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Los dirigentes de Israel - Sección maestros - 13

Lección 13 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA
Texto clave: Nehemías 8:8, 12.
Enfoque del estudio: Esdras 7; Esdras 8; Nehemías 1; Nehemías 2; Nehemías 4:7-23; Nehemías 5:14-19.

Esdras y Nehemías demuestran lo que significa ser un líder para Dios. Dios los colocó en cargos influyentes (Esdras, como sacerdote; y Nehemías, como gobernador), pero les correspondía a ellos ser responsables en el desempeño de sus tareas. Ambos se tomaron en serio su trabajo, porque eran conscientes del llamado de Dios, estaban comprometidos con él y amaban al pueblo de Dios. Se dieron cuenta de que eran una influencia para las personas con las que se encontraban. Usaron sus puestos para bien. Ante todo, demostraron una pasión por Dios que era palpable. Los que estaban a su alrededor sabían que amaban a Dios y que vivían para él con increíble dedicación. Esa lealtad inspiró a la nación israelita a caminar con Dios en una relación más estrecha.

Esdras y Nehemías demostraron coraje. No temían hacer algo que los demás evitaban hacer, como llevar a un grupo de exiliados a Jerusalén, donde sabían que la vida sería difícil. También alentaron y empoderaron al pueblo, delegándole responsabilidades en lugar de simplemente hacer todo por sí solos. Eran líderes con un propósito: tenían una visión para que el pueblo de Israel fuera restaurado y reavivado una vez más. Por lo tanto, estaban dispuestos a hacer todo lo necesario para concretar este sueño. Los dos líderes también mostraron humildad. Estaban dispuestos a servir al pueblo y no solo a ser servidos. Tampoco esperaban, ni deseaban, recibir mucho dinero por su trabajo. Su vida y su liderazgo nos proporcionan principios para el liderazgo de servicio hoy. Lo más importante es que desarrollaron y practicaron hábitos que nosotros podemos aprender y aplicar en nuestra obra para Dios.

COMENTARIO

Las claves para ser un líder exitoso son los hábitos que desarrolla. Si un líder cultiva un estilo de vida honesto, transparente, abierto y perseverante al dedicar tiempo a la Palabra de Dios, leyendo y creciendo ampliamente a través de la educación, tendrá una influencia espiritual mucho mayor sobre la gente y el mundo que alguien que, en contraste, dedique tiempo a actividades “vacías”; por ejemplo, matar el tiempo con charlas ociosas, ver televisión varias horas por día o jugar videojuegos. Nuestra forma de pensar y aquello a lo que prestamos especial atención determina nuestro comportamiento. Los hábitos que desarrollamos y practicamos definen nuestro grado de influencia sobre los demás y en qué medida Dios puede usarnos para hacer cosas.

Tanto Esdras como Nehemías desarrollaron hábitos de los que podemos aprender. Si queremos ser líderes para tener un impacto en el mundo, haríamos bien en aprender de ellos e incluso adquirir sus hábitos siguiendo el ejemplo de ellos. Los buenos principios de vida que cultivaron son dignos de imitar. Lo que marca la diferencia es la rutina diaria, no las grandes cosas que hacemos de tanto en tanto. Entonces, ¿cuál era la rutina diaria de Esdras y de Nehemías? ¿Qué podemos decir acerca de sus hábitos diarios a partir de las historias que se registran sobre ellos?
Esdras: el líder espiritual

Aunque Esdras demostró muchas cualidades de liderazgo, quizá lo que más lo distinguió hayan sido dos hábitos: (1) el estudio riguroso de las Escrituras y (2) la oración ferviente y el ayuno. Esdras parece haber desarrollado estos hábitos de joven y nunca se apartó de ellos. Se lo describe como un “escriba diligente en la ley de Moisés” (Esd. 7:6). La palabra para “diligente” es mahir y representa a alguien que es prolífico en su trabajo. Esdras estudió diligentemente en el mismo sistema escolar que tuvieron Daniel y sus tres amigos en Jerusalén. Recibió la mejor educación de la Tierra. El término mahir es muy específico y, por lo tanto, es muy probable que Esdras trabajara como representante de la religión judía ante el Gobierno persa. Era un hábil escriba de la Ley de Moisés, que se refiere a las enseñanzas de la Torá hebrea (los cinco libros de Moisés) y las enseñanzas de Dios en general, no solo los Diez Mandamientos, como solemos pensar cuando escuchamos el término “la Ley”.

