con mujeres paganas.

2. Esta medida para eliminar la idolatría fue una solución excepcional, única y que se llevó a cabo solo en esta ocasión. A nuestro entender, ninguna medida como esta ocurrió en la historia de Israel, antes o después.

3. No fue Esdras sino Secanías, hijo de Jehiel, uno de los descendientes de Elam (Esdras 10: 2; 10: 26) el que probablemente se avergonzó de que su padre se hubiera casado con una mujer no israelita y propuso la solución radical de deportar a todas las esposas extranjeras y sus hijos. Esdras y el pueblo estuvieron de acuerdo con la propuesta (para más detalles, consulte Esdras 10: 2-17). Solo cuatro personas se opusieron a esta medida, y sus nombres están registrados en Esdras 10: 15.

4. En ese momento, Israel estaba en una encrucijada y tenía que decidir qué dirección tomar. 
 
Por lo tanto, era crucial que tomaran una buena decisión, o de lo contrario, todos se desviarían. En el asentamiento judío de Elefantina en Egipto, por ejemplo, los judíos se casaron con esposas no israelitas y adoptaron el culto a dioses paganos además del Señor, lo que dio como resultado que esta comunidad judía fuera gradualmente asimilada y desapareciera. Esto apoya el hecho de que separarse de las esposas extranjeras era una necesidad si Israel no quería desaparecer completamente como pueblo de Dios.

5. En el fondo tenemos la metanarrativa relacionada con la trama mesiánica. 
 
Dios prometió en el protoevangelio (el «primer evangelio») que su Simiente vendría a derrotar a Satanás y redimir a la humanidad de su poder (Génesis 3:15). Esta Simiente prometida provendría de una mujer de la familia de Sem (Génesis 9: 27), sería de posteridad abrahámica (Génesis 12: 3; 22: 18; ver también Gálatas 3: 16), y provendría de la tribu de Judá, uno de los hijos de Jacob (Génesis 49: 10; ver también Números 24: 17; Ezequiel 21: 27). De esta forma, si el pueblo de Dios se mezclaba con los incrédulos, ¿cómo podría cumplirse la promesa divina del Mesías venidero (Juan 1: 11-12, 14)? Así que, las estrictas regulaciones de Esdras y Nehemías no solo eran una barrera contra la infiltración del paganismo en Israel, sino también una preservación de la promesa divina.

6. Se enumeran los 111 hombres que participaron en esta apostasía (Esdras 10: 18-44). 
 
El grupo estaba dirigido por cuatro sacerdotes de la familia de Josué, el sumo sacerdote, y se les unieron otros trece sacerdotes, convirtiéndose en un mal ejemplo para otros al casarse con mujeres extranjeras (Esdras 9: 1-2; 10: 18-22). El grupo no era grande, pero era lo suficientemente influyente como para llevar a muchos a la idolatría y la apostasía. Entre ellos se encontraban seis levitas y cuatro personas que trabajaban en el templo (un cantante y tres guardianes). Curiosamente, no hubo descendientes de Salomón que cayeran en esta práctica prohibida. Más tarde, se registra que un nieto del sumo sacerdote hizo lo mismo y se casó con una hija de Sanbalat el horonita (Nehemías 13: 28; 2: 10), probablemente por razones políticas.

Por supuesto, todo esto sucedió hace siglos, en la comunidad judía de Esdras y Nehemías. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué significa todo esto para nuestra iglesia de hoy? ¿Deberíamos emular esta solución radical cuando un miembro de la iglesia se casa con un cónyuge no adventista? Es una pregunta justa y merece tomarse en cuenta. Las siguientes son razones que me llevan a pensar que la respuesta sería no.

El Antiguo Testamento contiene muchos casos de israelitas que se casaron con mujeres paganas, de las cuales algunas pasaron a ser tenidas en alta estima en Israel debido a su devoción a Dios. Séfora, la esposa de Moisés, por ejemplo, era una mujer madianita; Salmón se casó con Rahab, una mujer pagana de la ciudad cananea de Jericó; y Booz se casó con Rut, una moabita. Tanto Rahab como Rut aparecen en la genealogía de David y se convirtieron en antepasados de Jesús (Mateo 1:5). Rut expresó su aceptación al verdadero Dios incondicionalmente: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios» (Rut 1: 16). Esto indica que el problema con los matrimonios mixtos en el tiempo de Esdras y Nehemías no tenía nada que ver con el origen étnico, sino con la incredulidad y la idolatría de las mujeres paganas.

En el Nuevo Testamento, Pablo también afirma claramente que si un cónyuge no creyente quiere quedarse con un creyente en Cristo, es aceptable y apropiado (1 Corintios 7: 12-17).

En este punto, es importante hacer una distinción clara entre los textos bíblicos descriptivos y los prescriptivos. Esdras 9-10 y Nehemías 13 son principalmente descriptivos. Enseñan principios que ofrecen soluciones para los problemas difíciles de la vida, problemas que resultaron de las malas decisiones de las personas.

A menudo el texto bíblico solo describe las circunstancias y los acontecimientos. Por ejemplo, Nehemías 13: 25 registra que Nehemías maldijo a algunos individuos, los golpeó y les arrancó el cabello por no enseñar a sus hijos a hablar hebreo (ver Nehemías 13: 23-27). Sus acciones no son prescriptivas sino descriptivas. Nosotros podemos aprender muchas lecciones de la historia, pero sabemos discernir sabiamente cuándo dejar de imitar el comportamiento. Es necesaria la sabiduría del Espíritu Santo para poner en práctica las Escrituras y llevar a cabo la voluntad de Dios. Es muy importante recordar que el celo por Dios a veces puede desviar a algunos creyentes bienintencionados.

El establecimiento de buenos matrimonios

Las malas elecciones conyugales representaron un grave problema en el antiguo Israel y, lamentablemente, hoy no somos inmunes a ello. En nuestra lucha por constituir buenas relaciones en el siglo XXI, vale la pena recordar la historia sagrada del matrimonio. Junto con el sábado, se estableció en el Jardín del Edén antes de la entrada del pecado. No es de extrañar que Satanás quiera destruir ambas instituciones. El sábado aborda la relación vertical del hombre con Dios y representa el deseo de Dios de estar con la humanidad. El matrimonio concierne a las relaciones horizontales del hombre, a la unión sagrada del esposo con la esposa.

Todo comenzó muy bien. Dios trajo a Eva a Adán y fue amor a primera vista. Ni siquiera pudo hablar «normalmente» ya que empezó a poetizar: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!» (Génesis 2: 23). Pero este increíble comienzo pronto se vio empañado. El pecado trajo dificultad y perversión y rápidamente todo comenzó a salir mal. El hogar establecido en el Edén, y cada hogar desde entonces, sufrió los efectos de la caída de la humanidad en el pecado.

Los creyentes modernos se esfuerzan por encontrar el equilibrio y armonía en sus relaciones. Los padres cristianos le suplican a Dios que dirija a sus hijos cuando se conviertan en adultos jóvenes y se preparen para casarse. Las madres que una vez tendieron la cuna se arrodillan y oran por sus hijos y sus matrimonios. La preocupación natural de una madre por sus hijos es probablemente la razón por la que Nehemías estaba frustrado con las madres de su época. Ellas no conocían al Dios vivo, sus enseñanzas y el lenguaje de los Escritos sagrados. Este vacío hizo surgir generaciones de israelitas que estaban en peligro de olvidarse de su Dios. El solo abandono de una generación del Señor y su enseñanza era suficiente para influir en las generaciones venideras.

Para asegurar una comunidad temerosa de Dios sólida, los padres deben hacerse las siguientes preguntas: ¿Cómo hemos de preparar a nuestros hijos para el matrimonio? ¿Cómo los ayudamos a ser la persona adecuada y a encontrar la pareja matrimonial apropiada? Si bien no hay una fórmula específica para el éxito matrimonial, a continuación, se presenta un plan de acción de siete pasos basado en los lincamientos divinos, que ayudará a cumplir su voluntad en nuestra vida y en la vida de nuestros hijos:

1. Ore por el futuro cónyuge. 
 
Como padre, ore por los que se casarán con sus hijos antes de que nazcan. Enseñe a sus hijos a orar. Alguien dijo sabiamente: «Cuando piense viajar, ore; cuando piense aceptar un nuevo trabajo, ore dos veces; y cuando piense casarse, ore tres veces». Esta declaración resalta el hecho de que el matrimonio es un asunto serio y requiere de mucha oración.