Sin embargo, Edras no era un escriba educado solo con capacitación bíblica. También fue transformado por su conocimiento de la Ley. El conocimiento del verdadero Dios viviente transformó su vida. Sabemos que fue así con Esdras porque Esdras 7:10 dice: “Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”. La declaración de que “Esdras había preparado” (kun: establecer, fijar firmemente, arreglar) su corazón es fundamental. El corazón se refiere a la mente, los pensamientos y las emociones. Por lo tanto, todo su ser estaba firmemente establecido y dedicado a la Ley de Dios. La Ley de Dios es sinónimo de Dios, cuyo carácter representa. Por lo tanto, Esdras había resuelto firmemente estudiar la Palabra de Dios y estar abierto a su poder transformador. Por ende, se dedicó a seguirla de todo corazón y luego a enseñarla a los demás. Esdras entendió que su llamado específico en la vida era estudiar y enseñar la Palabra de Dios, sus preceptos. Los hábitos de Esdras incluían aplicar a su vida personal el profundo conocimiento obtenido de las Escrituras hebreas. Lo que leía lo ponía en práctica. Era un discípulo de Jesús, que obedecía lo que Dios le mostraba.

El segundo hábito, orar y ayunar, también es claramente visible a través de los relatos de liderazgo de Esdras. Cuando el pueblo se reunió en el río Ahava (Esd. 8:15), antes de partir en su viaje a Jerusalén, Esdras pidió que toda la asamblea ayunara. Sabía que necesitaban protección en el viaje porque podían ser atacados por merodeadores en cualquier momento. También ayunó y oró al abordar la situación de matrimonios mixtos en la nación (Esd. 9, 10). Por lo tanto, es evidente que siguió una práctica que se había convertido en hábito cada vez que se encontraba en una situación difícil. En lugar de recurrir solo a consejeros humanos y diseñar un plan, primero se dirigía al Dios del Universo, que, en última instancia, tiene todo en sus manos.
Nehemías: el líder-siervo

Uno de los hábitos de Nehemías era la oración y el ayuno también. Cuando escuchó que al pueblo se le impidió continuar con la labor de reconstrucción del muro de la ciudad debido a la oposición de sus enemigos, se sentó, lloró y se afligió durante días mientras ayunaba y oraba. Le pidió a Dios que tuviera misericordia de su pueblo e interviniera. Dios respondió sus oraciones y lo envió a Jerusalén como dirigente del pueblo (Neh. 1).

En su gestión como gobernador, vemos otros hábitos de Nehemías. Tenía el hábito de la perseverancia. No se desanimaba ante la oposición, ni siquiera con el desánimo de los israelitas. Se mantuvo enfocado en lo que debería ser el próximo curso de acción, lo que incluyó clamar a Dios por ayuda y luego volver al trabajo. Armó a los israelitas para que pudieran protegerse y actuar como elemento disuasivo ante cualquier fuerza externa (Neh. 4). Podría haberse rendido debido a las graves amenazas contra su vida, pero su perseverancia se debió a otro hábito: su confianza en Dios. Incluso confiar en Dios es un hábito que debemos practicar. Si tenemos el hábito de dudar y desconfiar de Dios, entonces podremos ir aún más lejos y culpar a Dios cuando surjan los próximos desafíos o problemas en nuestra vida. Por otro lado, cuando practicamos la confianza y la fe en las promesas de Dios, lo haremos incluso cuando vengan tiempos difíciles.

Otro hábito que Nehemías demostró fue la generosidad. En Nehemías 5:14 al 19, Nehemías velaba por sus siervos y también por otros que no tenían muchos recursos y que necesitaban un lugar para comer todos los días. En lugar de cobrar un salario como gobernador en Israel, Nehemías daba sus ganancias a la gente. Fue una costumbre que practicó durante años. Se indignó cuando supo que los dirigentes de Israel y los ricos les quitaban sus bienes a quienes se habían endeudado con ellos (Neh. 5:1-13). Naturalmente propenso a la generosidad, cualquier injusticia en sentido contrario provocaba una respuesta rápida en su corazón compasivo.

Por último, no solo Esdras dedicaba tiempo a estudiar la Palabra de Dios. El mismo gobernador también era un ejemplo en ese sentido (Neh. 8:9). Para que Nehemías mantuviera su pasión por Dios y la visión que tenía para el pueblo, tuvo que cultivar el hábito de dedicar tiempo a estudiar las Escrituras (Neh. 8). Hay que cultivar y fomentar la dedicación a Dios. Buscar a Dios sin vacilar es una propensión que prospera solo mediante un tiempo diario con Dios. Es el resultado directo de la oración y la lectura de la Biblia. Necesitamos escuchar directamente a Dios a través de su Palabra. Nehemías se aseguró de que el pueblo pudiera escuchar las Escrituras en su idioma y que se las explicaran. Se encargó de colaborar con Esdras, junto con los levitas, para enseñarle al pueblo. Un buen líder reconocerá los dones de su pueblo. Luego los pondrá a trabajar según sus fortalezas. Nehemías tenía el don de motivar a los demás. Utilizó este don para inspirar a su pueblo a unirse y trabajar con ahínco, a pesar de los desafíos. Ante todo, lo inspiró a caminar con Dios.
 
APLICACIÓN A LA VIDA
Estudio de las Escrituras
Oración y ayuno
Generosidad
Perseverancia

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