2. Cultive una hermosa relación con Dios. 
 
El matrimonio bíblico está bellamente ilustrado por un triángulo. Dios está en la parte superior y el esposo y la esposa están en cada extremo de la línea horizontal inferior. En la medida en que el esposo y la esposa se acercan a Dios, naturalmente se acercan el uno al otro. Desarrollar su intimidad con Dios conduce a una intimidad más profunda en su matrimonio.

3. Enseñe a sus hijos que su cónyuge es un regalo de Dios. 
 
Dios debe estar a cargo y debemos dejar que él tenga la última palabra en nuestra elección.

4. Cuando sean pequeños, enséñeles las cualidades de un compañero matrimonial. 
 
Aconséjeles que se casen con alguien que respete a Dios y sus enseñanzas. Si esa persona respeta a Dios, entonces él o ella también lo respetará. Convénzalos de casarse con seguidores comprometidos de Cristo que amen a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas, y al prójimo como a sí mismos. Como lo aconseja el apóstol Pablo: «No se unan ustedes en un mismo yugo con los que no creen. Porque ¿qué tienen en común la justicia y la injusticia? ¿O cómo puede la luz ser compañera de la oscuridad?» (2 Corintios 6: 14, DHH).

5. Enseñe a sus hijos que el matrimonio es para toda la vida. 
 
El verdadero amor implica compromiso. El matrimonio tiene que ver con la fidelidad en la relación, y la fidelidad es un fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22, DHH). Dios nos guía en la dirección correcta si nos mantenemos en una relación cercana con él y permitimos que él transforme nuestra vida.

6. Enseñe a sus hijos que el matrimonio consiste en dar, no en recibir. 
 
El joven o la joven necesita mostrar madurez y felicidad, y tener la disposición de complacer a su persona especial. Si los motivos son egoístas («Necesito casarme con esa persona para ser feliz»), es una receta para el desastre. La persona está lista para casarse cuando se convierte en un hombre o una mujer de integridad «establecida». Solo así, Dios puede realizar el milagro de que dos personas se conviertan en una, unidas en propósito y metas.

7. Enseñe a sus hijos los principios bíblicos de la pureza sexual.
Esto debe incluir una discusión sobre los peligros de la actividad sexual prematrimonial. Dios sabe cómo funcionamos y lo expresó bien en Génesis 2: 24: «Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne». Observe la progresión de los acontecimientos a medida que se avanza hacia el matrimonio: Primero, habrá una relación exclusiva con el futuro cónyuge («dejará el hombre a su padre y a su madre»). Seguidamente, esta relación debe ser permanente («se unirá a su mujer»). Y finalmente, podrán disfrutar de una relación íntima («y serán una sola carne»). El hermoso don de la sexualidad se experimenta mejor en los brazos seguros y duraderos del matrimonio. Poner esta intimidad antes del matrimonio representa un atajo a la felicidad y ha servido para socavar innumerables matrimonios y romper muchos corazones.

Desafortunadamente, Satanás siempre ha tratado de destruir todo lo que Dios ha establecido. Se ha esforzado por convencer a la raza humana de que podemos hacer lo que queramos y seguir siendo felices. Poco nos damos cuenta de que hacer «lo que queramos» conduce a la esclavitud, a la pérdida de la libertad y a consecuencias trágicas.

Esdras y Nehemías entendieron este principio y no querían que el pueblo estuviera bajo la esclavitud de Satanás a través de sus matrimonios. Ciertamente estos hombres de Dios usaron métodos que no utilizaríamos hoy, pero lo hicieron con el propósito de hacer de Israel «una nación santa» para Dios (Éxodo 19: 6, NVI; 1 Pedro 2: 9). Esdras y Nehemías estaban en una situación difícil y siguieron galantemente la dirección de Dios, cumpliendo finalmente su voluntad. Sus drásticas medidas fueron una respuesta a su llamado a ser santos como él es santo (1 Pedro 1: 15-16; ver también Levítico 11: 44-45).


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